Biodanza

“El libro de la Abuela”, de las Mujeres Jardín, poetas y escritoras del grupo regular de Biodanza +65a

Las Mujeres Jardín siguen escribiendo y su familia las apoya a que cuenten su historia

Hacía algunas semanas que no nos encontrábamos presencialmente y la añoranza se iba instalando de a poquito. Las llamadas telefónicas no son suficiente y el grupo de whatsApp no les resulta muy cómodo, así que convoqué un nuevo encuentro en la plaza. No podemos hacer Biodanza en la calle porque hace frío y ellas tampoco quieren exponerse tan abiertamente. Para las Mujeres Jardín, la Biodanza es intimidad y quieren preservarla; así que la Plaza Libertad, es la que ahora acoge nuestros Encuentros biocéntricos porque, aunque no hacemos Biodanza, la Vida sigue siendo el motor que nos une y el centro de todo nuestro interés.

La hora del encuentro era las 10h de la mañana y allí estábamos en el lugar acordado, a la hora prevista, y sólo tres mujeres. Siempre son muy puntuales. ¡Eran tantas las ganas que teníamos de vernos!!! Sabíamos que nuestra Amapola no acudiría a la cita porque está con una crisis de dolor en la cadera que la tiene muy quieta desde hace tiempo y no encuentran ningún remedio que la calme; tampoco vendría la Margarita que tiene miedo y a penas sale de casa, sólo justo para lo necesario, pero…. ¿y las demás?

A las 10.05 ha venido la Azuzena sonriendo. Sus ojos chispeaban de alegría. Dos minutos más tarde llegaban amarraditas del brazo, nuestra Rosa y el Clavel; por último ha llegado la Flor de Higo Pico que venía despacito, casi arrastrando los pasos, porque se siente muy cansada y le duelen los pies. No es que no ande nuestra Flor de Higo Pico, es que algo no anda bien. Ha estado muy callada y ausente, ensimismada, cabizbaja, sin ganas de hablar.

Azucena ha traído una joya maravillosa que le han regalado sus nietos en el “Caga Tió”. Se trata de “El libro de la Abuela”.

Es un libro de la editorial Familiam, (aquí de dejo el enlace por si te interesa) que se titula “Abuela, háblame de ti”. Está diseñado con preguntas que invitan a que la Abuela y el Abuelo (también está en masculino y en versión de lengua catalana) cuenten paso a paso su historia, desde la infancia, sus recuerdos de niñas, sus abuelas, cuando fueron a la escuela, los primeros amores,… Es una preciosidad.

Azuzena venía súper orgullosa con su libro que, aunque sus nietos se lo habían regalado para navidades, sabiendo lo mucho que le gusta escribir desde que viene a Biodanza, aún no se había atrevido a escribir en el hermoso libro. La impulsó a hacerlo nuestro encuentro. Sus escritos, que tenía en una libreta en borrador, los fue pasando a limpio y después al libro. Quería tenerlos pasados para nuestro encuentro porque tenía mucha ilusión de compartirlo con nosotras. Ha sido un impulso para todo el grupo ver ese maravilloso libro, escrito con esmero, cuidado, mucho cariño y poquito a poco, como dice ella.

Hay espacio para fotos que acompañan la narración. Azuzena ha coloreado el árbol genealógico donde se muestra el nombre de sus abuelos y el de su papá y mamá. Ella dice que cuando se pone a escribir, le vienen todos los recuerdos. Hemos leído lo que tiene escrito y nos ha sorprendido encontrar palabras que ya no suelen escucharse. Ellas las conocían, yo no, así que he aprendido nuevas palabras. ¡Qué bonito verlas recordando palabras de antes que ya no se usan! En esas palabras hay historia, recuerdos, olores, colores, sensaciones, sentimientos asociados que las vuelven palabras vivas, y ellas las reviven con intensidad.

Aunque las mujeres escritoras tienen su libreta especial, al ver el libro que ha traído Azuzena se han inspirado y van a mirar de conseguir uno para ellas escribir su historia allí, como un legado para la familia pero también para la comunidad humana, porque su historia de vida es nuestra historia, son nuestras raíces, los cimientos que sustentan nuestra cultura, nuestro pasado, nuestra ancestralidad.

Después, hemos estado revisando fotos y cosas de los móviles, porque no es fácil para ellas esa manera “nueva” de hacer. Ellas son de lápiz y papel, y llamada telefónica de toda la vida.

Mirándolas, con sus móviles y su alegría, me parecía ver a adolescentes con sus móviles. – Mira las fotos de arriba. ¿No te lo parece? 😉

Después, recordando las palabras de antes y lo bien que nos hace a todas encontrarnos, vernos, contarnos cómo está siendo todo esto que está pasando, lo que piensan, cómo lo viven,… ha surgido una canción. Azuzena se ha acordado de una canción que nos ha cantado. ¡Qué hermosa!!! Es una canción que habla de un hermoso jardín y de prendarse de una rosa del jardín. Tiene una danza asociada. Alguna se acordaba y otras la tarareaban, así que hemos acordado que Azuzena la va ha escribir bien – como dice ella- para que todas podamos tener la letra y aprendérnosla. Después la cantaremos y la danzaremos en la plaza, porque eso sí se puede, aunque nos digan que estemos locas. – Risas— Luego nos encerraran- decían- -más risas.

¡Qué sorpresa tan bonita! Ha sido una mañana especialmente tierna, alegre, amorosa, llena de vida.

Vamos a encontrarnos el martes próximo a la misma hora. Yo que tenía pensado proponerles una actividad para hacer, la vida se ha manifestado tal y como es: espontánea, abierta, generosa, y lo ha ordenado todo de la mejor manera posible. Eso es lo más lindo, maravilloso y fascinante del vivir viviendo.

Al despedirnos, estábamos en corro informal, y una mujer se acerca y nos dice:

– Están muy cerca. Hay que guardar la distancia.

Ese momento ha sido como un jarro de agua fría. Se ha generado desconcierto y desazón en un instante. Yo no he podido contenerme y le he contestado que, ya llevamos mascarillas y que todas somos mayores para saber qué es lo que debemos hacer para cuidarnos las unas a las otras.

La señora se ha quedado sorprendida. Detrás de su mascarilla, sus ojos han mostrado una sonrisa de perplejidad y, antes de marcharse, nos ha pedido perdón. ¿Será que la hemos incitado a reflexionar? – Quizás no. Quizás sólo se ha ido pensando que somos locas. El caso es que me enoja que haya personas que se sientan con el derecho de infundir miedo a la gente, sobretodo a las personas mayores, bajo el pretexto de “cuidarnos”. Decir eso a gente que ni conoces, es una falta de respeto al ser humano, tratándonos como si fuéramos inútiles, tontas o qué se yo. Es mejor confiar en las personas, aunque este mundo te diga lo contrario, tu confía. Confía en que cada una sabe lo que hace; que cada una sabe cuidar y cuidarse. Son mayores, ancianas, abuelas, madres, hijas, tías, sobrinas, … Son Mujeres Jardín, jardineras de palabras, de cuido, cuidadoras de flores, de plantas, de jardines, de humanos y otros animales salvajes. No les digas lo que tienen que hacer por su bien. Ellas lo saben mejor que nadie.

El desconcierto ha pasado y hemos vuelto a sonreír, alentadas por el próximo encuentro de la semana próxima.

Amor y Servicio.

Mujeres Jardín. Sabias de la tribu humana
Biodanza

Manifestando sueños con Biodanza. La Epifanía

Monográfico de Biodanza y Educación Biocéntrica (6 enero 2021)

Hace ya unos años que Navidad, el período que comprende del 24 de diciembre hasta el 6 de Enero, tiene un carácter sagrado para mí. Lejos de las campañas publicitarias y de las falacias grotescas con que desvirtúan estas fechas de conexión con la Consciencia planetaria y Cósmica, este año decidí que el día de la Epifanía, el 6 de enero en el calendario gregoriano, iba a celebrarlo danzando el don de Soñar y manifestar nuestros Sueños. Deciros que este don existe en nosotras sólo por el hecho de ser, aunque nos hayamos olvidado a fuerza de palos; la buena noticia es que con la buena práctica, las acciones correctas y la constancia de la mano de la paciencia y la alegría, se reactiva sin pérdida alguna de su perfección innata.

La Epifanía, más conocida en España como el día de los Reyes Magos, es una celebración que proviene de culturas muy antiguas, mucho antes de lo que conocemos como Navidad. En fechas concretas asociadas a los solsticios, se congregaban sabios y sabias de todos los lugares para celebrar la llegada del Sol, el resurgimiento del Padre Creador, del Hacedor de Vida, el Gran Espíritu, Wakantanca, Gran Misterio,…. En esta Celebración Epifánica que duraba días, entre cánticos, danzas, ágapes, ceremonias y fuego, se recibían visiones, señales que desvelaban la senda correcta para Caminar en la Belleza, como cuentan nuestros hermanos de la nación sioux. Todos los pueblos originarios de la Tierra tienen estas celebraciones, todos, pues somos Uno y esto no es nuevo, es de siempre.

