Biodanza

Biodanza: la política de la vida

El pasado sábado 21 de noviembre 2020, Cézar Wagner impartió un seminario on-line con el tema: Biodanza: la política de la vida. Cuestiones de género, etnográficas, personas con múltiples capacidades y otras. Este seminario forma parte de la 16º Formación de facilitadores y facilitadoras de Biodanza de la Escuela de Biodanza de Ceará, Brasil. ¡Qué desafío tan maravilloso! No dudé ni un instante en participar.

Cézar Wagner es Doctor en Psicología Social, Didacta en Biodanza y Presidente de la Universidad Biocéntrica, entre otras cosas. Decir esto ya es importante, pero no lo define. Estamos acostumbradas a presentarnos o ser presentadas por los logros académicos, los méritos intelectuales conseguidos, los títulos que acreditan los años de estudio y dedicación, mas eso es una manera simplista de definir a alguien, pues en verdad somos una complejidad sin fin. El hemisferio izquierdo se queda tranquilo sabiendo que, según la titulación del individuo, puedes fiarte o no; mientras que el hemisferio derecho se queda con las ganas de saber quién es esa personas a la que vamos a prestar nuestra atención durante un cierto tiempo: juega con sus hijos?, danza y canta?, qué le hace reírse, cómo cultiva la amistad, cuánto ama la vida,… Y así, en esta desigualdad de valores vamos navegando desde hace algunas centurias.

Siguiendo el hilo de esta visión, quiero relatar el inicio de este seminario, pues ejemplifica lo dicho anteriormente. Ruth Cavalcante, directora de la Escuela de Biodanza SRT de Ceará, Fortaleza, Brasil, presentó el evento con una breve introducción del tema y seguidamente invitó a las personas participantes, a que presentaran a Cézar Wagner, el ponente. Nadie nombró sus títulos y honores oficiales; todas las que hablaron compartieron brevemente el impacto que había causado Cézar en sus vidas, cómo las había influenciado y el vínculo afectivo que brotaba de sus corazones hacia él y su hacer.

El efecto de iniciar un evento así, desde otro lugar que no atañe sólo al hemisferio izquierdo, produce unas sensación sutil de relajo muscular que predispone al Arte de la escucha, donde intelecto e intuición, mente y alma, van de la mano. Es un hacer biocéntrico, circular, sin apenas ángulos y aristas que puedan obstaculizar el encuentro.

Conocí a Cézar en mi formación de Biodanza, cuando la Escuela de Biodanza Sistema Rolando Toro de Barcelona donde me formé, organizó en el 2006 el 1r Encuentro Nacional de Biodanza (en el 2019 celebramos, de manera ininterrumpida durante todos estos años, el XIII encuentro). Fue en la Fundació La Plana de Santa Maria d’Oló, Artés, Catalunya, España. El cupo máximo eran cien personas y conseguimos el pleno. Fueron unas jornadas inolvidables.

Vinieron algunos invitados de Brasil, Italia y Francia a presentar sus trabajos y compartir saberes. Recuerdo especialmente a Augusto Madalena, ahora director de la Escuela de Biodanza de Zaragoza, y a Cézar Wagner. Augusto me sorprendió por su enorme vitalidad y su trabajo desarrollado con Biodanza y percusión con los «meninos e meninas das favelas». Nos contó con su «portuñol» horroroso (pues acababa de llegar a España y no sabía hablar castellano), las dificultades con las que se encontró al inicio del proyecto, los errores, los aciertos, los retos, los logros,… fue muy inspirador. Con Cézar fue una vivencia muy distinta.

Su español era deficiente pero se entendía con facilidad. Hablaba pausado para hacerse comprender, pero no era la pausa de su hablar lo que me mantenía atenta, era su corporeidad en el comunicar: a veces cerraba los ojos y se quedaba en silencio como esperando encontrar las siguientes palabras; podían ser varios segundos en silencio en los que todo quedaba en suspenso, esperando su regreso; en ocasiones se nos quedaba mirando, totalmente presente, sin nada más que la mirada; otras veces nos observaba fijamente y nos preguntaba qué nos parecía lo que estaba diciendo. Su decir era profundo; a veces no daba para entender lo que quería comunicar pues no le hablaba al intelecto sino al sentir. Bastaba que escucharas la intención para abarcar la magnitud de su mensaje. Sus palabras surgían de una profunda reflexión y un cuestionamiento que no atendían a respuestas acertadas o erradas, todas eran bien acogidas pues propiciaban navegar en el conocimiento para seguir construyendo el presente.

Después coincidí con él en algún curso, taller y seminario que Cézar impartió en Barcelona y Zaragoza. Cézar junto con Ruth Cavalcante, son referentes en mi eterno aprendizaje como facilitadora y educadora biocéntrica. Ambos poseen el don de la comunicación; cada uno con su singularidad, transmiten saber, en un lenguaje que va más allá de las palabras. Así que, al recibir la información del seminario, no dudé en inscribirme. Biodanza: la Política de la Vida; un desafío amorosamente tentador.

