Biodanza

Mujeres jardín, un proyecto biocéntrico que nace del grupo regular de Biodanza para +65a

Era septiembre de 2017 cuando iniciamos Biodanza para personas mayores de 65 años dentro del programa Gent Gran de Cruz Roja de mi pueblo Castellar del Vallés. La sesión de presentación había sido un éxito y se apuntaron 21 mujeres. Desde entonces hasta hoy, nos reunimos cada martes a las 16.30h para hacer Biodanza.

Durante estos casi tres años, el grupo ha ido transformándose hasta consolidarse en un núcleo fijo de 10-12 participantes. Hemos vivido experiencias maravillosas de transformación, de crecimiento, de descubrimiento y trascendencia que nos ha permitido navegar por la vivencia profunda de la comunidad humana y entender con mayor profundidad la complejidad del vivir.

Para mí como facilitadora es un placer preparar las sesiones semanales y dejarme sorprender por las necesidades del grupo. El tiempo de la personas ancianas es particular, así como su progresión en el movimiento. Resulta muy estimulante adaptar la sesión a sus necesidades.

A lo largo de las primeras sesiones, fui observando que en la rueda de intimidad verbal, el relato vivencial referente a la sesión anterior, quedaba muy reducido debido a la dificultad de recordar de una semana a la otra, lo que hacemos en la sesión, así que durante el primer año me dediqué a explicar los aspectos teóricos de biodanza: el poder de la música, los aspectos biológicos y psicológicos, el significado de la curva metodológica, la biografía de Rolando Toro, … El interés que mostraban ante mis relatos teóricos y el efecto que les causaba en el entendimiento de su transformación personal tanto física, emocional como trascendental, me animó a proponerles que, de forma voluntaria, escribieran un “Diario de navegación” sobre lo que sienten en cada sesión de Biodanza, cómo repercute en sus vidas, qué efectos les causa, etc. De ésta manera la dificultad en recordar quedaba subsanada y podíamos seguir avanzando en la integración, ya que el/la facilitadora, recoge lo compartido en la rueda para diseñar la sesión siguiente y adaptarla a las necesidades del grupo.

En un principio la propuesta no fue bien acogida. Muchas de las mujeres se consideraban analfabetas porque a penas sabían leer y escribir correctamente. Su infancia había transcurrido cuidando de la casa y de los hermanos, ayudando a la familia en el campo, trabajando en fábricas o sirviendo en casas pudientes. Las mujeres manifestaron vergüenza de sí mismas, excepto una que aunque reconocía que hacía muchas faltas de ortografía, quería escribir porque siempre le había gustado y nunca lo había hecho, ni en la escuela porque la trataban de tonta. La valentía de esta mujer, fue un ejemplo para todas.

Al principio, ella traía su libreta y leía su escrito. Su lectura era entrecortada porque no entendía lo que había escrito, pero ella seguía hasta terminar. Eran escritos sencillos, con un lenguaje sincero que dejaban ver una gran sensibilidad aún oculta. Las otras mujeres del grupo la animaban a seguir escribiendo, apoyándola en su empeño y reconociendo su valentía. Con el tiempo apareció otra mujer con su libreta, leyendo su escrito referente a la sesión anterior. Ninguna de las dos valientes mujeres sabía escribir mucho, pero lo que leían llegaba al corazón. Fue así como de a poquito, de la misma manera que se hacen los buenos potajes de las abuelas, las mujeres fueron aportando a la rueda de intimidad verbal, sus sencillos escritos llenos de sabiduría y ternura.

Era tanta la belleza de sus palabras, la sencillez de su contar, la profundidad de su sentir y la ilusión de traer sus libretas y compartir sus escritos que en enero de este año 2020, les propuse hacer un artículo explicando qué es la biodanza, para que la gente que no la conoce pueda saber a través de sus palabras, lo que puede aportarles. Primero se quedaron mudas, calibrando la dimensión de la propuesta; después fueron emergiendo sus dudas, sus miedos, su desconfianza ante el reto propuesto. A medida que compartían sus sentimientos y sensaciones, la ilusión de escribir sobre la Biodanza, fue venciendo las limitaciones aparentes y surgió el deseo de llevarlo a cabo. Lo vamos a hacer por agradecimiento a la Biodanza y lo mucho que nos aporta – dijeron- pero con una condición: el anonimato. No querían que nadie supiera quién había escrito porque “la voz es de todas“, dijeron. Así surgió el nombre de Mujeres jardín, escritoras y poetas del pueblo.

Cada una de ellas se nombra a sí misma como la flor que más le place; así tenemos rosas, jazmín, orquídea, la flor del higo chumbo, violetas, amapolas y geranio. Ellas firman como Mujeres jardín. Yo superviso la ortografía y la gramática y le doy forma de artículo para que Cruz Roja lo publique en su revista y en su blog. Todavía no ha salido publicado el artículo que nació en Enero porque las cosas de palacio van despacio.

La experiencia ha sido tan enriquecedora, que en estos momentos ya contamos con seis mujeres escritoras y poetas en el grupo. Nos hemos propuesto publicar un artículo cada dos meses sobre un tema que surja en las sesiones de Biodanza.