Escuché los tambores que sonaban a ritmo de vida; los cantos de la Tierra hacían eco en mi corazón; percibí el perfume de las cabelleras lisas, negras y brillantes, la tez rojiza, sus pinturas de paz en el rostro y el pecho, la hoguera al centro. Su cuerpo erguido y digno, estaba al pie de la montaña mirándome y guiando en silencio cada paso. Me entregué a la vivencia y esbocé el programa de una sentada. Diseñé la publicidad con un Atrapasueños al frente, reconociendo y honrando su poder; y lo compartí en la Red desprendida del resultado. Al tercer día, el grupo estaba formado. Todo seguía adelante.

El Ritual tiene la función de conectar presencia y conciencia. De ésta unión surge la sacralidad como una vivencia de integración humana

Ritualizar es una práctica olvidada. En Biodanza y sobre todo en Educación Biocéntrica, rescatamos los rituales de vínculo para recordarnos (volver a pasar por el corazón) la sacralidad de la Vida. El ritual generador de nuestra propuesta era la creación del Atrapasueños según la técnica tradicional de nuestros hermanos sioux. – Más abajo del texto, encuentras la explicación.

Para llegar a la creación del Atrapasueños con plena conciencia del acto creativo, debíamos generar el ambiente adecuado (mi maestra Ruth Cavalcante dice la ambiência en portugués, que según ella no tiene traducción en español pues engloba cuerpo y alma), así que lo primero que hicimos, antes de entrar a la sala, fue un baño de pies y manos con hidrolato de romero (solución de agua por destilación de romero fresco) – Si te interesa cómo se llega al hidrolato, te dejo el link de un vídeo que lo explica muy bien. No sólo es una medida de higiene, dadas las circunstancias del momento; sin pandemia lo hubiéramos hecho igual. Se trata de un hermoso ritual de bienvenida, honrando la presencia del otro ser.

La Vara o bastón de intenciones: Yo Puedo, Yo Sé, Yo Soy.

Después confeccionamos la Vara de intenciones o Bastón de poder.

La “Vara o bastón de intenciones” es un gesto ancestral de apertura de encuentro, recordando el Poder (Yo puedo), el Saber (Yo Sé) y el Ser (Yo Soy). Tenemos ejemplos muy comunes que nos pasan desapercibidos, como son el bastón de la pastora y el pastor para dirigir el rebaño; el bastón del peregrino para apoyarse en su camino y defenderse; el bastón de las ceremonias sagradas que atestigua el poder de la Palabra; el bastón que remueve el fuego para avivarlo, el bastón de mando de los/las líderes comunitarios, …

Cuando voy a pasear al bosque con mi perro Roc, suelo recoger ofrendas que los seres guardianes del bosque dejan a las caminantes en forma de varas, piedras, hojas, flores, semillas,… La vara que hicimos servir para nuestro ritual de inicio de jornada, se encontraba en casa desde hacía tiempo, recogida en uno de mis paseos con Roc, a la espera de un buen uso, y un día de estos en que vas diseñando el taller, me llamó: la rama de árbol quería ser Vara de Poder, así que la pulí con mi Dremel, le gravé un intento de símbolo que quedó en sólo un algo desfigurado (tengo que aprender más) y la dejé preparada en la sala. La rama de árbol estaba bien satisfecha, a la espera del día de ser nombrada oficialmente Vara de Poder.

En ella depositamos nuestras mejores intenciones para la jornada, con palabras que surgieron del alma, hilos de colores y flores tejidas a ganchillo por mi mamá, que de alguna manera quise honrarla.

I así, la rama se convirtió en una hermosa y satisfecha Vara de Poder.

Después creamos nuestro altar donde los cinco elementos (tierra, aire, agua, fuego y éter) se hicieron presentes para inspirarnos en nuestra hermosa jornada. Entre todas las personas participantes, habíamos traídos piedras especiales, plumas, abalorios, incienso, velas, agua,…

Creación del altar: agradeciendo a la divinidad que Todo habita. Yo Soy

Altar, del latín altus=elevado, elevación. Como indica la palabra, era un lugar donde encontrarse con Dios, la Divinidad, el Ser Supremo, el Gran Misterio, la Gran Madre; un lugar donde elevar el estado de consciencia para dar y recibir. Antiguamente solía ser un montículo, una piedra o una cavidad en cuevas, tabernáculos y espacios del bosque. Allí se hacían ofrendas (ofrecer alimentos y adornos artesanales como muestra de agradecimiento por las buenas cosechas y otros acontecimientos) y sacrificios (oficios sagrados, generalmente con sangre (símbolo de vida) de un animal “sacrificado” o matado para el sacro oficio. Con el tiempo los sacrificios dejaron de ser de sangre y se quedaron en actos simbólicos de renuncia interior.

Después danzamos, ¡Cómo no!. El grupo estaba preparado para encontrarnos con gestos de pleno sentido, con el corazón sensible, con el alma despierta. La ambiência la habíamos conseguido entre todas con éxito. Danzamos celebrando el encuentro y la intención, y después nos dispusimos a compartir la comida.


Ritual del ágape

El ágape es la comida de celebración del afecto, del amor. En Educación Biocéntrica, rescatamos su significado originario y lo celebramos reuniéndonos todas las personas participantes del encuentro (profesoras, alumnas, cocineras, y todo el personas que hubiera si estuviéramos en un lugar hospedadas) al rededor de la mesa y bendecirla (bien decir). En nuestro caso, toda la comida la hicimos nosotras así que nos reunimos al rededor de la hermosa mesa llena de platos exquisitos, cocinados con la intención amorosa de compartir y cogidas de las manos, agradecimos cada una a su forma, tanta abundancia y belleza. – Nadie hizo fotografías, así que tendrás que imaginarte la diversidad de colores, texturas, formas que formaban nuestro hermoso ágape biocéntrico-. Sentarse a la mesa después de bendecir los alimentos, imprime conciencia de la generosidad de la Vida en su cuido hacia sus criaturas.

Después del ágape, vino el momento creativo: crear nuestro Atrapasueños con plena conciencia en todos los pasos y el simbolismos de todas sus partes. Aquí te dejo el link con todas las explicaciones.

Pasos para hacer un Atrapasueños originario.

No basta crear con las manos; hay que activar los propósitos, las intenciones, así que recitamos la Oración Lakota, explicando el significado de las palabras (aquí encuentras toda la información) y después danzamos para que la intención se impregnara en cada célula y cada átomo de nuestro ser, reconociendo la semilla de Luz que nos habita y hace posible que los Sueños -los nobles, los dignos, los benefactores- se manifiesten, y los perturbadores se disuelvan con los rayos de la Luz interior, reflejo del Sol.

Terminamos con un Círculo de Cultura y las bendiciones de la Hermana Cierva.

Doce días después, hicimos el ritual de cierre, encendiendo una pequeña hoguera donde quemamos las palabras de nuestra Vara de Poder para que se fundieran con el polvo de las estrellas, pues ya está todo hecho. Después cantamos, reímos y agradecimos todo lo vivido.

Aho!.

A continuación de dejo un vídeo-síntesis de la experiencia. Gracias

Amor y Servicio.

Video-síntesis de Manifestando Sueños con Biodanza con Teresa Tendero
6 de enero de 2021
http://www.universbiocentric.com

Biodanza

La nostalgia de amor de Rolando Toro

Cuando por primera vez escuché de mi primera maestra Silvia Eich, que Biodanza había surgido de una profunda meditación sobre la vida en el intento de encontrar la causa de tanto desarraigo, rigidez y represión expresada en los cuerpos, sentí que mi corazón sonreía: Biodanza tiene alma, -me dije. La nostalgia de amor fue la respuesta que Rolando encontró a su búsqueda de la Verdad.

Una frase como esta, esconde tesoros que se van desvelando a lo largo del camino. Las palabras Nostalgia y Amor se van resignificando a lo largo del camino de la facilitación de Biodanza, y se mantienen como un faro en la noche oscura. Nostalgia del ser amado y de ser amada, nostalgia de algo intangible que permanece vivo en el interior como una llamada que no cesa y nos empuja al encuentro, nostalgia de lo que siempre es y aún no hemos descubierto; nostalgia de lo que quisimos y no se dio, y de lo que quisiéramos y no sabemos. Nostalgia que nos mece, nos acuna y nos empuja como una madre a su cachorro para aprender a caminar en el Amor, único y aún olvidado sendero de reconocimiento a la expresión verdadera de Ser.

En la medida de mi introspección en la nostalgia de amor amar, entre valles de lágrimas de rendición y de perdón, de reconocimiento y de infinita ternura, he encontrado la fortaleza de expresar mi singularidad en paz y amorosamente, vibrando cada vez con más fuerza y coraje en la misión sagrada de la facilitación a la que me debo con absoluta devoción.

