Ondas concéntricas en agua profunda, representando la expansión de la vivencia biocéntrica
Biodanza

La consigna en Biodanza: el arte de nombrar la Vida

En Biodanza, la palabra tiene un propósito claro: recordar que somos la Vida. Este artículo explora la consigna poética como puente esencial capaz de transformar un simple ejercicio en una experiencia profunda, sentida y transformadora. A través de un recorrido por su historia y su metodología, analizamos por qué la palabra es la herramienta clave para que el movimiento pueda convertirse en una verdadera expresión de nuestro ser.


Cada facilitadora[1] de Biodanza tiene su manera particular de consignar los ejercicios. De ello va a depender que las participantes, no sólo entiendan la propuesta, sino que inicien un proceso que puede culminar en una vivencia en la ejecución del ejercicio. No siempre ocurre así. La música y el grupo son detonantes incuestionables en Biodanza, pero hay otros factores que, además de la disponibilidad de la persona participante, van a facilitar que la vivencia sea biocéntrica, no sólo vivencia. De ahí que en Biodanza es necesario hablar de vivencia biocéntrica porque ésta incluye la integración biocéntrica: sensitivo-motora (acción), afectivo-motora (sentimiento de la acción) y límbico-hipotalámica (biología de la vivencia). La vivencia a secas, puede ser integradora o desintegradora y biocéntrica o anti-vida.  

Sabemos que el sistema Biodanza, funciona sí o sí. Su metodología es segura y bien fundamentada en las Ciencias de la Vida, de eso no hay la menor duda; pero hay muchos matices a tener en cuenta para que la excelencia profesional y ética se dé. Uno de ellos es la consigna.

HISTÓRICO DE LAS DEFINICIONES DE BIODANZA

En la etapa de Psicodanza (años 60 y mediados de los 70) Rolando Toro estaba experimentando en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Chile y no existía una definición concluyente. Se hablaba de “comunicación verbal y no verbal” y de “diálogo terapéutico” de manera que la palabra tenía un uso que se acercaba más a la psicoterapia grupal, aunque ya se empezaba a perfilar su función más provocadora.

La palabra del facilitador no debe ser una descripción técnica del ejercicio, sino una provocación semántica. La consigna es el soplo que fecunda el silencio para que la danza deje de ser un movimiento gimnástico y se transforme en una respuesta existencial”. Toro Araneda, Rolando (2008). Biodanza. Santiago de Chile. Editorial Cuarto Propio.

En la década de los 80, en los primeros manuales de formación para las escuelas de Chile, Brasil y Argentina, y en las actas de los primeros congresos internacionales (como el de Fortaleza en 1989), se consolida el Modelo Teórico de Biodanza y la definición del sistema como:

La Biodanza es un sistema de integración humana, de renovación orgánica, reeducación afectiva, y de reaprendizaje de las funciones originarias de la vida, cuya metodología consiste en la inducción de vivencias integradoras mediante la música, el movimiento, la consigna y las situaciones de encuentro en grupo”.[2]

En esa etapa, Toro consideraba que la metodología no podía explicarse sin el factor desencadenante de la palabra o “palabra sentida”. La consigna se consideró como el “estímulo semántico” al servicio de la biología, que propicia la expresión y el movimiento sentido que desencadena la música, y que la facilitadora ofrece antes de cada ejercicio.

A partir de la creación de la International Biocentric Foundation (IBF) y la unificación de programas, la palabra consigna desaparece de la definición oficial de tres erres (renovación, reeducación y reaprendizaje), pero se mantiene como un pilar en el módulo de Metodología. En la definición actual[3], la consigna se ha substituido por canto, respondiendo a la voluntad de Rolando Toro de enfatizar estímulos biológicos directos (música, movimiento, canto). El canto es la expresión sonora de la identidad y tiene un impacto neurofisiológico inmediato que no requiere de la interpretación intelectual.

CONSIGNA Y CONSIGNA POÉTICA EN BIODANZA

En el contexto de un ejercicio de Biodanza, la consigna, además de ser una actividad educativa que instruye, orienta y define qué es lo que se debe realizar, establece el propósito y los pasos a seguir para que el ejercicio de lleve a cabo. Además, la consigna asegura el aprendizaje esperado que, si bien en Biodanza no está sujeto a una expresión concreta ni definitiva, sí alude al proceso de integración biocéntrica que es progresivo, singular y colectivo. Con el tiempo y la práctica regular, la persona iniciante podrá entregarse al movimiento llegando a convertir un simple ejercicio en una experiencia vivencial transformadora.

En Biodanza hay una manera explícita de consignar:

  1. Nombre del ejercicio. Identifica la propuesta.
  2. Modo de realizarlo y demostración.
  3. Fundamentación científica fisiológica: aporta rigor desde la biología y las neurociencias
  4. Abordaje poético y existencial: referenciado en la vida

La consigna poética se define como el núcleo ético y estético que guía el proceso expresivo-creativo como una extensión de la propia fuerza vital. Facilita la capacidad de que el lenguaje humano se referencie en la vida y se vuelva vida, como dice el poeta chileno Vicente Huidobro, iniciador del creativismo: “a la rosa hay que hacerla florecer en el poema”.

La palabra en la consigna poética funciona como un puente vivo entre sentires que se vivencian dentro y fuera y viceversa. La referencia es la Vida de manera que cada palabra pronunciada se convierte en un espejo de la Naturaleza, como imagen y como principio de honestidad esencial. La Naturaleza no engaña: Ella es. De esta manera el individuo puede reconocerse en la Naturaleza y pasar de ser alguien que vive la vida a Ser la Vida.

Cabe destacar la importancia del rigor de la facilitadora al consignar poéticamente para que no se confunda con una expresión filosófica que introduzca conceptos ajenos a la Biodanza. Es fundamental observar con detenimiento el efecto que podemos crear en el individuo si nos embarcamos en conceptos filosóficos, religiosos, metafísicos o místicos que, aun pudiendo ser afines a Biodanza, causen un efecto contraproducente en el proceso de integración del individuo y de la comunidad, ya que no sabemos la historia de las personas que participan en nuestros grupos y talleres; no sabemos cómo puede afectarles algo que para nosotros es inocuo pero que para la historia de la persona que tenemos delante, puede desencadenar una secuencia de recuerdos o memorias que activen un efecto devastador. Debemos asegurarnos de que nuestra referencia poética sea la Naturaleza y la Vida, con su expresión singular y diversa que abarca todas las acciones del ser humano.

EL CONTEXTO COMO INDICADOR POÉTICO

Como facilitadora de Biodanza con 20 años de experiencia, fundamentalmente en el ámbito social, tuve que desarrollar mi propia metodología para conseguir que la consigna fuera la puerta abierta que facilitase la vivencia integrativa biocéntrica.

En el campo social, muy a menudo, los proyectos tienen duración limitada: algunos sólo de 4 sesiones, otros de tres meses, también los hay de varios años; todo depende de la entidad que te contrate o donde facilites como voluntaria. Nada que ver un proyecto de corta duración con otro que dura mínimo un año o más. El caso es que para mí labor como facilitadora de Biodanza en el campo social, tuve que aprender a adaptar la consigna al público que tenía en cada proyecto concreto, a conocer su realidad concreta y su momento existencial, para que el tema central de la tarea a desarrollar tuviera pleno sentido para las personas que participaban del proyecto. Esto generó en mí la capacidad de descubrir el universo vocabular de cada grupo, un concepto de la Educación Biocéntrica, que me ayudó a aprender a identificar las palabras significativas de cada grupo concreto, sus músicas, sus cantos, sus sentires comunitarios, de manera que la cosigna se convierte en una vivencia presente. Entendí que, si bien crear sesiones de Biodanza es en sí una ejecución artesanal, la consigna en Biodanza es el Arte Mayor de la sesión.

De forma orgánica fui aprendiendo que las indicaciones del catálogo de ejercicios me ayudaban a entender el objetivo del ejercicio y los beneficios de su ejecución, así que primero aprendí a describir con claridad y precisión cómo se ejecuta el ejercicio, explicar sencillamente para qué sirve desde una perspectiva biológica y, cómo se cierra la vivencia, sobre todo en grupos de iniciantes o programas sociales donde las personas a menudo no saben lo que es la Biodanza ni lo que propone. Con el tiempo, cuando el proyecto se alargaba y podíamos crear un grupo regular de larga duración, empecé a introducir la consigna poética, la que toca directamente a la existencia, al alma.

Aprendí a concretar lo que quería comunicar, a ser sintética en la expresión sin ser seca o escueta, a usar las palabras justas para decir lo esencial evitando lo superfluo. Aprendí a sosegar mis gestos, a que fueran significativos, a que hablaran por sí mismos; aprendí a mirar a todo el grupo sin distinción, posando la mirada de forma natural a todas y de cada una de las personas, sin invadir ni incidir en nada. La voz se fue modulando, los silencios fueron apareciendo sin miedo ni ansiedad, …  “La conciencia surge de la vivencia” dice Wilhelm Dilthey. Efectivamente es así: fui tomando conciencia de qué significaba la consigna en Biodanza y se convirtió en una vivencia por sí misma. Nunca se repite porque vive en el momento presente.

La vivencia carece de referencias, no es medible ni analiza. No tiene tiempo ni espacio. Tiene una dimensión cenestésica (de placer) y cinestésica (cuerpo). Es subjetiva, orgánica; se combina con la emocionalidad. Para mí la consigna es el azar manifestándose; me explico: puedo tener palabras inspiradoras que me guíen y anotarlas en la sesión para que no me olvide del sentido metafórico del ejercicio, pero en el momento de dar la consigna, será el azar el que actuará, porque el azar no es un juego de suerte: el azar es la expresión de la conexión divina en mí, en el otro y el entorno. Todo en uno. Yo como facilitadora, soy el canal, la mediadora, la que media entre el ejercicio y la posibilidad de ser vivienciado por el otro.

FUNCIÓN DE LA CONSIGNA POÉTICA

Al utilizar un lenguaje poético en la sesión de Biodanza, en la facilitadora se disminuye el control de la corteza central, y permite que la persona participante entre en un estado de mayor receptividad y conexión con sus propias sensaciones corporales. En Biodanza, la consigna poética está relacionada con la cualidad existencial del ejercicio, con el sentido ontológico dentro de la sesión (su modo de ser en el mundo) y su significado de vida (la trascendencia del gesto).  No estoy haciendo un ejercicio, soy el ejercicio. No sólo es una ronda, es la sacralidad del cuidado mutuo. La consigna poética describe visualmente, sentidamente, la complejidad del ser y su relación consigo, la otra y el cosmos, acercándola a su Ser Vida, en lugar de a “alguien viviendo la Vida”.

Biodanza no estimula el pensamiento racional, justamente porque está ultra valorado y explotado, de ahí que, en la parte de la sesión del movimiento vivencial, solo usamos el cuerpo para comunicarnos y la palabra brilla por su ausencia. Esto permite que el individuo que participa de la sesión pueda aprender a identificar su propio lenguaje corporal de manera que sus acciones en la vida estén en consonancia con su propia homeostasis orgánica y en sintonía con la armonía biocósmica.

Nos queda pendiente hablar de la palabra sentida o de pleno sentido en la Rueda de Intimidad Verbal, pero esto será en otro artículo.

Nos mueve el Amor y el Servicio.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • País Muñoz, Ximena. Inducción de la vivencia integradora a través de la consigna. Monografía de titulación como docente de Biodanza, Chile.

[1] Uso el femenino como genérico, relacionado a personas y en según qué contextos, a almas. El uso del masculino es en referencia a seres humanos.

[2] Cabe destacar que en el documento “Biodanza: Fundamentos Teóricos y Metodología” en los primeros seminarios en Brasil y Argentina en 1982, la definición presentaba esta variante: “La Biodanza es una sistema de integración humana, renovación orgánica y rehabilitación de la existencia mediante la inducción de vivencias integradoras…” Posteriormente se cambió rehabilitación (más vinculado al ámbito médico) por reeducación afectiva, más pedagógico

[3] International Biodanza Federation (IBFed) dice: Biodanza es un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida. Su metodología cosiste en inducir vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de las situaciones de encuentro en grupo.

Teoría de Biodanza

Episteme y Transformación: la Raíz de la Línea de Sexualidad en Biodanza

La línea de vivencia de la Sexualidad en Biodanza es, a mi entender, la más desconocida o quizás la más erróneamente interpretada en lo que respecta a la teoría que la sustenta.  Según mi experiencia, la teoría no es precisamente, uno de los fuertes de la formación de Biodanza, ya que ésta se centra en la vivencia. De hecho, el cuerpo epistemológico del sistema Biodanza, pasa de soslayo, a penas como una nota a pie de página o un anexo en el contexto formativo como profesoras y profesores de Biodanza.

