Notas de navegación

Del tempo y la atemporalidad en Biodanza y Educación Biocéntrica

Notas de una facilitadora biocéntrica

La característica atemporal de la vivencia no es de Biodanza; forma parte de la naturaleza intrínseca del encantamiento en el que las almas se sumergen con intención de una acción que se va transformando en un estar presente progresivo hasta conseguir, quizás, el propio ensimismamiento vivido, viviente, perdiendo la noción tempo-espacial.

Esta sensación viviente, se da en un estado alterado de la consciencia, donde la mente cede el protagonismo al alma y desde allí podemos vivenciar con plena intensidad. Cuando digo intensidad me refiero a la calidad progresiva de la intención que se transforma en único presente, donde todo confluye en el ahora sin posibilidad de nada más lejos ni nada más cerca. “Eterno presente” dirían los místicos, aunque el eterno se nos haga difícil de concebir dentro de nuestras mentes limitadas; pero no es de mente que estamos hablando, sino de alma, dónde habita la atemporalidad acompasada, vivida, danzada en su quietud. El tempo del Ahora.

Poco nos han educado en la verdadera naturaleza temporal; nada nos han hablado de la vivencia atemporal preexistente a todo cuanto la mente nos pueda decir e influenciar hasta convencernos de sus falacias. Si nos hubieran enseñado el triple aspecto del tiempo, donde Kairós o el tiempo cualitativo del instante que vivimos con intensidad o vivencia, y Aión la divinidad de la Eternidad donde el tiempo es eterno y cíclico, van unidas de la mano junto con Cronos o el tiempo cuantitativo que se mide por el reloj, hubiéramos comprendido que el encantamiento, la contemplación, el ensimismamiento, forman parte del vivir viviendo, y no de una tara o defecto intrínsecos que hay que resolver a cualquier precio para entrar en la “normalidad” estandarizada que nos aliena y aturde. Pero el juego de la vida es eso mismo: trascender el engaño que por habitar en el universo del libro albedrío, teje sus telarañas sin limitaciones, ocupando todo el espacio que le dejamos con el olvido de nuestro ser esencial, ganando terreno en nuestra percepción de la realidad hasta terminar confundiendo lo que es real de lo que es vasallo. Tal es el empeño del juego del vivir, que terminamos siendo siervos de la dualidad navegando entre aguas que nos ahogan para volver a resucitarnos y volver a ahogarnos una y otra vez hasta que la realeza emerge tímidamente del interior y descubre que la naturaleza de la verdad es Ser Real: Reinas y Reyes de nuestro reino que es el cuerpo, nuestra expresión dinámica del Ser.

En Biodanza el cuerpo se transforma en corporeidad vivida. ¿Qué quiere decir? que no somos el cuerpo; somos en un cuerpo o lo que es lo mismo: almas con cuerpo físico, denso, tan denso que creemos que esa densidad nos identifica porque es lo único palpable pero, déjame decirte que eso no es así. Con la vivencia, lo palpable se torna en experiencia atemporal, donde Kairós y Aión danzan en nosotras, humanas, almas en una experiencia humana, dotadas de libre albedrío para experimentar la realeza en todas sus expresiones; más no la pseudo-realeza que nos venden como única posibilidad de ser reinas y reyes; hablamos de la reina y el rey de las acciones correctas, donde la Vida es la única protagonista, con todo lo que ello implica. Más, ¿Cómo saber cuando la Vida se manifiesta realmente en nuestra expresión de Ser en le mundo? ¿Cómo conocer la reina y el rey que cada una es?. Una de las respuestas es, cuando del pensar y del hacer surge la sonrisa del corazón, emanando alegría sin par, plenitud y Gracia. Cuando conseguimos esa sonrisa de la certeza, estamos en un espacio-tiempo atemporal y eterno, donde lo que es, siempre ha sido, más allá de nuestras torpezas y aciertos.