En este mes de febrero, una de las compañeras del grupo murió en tan solo dos semanas. La mujer que se marchó de retorno a la Fuente, estaba tan feliz de haber conocido la Biodanza y a todas las compañeras, que nos dejó con una sonrisa en los labios. La fuimos a visitar varias veces antes de su muerte y la tenemos presente en cada sesión recordando su sonrisa, su elocuencia al hablar, el rostro relajado en la rueda de mecimiento, la ternura de sus abrazos,… Esta experiencia ha hecho que el tema próximo a escribir sea sobre la Muerte: ¿cómo abordamos la muerte? ¿qué papel tiene la muerte en nuestra sociedad, en nuestras vidas?. Las mujeres del grupo tienen entre 74 y 92 años; ellas saben muy bien qué es perder a seres queridos. Cuando comparten su sentir al respecto del tema, emergen palabras de pleno sentido que nos colman el corazón de esperanza, de calidez y sabiduría.

Las Mujeres Jardín son sabias ancianas de la comunidad que ponen palabra a su sentir, un sentir anciano, añejo que ha dejado de tener voz en nuestra sociedad convulsa de soledad y que ahora emerge con serenidad y coraje para recordarnos que la vejez es, en sí misma, sabiduría, experiencia y océanos y mares de ternura donde bañarnos.

Siento una enorme satisfacción y gratitud de acompañar a estas mujeres en este proceso de transformación. Todo esto es gracias a la Biodanza – dicen sonriendo. Entonces pienso en Rolando, cuando meditando sobre el ser humano sintió una profunda nostalgia de amor que le impulsó a diseñar un sistema de integración humana capaz de celebrar la Vida y el placer de vivir, que bautizó con el nombre de Biodanza, la danza de la Vida.

Biodanza

Biodanza con la incorporación del perro terapùetico

Llevamos un año y medio biodanzando cada martes con personas de la Tercera Edad. Es un grupo consolidado de 10-12 mujeres, y éste año estamos iniciando un nuevo paso de profundización en el movimiento, el sentir y el comunicar; ya es el segundo año y hemos de seguir avanzando en la senda de la integración. Biodanza con personas mayores de 65 años es un regalo maravilloso que me motiva y me llena siempre de mucha gratitud y alegría. Preparar la sesión para las mujeres del grupo que oscilan entre los 73 y 92 años, es una oportunidad más para ejercitar, como facilitadora, la flexibilidad y la habilidad de adaptar las vivencias a sus limitaciones sin por ello dejar de potenciar los estados intensificados de la conciencia, donde ocurren verdaderamente las transformaciones biològicas que nos permiten trascender estados emocionales de carencia, limitación, tristeza, soledad y otras sensaciones asociadas a la vejez que vivimos en el mundo capitalista. De hecho considero que las personas mayores junto con lasmás pequeñas, deberían disfrutar de mayor protagonismo en nuestras comunidades, ya que son fuente de sabiduría y guía segura para el retorno al corazón.

Pues bien, el pasado martes, por circunstancias que no viene al caso contar en este momento, tuve que ir a impartir la sesión de Biodanza con mi perro Roc. Él està acostumbrado a la música, la danza, las personas, el movimiento, el silencio, la comunidad humana, puesto que desde muy pequeño ha participado en círculos de meditación, encuentros en la Naturaleza con Biodanza, por no decir las horas que danzo en casa probando músicas, ejercicios, secuencias,… y mi gusto por la música y el danzar. Así que cuando decidí que Roc me acompañara a la sesión de los martes por la tarde con mis abuelas biodanzantes, sabía que él no causaría ningún problema. Mi grata sorpresa fué la entrañable acogida que tuvo Roc en el círculo de las mujeres, las muestras de afecto que le hacían, las caricias que le daban y la mirada de sus rostros al observar el estar de Roc entre todas ellas. A pesar de eso, sólo lo dejé entrar a la sala en el primer momento de la Rueda de Intimidad Verbal y al final de la sesión; pensé que era lo mejor para el desarrollo de la sesión.

Al terminar, Roc entró en la sala y las mujeres lo colmaron a caricias, palabras cariñosas y carantoñas que Roc acogía de buen grado. Mientras esto ocurría, me quedé observando la belleza de los rostros sonrientes de las mujeres del grupo. Era el efecto que les producía la presencia de Roc, mi hermoso, fiel, paciente y noble perro. Esto me despertó una idea que tomó fuerza en mi interior cuando una de las mujeres dijo en el grupo que lo trajera más veces a danzar con ellas, que era muy agradable sentir su presencia allí con ellas. Todas secundaron la idea.

Durante la semana he estado escuchando mi corazón: Introducir la presencia de Roc en las sesiones de Biodanza como parte del proceso de integración. Mmmmmm! Sabe bonito. Sabe bueno. Sabe bien.

Las relaciones que se gestan entre perros llamados terapéuticos y personas mayores, infantes autistas, personas afectadas por enfermedades neuronales, trastornos psiquiátricos y otras alteraciones, son verdaderamente saludables. Me he documentado sobre estudios y proyectos llevados a cabo en residencias geriátricas y concretamente con niños autistas; de hecho tengo una querida amiga que ha estado educando a su perro para poder trabajar con niños y niñas afectados por algún trastorno de la conducta (agresividad, pasividad, inquietud, celos, etc.) y los resultados siempre son muy motivadores. Si bien es cierto que no todos los perros pueden ejercer este rol terapèutico, Roc es un perro terapeuta por su propia manera de ser, de relacionarse y por el vínculo de amor que mantenemos. Así que ayer mismo hablé con la técnica del proyecto “Biodansa per +65a de Creu Roja”, y le propuse seguir haciendo las clases de Biodanza incorporando la presencia terapèutica de Roc. Le encantó la idea y hoy hemos hecho la primera sesión de Biodanza con Roc.

