La Ciencia del Rayo: del Despertar Individual a la Fertilidad Colectiva
En el ecosistema organizacional, persiste una brecha ontológica que fragmenta al ser: la creencia de que el “yo” que habita la intimidad es diferente al “yo” que opera en la mesa de juntas. Desde la Ecología de Sistemas Humanos, esta disociación es la patología del paradigma antropocéntrico, que sitúa al ser humano como espectador de la Vida, cuando no hay como disociar el yo, puesto que sólo es la Vida manifestándose en diferentes escenarios. La energía vital es una unidad indivisible; no diferencia entre liderar un equipo y preparar el almuerzo. Ignorar esto es tratar a la persona como un recurso sin vida, drenando su Inconsciente vital[1]condenando el sistema al agotamiento, sin capacidad de renovarse.
Este artículo nace de la inspiración que me produjo las investigaciones y los hallazgos actuales que buscan descifrar el origen del rayo, presentados en el documental de la DW “Los secretos de los rayos”. Al descubrir la naturaleza del rayo, mi mente me llevó al I Ching, la tecnología de información más antigua y sofisticada que conocemos. El “liderazgo de alto voltaje” que propongo, es el que posee la fortaleza necesaria para sacudir la inercia de las estructuras organizacionales estancadas en pro de la regeneración vital del sistema.
Para comprender porque el rayo es un espejo donde construir el liderazgo consciente y sostenible, hemos de entender que el I Ching, más allá de su función oracular, es un sistema binario de 64 permutaciones que describe la dinámica constante de la transformación o el Dao traducido como Camino. Opera de forma idéntica al código genético: el ADN utiliza combinaciones de bases nitrogenadas que funcionan como paquetes de información para que la Vida se manifieste de una manera concreta; el I Ching usa la matriz de 64 hexagramas que corresponden uno a uno, con los 64 codones de nuestro genoma. Esto hace que el Libro de las Mutaciones, en esencia sea un mapa de navegación biológica. Este mapa de 64 hexagramas se construye a partir de la combinación de 8 estados fundamentales o Trigramas (dos líneas combinadas en paquetes de tres, como la construcción de la cadena de aminoácidos del ADN), que actúan como el software básico o el inconsciente vital de los fenómenos naturales.
El código del Cambio: El Patrón Zhen
Dentro de esta arquitectura se encuentra el código específico del trigrama Zhen, Trueno, Sacudir. El Sacudir del Trueno, es una acción electrolítica no destructiva, que separa lo que ya no sirve para crear nuevas uniones. El I Ching nos dice que Zhen es la instrucción genética o codón ontológico que ordena al organismo a salir del letargo y empezar a construir proteínas de cambio. Esta Eficacia Biocéntrica es la encargada de romper la inercia para el sistema sea regenerativo.
Desde la mirada de la Ecología de Sistemas Humanos, así como el rayo es plasma (el cuarto estado de la materia) y contiene en sí mismo el código específico de la transformación que impulsa la autopoiesis del sistema, liderar bajo este patrón de Zhen, la Sacudida del rayo es el paso del “liderazgo de control”, al liderazgo de flujo. Saber que nuestra propia naturaleza anida tanto la crisis que precede al cambio, como el impulso necesario para seguir evolucionando como sistema viviente, nos hace responsables de mantener el flujo vital del sistema, del equipo, de nuestra organización. Retenerlo por control es colapsar el sistema y morir.
Arquitectura Vincular: El Poder de lo Invisible
Los investigadores han descubierto gracias a la tecnología actual, que antes del gran destello visible del rayo, existen finos hilos de luz invisibles al ojo humano que se expanden por el aire en formas que recuerdan las raíces arbóreas, hasta que uno de ellos logra tocar tierra. En ese mismo instante se produce el cortocircuito que libera toda la energía del rayo. Estos rayos invisibles que preparan el ambiente para la manifestación del plasma como rayo, se llaman precursores o streamers.
Desde la mirada del liderazgo consciente, reconocemos que el éxito depende de una red de precursores a menudo invisibles o invisibilizados, que preparan el camino para que el propósito finalmente “toque tierra” y brille por sí mismo. Esto nos sitúa en un liderazgo humilde, que honra la presencia de nuestros precursores, de los colaboradores invisibles, de aquellas personas que nos han enseñado con su maestría, con su ciencia, con su arte, que nadie brilla solo.
En una cultura obsesionada con el KPI individual, un líder que no honra a sus precursores está desconectado de la tierra y, por tanto, su rayo (su proyecto, su producto, su eficiencia) tiene comprometida la potencia y la efectividad.
Rentabilidad Biológica: Fertilizar a través de la Crisis
Otro de los resultados de las investigaciones que me llevaron a inspirarme a escribir este artículo afirman que el rayo es el gran alquimista de la Naturaleza. Su calor intenso transforma las moléculas de nitrógeno del aire en nitratos que las plantas pueden absorber. Si no hubiera esta relación simbiótica entre calor y nitrógeno, las plantas no podrían sobrevivir. De ahí que las zonas con más rayos en el planeta (Amazonas y el Congo), son precisamente las más fértiles, y al mismo tiempo las más explotadas por la falta de ética del ser humano, arrasando bosques que son los pulmones de nuestro planeta. Además, en las zonas desérticas, el impacto del calor extremo en la arena funde la arena allí donde ha caído y hace soluble el fósforo atrapado en su arenisca, fijando el nitrógeno del aire.
Si regresamos a la referencia inspiradora de Zhen, sin fijación de nitrógeno (talento reconocido y nutrido), el suelo (empresa) se empobrece y se agota (absentismo y rotación) y la rentabilidad financiera desaparece. Cuando la persona que lidera se asume como abono que regenera el sustrato, la empresa se convierte en un ecosistema fértil donde las personas son vistas como seres y no como engranajes del sistema. Esta es la verdadera Rentabilidad Biológica que rige el nuevo paradigma existencial y que nos compete integrar para que el flujo vital siga evolucionando.
La Resonancia Schumann: Presencia y Sostenibilidad
Las investigaciones de los expertos han demostrado que cada rayo genera ondas electromagnéticas que dan la vuelta al mundo 8 veces por segundo. Esto crea una vibración constante de 8 Hz, conocida como la Resonancia Schumann. De la misma manera, nuestras ondas cerebrales (ritmo alfa/theta) y la actividad eléctrica de casi todos los seres vivos, vibra en esa misma frecuencia de 8 Hz (como 8 son los trigramas del I Ching, ocho las células madre que son las únicas que no cambian durante la vida del ser, ocho es el símbolo del infinito…).
Si el rayo mantiene el “tono vital” del planeta actuando como un regulador sistémico, un líder que resuena con el latido de la Tierra puede generar acciones que lleven al Arraigo Simbiótico en todo su sistema, ya que deja de actuar de forma reactiva para responder desde la armonía de la propia naturaleza. Vibrar a 8Hz es una postura existencial y política que genera Presencia Consciente que repercute en el entorno.
Esta Presencia Consciente me lleva de nuevo a Zhen, cuyo animal arquetípico según el I Ching es el dragón, el único ser que surge de las profundidades y que habita en el Agua (las emociones) y en el Cielo (la mente) en perfecto equilibrio. El Liderazgo solo puede ser sostenible cuando conoce las emociones y la mente y se nutre del punto de equilibrio o profundidad gravitacional que unifica y pondera el sistema con las acciones impulsivas regenerativas.
Liderazgo de Alto Voltaje: la Decisión que Moviliza y la Luz que Clarifica
Para concluir voy a usar el hexagrama 21 del I Ching, donde Zhen, Trueno, está situado debajo y en el lugar superior se encuentra el trigrama Li, Fuego, representando “morder a través” de algo que impide la unión. En la empresa, esos obstáculos son el absentismo, la rotación y el desengagement, las consecuencias de un mundo cambiante que demanda acciones nuevas que se adapten a la realidad de hoy.
La “mordedura tajante” del hexagrama 21 nos habla de la unión del estruendo que moviliza y la Luz que clarifica, invitándonos a abordar la salubridad de nuestros equipos desde un liderazgo consciente que sea capaz de preguntarse ¿Desde dónde lidero?
Esta pregunta nos sitúa en el punto de partida: la Vida, y nuevas preguntas fundamentales que nos cabe reflexionar: ¿Cómo evaluar si el sistema está en “letargo” o si tiene fugas de energía vital? ¿Está sintonizado el equipo con la resonancia vital? ¿Cómo está siendo la Arquitectura vincular de mi empresa?
La Metodología Integrativa Biocéntrica (MIB) con la Inner Development Goals (ING), son los marcos teórico-prácticos que generan acciones transformadoras reales, posibilitando así que las organizaciones sean claros ejemplos entidades sostenibles de verdad al son del nuevo paradigma existencial.
¿Está tu organización preparada para el impacto de un liderazgo que moviliza la Vida, más allá de la gestión?
[1] Inconsciente vital, postulado por Rolando Toro es la “inteligencia celular” que rige la vida de todo ser, impulsandolo a ser lo que es.
Ante un mundo exhausto por imágenes violentas de guerra y destrucción, junto con otras de exaltación de la belleza maquillada, de coreografías aprendidas, de moda al estilo de la innovación sin límites ni conciencia sostenible, está el ser humano sumergido en una profunda crisis de nostalgia de amor, como decía Rolando Toro.
¿Dónde está el equilibrio capaz de sosegar el pulso cardíaco y la mirada ausente del pesar incierto?
De lo estático al flujo del proceso
François Jullien, filósofo y sinólogo francés, encuentra respuestas a nuestras preguntas a través del estudio de la palabra y las ideas que habitan las palabras. ¿Cómo? cuestionando los cimientos que rigen el pensamiento occidental desde la estrategia de la mutación del pensar chino y el I Ching, como un código de navegación biológica.
Mientras el pensamiento europeo se obsesiona con definir lo que es (la esencia estática) buscando la Verdad como una revelación, el pensamiento chino y fundamentalmente el I Ching, se sitúa en la Transformación, en el fluir constante de los estados; no hay un destino a ser, sino el Camino (Dao) del proceso mismo viviéndose.
Esta perspectiva nos sitúa en un lugar viviente donde la realidad no es algo estático regido por modelos o teorías que intentamos aplicar a la realidad. El pensamiento ancestral de la China privilegia la respiración (lo primordial del existir) como un ciclo de alternancia constante, que danza entre la contracción y la dilatación.
En Occidente planificamos todo, creando un modelo mental y forzamos la realidad para que encaje en esa estructura teórica estática, perfecta en nuestra mente, pero que, al manifestarse en la forma, acaba siendo destructiva. ¿Por qué? porque no tiene en cuenta la Danza de la Vida, ese flujo constante, evolutivo, progresivo y autorregulado que es. Lo vemos en los ejes que coordinan toda sociedad: economía, educación, salud y política; siguen siendo estructuras que han dejado de ser viables porque no están vivas, y cualquier adaptación que se haga, es insuficiente. Se rigen por el modelo ideal Grecia/Hebreo cuya visión se fundamenta en planos mentales estáticos y estéticos, que imponen el control del objeto (la Vida), como si Ella fuera algo ajeno, perdiendo la capacidad de acompañarla en su respiración pulsante.
Más allá de los procesos mentales
En la estrategia del Tao, base del I Ching y una de las fuentes del pensamiento biocéntrico, la transformación es silenciosa como el crecimiento de una planta, donde los cambios más profundos son procesos imperceptibles, sin ruidos o rupturas. La Vida adquiere movimiento, orden y estructura que conjuga con el sujeto viviente donde el individuo forma parte del proceso, está implicado en la transformación misma, no como mero espectador, sino como agente de cambio.