¿Qué relación tiene todo esto que te cuento con la facilitación de procesos biocéntricos, donde la Biodanza y la Educación Biocéntrica son los ejes del hacer? Pues tiene a ver en la constancia de llevar a cabo nuestro propósito de facilitar, que se traduce en paciencia pedagógica como decimos en educación biocéntrica, empezando por la transformación interna de la percepción del tiempo. Porque cuando salimos de la formación, con título en mano y la ilusión de colaborar con el mundo para hacerlo mejor, ayudando a las personas a reconocerse en aquello que son, experimentándose en espacios de confianza y Amor como los que genera Biodanza y Educación Biocéntrica, nos encontramos con la realidad de la calle que nos enfrenta la ilusión con la desilusión colectiva, el amor con el que salimos de la formación, con el desamor de la población que, carente de perspectiva se ha olvidado amarse, autodescubrirse y comprometerse consigo misma a encarnar el autoamor que demanda constancia, progresividad, entrega, cuidado, ternura, silencios, abrazos,… y atemporalidad. Atemporalidad en el proceso de consolidar grupo, pues nos enfrentamos a grupos vacíos en los que un día son ocho y después son dos, y vienen y se van y vuelven y no regresan, y hoy somos una contigo como facilitadora y luego piensas si vale la pena tanto esfuerzo, y vamos navegando entre la duda y el cansancio y resistiendo con insistencia, porque se siente que es verdad lo que se siente, y así vamos yendo hasta que con la constancia y el desapego de los resultados, algunas lo conseguimos una y otra vez, hasta la próxima donde, da igual los años que lleves facilitando y la experiencia que tengas, volverá el proceso de montar grupo y necesitaremos vivenciar la atemporalidad que nos sigue hablando de un tempo que no dirigimos con el deseo ni la mente, sino con la intención, con la intención de ser música y ser danza, facilitando nuestro propio proceso de facilitadoras cada día y siempre.

Esta es la realidad de la realeza del vivir: aprendemos a ser reinas y reyes de nuestros reinos sólo cuando insistimos en que ese impulso que nos mueve una y otra vez, no surge del ego sino de la Verdad que nos habita y que a veces se esconde y nos juega malas pasadas; pero insisto, ese es el juego de la Vida. Sin esa pulsación, no habría verdadera vocación, la que sí mueve montañas y conste que no te hablo de llenar salas con personas biodanzando, que también. Más bien apunto a actuar correctamente, siguiendo tu intuición y no patrones que quizás han servido a alguien pero puede que a ti no te sirvan, porque cada una es singular y la singularidad es nuestro talento, así que actúa cuando surja la sonrisa en tu corazón apoyando tu hacer; entonces es cuando el universo ha escuchado tu mandato correcto, el que se alinea con tu alma. Sólo hay una sonrisa en el corazón y sólo aquella que la ha sentido sabe reconocerla entre las demás sonrisas.

Si facilitar Biodanza y generar espacios de aprendizaje-desarrollo con Educación Biocéntrica es tu verdadera vocación, no desistas. Los tsunamis y las tormentas llegarán y parecerá incluso que arrasan con todo pero no desistas. Nada ocurre por acaso en la aventura del vivir, así que igual en la facilitación. Por todo lo que pases, es para crecer dentro de ti en una madurada inocencia que perdura más allá del tiempo. No desistas de este sueño que es tuyo y es colectivo. Nútrete de los aciertos y, de los errores haz maestros para que guíen la expresión de tu singularidad como facilitadora biocéntrica. Deja que la Vida se manifieste, que sea el alma la que reine tus pensamiento y tus actos, porque el cuerpo perece, más no la corporalidad vivida desde el alma que eres.

La Verdad no se desdibuja ni pierde credibilidad; son los ojos que miran lo que acredita y dibuja, así que sigamos creando espacios de amor y confianza para que la mirada sea crítica y libre de juicio, donde el Amor entendido como Ley incondicional de la Vida, sea la única meta a alcanzar.

Amor y Servicio.