Las danzas propuestas por Rolando Toro y su equipo, las líneas de vivencia surgidas como expresión de la represión de ser en el mundo en orden ascendente (vitalidad, sexualidad, creatividad, afectividad y trascendencia), el principio biocéntrico como eje central de la única realidad posible; las consignas poéticas, las músicas y su semántica, la eterna visión de un mundo mejor, mucho mejor, extraordinariamente mejor en nuestras manos y acciones; toda la ciencia que sustenta este sistema Biodanza que no termina en los tres años de formación, pues está fundamentada en la Vida y la Ciencia Sagrada del vivir, así que, en eso estoy. Siguiendo este Caminar en la Belleza que indiscutiblemente me lleva a conocer más y más la Naturaleza de Dios.


La manifestación de la Naturaleza de Dios

Si bien danzar en las aulas es transformador, cuando lo hacemos en plena Naturaleza, la posibilidad de reeditar patrones, creencias y otras limitaciones, se multiplica exponencialmente.

En este curso de iniciación a la Biodanza que empezamos en octubre del 2020, nos hemos propuesto llevar el aula semanal a la Naturaleza, al menos una vez cada mes y medio o dos, como mucho. Nos hace bien danzar en contacto directo con Mamita, la Marona en catalán, mi lengua materna.

Allí donde vivimos, estamos rodeadas de naturaleza tan sólo a cinco minutos andando desde casa, donde hacemos las clases. Hay múltiples senderos y caminos que llevan al río, a bosques de roble y encina, a diferentes construcciones de “Pedra seca” que son refugios antiguos de pastores para los días fríos y lluviosos, campos de cultivo y huertas de campesinos (pagesos como decimos en catalán) que cuidan la tierra esperando recoger sus frutos. Es hermoso el paisaje que nos rodea; diverso y hermoso.

La última clase que hicimos, (puedes seguirla en este link) fue en el bosque virgen, sin apenas intervención humana. En esta ocasión, escogimos caminos de campo, hechos por los campesinos para llegar a la tierra labrada; senderos que cuidan y mantienen con cariño y amor a la tierra.

El tema generador de estas salidas a la Naturaleza es Conociendo a la Gran Madre. En esta última salida, la dedicamos a Los sentidos de la Gran Madre.

En nuestra sociedad moderna, los sentidos están atrofiados por el estilo de vida frenético, individualista y desquiciado, percibiéndonos separados de lo Esencial, entreteniéndonos en ser nubes cuando somos el cielo, o peces cuando somos el mar.

Las enseñanzas de los Vedas dicen:

Dios es la única Sustancia Real, Sat, de la cual los objetos de los sentidos del oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato -partes componentes de este mundo visible- no son más que propiedades.

La ciencia sagrada. Capitulo 1. El Evangelio. Sutra 1. Swami Sri Yukterwar

Las propiedades de la Sustancia Única se hacen manifiestas en la Naturaleza, que surge y es Palabra, Vibración Sonora Creadora (Om). Así es que en la Naturaleza, en su contemplación, encontramos la verdadera fusión con aquello que somos. Ella mantiene la Vibración Sonora Creadora plausible de forma que cuando ingresamos en un bosque, un río, un valle, una montaña, un prado,… sentimos que nuestro organismo se acompasa a la vibración creativa y creadora, danza en ella y todo se siente infinito, eterno, único, permanente.

Si con simples paseos conseguimos ese beneficio, imagínate lo que ocurre cuando el pasear es consciente y el mirar se vuelve contemplación y el silencio canto, y la palabra es Vacío creador. Así fue como andamos por el camino de los campesinos, cruzando un hermoso puente de cañas cortadas, rodeando huertos y campos de olivos, recogiendo regalos que la Naturaleza dejaba a su paso, hasta llegar al río.

Allí, entre espejos que reflejaban el cielo y las rocas del hermoso torrente, el estar se fue transformando en un cántico de Agua donde las ondas corrían alegres, jugando a vivir. Cantamos en círculo, cantamos en espiral, cantamos en quietud, cantamos en silencio y a cada nota, la Madre sonreía en el latir del corazón y las gargantas al viento. Nos fundimos en un abrazo de almas que juegan a ser mujer, y desnudas de mentiras, nos bañamos en la inocencia del amar.

Cánticos de Agua

El presente sustituyó el pasado y la fragancia se tornó arte cuando llegamos al Árbol de Sentir: una encina preñada que se yergue valiente y omnipresente, enraizada en la inmensa roca que acoge su vientre. Allí dejamos la huella de la Belleza con nuestras creaciones artesanas hechas de los presentes que recogimos en el camino, y el lugar sonrió sin vergüenza, satisfecho por la humanidad que sigue latiendo viva, más viva que nunca quizás, recorriendo el camino del retorno al hogar.

Antes del regreso, la Reina fue coronada por su valor y su constancia, y al posarse la corona en su real cabeza, la Luz se hizo en todos los corazones allí presentes. Las hadas y los enanos danzaron juntos, las hormigas y los duendes vitoreaban fuerte, muy fuerte. Las lagartijas se despertaron y las aves se posaron en su negro pelo rizado. Cuando la Reina leyó el mensaje del Cielo en forma de oración escrita por Paramahansa Yogananda, todo el lugar quedó sumido en una reverente y serena humildad.

Después, Kronos nos llamó la atención. –Daros prisa. Las campanas están a punto de sonar. Hay que regresar. – nos dijo. Y corrimos de regreso al inicio, sin empezar, transformadas por lo vivido.

Querido Rolando, la nostalgia de amor poco a poco se va desvaneciendo dejando paso a la Alegría del Vivir. La memoria colectiva e individual se va reeditando paso a paso en el camino de la perfecta Serenidad, la humilde Sabiduría y el sincero Amor.

Así queda escrito.

Biodanza

Biodanza: la política de la vida

El pasado sábado 21 de noviembre 2020, Cézar Wagner impartió un seminario on-line con el tema: Biodanza: la política de la vida. Cuestiones de género, etnográficas, personas con múltiples capacidades y otras. Este seminario forma parte de la 16º Formación de facilitadores y facilitadoras de Biodanza de la Escuela de Biodanza de Ceará, Brasil. ¡Qué desafío tan maravilloso! No dudé ni un instante en participar.

Cézar Wagner es Doctor en Psicología Social, Didacta en Biodanza y Presidente de la Universidad Biocéntrica, entre otras cosas. Decir esto ya es importante, pero no lo define. Estamos acostumbradas a presentarnos o ser presentadas por los logros académicos, los méritos intelectuales conseguidos, los títulos que acreditan los años de estudio y dedicación, mas eso es una manera simplista de definir a alguien, pues en verdad somos una complejidad sin fin. El hemisferio izquierdo se queda tranquilo sabiendo que, según la titulación del individuo, puedes fiarte o no; mientras que el hemisferio derecho se queda con las ganas de saber quién es esa personas a la que vamos a prestar nuestra atención durante un cierto tiempo: juega con sus hijos?, danza y canta?, qué le hace reírse, cómo cultiva la amistad, cuánto ama la vida,… Y así, en esta desigualdad de valores vamos navegando desde hace algunas centurias.

Siguiendo el hilo de esta visión, quiero relatar el inicio de este seminario, pues ejemplifica lo dicho anteriormente. Ruth Cavalcante, directora de la Escuela de Biodanza SRT de Ceará, Fortaleza, Brasil, presentó el evento con una breve introducción del tema y seguidamente invitó a las personas participantes, a que presentaran a Cézar Wagner, el ponente. Nadie nombró sus títulos y honores oficiales; todas las que hablaron compartieron brevemente el impacto que había causado Cézar en sus vidas, cómo las había influenciado y el vínculo afectivo que brotaba de sus corazones hacia él y su hacer.

El efecto de iniciar un evento así, desde otro lugar que no atañe sólo al hemisferio izquierdo, produce unas sensación sutil de relajo muscular que predispone al Arte de la escucha, donde intelecto e intuición, mente y alma, van de la mano. Es un hacer biocéntrico, circular, sin apenas ángulos y aristas que puedan obstaculizar el encuentro.

Conocí a Cézar en mi formación de Biodanza, cuando la Escuela de Biodanza Sistema Rolando Toro de Barcelona donde me formé, organizó en el 2006 el 1r Encuentro Nacional de Biodanza (en el 2019 celebramos, de manera ininterrumpida durante todos estos años, el XIII encuentro). Fue en la Fundació La Plana de Santa Maria d’Oló, Artés, Catalunya, España. El cupo máximo eran cien personas y conseguimos el pleno. Fueron unas jornadas inolvidables.

Vinieron algunos invitados de Brasil, Italia y Francia a presentar sus trabajos y compartir saberes. Recuerdo especialmente a Augusto Madalena, ahora director de la Escuela de Biodanza de Zaragoza, y a Cézar Wagner. Augusto me sorprendió por su enorme vitalidad y su trabajo desarrollado con Biodanza y percusión con los “meninos e meninas das favelas”. Nos contó con su “portuñol” horroroso (pues acababa de llegar a España y no sabía hablar castellano), las dificultades con las que se encontró al inicio del proyecto, los errores, los aciertos, los retos, los logros,… fue muy inspirador. Con Cézar fue una vivencia muy distinta.