El hecho de profundizar en el campo epistémico del sistema Biodanza, nos proporciona a los profesionales biocéntricos, un abanico de información que enriquece nuestra labor con matices sutiles y profundos. La vivencia es integradora y biocéntrica, lo que quiere decir que, además del movimiento, la música y el grupo, también intervienen la comprensión, la reflexión ampliada, la palabra sentida, reeditar creencias que se hicieron verdades a costa de repetición.  

Nuestro compromiso con la Episteme nos permite realizar una Transformación profunda, anclando la vivencia corporal en la comprensión reflexiva. Estudiar la Línea de Sexualidad, nos empuja a desvelar su raíz profunda, y la complejidad ética y teórica de sus pensadores. Para facilitar procesos de integración biocéntricos, hay que estudiar y comprender la Vida.

Episteme y Transformación

Dicho esto, al profundizar en la Línea de Sexualidad de Biodanza, nos encontramos con la evolución del psicoanálisis y las posturas políticas e ideológicas de sus tres grandes protagonistas, Sigmund Freud, Wilhelm Reich y Carl Gustav Jung.  Rolando Toro, con su mirada profundamente biocéntrica, selección y trascendió la Episteme de estos autores, para crear un sistema donde la consigna y la vivencia, con la música, el movimiento y el grupo fueran agentes de reparación de una humanidad perdida en la nostalgia de amor.

Para entender la raíz profunda de nuestra línea de Sexualidad, es crucial desglosar las tres miradas que abordan la libido, punto de partida de la líneas de vivencia de la sexualidad:

  • Para Freud, la libido es la energía de los instintos sexuales (Eros pulsión de vida/sexual) que, al estar en el núcleo de la vida psíquica, puede ser reprimida, transferida o sublimada, causando la neurosis. Es la fuerza ligada a la función sexual, que impulsa el movimiento y la acción, desde el deseo de satisfacción sexual hasta las expresiones más complejas de la cultura (Tanatos pulsión de muerte/agresión).
  • Para Reich, aunque en un principio se mantuvo fiel a la definición sexual de la libido, sus estudios clínicos lo llevaron a afirmar que la libido no es solo una energía psíquica, sino una energía bio-psíquica real que se acumula y descarga en el organismo, principalmente a través del orgasmo completo, preservando así la salud mental y física. La represión de su libre circulación produce la neurosis y otras enfermedades. El enfoque de Reich es estrictamente biológico y somático.
  • Para Jung, la libido deja de ser solo energía sexual y pasa a ser energía psíquica vital inespecífica, o la fuerza que impulsa todos los procesos psíquicos que engloban el metabolismo, la voluntad, la creatividad, etc. El fin último de la libido es la realización del Sí Mismo (individuación), con un enfoque teleológico (orientado a un fin) y energético (energía del universo).

Aquí te presento una tabla que resume las diferencias clave de los tres autores:

ConceptoSigmund FreudWilhelm ReichCarl Jung
NaturalezaEnergía de la pulsión de vida (principalmente sexual)Energía biofísica, orgón (Orgástica)Energía psíquica general (Élan vital)
AlcanceEnfocada en la sexualidad y búsqueda de placerLigada al cuerpo, a la tensión y descarga físicaImpulsa todas las funciones psíquicas y la vida
ObjetivoSatisfacción pulsional entre Eros y TanatosPlena capacidad orgástica y salud biofísicaRealización del Sí mismo (Individuación)

Cuando Reich va desarrollando su praxis clínica, advierte la suma importancia de las bases biológicas en la actividad psíquica y la consecuencias que derivan en una estratificación de lo llamó la coraza caracterológica. Este principio fue tomado por Toro, desarrollando los ejercicios de Biodanza que conocemos como  ejercicios segmentarios, aunque nos son entendidos como segmentos separados, sino como partes de un todo integrado.  

Podríamos seguir desarrollando el tema hacia la bioenergética, pero en esta ocasión, quiero centrarme en un fragmento de la página 137 del capítulo 5. El Desarrollo de la Técnica del análisis del carácter, del libro: La función del orgasmo, Wilhelm Reich. Editorial Paidós, Surcos 39, ítem: La coraza caracterológica y los estratos o capas dinámicos de los mecanismos de defensa. El fragmento que me llamó la atención dice así:

 “Jung generalizó el concepto de libido al punto de hacerle perder completamente su significado de energía sexual. Terminó con un “inconsciente colectivo” y, con éste, en el misticismo que más tarde representó oficialmente como nacionalsocialista”.

Esta crítica rotunda de Reich me llevó a investigar en el inconsciente colectivo (explícitamente marcado con comillas en el fragmento que cito) y su relación con el movimiento nacionalsocialista. Lo que sigue es el fruto de mi investigación. Deseo que la disfrutes.

Del Inconsciente colectivo al Misticismo

Para Jung la relación entre el cuerpo (soma) y la psique no es dualista; se enmarca en un principio de Unidad Psicosomática. Jung dice “el cuerpo es meramente la visibilidad del alma, de la psique; y el alma es la experiencia psicológica del cuerpo”. Cuerpo y psique o energía psíquica (libido) se experimentan como tensión: relajación en el cuerpo o soma, y deseo, emoción o pensamiento como flujo de la libido o psique.

El cuerpo a menudo personifica la Sombra del Yo, o sea, los aspectos rechazados o inconscientes de la personalidad, que son los causantes de enfermedad e instintos perturbados, forzando así a la conciencia a confrontar la realidad instintiva y biológica en pro del Sí mismo o individuación. Jung usa la metáfora de la alquimia para describir el proceso de individuación, aludiendo al cuerpo como recipiente material donde se manifiesta y se integra el cambio psíquico o libidinal.

Como la libido o energía psíquica es vital y para Jung la dualidad no existe, la libido se conecta directamente con los instintos psíquicos, o sea, el inconsciente colectivo (arquetipos del alma o psique) de manera que el cuerpo encarna el arquetipo. Por ejemplo, si en una persona predomina un arquetipo concreto como puede ser el del Héroe, la manera de relacionarse en y con el mundo, está sujeta a las respuestas psíquica instintivas de ese arquetipo concreto. Vale decir que nunca se presentan solos los arquetipos.

Hasta aquí tenemos diferentes abordajes según los autores. El problema surge tras la Segunda Guerra Mundial y el intento de exterminio del pueblo judío.

La evolución de la psicología Analítica tras la guerra

Ante la catástrofe colectiva y para dar respuesta al horror vivido, Jung introduce el concepto de Sombra colectiva, la que encarna la suma de toda maldad, crueldad irracionalidad y los instintos destructivos que son inherentes a una cultura. Esta sombra colectiva se proyecta y es la fuente de la “mentalidad de masas”.

En los ensayos y artículos posguerra de Jung, el autor argumenta que las atrocidades masivas son el resultado de la proyección no reconocida de la Sombra Colectiva, de manera que si el individuo niega su potencial para lo que denominamos mal, esta energía psíquica se acumula en el inconsciente colectivo hasta que un líder o una ideología, la usa, la organiza y la dirige, tal y como hizo Hitler, a quien Jung consideraba poseído por el arquetipo Wotan.

En esa época, Sigmund Freud, que era judío, terminó exiliándose forzosamente en Londres, ya que los nazis quemaron públicamente sus libros por considerar el psicoanálisis una “ciencia judía” y “pervertida”. A Wilhelm Reich, también judío, lo expulsaron del círculo psicoanalítico y también del movimiento marxista, por argumentar que el fascismo no sólo podía explicarse por la economía de Marx, sino por la represión sexual inculcada en la familia, que hacía que las masas fueran psicológicamente sumisas a un líder. Reich promocionaba el sexo prematrimonial, el control de la natalidad y el aborto. La represión política y la ideológica, forzaron a Reich a huir de Alemania a Estados Unidos, tras la subido al poder de Hitler.  

A diferencia de Freud y Reich, Jung era suizo, y afín a la mística de la Alquimia, el I Ching, la gnosis y los mitos. Su visión psicoanalítica convirtió el nacionalsocialismo en un movimiento de masas místico que, más allá de ser un programa político, encarnaba los mitos germánicos ancestrales y un destino colectivo de sangre y posesión de la tierra, que culminó en su ensayo Wotan (1936) donde describe el nazismo como una fuerza divina e irracional que había poseído al pueblo alemán. Aunque su intención pudiera ser meramente descriptiva, esta visión mitológica del nazismo, lo inhibe de su base política, social y material, donde la represión de la sexualidad, la crisis económica y la estructura de poder eran defendidas en el análisis de Reich.

Jung argumentaba que el alma alemana, dormida y reprimida por siglos de racionalismo cristiano, había sido repentinamente poseída por el arquetipo del antiguo dios germano Wotan (Odin), el dios de la furia, el éxtasis, la guerra y el frenesí. En este sentido, al mitologizar el fenómeno nazi, Jung lo convirtió en una fatalidad arquetípica, en un fenómeno místico e instintivo impulsado por el arquetipo germano.

Dos años antes (entre 1933 y 1934) Jung publicó en la revista de la Sociedad de la Psicoterapia) varios artículos controvertidos, en los que Jung diferenciaba la psicología alemana de la judía. Uno de los artículos más significativos fue “Sobre la situación actual de la psicoterapia” donde hizo una distinción explícita que dice:

“El inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío […]. A mi juicio, la actual psicología médica ha cometido una grave error al aplicar indiscriminadamente categorías, que ni siquiera son válidas para todos los judíos, a los germanos cristianos o eslavos”.

Jung sugería que el psicoanálisis de Freud solo es adecuado para la “psique judía”, supuestamente carente de la profundidad mítica y de los arquetipos germánicos. Defendió que la psique aria estaba regida por fuerzas arcaicas y telúricas que la psicología freudiana, al ser demasiado centrada en lo personal y sexual, no podía comprender.

La consecuencia de sus afirmaciones, al establecer esta distinción, dio una base teórica a la idea nazi de la “supremacía del alma alemana” y a la necesidad de una psicoterapia nacionalsocialista que se ajustara a los arquetipos de la raza aria.

En esta misma etapa (1933) justo cuando Hitler llegó al poder, la rama alemana de Sociedad General Médica Internacional de Psicoterapia, adoptó la ideología nazi, y excluyó a los miembros judíos. Con la ausencia de Freud y los psicoterapeutas judíos expulsados, le propusieron a Jung asumir la presidencia de dicha Sociedad, a lo que Jung asintió con la justificación de que esto permitiría mantener la organización “internacional” como refugio o al menos mantener lazos con los psicoterapeutas no arios (principalmente judíos) que habían sido expulsados de la rama alemana. Sin embargo, el consenso histórico y crítico afirma que Jung no logró que la Sociedad actuara como un refugio efectivo.

Al aceptar la presidencia del organismo oficial con una clara alineación con la ideología nazi, Jung legitimó indirectamente la purga que se estaba llevando a cabo en Alemania.

Sus críticos, entre ellos Reich, le recriminan este enfoque que despolitiza y absuelve la responsabilidad individual y social de los alemanes, no como nación, sino como humanos, al atribuir sus acciones a un “dios enloquecido”, en lugar de buscar causas materiales y soluciones prácticas.  

El resultado de la gestión de Jung como presidente de la Sociedad fue que no proporcionó una red de seguridad ni una estructura de apoyo para las carreras de los psicoterapeutas no-arios ni sus vidas, y las publicaciones de Jung fueron teóricamente marginadas como base pseudocientífica para la exclusión del psicoanálisis freudiana (etiquetado como judío). Ante el fracaso de su supuesta misión de refugio, Jung renunció a la presidencia en 1939, al estallar la guerra.

Jung siempre negó haber sido nazi, alegando que sus distinciones eran puramente culturales y que su presidencia internacional era para proteger a los colegas, con la intención de mantener la psiquiatría internacional viva, pero su ejecución y retórica no lo consiguieron: nunca utilizó su púlpito en la Sociedad para condenar públicamente la persecución o el antisemitismo, y los artículos que publicó en esa época de su presidencia, fueron considerados por la comunidad internacional como un oportunismo profesional, usando su rol como el de alguien que se acomodaba a la situación para beneficio de su propia escuela y pensamiento.