Notas de navegación

El principio biocéntrico más que nunca

Notas de navegación de una facilitadora de Biodanza en tiempos de pandemia

El principio biocéntrico es la base fundamental del sistema Biodanza y de la Educación Biocéntrica. Es en su base teórica y vivencial que sustentamos todas las propuestas, más en este tiempo de pandemia, donde se nos invita a revisar nuestras acciones, nuestros haceres y reorganizarnos de forma que sean las correctas y adecuadas a las circunstancias actuales, el principio biocéntrico se vuelve, más que nunca, el punto de referencia existencial donde la mirada no puede divagar entre opuestos. Sólo puedo quedarme como la observadora, para tomar aliento y permanecer en el centro sin involucrarme en creencias, en mi o la historia, en deseos,… Percibir desde el centro, me coloca en una vivencia imparcial, circular, donde todo lo que ocurre es perecedero excepto Yo, que existo antes de todo lo que acontece frente a mí, antes incluso de nacer, en lo imperecedero e inmutable, en Vida siendo la Vida, ya que Ella no se transforma en sí misma, cambia su forma de expresarse pero Ella en sí misma no cambia.

Así es como percibo mi facilitar en el mundo, mi Ser en el mundo facilitando procesos de transformación en los que yo me transformo y ofrezco mi transformar en propuestas pedagógicas que faciliten el proceso de aprendizaje autorefenciado; pues la única referencia que permanece en este tiempo de incertidumbre manifiesta, es la Vida. Más no la que está afuera de mí, que no deja de ser efímera, cambiante, pasajera, en constante transformación; sino la Vida en sí misma, la que Soy, la que permanece más allá de medidas de tiempo y espacio. Aquí es donde puedo empezar a diseñar la clase de biodanza que voy a ofrecer a mis grupos. Es el único lugar desde donde puedo hacerlo si quiero ser coherente con el existir; de nada me valen las referencias del ego que me colocan en algún lugar desviado donde yo facilito algo que no ejemplifico con mi propio existir.

La Biodanza no es un espacio de escenografía donde actuamos como sí; la Biodanza nos invita a vivir la danza de la Vida desde el propio centro, pero ¿cuál es mi centro? mi verdadero centro?, no es el ilusorio que me sitúa en un rol; es el viviente. Este es el único posible para facilitar verdaderos procesos de transformación interior, y no digo con ello que desde otro lugar no se den, más la transformación a la que Rolando apunta es la de Ser almas en un cuerpo, espíritus encarnados, seres divinos incorporados, consciencias puras en biologías mutantes danzando al son de la Gran Danza cósmica.

Y qué ocurre ahora que percibir al otro se vuelve lejano, impalpable, no-acariciable?. Pues que desde la nueva distancia encontrada, donde el metro y medio se normaliza como encuentro afectivo, justo en esa distancia yo puedo percibirme como ser cósmico dotado de lo imprescindible y único que existe que es el vivir. Y desde ese lugar puedo percibir a la otra que quizás antes me pasaba desapercibida, o me oprimía, o me asustaba, o me repelía pues el espacio era corto, quizás demasiado para percibirme a mí. Ahora, con este metro y medio, la propia Vida nos ofrece el aprender a sentir el aliento que me habita en ese campo aúrico donde la vibración se transpira y la resonancia de mi corazón se respira. Desde aquí, desde ese metro y medio que es una isla del Gran Océano, puedo percibir otras islas que emergen en el mismo Océano universal, y el yo y el nosotros adquiere una dimensión espacial profundamente trascendente, pues lo sutil apenas tiene forma aunque la usemos para describir.

En esa distancia entre islas oceánicas, puedo sentirme acariar y ser acariciada por la existencia del otro, que en la aparente lejanía emite sus ondas vibratorias de amor que yo puedo sentir desde este otro lugar.

Hay más aire ahora en las aulas de Biodanza, más espíritu, más trascendencia implícita, no verbalizada, indirectamente sentida. Cada ejercicio propuesto, ya no va al cuerpo-emoción; va directa y amorosamente al alma. Esto es la Gracia.