Su español era deficiente pero se entendía con facilidad. Hablaba pausado para hacerse comprender, pero no era la pausa de su hablar lo que me mantenía atenta, era su corporeidad en el comunicar: a veces cerraba los ojos y se quedaba en silencio como esperando encontrar las siguientes palabras; podían ser varios segundos en silencio en los que todo quedaba en suspenso, esperando su regreso; en ocasiones se nos quedaba mirando, totalmente presente, sin nada más que la mirada; otras veces nos observaba fijamente y nos preguntaba qué nos parecía lo que estaba diciendo. Su decir era profundo; a veces no daba para entender lo que quería comunicar pues no le hablaba al intelecto sino al sentir. Bastaba que escucharas la intención para abarcar la magnitud de su mensaje. Sus palabras surgían de una profunda reflexión y un cuestionamiento que no atendían a respuestas acertadas o erradas, todas eran bien acogidas pues propiciaban navegar en el conocimiento para seguir construyendo el presente.

Después coincidí con él en algún curso, taller y seminario que Cézar impartió en Barcelona y Zaragoza. Cézar junto con Ruth Cavalcante, son referentes en mi eterno aprendizaje como facilitadora y educadora biocéntrica. Ambos poseen el don de la comunicación; cada uno con su singularidad, transmiten saber, en un lenguaje que va más allá de las palabras. Así que, al recibir la información del seminario, no dudé en inscribirme. Biodanza: la Política de la Vida; un desafío amorosamente tentador.

¿Por qué hablar de política como una de las definiciones de Biodanza?. Porque la política no es de los políticos, es del pueblo, de sus habitantes, de sus gentes, de los moradores de Gaia, de sus pobladores, que aún habiendo olvidado qué es ser humano, son la voz de la Tierra y del Cielo a la vez. El problema es que nos olvidamos que somos la propia Vida y ese olvido nos ha separado tanto de Ella, que nos hemos hundido en el duro asfalto y la esclavitud de la piedra muerta, creyendo que eso es vivir, cuando en verdad estamos literalmente muriendo. La confusión se ha enraizado de tal manera en el humano, que sus actos se han vuelto dañinos para sí, para los otros habitantes de la Tierra y para la propia Gaia que sufre de fiebre alta, al borde del colapso, donde el humano tendrá que decidir asumir su papel como guardián y guardiana de la Tierra en comunión con el Cielo, o perecer como raza inservible para el Bien Común. No hay más tiempo.

Cézar recordó a la audiencia el sueño de Rolando Toro, el creador del sistema Biodanza allá los años sesenta. Su sueño era que toda la humanidad danzara, danzar en círculo de manos dadas, mirándonos, cantando y moviéndonos al ritmo de la vida; danzar para estar presentes, cantar para ser presencia. Una humanidad regida por el principio biocéntrico. Una verdadera revolución de Amor con Amor.

Es desde este sueño mantenido y vivo desde entonces hasta hoy (más que nunca), que Cézar lanzó el desafío de proclamar la Biodanza como acción política transformadora, del sujeto individual y del colectivo, en pos de una democracia real: participativa, representativa, reflexiva, y aquí Cézar añadió magistralmente, amorosa para no olvidarnos que el motor que rige la vida es el Amor.

Origen de la palabra política

La palabra política viene exactamente de la expresión latina “politiké techne” que quiere decir: el arte propio de los ciudadanos, arte social, arte de vivir en sociedad, arte de las cosas del Estado. Cuando se omite techne, queda el adjetivo politiké que es la forma femenina de “relativo a la polis y a sus ciudadanos, sinónimo de social” (Diccionario etimológico http://www.etimologias.dechile.net). Partiendo de esta definición, Cézar Wagner nos invitó a reflexionar en voz alta sobre la Biodanza y la acción política implícita en su hacer.

Navegamos por el principio biocéntrico deteniéndonos en aspectos relevantes como la inclusión amorosa de razas, credos, identidades, singularidades, … Trajimos el círculo de Biodanza al centro y él hablo de la belleza de la mirada sin juicio, del silencio que cuenta sin palabras, de las lágrimas de alegría y reconocimiento que surgen en la poesía del encuentro humano, de la fusión del abrazo, de la unión en el círculo con las manos dadas, de las rondas y las danzas, de los ritos,.. y cuestionamos. El cuestionamiento es la base de la construcción del conocimiento. Surgieron dudas, inquietudes que no fueron resueltas, porque el camino es para andarlo y andando se hace camino; llegar a destino es sólo un pretexto maravilloso para lanzarse a andar; como el hermoso y desafiante pretexto de proclamar la Biodanza como acto político más allá de categorías sociales que nos etiquetan y nos hacen individuos separados, aislados, solitarios, carentes, sufrientes, nostálgicos de amor.

Hablamos de la estructura de grupo, y el profesor Wagner apuntó que en Biodanza usamos la estructura grupal estelar que implica unidad de todas las partes, en contraposición de la radial que es individual. Quedé pensando en la palabra estelar, la profundidad del símbolo, la luz que emana, la sensación corporal de Ser Estrella, que Rolando transformó en una vivencia trascendente de Biodanza. Seres estelares en estructuras grupales estelares, como el mismo cosmos, micro y macro, que en su fractalidad nos recuerda la magnitud infinita que somos. De ahí surgió la idea de una democracia real donde la trascendencia también se haga presente de una vez por todas.

Casi al final, Cézar dijo con una sonrisa en el rostro: “Las hijas y los hijos de Biodanza son insurgentes“. El término insurgente suele utilizarse para designar a quien manifiesta rechazo a la autoridad, mas en realidad la etimología de la palabra señala “al que se revela”, aquel que va más allá del velo”. El velo sería lo establecido, la autoridad dominante, la democracia engañosa en que vivimos. Así pues, en Biodanza vamos más allá de las categorizaciones; trascendemos el antropocentrismo y nos quedamos en el biocentrismo donde la Vida es el centro y nosotros como humanos, sus guardianes.

Para terminar, se compartieron diversos proyectos de Biodanza que se están llevando a cabo en diferentes ámbitos: social, organizacional, educativo y en la salud. La diversidad de trabajos mostró a los nuevos estudiantes de la formación de Biodanza, las múltiples posibilidades de aplicación en un mundo cambiante, donde la Vida se impone. Nosotras como facilitadoras de Biodanza, podemos aportar espacios de nutrición interna que sean realmente revolucionarios para esta nueva Era que ya esta aquí: la Era de Acuario.

Poner palabras, ampliar miradas, generar espacios de diálogo, de construcción comunitaria, de círculos de cultura, donde la danza, la música, el arte, la ciencia, la tecnología, …todo esté al servicio de la Vida y no más al servicio del hombre.

Gracias Cèzar y equipo de Centro de Desarrollo Humano (CDH), de la Universidade Bicéntrica y de la Escuela de Biodanza de Cearà, Fortaleza, Brasil.

Amor y Servicio.

Biodanza

¿Dónde está el amor que nos hace libres?- dijeron ellas encerradas en sus casas

Aunque me tapen la boca, seguiré pensando en tu nombre: Libertad” – Espi Muñoz

Hace días que tengo los textos que las Mujeres Jardín han escrito durante estas tres últimas semanas de nuevo confinamiento. Tenían que ser sólo quince días de aislamiento por prevención, pero las autoridades han decidido que, por el bien de la comunidad, se prolonga el período de aislamiento, sin saber hasta cuándo. Me pregunto ¿qué entienden ellos por bien?.

Tenía miedo de no encontrarnos de nuevo por el tiempo tan loco que tenemos, pero volvemos a estar juntas, con el mismo entusiasmo que habíamos dejado antes del confinamiento. ¡Este miedo que nos han inculcado nuestros mandatarios que no saben por dónde van, nos va a matar!. Tengo la cabeza vacía. A ver si en la próxima sesión me inspiro y me lleno de ideas para contaros. Nosotras vamos a seguir para adelante, con el mismo ahínco de siempre”, escribía nuestro Clavel en la primera sesión de Biodanza, después de meses sin poder encontrarnos en nuestro amado espacio. A la semana siguiente escribir su texto, se dictamina una nueva orden de confinamiento. Quince días después, cuando la orden de confinamiento persiste, Clavel me dice mirándome a los ojos: “No he escrito nada; no sé qué decir. Todo es tan triste“.

Los escritos de las Mujeres Jardín, han estado en mi escritorio esperando pacientes a que encontrara mi voz. La había perdido entre sentimientos encontrados de desasosiego, rabia y queja. Así anduve in crescendo por siete días, hasta que la voluntad tomó las riendas del Amor que todo lo impregna, y aunque a veces aún me pierdo en la fina tela del engaño, regreso. Siempre regreso, pues en realidad nunca me he ido.