La experiencia ha sido extraordinaria. Tengo el corazón lleno de alegría y satisfacción. Comparto los detalles por si pueden ser de inspiración para alguna persona.

Cuando nos hemos encontrado con el grupo en la calle, justo antes de entrar a la sala, la acogida con Roc ha sido deliciosa: todas las mujeres estaban contentas de contar con su presencia y han celebrado su incorporación a partir de ahora.

En la Rueda de Intimidad Verbal, Roc permanecía quieto, estirado, es actitud de relax justo en medio de la rueda. Mientras las mujeres compartían sus vivencias, la presencia de Roc entre ellas les despertaba ternura y alegría a la vez. Así lo han manifestado.

Roc ha participado con las integrantes del grupo en varias de las propuestas, la primera ha sido en el caminar a dos. Les he enseñado a sujetar la correa de forma correcta para pasear con él y que Roc se sintiera cómodo a su lado. Las mujeres sonreían con una complejidad nueva, casi diría que radiante. Había en su semblante y en corporeidad una sensación de orgullo, de seguridad que no había antes en ellas. En los cambios de pareja propuestos mientras sonaba la canción, Roc era un miembro más del grupo y paseaba con cada una de ellas.

También ha participado de forma activa en una propuesta de “danza creativa a dos unidas por un hilo invisible”. ¡Qué hermoso ha sido ver el juego que se generaba entre las mujeres y Roc en cada uno de los cambios; la seguridad que les proporcionaba a ellas el ver cómo Roc se adaptaba a ellas y ellas aprendían rápidamente adaptarse a Roc. Algunas de ellas tienen el desplazamiento limitado pero con Roc, se permitían jugar más con su propio cuerpo movidas por la intención de conectar con Roc.

En la parte de la sesión más tranquila, Roc ha estado descansando, mirando la sesión a distancia, durmiendo a ratos. No ha intervenido en esta parte pero voy a introducir progresivamente el acariciamiento y el masaje a Roc como un miembro más del grupo.

Me siento feliz de la experiencia y siento que esto va ha ser muy bueno para el grupo.

Seguiré informado. Un abrazo.

Biodanza

El recurso de los cuentos populares en la aplicación deBiodanza y familia

En el Ayuntamiento de Rubí, Barcelona, dentro del programa educativo “Efecte E”, han incluido de nuevo Biodanza en familia. Es la segunda edición y para mí es todo un reto y una satisfacción poder compartir Biodanza en familia con niños y niñas de entre 3 y 5 años. 

Como ya conté en mi post anterior Biodanza en Familia: encuentro con lo esencial, los niños y niñas vienen acompañados de sus mamás. La ausencia del papá o de la figura masculina es notoria y en cierto modo alarmante. ¿Serà que las mamás no trabajan fuera de casa y disponen de más tiempo que los papás?. Las respuestas que obtuve fueron del todo convencionales asumiendo que ésto es lo normal, y sólo de forma excepcional es cuando el papá aparece. Me pregunto si somos conscientes del mensaje que estamos dando a nuestro hijos e hijas repitiendo los mismos esquemas que nos han llevado a estigmatizar los roles femenino y masculino. Todavía son muy pocos los papás comprometidos con la paternidad consciente y muy pocas las mamás dispuestas a llevar a la práctica real lo que teóricamente está muy claro; pero no me cabe juzgar lo que cada quién hace como mejor puede. 

Mi interés en este post es compartir el uso de la herramienta del cuento popular en las sesiones de Biodanza en familia, y para ello me voy a remitir a un libro titulado “Cuentos Sanadores” de Susan Perrow, que me ayuda muchísimo a construir las sesiones para que, no sólo pasemos un buen rato en familia, sino que ese rato sea rico de experiencias y vivencias integradoras por los ejercicios de Biodanza en sí mismos y también, por el contexto en que se desarrollan. 

A medida que un/a niño/a pequeño crece física y emocionalmente, su capacidad para imaginar y su fantasía se desarrollan. […] Mientras que un/a niño/a de menos de dos años imitará la actividad de la persona adulta, en los tres y cuatro años jugará con los objetos y los utilizará de forma imaginativa. […] En este estadío, las fuerzas imaginativas del/de la niño/a están floreciendo y preparadas para recibir el “alimento” de los cuentos populares y de los cuentos de hadas.

Los cuentos de hadas, en el sentido amplio del término, es decir, los cuentos populares de culturas de todo el mundo, […] tienen una calidad atemporal y satisfacen el profundo anhelo de lo maravilloso en los/las niños/as y ofrecen consuelo y esperanza. La profundidad de su sabiduría es un contrapeso saludable frente a nuestra época materialista, y su magia los hace valiosos para todos los niños/as.

Cuentos Sanadores. Susan Perrow. Una ayuda para padres y educadores para gestionar situaciones difíciles y desafiantes. 