Si nos quedáramos en este punto sin ir más allá, podríamos llegar a pensar que la vida es estática y es movimiento, con lo que el juego del balanceo nos posicionaría en un lado u otro, pero la respuesta no es partidista, es la Regulación. La Regulación es la inteligencia biológica de la Vida que si bien necesita la copia fiel que estabiliza (la mitosis celular), también requiere de la meiosis que posibilita el intercambio y la mutación para no extinguirse. Es aquí donde el principio biocéntrico y su praxis son el equilibrio donde la estructura (Ser) se pone al servicio del flujo (Dao).
La estrategia de la disponibilidad
En plena crisis, recordando que crisis es sinónimo de transformación, el ser humano no necesita soluciones rígidas, sino disponibilidad para detectar hacia dónde quiere ir la vida, y sabiendo que es evolutiva y autopoyésica, acompañar su movimiento sin resistencias. En mi praxis como consultora, he observado que la verdadera resiliencia surge de transitar la resistencia al cambio y desarrollar la disponibilidad para detectar el potencial de salud que ya habita en cada situación.
Una ética de la cooperación con la Vida
La crisis actual no es una apocalipsis, es una fase de la Meiosis colectiva donde se están desmantelando las viejas estructuras para que las semillas del cambio puedan enraizar en tierra fértil y prosperar en pro del bien común.
El biocentrismo es la Ética del futuro: trasciende la teoría y se encarna en una praxis que actúa con la firmeza del propósito (Ser), y la humildad del proceso viviente (Dao). Es la invitación a pasar de la supervivencia del más fuerte a la vivencia de la cooperación con la Vida misma.
Anatomía Sutil del Poder: del control reactivo a la concordia sistémica
En el ecosistema humano el poder es una energía viva que transita el flujo de nuestras relaciones y de nuestra manera singular de “ser en el mundo”. Poder como verbo en primera persona es yo puedo, y esta simple conjugación es uno de los aprendizajes fundamentales para nuestro desarrollo en el medio que habitamos. Cuando ese yo puedo se viste de vivencias que, desde la infancia, marcan nuestra manera de ver el mundo, entramos al inevitable juego del Amor-Amar infiltrado en lo cotidiano, sin apenas darnos cuenta.
En el tejido corporativo, el poder es la energía viva que incide y se involucra directamente en la vitalidad de todo equipo. Suele ser fácil identificar el abuso de poder cuando es evidente y ruidoso, pero existe una dimensión mucho más sutil e invisible: la que convierte el juego como aprendizaje de amar en una lucha o competición por tener (tener la razón, mi visión es la válida, tener más reconocimiento, más presencia, …). Nos cabe resignificar el verbo Liderar desde una mirada biocéntrica, que contraste nuestro hacer con el que la Naturaleza nos enseña con su Ser/Estar.
La sombra en la Mesa de Juntas
Podemos pensar que nuestra manera de liderar se hace a partir de un máster de gestión, pero la realidad es que el liderazgo nace en nuestras primeras vinculaciones con la Vida. Son las vivencias de la infancia las que van a marcan nuestra relación con la autoridad y la seguridad. Cuando estas improntas están sesgadas por carencias o distorsiones de la realidad que nos apartan de la biología, entendida esta como la ley natural de la Vida (nutrición, cooperación, protección, cuidado, …), aparecen en el mundo empresarial como «huéspedes inesperados» con necesidades de control, búsquedas de validación o dinámicas de exclusión que contaminan el clima laboral.
Desde la Ecología Humana, entendemos que el poder no debe ser un timón basado en verdades absolutas o egos heridos, sino un arte que requiere de aprendizaje constante.
Dos Pilares para un Liderazgo Vital
Para evitar el colapso sistémico y la fatiga vincular (que suele manifestarse en rotación y absentismo), propongo dos movimientos esenciales de autorregulación:
La Presencia Consciente: El liderazgo maduro requiere la capacidad de observar el impulso de reaccionar: ¿desde donde surge la respuesta? Es esa quietud ética, como la montaña en el valle, que nos permite decidir la respuesta más adecuada desde nuestra Presencia de Observadora, evitando actuar de forma automática y reactiva.
Líder como Continente: Un ecosistema sano necesita espacios seguros y nutritivos de contención afectiva. Líder no es la persona que domina o dirige la fuerza vital de su equipo. Es la que crea el «cuenco» seguro, donde esa vitalidad puede expresarse sin desbordarse. Es saber acoger las debilidades propias y ajenas como parte del proceso de aprendizaje, sin permitir que se conviertan en norma.
Hacia la Concordia Organizacional
El objetivo final de esta «Estrategia de Vitalidad» es trascender el «Yo individual» para habitar un «Yo superior» capaz de ver la unidad del sistema. No se trata de mistificar el liderazgo, sino de resignificarlo para que se convierte en un vehículo de propósito compartido, pasando de la jerarquía del miedo a la concordia entre personas.
Humanizar las organizaciones no es un concepto romántico o utópico. Es, en última instancia, reconocer que las leyes de la Vida —el crecimiento, la renovación y el respeto por el otro— son las únicas que garantizan una partida realmente próspera y placentera para todos en el mismo juego que es vivir viviendo.
Durante años mi labor se ha centrado en facilitar procesos de integración en el ámbito social. En los colectivos de alta vulnerabilidad con los que he trabajado, he aprendido a mirar y ver con profundidad todo aquello que permanece oculto, invisible y aun sin ser nombrado, condiciona la manera con la que nos relacionamos con el mismo individuo, el equipo (el otro) y el sistema (entorno). Esta mirada experimentada no es solo social, es sistémica-vincular: existen lealtades invisibles, miedos al cambio, al rechazo, pactos de silencio que frenan el desarrollo de nuestra identidad, tornándose parasitaria del entorno.
Uno de los entornos más problemáticos para que los procesos de integración se den de manera orgánica es el lugar de trabajo, la empresa donde pasamos muchas horas de nuestro cotidiano, a menudo, muchas más que con la familia y las amistades. ¿Por qué la empresa, el lugar de trabajo, es una de las “pesadillas” del proceso de transformación? Porque las empresas, aun hoy, operan bajo estructuras de fatiga sistémica. La empresa tradicional intenta sostenerse sobre una “viga maestra” que cruje bajo el peso de una eficiencia mecánica, ignorando que la verdadera rentabilidad emana de la salud biológica del sistema.
Mi transición de Facilitadora de Procesos integrativos biocéntricos a Especialista en Ecología de Sistema Humanos no es un cambio de nomenclatura, sino el fruto de años de experiencia desarrollado una mirada sistémica que abarca la vitalidad del vínculo que sostiene el flujo de la vida (laboral, familiar, social, individual y colectiva). En el mundo corporativo existe un agotamiento sistémico por falta de autopoiesis (la capacidad de un sistema para producirse a sí mismo). Si una empresa no es autopoyésica, depende de estímulos externos motivacionales (bonos, consultores externos, incentivos) porque no sabe, o mejor dicho, se ha olvidado de generarlos internamente. En la Ecología Humana, entendemos que el ser humano es un organismo vivo que responde a leyes biológicas, por tanto, la autopoiesis es una ley natural de todo sistema viviente, como lo es una empresa también.
El Método Integrativo Biocéntrico (MIB) se fundamenta en el proceso de aprendizaje-desarrollo implícito en la naturaleza del ser humano: aprendemos desarrollándonos y por eso el aprendizaje y el desarrollo deben ir de la mano de la trazabilidad social, generando autonomía vital, también en el entorno laboral y corporativo. No sólo es el producto lo que nos interesa hacer sostenible; es el ser humano que lo produce lo que hace que la rentabilidad sea algo más que algo financiero, y abarque la equidad, igualdad, la retención del talento, la valoración por lo que se es.
Para que un hábitat humano como es la empresa sea sostenible, debe haber coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Los valores de sostenibilidad no pueden quedarse en el producto; deben abarcar un liderazgo capaz de valorar las singularidades más allá de estereotipos culturales y sociales que se han adoptado como verdades que generan absentismo, desenraizamiento, falta de pertenencia, rotación constante, falta de vitalidad, y ausencia de motivación.
La transición de la facilitación a la especialización en Ecología de Sistemas Humanos es mi respuesta a un mercado que no puede ni debe permitirse el lujo de desvincular la rentabilidad de la Vida. Mi propuesta es restaurar la integridad orgánica de los vínculos de la empresa para que el sistema vuelva a ser fértil, resiliente y, sobre todo, vital. Considero que una organización que no se nutre de su propio talento, termina despedazando su futuro en fragmentos de miseria y toxicidad afectiva.
Humanizar la empresa no es un lujo ético, o un maquillaje, es una necesidad biológica para que la abundancia y la vitalidad circulen desde una base real y evolutiva.
Tu organización, ¿es un ecosistema fértil o un sistema de fatiga?
Si sientes que la estructura de tu equipo pierde vitalidad o tiene fugas de silencio e incoherencia, te invito a agendar un Primer encuentro de Percepción Sistémica (30m). El objetivo es determinar si tu organización está preparada para iniciar un proceso de transformación. Puedes ponerte en contacto a través de mi correo electrónico tenderoteresa@gmail.com
En Biodanza, la palabra tiene un propósito claro: recordar que somos la Vida. Este artículo explora la consigna poética como puente esencial capaz de transformar un simple ejercicio en una experiencia profunda, sentida y transformadora. A través de un recorrido por su historia y su metodología, analizamos por qué la palabra es la herramienta clave para que el movimiento pueda convertirse en una verdadera expresión de nuestro ser.
Cada facilitadora[1] de Biodanza tiene su manera particular de consignar los ejercicios. De ello va a depender que las participantes, no sólo entiendan la propuesta, sino que inicien un proceso que puede culminar en una vivencia en la ejecución del ejercicio. No siempre ocurre así. La música y el grupo son detonantes incuestionables en Biodanza, pero hay otros factores que, además de la disponibilidad de la persona participante, van a facilitar que la vivencia sea biocéntrica, no sólo vivencia. De ahí que en Biodanza es necesario hablar de vivencia biocéntrica porque ésta incluye la integración biocéntrica: sensitivo-motora (acción), afectivo-motora (sentimiento de la acción) y límbico-hipotalámica (biología de la vivencia). La vivencia a secas, puede ser integradora o desintegradora y biocéntrica o anti-vida.
Sabemos que el sistema Biodanza, funciona sí o sí. Su metodología es segura y bien fundamentada en las Ciencias de la Vida, de eso no hay la menor duda; pero hay muchos matices a tener en cuenta para que la excelencia profesional y ética se dé. Uno de ellos es la consigna.
HISTÓRICO DE LAS DEFINICIONES DE BIODANZA
En la etapa de Psicodanza (años 60 y mediados de los 70) Rolando Toro estaba experimentando en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Chile y no existía una definición concluyente. Se hablaba de “comunicación verbal y no verbal” y de “diálogo terapéutico” de manera que la palabra tenía un uso que se acercaba más a la psicoterapia grupal, aunque ya se empezaba a perfilar su función más provocadora.
La palabra del facilitador no debe ser una descripción técnica del ejercicio, sino una provocación semántica. La consigna es el soplo que fecunda el silencio para que la danza deje de ser un movimiento gimnástico y se transforme en una respuesta existencial”. Toro Araneda, Rolando (2008). Biodanza. Santiago de Chile. Editorial Cuarto Propio.
En la década de los 80, en los primeros manuales de formación para las escuelas de Chile, Brasil y Argentina, y en las actas de los primeros congresos internacionales (como el de Fortaleza en 1989), se consolida el Modelo Teórico de Biodanza y la definición del sistema como:
La Biodanza es un sistema de integración humana, de renovación orgánica, reeducación afectiva, y de reaprendizaje de las funciones originarias de la vida, cuya metodología consiste en la inducción de vivencias integradoras mediante la música, el movimiento, la consigna y las situaciones de encuentro en grupo”.[2]
En esa etapa, Toro consideraba que la metodología no podía explicarse sin el factor desencadenante de la palabra o “palabra sentida”. La consigna se consideró como el “estímulo semántico” al servicio de la biología, que propicia la expresión y el movimiento sentido que desencadena la música, y que la facilitadora ofrece antes de cada ejercicio.