El sentido de la Transformación

Con todo lo descrito, puedo comprender la dura crítica de Reich, pero más allá de los conflictos, lo que realmente me conmueve es la inmensa capacidad de Rolando Toro de integrar esta compleja Episteme del pensamiento de Reich y de Jung, trascendiendo las “sombras” ideológicas para percibir la grandeza de los aportes de ambos autores y recrear la magnificencia del ser humano, en un sistema de integración humana que trasciende culturas, civilización, creencias, dogmas, mitos.

Retrato de Rolando Toro, fundador de Biodanza, reflejando su filosofía sobre la transformación y la vivencia de la sexualidad.

Al profundizar en la Línea de vivencia de la Sexualidad, las personas profesionales de Biodanza podemos catalizar una Transformación real que es, en esencia, reeducación afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de las funciones originarias de vida.

Teoría de Biodanza

La Sinfonía de Convergencia Biocéntrica: El Amor, la Consciencia y la Evolución en Teilhard, Toro y Faggin


Me gusta leer, me apasionan las palabras. Mejor dicho, las amo, así que no me canso de encontrar convergencias que me llevan al eje central que mueve mi existencia: el principio biocéntrico. Deseo que este artículo sea inspirador para tí.

1. Hacia un paradigma unificado de la consciencia
Uno de los autores que conforman el cuerpo epistémico de Biodanza y Educación Biocéntrica, cuya base es el principio biocéntrico, es Pierre Teilhard de Chardin. Rolando Toro bebió de su fuente, como la de otros muchos autores, para ir configurando la Biodanza como un sistema de integración humana fundamentada en las ciencias de la vida. Ese era su interés genuino, hacer que Biodanza ocupara un lugar en el vasto mundo del conocimiento de la Vida al servicio de la Vida y con la Vida. Y lo consiguió, junto a un extenso equipo de personas que colaboraron con él para cumplir ese objetivo común, aportando sus conocimientos en distintas áreas.

Rolando tenía la capacidad de reunir conocimientos aparentemente dispares entre sí, centrarlos en el eje común del principio biocéntrico y adaptarlos a una metodología que fue creándose paso a paso sustentada por su propio modelo teórico que recoge el proceso completo de la integración humana.

En la teoría de Biodanza no se nombra a Federico Faggin. Quizás no era conocido para Rolando, más para mí es uno de los autores contemporáneos más lúcidos cuando hablamos de consciencia. Así que me he decidido escribir sobre un punto de convergencia fundamental entre estas tres visiones del universo: la teología evolutiva de Pierre Teilhard de Chardin, la teoría de la Biodanza de Rolando Toro y la filosofía de la consciencia de Federico Faggin.

Desde la perspectiva de una investigadora biocéntrica, el propósito de este análisis es ir más allá de identificar coincidencias, y mostrar cómo estas ideas, originadas en la ciencia, la espiritualidad y la psicología, se entrelazan para validar un paradigma unificado: aquel en el que la vida es más que un epifenómeno; es el centro del cosmos, y la consciencia su propiedad más fundamental.

Al situar el Principio Biocéntrico como la tesis unificadora, podemos afirmar que el universo existe precisamente porque existe la Vida, y no a la inversa, en contraste radical con el mecanicismo y el materialismo clásico. A través de esta mirada, pretendo examinar cómo cada uno de estos pensadores, desde sus respectivos campos, llegan a una conclusión similar sobre la naturaleza de la evolución, la consciencia y, de manera crucial, como el papel del Amor es el motor universal de la integración humana.

2. El universo como proceso de cefalización. La visión de Pierre Teilhard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin, a través de su visión interdisciplinar cosmológica, propuso una teoría de la evolución que trasciende el determinismo darwinista. Para él, la historia del cosmos va más allá de un proceso ciego y aleatorio; es en sí un movimiento dinámico y con propósito, que se despliega a través de tres grandes umbrales: la cosmogénesis (el surgimiento del mundo mineral e inorgánico), la biogénesis (la aparición de la vida orgánica) y la antropogénesis (el nacimiento del pensamiento en los humanos).

Este proceso evolutivo se caracteriza por una creciente «centricidad o consciencia» en los seres vivientes de manera que, a medida que la evolución avanza, se produce una «cefalización» o desarrollo de un sistema nervioso más complejo, y una «cerebración» o un cerebro más complejo, que llega a su expresión máxima con la aparición del ser humano. En este punto de inflexión, por primera vez según el autor, la evolución adquiere la capacidad de reflexionar sobre sí misma. La visión de Chardin establece un marco en el que la evolución es un proceso biológico y complejo, que tiene un camino: hacia una mayor complejidad, consciencia y espiritualidad.

2.1. La Noosfera y el Punto Omega: La Convergencia Final

Para Chardin, este camino de evolución puede ser descrito en los conceptos que él denomina como Noosfera y Punto Omega. La Noosfera es la «esfera del pensamiento«, o sea, la capa de consciencia colectiva que envuelve el planeta que va emergiendo de la Biosfera amedida que la humanidad se une a una consciencia ampliada y superior través de la comunicación y el entendimiento mutuo. Metafóricamente podríamos verlo como las diferentes “capas” de irradiaciones del campo energético que rodea la Tierra.

El movimiento que impulsa esta convergencia consciente colectiva es fruto de la atracción del Punto Omega, definido como un «foco cósmico personalizante de unificación y de unión». Nos vamos a detener en esta definición para entender su dimensión:

  • El Punto Omega siendo en sí mismo el resultado final de la evolución, no se trata de un punto físico en el espacio. Existe preexistiendo, o sea, posee la característica de estar ya «existente» y se “concretiza”, si podemos decirlo así, como fuerza tractora, como un agujero negro que absorbe y atrae hacia otros estados. En el caso del Punto Omega, Chardin aboga al camino de la evolución cósmica hacia estados superiores de consciencia.
  • Personalizante en el sentido de que, dado que el Punto Omega es el objetivo final del proceso evolutivo, tiene que ser personal por naturaleza, ya que actúa como centro unificador y divino del universo. Para Chardin esa personalización es identificada con Cristo, no como hombre, sino como consciencia crística, un estado puro, cristalino de consciencia.
  • Unificación y unión son el proceso dinámico de integración de la materia inorgánica a la vida y finalmente a la consciencia reflexiva o espíritu, guiados por la fuerza tractora y unificadora del Punto Omega como centro cósmico y personal, impulsados por la energía unificadora del Amor.

2.2. El Amor como energía radial, la sangre de la evolución

Para Chardin, la fuerza directriz de la evolución es una energía que no puede ser explicada por la física clásica. El autor distingue entre la energía tangencial, que es la fuerza física y medible, y la energía radial, que es la fuerza de atracción hacia una mayor centricidad y consciencia. Chardin identifica sin lugar a dudas, la energía radial con el Amor: una fuerza que emana del Punto Omega y atrae a todas las cosas hacia sí, produciendo seres cada vez más conscientes. En ese sentido y como anécdota, recuerdo que mi mama (tendría 91 años en 2025) decía que antes, en su época, lo bebes nacían con los ojos cerrados y ya sus nietos no. ¡Qué decir de mis nietos!

El Amor, en este contexto que propone Chardin, no se limita al sentimiento humano, cambiante, efímero y caprichoso; es una reserva sagrada de energía, que describe como «el torrente sanguíneo mismo de la evolución espiritual». En sus formas más primitivas, el Amor se manifiesta como fuerza molecular, que a lo largo del proceso evolutivo, se identificará con funciones mucho más complejas, como las reproductivas.

Con la aparición de la consciencia reflexiva en el ser humano, el Amor se eleva a un nuevo nivel. Chardin lo analiza en un modelo tripartito: el amor sexual (deseo exclusivo de fusión creativa con el otro), el sentido humano (el amor que se extiende más allá del par, y se manifiesta en la amistad y el sentido de la pertenencia y unidad global) y, finalmente, el sentido cósmico, que según Chardin es la etapa más elevada y la afinidad profunda con la totalidad que nos envuelve. Fundamentalmente, el sentido cósmico es el Amor de Omega, el centro de los centros, hacia el cual converge toda la evolución universal.

Para Chardin, la materia y el espíritu no son dos sustancias separadas, sino «dos estados o dos rostros de una misma Trama cósmica». El Amor, al ser la energía radial que opera en todos los niveles, desde lo molecular hasta lo reflexivo, es la fuerza que unifica estos dos estados (espíritu y materia) de manera que la evolución en sí misma es un proceso en el que la consciencia se desarrolla y adquiere complejidad en la medida que avanza el universo.

Así es como Chardin demuestra que la evolución no puede ser solo un proceso físico, sino una manifestación progresiva del espíritu a través de la materia, siendo el espíritu la consciencia y la interioridad de la realidad, y su manifestación a lo largo de la evolución es el propósito del universo.

3. El Principio Biocéntrico y la Vivencia: La Teoría de Rolando Toro

3.1. Fundamentos de la Biodanza y el Principio Biocéntrico

La teoría de Rolando Toro Araneda[3] se basa en el Principio Biocéntrico, que propone que el universo existe porque existe la vida, y no al contrario, como hemos apuntado al principio del artículo. Biodanza se define como un sistema de «integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida». En el corazón de la teoría anida el concepto del Inconsciente Vital, la fuerza que emana del «psiquismo celular» y genera el impulso innato de vivir.

Esta visión revoluciona el paradigma mecanicista, que considera la vida como una casualidad en un universo inerte. Al igual que Chardin, Toro postula un universo en el que la vida tiene un lugar central y un propósito inherente. El Inconsciente Vital es el equivalente de la «fuerza directriz» de Chardin: un psiquismo celular o la memoria cósmica inscrita en las células, que más allá del pensamiento consciente, moviliza los potenciales genéticos de cada ser vivo en pro de la armonía orgánica como expresión de la Vida. Este proceso culmina en el inconsciente numinoso como estrato más profundo y sublime del ser, directamente vinculado a la liberación de la naturaleza esencial del ser humano, contrarrestando la cultura que tiene a hacerlo insignificante.

3.2. El rol central de la vivencia

La metodología de la Biodanza se fundamenta en la vivencia, un concepto clave que la distingue de otras prácticas y metodologías, pero cuando hablamos de vivencia en Biodanza, no es una vivencia cualquiera; es una vivencia biocéntrica. Toro la define como una experiencia subjetiva que integra al ser en su totalidad. Esta definición transciende el conocimiento conceptual de vivencia como “momento vivido” para convertirse en un estado del ser que unifica la experimenta vivida a través del cuerpo, el movimiento y el encuentro con el otro.

Toro afirma que «no hay cambio sin conciencia, pero tampoco hay un cambio real sin la vivencia«. Esta afirmación establece una relación causal y recíproca entre la consciencia y la experiencia: la vivencia [biocéntrica], como la experiencia de sentir y de ser, es la condición indispensable para un cambio profundo y la integración personal. Es a través de la experiencia directa que se logra acceder al Inconsciente Vital, donde se manifiestan el deseo de vivir y el amor como un «estado de ser». Esta idea encuentra una resonancia en las reflexiones de Federico Faggin, quien también enfatiza la experiencia subjetiva como el «flujo de sentido» que diferencia la vida de los procesos meramente algorítmicos.

3.3. El Amor como un estado de ser y fuerza cósmica

Para Rolando Toro, el Amor es el núcleo que organiza la existencia humana. El Amor más allá del sentimiento, trasciende las relaciones amorosas para abarcar la conexión con la humanidad y el cosmos, siendo en sí mismo un «estado» que se contrapone directamente a la defensa del ego. El Amor es concebido como un «atractor del caos existencial» hacia el orden cósmico y una «forma de integración al infinito». Desde el principio biocéntrico postulado por Rolando Toro, el Amor es comprendido como la conciencia plena de estar vivo aquí y ahora. No es poca cosa, en este mundo de inmediatez y predominio del individualismo extremo.

La teoría de Biodanza articula este fuerza organizadora llamada Amor (resonando con la propuesta de Teilhard de Chardin) a través de sus cinco líneas de vivencia o expresiones del ser humano: Vitalidad, Sexualidad, Creatividad, Afectividad y Trascendencia. Cada una de las líneas que acompañan el proceso de integración humana, es una expresión del Amor y un camino hacia la integración total del ser, de ahí que Toro enfatice que, para recibir amor, primero hay que darlo como una danza activa y transformadora que, al ser ejercitada, genera la vitalidad y la integración que hacen posible que “la vida camine”. Este caminar viviente sucede con la corporeidad vivida: el contacto, los gestos, la piel, la mirada que nos conecta como seres vivos en proceso de vivir, superando el individualismo y el miedo, para abrazar una existencia basada en la conexión con una misma, con la otra persona y con todo lo que nos rodea (visible e invisible).