Estar sin palabras para expresar el sentir es como nadar con ropa en mar abierto: todo pesa demasiado; sólo salían sonidos que recordaban el rugir de los mares en tormenta o el de la leona enjaulada tras las rejas del circo humano. No había palabra alguna que pudiera enlazar sus sentires para compartir con el mundo, su canto, su grito silenciado y silencioso, su llanto y desaliento que se instala poco a poco, día a día, en su piel, en su memoria, y aún así siguen en pie. Las miro y las escucho y percibo su lento marchitarse, acostumbrándose a apagarse en silencio, obedientes a una autoridad insensata que nos trata como ganado de su corral.

Estamos faltas de amor, alegría y entendimiento para confiar unos con los otros sin hacernos daños. Todavía necesitamos algunas clases más de Biodanza para entrar en el buen camino, y ser una rayo de luz que haga resplandecer la vida de todos lo que quieren estar conmigo. Saber coger las cosas y compartir con las personas que nos necesitan.Vamos a estar unidas en esto, por nuestra salud y bienestar. Yo estoy intentando salir adelante con vuestra ayuda. – Azuzena, octubre 2020.

Me duele tanto este vivir impuesto, que no es vivir sino un morir certero, constriñendo el alma y apagando el fuego de la vida, amordazando la esperanza y afligiendo el corazón de las que aman, y en su amar, se les niega gozar de la cercanía, en nombre de una supuesta salud que no es salud sino mentira.

“La semana pasado hubo una baja en las clases de Biodanza. Nos quedamos sin palabras. (…) Yo no puedo ceder mi sitio a nadie porque Biodanza es parte de mi mundo, para mi tranquilidad y felicidad en estos momentos. Biodanza es lo que tanto he deseado”. Dama de Noche, octubre 2020

Desde que nos encontramos la última vez hace tres semanas, han circulado con regularidad las llamadas telefónicas y los mensajes a través de sus móviles, y las que no tienen, con los móviles de nietas e hijas que hacen de enlace logístico para que los mensajes, las canciones, los vídeos y otros materiales que compartimos entre todas para mantener el vínculo y el buen ánimo, lleguen a su destino. También ha habido alguna visita personal, aprovechando que debía recoger su material escrito, pero aún así, no es suficiente: el jardín se está marchitando. La suave lluvia que riega la fértil tierra, no es suficiente. La poética del encuentro humano que es Biodanza, se hace más necesaria que nunca, como abono indispensable para la verdadera salud que no es sólo la del cuerpo sino sobretodo la que concierne al alma.

“Es importante escribir y así lo hago. Nuestro recuerdo modula nuestro estado de ánimo, estimulando emociones agradables o desagradables. Tenemos el derecho de seguir hacia adelante; Biodanza es una parte importante, forma parte de nuestras vidas con los demás. Es una visión favorable del pasado, alimentando nuestra autoestima; así el presente, lo vemos de otra forma más positiva. El recuerdo bueno nunca se olvida.” Flor del Higo Pico, octubre 2020.

La población más anciana es la más vulnerable. Sí, es verdad, pero el miedo no las beneficia en su vulnerabilidad, porque ese “ser vulnerable” lleva consigo años de mucha lucha, de mucho coraje, de pasar por multitud de colores, formas y sabores, y seguir en pie de Paz. La falta de libertad a la que se las somete por su “bien”, las descalifica en su sentido común, que es el de la experiencia de una vida entera dedicada a vivir, cuando no a sobrevivir. Tratarlas como criaturas indefensas, sin criterio para saber qué hacer y cómo cuidarse, es desvalorar, despreciar, desnutrir, deshonrar su saber hacer. ¿Acaso no han levantado un país entero después de una guerra civil? ¿No han sido ellas las que dejaron su tierra y su familia y fueron a otras tierras y otras familias a prosperar, a crecer, a crear su propia familia y darles estudios a sus hijos, carreras universitarias, oficios, apoyo, dinero y lo que hiciera falta? ¿No son ellas mujeres dignas de tenerlas en cuenta antes de decidir por su vida?. No son necias, no son niñas a las que hay que educar, dirigir, obligar. Son mujeres sabias, las ancianas de la tribu humana, las que tienen historias para contar y ser escuchadas, las que saben administrar una casa con cuatro reales y ahorrar para lo que pueda ser. Son mujeres viejas, hermosamente viejas, dignamente viejas, inteligentemente viejas, elegantemente viejas, alegremente viejas, divertidamente viejas. Y digo viejas a pesar de que a ellas no les gusta esta palabra, porque ser vieja en nuestro loco tiempo es sinónimo de caducada, gastada, prescindible, inservible; pero esa no es la definición correcta. Ser vieja es sinónimo de saber, de poder, de valer, de ser, de belleza consolidada por el paso del tiempo en cada arruga de su piel, haciendo de su vivir una pieza única, con un valor único inconmensurable, que sólo puede ser apreciada por el alma noble y sincera que mira y ve la verdad que se esconde detrás de la apariencia.

En este espacio (Biodanza) que nos une – dice la Dama de Noche– me siento tan motivada, que cierro los ojos y pierdo la noción del tiempo. Me baño en los pensamientos y me encuentro a la orilla del mar, sentada en la arena; a lo lejos el horizonte rojizo, la bahía,… Momentos hermosos, tan hermosos que estaban en mi interior, pero con el tiempo, los había olvidado, y Biodanza, con sus danzas, palabras y silencios, encontré la llave que abre mis sentimientos”. Dama de Noche, octubre 2020.

Las Mujeres Jardín, la bellas flores de la tierra, son mujeres fuertes, valientes, saben lo que quieren y lo que no, lo que les conviene y lo que no, deciden cómo vivir, y aún equivocándose si así fuere, de cada error siguen aprendiendo y así viven y aman, con el corazón dispuesto siempre a amar. No se las puede callar, no se las puede ignorar, ni obligar a un cautiverio que las marchita.

“Yo cuando sea vieja, no quiero ser joven, quiero ser Feliz y vivir esa felicidad con todas las personas que me rodean. Con sólo respirar y hacer los ejercicios tan sencillos de Biodanza que te cambian la manera de pensar. Yo los recibo así y así los utilizo y me va bien.” Azucena, octubre 2020.

Tratar a la población anciana con esta dureza injustificada tomando medidas extremas que dicen ser de salud pero que son de guerra, es tratarlas de ignorantes, de necias, de insignificantes, aunque en su lenguajear nos confundan con palabras vacías de afecto ficticio.

Pienso que la experiencia acumulada en mi lucha del pasado para superar los contratiempos, me ayudará a resolver los problemas, porque soy positiva. ¡Me gusta tanto la música de Biodanza!. Me recuerda mi origen. El pasado no se puede cambiar pero sí podemos cambiar nuestra manera de pensar en él. Es una tontería que nos castiguemos en el presente porque alguien nos hizo sufrir en un remoto pasado. En Biodanza empiezo a resolver ese resentimiento ahora que me resulta relativamente fácil. Si aceptamos creer que somos víctimas indefensas y que en ninguna parte hay esperanza, no vivimos. He comprobado que cuando realmente nos amamos, es decir, cuando nos aceptamos y aprobamos tal como somos, todo funciona bien en la vida”. Flor del Higo Pico, noviembre 2020.

Las Mujeres Jardín son mujeres de Paz, valientes mujeres de Paz. No quieren saber nada de la guerra; ya sufrieron suficiente. La guerra no es para este tiempo; ya no. La Paz une, cobija, acoge, abraza, confía. ¿Para qué tratarnos como prisioneros si somos hermanos?

“La bondad no hace ruido porque camina descalza y le guía el corazón”- dice la Dama de Noche. – “Dios nos dijo: Amaros los unos a los otros. ¡Qué mensaje más bonito!. Si nos amáramos de verdad, seríamos libres”. Dama de Noche, noviembre 2020.

Nuestras ancianas deben ser protegidas y cuidadas, pero el precio no puede ser el encierro, ni el aislamiento ni las medidas de guerra que se les impone, pues eso es matar sin empuñar armas, matar lentamente.

La Azucena dice justo antes de este nuevo confinamiento: “Otra vez juntas en esta reunión que tanto necesitamos para volver a situarnos en el sitio que estábamos antes de todo esto. Tres semanas después de este escrito, Azucena me llamó por teléfono para pedirme un video que hicimos en el encuentro de julio para despedirnos de nuestro Jazmín. Azucena lo había extraviado y lo quería volver a mirar porque “mirando los vídeos y escuchando las canciones de Biodanza, me acuerdo de todo lo bonito que vivimos en Biodanza y me da fuerzas para seguir adelante.

Las ancianas de esta tribu humana son mujeres libres, responsables, conscientes de todo; se han ganado con honores la Libertad de elegir. Ellas desean danzar, cuidarse para cuidar a los otros como han hecho siempre; su hacer nos ha dejado en herencia un amor por la vida que tiene voz, canto, mirada, confianza, fe, amistad, … Son mujeres en pie de Paz que desean seguir viviendo en Pie de Paz, libres para escoger lo que les hace bien sin hacer daño a nadie. Ellas saben. Pregúntales.

