Notas de navegación

Autoamor vs. más-turbación. La sexualidad femenina desde el hemisferio derecho.

Hace unos años participé en un curso de sexualidad femenina impartido por Doña Mariana. La llamada surgió de dentro, como un grito ahogado que necesitaba ser escuchado, ¿qué era ser mujer para mí? ¿qué significaba el femenino en mi vida? ¿qué lugar ocupaba? En mi proceso de autodescubrimiento, los círculos de mujeres me ofrecían cobijo para expresar mi voz que, a pesar de todo el trabajo hecho en terapias y otros sistemas, seguía oprimiéndome, pero algo más tenía que haber, algo más había de descubrir. En el Círculo me recomendaron a Marianna y allí que fui.

En ese curso aprendí mucho sobre mí misma. Salí con respuestas y sobretodo con muchas preguntas que me hacían cuestionar de dónde venían mis creencias, mis prejuicios, cuánto ignoraba de mi cuerpo, de mi sexualidad. Uno de los regalos más maravillosos que obtuve fue la palabra AUTOAMOR, Doña Mariana la usa substituyendo la palabra masturbación por el peso cultural que carga y también por su composición: más-turbación.

Nunca me había masturbado, no es que lo hiciéramos en el curso, pero allí me abrí a la posibilidad. Compartir experiencias entre todas las mujeres sobre cómo vivíamos la sexualidad, las múltiples maneras de sentir, de vivir, de experienciar, fue en sí mismo una fuente de inspiración. Recuerdo que siendo pequeña, unos 7 años o quizás más, sentía mucho placer con el roce de las sábanas en mis pequeños pezones despuntando como flores en primavera. Era tanto el goce que deseaba que llegara la noche para deleitarme con las sábanas y deshacerme en sensaciones nuevas que me impregnaban de placer y de temor a la vez. Se lo conté a mi mamá y ella me contestó mientras cocinaba, como sacándole importancia, que no era malo sentir placer pero era mejor evitarlo por si podía perjudicarme y llevarme por mal camino. Así que, descarté los roces y me dediqué a borrar literalmente mis sensaciones, por si acaso.

El camino de mi sexualidad ha sido “extraño” por decirlo de alguna manera. Recibí abusos sexuales de niña por parte de un familiar muy cercano y eso condicionó mi relación con las personas y conmigo misma, aunque mi mente lo borró por completo hasta que con más de 30 años de edad resurgieron los recuerdos. Digo “extraño” porque dentro de la atrocidad y las huellas que deja el abuso sexual, (el 9,8 de cada 10 mujeres han recibido abusos sexuales de todo tipo a lo largo de su vida: desde miradas lascivas repetitivas hasta violaciones múltiples), hoy puedo decir que esta experiencia vivida en la niñez, ha sido una de las fuentes de superación y de inspiración a lo largo de mi vida, que me ha llevado a especializarme en el Femenino Sagrado.

Las preguntas inocentes que solemos hacer en la niñez sobre la sexualidad, en general, suelen recibir respuestas superficiales, incómodas, desviadas, insuficientes e incompletas. Con el tiempo se acaba dando por sentado muchas cosas que no se dicen ni se han dicho nunca pero se sobreentiende que se saben, y así andamos en silencios incómodos, ocultos, en comentarios entre risas y frivolidades, normalizando actitudes que no deberíamos pero que por ignorancia, miedo y vergüenza, dejamos que ocurran pues nos enseñaron que “mejor calladitas”, sin crear problemas. Yo crecí así; muchas de las mujeres de mi generación crecimos así y no es que nuestras mamás fueran malas; la sexualidad femenina tiene un recorrido muy doloroso en la historia humana, pero lo peor es que aún hoy sigue siendo causa de sufrimiento, de angustia, de desilusión en muchísimos casos, después de más de cuarenta años.

Algunas diréis que estoy exagerando, que ahora las niñas ya saben cómo evitar embarazos, que conocen los diferentes métodos anticonceptivos, que las menstruación es una etapa del ciclo de la mujer que a veces duele y es incómoda pero con analgésicos puedes hacer vida normal y con tampones (ahora empieza el uso de la copa menstrual) “no se nota nada”. Sí, es verdad, pero estamos a años luz de educar a nuestras hijas e hijos en la única sexualidad que existe, la integradora, la que potencia nuestro Ser y nos mantiene despiertas, conscientes y equilibradas. Libres al fina y al cabo, no sólo para decidir si embarazarnos o no, para sentirnos completas.