Estamos construyendo el conocernos desde otro lugar más trascendente, más creativo, con una vitalidad menos eufórica y una sexualidad más íntima y placentera, con una afectividad más centrada en la Vida, donde el otro no es tanto un cuerpo palpable sino una corporeidad sentida, un alma incorporada, un alma al fin. Y puedo percibirla mucho más ahora en la distancia que antes en la proximidad. Nada es casual. Todo ocurre en la urdimbre de Aquello que Teje los hilos de la Vida que conducen al retorno del Ser, donde el yo personal cede al Yo Supremo, Yo Soy.

Es un reto esta simplicidad a la que nos invita la distancia pandémica. Un reto que sólo podremos trascender si permanecemos en el centro de la Vida, no como espectadoras o directoras de orquesta; sino como la Vida misma.

Amor y Servicio

Biodanza

Relato de intimidad verbal de una facilitadora de Biodanza a la comunidad biodanzante del mundo

Dedicado a mis maestras y maestros de Biodanza y Educación Biocéntrica. Con todo mi amor y reconocimiento.

Inspirada por el video de la conferencia titulada “Afectividad y ética” de Carlos García, director de la Escuela de Biodanza de la ciudad de Buenos Aires (al pie te dejo el vídeo entero por si te interesa), he decidido compartir en relato de vivencia, la experiencia de ser una facilitadora de Biodanza calificada de “incómoda” en algunos de los círculos de Biodanza. Este post va dirigido especialmente a la comunidad Biodanza del mundo pues no es un caso aislado; ocurre con demasiada frecuencia en nuestro entorno biodanzante.

No pretendemos apenas elevar la calidad de vida de las personas,  somos decididamente más ambiciosos, pretendemos la felicidad. Rolando Toro Araneda.

A simple vista parecería que según el principio biocéntrico, fundamento del sistema Biodanza y de la vida de toda facilitadora de Biodanza, nuestra comunidad debería ser ejemplo de coherencia e integración afectiva, trascendiendo el antiguo paradigma androcéntrico y patriarcal, y estabilizando el paradigma biocéntrico en todas y cada una de nuestras relaciones. Pero la sombra forma parte de la propia experiencia del vivir, y en Biodanza no podemos evitarla; tampoco lo hacía su creador. ¿Acaso la sombra no es también un aspecto de la misma Luz? Honrando la memoria del maestro Toro y reconociendo su precioso legado, nos cabe revisar no el sistema en sí, sino el uso que hacemos de él.

Nuestra comunidad Biodanza está dividida por desencuentros que nos mantienen separadas y condicionadas por barreras de egos exaltados y altivos. Eso, en sí mismo, es disociativo. A mi entender la facilitación de Biodanza pide excelencia continuada, y digo continuada porque la excelencia que señalaba Rolando Toro, no la propuso como un destino sino como camino; camino de vida que escogemos cuando asumimos la facilitación como servir a la Vida. La cuestión es, ¿qué es servir desde la mirada biocéntrica? Demasiado a menudo se da por hecho un entendimiento consensuado y se actúa “como si” fuéramos inmunes a la arrogancia, la vanidad, la manipulación. La realidad es que el pensamiento crítico dentro del entorno Biodanza, se cuestiona, se evita y se juzga en nombre del faso “cuido”.

Y digo esto porque mi experiencia como facilitadora “incómoda” no es un caso aislado. Demasiado a menudo la facilitación se viste de rol y de autoridad moral, repitiendo patrones patriarcales que permanecen aún activos en el inconsciente individual y colectivo a la espera de ser mirados, reconocidos y desvanecidos por el calor del entendimiento humano. Pero eso no puede ocurrir cuando la persona que facilita se identifica con el rol y crea su identidad bajo la autoridad moral que sustenta su creencia, y así facilita grupos y esparce la simiente de la confusión y la falsa dicha en su comunidad.

Mi intención no es descalificar, ni defender, ni enfrentar. Por supuesto, hay muchas facilitadoras y didactas absolutamente comprometidas con su misión. Lo que me impulsa a escribir este post es compartir realidades que, aunque no coincidan con tu experiencia, son verdades que precisan ser escuchadas porque han generado y generan aún sufrimiento, desconsuelo y mucha soledad. Si, una soledad impuesta por el colectivo, que con su silencio, ha permitido y sigue permitiendo que la facilitación maternal, la seductora, la manipuladora, la que sitúa al facilitador como una estrella de cine interpretando un papel de “ser perfecto” que le autoriza moralmente a exigir camufladamente un vasallaje y una fidelidad en nombre del falso cuido y la falsa pertenencia.