“Queridas compañeras: nunca pensé que esto me pasaría, tener estos sentimientos en estos momentos de tanta inestabilidad que estamos pasando, que nos envuelve. ¡Cuántas cosas vamos perdiendo y que no volverán!; los besos que tanto me gustan, llenos de amor; las caricias que no puedo dar. Siento en mí que me lo están quitando porque no volverán. Dama de Noche, noviembre 2020.

Mandatarios queridos, como dice nuestro Clavel, miradlas con el alma no solo con la razón. El alma sabe; la mente confunde. Sigue al alma mandatario, seas quien seas. Ellas son flores de una hermoso jardín donde sólo el Amor perdura.

Se me hace pesado no tener esta libertad que deseo, el silencio que tanto aprecio y me ayuda, que me hace volver a la realidad y ver todo lo que me rodea. Somos como plantas: nacemos, vivimos y nos reproducimos como las plantas. Después vendrán otras plantas y renacerá la vida. Este es nuestro paso por la tierra.” Noviembre 2020.

Necesitan danzar, encontrarse, a distancia, con mascarilla y desinfectante todo el que haga falta, pero encontrarse. Tenemos el espacio para ello, las condiciones adecuadas que eliminan riesgos, la cordura de la experiencia, la responsabilidad del amor, la valentía de la humildad, el apoyo de la amistad, la coherencia del respeto… ¿no es eso Salud en mayúsculas?

“Mi pasado nunca lo podré borrar porque lo tengo en mi alma, pero sí tengo un boli para escribir mi presente“. Dama de Noche, noviembre 2020.

Sólo los que aman son valientes;
Sólo los satisfechos son magnánimos;
sólo los humildes son capaces de dirigir.
Tao Te Ching.

Con Amor y Servicio.

Biodanza

Mujeres jardín. El regreso a la plaza

Notas de navegación del proyecto biocéntrico de escritoras y poetas del grupo de Biodanza +65a, Mujeres Jardín.

Uno de septiembre y nos volvemos a encontrar en la plaza del pueblo, en nuestro lugar habitual desde el final de confinamiento. Tres semanas hace de nuestro último encuentro. La mayoría de las flores de nuestro Jardín han pasado estos días en su cotidiano habitual, sin cambios aparentes, – Esperando el momento de encontrarnos, niña!- me dice riendo nuestra querida Rosa.

Observándolas mientras estamos en círculo, percibo un retraimiento que ocupa su expresión: más silencio, más distancia, hay temor. Me dispongo a escuchar. El sentir sin palabras también dice.

Somos menos: falta la Dama de Noche que al inicio de las vacaciones se rompió un tobillo y tuvieron que repararla. Está hospedada en el jardín de su hijo recuperándose de la operación. Hay tres ausencias sin aviso y eso no es común, pues siempre avisamos si no podemos asistir al encuentro para no preocupar a nadie sin motivo. Hemos acordado hacer una ronda de llamadas para saber de las ausentes que no han avisado. El Higo Pico ha faltado al encuentro porque hoy mismo operaban a su marido, y el Clavel tiene a su compañero averiado así que lo llevaba al médico. La Azucena se ha retrasado pero al final ha llegado a tiempo. Estamos todas las que estamos y sentimos las ausencias.

La vivencia de la comunidad afectiva nos ayuda a sentir el pertenecer; a formar parte de la tribu humana.

Parte de mi grupo de Formación de Biodanza- 2005-2008

El calor de agosto ya no pesa. La sombra de los árboles que nos guardaban del sofocante Sol de verano, hoy nos deja las manos y los pies fríos, así que nos desplazamos a otro esquina de la plaza donde el Sol nos calienta.

El círculo es pequeño. Mantenemos las distancias y las mascarillas. Cuando iniciamos el diálogo en nuestro círculo de cultura, se verbaliza el miedo al contagio, miedo a permanecer cerca, miedo al contacto. Nos escuchamos con atención. Conforme vamos diciendo, la tensión que genera el temor se va relajando sin prisa. El Sol ahora calienta demasiado así que, a demanda, nos vamos desplazando por la plaza, con nuestras sillas y taburetes, al encuentro del lugar adecuado para cada momento. El dialogar no se interrumpe a pesar del desplazamiento. Todo fluye naturalmente.

El miedo se ha ido disolviendo y la risa ha regresado. Los ojos chispeantes y las bromas van ocupando el círculo progresivamente.

Centramos el nuevo diálogo en las posibilidades de seguir encontrándonos de forma segura, ahora que el frío se aproxima. Surgen propuestas y finalmente la Rosa, la flor más vieja y perfumada de nuestro Jardín, lanza la propuesta. ¡Ya tenemos lugar de encuentro seguro para nuestros martes matinales!. En ese mismo instante, el miedo ha cedido su espacio y se ha instalado la alegría renovada.

Dialogamos sobre el no-he-escrito-nada de este extraño verano de nuestras escritoras y poetas. ¿Será que no hay nada que decir?. ¡Imposible!. Renovamos el compromiso de nuevas producciones, y las que expresan su arte pintando y otras tejiendo, se apuntan a compartir su obra en el círculo del próximo martes.

Avanzamos juntas en este camino de incertidumbre que daña el corazón de las ancianas de la tribu, pero el Amor lo puede todo así que seguimos tejiendo redes de Afecto y Ternura, seguras que nuestro aroma se va expandiendo más allá de lo impensable.

Amor y Servicio.

Biodanza

Relato de intimidad verbal de una facilitadora de Biodanza a la comunidad biodanzante del mundo

Dedicado a mis maestras y maestros de Biodanza y Educación Biocéntrica. Con todo mi amor y reconocimiento.

Inspirada por el video de la conferencia titulada “Afectividad y ética” de Carlos García, director de la Escuela de Biodanza de la ciudad de Buenos Aires (al pie te dejo el vídeo entero por si te interesa), he decidido compartir en relato de vivencia, la experiencia de ser una facilitadora de Biodanza calificada de “incómoda” en algunos de los círculos de Biodanza. Este post va dirigido especialmente a la comunidad Biodanza del mundo pues no es un caso aislado; ocurre con demasiada frecuencia en nuestro entorno biodanzante.

No pretendemos apenas elevar la calidad de vida de las personas,  somos decididamente más ambiciosos, pretendemos la felicidad. Rolando Toro Araneda.

A simple vista parecería que según el principio biocéntrico, fundamento del sistema Biodanza y de la vida de toda facilitadora de Biodanza, nuestra comunidad debería ser ejemplo de coherencia e integración afectiva, trascendiendo el antiguo paradigma androcéntrico y patriarcal, y estabilizando el paradigma biocéntrico en todas y cada una de nuestras relaciones. Pero la sombra forma parte de la propia experiencia del vivir, y en Biodanza no podemos evitarla; tampoco lo hacía su creador. ¿Acaso la sombra no es también un aspecto de la misma Luz? Honrando la memoria del maestro Toro y reconociendo su precioso legado, nos cabe revisar no el sistema en sí, sino el uso que hacemos de él.

Nuestra comunidad Biodanza está dividida por desencuentros que nos mantienen separadas y condicionadas por barreras de egos exaltados y altivos. Eso, en sí mismo, es disociativo. A mi entender la facilitación de Biodanza pide excelencia continuada, y digo continuada porque la excelencia que señalaba Rolando Toro, no la propuso como un destino sino como camino; camino de vida que escogemos cuando asumimos la facilitación como servir a la Vida. La cuestión es, ¿qué es servir desde la mirada biocéntrica? Demasiado a menudo se da por hecho un entendimiento consensuado y se actúa “como si” fuéramos inmunes a la arrogancia, la vanidad, la manipulación. La realidad es que el pensamiento crítico dentro del entorno Biodanza, se cuestiona, se evita y se juzga en nombre del faso “cuido”.

Y digo esto porque mi experiencia como facilitadora “incómoda” no es un caso aislado. Demasiado a menudo la facilitación se viste de rol y de autoridad moral, repitiendo patrones patriarcales que permanecen aún activos en el inconsciente individual y colectivo a la espera de ser mirados, reconocidos y desvanecidos por el calor del entendimiento humano. Pero eso no puede ocurrir cuando la persona que facilita se identifica con el rol y crea su identidad bajo la autoridad moral que sustenta su creencia, y así facilita grupos y esparce la simiente de la confusión y la falsa dicha en su comunidad.

Mi intención no es descalificar, ni defender, ni enfrentar. Por supuesto, hay muchas facilitadoras y didactas absolutamente comprometidas con su misión. Lo que me impulsa a escribir este post es compartir realidades que, aunque no coincidan con tu experiencia, son verdades que precisan ser escuchadas porque han generado y generan aún sufrimiento, desconsuelo y mucha soledad. Si, una soledad impuesta por el colectivo, que con su silencio, ha permitido y sigue permitiendo que la facilitación maternal, la seductora, la manipuladora, la que sitúa al facilitador como una estrella de cine interpretando un papel de “ser perfecto” que le autoriza moralmente a exigir camufladamente un vasallaje y una fidelidad en nombre del falso cuido y la falsa pertenencia.