Para mí, el AutoAmor ha sido un descubrimiento que ha pasado por diferentes etapas (seguro que hay más pero yo he detectado estas): la negación tipo “eso son tonterías”, “a mi no me hace falta”; la fribolización con frases como “ya estoy servida”, “¿para qué, si tengo pareja?; y el olvido justificado por un “no lo necesito”, “canalizo la energía hacia la creatividad”, “ha dejado de interesarme”, “me aburre”. Todo lo vivido forma parte del camino y está bien, así que si en algo te sientes identificada no te culpes por nada, sólo recuerda que estamos experimentando el vivir y que no hemos de llegar a ninguna parte; de hecho el único lugar donde llegar, si es que podemos decirlo así, es a ti misma.

El sexo, el corazón y la mente son caminos de autodescubrimiento que llevan a la Libertad, a la realización del Ser, a la Iluminación no como una meta, sino como Ser. Si tu sexualidad esta aún por descubrir aunque tengas la edad que tengas, no te desalientes, sigue adelante sin miedo; descubrirás una de las más maravillosas formas de Amar-te, y añado el pronombre reflexivo porque cuando me amo, según la Ley de la Unidad, estamos amando-nos. Es absolutamente inevitable.

El AutoAmor es un estado de consciencia que te permite generar un espacio de autoreconocimiento desde el hemisferio derecho. Eso quiere decir que vamos a descubrirnos desde lo sutil, lo invisible, la intuición, la curiosidad, la apertura de mente y corazón, para que el agua que fluye por todo nuestro cuerpo nos guíe y nos nutra. Por supuesto este espacio es de no-tiempo; todo gira en una espiral progresiva y armónica regida por la Geometría Sagrada. ¡Hay tanto para experimentar! Resignificar la caricia, el tacto, el tiempo, el orgasmo, la forma de mi sexo, mi sabor, el olor de mi sexo… Relájate, crea un espacio hermoso para amarte, ponte velas, música que te guste, aromas,… lo que te venga en gusto. Te lo mereces. Descubre poco a poco qué hermoso es volver a ser inocente. No hay un destino, sólo camino.

Con Amor y Servicio

Educación Biocéntrica

Sexualidad femenina (2). Proyecto de Educación Biocéntrica

Llevábamos ya varias sesiones juntas. Cuando las mujeres se encontraban en el vestuario para cambiarse, se oía desde fuera risas y algarabía femenina. Me placía escucharlas. Entraban a la sala dispuestas a dar y recibir. 

El dolor del desamor callado tanto tiempo, ocultado tras “hacer ver que no pasa nada” para seguir adelante, deja huellas profundas de culpabilidad, desmerecimiento y una terrible sensación de no poder contarlo, que no se sepa porque “es muy feo”.  El Círculo de Cultura de Educación Biocéntrica, nos ayudaba a expresar con sencillas palabras, lo que no se había podido contar en ningún otro lugar, ni tan solo entre sus amigas.

Las mujeres arrastramos una pesada carga emocional que viene acumulándose desde tiempos remotos, cuando la ignorancia masculina junto con ansia de dominación, nos condenaron a vivir avergonzadas de nuestros cuerpos, humillados nuestros dones, perseguidas por nuestro vínculo sagrado con la Madre Tierra, sometidas a la barbarie de tomarnos a la fuerza sin consentimiento. Esas atrocidades nos pesan a todas y todos, porque sufre perseguidor y perseguida, la conciencia no distingue roles. Se queda todo en el inconsciente colectivo ejerciendo su influencia en la medida que nos identificamos con ello, y desde la inconsciencia seguimos repitiendo patrones que ya no nos sirven. Por eso se hace inminente despertar la conciencia y mirar la verdad, hablar de ella y recordarla para que la esencia de nuestra naturaleza profunda emerja como Ave Fénix y brillemos con Luz propia.