A partir de la creación de la International Biocentric Foundation (IBF) y la unificación de programas, la palabra consigna desaparece de la definición oficial de tres erres (renovación, reeducación y reaprendizaje), pero se mantiene como un pilar en el módulo de Metodología. En la definición actual[3], la consigna se ha substituido por canto, respondiendo a la voluntad de Rolando Toro de enfatizar estímulos biológicos directos (música, movimiento, canto). El canto es la expresión sonora de la identidad y tiene un impacto neurofisiológico inmediato que no requiere de la interpretación intelectual.
CONSIGNA Y CONSIGNA POÉTICA EN BIODANZA
En el contexto de un ejercicio de Biodanza, la consigna, además de ser una actividad educativa que instruye, orienta y define qué es lo que se debe realizar, establece el propósito y los pasos a seguir para que el ejercicio de lleve a cabo. Además, la consigna asegura el aprendizaje esperado que, si bien en Biodanza no está sujeto a una expresión concreta ni definitiva, sí alude al proceso de integración biocéntrica que es progresivo, singular y colectivo. Con el tiempo y la práctica regular, la persona iniciante podrá entregarse al movimiento llegando a convertir un simple ejercicio en una experiencia vivencial transformadora.
En Biodanza hay una manera explícita de consignar:
Nombre del ejercicio. Identifica la propuesta.
Modo de realizarlo y demostración.
Fundamentación científica fisiológica: aporta rigor desde la biología y las neurociencias
Abordaje poético y existencial: referenciado en la vida
La consigna poética se define como el núcleo ético y estético que guía el proceso expresivo-creativo como una extensión de la propia fuerza vital. Facilita la capacidad de que el lenguaje humano se referencie en la vida y se vuelva vida, como dice el poeta chileno Vicente Huidobro, iniciador del creativismo: “a la rosa hay que hacerla florecer en el poema”.
La palabra en la consigna poética funciona como un puente vivo entre sentires que se vivencian dentro y fuera y viceversa. La referencia es la Vida de manera que cada palabra pronunciada se convierte en un espejo de la Naturaleza, como imagen y como principio de honestidad esencial. La Naturaleza no engaña: Ella es. De esta manera el individuo puede reconocerse en la Naturaleza y pasar de ser alguien que vive la vida a Ser la Vida.
Cabe destacar la importancia del rigor de la facilitadora al consignar poéticamente para que no se confunda con una expresión filosófica que introduzca conceptos ajenos a la Biodanza. Es fundamental observar con detenimiento el efecto que podemos crear en el individuo si nos embarcamos en conceptos filosóficos, religiosos, metafísicos o místicos que, aun pudiendo ser afines a Biodanza, causen un efecto contraproducente en el proceso de integración del individuo y de la comunidad, ya que no sabemos la historia de las personas que participan en nuestros grupos y talleres; no sabemos cómo puede afectarles algo que para nosotros es inocuo pero que para la historia de la persona que tenemos delante, puede desencadenar una secuencia de recuerdos o memorias que activen un efecto devastador. Debemos asegurarnos de que nuestra referencia poética sea la Naturaleza y la Vida, con su expresión singular y diversa que abarca todas las acciones del ser humano.
EL CONTEXTO COMO INDICADOR POÉTICO
Como facilitadora de Biodanza con 20 años de experiencia, fundamentalmente en el ámbito social, tuve que desarrollar mi propia metodología para conseguir que la consigna fuera la puerta abierta que facilitase la vivencia integrativa biocéntrica.
En el campo social, muy a menudo, los proyectos tienen duración limitada: algunos sólo de 4 sesiones, otros de tres meses, también los hay de varios años; todo depende de la entidad que te contrate o donde facilites como voluntaria. Nada que ver un proyecto de corta duración con otro que dura mínimo un año o más. El caso es que para mí labor como facilitadora de Biodanza en el campo social, tuve que aprender a adaptar la consigna al público que tenía en cada proyecto concreto, a conocer su realidad concreta y su momento existencial, para que el tema central de la tarea a desarrollar tuviera pleno sentido para las personas que participaban del proyecto. Esto generó en mí la capacidad de descubrir el universo vocabular de cada grupo, un concepto de la Educación Biocéntrica, que me ayudó a aprender a identificar las palabras significativas de cada grupo concreto, sus músicas, sus cantos, sus sentires comunitarios, de manera que la cosigna se convierte en una vivencia presente. Entendí que, si bien crear sesiones de Biodanza es en sí una ejecución artesanal, la consigna en Biodanza es el Arte Mayor de la sesión.
De forma orgánica fui aprendiendo que las indicaciones del catálogo de ejercicios me ayudaban a entender el objetivo del ejercicio y los beneficios de su ejecución, así que primero aprendí a describir con claridad y precisión cómo se ejecuta el ejercicio, explicar sencillamente para qué sirve desde una perspectiva biológica y, cómo se cierra la vivencia, sobre todo en grupos de iniciantes o programas sociales donde las personas a menudo no saben lo que es la Biodanza ni lo que propone. Con el tiempo, cuando el proyecto se alargaba y podíamos crear un grupo regular de larga duración, empecé a introducir la consigna poética, la que toca directamente a la existencia, al alma.
Aprendí a concretar lo que quería comunicar, a ser sintética en la expresión sin ser seca o escueta, a usar las palabras justas para decir lo esencial evitando lo superfluo. Aprendí a sosegar mis gestos, a que fueran significativos, a que hablaran por sí mismos; aprendí a mirar a todo el grupo sin distinción, posando la mirada de forma natural a todas y de cada una de las personas, sin invadir ni incidir en nada. La voz se fue modulando, los silencios fueron apareciendo sin miedo ni ansiedad, … “La conciencia surge de la vivencia” dice Wilhelm Dilthey. Efectivamente es así: fui tomando conciencia de qué significaba la consigna en Biodanza y se convirtió en una vivencia por sí misma. Nunca se repite porque vive en el momento presente.
La vivencia carece de referencias, no es medible ni analiza. No tiene tiempo ni espacio. Tiene una dimensión cenestésica (de placer) y cinestésica (cuerpo). Es subjetiva, orgánica; se combina con la emocionalidad. Para mí la consigna es el azar manifestándose; me explico: puedo tener palabras inspiradoras que me guíen y anotarlas en la sesión para que no me olvide del sentido metafórico del ejercicio, pero en el momento de dar la consigna, será el azar el que actuará, porque el azar no es un juego de suerte: el azar es la expresión de la conexión divina en mí, en el otro y el entorno. Todo en uno. Yo como facilitadora, soy el canal, la mediadora, la que media entre el ejercicio y la posibilidad de ser vivienciado por el otro.
FUNCIÓN DE LA CONSIGNA POÉTICA
Al utilizar un lenguaje poético en la sesión de Biodanza, en la facilitadora se disminuye el control de la corteza central, y permite que la persona participante entre en un estado de mayor receptividad y conexión con sus propias sensaciones corporales. En Biodanza, la consigna poética está relacionada con la cualidad existencial del ejercicio, con el sentido ontológico dentro de la sesión (su modo de ser en el mundo) y su significado de vida (la trascendencia del gesto). No estoy haciendo un ejercicio, soy el ejercicio. No sólo es una ronda, es la sacralidad del cuidado mutuo. La consigna poética describe visualmente, sentidamente, la complejidad del ser y su relación consigo, la otra y el cosmos, acercándola a su Ser Vida, en lugar de a “alguien viviendo la Vida”.
Biodanza no estimula el pensamiento racional, justamente porque está ultra valorado y explotado, de ahí que, en la parte de la sesión del movimiento vivencial, solo usamos el cuerpo para comunicarnos y la palabra brilla por su ausencia. Esto permite que el individuo que participa de la sesión pueda aprender a identificar su propio lenguaje corporal de manera que sus acciones en la vida estén en consonancia con su propia homeostasis orgánica y en sintonía con la armonía biocósmica.
Nos queda pendiente hablar de la palabra sentida o de pleno sentido en la Rueda de Intimidad Verbal, pero esto será en otro artículo.
Nos mueve el Amor y el Servicio.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
País Muñoz, Ximena. Inducción de la vivencia integradora a través de la consigna. Monografía de titulación como docente de Biodanza, Chile.
[1] Uso el femenino como genérico, relacionado a personas y en según qué contextos, a almas. El uso del masculino es en referencia a seres humanos.
[2] Cabe destacar que en el documento “Biodanza: Fundamentos Teóricos y Metodología” en los primeros seminarios en Brasil y Argentina en 1982, la definición presentaba esta variante: “La Biodanza es una sistema de integración humana, renovación orgánica y rehabilitación de la existencia mediante la inducción de vivencias integradoras…” Posteriormente se cambió rehabilitación (más vinculado al ámbito médico) por reeducación afectiva, más pedagógico
[3] International Biodanza Federation (IBFed) dice: Biodanza es un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida. Su metodología cosiste en inducir vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de las situaciones de encuentro en grupo.
La línea de vivencia de la Sexualidad en Biodanza es, a mi entender, la más desconocida o quizás la más erróneamente interpretada en lo que respecta a la teoría que la sustenta. Según mi experiencia, la teoría no es precisamente, uno de los fuertes de la formación de Biodanza, ya que ésta se centra en la vivencia. De hecho, el cuerpo epistemológico del sistema Biodanza, pasa de soslayo, a penas como una nota a pie de página o un anexo en el contexto formativo como profesoras y profesores de Biodanza.
El hecho de profundizar en el campo epistémico del sistema Biodanza, nos proporciona a los profesionales biocéntricos, un abanico de información que enriquece nuestra labor con matices sutiles y profundos. La vivencia es integradora y biocéntrica, lo que quiere decir que, además del movimiento, la música y el grupo, también intervienen la comprensión, la reflexión ampliada, la palabra sentida, reeditar creencias que se hicieron verdades a costa de repetición.
Nuestro compromiso con la Episteme nos permite realizar una Transformación profunda, anclando la vivencia corporal en la comprensión reflexiva. Estudiar la Línea de Sexualidad, nos empuja a desvelar su raíz profunda, y la complejidad ética y teórica de sus pensadores. Para facilitar procesos de integración biocéntricos, hay que estudiar y comprender la Vida.
Episteme y Transformación
Dicho esto, al profundizar en la Línea de Sexualidad de Biodanza, nos encontramos con la evolución del psicoanálisis y las posturas políticas e ideológicas de sus tres grandes protagonistas, Sigmund Freud, Wilhelm Reich y Carl Gustav Jung. Rolando Toro, con su mirada profundamente biocéntrica, selección y trascendió la Episteme de estos autores, para crear un sistema donde la consigna y la vivencia, con la música, el movimiento y el grupo fueran agentes de reparación de una humanidad perdida en la nostalgia de amor.
Para entender la raíz profunda de nuestra línea de Sexualidad, es crucial desglosar las tres miradas que abordan la libido, punto de partida de la líneas de vivencia de la sexualidad:
Para Freud, la libido es la energía de los instintos sexuales (Eros pulsión de vida/sexual) que, al estar en el núcleo de la vida psíquica, puede ser reprimida, transferida o sublimada, causando la neurosis. Es la fuerza ligada a la función sexual, que impulsa el movimiento y la acción, desde el deseo de satisfacción sexual hasta las expresiones más complejas de la cultura (Tanatos pulsión de muerte/agresión).