Artista: Jopi #jopienamorada

Haciendo uso de esa autoimpuesta y consentida “autoridad moral”, en mi comunidad Biodanza me etiquetaron de intensa. Algunas de ellas siguen haciéndolo, pero ya no tiene el menor impacto en mí.

Intensa puede parecer un calificativo inofensivo, incluso gracioso o cariñoso, pero en mi experiencia, no lo es. Con los años y mi especialización con el sagrado femenino, he sabido de muchas mujeres que han sufrido ese mismo calificativo, y digo mujeres porque entre nosotras ser “intensa” es ser exagerada, inadecuada, problemática, inapropiada,… en relación a un estándar de comportamiento “normalizado”.

Intensa me llamaban por mi expresión apasionada, por mi vitalidad, por mi mirada crítica que no está bien vista porque “incomoda”. Es cierto que cuando permitimos que el sentido crítico se manifieste en nuestras aulas y círculos de intimidad verbal de Biodanza, nos exponemos a situaciones que pueden llegar a ser muy incómodas, y digo incómodas porque esa incomodidad es el reflejo que nuestras carencias, de nuestras propias mentiras y creencias con las que danzamos la Vida. Y esa incomodidad es la que muchas profesoras evitan en sus aulas, en sus clases de Biodanza, en sus ruedas verbales, pero justo es ahí donde la facilitadora ejerce su saber, no como “la que sabe”, sino como la que deja a la Vida ser la verdadera protagonista, pues solo Ella sabe qué y cómo hacer para que la armonía y el equilibrio prevalezca en la expresión de la diversidad del sentir.

Fue Ruth Cavalcante, la creadora de la Educación Biocéntrica quien me rescató del estigma. En una aula de educación biocéntrica, ante una situación que en otro contexto hubiera sido de incomodidad, de esa incomodidad sectaria y excluyente, ella me dijo mirándome fijamente: – Nunca pidas perdón por preguntar y querer saber. Cuestionar es un derecho humano que no podemos perder -, y siguió diciendo a toda la aula: – Honro el coraje de ser cuestionadora en este mundo hostil,… Nunca más me he sentido inadecuada. Despedí mi etiqueta y sustituí mi nostalgia de amor por el auténtico sentimiento de amar-me sin condiciones.

Vivir esta experiencia de “ser inapropiada” incluso en la comunidad Biodanza, me ha ayudado a percibir que detrás de los abrazos y las caricias que tanto prodigamos en Biodanza, también se esconden mentiras sostenidas que proyectan el personaje encarnado por el rol de facilitar.

La facilitación para mí es una bendición y como tal conlleva riesgos. Nos enfrenta a las propias carencias y nos pide ser autocríticas con nuestro hacer. Atender, cuidar y fomentar la excelencia en la facilitación (y en la Vida, por supuesto), repercute no sólo en la propia felicidad, sino en el entorno, en el mundo, y es así como generamos cambios. No dejes nada bajo la alfombra; se acumula la suciedad y la apariencia te consume.

Si has llegado hasta aquí y te resuena lo compartido, me hace feliz. Si por el contrario te has sentido ofendida, disgustada o incomodada, no ha sido mi intención; te pido disculpas. Sólo déjalo pasar y sigue tu camino. Mi deseo es crear con la palabra, un espacio donde recuperar el arte de la escucha para leer la vida y amarla más allá de las creencias y los papeles con los que nos hayamos identificado creando así una falsa identidad. Todo es Vacío, es Cero, y en ese círculo eterno nos mecemos. No lo olvidemos.

Com Amor y Servicio.

Aquí el video que te he comentado al principio.

Videoconferencia de Carlos García, el 1 de juliol 2020. Afectividad y ética en Biodanza
Biodanza

De carencias y apariencias. Un aprendizaje de las Mujeres Jardín, poetas y escritoras del maravilloso cotidiano

Cuando empezó el confinamiento, de repente y sin tiempo para asimilar lo que venía, nos quedamos sin nuestros amados encuentros semanales de Biodanza y Educación Biocéntrica. De todas las mujeres que componen el grupo de Mujeres Jardín: escritoras y poetas del grupo de Biodanza de Tercera Edad de Castellar del Vallés, Barcelona, sólo tres o cuatro tienen internet y usan redes sociales; las demás no tienen ni quieren tener (demasiado complicado dicen), así que nuestros vínculos se han mantenido a través de las llamadas telefónicas en red. Era la única alternativa posible para continuar tejiendo el urdimbre.

Cada vez que nos hemos llamado, ya fuera una conversación larga o corta, siempre me he quedado con un suave calorcito en el corazón, extendiéndose por todo mi cuerpo hasta colmarme en la sonrisa. Y es que las mujeres mayores, las ancianas de la tribu, poseen la sabiduría en la piel, en el gesto y en su palabra desprovista de tapujos, sin apariencias. Directo al corazón, permeándolo todo de paz, amor y profundo sosiego.

Esta mañana, las he ido llamando a todas para proponerles un encuentro presencial en espacio abierto para la semana próxima, sin ningún compromiso. Por supuesto no será Biodanza; será un encuentro de Círculo de Cultura para compartirnos, escucharnos, hacernos presentes, nombrar a las ausentes y fortalecer vínculos y afectos. El parque de atrás de la Iglesia principal del pueblo cumple con las condiciones idóneas para cuidar las distancias y estar suficientemente cómodas. Todas han dicho que sí con alegría y una manifiesta ilusión, así que si no hay contratiempos, el martes que viene nos encontramos de nuevo. ¡Tengo tanto ganas de verlas!

El motivo de este post es compartir un regalo-aprendizaje que hoy, una vez más, he recibido de una de las flores de nuestro jardín. Ha sido mientras hablábamos por teléfono. Le ha venido al presente un recuerdo que dice así:

Nuestra Dama de Noche, la flor más perfumada de nuestro hermoso jardín, un día, cuando sus hijos e hijas eran todavía pequeños, la mayor de todos ellos le preguntó si podrían comprar un huevo Kinder. La flor le preguntó: – ¿Para qué quieres un Kinder?-. La niña le respondió: – Es que dicen que ¡es tan bueno!-. Entonces la Dama de Noche, mujer trabajadora, hija de Granada, casada con un andaluz inmigrante como ella y paleta de oficio, llegados a Catalunya “pa trabajar y salir palante“, con cuatro hijos, la coge de la mano y le dice: –Vamos a ir a ver lo que cuesta ese huevo Kinder-. Al entrar al establecimiento, preguntan por el precio y la Dama de Noche le dice a su hija mayor: – Eso no es pa nosotros hija. Mira el dinero que tengo-, y le abre la mano enseñándole el dinero que tiene. El tono en que la flor habla, es claro, transparente, sin queja, sin apariencias. Le sigue diciendo: –Si compramos el huevo Kinder nos gastamos estas monedas– y separa unas cuantas de las que llevaba en la mano. –Tus hermanos van a querer también y tendríamos que comprarles a ellos, así que nos gastaríamos estas otras monedas y no nos quedaría na más que esto pa comprar lo que nos hace falta.– La niña la miró y antes que dijera nada, la Dama de Noche le dijo: –Tu no te preocupes mi niña que yo te hago un flan requetegüeno y las madalenas que tanto te gustan. Así todos comemos de todo. ¿Te parece?-. La niña asintió y sonriendo, regresaron a casa cogidas de la mano. La Dama de Noche me decía que así les había enseñado a sus hijos e hijas a valorar las cosas y a ahorrar si querían algo.

Cuando ella me contaba eso, me he acordado de cuando mi hijo pequeño, con siete-ocho años, me pedía eso y aquello porque en la escuela los otros niños lo traían y él también lo quería. Yo, para que no se sintiera carente, para evitarle sentirse menos que los demás, se lo compraba. Acababa de divorciarme y la economía familiar no era la misma con un sueldo para sustentar un hogar, que con dos, así que hacía lo que podía para salir adelante. El caso es que mi intención era evitarle a mi hijo que se sintiera carente, cuando en la realidad lo que le mostraba era la verdad: era yo la carente; yo era la que sentía carencia de todo y no sabía cómo hacer para que mis hijos sufrieran lo menos posible. Entonces, siguiendo la conversación, le he dicho a la Dama de Noche que a veces los papás y las mamás les compramos cosas a los/las niños/niñas para que no se sientan carentes y ella me ha contestado: – De carente nada. La carencia es cuando no tienes pa comer y te mueres de hambre- . Sus palabras han entrado directo a mi corazón. De ahí han pasado a implosionar mi mente y la Luz del entendimiento se ha hecho en mi interior. ¡Cuan carente he sido! ¡Cuánta carencia disfrazada de abundancia en mi vida!. ¡Cuánto engaño mamado en esta sociedad aséptica y desinfectada, en la escuela-industria, en la farsa de la televisión, dándonos de comer carencia por todos los lados para consumir y consumir y tener y tener y depender y alimentar el sistema capitalista.