Así, con el espíritu de re-conocer, cogimos todas las palabras del nuevo círculo de cultura que habíamos creado juntas, y las desperdigamos por el suelo de forma que las pudiéramos leer. Pusimos una canción que nos permitiera caminar entre todas las palabras, mirarlas y dejarnos atraer por una de ellas. Después, en silencio, danzamos la palabra escogida, evocando su máxima expresión. Sus cuerpos iniciaron danzas tímidas de ternura, movimientos lentos, suaves, pulsantes, que fueron desatándose en alegría, placer, apertura, confianza,…

Seguimos con juegos de vitalidad y contacto, danzas creativas, samba. Las mujeres reían, movían sus cuerpos alegres, las caderas jugueteaban sinuosas, erotizadas con la manifestación abundante de la vida, con la alegría inocente del amor en la piel. Fue maravilloso presenciarlo.

Después hicimos una ronda sentadas de acariciamiento de pelo. Los rostros estaban relajados, labios sonrientes, complacidos, pecho caricias-salvajesabierto, acompasado por respiración natural. Las manos acariciaban los cabellos despacio, sin tiempo. Estábamos reeditando nuestra memoria celular femenina.

Hay mucho por hacer, muchas caricias que ofrecer, que recibir, muchas miradas y encuentros, muchos círculos que celebrar. Vamos andando sin prisa porque vamos lejos, muy lejos. Objetivo: sanar la humanidad.

Educación Biocéntrica

Sexualidad femenina – Proyecto de Biodanza y Educación Biocéntrica

El programa “Sexualidad femenina. Viaje con brújula” con Biodanza y Educación Biocéntrica (marzo-abril 2011) surge a petición de la Associació de Dones Ítaca del Vallés Occidental, Barcelona.

Algunas de las integrantes de la asociación, estaban participando en el grupo regular de Biodanza que impartía en mi pueblo y percibieron lo mucho que podría ayudar Biodanza a sanar la vivencia de la sexualidad en las mujeres. Así iniciamos este proyecto, con mucho placer de colaborar y compartir con mujeres, uno de los temas más dolorosos de nuestro cautiverio histórico femenino.

Escogimos el título “Sexualidad femenina. Viaje con brújula” porque consideramos importante resaltar el espíritu de la viajera que inicia aventura con equipaje que, al recorrer nuevos paisajes, tierras lejanas, aguas de vida, culturas y creencias compartidas, enfrenta situaciones inesperadas que la empujan a revisar su equipaje y decidir qué es verdaderamente útil para seguir camino y desprenderse de ello si cabe. La brújula nos pareció adecuada por evocar la posibilidad de escoger,  de decidir ir donde todo está por escribir, del presente al presente continuo y andar por instinto de vida y  aventura, curiosidad y eterno goce, a ritmo de nuestras caderas  y pies de tierra.  Y escuchar-nos dentro y fuera para  unir coraje y afectos, vivencia de comunidad casi en olvido, latente.

Facilitar Biodanza es facilitar espacios de comun-unidad donde cada persona es escuchada, valorada y reconocida por el hecho de ser. Cuando el grupo es específico, como por ejemplo éste compuesto sólo de mujeres de entre 20 y 80 años de edad, se genera una complicidad innata de hermanamiento, germanor en catalán (me encanta como suena), que propicia identificación y curiosidad a la vez. Algunas de las mujeres se conocían de la Asociación, otras eran vecinas del pueblo y aunque se saludaban por cortesía entre las callas y avenidas, nunca habían tenido amistad, otras (las más jóvenes) no tenían ningún vínculo entre ellas.

El primer día fue el 7 de abril del 2011. Se habían apuntado 14 mujeres de diferentes edades, de 20 a 80 años como he dicho antes. A la hora acordada, fueron llegando en pequeños grupos de afinidad. Tras la bienvenida en ronda, algunas manifestaron cierto grado de ansiedad. No sabían cómo íbamos a abordar el tema; me preguntaron si tendrían que desnudarse, si nos exploraríamos el cuerpo, si tendrían que explicar cómo eran sus relaciones sexuales, posturas para sentir más placer,….  En mi interior sentí una confortable sensación de encuentro: círculo de mujeres- pensé. Vamos a sacralizar el momento.

Empecé a explicarles la importancia de compartir desde lo sagrado. Hablamos del concepto sagrado, desmitificamos su significado cultural y rescatamos su etimología, procedente de sacro, del hueso situado en el extremo inferior de la columna vertebral, debajo de las vértebras lumbares, compuesto por la fusión de cinco vértebras, con forma triangular, impar, central y simétrico. El sacro forma la parte posterior de la pelvis.