4. La consciencia como propiedad fundamental: El legado de Federico Faggin

4.1. Del Microprocesador a la Consciencia Irreducible

Federico Faggin[4], el inventor del primer microprocesador, hizo una transición radical del mundo de la ingeniería a la exploración de la consciencia. Su vida de éxito según el paradigma antropocéntrico materialista, no lo llevó a lo que él consideraba felicidad. Inició una búsqueda de sentido que lo llevó a la exploración de la consciencia. Su conclusión fundamental es que la consciencia no es un subproducto del cerebro o un mero proceso algorítmico, sino una «propiedad fundamental» e «irreducible de la naturaleza».

Faggin, como Chardin y Toro, propone un “monismo” en el que la materia no está separada del espíritu. Más bien, la materia es la «expresión estructurada» o el «rostro visible» del espíritu, y el universo es un campo consciente. Esta perspectiva, emergente de su profundo estudio de la física cuántica, que a lo largo de su carrera ha sido y es uno de sus pilares fundamentales ya que le proporciona una validación científica para su visión holística del universo, donde la consciencia precede a la materia y es su base intrínseca. Para Faggin, lo que la física cuántica ha revelado como información inmaterial, es en realidad la consciencia.

4.2. La Consciencia, la Vivencia y el «Flujo de Sentido»

Una distinción clave en la teoría de Faggin es la que existe entre la información (objetiva, sin significado) y la consciencia (la cual da significado a través del sentir y la experiencia). En estos tiempos donde el transhumanismo parece ganar adeptos, Faggin sostiene que la inteligencia artificial no puede ser verdaderamente consciente o autónoma porque carece de la capacidad de sentir. Un robot puede procesar datos sobre una rosa, pero no puede sentir su aroma, por ejemplo.

Esta distinción es de naturaleza ontológica. La vivencia, como la cualidad interna de sentir y ser, es el factor que define a un ser vivo, con un propósito y una interioridad, y es lo que nos diferencia de una máquina o un «zombie que actúa sin propósito mayor». El trabajo de Faggin culmina en su Modelo CIP (Consciousness Integrated Processor), que busca integrar la lógica con la experiencia subjetiva, la intuición y las emociones. En este modelo, un árbol no «procesa» la luz del sol, sino que «experimenta» el proceso de crecer, y una mariposa no «ejecuta un programa» para volar, sino que «vivencia» su movimiento. Esta visión, a mi entender, coincide con la vivencia biocéntrica de Biodanza y Educación Biocéntrica como fundamento científico.

4.3. El Amor como Sustancia Primordial y el Origen de la Teoría

La génesis de la teoría de la consciencia de Faggin se encuentra en una experiencia espiritual personal, como he dicho antes. En un momento de revelación, él sintió una «oleada de energía poderosa» que emergía de su pecho. Esta energía era Amor, pero un amor en mayúsculas, «tan intenso y tan increíblemente gratificante que superaba cualquier noción que había tenido antes». En ese instante, comprendió que esta energía era la «sustancia de la que todo lo que existe está hecho», y que era esta sustancia la que había «creado el universo» a partir de sí misma.

Esta experiencia personal de Amor fue el dato primario que la ciencia materialista no podía explicar. A partir de este evento, Faggin se dedicó a construir una teoría que sí pudiera hacerlo. Esto demuestra que la interioridad y la vivencia personal, que son la base de la Biodanza, no son solo un fin en sí mismas, sino que pueden ser la fuente de un conocimiento radicalmente nuevo sobre la realidad, un conocimiento que une la física y la espiritualidad.

5. Sinfonía de Convergencia: Un Análisis Comparativo de Coincidencias

5.1. Tabla Comparativa de Coincidencias Clave

La siguiente tabla sintetiza las profundas coincidencias que emergen de las obras de Pierre Teilhard de Chardin, Rolando Toro y Federico Faggin.

PensadorVisión del UniversoMotor de la EvoluciónNaturaleza de la ConscienciaRol del AmorLema Clave
Teilhard de ChardinUn cosmos viviente, en constante evolución. Materia y Espíritu son dos caras de una misma realidad.La energía radial, la fuerza de atracción del Punto Omega que guía la evolución hacia una mayor consciencia y complejidad.Una «centricidad creciente» que emerge de la materia. Es el fin y la causa del proceso evolutivo.La energía radial. La «sangre de la evolución espiritual». La fuerza que unifica y atrae hacia el Punto Omega.«El amor es la más universal, formidable y misteriosa de las energías cósmicas.»
Rolando ToroUn «sistema vivo prodigioso» donde la vida es el centro del cosmos y no un subproducto.El Inconsciente Vital, el «deseo de vivir» que proviene del psiquismo celular y moviliza los potenciales genéticos.La capacidad de sentir y ser, accesible a través de la vivencia, que es la esencia del ser humano.Un «estado de ser» y un «atractor del caos». Una fuerza de integración al infinito, expresada en las cinco líneas de vivencia.«El ser humano sufre de nostalgia de Amor.»
Federico FagginUn «campo consciente» del que la materia es su expresión. Un universo que se busca conocer a sí mismo a través de nosotros.La evolución de la consciencia y los sistemas físicos de manera simultánea. El universo evoluciona para conocerse a sí mismo.Una propiedad «fundamental» e «irreducible de la naturaleza», que se manifiesta como el sentir y la vivencia.La «sustancia de la que todo lo que existe está hecho». El origen de la realidad que se revela en la experiencia subjetiva.«La consciencia es la base misma de la realidad.»

5.2. Convergencias Temáticas

A pesar de sus diferentes orígenes, los tres pensadores convergen en puntos temáticos cruciales:

  • Un Universo Unificado y Viviente: Los tres rechazan el dualismo cartesiano y la visión del universo como una máquina inerte. Chardin ve la materia y el espíritu como «dos caras» de un solo proceso, Toro postula un universo como un «prodigioso sistema vivo» que existe gracias a la vida, y Faggin propone que la materia es la «expresión estructurada» de un campo consciente.
  • Evolución con Propósito: Todos postulan que la evolución no es un proceso aleatorio. Para Chardin, es un camino dirigido por la atracción del Punto Omega hacia la noosfera y el ultra-humano. Para Toro, es un camino hacia la «integración humana» y la evolución de la especie a través de las vivencias integradoras. Para Faggin, la consciencia y los sistemas físicos evolucionan «a la vez», con el propósito de que el universo se «conozca a sí mismo a través de nosotros».
  • La Consciencia como Base, No Subproducto: Los tres coinciden en que la consciencia es una propiedad intrínseca, no un epifenómeno. Chardin habla de una «centricidad creciente» como fuerza de la evolución. Toro describe el Inconsciente Vital como el «psiquismo celular». Faggin concluye que la consciencia es una propiedad «fundamental» e «irreducible de la naturaleza».

5.3. El Amor: El hilo conductor del universo

Para mí, este es el punto culminante de la convergencia: Chardin, Toro y Faggin describen el Amor como la fuerza causal universal. La «energía radial» de Chardin, el «atractor» de Toro, y la «sustancia primordial» de Faggin son, de hecho, la misma fuerza. Es la fuerza de unión que actúa como la causa de la evolución cósmica (Chardin), la causa de la integración humana (Toro) y la causa de la propia existencia (Faggin). El Amor es el principio de la unificación en acción, el motor intrínseco de la realidad que busca la conexión y la complejidad a través de la consciencia. Es una fuerza cósmica que se experimenta en la intimidad de la vivencia personal.

6. Síntesis Final: Hacia un Paradigma Biocéntrico Integral

6.1. La Validación de la Visión Biocéntrica

Las coincidencias en los conceptos de consciencia, evolución y del Amor en estos tres pensadores, validan de forma profunda el Principio Biocéntrico de Rolando Toro. El análisis demuestra que el biocentrismo es un paradigma que encuentra eco en la vanguardia de la teología evolutiva del siglo XX y en la física cuántica del siglo XXI. El universo es un vasto proceso vivo, consciente y amoroso. El trabajo de Faggin, a mi entender particular, proporciona una base científica profundamente biocéntrica: la Vida y la Consciencia son la esencia de todo.

6.2. Implicaciones para el Futuro

La convergencia de estas visiones tiene profundas implicaciones para la humanidad. En una era de creciente externalización de la inteligencia y la consciencia a través de la tecnología, como advierte Faggin, es urgente reconectar con la consciencia que nos hace humanos y parte de la vida.

La integración de la ciencia objetiva con la vivencia subjetiva es indispensable para una comprensión completa de la realidad. El Amor, más allá de ser una emoción, emerge como la energía que permite la evolución y facilita el camino hacia la transcendencia, liberándonos del miedo y del egocentrismo. La tecnología, bien utilizada, puede servir como un apoyo para acelerar nuestra evolución inevitable, pero la elección de no convertirnos en esclavas y esclavos depende únicamente de cada individuo.

En última instancia, Chardin, Toro y Faggin, a mi entender, nos invitan a un camino de transformación individual y colectiva, a un reencuentro con el ser que somos, y a una comprensión del universo como un todo vivo, consciente y amoroso. Su mensaje conjunto nos llama a ser participantes activos en el proceso de evolución cósmica, cultivando la consciencia y el Amor como la fuerza tractora del Universo.

Bibliografía consultada


[2] Pierre Theilard de Chardin (1881-1955), sacerdote jesuita, paleontólogo y filósofo francés.

[3] Rolando Toro (1924-2010), educador, psicólogo, antropólogo y poeta chileno.

[4] Federico Faggin (1941, Vicenza, Italia) Ingeniero eléctrico y físico.

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Biodanza

La Alegría de Vivir: Reflexiones de Biodanza

Cuando me formé como facilitadora de Biodanza y estudiamos su definición oficial, además de lo que conocemos como las “tres erres”: Reeducación afectiva, Renovación orgánica y Reaprendizaje de las funciones originarias de vida, también aprendimos algo, muy pero que muy interesante, que me ha cautivado durante todos estos años. Se trata de lo que Rolando llamaba “la intensa sensación de sentirse viva-vivo” y “la alegría de vivir”.

Yo nunca me había planteado «sentirme viva», ni tan siquiera, sentir «la alegría de vivir».  Sí es verdad que había sentido momentos extraordinarios de alegría, de gozo, pero ¿sentirme viva? Alguna vez ya he hablado de eso, pero hoy quiero hablarte justamente de la profundidad de esta simple frase y del significado que ha adquirido en mi manera de entender y de vivir la vida a lo largo de todos estos años.

Cuando hablamos de alegría, casi de forma automática solemos pensar en alguien sonriendo o riendo a carcajadas, en una fiesta, colores vivos, sol, verano, quizás una tarta de cumpleaños, recibir un regalo esperado, …

pero «la alegría de vivir», la «intensa sensación de sentirnos vivas y vivos» que propone Rolando Toro, va mucho más allá, según mi entender.

Para mí, descubrir qué es sentirme viva, ha sido un proceso personal de largo recorrido, que lo he vivido, casi podría decir, de manera inconsciente hasta que me he dado cuenta de lo mucho que tiene que ver con el principio biocéntrico y con la propuesta de Biodanza. Pero no con la Biodanza que estimula la alegría pasajera o temporal, a partir de una curva metodológica sesgada en detrimento de la euforia y la expansión; no. Para mí, esa Biodanza que cada vez abunda más por doquier, es una Biodanza que tiene los días contados, porque no se puede sostener algo que se pretende que crezca y crezca y se expanda y siga expandiéndose, puesto que la Vida es ritmo, es danza, es un pulso constante de expansión-contracción, de luz-sombra, ying-yang… donde la identidad se expresa y se recoge, se cuida y se impulsa. Así lo aprendí de la mano de mis maestros Silvia Eick, Luis Octavio Pimentel, Ruth Cavalcante, Cézar Wagner, Ismenia Reis, y así lo vivo yo misma en todos los aspectos de mi vida.

En estos tiempos convulsos, donde el miedo a vivir viene con la intención de quedarse, parece que lo único que nos puede sacar de esta tendencia a la muerte, es el «subidón», la euforia, la vitalidad extrema, la expansión del ser, la masificación de ceremonias orgiásticas donde el éxtasis vivido deja sin aliento para luego sumergirse en una profundidad inmensa, y salir después de esta especie de «trance hipnótico» con un aturdimiento que se parece más al efecto de una droga de síntesis que a la integración de un proceso donde el objetivo y la causa primordial es descubrirse la Vida misma, o sea, Yo Soy Vida, y no un «yo» viviendo lo que creemos que es el vivir. Hay una gran diferencia, y no sólo es de percepción.