Artista: Jopi #jopienamorada

Haciendo uso de esa autoimpuesta y consentida “autoridad moral”, en mi comunidad Biodanza me etiquetaron de intensa. Algunas de ellas siguen haciéndolo, pero ya no tiene el menor impacto en mí.

Intensa puede parecer un calificativo inofensivo, incluso gracioso o cariñoso, pero en mi experiencia, no lo es. Con los años y mi especialización con el sagrado femenino, he sabido de muchas mujeres que han sufrido ese mismo calificativo, y digo mujeres porque entre nosotras ser “intensa” es ser exagerada, inadecuada, problemática, inapropiada,… en relación a un estándar de comportamiento “normalizado”.

Intensa me llamaban por mi expresión apasionada, por mi vitalidad, por mi mirada crítica que no está bien vista porque “incomoda”. Es cierto que cuando permitimos que el sentido crítico se manifieste en nuestras aulas y círculos de intimidad verbal de Biodanza, nos exponemos a situaciones que pueden llegar a ser muy incómodas, y digo incómodas porque esa incomodidad es el reflejo que nuestras carencias, de nuestras propias mentiras y creencias con las que danzamos la Vida. Y esa incomodidad es la que muchas profesoras evitan en sus aulas, en sus clases de Biodanza, en sus ruedas verbales, pero justo es ahí donde la facilitadora ejerce su saber, no como “la que sabe”, sino como la que deja a la Vida ser la verdadera protagonista, pues solo Ella sabe qué y cómo hacer para que la armonía y el equilibrio prevalezca en la expresión de la diversidad del sentir.

Fue Ruth Cavalcante, la creadora de la Educación Biocéntrica quien me rescató del estigma. En una aula de educación biocéntrica, ante una situación que en otro contexto hubiera sido de incomodidad, de esa incomodidad sectaria y excluyente, ella me dijo mirándome fijamente: – Nunca pidas perdón por preguntar y querer saber. Cuestionar es un derecho humano que no podemos perder -, y siguió diciendo a toda la aula: – Honro el coraje de ser cuestionadora en este mundo hostil,… Nunca más me he sentido inadecuada. Despedí mi etiqueta y sustituí mi nostalgia de amor por el auténtico sentimiento de amar-me sin condiciones.

Vivir esta experiencia de “ser inapropiada” incluso en la comunidad Biodanza, me ha ayudado a percibir que detrás de los abrazos y las caricias que tanto prodigamos en Biodanza, también se esconden mentiras sostenidas que proyectan el personaje encarnado por el rol de facilitar.

La facilitación para mí es una bendición y como tal conlleva riesgos. Nos enfrenta a las propias carencias y nos pide ser autocríticas con nuestro hacer. Atender, cuidar y fomentar la excelencia en la facilitación (y en la Vida, por supuesto), repercute no sólo en la propia felicidad, sino en el entorno, en el mundo, y es así como generamos cambios. No dejes nada bajo la alfombra; se acumula la suciedad y la apariencia te consume.

Si has llegado hasta aquí y te resuena lo compartido, me hace feliz. Si por el contrario te has sentido ofendida, disgustada o incomodada, no ha sido mi intención; te pido disculpas. Sólo déjalo pasar y sigue tu camino. Mi deseo es crear con la palabra, un espacio donde recuperar el arte de la escucha para leer la vida y amarla más allá de las creencias y los papeles con los que nos hayamos identificado creando así una falsa identidad. Todo es Vacío, es Cero, y en ese círculo eterno nos mecemos. No lo olvidemos.

Com Amor y Servicio.

Aquí el video que te he comentado al principio.