Seguidamente introducimos el lenguaje simbólico y aludimos a la conexión tierra-cielo-tierra. (…) Los rostros de las mujeres fueron relajándose progresivamente. Compartir desde la sacralidad, como sacramento (manera sagrada, momento sagrado), tranquilizó sus expectativas. Explicamos la dinámica de la sesión introduciendo la metodología de Educación Biocéntrica y Biodanza. La mayoría manifestó curiosidad y empezaron algunas risas y comentarios relajados. La alegría de las mujeres se manifestaba cada vez con más presencia. Habíamos conseguido confidencialidad en el círculo. 

Era sumamente importante escuchar cómo resonaba en ellas la palabra SEXUALIDAD, a qué la asociaban, qué recuerdos, experiencias de vida querrían compartir, por lo que iniciamos con el Círculo de Cultura y la palabra generadora SEXUALIDAD.

Circulo de Cultura - Sexualidad
Circulo de Cultura – Sexualidad

El silencio se manifestó como un vaciado. Cada mujer, sumergida en su mundo, empezó a escribir la palabra que sintetizaba lo que quería compartir. Eran palabras de esperanza, de sueño imposible, deseos a realizar; excepto una, todas las demás eran palabras que reflejaban el deseo de lo que querían que fuera o hubiera sido.  

Las palabras fueron: AMOR salió cuatro veces. TERNURA, cuatro veces. CONFIANZA tres veces, JUEGO dos veces y ABUSO una vez. No había distinción entre edades; sus voces hablaban de sufrimiento, y sus palabras escritas rebosaban deseos insatisfechos y aun así, mantenían esperanza.

En mi experiencia como Terapeuta Relacional en consulta privada, las estadísticas apuntaban que de cada 12 mujeres visitadas,  1,7 mujeres manifestaba sentirse satisfecha con su experiencia sexual; las demás relataban episodios de abuso sexual, maltrato psicológico y emocional, frigidez, ausencia de placer y goce, engaño y frustración en sus relaciones sexuales. En el grupo de Biodanza, de las 14 mujeres participantes, sólo una gozaba de una sexualidad placentera y satisfactoria.

El hecho de que en el Círculo de Cultura se hubiera reflejado mayoritariamente el deseo, aunque la palabra en sí no salió, nos proporcionó hablar de él. ¿por qué sin estar expresado implícitamente, estaba presente en cada palabra?  Casi todas las mujeres, excepto una, habló de sus deseos no verbalizados, de la vergüenza de ser malentendida, de sentirse inadecuada al sentir cierto tipo de deseo, de no atreverse a pedir ser satisfecha.

Apareció la percepción corporal, la autoimagen, el cuerpo femenino, la vergüenza de sus curvas, de los ciclos que nos rigen, de esconder el deseo y sentir callada insatisfacción. ¡ Cuánto dolor ha causado la cultura androcéntrica! ¡Cuánta castración, frustración y desamor! Y aún así, las mujeres siguen manifestando el deseo de ser amadas y satisfechas con ternura, amor y confianza. No es una guerra. Son mujeres en pie de Paz.

El grupo estaba conmovido. La naturaleza femenina, vital, interna, abundante y mecedora, emergía entre las brechas que habían dejado palabras nunca dichas antes, tal y como dijeron. Decidí que era momento de gozar el vacío generado al soltar y propuse: segmentario de cuello, danza de fluidez evocando el elemento agua y elasticidad integrativa con la consigna de desperezarse, estirar el cuerpo y disfrutar de su elasticidad, sea la que sea.

Sus cuerpos se relajaron progresivamente, las mandíbulas se soltaron y entre pequeños suspiros dispersos en la sala, emergió un discreto gemido de placer. La inteligencia afectiva se estaba manifestando. Sonreí satisfecha y agradecida por tanto amor.

En la última rueda, nos miramos. Algo había de distinto en sus ojos, en su tez. Permanecían entrelazadas por la cintura, meciéndose aún terminada la música. Sonreían y cuando una de ellas explotó en carcajadas, el círculo se abrió y nos despedimos hasta la siguiente semana.