La Biodanza de hoy se ha vuelto demasiado ruidosa, y me pregunto ¿por qué?, ¿por qué será?

Cuando hablamos de biocentrismo estamos hablando de la evolución en el pensamiento y en la manera de concebir la vida, en el intento desesperado de entenderla. Desde una visión histórica, el ser humano busca incansablemente comprender la vida, explicarla, ¿qué sentido tiene? ¿qué propósito persigue el vivir? son las preguntas que vienen repitiéndose desde quién sabe cuándo. Pero esas cuestiones sólo son fruto de la “inmadurez juvenil” o la “locura juvenil”, como dice el hexagrama 4 del I Ching, haciendo referencia a esa fuerza triunfal juvenil que quiere crecer y comerse el mundo, como si no existiera un mañana. Y que conste que este pensar crítico no está exento de amor.

La mente quiere respuestas, pero las respuestas no van a venir por ese camino. Vendrá con la vivencia de tomarnos el receso necesario para contemplar cómo hace la Vida en su vivir viviendo. Sólo si me tomo el tiempo y el espacio suficiente para sentirLa, voy a encontrar la respuesta; de hecho la única respuesta: el retorno, el regreso al hogar del que paradójicamente nunca hemos partido; ese lugar que sin ser un sitio lo abarca todo incluyéndome. Es difícil de explicar con palabras, o con las nuestras, las de hoy, que han perdido mucha de su alma.

¿Y qué tiene que ver todo esto con «la alegría de vivir»? Pues que existe una alegría perdurable que no es ruidosa, ni tan siquiera musical. Es la alegría que no tiene nombre ni puede ser nombrada, es la música y el silencio al mismo tiempo, es el canto del pájaro y la brisa de la mañana, el rocío de la noche de San Juan, el sudor y el jadeo rítmico y meloso de una madrugada de intenso amor sexual; es el llanto de un niño y la sonrisa de un anciano, ambos exentos de intención; es el Sol sin saber que nos da la vida, y la Luna sin conocer el porqué de su reflejo plateado en el mar; es mi cuerpo que en Biodanza llamamos corporeidad porque adoptamos la palabra de Merleau-Ponty en su verbo inspirado, pero al fin y al cabo, cuerpo libre de literatura e intelecto. Y es en él, en el cuerpo, en el mio cuerpo, en el tuyo, en el de cada quien, donde todo, absolutamente todo ocurre.

¿Sabes que el cuerpo sonríe? ¿que las células sonríen?, ¿que los órganos responden sonriendo cuando sonreímos? ¿sabes que las plantas de tu casa, las que cuidas en sus macetas, pueden saludarte visiblemente como respuesta a tu alegría sincera? ¿que tu mano confiada puede rescatar de la desesperación a un ser [persona o animal] enloquecido por el terror? ¿que tu mirada puede salvar una vida? Sí. Ese es nuestro cuerpo sonriendo, aunque tu no lo percibas. No necesita ruido ni fiestas para estar alegre; apenas solo necesita que te des cuenta que estás viva. Pero eso no es tan fácil, porque nos han confundido con palabras engañosas, con significados originales tergiversados de manera que, lo que creemos que es vivir o estar vivas, es apenas un morir lento y agonizante, o con suerte, un sobrevivir.

Recuerdo sonrisas postizas en Biodanza, caras visiblemente alegres, manteniendo un rictus sonriente y sin cuerpo, que es lo mismo que decir sin alma. Claro que no es siempre así ¡faltaría más! Pero, cada vez hay más de este juego falso e irónico, donde cualquiera puede facilitar Biodanza solo porque tiene un papel que así lo atestigua.

Pues no; rotundamente no: cualquiera no puede o no debería facilitar Biodanza. No basta con una monografía que cuenta tu proceso personal, y todos nos aplauden. Sin menospreciar los sentires de cada quien, las tesis de deberían ser rigurosas y mantener la propuesta original de aportar un tema inédito, una investigación, una visión que sume, y además añadir pruebas de autoevaluación individual y comunitaria donde la persona candidata a facilitadora pudiera estar cinco minutos sonriéndose a sí misma, a su cuerpo, a sus vísceras, a la vida que la habita; o atestiguar sinceramente si en verdad puede tomar decisiones correctas sin consultar a un sabio; o estar en silencio diez minutos escuchando su vacío interior más allá del ruido de su mente; o mirar sin intención como hace un niño, un anciano o un loco. ¿Cuántos pasaríamos estas pruebas? Muy pocos; pero en verdad serían los necesarios para que la “alegría de vivir” no estuviera en venta.

Amor y Servicio

Educación Biocéntrica

Significado del Tiempo en la Vida y el Arte

Uno de los aprendizajes que me regaló mi perro-lobo Rocablanca, en su último viaje, fue la vivencia de Tiempo; ese factor sincronizador o asincrónico que tanta tarea acarrea, porque una cosa es vivir en Cronos, la otra es vivir en Kairós, y la tercera (para mí la más importante) es vivir entre Kairós y Cronos, o sea, en el entremedio, y no morir en el intento.

Ese «entre dos» cuando hablamos del factor tiempo, los griegos antiguos lo llamaron Aión, el tiempo eterno, el que no tiene ni principio ni fin, representado numéricamente por el 8, la resonancia del Infinito, el paquete de información que nos habla de la eternidad, de la inmortalidad, del no-tiempo, entre otras cosas.

El factor tiempo ha sido una búsqueda constante en mi existencia. Con Biodanza pude ponerle cuerpo y esto significó para mí un antes y un después en mi vida, pero la búsqueda continuó. ¿Por qué? porque no es suficiente una parte del pastel, una fracción del completo; el ser está diseñado para vivir la Vida y Ella es transformación constante, así que las fracciones sólo son puertas de entendimiento que nos posibilitan seguir avanzando hacia otras proporciones o fracciones que van componiendo el círculo completo, como el Ojo de Horus que, en la medida que vamos descubriendo las proporciones de sus formas y sus múltiples significados, la forma aparente toma pleno significado y se nos revela su forma real.

La esquina interior era ½, el iris ¼, la ceja 1/8, la esquina exterior 1/16, mientras que los ornamentos debajo del ojo continuaban la secuencia 1/32, 1/64 

Pues bien, mi amado perro-lobo RocaBlanca, tras su marcha, me dejó con la tarea de encontrar la llave maestra, la pieza del puzle que completaba la comprehensión del tiempo. ¿Por qué? porque Roc se había ido y su paso por mi vida durante 14 años fue verdaderamente significativo hasta el último instante, que me dejó el regalo de una relación tan plena en sí misma que no cabía la tristeza tras su marcha, así que el vacío que sentía no era de pena. ¿De qué entonces? Estaba relacionado con el tiempo. De repente, el tiempo me pertenecía, era mío y no sabía muy bien qué hacer con él. Las pautas que marcaban el compás del devenir circulaban en torno a sus necesidades, de las que yo era responsable, de ahí que, con su ausencia, el tiempo se me presentaba como algo nuevo a experimentar, algo nuevo a lo que debía acostumbrarme de la mejor manera posible. Y así ha sido, o está siendo en realidad. El factor tiempo se ha revelado como una pieza fundamental para mí que hoy quiero compartir contigo porque la considero suficientemente importante. Además, no me pertenece y adquiere pleno sentido cuando la comparto contigo que me estás leyendo. Se trata de lo siguiente:

El factor tiempo es la sincronicidad rítmica, la que marca el compás de una pieza musical o la propagación de la onda tras la caída de una hoja o una piedra sobre el agua… Esa expansión rítmica es lo que llamamos frecuencia, tal como indica la palabra: las veces o la frecuencia en que una onda topa con un obstáculo y cambia su curso. Gráficamente es como el oleaje del mar: la onda sube y baja tantas veces por segundo, y el ciclo completo, o sea, la cantidad de veces que se repite la cadencia rítmica en un segundo, genera, en término de vibración, un sonido, una sonoridad. En esa sonoridad está implícito el silencio; no como ausencia de sonido sino como vibración en sí misma. El ejemplo más claro para mí es el silencio del bosque vivo, muy distinto del silencio de un bosque muerto, recién calcinado por un incendio por ejemplo. -Te aseguro que es escalofriante-. La tierra que sustenta el bosque es la misma en uno y en otro; no ha desaparecido. Sólo han desaparecido los «obstáculos» que generan la frecuencia, el ritmo o el compás de la vibración.

El silencio es, pues, aquello que, siendo vibración, está en latente, en suspensión, podríamos decir; o sea, lo contiene todo sin manifestarse, porque para que pueda manifestarse necesita el tiempo, la frecuencia de vibración que generará múltiples sonoridades, que por afinidad crearán formas, o sea, el mundo fenomenológico que conocemos como Vida. De todo esto podemos decir que el tiempo es el factor indispensable para que algo se manifieste, y el silencio es allí donde se da la manifestación, o sea, el silencio posibilita la vivencia espacial. Y diría más, es en la «quietud» donde se da la perfecta sincronización temporo-espacial. Tiempo y espacio fusionados en un punto constante que resulta que es el estado natural del Ser, no porque esté quieto, sino porque es la vibración misma; manifiesta y no-manifiesta son la experiencia vivida de Aión.

Te voy a poner un ejemplo que a mí me ha ayudado a poner palabras a todo esto que te estoy contando.

Pues bien, nosotros somos humanos. Venimos o surgimos del humus, o sea, los detritus de la vida orgánica de la tierra. Nacemos del humus, de ahí la palabra humanos; por lo tanto podemos decir que somos semillas «plantadas» en el humus o tierra fértil.

Como semillas, tenemos toda la información genética para ser lo que somos, así que nos cabe encontrar el poder de Yo puedo, la sabiduría de Yo sé, la espiritualidad del Yo debo y el coraje del Yo tengo, para germinar y enraizarnos bien, encontrando el buen camino para nuestras raíces, de manera que salgan los primeros brotes y se sigan fortaleciendo estos 4 aspectos que conforman el cuadrado o cubo, la forma geométrica de la materia, para que estos 4 aspectos no se convierten en una cárcel sino en posibilidades de desarrollo. Y todo esto de forma constante, dentro y fuera [de la tierra que nos sostiene], con todos los impedimentos con los que nos vamos a encontrar por sólo el hecho de vivir, hasta ser árboles maduros capacitados para dar las flores que se convertirán en frutos, permitiendo así la expansión de la vida, incluso en la muerte, porque a estas alturas ya sabrás que la muerte no existe; es una transformación radical del proceso de vivir. Ya lo sabes.

Y entonces tú me dirás: —Muy bien, y ¿qué tiene que ver el tiempo con el arte? Pues hacia allí vamos. Seguimos.

Si el tiempo es imprescindible para la manifestación, es en el silencio-espacio donde todo toma sentido porque es la vivencia misma de vivir viviéndome/nos. O sea, es la vivencia que en Biodanza conocemos tan bien. El caso es ¿cómo hacer que la vivencia sea un continuum en el cotidiano y no sólo en la sesión de Biodanza o en aquello que tu practiques y te lleve a este estado vivencial. La clave que yo he encontrado es el silencio, pero el silencio de los ojos abiertos, no el de los ojos cerrados, que también, pero es con los ojos abiertos que el silencio se torna palpable, se vive en el cuerpo, se encarna en el organismo y se vuelve biológico, como un estado natural del ser.

Y aquí es cuando entra el concepto de Arte, desde la propuesta de Arte-identidad de César Wagner, donde Yo Soy se acompaña de la palabra Arte en mayúsculas, porque como ser consciente me puedo percibir artista de mi obra, artesana de mi vida, siendo creadora y obra simultáneamente, de manera que el Tiempo elevado a Espacio se torna el Ars Magna del Ser en el mundo.

¿Qué tiene que ver todo esto con Biodanza? podrías decir. Pues, en la línea de vivencia de la Trascendencia, cuando el tránsito es vivencia, Yo Soy Arte manifestándose; Arte vivo, con todo lo que ello implica.

Gracias por haber llegado hasta aquí conmigo.

Amor y Servicio

Notas de navegación

Biodanza de salón y Biodanza social

Cuando decidí formarme como facilitadora de Biodanza, mi deseo era dedicarme a tiempo completo a facilitar. Biodanza me había inyectado en las venas la confianza de recrear mi vida, sacando lo que ya estaba caducado, y sembrar y cuidar lo que me hacía crecer, así que primero me divorcié y al poco tiempo dejé mi trabajo fijo con quince pagas, buen horario, buen trabajo, buenos compañeros, pero no era suficiente feliz. Quería dedicarme por entero a mi pasión, a lo que ha llegado a ser mi vocación, mi manera de servir y vivir la Vida. ¿Una locura? Quizás, pero una locura que quería vivir, tal era la fortaleza que me había proporcionado Biodanza.