Para Reich, aunque en un principio se mantuvo fiel a la definición sexual de la libido, sus estudios clínicos lo llevaron a afirmar que la libido no es solo una energía psíquica, sino una energía bio-psíquica real que se acumula y descarga en el organismo, principalmente a través del orgasmo completo, preservando así la salud mental y física. La represión de su libre circulación produce la neurosis y otras enfermedades. El enfoque de Reich es estrictamente biológico y somático.
Para Jung, la libido deja de ser solo energía sexual y pasa a ser energía psíquica vital inespecífica, o la fuerza que impulsa todos los procesos psíquicos que engloban el metabolismo, la voluntad, la creatividad, etc. El fin último de la libido es la realización del Sí Mismo (individuación), con un enfoque teleológico (orientado a un fin) y energético (energía del universo).
Aquí te presento una tabla que resume las diferencias clave de los tres autores:
Concepto
Sigmund Freud
Wilhelm Reich
Carl Jung
Naturaleza
Energía de la pulsión de vida (principalmente sexual)
Energía biofísica, orgón (Orgástica)
Energía psíquica general (Élan vital)
Alcance
Enfocada en la sexualidad y búsqueda de placer
Ligada al cuerpo, a la tensión y descarga física
Impulsa todas las funciones psíquicas y la vida
Objetivo
Satisfacción pulsional entre Eros y Tanatos
Plena capacidad orgástica y salud biofísica
Realización del Sí mismo (Individuación)
Cuando Reich va desarrollando su praxis clínica, advierte la suma importancia de las bases biológicas en la actividad psíquica y la consecuencias que derivan en una estratificación de lo llamó la coraza caracterológica. Este principio fue tomado por Toro, desarrollando los ejercicios de Biodanza que conocemos como ejercicios segmentarios, aunque nos son entendidos como segmentos separados, sino como partes de un todo integrado.
Podríamos seguir desarrollando el tema hacia la bioenergética, pero en esta ocasión, quiero centrarme en un fragmento de la página 137 del capítulo 5. El Desarrollo de la Técnica del análisis del carácter, del libro: La función del orgasmo, Wilhelm Reich. Editorial Paidós, Surcos 39, ítem: La coraza caracterológica y los estratos o capas dinámicos de los mecanismos de defensa. El fragmento que me llamó la atención dice así:
“Jung generalizó el concepto de libido al punto de hacerle perder completamente su significado de energía sexual. Terminó con un “inconsciente colectivo” y, con éste, en el misticismo que más tarde representó oficialmente como nacionalsocialista”.
Esta crítica rotunda de Reich me llevó a investigar en el inconsciente colectivo (explícitamente marcado con comillas en el fragmento que cito) y su relación con el movimiento nacionalsocialista. Lo que sigue es el fruto de mi investigación. Deseo que la disfrutes.
Del Inconsciente colectivo al Misticismo
Para Jung la relación entre el cuerpo (soma) y la psique no es dualista; se enmarca en un principio de Unidad Psicosomática. Jung dice “el cuerpo es meramente la visibilidad del alma, de la psique; y el alma es la experiencia psicológica del cuerpo”. Cuerpo y psique o energía psíquica (libido) se experimentan como tensión: relajación en el cuerpo o soma, y deseo, emoción o pensamiento como flujo de la libido o psique.
El cuerpo a menudo personifica la Sombra del Yo, o sea, los aspectos rechazados o inconscientes de la personalidad, que son los causantes de enfermedad e instintos perturbados, forzando así a la conciencia a confrontar la realidad instintiva y biológica en pro del Sí mismo o individuación. Jung usa la metáfora de la alquimia para describir el proceso de individuación, aludiendo al cuerpo como recipiente material donde se manifiesta y se integra el cambio psíquico o libidinal.
Como la libido o energía psíquica es vital y para Jung la dualidad no existe, la libido se conecta directamente con los instintos psíquicos, o sea, el inconsciente colectivo (arquetipos del alma o psique) de manera que el cuerpo encarna el arquetipo. Por ejemplo, si en una persona predomina un arquetipo concreto como puede ser el del Héroe, la manera de relacionarse en y con el mundo, está sujeta a las respuestas psíquica instintivas de ese arquetipo concreto. Vale decir que nunca se presentan solos los arquetipos.
Hasta aquí tenemos diferentes abordajes según los autores. El problema surge tras la Segunda Guerra Mundial y el intento de exterminio del pueblo judío.
La evolución de la psicología Analítica tras la guerra
Ante la catástrofe colectiva y para dar respuesta al horror vivido, Jung introduce el concepto de Sombra colectiva, la que encarna la suma de toda maldad, crueldad irracionalidad y los instintos destructivos que son inherentes a una cultura. Esta sombra colectiva se proyecta y es la fuente de la “mentalidad de masas”.
En los ensayos y artículos posguerra de Jung, el autor argumenta que las atrocidades masivas son el resultado de la proyección no reconocida de la Sombra Colectiva, de manera que si el individuo niega su potencial para lo que denominamos mal, esta energía psíquica se acumula en el inconsciente colectivo hasta que un líder o una ideología, la usa, la organiza y la dirige, tal y como hizo Hitler, a quien Jung consideraba poseído por el arquetipo Wotan.
En esa época, Sigmund Freud, que era judío, terminó exiliándose forzosamente en Londres, ya que los nazis quemaron públicamente sus libros por considerar el psicoanálisis una “ciencia judía” y “pervertida”. A Wilhelm Reich, también judío, lo expulsaron del círculo psicoanalítico y también del movimiento marxista, por argumentar que el fascismo no sólo podía explicarse por la economía de Marx, sino por la represión sexual inculcada en la familia, que hacía que las masas fueran psicológicamente sumisas a un líder. Reich promocionaba el sexo prematrimonial, el control de la natalidad y el aborto. La represión política y la ideológica, forzaron a Reich a huir de Alemania a Estados Unidos, tras la subido al poder de Hitler.
A diferencia de Freud y Reich, Jung era suizo, y afín a la mística de la Alquimia, el I Ching, la gnosis y los mitos. Su visión psicoanalítica convirtió el nacionalsocialismo en un movimiento de masas místico que, más allá de ser un programa político, encarnaba los mitos germánicos ancestrales y un destino colectivo de sangre y posesión de la tierra, que culminó en su ensayo Wotan (1936) donde describe el nazismo como una fuerza divina e irracional que había poseído al pueblo alemán. Aunque su intención pudiera ser meramente descriptiva, esta visión mitológica del nazismo, lo inhibe de su base política, social y material, donde la represión de la sexualidad, la crisis económica y la estructura de poder eran defendidas en el análisis de Reich.
Jung argumentaba que el alma alemana, dormida y reprimida por siglos de racionalismo cristiano, había sido repentinamente poseída por el arquetipo del antiguo dios germano Wotan (Odin), el dios de la furia, el éxtasis, la guerra y el frenesí. En este sentido, al mitologizar el fenómeno nazi, Jung lo convirtió en una fatalidad arquetípica, en un fenómeno místico e instintivo impulsado por el arquetipo germano.
Dos años antes (entre 1933 y 1934) Jung publicó en la revista de la Sociedad de la Psicoterapia) varios artículos controvertidos, en los que Jung diferenciaba la psicología alemana de la judía. Uno de los artículos más significativos fue “Sobre la situación actual de la psicoterapia” donde hizo una distinción explícita que dice:
“El inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío […]. A mi juicio, la actual psicología médica ha cometido una grave error al aplicar indiscriminadamente categorías, que ni siquiera son válidas para todos los judíos, a los germanos cristianos o eslavos”.
Jung sugería que el psicoanálisis de Freud solo es adecuado para la “psique judía”, supuestamente carente de la profundidad mítica y de los arquetipos germánicos. Defendió que la psique aria estaba regida por fuerzas arcaicas y telúricas que la psicología freudiana, al ser demasiado centrada en lo personal y sexual, no podía comprender.
La consecuencia de sus afirmaciones, al establecer esta distinción, dio una base teórica a la idea nazi de la “supremacía del alma alemana” y a la necesidad de una psicoterapia nacionalsocialista que se ajustara a los arquetipos de la raza aria.
En esta misma etapa (1933) justo cuando Hitler llegó al poder, la rama alemana de Sociedad General Médica Internacional de Psicoterapia, adoptó la ideología nazi, y excluyó a los miembros judíos. Con la ausencia de Freud y los psicoterapeutas judíos expulsados, le propusieron a Jung asumir la presidencia de dicha Sociedad, a lo que Jung asintió con la justificación de que esto permitiría mantener la organización “internacional” como refugio o al menos mantener lazos con los psicoterapeutas no arios (principalmente judíos) que habían sido expulsados de la rama alemana. Sin embargo, el consenso histórico y crítico afirma que Jung no logró que la Sociedad actuara como un refugio efectivo.
Al aceptar la presidencia del organismo oficial con una clara alineación con la ideología nazi, Jung legitimó indirectamente la purga que se estaba llevando a cabo en Alemania.
Sus críticos, entre ellos Reich, le recriminan este enfoque que despolitiza y absuelve la responsabilidad individual y social de los alemanes, no como nación, sino como humanos, al atribuir sus acciones a un “dios enloquecido”, en lugar de buscar causas materiales y soluciones prácticas.
El resultado de la gestión de Jung como presidente de la Sociedad fue que no proporcionó una red de seguridad ni una estructura de apoyo para las carreras de los psicoterapeutas no-arios ni sus vidas, y las publicaciones de Jung fueron teóricamente marginadas como base pseudocientífica para la exclusión del psicoanálisis freudiana (etiquetado como judío). Ante el fracaso de su supuesta misión de refugio, Jung renunció a la presidencia en 1939, al estallar la guerra.
Jung siempre negó haber sido nazi, alegando que sus distinciones eran puramente culturales y que su presidencia internacional era para proteger a los colegas, con la intención de mantener la psiquiatría internacional viva, pero su ejecución y retórica no lo consiguieron: nunca utilizó su púlpito en la Sociedad para condenar públicamente la persecución o el antisemitismo, y los artículos que publicó en esa época de su presidencia, fueron considerados por la comunidad internacional como un oportunismo profesional, usando su rol como el de alguien que se acomodaba a la situación para beneficio de su propia escuela y pensamiento.
El sentido de la Transformación
Con todo lo descrito, puedo comprender la dura crítica de Reich, pero más allá de los conflictos, lo que realmente me conmueve es la inmensa capacidad de Rolando Toro de integrar esta compleja Episteme del pensamiento de Reich y de Jung, trascendiendo las “sombras” ideológicas para percibir la grandeza de los aportes de ambos autores y recrear la magnificencia del ser humano, en un sistema de integración humana que trasciende culturas, civilización, creencias, dogmas, mitos.
Retrato de Rolando Toro, fundador de Biodanza, reflejando su filosofía sobre la transformación y la vivencia de la sexualidad.
Al profundizar en la Línea de vivencia de la Sexualidad, las personas profesionales de Biodanza podemos catalizar una Transformación real que es, en esencia, reeducación afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de las funciones originarias de vida.
La crisis ecológica y existencial que vivimos en estos tiempos requiere trascender la visión lineal de la evolución, en pro de una mirada sistémica, biocéntrica e integrativa. Nos urge incorporar la vivencia de procesos complejos e indivisibles que incorporen diferentes visiones que, si las miramos por separado, puedan parecer opuestas pero que desde una perspectiva integradora convergen y suman.
Esta es la intención de este nuevo artículo, que complementa al anterior “La sinfonía de Convergencia Biocéntrica: el Amor, la Consciencia y La Evolución en Teilhard, Toro y Fagin”. La Integración Humana propuesta por Rolando Toro, puede explicarse de muchas maneras, pero hoy quiero centrarme en la sinergia continua entre dos ejes o movimientos complementarios entre sí: la Convergencia Consciente (Teilhard de Chardin) y el Arraigo Simbiótico (Rolando Toro).