Desde muy niña recuerdo mi pasión por los cuentos; me han ayudado a vivenciar experiencias que no podría haber vivido de otra manera. Siempre hay un problema o situación que debe ser resuelto, una confrontación con el mal, el cual puede tomar muchas y diversas formas, desafíos que hay que superar para conseguir la satisfacción final. Es un entrenamiento anímico que estimula el desarrollo saludable de la criatura, y por eso decidí incluir el recurso del cuento popular en mis clases de Biodanza en familia. 

A veces me ayuda de mi muñeca Paula [ver foto] que es la protagonista de la historia o la que la cuenta; otras veces soy yo misma la relatora, y en la medida del transcurso de la aventura, intercalo las vivencias de Biodanza con sus músicas, alimentando así la experiencia enriquecedora. Para mí como facilitadora y cuentacuentos, es una satisfacción ver y sentir las miradas de los/as niños/as, sus reacciones, aportaciones, cómo siguen la creación de la historia, olvidando por algunos instantes a sus mamás presentes, para recuperarlas después, desde el hèroe y la heroína en la que se han convertido.

El proceso de creación de la sesión es el siguiente: uso un cuento popular, lo adapto de forma que la curva metodológica de Biodanza cumpla su efecto integrador, intercalando vivencias y músicas adecuadas que sigan el hilo de la historia, y termino con una ronda de cierre. Nunca hay moraleja, la acción sucede en una secuencia natural (más verbos que adjetivos y más acción que descripción), y preferiblemente incluyo una rima o repetición en la narrativa del texto que siempre ayuda a los más pequeños a seguir el hilo de la historia. Te pongo un ejemplo para que lo entiendas mejor. 

El cuento que voy a usar se titula La Manzana Estrella. Es un cuento popular de origen desconocido y es adecuado para todas las edades. Cuando lo cuento, suelo cortar la manzana (horizontalmente) y después la pongo junta en un paño, para que en el momento adecuado de la historia, pueda mostrarla. El cuento dice así: 

Érase una vez un niño pequeño que estaba aburrido de mirar todos sus libros de imágenes, de todos sus rompecabezas y de todos sus juguetes. -¿Qué podría hacer?, – le preguntó a su mamá. La madre sabía cosas hermosas que podían hacer los niños pequeños, y le dijo: – Deberías ir de viaje a buscar una casita roja, sin ventanas y sin puertas y con una estrella escondida en su interior.- Los ojos del niño se abrieron por la emoción. – Pero madre, ¿dónde puedo encontrar una casa semejante?- dijo. – Sigue la calle, para la casa del granjero y sube colina arriba. Recuerda que cuando la encuentres debes traerla para enseñármela.- contestó la madre.

Así que el niño salió de casa. Era un día hermoso de otoño, brillaba el sol en un cielo azul y él se sentía feliz porque iba a vivir una aventura. Bajó la calle saltando y cantando. No había ido muy lejos cuando vió al granjero, al lado de un gran granero marrón, observando sus campos sembrados de grano y maíz.

-Disculpe Sr.Granjero,- dijo el niño. ¿Podría decirme dónde puedo encontrar una casita roja, sin ventanas ni puertas y con una estrella en su interior?.  – He vivido un montón de años aquí y no sé nada sobre una casa así. Deberías preguntar a la abuela. Ella teje mitones rojos, sabe hacer palomitas de maíz caramelizadas y muchas cosas más. Seguro que la abuela lo sabe. -le dijo el granjero.  

El niño siguió calle abajo buscando la casa de la abuela. Pronto llegó a dónde estaba la abuela sentada en su mecedora en medio de su jardín lleno de hierbas aromáticas y de flores de caléndula. – Disculpe abuela, -dijo el niño,- ¿Podría decirme dónde puedo encontrar una casita roja, sin ventanas y sin puertas y con una estrella escondida en su interior?. – Oh!- suspiró la abuela,- ¡Cuánto me gustaría a mí saber dónde hay una casita así. Podría estar calentita en las noches frías de invierno y la estrella daría una hermosa luz. Deberías preguntar al viento. Él sopla sobre las colinas y los valles, sopla por todas partes y conoce todos los secretos.

Así que el niño continuó su viaje en busca del viente. Empezó a subir la colina y bo había ido muy lejos cuando el viento vino a su encuentro. Sopló una vez sobre su cabeza y una más, y otra más. – Disculpe Sr.Viento- dijo el niño. ¿Podría decirme dónde puedo encontrar una casita roja, sin ventanas y sin puertas y con una estrella escondida en su interior?. El viento empezó a reírse y le dijo- Sígueme. Sopló hacia lo alto de la colina donde crecía un manzano y sopló una vez sobre el hermoso árbol, volvió a soplar y otra vez, hasta que se desprendió una manzana de una de sus ramas y cayó en la hierba, debajo del árbol.  Cuando el niño recogió la manzana, la sostuvo en sus manos y la miró atentamente. Era redonda y roja, no tenía ventanas ni puertas, tenía un pequeño tallo en lo alto que parecía una chimenea. Se preguntó: -¿será ésta la casita? . Entonces sacó de su bolsillo una pequeña navaja y cortó la manzana justo por la mitad. Cuando separó las dos mitades, vió que dentro había escondida una estrella!!!!.  -¡Gracias Viento!-dijo.  -De nada – susurró el Viento. Y el niño regresó a casa para enseñarle a su mamá la hermosa casita roja, sin ventanas ni puertas y con una estrella escondida en su interior. 