Los primeros años fueron muy duros. Pude soportarlos porque tenía el subsidio de desempleo y la pensión complementaria para mis hijos, además de lo que podía ganar con Biodanza. Fueron años de muchas horas de trabajo y aprender nuevos programas informáticos y otras tecnologías necesarias para llevar a cabo la tarea: hacer la publicidad, crear proyectos para vender en las instituciones públicas porque mi campo siempre ha sido el área social, pactar sesiones abiertas en centros de yoga o de crecimiento personal para dar a conocer la Biodanza, trabajar gratis impartiendo sesiones de Biodanza como voluntaria en algunas asociaciones porque no había otra manera de entrar sino era a través del voluntariado, reuniones con las personas responsables de los ayuntamientos para explicar los proyectos y que me dejaran hacer sesiones en las instalaciones municipales, hacer difusión entre las mamas y papas de la escuela de mis hijos, en las tiendas donde compraba, entre las amistades, preparar las sesiones de los grupos que iban saliendo, comprarme un buen equipo de música porque había lugares que el sonido era horrible y tenía que ir con mi equipo, un nuevo ordenador portátil porque sólo tenía ordenador de mesa, muchas horas de trabajo sin remunerar,…

La crisis económica del 2011 fue devastadora, tuve que ponerme a trabajar de lo que saliera para compensar la falta del subsidio de desempleo que ya había expirado y poder seguir con mi sueño de dedicarme sólo a la Biodanza. Ésta danza rítmica y melódica ha sido una tónica común a lo largo de los quince años de mi trayectoria profesional con Biodanza: ahora arriba-abajo, después abajo, abajo, arriba, abajo, y vuelta a empezar; una montaña rusa de precariedad económica y muchas, muchas, muchas horas de trabajo. Sólo pueden saberlo aquellas personas que han pasado por lo mismo, y según mi experiencia, son la mayoría.

En el caminar de estos años, de las personas que terminamos la formación y quisimos ejercer como facilitadoras, unas cuantas lo han dejado definitivamente, y las pocas que quedamos en pie, nunca hemos podido dejarlo del todo, a pesar de los apuros económicos y la rudeza de la precariedad, porque cuando Biodanza se instala en las venas, ya es para siempre.

Recuerdo que en uno de los primerísimos encuentros nacionales de Biodanza que se empezaron a realizar aquí en España de la mano de la Escuela de Biodanza Barcelona, dirigida por Luis Otavio Pimentel y Silvia Eick, Cézar Wagner dijo en una conferencia: Biodanza no es para vivir de ella. La Biodanza de salón no es Biodanza. ¿Qué quiere decir eso? pensé. Hablé con Cézar y me dijo que la Biodanza de salón, como llaman en Brasil a la Biodanza privada, es una Biodanza que acaba siendo mercantilista, donde el verdadero significado del mensaje biocéntrico acaba perdiendo su eje, se contamina por la necesidad económica del facilitador y facilitadora. Registré esa información durante mucho tiempo, sin terminar de asimilar su significado, y allí quedó a la espera de que, en el momento perfecto, me fuera revelada la verdad que la habitaba. Mientras tanto, yo seguía insistiendo en mi sueño, alimentado por el pensamiento de que «si otros lo han conseguido, ¿por qué yo no?. Con los años he entendido qué quiso transmitir Cézar con sus palabras y quiero compartirlo contigo porque puede que te sea útil.

Mi experiencia durante quince años, viajando por diferentes países del mundo, además de España, para seguir formándome como profesora de Biodanza (Italia, Brasil, Portugal y Francia), he observado que, en general y siempre según mi experiencia, por lo que lo que te voy a decir no es una verdad absoluta sino sólo mi experiencia, las personas que pueden dedicarse por completo a la Biodanza, gozan de recursos económicos «extras», me refiero a una pensión vitalicia, una herencia, una pareja que gana suficiente dinero como mantener los costos del vivir cotidiano, o cualquier otra cosa que permite a la facilitadora y facilitador, despreocuparse de si le llega o no el dinero suficiente para cubrir el mes. Si ésta es tu realidad, te felicito sinceramente. Disfrutalo y sigue adelante. Eres afortunada y mucho, porque en general, ésto no es lo que sucede.

Cuando hay que trabajar en un trabajo que te ocupa entre ocho y diez horas diarias durante cinco días a la semana para que a final de mes tengas un sueldo que te permita pagar los gastos cotidianos del vivir, ser facilitadora de Biodanza es literalmente una HAZAÑA, en mayúsculas, porque ser facilitadora no es sólo hacer sesiones de Biodanza, que al principio es un calvario en el sentido del tiempo que ocupa crear una sesión; es también crear la publicidad, encontrar la sala adecuada, pactar los acuerdos económicos con los propietarios del negocio, buscar participantes que en la práctica comercial son «clientes» (si podemos decirlo así), gestionar el grupo con todo lo que eso implica, también fuera de la sesión de Biodanza, …, además de todo esto tenemos la familia, las amistades, el cuidado de la casa, las mascotas si tienes, tu vida social,… Termina siendo realmente agotador. Aún así, el impacto de Biodanza es tal, que seguimos adelante con nuestro sueño de ser facilitadoras de Biodanza, pero la ilusión, poco a poco se va consumiendo y se va instalando una sensación de «no puedo», «quizás esto no es para mí», «algo estoy haciendo mal», «estoy agotada», etc, etc, etc.

Todo esto que estoy compartiendo contigo, desde mi experiencia (repito de nuevo), no nos lo dicen en la escuela cuando estamos formándonos. Sinceramente creo que no se dice porque Biodanza nos impulsa a cambiar el mundo en el que vivimos y ese impulso, supongo que para las escuelas es suficiente para seguir manteniendo su negocio. Desde mi perspectiva, si me lo hubieran dicho como parte de la formación, quizás no habría sufrido tanto, y digo sufrido con toda la conciencia del significado de esta palabra. Por supuesto, no me arrepiento de absolutamente nada. Es más, puedo decir que agradezco todo lo vivido tal como ha sido, porque sin ello, hoy no podría hacer lo que hago de la forma que lo hago, ni podría explicarte esto ni todo lo que te explico en mi canal de Youtube, en mis aulas, aquí y en mi vida en general. Te lo cuento, porque siento la necesidad de compartirlo. Creo firmemente en el poder de la comunidad biocéntrica, es el poder de la humanidad que nos habita, es el poder de la acción comunitaria y es aquí donde apunta este escrito.

Hay varios aspectos que quiero enfatizar de todo este proceso personal que he vivido y que creo pueden inspirarte, si es que en algo te resuenan mis palabras:

  1. Para que la transformación perdure en el tiempo, el cambio es desde dentro a fuera. ¿Qué quiero decir con esto? Que si en serio has decidido ser facilitadora o facilitador de Biodanza, transforma tu entorno allí donde estés, en tu lugar de trabajo, en la familia, en el barrio, desde dentro, con tu acción transformadora biocéntrica, siempre y cuando el grado de toxicidad no sea nocivo para tu integridad. La transformación se da desde dentro. El ejemplo es mi madrina de educación biocéntrica, que trabajando en un banco muy importante regido por los principios capitalistas y patriarcales, con los años y la paciencia pedagógica biocéntrica que fue cultivando con el sostén y apoyo de sus maestras de Biodanza y educación biocéntrica, ha podido conseguir que allí donde ella empezó su carrera profesional y que tantas veces quiso dejarlo por la presión del entorno, hoy no sólo ocupa uno de los cargos importantes de la entidad sino que ha conseguido implementar la praxis biocéntrica en su entorno laboral, transformando la hostilidad machista en un entorno afectivo, respetuoso y gentil. Lo ha conseguido porque ha estado orientada, sostenida, aconsejada y guiada por personas que más allá de ser excelentes maestras y profesionales biocéntricas, tienen una mirada que traspasa sus intereses personales en pro de una acción transformadora real.
  2. El grupo es la matriz del cambio. Ejercer como facilitadora y facilitador, no tiene porque ser una tarea en solitario. Fomentar las tareas en equipo, crear grupos de trabajo que desarrollen proyectos para vender a instituciones, empresas, asociaciones, no sólo para hacer las prácticas reglamentarias que se deben llevar a cabo en el proceso de la formación, sino ir más allá, con vistas de futuro, propiciando la creación de asociaciones, cooperativas de servicio donde las facilitadoras y facilitadores pueden desarrollar de forma remunerada, otros dones y talentos que como facilitadora de Biodanza también debemos desarrollar como ya hemos dicho antes: marketing, publicidad, captación de clientes, etc. Todo es un proceso de creación.

Como facilitadoras y facilitadores, didactas, directores y directoras de escuela, tenemos mucho camino por recorrer en el ejercicio y la praxis del principio biocéntrico. Nos necesitamos unos a otros, revisando lo que hacemos, cómo lo hacemos y desde dónde lo hacemos. La Biodanza no es un negocio, o no debería serlo, porque la Biodanza no ha nacido para servir al sistema hegemónico; nació para transformarlo desde dentro del propio sistema, del propio individuo, de la propia corporeidad vivida, no desde afuera.

Amor y Servicio

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El gemelo solitario. Relato de una vivencia integradora biocéntrica

dedicado a mi querido amigo Gunther, un hombre de bien

Toda la vida me he sentido ajena al mundo, como si perteneciera a otra galaxia, a otra atmósfera, a otra gente. Una añoranza profunda me ha invadido siempre, con una intensa sensación de querer volver a algún lugar que nunca acabo de encontrar por mucho que lo intente. A simple vista nadie lo diría, pero quiero contártelo porque lo que he descubierto en mí es tan importante y trascendente que quizás pueda ayudarte a ti o a un familiar tuyo, un hijo, una hermana, tu pareja, la amiga tan rara como tu, que quizás ha pasado por la experiencia de iniciar su vida intrauterina como gemelo y al llegar el parto, sin dejar rastro, ha nacido en solitario. No es tan extraño que esto ocurra; entre un 10 y un 15% de los embarazos en Europa, se sabe que inician como gemelos y sólo acaba sobreviviendo uno de ellos, sin dejar a penas rastro del otro, quizás algunas manchas o pequeñas pérdidas en los tres primeros meses de gestación.

Con la inseminación artificial, el porcentaje de embarazos gemelares han aumentado considerablemente y nos cabe prestar mucha atención a las secuelas que ocasiona en el gemelo superviviente la pérdida de su gemelo, el primer amor puro e incondicional, más significativo incluso que el amor materno.

En estos últimos años de mi vida, y ya son sesenta, en alguna ocasión he pensado que quizás sufría de un desequilibrio bioquímico o mental que me hacía sentir desgraciada, ausente, nostálgica de algo que no conseguía descubrir, viviendo un sin vivir, más allá de las bondades que me regala diariamente la vida. ¿Por qué siento esta tristeza que lo tiñe todo de un gris clarito, como si de un paisaje con niebla baja se tratara mi vida? ¿por qué no acabo de sentirme plena con nada y la plenitud que puedo sentir es tan pasajera? ¿Qué es lo que tengo que hacer para sentirme plenamente viva? Estas han sido las preguntas que se repetían una y otra vez en mi interior como un secreto muy oculto nunca compartido, aunque tengo amigas con las que lo comparto todo, absolutamente todo y gracias a ellas, muchas veces, me encuentro de nuevo cuando me he extraviado. ¿Tengo alguna tara que afecta mi psique?

Un cansancio imperceptible se estaba acumulando con tal magnitud, que siento que hubiera podido enloquecer si Gunther y su compañera Ainhoa no hubieran aparecido en mi vida. Nada es casual, ya lo sabes.

Nos conocimos gracias a nuestros respectivos perros, en esos lugares donde los caninos puedan estar con otros de su especie, jugando y socializándose, mientras sus humanos entablan conversaciones que van desde lo más superficial hasta lo más trascendente. Enseguida conectamos, sobretodo con Gunther. Había algo muy familiar en él que me recordaba a mí misma.