Videoconferencia de Carlos García, el 1 de juliol 2020. Afectividad y ética en Biodanza
Educación Biocéntrica

El arte de la facilitación desde la mirada biocéntrica

Facilitar significa “hacer más sencillo, más fácil, la posibilidad de algo o la obtención de una finalidad. Desde la mirada biocéntrica, ese algo o finalidad es la Vida, la Vida al centro que decimos. Esta frase tan simple, contiene en sí misma dos grandes “enigmas” que conviene profundizar para comprender la magnitud y el alcance de su significado. Uno de ellos es la Vida ¿qué es la Vida? ¿cómo la percibimos?, ¿qué sentido tiene?. ¿cuál es su objetivo?. El otro es el Centro. ¿qué es el centro? ¿A qué se refiere en términos de Vida? ¿Dónde se halla el centro? ¿Es un lugar, un estado, una referencia, una guía?. En los espacios biocéntricos, como facilitadoras, educadoras, profesoras, da igual el nombre que uses, estas dos palabras: Vida y Centro requieren una atenta mirada ya que son el fundamento de nuestra formación y desarrollo como facilitadoras de procesos de integración, que es el tema que nos ocupa.

Desde la perspectiva antropocéntrica, la facilitación de grupos es entendida como el rol que desempeña una persona para ayudar a un grupo a conseguir alguna finalidad concreta, mediante herramientas que faciliten el consenso y el consentimiento (aunque este último no suele nombrarse mucho según mi experiencia). Esta visión mantiene al facilitador y facilitadora en la distancia, como un observador y observadora que sabe qué y cómo hacer para que “todo salga bien” -¿te suena la frase?-. El facilitador-a gestiona el grupo desde la posición de la que asume que el sujeto individual y el sujeto colectivo es carente, carece de, le falta la capacidad de auto-gestionarse, de autonomía, de auto-organizarse y por tanto necesita la figura de la que sabe, de “aquella que posee el conocimiento, los estudios, la preparación” para guiarle en la resolución de lo que le o les ocupa.

Así es como nos educa el Imperio: por una lado hay los que saben y ocupan posiciones, cargos y lugares estratégicos, que dictan las normas para que otros, adiestrados debidamente, “enseñen, guíen, conduzcan” a otros a ser la mano de obra del sistema, los esclavos del imperio, con estrategias tan sutiles y refinadas que nos hacen creer que “todo es por nuestro bien”.

Desde la mirada biocéntrica, el ser humano es libre y completo en sí mismo, con todos los potenciales genéticos inscritos en su ADN para desarrollarse como el Ser verdadero que es, para goce y disfrute de la Vida: Unidad indivisible y única realidad. Esta visión coloca al ser humano en el nuevo paradigma existencial donde el yo deja de ser egocéntrico, o sea personal, para expresarse y vivenciarse como el Yo aliento activo del Bien Común.

Delante de este nuevo paradigma existencial, el papel de la facilitadora deja de ser de salvadora (maternal o paternal muy común), para pasar a ser agente de creación de atmósferas donde el principio de autosostenibilidad de la Vida, también llamado principio biocéntrico, se manifieste no para el bien del grupo, sino con el grupo, desde dentro, participando de los círculos de cultura como parte integrada del propio proceso de transformación. Eso es clave en educación biocéntrica y altamente revolucionario, porque dejamos de ocupar un rol para ser parte viva de la construcción comunitaria, desde dentro hacia fuera y hacia dentro nuevamente, en movimiento continuo de espiral concéntrica que refleja el patrón toroidal de la Vida.

Este gesto casi podríamos decir que es heroico en sí mismo puesto que, como humanos, nos lanza al abismo del encuentro con el Minotauro: el espejo de lo que no me atrevo a mirar por miedo. Pero ese miedo es la llave del paraíso ya que en la imagen del monstruo cornudo se halla oculta la verdadera historia de amor de la Bella y la Bestia, de la fusión del Ser Uno, completo en sí mismo. En este viaje trascendente precisamos desnudarmos de creencias, juicios y valores aprendidos, para reconocer las artimañas de la mente menor, sus trucos, sus escondites y sus estrategias de entreten_i_miento que nos han mantenido atrapadas en lo personal muchas veces sin tener clara consciencia de ello.