En este cuento he hecho algunas modificaciones como por ejemplo: cuando va de camino a casa del Sr. Granjero, se encuentra con otros niños y niñas que los acompañan un trecho del camino, entonces introduzco la coordinación rítmica a dos, o el trenecito; cuando encuentra al granjero, éste le dice que no sabe donde está la casita pero que antes de ir a por la abuela, se quede a ayudarle en las tareas del campo y aquí pongo una canción infantil para hacer los gestos universales de los trabajos primordiales (arar, sembrar, recoger, moler,…). En otro momento del cuento, cuando encuentra a la abuela, ésta está cocinando y bailando con su gato y su perro, entonces pongo una música para hacer danza a dos creativa; cuando se encuentra con el viento, introduzco la vivencia de la Garza o una danza de fluidez como si estuviera flotando en el aire… y así voy creando las variaciones hasta que encuentro que la historia y las vivencias siguen la curva metodológica de integración. Mi experiencia es muy satisfactoria. 

Espero que este post haya sido de tu interés y te haya podido inspirar a crear tu propia forma de facilitar Biodanza en diferentes contextos.

Hasta pronto. Un abrazo. 

Biodanza

La consigna de Biodanza es el puente a la acción transformadora de la vivencia

El Ayuntamiento de Santa Perpètua de la Mogoda, Barcelona, ha decido incluir la Biodanza en el programa de Inserción socio-laboral para mujeres en riesgo de exclusión. Esto ha sido posible gracias a Sandra, alumna del grupo regular de los viernes tarde de Castellar del Vallés, que viendo los efectos de la Biodanza en sí misma, decidió proponer a su concejala los beneficios de incluir la vivencia corporal integradora del Sistema Biodanza en el programa de mujeres del que ella es la técnica. El resultado ha sido una prueba piloto de tres sesiones de Biodanza, como propuesta integradora afectivo-motora en el programa de formación y apoyo que se ofrece a estas mujeres.

La convocatoria ha sido de 21 mujeres pero en la realidad son 16. Esto en sí mismo ya es un éxito debido a que todas ellas están buscando empleo y esto implica una dedicación de tiempo importante, a parte de ser madres, esposas, amigas, hermanas, atender sus casas, sus padres, sus hijos e hijas, comprar, acompañar al médico a sus seres queridos, preparar comidas, cenas, recoger y llevar los niños y niñas a la escuela, a los extraescolares, ir a las reuniones de padres de la escuela, … Si viviéramos en una sociedad donde los valores no fueran exclusivamente masculinos y regidos por el hemisferio izquierdo sin tener en cuenta el derecho (por decirlo de forma diplomàtica), estas mujeres que están en situación de riesgo de exclusión (por no encontrar trabajo con todo lo que ello implica a múltiples niveles), serían bendecidas y bienamadas por la sociedad entera por el bien que hacen a la comunidad humana, aunque ese bien no se base en el mercantilismo del vivir, sino en la con-vivencia del Vivir, de ser familia; aunque esta palabra, como tantas otras,  haya dejado de tener el significado que tenía hace tan solo una generación atrás. Todo cambia muy rápido pero la inclusión de la mirada femenina-feminista, está muy lejos de ocupar el lugar que lo corresponde.

Estas mujeres, a pesar de sus historias personales, no son víctimas de una sociedad enferma, nada más lejos que eso. Ellas son Guerreras en Pie de Paz para decir alto y claro, que ni Ellas ni ninguna mujer más, son mercancía desechable o defectuosa. Ellas son supervivientes de la maquinaria capitalista que sólo valora a la persona por su productividad al servicio del sistema androcèntrico que nos está llevando a la autodestrucción como especie y como planeta. Ellas sólo pueden estar al servicio de la Vida porque no es por ellas, es por nosotras y las generaciones venideras.

Ser mujer en este mundo endurecido y violento, sigue siendo hoy en día un acto heroico en mitad de tanta barbarie. ¿Cómo hacer que en tan sólo tres sesiones estas mujeres estigmatizadas sientan su Poder, el Yo Puedo en sus manos, sus vientres, su voz y su mirada? La mejor manera que se me ocurre es Vinculándolas a la Tierra,  a la Gran Madre; retornando al origen de nuestra esencia y escuchando la Voz de Gaia que nos habla claro y fuerte pidiéndonos coraje para Ser y ocupar nuestro lugar en el mundo. Somos las mujeres, dadoras y sostenedoras de Vida que tenemos ese papel. Eso no excluye al masculino ni mucho menos, pues cada uno hace su papel en la Danza de la Vida. Para restaurar el equilibrio planetario, de todos los seres que vivimos en el planeta, las mujeres necesitamos escuchar a Gaia y reconocer en nosotras la Voz de Tierra. Nosotras somos las guardianas de la Cultura de la Tierra, los hombres nos acompañan en su labor. Nadie es mejor que nadie. Todas las personas, todos los seres humanos, somos iguales a los ojos de Gaia, sin distinciones de ningún tipo. Este es el mensaje que deseo transmitirles a estas mujeres: debemos ocupar nuestro espacio en todos los lugares donde estemos, reclamando la Verdad y la Sabiduría de la Tierra que Ama a todos los seres por igual, los nutre igual y los cobija de igual forma en sus oceànicos brazos. Nuestra misión como mujeres empoderadas es abrazar nuestra singularidad y con ella alzarnos en Pie de Paz para que los valores de Gaia la Gran Madre, sean restaurados y prevalezca la equidad en lugar de la desigualdad,  que la ternura y el respeto sustituyan la violencia y la violación, que la libertad sea vivida y la esclavitud un mal recuerdo, que las mujeres y sus hijas e hijos podamos andar solas y confiadas por bosques y selvas sin miedo a ser violadas, esclavizadas, torturadas, que los hombres sólo empuñen espadas de Luz y Verdad y nunca más de muerte y guerra, … Estamos cansadas, hartas de tanto desamor.