Gunther y yo coincidimos varios días seguidos en nuestros paseos y nos hicimos hermanos. Coincidíamos en gustos musicales, en la necesidad de contacto, en el placer por el silencio y la naturaleza, en la búsqueda de la trascendencia y la profundidad del vivir. En uno de nuestros paseos, con nuestras conversaciones transcendentes sobre la vida y el vivir, me dice que él percibe que yo inicié mi vida intrauterina con un gemelo que no prosperó. Cuando me lo dijo no me sorpendió. Me paré y escuché mi interior: todo mi cuerpo me dijo que era verdad. Al abrir la puerta de la certeza, recordé que, en dos ocasiones diferentes, con muchos años de distancia entre ambas, esta información ya me había llegado de forma muy sutil e indirecta. La primera vez fue con un profesor al que yo respetaba mucho que, en un momento dado me preguntó si antes que yo naciera había habido algún aborto. Lo ignoraba así que se lo pregunté a mi mamá y ella lo negó rotundamente. Muchos años después, una alumna mía de Biodanza me invitó a un taller que impartía ella misma sobre el Gemelo evanescente. Yo no sabia nada sobre el tema, así que me lo explicó con detalle. En ese momento, me llamó la atención pero no sentí que fuera para mí y lo dejé pasar. Años más tarde, (a la tercera va la vencida), llega Gunther y en un paseo por el bosque sencillamente me lo dice y yo siento que es verdad.

Seguimos hablando sobre el tema y me deja un libro de dos terapeutas que después de diez años de experiencia, han recopilado muchos datos de los efectos que causa esa vivencia temprana. Devoro el libro casi de un tirón. En mi interior siento que la pieza del puzzle que nunca encontraba y que pensaba perdida, ya ha aparecido y todo comienza a encajar a gran velocidad: mis dos trabajos con dos currículum (secretaria de investigación médica de día y de noche Integradora social) ademas de madre y esposa, con una capacidad de trabajar que para mí era normal pero siempre creaba asombro a mi alrededor; mi desarraigo a lo palpable, lo material, lo efímero, siempre mirando hacia el cielo en búsqueda de algo que me enraizara, que diera pleno sentido al vivir; viviendo con prisas, como si siempre se me acabara el tiempo, con la muerte presente como algo natural en mi vida. De hecho mi tesis de titulación como profesora de Biodanza se titula “Hablamos de muerte”, y un sinfín de cosas más con las que me iba identificando en la medida que leía los diferentes relatos de los gemelos solitarios. Todo se estaba ordenando en mi interior a gran velocidad.

Con los días, voy reconociendo el impacto que me causó haber compartido los primeros meses de mi vida intrauterina con un hermano gemelo al que llamo Marcelo, nuestro amor absolutamente incondicional y genuino, auténtico, invencible; mucho más puro y real que el de una madre con su criatura. Sí, como oyes. Hoy sé que el amor entre gemelos es el amor del que hablan los maestros espirituales, vivido en la carne desde el mismo instante de ser concebidos, dejando la impronta en nuestra memoria celular del único Amor que existe y que es la Fuente de todo.

Mucho ha sido el sufrimiento sostenido de una muerte silenciosa vivida en el vientre de la madre, percibir como el ser que te complementa, que está unido a ti en la más absoluta intimidad posible, se va desvaneciendo poco a poco sin poder hacer nada, sin entender, sin saber qué está ocurriendo, sin poder escapar al horror. Recuerdo un olor de putrefacción que me generaba nauseas y una rabia feroz; una soledad inconmensurable por su pérdida, una ausencia devastadora que me impulsaba a desear morir desesperadamente aunque la Vida ya me habitaba fuertemente y no había cómo deshacerse de ella. La Vida era para mí un castigo, una penalidad, y todo eso sin palabras, sin raciocinio, sin elaboración mental, sólo vivencia desgarradora que se incrustaba en mis células condicionando mi manera de relacionarme conmigo, con el otro y con la Vida.

Una ecografía muy temprana en la que se percibe como un embrión sigue creciendo y el otro va reduciéndose hasta desaparecer.

A lo largo de mi vida, en esa búsqueda incansable de ser Libre, he tenido momentos que han marcado un antes y un después en mi proceso de ser-en-el-mundo. En Biodanza tuve dos experiencias de renacimiento muy transformadoras. Una de ellas fue en el agua, con Margarita Karger como profesora, en el año 2002; recuerdo la sensación de estar en el vientre de mi madre y literalmente ahogarme, morirme de desesperación. La otra fue con Silvia Eick en la extensión Renacer donde yo no tenía fuerzas para salir al mundo. Esta última y tercera, ha sido con Gunther y Ainhoa en su casa, un día que acudí a ellos en plena crisis de angustia imposible de sostener porque las memorias prenatales se habían activado muy fuertemente y todo ocurría a gran velocidad. Ambos me sostuvieron en esos momentos de profunda desesperación y poco a poco, todo fue calmándose.

Después Ainhoa me hablaba despacio, dejando que todo volviera a su sitio desde otro lugar nuevo donde la comprensión de lo vivido se iba aposentando lentamente. Pasé dos días sin a penas hablar, sin hambre, descansando mucho, y… al tercer día resucité.

El proceso sigue su evolución. Ya no siento ese vacío frío en mi interior. La tristeza se ha desvanecido, el miedo también. Me han crecido nuevas raíces que se agarran a la tierra con ganas. Lo que buscaba ya lo he encontrado. Siempre ha estado en mí y siempre estará. Somos dos y uno a la vez. Empiezo a vislumbrar la que soy desde una nueva identidad integrada que me llena de Paz. La prisa se está difuminando. Soy y estoy Aquí y Ahora de verdad. Sigo adelante con una renovada sensación de vivir y estar presente.

Te dejo un video de los autores del libro «El gemelo solitario», Peter Bourquin y Carmen Cortés por si es de tu interés.

Amor y Servicio más que nunca.

Notas de navegación

La rendición en el juego del equilibrio y la ostentación

Me rindo. No puedo sostener más la inquietud que me genera esperar unos resultados que no acaban de llegar nunca. De hecho, es así siempre. Todo viene en el momento perfecto, aunque no es precisamente el que mi ego dominador quiere. Esta es la cuestión primordial de todo el entramado del vivir: aprender a desprenderse del resultado porque no está en nuestras manos, sino en las energías que se mueven del lado luminoso al oscuro, en su danza constante y necesaria, impulsando la creación de la realidad.

El caso es que me dedico al desarrollo humano y la integración de procesos de transformación mediante cursos, talleres y encuentros para profesionales de la Biodanza, la educación biocéntrica y personas comprometidas con servir a la evolución armónica de la Vida. ¿Para qué? para reflexionar sobre lo que hacemos, porqué lo que hacemos y cómo lo hacemos, para qué, desde dónde, vivenciar con el cuerpo, la música y el grupo porque es en nuestra corporalidad donde todo ocurre, es la música y el arte la que nos puede facilitar ingresar en lugares desconocidos o escondidos que tienen tesoros valiosos para mostrarnos, porque es en la tribu humana que nos podemos mirar y reconocernos como hermanos aún en nuestras diferencias que suman valor a todo lo que creamos.

Me encanta crear espacios donde hacemos surgir la magia de reconocernos seres vivos, no sólo viviendo la Vida, sino siendo la Vida misma. Ver la transformación de sus rostros a lo largo del proceso participativo, cómo vienen y cómo regresan a su cotidiano, con brillo en los ojos, la sonrisa en su rostro, la forma ligera de andar, de moverse, el tono afectuoso de su voz. Me encanta a lo que me dedico.

También soy escritora, escribo cuentos que uso en mis talleres o no, y algún día los publicaré. Escribo mis pensamientos en diarios, libretas y más libretas de todos los tamaños; escribo ensayos técnicos de mi experiencia como profesora, lo que sirve y lo que no, lo que me mueve por dentro; escribo lo que estudio, lo que leo y me interesa retener,… El caso es que todo es maravilloso hasta que me encuentro con que la fecha del evento que he propuesto se hacer y sólo se han apuntado cuatro o cinco personas, cuando tendrían que ser doce. No ocurre siempre, pero cuando ocurre, a veces simplemente no le doy importancia, y otras veces se moviliza en mi interior una inquietud que me descentra. Cuando veo que ya he perdido mi centro y no consigo volver a encontrarlo, entonces escribo y todo se va ordenando en la medida que las palabras ocupan la hoja desnuda que las acoge. Esto es lo que me ha ocurrido hoy y he decidido compartirlo contigo.

Mientras soltaba poco a poco la queja que me apretaba el corazón y me tensaba la musculatura de los hombros me he preguntado, ¿Cuál es la realidad esencial que deseo?

Más allá de los detalles que me mantienen entretenida en la queja o el disgusto, el origen de mi deseo se asienta en liberarme ¿o debería decir trascender? de las exigencias egocéntricas de mi «ego pequeñín» incansablemente travieso que se prioriza como un niño tozudo negándose a crecer, insistiendo en quedarse pequeño para siempre, quejoso de que no le salen las cosas como a él le gusta, aunque no sabe concretar el resultado que espera obtener. Es muy agotador cuando eso ocurre, pero después de múltiples intentos, perseverar en mi pasión es lo único que puedo hacer si de verdad quiero conseguir ser libre de mí misma.

En realidad la libertad no es algo que sea un deseo genuinamente mio. Es ancestral, primigenia, originaria; la razón por la cual quisimos experimentar qué es esto de ser humus, o sea, el detrito de todo lo orgánico que en su proceso de putrefacción transformativa, construye más vida. Visto como metáfora es realmente hermoso.

Si fuéramos [la humanidad] el experimento de unos genetistas gigantes creando una nueva especie capaz de reciclar la descomposición de los restos orgánicos de otros organismos vivientes para seguir construyendo la Vida desde la Consciencia de Sí-mismo, con la capacidad de poder decidir si hacerlo o no, o llevarlo a cabo en otro momento que no sea Ahora, probablemente seríamos una constante frustración para su experimento, a no ser que fueran expertos [los genetistas] en la complejidad implícita de la Libertad.

El ser humano, además de ser el principal elemento de fertilidad y nutrición de Gaia, [seguimos aprendiendo a cómo hacer eso de la mejor manera posible] es libre y ésta es la gran paradoja existencial. ¿cómo es eso de ser libre en una probeta donde convivimos con otros tantos organismos y todo está permitido?

Una vez escuché decir a un sabio de estos que estudian los misterios y al ser humano, que lo que llamamos Dios o Inteligencia Suprema causa primera de todas las cosas, o el nombre que te resuene porque tiene muchos, incluso lo Innombrable, en realidad nos necesita, porque la Creación es todas las posibilidades infinitas eternamente manifiestas, cada una de ellas con una función específica y concreta, de manera que el sistema como un todo, se autogenera en su proceso complejo de evolución permanente.

Pues bien, parece que eso fue así durante millones y millones de años, hasta que en el último segundo, la Inteligencia Suprema decidió crear al ser humano, el humus de su Creación, el único ser dotado de libre albedrío. Todo lo creado percibió lo peligroso que podía ser eso. Hablaron y debatieron entre ellos hasta que finalmente decidieron confiar en las posibilidades que les ofrecía llevar a cabo el gran reto. Iban a ayudar al humano a hacer su función en el Orden Cósmico porque sabían que los humanos perderían el recuerdo de lo que son. Y ahí andamos, aprendiendo a recordar qué es la Libertad y cómo sincronizarse con ella.

Se dejaron mensajes encriptados de mil formas para que el humano recordara. Unas veces en piedras grabadas, en monumentos, en pergaminos, dentro de vasijas, en cuevas, enterrados bajo toneladas de tierra, en las paredes de los grandes edificios,… Hasta ahora no lo estamos consiguiendo pero todavía hay esperanza. Seguimos preguntándonos si existe la sincronicidad perfecta en un círculo evolutivo donde la multiplicación celular resulta en un universo.

La respuesta es sí, como tendencia. Cuando se consigue la sincronicidad, puedes optar por quedarte de observadora descansando de la [ardua] travesía, o involucrarte en ayudar a otros en su propio viaje de iniciación al encuentro sincrónico de Sí-Mismo. El caso es que, de una forma u otra vas a hacer las dos cosas frecuencialmente, hasta que la Consciencia Suprema cierre los ojos, y en su propio ciclo creador, todo se reinicie de nuevo una vez más.

¿Simple no? La complejidad viene cuando intervienen los procesos internos que no podemos abarcar en nuestra condición de humanidad porque aún somos demasiado infantiles. De hecho somos los últimos de la creación y hay mucho por aprender de este juego de equilibrio y ostentación*.

*Ostentar: originalmente quiere decir tender [extender] algo frente a otro para manifestarlo reiteradamente.