¿Por qué hablar de política como una de las definiciones de Biodanza?. Porque la política no es de los políticos, es del pueblo, de sus habitantes, de sus gentes, de los moradores de Gaia, de sus pobladores, que aún habiendo olvidado qué es ser humano, son la voz de la Tierra y del Cielo a la vez. El problema es que nos olvidamos que somos la propia Vida y ese olvido nos ha separado tanto de Ella, que nos hemos hundido en el duro asfalto y la esclavitud de la piedra muerta, creyendo que eso es vivir, cuando en verdad estamos literalmente muriendo. La confusión se ha enraizado de tal manera en el humano, que sus actos se han vuelto dañinos para sí, para los otros habitantes de la Tierra y para la propia Gaia que sufre de fiebre alta, al borde del colapso, donde el humano tendrá que decidir asumir su papel como guardián y guardiana de la Tierra en comunión con el Cielo, o perecer como raza inservible para el Bien Común. No hay más tiempo.

Cézar recordó a la audiencia el sueño de Rolando Toro, el creador del sistema Biodanza allá los años sesenta. Su sueño era que toda la humanidad danzara, danzar en círculo de manos dadas, mirándonos, cantando y moviéndonos al ritmo de la vida; danzar para estar presentes, cantar para ser presencia. Una humanidad regida por el principio biocéntrico. Una verdadera revolución de Amor con Amor.

Es desde este sueño mantenido y vivo desde entonces hasta hoy (más que nunca), que Cézar lanzó el desafío de proclamar la Biodanza como acción política transformadora, del sujeto individual y del colectivo, en pos de una democracia real: participativa, representativa, reflexiva, y aquí Cézar añadió magistralmente, amorosa para no olvidarnos que el motor que rige la vida es el Amor.

Origen de la palabra política

La palabra política viene exactamente de la expresión latina «politiké techne» que quiere decir: el arte propio de los ciudadanos, arte social, arte de vivir en sociedad, arte de las cosas del Estado. Cuando se omite techne, queda el adjetivo politiké que es la forma femenina de «relativo a la polis y a sus ciudadanos, sinónimo de social» (Diccionario etimológico http://www.etimologias.dechile.net). Partiendo de esta definición, Cézar Wagner nos invitó a reflexionar en voz alta sobre la Biodanza y la acción política implícita en su hacer.

Navegamos por el principio biocéntrico deteniéndonos en aspectos relevantes como la inclusión amorosa de razas, credos, identidades, singularidades, … Trajimos el círculo de Biodanza al centro y él hablo de la belleza de la mirada sin juicio, del silencio que cuenta sin palabras, de las lágrimas de alegría y reconocimiento que surgen en la poesía del encuentro humano, de la fusión del abrazo, de la unión en el círculo con las manos dadas, de las rondas y las danzas, de los ritos,.. y cuestionamos. El cuestionamiento es la base de la construcción del conocimiento. Surgieron dudas, inquietudes que no fueron resueltas, porque el camino es para andarlo y andando se hace camino; llegar a destino es sólo un pretexto maravilloso para lanzarse a andar; como el hermoso y desafiante pretexto de proclamar la Biodanza como acto político más allá de categorías sociales que nos etiquetan y nos hacen individuos separados, aislados, solitarios, carentes, sufrientes, nostálgicos de amor.

Hablamos de la estructura de grupo, y el profesor Wagner apuntó que en Biodanza usamos la estructura grupal estelar que implica unidad de todas las partes, en contraposición de la radial que es individual. Quedé pensando en la palabra estelar, la profundidad del símbolo, la luz que emana, la sensación corporal de Ser Estrella, que Rolando transformó en una vivencia trascendente de Biodanza. Seres estelares en estructuras grupales estelares, como el mismo cosmos, micro y macro, que en su fractalidad nos recuerda la magnitud infinita que somos. De ahí surgió la idea de una democracia real donde la trascendencia también se haga presente de una vez por todas.

Casi al final, Cézar dijo con una sonrisa en el rostro: «Las hijas y los hijos de Biodanza son insurgentes«. El término insurgente suele utilizarse para designar a quien manifiesta rechazo a la autoridad, mas en realidad la etimología de la palabra señala «al que se revela», aquel que va más allá del velo». El velo sería lo establecido, la autoridad dominante, la democracia engañosa en que vivimos. Así pues, en Biodanza vamos más allá de las categorizaciones; trascendemos el antropocentrismo y nos quedamos en el biocentrismo donde la Vida es el centro y nosotros como humanos, sus guardianes.

Para terminar, se compartieron diversos proyectos de Biodanza que se están llevando a cabo en diferentes ámbitos: social, organizacional, educativo y en la salud. La diversidad de trabajos mostró a los nuevos estudiantes de la formación de Biodanza, las múltiples posibilidades de aplicación en un mundo cambiante, donde la Vida se impone. Nosotras como facilitadoras de Biodanza, podemos aportar espacios de nutrición interna que sean realmente revolucionarios para esta nueva Era que ya esta aquí: la Era de Acuario.

Poner palabras, ampliar miradas, generar espacios de diálogo, de construcción comunitaria, de círculos de cultura, donde la danza, la música, el arte, la ciencia, la tecnología, …todo esté al servicio de la Vida y no más al servicio del hombre.

Gracias Cèzar y equipo de Centro de Desarrollo Humano (CDH), de la Universidade Bicéntrica y de la Escuela de Biodanza de Cearà, Fortaleza, Brasil.

Amor y Servicio.

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