Así, con la fuerza que me da la Madre Tierra, planteo estas tres sesiones de Biodanza, que sin dejar de ser sesiones para iniciantes, tradicionales en su método y puesta en práctica, puedo transmitirles el Amar, el Saber y el Poder de Yo Soy. ¿Cómo? Con la consigna (las músicas vienen después); es en la consigna donde puedo generar el puente a la vivencia transformadora que propone la Biodanza en sus ejercicios. Como facilitadoras, no necesitamos hacer nuevas propuestas de ejercicios, ni inventar a penas nada pues todo lo que ya está construido sigue siendo útil por sí mismo, pero sí podemos y debemos seguir investigando, adaptando las propuestas originarias a las situaciones concretas del grupo y el momento.

Biodanza despierta el alma, y lo hace a través del cuerpo. Esa es la excelencia de Biodanza que la hace tan distinta a cualquier otro sistema y método que se trabaja desde la perspectiva corporal. La apariencia de la forma puede confundirnos, pero sólo en Biodanza encontramos la clave antropológica que mueve todo el sistema: el Principio Biocéntrico y la Inteligencia Afectiva .

Espero acordarme de hacer una foto con las mujeres para documentar mi experiencia.

Saludos.

 

Biodanza

Biodanza en familia: el encuentro con lo esencial

Estoy trabajando con un hermoso grupo compuesto por mamas y papas [pocos papas, aún son pocos los hombres que participan de las actividades fuera del horario escolar] y niños/as de 5 a 7 años, aunque también vienen hermanitos y hermanitas menores. Es un programa promovido por el Ajuntament de Rubí, al que doy las gracias por su disponibilidad y confianza.

El primer día pregunté si alguien sabía qué era la Biodanza. Nadie la conocía excepto una mamá que estuvo mirando por internet para hacerse una idea. Le pedí una palabra para definir la sensación que le produjo y dijo “Desestresante”. ¿por qué has escogido esa palabra? le pregunté curiosa y contestó que el hecho de que cada uno se moviera a su antojo, libremente, le pareció muy desestresante. Sonreí para mis adentros, recordando esa sensación de estar sujeta a hacer las cosas que toca hacer cuando los hijos/as son aún pequeños y requieren tanta atención y cuidado que no hay apenas tiempo para hacer nada más que lo que toca hacer.  Pensé lo importante que es cuidarlas a ellas también, creando espacios para ellas/os mientras están con sus criaturas.

Hablamos brevemente sobre la propuesta de Biodanza e hicimos mención a la autorregulación, la progresividad, el grupo, y especialmente a “Portarse bien”; estas dos palabras me las enseñó mi querida amiga Rosa Palacios, fruto de su larga experiencia con niños/as y familias. En Biodanza el “Portarse bien” no existe; no conocemos este concepto porque entendemos que siempre hacemos lo mejor que sabemos. Esto da pie a  invitar a las mamás y papás a que descansen de su rol de padres y madres, y dejen que las cosas sucedan tal como son, sin exigencias. Sí indicamos que si no deseamos hacer algo, podemos optar por descansar o hacer otra actividad siempre que ésta no moleste a nadie ni al grupo. El respeto es primordial.

Dejar el rol de padres/madres, generalmente causa un efecto de alivio: tienen el permiso de pasárselo bien ellos y ellas, sin controlar lo que hacen sus hijos e hijas. Es inevitable que, al  menos en la primera sesión, los más pequeños vayan pegados a sus progenitores si no conocen a ningún otro niño y niña, pero a lo largo de la sesión y de los días, cada vez hay más espacio entre ellos. Después de dos o tres sesiones, cuando la confianza en el lugar y en la facilitadora se ha generado, empezamos a hacer propuestas de vivencia en las que los adultos interactúan sólo entre ellos mientras los más pequeños los observan, y al revés; por ejemplo, con ruedas concéntricas, rondas de presentación al centro, juegos de interpretación. Es muy interesante ver el efecto que causa en los papas y mamás y también en sus hijos e hijas. De primer momento, los adultos suelen encontrarse algo desubicados cuando no están con sus hijos/hijas y se encuentran con otros/as adultos, como si por un instante se dijeran a sí mismo/a ¿Pero esto no era para los más pequeños?, pero la música ya está sonando y la propuesta está en acción así que se entregan a la vivencia. Sus hijos e hijas están allí mirándolos, observando con sus ojos limpios de juicio. Quizás hay algún pequeño que se puede pegar a las piernas de la mama o el papa mientras están allí sin ellos, pero no suele ocurrir; en general les gusta ver a sus papas y mamas haciendo cosas que no suelen hacer: los ven jugar entre ellos, divertirse como niños y niñas, hacer y deshacer con la misma simplicidad que nuestros pequeños y pequeñas. Es un momento mágico. La sala se llena de un hermoso aroma de Alegría y Libertad. La esencia del Ser se manifiesta y no hay diferencia entre personas y personitas.  Así es como va ocurriendo la trans-forma-ción: danza a danza, movimiento a movimiento, círculo a círculo.