El objetivo de este artículo es que la Noosfera se encarne en la Biosfera, superando la histórica disociación entre mente y matriz de la vida, y así alcanzar una Integración Éticamente completa. Para ello voy a centrarme en tres puntos clave:
De la antropocentralidad implícita de la Noosfera (Chardin) al principio biocéntrico (Toro): para evitar la disociación de ambas miradas (antropocéntrica y biocéntrica), la conciencia de la convergencia (Noosfera) debe ponerse al servicio del sistema viviente.
De la reflexión humana (Chardin) al espectro biológico (Toro): la integración humana requiere de la mente unificada (Reflexión-Chardin), y la certeza profunda del cuerpo conectado (Inconsciente Vital-Toro)
Del Punto Omega (Chardin) a la Integración continua y Ecológica (Toro): El proceso de convergencia (Punto Omega) solo se completa cuando se le suma la dimensión ética al transformarse en un proceso de Regeneración Continua y Ecológica (Principio biocéntrico).
Punto 1. De la antropocentralidad implícita de la Noosfera (Chardin) al principio biocéntrico (Toro)
La obra de Pierre Teilhard de Chardin, jesuita, paleontólogo y teólogo francés se centra en una visión cosmológica integradora de la evolución. Para Chardin el universo no es aleatorio y casual, sino un proceso dinámico y direccional (gráficamente lo representa con una flecha), regido por la Ley de Complejidad-Conciencia (Loi de Complexité-Consciencie).
A medida que la materia se organiza en estructuras de mayor complejidad, la consciencia (la “psique interior”) aumenta correlativamente. Es un movimiento esencialmente vertical, de la materia a la mente, que nos direcciona a un propósito cósmico. Se inicia en la Geosfera (materia inanimada), dando lugar a la Biosfera (vida), de la que emerge una forma incipiente de consciencia, que culmina con la Noosfera (la esfera del pensamiento, la mente y la consciencia humana).
Esta direccionalidad ascendente se representa como un sistema de embonación (uno dentro de otro), siendo la Noosfera la capa última que envuelve la Tierra, donde se encuentra la mente colectiva y las interconexiones que surgen de la humanidad, representando según Chardin, el punto más alto de complejidad y reflexión conocido hasta ahora.
El surgimiento del ser humano o Hominización dentro de la evolución es el evento crucial donde la consciencia se vuelve reflexiva (le repli de l’être sur soi, se repliega sore sí mismo). Es cuando el ser humano no solo conoce, sino que sabe que conoce. Este hecho marca la transición de la evolución biológica a la evolución psicosocial (Noosfera), que para Chardin implica la integración total, en un centro convergente que llama Punto Omega hacia el que tiende irresistiblemente la Noosfera. El Punto Omega es entonces el punto de máxima consciencia, de máxima complejidad y de máxima unidad, o sea, el punto de plenitud existencial (sur-vie– sobre-vida).
Esta unificación intencional de la especie humana, superior a todas las demás especies por su capacidad reflexiva, es de personalización de manera que cada elemento se hace más complejo y único al unirse con los demás en una unidad de consciencia superior, que Chardin llama Amor o Caridad Cósmica, no como una fusión que diluye las personas en su singularidad, sino como una especificación que se dirige hacia un orden superior, un campo de conciencia colectiva; como lo hace cada célula de nuestro organismo entendido como un “todo”, que se especializa en sus funciones componiendo órganos y sistemas: el organismo funciona como el Punto Omega que atrae y da sentido a las partes, y las células representan la singularidad o personalización. No hay disolución, sino especificación para contribuir al todo.
Si bien el desarrollo de la consciencia reflexiva y la capacidad de unificación intencional marca el movimiento de la mente humana hacia la totalidad transcendente como una flecha direccionada hacia un objetivo final, esta direccionalidad necesita un ancla que incluya la vida no reflexiva (la Biosfera), el ancla simbiótica que Toro aporta con el Principio Biocéntrico.
El Principio Biocéntrico pone la Vida al centro, sin jerarquías funcionales. Toro no niega el fenómeno de la conciencia, sino que lo resitúa de manera que la Vida no es el resultado aleatorio de la combinación atómica: es un proyecto-fuerza que organiza el universo. La conciencia humana es una expresión altamente compleja de la Vida, pero no su único sentido ni su polo final. La sacralidad de la Vida se aplica a todo lo que existe, desmantelando así la idea de que la vida vegetal y animal es solo la base de la pirámide evolutiva. La sabiduría profunda, no verbal ni reflexiva que compartimos con el cosmos, no puede ignorarse o ser superada por lo reflexivo. Es en la integración simbiótica con la Biosfera y el Universo Viviente, donde radica el Inconsciente Vital postulado por Toro, que se garantiza la autorregulación, autopoiesis, conservación y evolución de todo cuando existe.
La Integración en sí exige un doble movimiento de la consciencia, como ocurre en la Danza de la Vida (yin-yang, luz-oscuridad…): mientras Chardin enfatiza la Consciencia Reflexiva para la plenitud del ser, Toro pone el foco en la Consciencia Biológica o el Inconsciente Vital, que remite a la sabiduría celular y a la memoria genética de la especie garantizando así la conservación y evolución de la vida en su totalidad. Son dos movimientos complementarios que convergen en una ética biocéntrica donde la evolución y la integración del ser, se da tanto en lo reflexivo como en lo simbiótico, de manera que el conocimiento y la consciencia unificada retornan al ciclo vital (el centro) para garantizar la continuidad de la matriz organizadora.
Punto 2. De la reflexión humana (Chardin) al espectro biológico (Toro)
La complementariedad de Chardin y Toro se da cuando examinamos cómo conceptualizan la consciencia. Chardin la percibe como un fenómeno que culmina, mientras que para Toro la conciencia es una cualidad inherente y expandida de la vida. Veamos con detalle estos puntos:
• Para Chardin la consciencia o “psique interior”, es intrínseca a toda materia (la “cara interna” de las cosas) pero su relevancia evolutiva se dispara con el fenómeno de la reflexión (volver sobre sí mismo) que se da en la transición de la Biosfera a la Noosfera, Esta conciencia reflexiva es el motor que permite la unificación intencional hacia el Punto Omega. En este modelo, las formas de consciencia o “psique interior” presentes en animales y plantas, se consideran pre-consciencia o consciencia inmediata, con una capacidad limitada o nula para la convergencia teleológica, o sea, no pueden entender su naturaleza, de manera que la integración plena pasa necesariamente por la capa de la mente humana.
• Para Toro la consciencia es una cualidad de la Vida en sí misma, manifestada de forma diversa en todo el espectro biológico. Reside en las células y garantiza la autorregulación y conservación de la vida. Es como una inteligencia que compartimos con el resto del reino biológico que Toro llama Inconsciente Vital. La cultura, la educación, las costumbres y los hábitos antropocéntricos nos han desvinculado de esta “sabiduría innata» que evoca en sí misma la pertenencia al sistema viviente mayor. Para que el ser humano restaure esta disociación, Toro propone la vivencia integrativa biocéntrica que, en Biodanza y Educación Biocéntrica, es el vehículo práctico o el “laboratorio” para activar la consciencia cenestésica en pro de la expresión saludable de las Cinco Líneas de Vivencia (vitalidad, sexualidad, creatividad, afectividad y trascendencia), a través de la música, el movimiento, el grupo, el canto y la consigna.
Para Toro la consciencia no es solo una función pensante o reflexiva (Noosfera) sino también es una función sintiente y relacional (conciencia cenestésica) que nos vincula simbióticamente con el resto de la creación. Se despliega en dos direcciones que danzan unidas entre sí: la unidad trascendente del pensamiento y la unidad inmanente de la biología.
Como síntesis a este punto diría que el ser plenamente integrado es aquel cuya mente está unificada y dirigida (Chardin) y cuyo cuerpo y sentir están arraigados en el flujo continuo de la vida (Toro). La aportación más significativa para mí es que la propuesta de Toro no es sólo teórica, sino metodológica, aplicando el Principio Biocéntrico en el sistema Biodanza y la Educación Biocéntrica.
Punto 3. Del Punto Omega a la Integración Biocéntrica
El Punto Omega es el punto externo de máxima complejidad y convergencia, de manera que la conciencia lograda transcienda el fin entrópico del planeta y asegure así la permanencia, hacia una dimensión de plenitud a otro plano o dimensión, en un destino del proceso evolutivo fuera de la Bios.
Para Toro la integración del ser sólo puede validarse si se transforma en acción simbiótica y regeneración continua, asumiendo la inmanencia del ciclo vital, como proceso continuo, tal como lo ejemplifica la analogía de la semilla y el fruto: el fruto (consciencia personalizante o singular del Punto Omega) es la culminación de un proceso biológico evolutivo (Chardin). La plenitud del fruto se demuestra en su capacidad de regresar al ciclo vital (semilla) asegurando la regeneración continua y ecológica de la Biosfera.
El fin último o teleológico del Punto Omega propuesto por Chardin, donde la conciencia se personaliza y trasciende la muerte entrópica del planeta, desde la mirada biocéntrica de Toro se transforma en un proceso continuo de renovación orgánica y reeducación afectiva en el ciclo vital, cuyo objetivo es la alegría de sentirse vivir y la conciencia de honrar y preservar la vida en todas sus manifestaciones, sin aspirar a un escape porque la vida es sagrada.
La flecha de la evolución de Chardin se transforma en un ciclo de vida sintiente que restaura el vínculo con el cosos y todo lo viviente.
La complementariedad de estas dos visiones (Chardin y Toro) nos marca una hora de ruta donde la dirección unificadora de la mente y la voluntad, danzan con la certeza de la corporeidad viviente arraigada en el Inconsciente Vital hacia el Inconsciente Numinoso. El ser humano deja de ser visto como la cúspide que se separa para ascender, y se convierte en la expresión de la sabiduría biológica (Biosfera) en acción consciente y ética (Noosfera) para el beneficio del sistema completo.
Par a mí, ambas visiones son dos grandes propuestas de pensamiento, complementarias, danzantes, inclusivas y reveladoras en estos tiempos de cambio real tan convulsos y aparentemente caóticos.
La Vida nos guía. El Amor nos une. El Servicio nos mueve.
Me gusta leer, me apasionan las palabras. Mejor dicho, las amo, así que no me canso de encontrar convergencias que me llevan al eje central que mueve mi existencia: el principio biocéntrico. Deseo que este artículo sea inspirador para tí.
1. Hacia un paradigma unificado de la consciencia Uno de los autores que conforman el cuerpo epistémico de Biodanza y Educación Biocéntrica, cuya base es el principio biocéntrico, es Pierre Teilhard de Chardin. Rolando Toro bebió de su fuente, como la de otros muchos autores, para ir configurando la Biodanza como un sistema de integración humana fundamentada en las ciencias de la vida. Ese era su interés genuino, hacer que Biodanza ocupara un lugar en el vasto mundo del conocimiento de la Vida al servicio de la Vida y con la Vida. Y lo consiguió, junto a un extenso equipo de personas que colaboraron con él para cumplir ese objetivo común, aportando sus conocimientos en distintas áreas.
Rolando tenía la capacidad de reunir conocimientos aparentemente dispares entre sí, centrarlos en el eje común del principio biocéntrico y adaptarlos a una metodología que fue creándose paso a paso sustentada por su propio modelo teórico que recoge el proceso completo de la integración humana.
En la teoría de Biodanza no se nombra a Federico Faggin. Quizás no era conocido para Rolando, más para mí es uno de los autores contemporáneos más lúcidos cuando hablamos de consciencia. Así que me he decidido escribir sobre un punto de convergencia fundamental entre estas tres visiones del universo: la teología evolutiva de Pierre Teilhard de Chardin, la teoría de la Biodanza de Rolando Toro y la filosofía de la consciencia de Federico Faggin.