Seguimos.
Amor y Servicio

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De nostalgia de amor y alegría de vivir

Hace unos días, Raffaella Sanna de la maravillosa isla de la Cerdeña en Italia, me inspiró a escribir sobre estos dos temas que en Biodanza adquieren una dimensión reveladora: la nostalgia de amor y la alegría de vivir. Grazzie mille, mia cara Raffaella.

Recuerdo la primera vez que escuché en la formación de docentes de Biodanza, que se podía decir que Biodanza había surgido de una profunda meditación sobre la vida, donde Rolando percibió que el ser humano, en lo profundo de su ser, sufre de nostalgia de amor. Cuando escuché esta frase, no sólo sentí una reververancia energética que desde mi corazón se expandía por todo mi cuerpo, sino que percibí que con el tiempo iría entendiendo la magnitud del mensaje que la habitaba. Así ha sido.

Me ocurrió lo mismo cuando en la misma formación nos explicaron que Biodanza era reconectar con la alegría de vivir. Aquí la sensación interna fue distinta:. ¿Alegría de vivir? – me pregunté. – Creo que nunca he pensado en si la Vida me provoca esa sensación. – seguí pensando- Sí que reconozco que tengo momentos de verdadera alegría pero se desvanecen en el tiempo y aunque son como aire fresco para seguir adelante, no puedo decir que la Vida me provoque esa sensación de alegría por vivir, de alegría por estar viva.

Podía reconocerme en la nostalgia de vivir, en cambio, la alegría de vivir era una utopía para mí. ¿te resuena?

Desde entonces han pasado quince años, y con ellos mucha Biodanza, mucha auto-indagación, mucha meditación, silencio, llantos, disolución de corazas y personajes internos que se habían hecho protagonistas del drama, soledad, mucha soledad, angustia, decepción, encuentros y desencuentros, cansancio, levantarse una y otra vez… y un sentimiento profundo, suave y sensible de alegría por estar viva que se iba instalando en mi piel, en mis entrañas, hasta mis células, reeditando toda la información que me habitaba como una verdad, aunque sólo era mi particular manera de vivir todo lo vivido. Los traumas, las angustias, los desafíos que implican transcender acantilados de miedo y un sufrimiento sin-sentido, fueron substituyéndose por paz, sonrisas, lágrimas de gratitud y confianza en la Vida impregnadas de miradas sin juicio, de abrazos sinceros, de cuerpos cálidos sin intención alguna más que la de estar y ser. Todo ha sido tan hermoso que escribiendo estas líneas brotan de mis ojos las aguas bendecidas de la Vida que me habita.

He de decirte que el proceso no ha sido fácil. Cuando estamos inmersas en el sufrimiento que ni sabíamos que teníamos porque no habían palabras que lo definieran, ni silencios que lo escucharan, ni miradas que lo acogieran, ni abrazos que lo ampararan, nada resulta fácil, todo se vuelve un esfuerzo. Las memorias ocultadas tras la rigidez muscular, la tensión facial o la inapetencia sexual, entre otros escondites, emergen como volcanes de lava fría y sedienta de calidez y ternura, a veces quemando, otras arrasando lo que encuentran a su paso, otras veces, las que más, rindiéndose al Amor infinito y eterno, inconmensurable, ese que algún tiempo remoto sentimos y en el transcurso del vivir olvidamos.

Verdaderamente no es fácil transitar los miedos, pero lo que realmente difícil es transitar la ignorancia en la hemos vivido, porque el orgullo del ignorante es muy tenaz y puede ser inconscientemente perverso, pero la evolución no cede su paso y llega un momento en que es necesario decir alto y fuerte ¡Basta ya!. Recuerdo escenas, las más significativas fueron en Biodanza, de miradas, desafíos, pálpitos de mi corazón a punto de estallar, sonrisas, manos amigas, que nunca podrán borrarse de mi ser porque gracias a ellas y también a las ausencias de ellas, pude reconocer en mí que la Alegría de Vivir soy yo. No es algo que viene de fuera. Está en mí. Habita en mí. Me pertenece y cuando así es, deja de ser mío para ser de todas y cada una de las partes que conforman la Vida, poco a poco, con progresividad y autorregulación.

¡Cómo puedo dejar de ser profesora de Biodanza y educadora biocéntrica si yo soy eso!. Tengo un oficio o varios, sí, pero para mí, como dice la palabra, oficio (servicio, función, obra) es lo que yo soy, lo que yo aprendo del vivir para compartirlo y que otras personas puedan aprovecharlo, si es que les resuena. Sé que a quien le llegue el mensaje, le hará bien porque a mí me lo ha hecho, por lo tanto, no puede ser de otra manera y sobretodo, porque no es mi mensaje, es el mensaje eterno que todas reconocemos en nuestro interior. La cuestión es permanecer atenta a quién habla en mí, la Teresa pequeña y temporal, o la Voz que me habita, eterna y atemporal. Ambas somos imprescindibles para habitar en esta densidad, más una de ellas siempre debe estar al mando de la nave, pues como ser viviente, necesito de la mente despejada, concreta, racional para lidiar con las circunstancias materiales, pero es el alma la que reina en mi reino.

Biodanza hace mucho bien. No lo digo yo, lo dicen mis células, mi piel, la sonrisa que me habita y que se instala poquito a poquito y día a día en mi rostro de manera permanente, lo dicen mis gestos que no sólo danzan sino que son danza, lo dice mi estómago que me avisa de lo que debo y lo que no me sienta bien comer, lo dice mi corazón que late sincrónicamente como siempre pero yo ahora lo escucho y reconozco su lenguaje musical que me alerta de qué y qué no debo dejar entrar en mi campo. En fin… la alegría de vivir que propone Biodanza va mucho más allá de unas risas y una diversión, un buen rato o el buen rollo. Biodanza es un camino de transformación que no se agota en la sesión ni en los años de práctica, si así lo decides. Ella te sigue invitando a danzar cada día más allá de las apariencias para sumergirte en el mar profundo de la eternidad presente. No es la única propuesta que rescata al ser humano de su ignorancia, pero sí es la compañera perfecta para este viaje. No es la pasión quien habla, que también; es la coherencia existencial que se manifiesta en mí en la medida que dejo que así sea.

Te leo en los comentarios.

Amor y Servicio.

Teoría de Biodanza

Definición de Biodanza. Parte 1.

Muchas personas tituladas como profesoras de Biodanza, en los primeros años de ejercer como tal, se encuentran con la dificultad de transmitir qué es Biodanza. A mí también me ocurrió al principio; no encontraba la manera de expresar lo que define a Biodanza como un sistema de integración y desarrollo humano. Esta es la inquietud que me expresan muchas facilitadoras y facilitadores titulados o en fase de preparar su tesis, y es por eso que hago este post, por si puede inspirarte en tu Ser-Facilitadora-en-el-mundo.

Voy a dividirlo en tres entregas para no extenderme tanto en un sólo artículo.

Para el entendimiento de algo, para mí, lo más importante es ordenar y estructurar la información que ya tengo sobre ello para, a partir de ella, encontrar la mejor manera de expresar aquello que realmente quiero transmitir. Muy a menudo durante el proceso, se revelan nuevos datos, nuevas comprensiones que resultan muy agradables y estimulantes. Vamos allá.


En la definición oficial de Biodanza de la colección de textos de la Teoría de Biodanza, editada por la Asociación latinoamericana de Biodanza (ALAB) en 1991, que sirve como base para la formación reglada de docentes de Biodanza, dice: Biodanza es un sistema de integración afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de las funciones originarias de vida.

Para facilitar el entendimiento, vamos a ir desglosando la definición según el orden en que aparecen las palabras.

La primera palabra que encontramos es sistema. Se entiende como sistema a un conjunto ordenado de componentes interrelacionados que interactúan entre sí conformando una estructura que tiene un objetivo específico. Te propongo que vuelvas a leer la frase anterior que define sistema y ésta vez añadas imágenes a las palabras; esto quiere decir que vas a tener que unir los dos hemisferios cerebrales para tener una visión más amplia del significado de la palabra. En la medida que incluyas las imágenes a las palabras, éstas van a impregnarse de sentido para tí, no sólo de significado. Vas a abarcar un campo de comprensión más amplio y unificador. Como nota decirte que hay un impacto emocional en la palabra que solemos obviar y nos cabe rescatar.

Una vez que ya hayas podido leer la palabra y verla, habrás percibido que un sistema abarca lo micro y lo macro, como una célula que es una entidad en sí misma conformada por otros componentes más pequeños (la membrana celular, el núcleo, el aparato de Golgi, citoplasma, ribosoma…)y más grandes a la vez (tejido, órgano,cuerpo…). Así que en un sistema hay componentes interrelacionados que interactúan de forma ordenada dando forma a una estructura, que en Biodanza es el Modelo Teórico de Biodanza (MTB). Ahora bien, para que el sistema se dé como tal, en su estructura ordenada necesita un objetivo específico, un motivo de existir, podríamos decirlo así. El objetivo específico de Biodanza es sentirse viva, la alegría de vivir.

Entender que Biodanza es un sistema es muy importante porque nos sitúa en la comprensión de algo complejo, ordenado, coherente, que se estructura en un modelo teórico que a su vez fundamenta una metodología basada en la vivencia. Así pues, Biodanza no es una herramienta, una técnica, no es un método… es algo mayor: un sistema. Para Rolando Toro definir Biodanza como sistema era muy importante porque cuando hablamos de sistema estamos abarcando una visión unitaria donde las partes y el todo constituyen una unidad indivisible que construye conocimiento ampliado.

Seguimos con la definición oficial de Biodanza y encontramos tres puntos básicos: 1) Integración afectiva, 2) renovación orgánica y 3) reaprendizaje de las funciones originarias.

Ante la pregunta ¿qué es integración afectiva?, la respuesta oficial es: Restablecer la unidad perdida entre percepción, motricidad, afectividad y funciones viscerales. El núcleo integrador es, según nuestro abordaje, la afectividad, que influye sobre los centros reguladores límbico-hipotalámico. La propuesta es transformar al ser humano disociado en un holón.

Lo primero que vemos es que para restablecer la unidad perdida, quiere decir que hemos perdido la percepción de unidad, así que nos percibimos como seres separados, disociados en partes aisladas que nos componen como individuos, y también separados de la Vida que transcurre ahí afuera. La sensación de ser parte de la Vida se ha olvidado: no reconocemos el aire como elemento necesario para nuestra existencia, o el agua, la tierra, por poner un ejemplo, pero eso no es todo. Nosotros somos también aire, tierra, agua… Estamos compuestos de los mismos elementos. Nuestra Gaia es un sistema mayor donde habitamos como sistema menor. Hemos perdido la vivencia de la Unidad, de pertenencia a la Vida. No estoy viviendo una vida, soy Vida.

Cuando Rolando dice integración, está hablando de algo integral, como cuando vamos a la panadería que encontramos pan blanco (refinado) y integral (con todos los componentes de la semilla).

La integración es afectiva porque el Amor nutre sin discriminar ni excluir.

Por último, la base de la integración es el Amor y su manifestación es la expresión afectiva. En la última frase de la respuesta que ofrece Rolando sobre la integración afectiva como parte de la definición de Biodanza, encontramos … transformar al hombre disociado en un holón. ¿Qué es un holón?.

Arthur Koestler acuñó el término holón en su libro de 1967 titulado The Gost in the Machine, en el que profundiza sobre la tendencia humana a la violencia generándose, según el autor, a partir de la división reduccionista mente-cuerpo. Koestler dice que para comprender algo se necesita abarcar el contexto de su relación con el todo mayor en el que reside. Desde esta comprensión surge el término holón que representa tanto una parte del todo como el todo en sí mismo. En el holón hay un flujo bidireccional de información del todo a las partes y de las partes al todo, con dos tendencias claras: «La tendencia autoafirmativa es la expresión dinámica de la totalidad del holón; la tendencia integradora es la expresión dinámica de su parte». Así tenemos que holón implica la la autoafirmación de sí-mismo como un Yo Soy integrado; y la integración que reconcilia las partes y las totalidades de los organismos.

Geométricamente el holón se representa como un toroide.

Sistema dentro de un sistema mayor y así en lo micro como en el macro, en interrelación ordenada, estructurando la Vida. Cuando conseguimos sentir este estado de unidad, de pertenencia a la Vida, podemos decir que estamos en una vivencia integradora, que como algo vivenciado se instala en el cuerpo reorganizando la estructura bio-psico-trascendente del ser humano con tendencia a la armonía.

En la segunda parte hablaremos sobre la renovación orgánica.

Te dejo un video hermoso sobre la integración de la Vida.

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