Hay otro momento especialmente significativo en la aula de Biodanza y Familia: es la parte de la curva metodológica donde descendemos y las músicas son melódicas, las propuestas de movimiento son más lentas y las expresiones de afecto y cariño se hacen más evidentes. ¡Cuán distinto es este momento en las sesiones con adultos!!!! Con los niños, el darnos amor, cuidarnos, querernos, es algo natural. Pocos pequeños rehuyen el contacto afectivo: sus manitas aman a sus compañeros/as, aman a sus mamas y papas y se dejan amar.  En Biodanza para adultos, la progresión hacia la expresión de la ternura, es lenta en el tiempo, muy progresiva, leve y con consignas poéticas para no herir sensibilidades.

Observarles en ese acto amoroso que surge como caricia, para mí es un momento de Gran Belleza. Padres/madres junto a sus hijos/as se expresan amor mutuo acurrucados en un nido afectivo, apoyados unos con otros con cuidado,  estirados en el suelo, en un tren de descanso o en un mandada,… y surge la caricia, el mimo, el contacto de la piel con la piel que nutre. Siento que esos instantes amorosos son como cantos de Esperanza y de Fe en el Ser Humano, en la Vida, en el vivir.

La Biodanza es un sistema de induce a la reeducación afectiva proponiendo vivencias integradoras que devuelven el sentido a Ser Humano.

 

Biodanza

Biodanza como instrumento de cambio

Biodanza es un sistema de nutrición absoluta. Usted se alimenta del cosmos, del amor de los otros y de los frutos de la tierra. Pan y besos son los instrumentos de cambio“. Rolando Toro, 1981

Hay una tierra que danza bajo los pies danzantes. ¿Puedes sentirla?

Mil maneras hay de percibir esa Danza Sagrada que se mueve al son de la Eternidad. Quizás la sientas cuando meditas en silencio, cuando paseas por el bosque o te sumerges en las aguas del mar, cuando tus pies chapotean en la orilla del río, o cuando juegas con tu mascota; quizás te sientas danzando por dentro cuando la risa de la criatura inocente contagia tus sentidos o cuando la caricia de una mano amiga roza tu pelo. ¡Hay tantas maneras de percibir-La!. Yo hoy te propongo la danza de Biodanza, concretamente la Profundización de Biodanza.

Hay un período de iniciación en Biodanza donde los cuerpos vuelven poco a poco a recordar la belleza del mirar, a  respirar mientras caminas entre gentes desconocidas y la música habla a los sentidos desmontando corazas y suavizando aristas. El cuerpo va recordando paso a paso, aula a aula, cómo es vivir confiando en mí, la otra persona, el entorno; cómo puedo expresarme sin mediar palabra y sentirme comprendida, cómo puedo mecerme al compás de un canción sostenida por un círculo de manos dadas.

La iniciación de Biodanza es un retorno pausado a lo que ya existió y quedó olvidado por el ruido de la exigencia, el barullo de la prisa y el dedo que acusa. Retorno calmo, gracioso, juguetón, cariñoso, afectivo, dulce, calmo retorno. En este viaje de iniciación la música vuelve a ocupar un lugar en la vida y el cuerpo se expresa progresivamente con más fluidez.

En la profundización, la expresión corporal ya no es ajena a mi sentir; se ha vuelto más sensible y conectada al vivir: la mirada apenas se esconde; el movimiento puede acariciar el aire; el sentir transita el gesto y las manos danzan en silencio con gestos de pleno sentido; la palabra ya no surge para comunicar; el cuerpo se ha vuelto más sensible al vivir.

Las personas que participan en las aulas de profundización de Biodanza, tienen una experiencia previa en Biodanza o en otros sistemas y tècnicas de expresión corporal, en las que el individuo es un agente de transformación personal y colectiva, implicado en el mundo y con deseos de vivir y participar de la vida de forma activa y consciente. Biodanza conecta a la Vida y al deseo de Vivir por eso en profundicación, podemos alcanzar estados de conciencia y percepción que, de forma orgánica y amorosa, transciendan nuestras limitaciones y nos abran una nueva mirada y percepción más comprensiva y afectiva de nosotros/as mismas, las otras/os y el mundo.

Bio Prof1Para participar de los talleres de Pronfundización, ponte en contacto conmigo. Juntos/as valoraremos tu participación.

Puedes contactar conmigo a través de correo electrónico tenderoteresa@gmail.com y por teléfono 649 085 439

Lugar: TANDEM STUDIO – Via Laietana, 45 3r.1a. BCN (frente Palau de la Música).
Cómo llegar: Metro L1, L4 estación Urquinaona. Bicing. Bus 45, N8, V15, V17.
Precio: 20€ si te inscribes antes del 20 de abril.
30€ a partir del 21 de abril.
*Hay cómodos vestuarios para cambiarse.

Biodanza

Cuentos sanadores: La semilla fértil

Había una vez una semilla que había caído en tierra de Nadie.  Los días se sucedían uno tras otro y nada nuevo ocurría. El Sol aparecía en el horizonte y todo brillaba con intensidad; después volvía a esconderse y la Luna despuntaba allà en lo alto reluciente a veces, otras invisible. Parecía que jugaban entre ellas. Al principio le pareció divertido pero cada día sucedía la misma historia una y otra vez:  nunca se encontraban el Sol y la Luna.  La semilla empezó a preguntarse què hacia allí, en esa tierra de Nadie donde nada nuevo pasaba.