Te sugiero que practiques la autoevaluacion como herramienta diaria indispensable. Practica la escucha del latido de tu corazón, los armónicos que resuenan en ti para distinguir el pleno sentido de lo que sólo es apariencia. Toma distancia de las palabras bonitas que esconden carencia, de los gestos amables aprendidos, de las sonrisas postizas. Pueden confundirte y entretenerte en tu camino.

Para las facilitadoras biocéntricas, profesoras de Biodanza, educadoras, terapeutas, maestras, madres, mujeres, amantes, humanos … el Centro es el Punto Cero, el Vacío. Está en cada célula de tí, de tu cuerpo, de tus cuerpos, de todos los seres vivientes. Continúa curiosa por el saber; lee a Edgar Morin, a Kepler, Maturana, a Zecharias Sichin, David Bohm, Robert Morning Sky, Dan Winter, y muchos otros autores que te puedan inspirar. Ábrete al conocimiento transdisciplinar y sumérgete en campos diversos, nuevos, más allá de tu zona de confort; deja lo personal y marínate en lo transpersonal. Investiga en la Geometría Sagrada, la visión fractal, el arte, la antropológica, … ; dibuja y colorea mandalas, practica la contemplación y el silencio, escribe, pinta, ríe, diviértete, juega, y sobretodo no te creas nunca Nada porque no hay nada que creer, todo está en tu interior. Vacíate de todo lo aprendido; han manipulado la historia de la humanidad y nos han engañado; todo lo que nos han contado es una ilusión creada para mantenernos subyugados, manipulables, domesticados. No te creas nada, cuestiónalo todo, porque la nueva era es Transparencia. Los opuestos no existen. Todo es un campo unificado.

Vida sí, Centro sí, pero no cualquier vida ni cualquier centro. Sólo la Vida y el Centro que se general en nuestro interior y se expande en espiral áurea hacia los confines de la creación. Mostrémonos como lo que somos: fractales vivientes de la única Ley Universal que rige todo, conocida como el Amor. Sigue instruyendote, investigando, profundizando sobre la Unidad, la dimensión del Amor, las Leyes naturales; todo revertirá en beneficio de tu vida personal, de tus relaciones, de los grupos y las personas que encuentres en tu camino. No te quedes sólo con lo conocido, sigue porque hay mucho que recordar. Esta es la excelencia de nuestra misión como facilitadoras.

Si te resuena, estoy feliz por haberte pasado el mensaje. Si no te dice nada, o incluso si te parece una tontería, sólo déjalo pasar y sigue tu camino. Gracias de todos modos.

Con Amor y servicio.

Educación Biocéntrica

Educación biocéntrica en las organizaciones: una valiosa herramienta para el nuevo paradigma

Hace más de treinta años que facilito grupos. Cuando empecé, no se hablaba de facilitación; el enfoque era dirigir grupos, así que los primeros años, podría decir que con la poca experiencia que tenía, sumado a la ilusión, más bien me sentía monitora de grupos que otra cosa. Con los años, la búsqueda incesante para encontrar formas y maneras más orgánicas que generaran espacios de autocrecimiento tanto individual como colectivo, me llevaron a la Biodanza.

Biodanza me aportó uno de los elementos indispensables para el aprendizaje: el cuerpo, a corporeidad, el contacto. La sinergia que generan los organismos biológicos entre sí, no puede separarse del proceso de aprendizaje, de la misma manera que no podemos separar la flor de su perfume, las nubes del cielo, el llanto de los ojos, la sangre de la vida. Esto puede parecer obvio pero llevamos muchos siglos viviendo desde la perspectiva antropocéntrica regida por la visión exclusiva del hemisferio izquierdo que, si bien nos ha proporcionado muchos adelantos tecnológicos: la comunicación en red, la circulación libre del conocimiento, la mecanización de procesos, la industria,… también nos ha dejado su parte oscura: acumulación, propiedad privada, consumismo, privatización de los bienes, segregación por género,… y tanto más que no necesito nombrarte porque sabes bien de qué estoy hablando.