Desde la perspectiva de una investigadora biocéntrica, el propósito de este análisis es ir más allá de identificar coincidencias, y mostrar cómo estas ideas, originadas en la ciencia, la espiritualidad y la psicología, se entrelazan para validar un paradigma unificado: aquel en el que la vida es más que un epifenómeno; es el centro del cosmos, y la consciencia su propiedad más fundamental.
Al situar el Principio Biocéntrico como la tesis unificadora, podemos afirmar que el universo existe precisamente porque existe la Vida, y no a la inversa, en contraste radical con el mecanicismo y el materialismo clásico. A través de esta mirada, pretendo examinar cómo cada uno de estos pensadores, desde sus respectivos campos, llegan a una conclusión similar sobre la naturaleza de la evolución, la consciencia y, de manera crucial, como el papel del Amor es el motor universal de la integración humana.
2. El universo como proceso de cefalización. La visión de Pierre Teilhard de Chardin
Pierre Teilhard de Chardin, a través de su visión interdisciplinar cosmológica, propuso una teoría de la evolución que trasciende el determinismo darwinista. Para él, la historia del cosmos va más allá de un proceso ciego y aleatorio; es en sí un movimiento dinámico y con propósito, que se despliega a través de tres grandes umbrales: la cosmogénesis (el surgimiento del mundo mineral e inorgánico), la biogénesis (la aparición de la vida orgánica) y la antropogénesis (el nacimiento del pensamiento en los humanos).
Este proceso evolutivo se caracteriza por una creciente «centricidad o consciencia» en los seres vivientes de manera que, a medida que la evolución avanza, se produce una «cefalización» o desarrollo de un sistema nervioso más complejo, y una «cerebración» o un cerebro más complejo, que llega a su expresión máxima con la aparición del ser humano. En este punto de inflexión, por primera vez según el autor, la evolución adquiere la capacidad de reflexionar sobre sí misma. La visión de Chardin establece un marco en el que la evolución es un proceso biológico y complejo, que tiene un camino: hacia una mayor complejidad, consciencia y espiritualidad.
2.1. La Noosfera y el Punto Omega: La Convergencia Final
Para Chardin, este camino de evolución puede ser descrito en los conceptos que él denomina como Noosfera y Punto Omega. La Noosfera es la «esfera del pensamiento«, o sea, la capa de consciencia colectiva que envuelve el planeta que va emergiendo de la Biosfera amedida que la humanidad se une a una consciencia ampliada y superior través de la comunicación y el entendimiento mutuo. Metafóricamente podríamos verlo como las diferentes “capas” de irradiaciones del campo energético que rodea la Tierra.
El movimiento que impulsa esta convergencia consciente colectiva es fruto de la atracción del Punto Omega, definido como un «foco cósmico personalizante de unificación y de unión». Nos vamos a detener en esta definición para entender su dimensión:
El Punto Omega siendo en sí mismo el resultado final de la evolución, no se trata de un punto físico en el espacio. Existe preexistiendo, o sea, posee la característica de estar ya «existente» y se “concretiza”, si podemos decirlo así, como fuerza tractora, como un agujero negro que absorbe y atrae hacia otros estados. En el caso del Punto Omega, Chardin aboga al camino de la evolución cósmica hacia estados superiores de consciencia.
Personalizante en el sentido de que, dado que el Punto Omega es el objetivo final del proceso evolutivo, tiene que ser personal por naturaleza, ya que actúa como centro unificador y divino del universo. Para Chardin esa personalización es identificada con Cristo, no como hombre, sino como consciencia crística, un estado puro, cristalino de consciencia.
Unificación y unión son el proceso dinámico de integración de la materia inorgánica a la vida y finalmente a la consciencia reflexiva o espíritu, guiados por la fuerza tractora y unificadora del Punto Omega como centro cósmico y personal, impulsados por la energía unificadora del Amor.
2.2. El Amor como energía radial, la sangre de la evolución
Para Chardin, la fuerza directriz de la evolución es una energía que no puede ser explicada por la física clásica. El autor distingue entre la energía tangencial, que es la fuerza física y medible, y la energía radial, que es la fuerza de atracción hacia una mayor centricidad y consciencia. Chardin identifica sin lugar a dudas, la energía radial con el Amor: una fuerza que emana del Punto Omega y atrae a todas las cosas hacia sí, produciendo seres cada vez más conscientes. En ese sentido y como anécdota, recuerdo que mi mama (tendría 91 años en 2025) decía que antes, en su época, lo bebes nacían con los ojos cerrados y ya sus nietos no. ¡Qué decir de mis nietos!
El Amor, en este contexto que propone Chardin, no se limita al sentimiento humano, cambiante, efímero y caprichoso; es una reserva sagrada de energía, que describe como «el torrente sanguíneo mismo de la evolución espiritual». En sus formas más primitivas, el Amor se manifiesta como fuerza molecular, que a lo largo del proceso evolutivo, se identificará con funciones mucho más complejas, como las reproductivas.
Con la aparición de la consciencia reflexiva en el ser humano, el Amor se eleva a un nuevo nivel. Chardin lo analiza en un modelo tripartito: el amor sexual (deseo exclusivo de fusión creativa con el otro), el sentido humano (el amor que se extiende más allá del par, y se manifiesta en la amistad y el sentido de la pertenencia y unidad global) y, finalmente, el sentido cósmico, que según Chardin es la etapa más elevada y la afinidad profunda con la totalidad que nos envuelve. Fundamentalmente, el sentido cósmico es el Amor de Omega, el centro de los centros, hacia el cual converge toda la evolución universal.
Para Chardin, la materia y el espíritu no son dos sustancias separadas, sino «dos estados o dos rostros de una misma Trama cósmica». El Amor, al ser la energía radial que opera en todos los niveles, desde lo molecular hasta lo reflexivo, es la fuerza que unifica estos dos estados (espíritu y materia) de manera que la evolución en sí misma es un proceso en el que la consciencia se desarrolla y adquiere complejidad en la medida que avanza el universo.
Así es como Chardin demuestra que la evolución no puede ser solo un proceso físico, sino una manifestación progresiva del espíritu a través de la materia, siendo el espíritu la consciencia y la interioridad de la realidad, y su manifestación a lo largo de la evolución es el propósito del universo.
3. El Principio Biocéntrico y la Vivencia: La Teoría de Rolando Toro
3.1. Fundamentos de la Biodanza y el Principio Biocéntrico
La teoría de Rolando Toro Araneda[3] se basa en el Principio Biocéntrico, que propone que el universo existe porque existe la vida, y no al contrario, como hemos apuntado al principio del artículo. Biodanza se define como un sistema de «integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida». En el corazón de la teoría anida el concepto del Inconsciente Vital, la fuerza que emana del «psiquismo celular» y genera el impulso innato de vivir.
Esta visión revoluciona el paradigma mecanicista, que considera la vida como una casualidad en un universo inerte. Al igual que Chardin, Toro postula un universo en el que la vida tiene un lugar central y un propósito inherente. El Inconsciente Vital es el equivalente de la «fuerza directriz» de Chardin: un psiquismo celular o la memoria cósmica inscrita en las células, que más allá del pensamiento consciente, moviliza los potenciales genéticos de cada ser vivo en pro de la armonía orgánica como expresión de la Vida. Este proceso culmina en el inconsciente numinoso como estrato más profundo y sublime del ser, directamente vinculado a la liberación de la naturaleza esencial del ser humano, contrarrestando la cultura que tiene a hacerlo insignificante.
3.2. El rol central de la vivencia
La metodología de la Biodanza se fundamenta en la vivencia, un concepto clave que la distingue de otras prácticas y metodologías, pero cuando hablamos de vivencia en Biodanza, no es una vivencia cualquiera; es una vivencia biocéntrica. Toro la define como una experiencia subjetiva que integra al ser en su totalidad. Esta definición transciende el conocimiento conceptual de vivencia como “momento vivido” para convertirse en un estado del ser que unifica la experimenta vivida a través del cuerpo, el movimiento y el encuentro con el otro.
Toro afirma que «no hay cambio sin conciencia, pero tampoco hay un cambio real sin la vivencia«. Esta afirmación establece una relación causal y recíproca entre la consciencia y la experiencia: la vivencia [biocéntrica], como la experiencia de sentir y de ser, es la condición indispensable para un cambio profundo y la integración personal. Es a través de la experiencia directa que se logra acceder al Inconsciente Vital, donde se manifiestan el deseo de vivir y el amor como un «estado de ser». Esta idea encuentra una resonancia en las reflexiones de Federico Faggin, quien también enfatiza la experiencia subjetiva como el «flujo de sentido» que diferencia la vida de los procesos meramente algorítmicos.
3.3. El Amor como un estado de ser y fuerza cósmica
Para Rolando Toro, el Amor es el núcleo que organiza la existencia humana. El Amor más allá del sentimiento, trasciende las relaciones amorosas para abarcar la conexión con la humanidad y el cosmos, siendo en sí mismo un «estado» que se contrapone directamente a la defensa del ego. El Amor es concebido como un «atractor del caos existencial» hacia el orden cósmico y una «forma de integración al infinito». Desde el principio biocéntrico postulado por Rolando Toro, el Amor es comprendido como la conciencia plena de estar vivo aquí y ahora. No es poca cosa, en este mundo de inmediatez y predominio del individualismo extremo.
La teoría de Biodanza articula este fuerza organizadora llamada Amor (resonando con la propuesta de Teilhard de Chardin) a través de sus cinco líneas de vivencia o expresiones del ser humano: Vitalidad, Sexualidad, Creatividad, Afectividad y Trascendencia. Cada una de las líneas que acompañan el proceso de integración humana, es una expresión del Amor y un camino hacia la integración total del ser, de ahí que Toro enfatice que, para recibir amor, primero hay que darlo como una danza activa y transformadora que, al ser ejercitada, genera la vitalidad y la integración que hacen posible que “la vida camine”. Este caminar viviente sucede con la corporeidad vivida: el contacto, los gestos, la piel, la mirada que nos conecta como seres vivos en proceso de vivir, superando el individualismo y el miedo, para abrazar una existencia basada en la conexión con una misma, con la otra persona y con todo lo que nos rodea (visible e invisible).
4. La consciencia como propiedad fundamental: El legado de Federico Faggin
4.1. Del Microprocesador a la Consciencia Irreducible
Federico Faggin[4], el inventor del primer microprocesador, hizo una transición radical del mundo de la ingeniería a la exploración de la consciencia. Su vida de éxito según el paradigma antropocéntrico materialista, no lo llevó a lo que él consideraba felicidad. Inició una búsqueda de sentido que lo llevó a la exploración de la consciencia. Su conclusión fundamental es que la consciencia no es un subproducto del cerebro o un mero proceso algorítmico, sino una «propiedad fundamental» e «irreducible de la naturaleza».
Faggin, como Chardin y Toro, propone un “monismo” en el que la materia no está separada del espíritu. Más bien, la materia es la «expresión estructurada» o el «rostro visible» del espíritu, y el universo es un campo consciente. Esta perspectiva, emergente de su profundo estudio de la física cuántica, que a lo largo de su carrera ha sido y es uno de sus pilares fundamentales ya que le proporciona una validación científica para su visión holística del universo, donde la consciencia precede a la materia y es su base intrínseca. Para Faggin, lo que la física cuántica ha revelado como información inmaterial, es en realidad la consciencia.
4.2. La Consciencia, la Vivencia y el «Flujo de Sentido»
Una distinción clave en la teoría de Faggin es la que existe entre la información (objetiva, sin significado) y la consciencia (la cual da significado a través del sentir y la experiencia). En estos tiempos donde el transhumanismo parece ganar adeptos, Faggin sostiene que la inteligencia artificial no puede ser verdaderamente consciente o autónoma porque carece de la capacidad de sentir. Un robot puede procesar datos sobre una rosa, pero no puede sentir su aroma, por ejemplo.