Siguiendo en nuestra conversación por teléfono, la perspectiva del tiempo transcurrido desde ese entonces, me ha hecho sentir agradecida por mi vida, por todo lo que he vivido y sentido, por mis relaciones, por estar rodeada de mujeres como la Dama de Noche que en su vejez, siguen siendo maestras savias que nos recuerdan qué es importante y qué ya no lo es.

Yo, como tantas otras, soy hija de una sociedad patriarcal, neoliberal basada en la inculcación de la carencia, de la culpa, de un éxito ficticio, de unos valores que matan y enferman.

La carencia, querida lectora, sólo está en la mente. Desvanece esa creencia de ti porque no es real. No importa lo que te digan o te hayan dicho, lo que escuches, lo que te hayan hecho creer y lo que hayas creído que es verdad; respira y quédate en silencio. Deja que se desuelva la ilusión, que pase de largo y tú permanece. Hay un lugar, un espacio, un punto en el que sólo existe lo que siempre está, lo que siempre es. Deja tu historia personal por un momento y percibe que es lo que queda.

Eso, eres Tú, El Ser. Quédate Allí y confía.

Con Amor y Servicio.

Grupo de Biodanza +65 años de Castellar del Vallés
Biodanza

Qué es la Biodanza por las Mujeres Jardín, proyecto biocéntrico de mujeres de +65 años practicantes de Biodanza

En el enlace que encuentras a pie de página, se halla el primer articulo escrito por las Mujeres Jardín, escritoras y poetas surgidas en el grupo regular de Biodanza para personas mayores de 65 años de edad.

Las mujeres ancianas, abuelas, las viejas sabias de la tribu, tienen muchas cosas para contar. Sus historias de vida, de muerte, son saberes que debemos integrar en nuestra comunidad humana para enriquecerla con su mirada añeja, su saber de vieja, de sabia, de abuela. Ellas tienen voz y nos lo cuentan con palabras de siempre.

Sigue el link para leer su primer artículo Qué es la Biodanza

Biodanza

Mujeres jardín, un proyecto biocéntrico que nace del grupo regular de Biodanza para +65a

Era septiembre de 2017 cuando iniciamos Biodanza para personas mayores de 65 años dentro del programa Gent Gran de Cruz Roja de mi pueblo Castellar del Vallés. La sesión de presentación había sido un éxito y se apuntaron 21 mujeres. Desde entonces hasta hoy, nos reunimos cada martes a las 16.30h para hacer Biodanza.

Durante estos casi tres años, el grupo ha ido transformándose hasta consolidarse en un núcleo fijo de 10-12 participantes. Hemos vivido experiencias maravillosas de transformación, de crecimiento, de descubrimiento y trascendencia que nos ha permitido navegar por la vivencia profunda de la comunidad humana y entender con mayor profundidad la complejidad del vivir.

Para mí como facilitadora es un placer preparar las sesiones semanales y dejarme sorprender por las necesidades del grupo. El tiempo de la personas ancianas es particular, así como su progresión en el movimiento. Resulta muy estimulante adaptar la sesión a sus necesidades.

A lo largo de las primeras sesiones, fui observando que en la rueda de intimidad verbal, el relato vivencial referente a la sesión anterior, quedaba muy reducido debido a la dificultad de recordar de una semana a la otra, lo que hacemos en la sesión, así que durante el primer año me dediqué a explicar los aspectos teóricos de biodanza: el poder de la música, los aspectos biológicos y psicológicos, el significado de la curva metodológica, la biografía de Rolando Toro, … El interés que mostraban ante mis relatos teóricos y el efecto que les causaba en el entendimiento de su transformación personal tanto física, emocional como trascendental, me animó a proponerles que, de forma voluntaria, escribieran un “Diario de navegación” sobre lo que sienten en cada sesión de Biodanza, cómo repercute en sus vidas, qué efectos les causa, etc. De ésta manera la dificultad en recordar quedaba subsanada y podíamos seguir avanzando en la integración, ya que el/la facilitadora, recoge lo compartido en la rueda para diseñar la sesión siguiente y adaptarla a las necesidades del grupo.

En un principio la propuesta no fue bien acogida. Muchas de las mujeres se consideraban analfabetas porque a penas sabían leer y escribir correctamente. Su infancia había transcurrido cuidando de la casa y de los hermanos, ayudando a la familia en el campo, trabajando en fábricas o sirviendo en casas pudientes. Las mujeres manifestaron vergüenza de sí mismas, excepto una que aunque reconocía que hacía muchas faltas de ortografía, quería escribir porque siempre le había gustado y nunca lo había hecho, ni en la escuela porque la trataban de tonta. La valentía de esta mujer, fue un ejemplo para todas.

Al principio, ella traía su libreta y leía su escrito. Su lectura era entrecortada porque no entendía lo que había escrito, pero ella seguía hasta terminar. Eran escritos sencillos, con un lenguaje sincero que dejaban ver una gran sensibilidad aún oculta. Las otras mujeres del grupo la animaban a seguir escribiendo, apoyándola en su empeño y reconociendo su valentía. Con el tiempo apareció otra mujer con su libreta, leyendo su escrito referente a la sesión anterior. Ninguna de las dos valientes mujeres sabía escribir mucho, pero lo que leían llegaba al corazón. Fue así como de a poquito, de la misma manera que se hacen los buenos potajes de las abuelas, las mujeres fueron aportando a la rueda de intimidad verbal, sus sencillos escritos llenos de sabiduría y ternura.

Era tanta la belleza de sus palabras, la sencillez de su contar, la profundidad de su sentir y la ilusión de traer sus libretas y compartir sus escritos que en enero de este año 2020, les propuse hacer un artículo explicando qué es la biodanza, para que la gente que no la conoce pueda saber a través de sus palabras, lo que puede aportarles. Primero se quedaron mudas, calibrando la dimensión de la propuesta; después fueron emergiendo sus dudas, sus miedos, su desconfianza ante el reto propuesto. A medida que compartían sus sentimientos y sensaciones, la ilusión de escribir sobre la Biodanza, fue venciendo las limitaciones aparentes y surgió el deseo de llevarlo a cabo. Lo vamos a hacer por agradecimiento a la Biodanza y lo mucho que nos aporta – dijeron- pero con una condición: el anonimato. No querían que nadie supiera quién había escrito porque “la voz es de todas“, dijeron. Así surgió el nombre de Mujeres jardín, escritoras y poetas del pueblo.

Cada una de ellas se nombra a sí misma como la flor que más le place; así tenemos rosas, jazmín, orquídea, la flor del higo chumbo, violetas, amapolas y geranio. Ellas firman como Mujeres jardín. Yo superviso la ortografía y la gramática y le doy forma de artículo para que Cruz Roja lo publique en su revista y en su blog. Todavía no ha salido publicado el artículo que nació en Enero porque las cosas de palacio van despacio.

La experiencia ha sido tan enriquecedora, que en estos momentos ya contamos con seis mujeres escritoras y poetas en el grupo. Nos hemos propuesto publicar un artículo cada dos meses sobre un tema que surja en las sesiones de Biodanza.

En este mes de febrero, una de las compañeras del grupo murió en tan solo dos semanas. La mujer que se marchó de retorno a la Fuente, estaba tan feliz de haber conocido la Biodanza y a todas las compañeras, que nos dejó con una sonrisa en los labios. La fuimos a visitar varias veces antes de su muerte y la tenemos presente en cada sesión recordando su sonrisa, su elocuencia al hablar, el rostro relajado en la rueda de mecimiento, la ternura de sus abrazos,… Esta experiencia ha hecho que el tema próximo a escribir sea sobre la Muerte: ¿cómo abordamos la muerte? ¿qué papel tiene la muerte en nuestra sociedad, en nuestras vidas?. Las mujeres del grupo tienen entre 74 y 92 años; ellas saben muy bien qué es perder a seres queridos. Cuando comparten su sentir al respecto del tema, emergen palabras de pleno sentido que nos colman el corazón de esperanza, de calidez y sabiduría.

Las Mujeres Jardín son sabias ancianas de la comunidad que ponen palabra a su sentir, un sentir anciano, añejo que ha dejado de tener voz en nuestra sociedad convulsa de soledad y que ahora emerge con serenidad y coraje para recordarnos que la vejez es, en sí misma, sabiduría, experiencia y océanos y mares de ternura donde bañarnos.

Siento una enorme satisfacción y gratitud de acompañar a estas mujeres en este proceso de transformación. Todo esto es gracias a la Biodanza – dicen sonriendo. Entonces pienso en Rolando, cuando meditando sobre el ser humano sintió una profunda nostalgia de amor que le impulsó a diseñar un sistema de integración humana capaz de celebrar la Vida y el placer de vivir, que bautizó con el nombre de Biodanza, la danza de la Vida.