Si bien la Biodanza me aportó corporeidad, vivencia y la perspectiva del hemisferio derecho que apenas usaba, fue la Educación Biocéntrica la que ha dado verdadera forma y sentido a mi vocación. Con el estudio y la práctica de la Educación Biocéntrica, la manera de facilitar los grupos en los que iba trabajando, ya sean de Biodanza y otros, ha ido transformándose hacia una vivencia cada vez más integradora en la que la persona que facilita no sólo es observadora del proceso manteniendo su rol en el grupo. La educadora biocéntrica es parte del propio proceso de construcción del conocimiento tanto individual como colectivo. La educadora biocéntrica está atenta a todo lo que sucede pero su mirada y su acción no son desde afuera; está inmersa en el proceso de desconstrucción y construcción del conocimiento, aportando el continente biocéntrico para enmarcar y contextualizar. Esto es fundamental en el proceso de aprendizaje-desarrollo ya que el sistema patriarcal, neoliberal y capitalista, ha dejado una profunda huella en nuestra manera de relacionarnos con la Vida, con el otro y con nosotras mismas, imprimiendo cómo hay que actuar, qué es lo correcto y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, lo aceptable y lo que no, siempre desde la perspectiva antropocéntrica, así que la educadora biocéntrica precisa autoindagar en su propia visión para distinguir qué es biocéntrico de lo que parece serlo. Esto es muy sutil y requiere una mirada autocrítica sincera.

La preponderancia del hemisferio izquierdo (asociado semánticamente al masculino), ha generado la ilusión de separación del Ser como única realidad, descalificando todo lo que viene del hemisferio derecho, relegándolo a lo incorrecto, lo prescindible, un “mal vivir” por decirlo de alguna manera. En el imperio que ha generado el hemisferio izquierdo, la mente es la protagonista, mejor dicho, la única protagonista así que durante centurias se ha ido entrenando al pueblo a dirigirlo hacia actitudes y formas de hacer que nutran ese sistema en el que sólo reconoce lo que nutre esta forma de entender la vida. La mente ha generado maneras muy refinadas de despistarte de la Verdad, no porque sea mala; su función es la de empujarte al autodescubrimiento una y otra vez.

En la mayoría de grupos con los que trabajo, sobretodo en el ámbito de las organizaciones, ya sean cooperativas, organizaciones no-guvernamentales (ONG), asociaciones y otras, la gran dificultad con la que se encuentran las personas es reconocer su patrón “convencional” o “adiestrado” de comportamiento, sobre todo en las aquellas que son emprendedoras. Generalmente aún entienden el liderazgo como una manera de destacar, de ser valoradas, de ser miradas, repitiendo patrones antiguos del patriarcado sin ser conscientes de ello, con un discurso bien estructurado de “nueva generación”, usando palabras autocuido, respeto, escucha, … sin haber pasado por el verdadero tamiz de la semántica.

Nosotras, como educadora biocéntricas, debemos practicar la autocrítica para familiarizarnos con las dificultades de trascender el antiguo paradigma y así, acompañar los procesos de transformación desde dentro, no desde fuera. No es lo que yo quiero, aunque tenga las mejores de las intenciones, es el punto de encuentro donde todos los saberes convergen creando algo inesperado muchas veces.

Necesitamos generar una fuerza gravitacional que ancle el nuevo paradigma existencial para que las generaciones futuras vivan en equilibrio, en Paz, en diálogo, construyendo y viviendo el Bien Común para todas y cada una de las formas de vida del planeta y del universo. Revisa tus acciones, tus intenciones, estate atenta al espejo del otro que te devuelve aquello que no puedes ver en ti. Ábrete a posibilidad de la Unidad desde el Ser Una. No hay nada fuera de ti. Ese es el reto, ese es el movimiento vital del toroide, el campo primordial donde la Vida se manifiesta. Todo pasa por el Punto Cero.

Hay mucho que hacer. Concéntrate en crecer por dentro. Deja la queja para otro momento. Ahora es el mañana. Sin esfuerzo, con dedicación.