Esta distinción es de naturaleza ontológica. La vivencia, como la cualidad interna de sentir y ser, es el factor que define a un ser vivo, con un propósito y una interioridad, y es lo que nos diferencia de una máquina o un «zombie que actúa sin propósito mayor». El trabajo de Faggin culmina en su Modelo CIP (Consciousness Integrated Processor), que busca integrar la lógica con la experiencia subjetiva, la intuición y las emociones. En este modelo, un árbol no «procesa» la luz del sol, sino que «experimenta» el proceso de crecer, y una mariposa no «ejecuta un programa» para volar, sino que «vivencia» su movimiento. Esta visión, a mi entender, coincide con la vivencia biocéntrica de Biodanza y Educación Biocéntrica como fundamento científico.
4.3. El Amor como Sustancia Primordial y el Origen de la Teoría
La génesis de la teoría de la consciencia de Faggin se encuentra en una experiencia espiritual personal, como he dicho antes. En un momento de revelación, él sintió una «oleada de energía poderosa» que emergía de su pecho. Esta energía era Amor, pero un amor en mayúsculas, «tan intenso y tan increíblemente gratificante que superaba cualquier noción que había tenido antes». En ese instante, comprendió que esta energía era la «sustancia de la que todo lo que existe está hecho», y que era esta sustancia la que había «creado el universo» a partir de sí misma.
Esta experiencia personal de Amor fue el dato primario que la ciencia materialista no podía explicar. A partir de este evento, Faggin se dedicó a construir una teoría que sí pudiera hacerlo. Esto demuestra que la interioridad y la vivencia personal, que son la base de la Biodanza, no son solo un fin en sí mismas, sino que pueden ser la fuente de un conocimiento radicalmente nuevo sobre la realidad, un conocimiento que une la física y la espiritualidad.
5. Sinfonía de Convergencia: Un Análisis Comparativo de Coincidencias
5.1. Tabla Comparativa de Coincidencias Clave
La siguiente tabla sintetiza las profundas coincidencias que emergen de las obras de Pierre Teilhard de Chardin, Rolando Toro y Federico Faggin.
Pensador
Visión del Universo
Motor de la Evolución
Naturaleza de la Consciencia
Rol del Amor
Lema Clave
Teilhard de Chardin
Un cosmos viviente, en constante evolución. Materia y Espíritu son dos caras de una misma realidad.
La energía radial, la fuerza de atracción del Punto Omega que guía la evolución hacia una mayor consciencia y complejidad.
Una «centricidad creciente» que emerge de la materia. Es el fin y la causa del proceso evolutivo.
La energía radial. La «sangre de la evolución espiritual». La fuerza que unifica y atrae hacia el Punto Omega.
«El amor es la más universal, formidable y misteriosa de las energías cósmicas.»
Rolando Toro
Un «sistema vivo prodigioso» donde la vida es el centro del cosmos y no un subproducto.
El Inconsciente Vital, el «deseo de vivir» que proviene del psiquismo celular y moviliza los potenciales genéticos.
La capacidad de sentir y ser, accesible a través de la vivencia, que es la esencia del ser humano.
Un «estado de ser» y un «atractor del caos». Una fuerza de integración al infinito, expresada en las cinco líneas de vivencia.
«El ser humano sufre de nostalgia de Amor.»
Federico Faggin
Un «campo consciente» del que la materia es su expresión. Un universo que se busca conocer a sí mismo a través de nosotros.
La evolución de la consciencia y los sistemas físicos de manera simultánea. El universo evoluciona para conocerse a sí mismo.
Una propiedad «fundamental» e «irreducible de la naturaleza», que se manifiesta como el sentir y la vivencia.
La «sustancia de la que todo lo que existe está hecho». El origen de la realidad que se revela en la experiencia subjetiva.
«La consciencia es la base misma de la realidad.»
5.2. Convergencias Temáticas
A pesar de sus diferentes orígenes, los tres pensadores convergen en puntos temáticos cruciales:
Un Universo Unificado y Viviente: Los tres rechazan el dualismo cartesiano y la visión del universo como una máquina inerte. Chardin ve la materia y el espíritu como «dos caras» de un solo proceso, Toro postula un universo como un «prodigioso sistema vivo» que existe gracias a la vida, y Faggin propone que la materia es la «expresión estructurada» de un campo consciente.
Evolución con Propósito: Todos postulan que la evolución no es un proceso aleatorio. Para Chardin, es un camino dirigido por la atracción del Punto Omega hacia la noosfera y el ultra-humano. Para Toro, es un camino hacia la «integración humana» y la evolución de la especie a través de las vivencias integradoras. Para Faggin, la consciencia y los sistemas físicos evolucionan «a la vez», con el propósito de que el universo se «conozca a sí mismo a través de nosotros».
La Consciencia como Base, No Subproducto: Los tres coinciden en que la consciencia es una propiedad intrínseca, no un epifenómeno. Chardin habla de una «centricidad creciente» como fuerza de la evolución. Toro describe el Inconsciente Vital como el «psiquismo celular». Faggin concluye que la consciencia es una propiedad «fundamental» e «irreducible de la naturaleza».
5.3. El Amor: El hilo conductor del universo
Para mí, este es el punto culminante de la convergencia: Chardin, Toro y Faggin describen el Amor como la fuerza causal universal. La «energía radial» de Chardin, el «atractor» de Toro, y la «sustancia primordial» de Faggin son, de hecho, la misma fuerza. Es la fuerza de unión que actúa como la causa de la evolución cósmica (Chardin), la causa de la integración humana (Toro) y la causa de la propia existencia (Faggin). El Amor es el principio de la unificación en acción, el motor intrínseco de la realidad que busca la conexión y la complejidad a través de la consciencia. Es una fuerza cósmica que se experimenta en la intimidad de la vivencia personal.
6. Síntesis Final: Hacia un Paradigma Biocéntrico Integral
6.1. La Validación de la Visión Biocéntrica
Las coincidencias en los conceptos de consciencia, evolución y del Amor en estos tres pensadores, validan de forma profunda el Principio Biocéntrico de Rolando Toro. El análisis demuestra que el biocentrismo es un paradigma que encuentra eco en la vanguardia de la teología evolutiva del siglo XX y en la física cuántica del siglo XXI. El universo es un vasto proceso vivo, consciente y amoroso. El trabajo de Faggin, a mi entender particular, proporciona una base científica profundamente biocéntrica: la Vida y la Consciencia son la esencia de todo.
6.2. Implicaciones para el Futuro
La convergencia de estas visiones tiene profundas implicaciones para la humanidad. En una era de creciente externalización de la inteligencia y la consciencia a través de la tecnología, como advierte Faggin, es urgente reconectar con la consciencia que nos hace humanos y parte de la vida.
La integración de la ciencia objetiva con la vivencia subjetiva es indispensable para una comprensión completa de la realidad. El Amor, más allá de ser una emoción, emerge como la energía que permite la evolución y facilita el camino hacia la transcendencia, liberándonos del miedo y del egocentrismo. La tecnología, bien utilizada, puede servir como un apoyo para acelerar nuestra evolución inevitable, pero la elección de no convertirnos en esclavas y esclavos depende únicamente de cada individuo.
En última instancia, Chardin, Toro y Faggin, a mi entender, nos invitan a un camino de transformación individual y colectiva, a un reencuentro con el ser que somos, y a una comprensión del universo como un todo vivo, consciente y amoroso. Su mensaje conjunto nos llama a ser participantes activos en el proceso de evolución cósmica, cultivando la consciencia y el Amor como la fuerza tractora del Universo.
Federico Faggin, el creador del microprocesador y una figura central de la era digital, nos invita a una de las reflexiones más urgentes de nuestro tiempo: ¿Qué es la consciencia? Para un hombre que ayudó a crear el cerebro de las computadoras, su respuesta es radicalmente distinta a la que la ciencia ha sostenido durante siglos. En lugar de ver la consciencia como un producto posterior y accidental del cerebro, Faggin la presenta como el fundamento mismo de la realidad.
Desde la visión biocéntrica, este no es un simple debate filosófico, sino una verdadera revolución: ni el universo es una vasta maquinaria; ni nosotros, seres conscientes, somos meros «accidentes» biológicos. La vida no se reduce a una lucha por la supervivencia de la materia. Esta visión sesgada, donde lo «invisible» y lo «no mensurable» no es suficientemente importante y por tanto, no puede ser tomado en cuenta en la teorías clásicas. Pero Faggin, desde la física y la computación, lo desafía todo. Nos dice que el universo es mucho más que bits y bytes. Para él, la consciencia es una propiedad intrínseca y fundamental de la realidad. Así como el espacio y el tiempo son propiedades del universo, también lo es la consciencia. Esta idea nos permite re-imaginar todo lo que creíamos saber. Si la consciencia es lo que anima el universo, entonces somos parte de un todo vivo y vibrante, en lugar de ser extraños en un mundo muerto.
Los bits y bytes: El mundo de lo computable Para Faggin, el mundo de la computación es un universo de información, no de significado. Esto es clave para ir más allá del concepto de bits y bytes.
Un bit es la unidad de información más pequeña, un «dígito binario» que puede tener solo dos valores: 1 o 0. Un bit no tiene significado por sí mismo. Solo representa un estado: encendido o apagado, verdadero o falso, sí o no. Un byte es un grupo de 8 bits. Al combinar bits y bytes, se pueden crear secuencias que representan letras, números, imágenes y sonidos. Por ejemplo, la letra «A» podría ser representada por la secuencia binaria 01000001, y el color rojo podría ser 11111111 00000000 00000000.
El poder de las computadoras radica en su capacidad para manipular estas secuencias de 1 y 0 a una velocidad asombrosa. Pero, como Faggin subraya, este procesamiento es puramente sintáctico. La computadora no entiende lo que significa la «A» o lo que representa el color rojo. Solo sigue las reglas de un programa, un algoritmo predefinido. Es un sistema cerrado, que opera únicamente sobre la información que se le ha dado. La inteligencia artificial más avanzada, en su esencia, sigue siendo una manipulación de bits y bytes.
Incluso en la computación cuántica, donde la unidad de información es el cúbit (bit cuántico), el principio se mantiene. A diferencia de un bit clásico (que es 1 o 0), un cúbit puede existir en una superposición de ambos estados al mismo tiempo, o sea, puede ser 0 y 1 al mismo tiempo, lo que le permite procesar cantidades masivas de datos a una velocidad incalculable para los ordenadores actuales. Sin embargo, este es solo un paso más en la sofisticación de la manipulación de la información. El cúbit, a pesar de su complejidad, sigue siendo un sistema puramente sintáctico.
Este es el punto clave: un sistema puramente material y computable no puede generar qualia. No puede sentir. No puede experimentar. Lo que se puede medir y computar, como la cantidad de luz o la presión sobre la piel, es información, pero no es la experiencia cualitativa de ver un color o sentir un tacto.
Qualia: El Lenguaje de la Consciencia La palabra «qualia» proviene del latín, donde el singular es quale, que significa «de qué tipo» o «cómo es». Fue introducida en la filosofía moderna por el filósofo estadounidense C. I. Lewis en 1929 para referirse a las cualidades subjetivas que no pueden ser descritas con información objetiva. Aunque el concepto de la experiencia subjetiva ha existido en la filosofía desde hace mucho tiempo, fue Lewis quien lo formalizó con este término.
Un robot puede procesar información sobre la longitud de onda de la luz, pero nunca sabrá lo que se siente ver el color rojo. Una máquina puede analizar las moléculas del chocolate, pero no puede experimentar su sabor. Los qualia son la esencia misma de nuestra experiencia subjetiva y cualitativa de las cosas: el sabor del chocolate, el color azul del cielo, el dolor de un corte, la alegría de un abrazo. Son las sensaciones, las emociones, los sentimientos. Son la evidencia irrefutable de la consciencia.
Faggin argumenta que la ciencia materialista no puede explicar los qualia, porque son la manifestación de una realidad interna y subjetiva que escapa a la lógica binaria de los ordenadores. No se pueden medir, pero son la única realidad que conocemos de primera mano: no necesitamos medir nada ni probar que lo sentimos; el hecho de que lo sentimos es una certeza absoluta por sí misma.
En este sentido, los qualia son la base sobre la que construimos todo nuestro conocimiento. El mundo exterior solo existe para nosotros a través de nuestros sentidos, que son los que nos proporcionan esas experiencias subjetivas. Sin la experiencia interna del tacto, el sonido o la vista, la información sobre el mundo físico sería algo sin significado.
Por eso, Faggin argumenta que la consciencia (la capacidad de tener qualia) no es un producto secundario de nuestro cerebro, sino el fundamento de nuestra realidad. Es la única parte del universo que experimentamos directamente, desde el interior.
Seidades y el Universo que se Conoce a Sí Mismo Aquí es donde la visión de Faggin se vuelve profundamente biocéntrica. Él propone la existencia de los campos conscientes o seidades. Cada ser vivo, desde un simple alga hasta el ser humano, no es solo un cuerpo material, sino una seidad, un centro de consciencia unificado que se expresa a través de la materia; el observador interno que experimenta la vida.
Estas seidades no están aisladas. Son parte de una consciencia cósmica mayor, un universo que, en esencia, desea conocerse a sí mismo. Somos los ojos, los oídos, los corazones y las mentes a través de los cuales el universo toma consciencia de su propia existencia. Nuestra vida, con todas sus complejidades, alegrías y sufrimientos, es el proceso a través del cual la consciencia universal se manifiesta y se explora a sí misma. Es a través de nosotros que el universo adquiere significado.
Si el universo fuera solo un mecanismo ciego, no habría significado, no habría propósito. Pero si el universo es consciente, entonces cada interacción, cada emoción, cada pensamiento, es una parte vital de su autoconocimiento. La vida, en su infinita diversidad, es la forma en que la consciencia se ramifica y se explora a sí misma.
Esta propuesta no es nueva; trasciende el tiempo desde las culturas ancestrales hasta este tiempo de cambio y transformación, más allá del cientificismo, donde el nuevo paradigma biocéntrico nos lleva más allá de la pura información (bis y bytes) para el encuentro con el significado.
De la pasividad al protagonismo: En el paradigma materialista, somos observadores pasivos, un accidente sin importancia. La visión de Faggin nos convierte en participantes activos. El universo se conoce a sí mismo a través de nuestras experiencias, por lo que cada qualia, cada pensamiento y cada emoción que tenemos son una parte vital del proceso cósmico. Nuestra existencia no es un error, sino una pieza fundamental del puzzle. En este marco, el simple acto de saborear una fruta, de sentir el viento o de reír con un amigo no es trivial, sino una manifestación del universo experimentando la riqueza de su propia existencia. Somos, en esencia, el instrumento a través del cual el universo adquiere conciencia de su belleza y complejidad.
De la desconexión a la interconexión: El materialismo nos ha enseñado a ver la naturaleza como un recurso o algo ajeno. El concepto de las seidades nos muestra que todos los seres vivos son centros de consciencia. Esto nos conecta directamente con todo lo que nos rodea. El «sentir» del planeta se convierte en un sentir compartido. La belleza de la naturaleza se experimenta como nuestra propia belleza. Esta visión derriba las barreras entre nosotros y el entorno. Un árbol no es solo un objeto, sino una seidad, un campo consciente. Al sentir esta conexión, el respeto y la empatía por toda forma de vida surgen de forma natural. Ya no protegemos la naturaleza por obligación, sino porque reconocemos su consciencia inherente, sabiendo que somos parte de un mismo tejido vivo.
El sentido de la existencia: En este contexto, la vida no es algo que ocurre a nosotros, sino algo que somos, tal como propone el principio biocéntrico postulado por Rolando Toro. La propuesta de Faggin nos lleva a una de las preguntas más importantes: ¿por qué estamos aquí? Y nos da una respuesta: para que el universo pueda experimentarse a sí mismo a través de la vida, añadiendo un profundo sentido y significado a nuestra existencia. Esta perspectiva nos da un propósito que va más allá del éxito personal o la supervivencia biológica. Nuestro propósito es ser, sentir y experimentar; es contribuir a la gran sinfonía del conocimiento cósmico.
Al abrazar esta visión, nos liberamos de la pesada carga de ser algo que nos han dicho que somos o debemos ser. Nos conectamos con la red de vida que somos. Entendemos que nuestra experiencia no es un fallo o una ilusión, sino la evidencia más clara de que somos parte del tejido mismo del universo. Somos el universo experimentándose a sí mismo. La vida no es solo materia, sino la expresión más alta de la consciencia.
La propuesta de Federico Faggin no es solo una nueva teoría científica; es un llamado a un despertar. Es la validación desde el corazón de la ciencia de lo que la filosofía biocéntrica siempre ha sostenido: la vida y la consciencia no son un añadido, sino la esencia de todo lo que es.
Yo no soy experta en filosofía, ni en cuántica, así que lo que comparto contigo es fruto de lo mucho que leo, y de la inmensa curiosidad que tengo de comprender el sentido y el significado del vivir. Cada vez que encuentro una información que nutre mi entendimiento interno y resuena más allá de lo que hemos aprendido en la educación bancaria, como dice Paulo Freire, me gusta compartirlo, no porque sea novedoso. Es porque todo el conocimiento ancestral de la Sabiduría perenne, que resuena y sigue sonando, tiene muchas maneras de expresarse, pero es un mismo mensaje.
El paradigma biocéntrico, que empezó a postularse es la década de los 60, hoy ya es una realidad cada vez más aposentada, más valorada, más digna, más resonante. El mundo está cambiando, siempre lo ha hecho y mientras siga siendo curioso, seguirá en constante transformación. La clave está, ¿desde dónde vivencio este cambio inevitable? Ya no hay donde agarrarse. Lo «nuevo» rompe esquemas, patrones obsoletos, creencias y teorías que sustentan un mundo que ya está dejando de existir para dar paso a otra vivencia, la biocéntrica.
Te leo en los comentarios. Nos mueve el Amor y el Servicio
Hace un tiempo que estoy siguiendo el trabajo de Federico Faggin, el creador del primer microprocesador, conocido como la CPU (unidad central de procesamiento), o comúnmente llamado el cerebro de un ordenador. Su invento permitió que la potencia de procesamiento de datos se empaquetase en un diminuto chip, de manera que los ordenadores, que antes ocupaban habitaciones enteras, se hicieron accesibles a los hogares y a las pequeñas empresas. Pero su alcance no sólo fue ese: gracias al microprocesador se crearon los teléfonos móviles, las tablets y los dispositivos portátiles. El microprocesador de Faggin fue un hito en la historia de la humanidad. Democratizó el acceso a la información y a la capacidad de procesamiento, impulsando la era digital y redefiniendo el estilo de vida.
Pero lo que más me impactó de su labor, no fue su logro tecnológico, sino su viaje posterior que, desde una pregunta fundamental, ¿Cómo funciona la consciencia desde dentro? lo llevó desde la invención tecnológica hasta la exploración de la consciencia.
El Peligro de la «Mente Externa» Faggin describe la creación del microprocesador como un momento de inflexión espiritual. ¿Por qué espiritual? porque al crear una «mente fuera de nosotros,» externalizamos nuestra inteligencia, y la tecnología, que inicialmente fue creada para servirnos, comenzó a moldear nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, alejándonos de nuestra biologia y de nuestra consciencia interna. En lugar de reflejar nuestra imagen de complejidad y de riqueza de la vida, todo acaba reduciéndose a datos: la conversación se convierte en un chat de texto, el paisaje natural en una imagen de pantalla, y la creatividad en un algoritmo que nos sugiere qué ver o escuchar. Estamos en grave riesgo de perder la profundidad y el sentido de la experiencia.
La memoria y el pensamiento, antes, eran procesos que ocurrían principalmente en nuestro foro interno como un proceso de introspección e intimidad. Ahora la memoria está en la nube, el camino lo marca el GPS y la opinión está en Google, por no decir que muchas personas consultan prácticamente todo a ChatGPT. Este proceso de externalizar nuestra memoria nos hace dependientes de las herramientas externas y nos aleja de cultivar nuestra propia intuición, nuestra memoria y la capacidad innata de reflexionar internamente aquello que nos ocurre u ocupa.
Estamos empezando a creer que el reflejo del espejo (la versión digital, simplificada y objetivada de la vida) es más real que la vivencia subjetiva, única, consciente y profundamente humana. No estoy en contra de la tecnología; adoro lo que nos proporciona. La clave es ¿desde dónde la uso?
Federico Faggin no se haya vuelto un místico ni se ha posicionado de espaldas a la tecnología y la ciencia. Su mirada nos invita a reflexionar sobre este mundo nuestro basado en la fragmentación y no en la unidad, donde las partes acaban siendo tan importantes que se pierden en el basto universo perdiendo el vínculo con su origen, la Naturaleza, la Vida.
El Modelo CIP: La Conciencia en el Centro Faggin nos pone en alerta del transhumanismo, que busca reducir lo humano a datos que se pueden llegar a predecir, procesar o adiestrar, como ocurre con la Inteligencia Artificial. Para Faggin la consciencia no sólo procesa datos, sino que les da significado a través de la experiencia subjetiva directa. La esencia de la consciencia no es la información, sino la cualidad interna del sentir y ser: la vivencia que es única e irrepetible.
El trabajo de Faggin culmina en su Modelo CIP (Consciousness Integrated Processor). El CIP propone una ciencia de la consciencia que integre la lógica y la experiencia como intuición, o sea, un proceso de introspección que puede explicar el amor, la belleza, el artes más allá de una liberación de dopamina, sin dejar de ser ciencia. La conciencia no es un subproducto del cerebro; es la base misma de la realidad. De ahí que debemos construir una ciencia, dice Faggin, que nos devuelva el asombro y nos recuerde nuestra propia interioridad como parte fundamental del fenómeno observado.
La objetividad no es necesariamente fría. El modelo CIP nos enseña que el mundo no puede ser comprendido solo con datos fríos y objetivos. Lo que la ciencia tradicional ha llamado «subjetividad» —nuestras emociones, intuiciones, sensaciones, premoniciones— no es un error. Es la clave para entender la vida. No podemos seguir queriendo dominar la naturaleza a nuestra conveniencia y antojo.
A diferencia de la IA o los ordenadores, que procesan información de forma objetiva, sin alma, el CIP se basa en el “flujo de sentido”. No se procesan datos solo. Se vive el proceso, de manera que un árbol no «procesa» la luz del sol; «experimenta» el proceso de crecer. Una mariposa no «ejecuta un programa» para volar; vivencia su movimiento. No hay cómo separar la vivencia de lo vivido.
Una Nueva Ciencia para Sanar la Fractura Para Faggin lo objetivo no es un obstáculo, sino el elemento central para entender la consciencia.
Esta visión es, para mí, una invitación a la humildad. Es la validación de que el camino que hemos elegido, el biocentrismo, no es un romanticismo ingenuo o una propuesta new age, sino una forma profunda y rigurosa de entender nuestra realidad. Es la convicción de que, detrás de todo, hay una «chispa viva que observa, ama y busca comprenderse a sí misma.»
El trabajo de Faggin me recuerda que el avance más importante no es crear máquinas más inteligentes, sino reconectar con la conciencia que nos hace humanos… y, sobre todo, parte de la Vida.
Te dejo el video de Faggin donde habla de su recorrido y su modelo.