Un día apareció una hormiga y se la llevó. Semilla estaba contenta porque iba a conocer otros lugares, nuevos mundos. La hormiga anduvo mucho rato con la semilla a cuestas hasta que se sumergió en un profundo agujero bajo tierra.

¡Cuantos pasillos hay aquí dentro!, dijo la semilla maravillada. – No sabía que debajo de la tierra hubiera tantas cosas. Todas las hormigas andaban de un lugar a otro transportando cosas y almacenando todo lo que traían en su lugar correspondiente; todo estaba perfectamente organizado. Semilla estaba contenta con tanta actividad a su alrededor. ¡Había tantas cosas que mirar!

Los días fueron pasando y semilla empezó a aburrirse de nuevo. Le dejaron de interesar las actividades de las hormigas, sus quehaceres, sus juegos. Cada día le parecía igual, hasta que vinieron las lluvias. El hogar subterráneo de las hormigas empezó a inundarse con tanta lluvia que caía del cielo, y decidieron que debían guardar su comida en otro lugar seguro, donde el agua no estropeara su comida. Las hormigas se movilizaron rápidamente transportandolo toda su comida a una colonia amiga que vivía en un gran árbol.

El árbol donde vivía la colonia amiga de hormigas era un gran roble de muchos, muchos, muchos años. Era un árbol savio donde habitaban muchos seres en perfecta comunión: había lechuzas que cantaban en la noche y pàjaros saltarines que de día jugaban entre sus ramas; una familia de ardillas y una gran colonia de hongos y setas que anidaban en su hermoso y frondoso tronco; también vivían en él un par de enanitas que tenían su pequeña casita en la parte norte del tronco, allí donde crecía la hiedra y no dejaba ver la diminuta puerta de entrada a su hogar; en una de las largas ramas del roble vivía también una pequeña ciudad de hadas y elfos que cuidaban del bosque; una tortuga que se escondía entre la tierra y las grandes raíces que sobresalían del gran roble sabio; y ¡cómo no! la gran colonia de hormigas amigas que iban a dar cabida a sus hermanas-vecinas y a su comida, hasta que la lluvia cesara y la tierra estuviera firme para construirse un nuevo hogar.

La semilla se había quedado sin habla al ver aquel hermoso árbol donde tanta vida habitaba. Me gustaría ser como este gran árbol,- dijo la semilla. Seguro que nunca se aburre- pensaba.

Una mañana que semilla estaba silenciosa pensando en lo aburrida que era su vida, el gran roble sabio le habló en un susurro que sólo ella podía escuchar, y le dijo: Estás triste porque caíste en tierra de Nadie y no has podido germinar. – ¿Germinar?– dijo semilla. – – contestó el gran roble sabio- Brotar de tu interior hacia fueraHasta ahora sólo has mirado lo que hay fuera de tí y todo te acaba aburriendo. Debes brotar-le dijo. – ¿Cómo?- preguntó inquieta la semilla. El gran roble sabio, quedó pensando en silencio. Al cabo de un buen rato, le dijo: Todas las mañanas cuando sale el Sol, viene un colibrí a cantarle; después parte hacia otras tierras. Sólo tienes que decirle que te lleve allí donde tú quieras, y llegado el momento, el colibrí te soltará para que tu caigas en tierra fértil y puedas germinar. 

La semilla estaba asustada. ¿Cómo haría para subir a la rama más alta del árbol?- pensó. Yo no sé andar. No puedo hacerlo. Sólo soy una semilla. Estaba tan asustada que los días iban pasando y las lluvias se marcharon. La tierra estaba secándose y las hormigas empezaron a organizarse para construir la nueva casa y trasladar todas sus reservas de comida. Semilla tenía que decidirse: o subía a la rama o se quedaba bajo tierra con las hormigas. Por fin se decidió: ¡Voy a subir a la rama más alta y voy a decirle al colibrí que me lleve a tierra fértil para poder germinar!.

Se llenó de coraje y le dijo a una de las hormigas exploradoras si la podría llevar a la rama más alta para ver cómo salía el Sol antes de que volvieran a sumergirse en las entrañas de la tierra. La hormiga exploradora accedió de buen grado pues era exploradora y le gustaba andar de aquí para allá, así que a la mañana siguiente, cogió a la semilla y la dejó en la rama más alta justo antes de salir el Sol.

Al poco rato se acercó un hermoso colibrí volando que se paró en la misma rama donde estaba la semilla. El Sol empezó a despuntar allá a lo lejos y el colibrí entonó las primeras notas de su canción. Cada vez cantaba más fuerte y el Sol salía cada vez más hasta que lo iluminó todo con su esplendor. Entonces, el colibrí se dispuso a alzar el vuelo, cuando la semilla le preguntó alto y fuerte: ¿Podrías llevarme contigo hasta tierra fértil para  poder germinar?. El colibrí no lo dudó un instante; cogió delicadamente a la semilla entre su pico y voló. Voló y voló. La semilla miraba todo desde la altura. ¡Qué hermoso era!. Al rato, cerró los ojos; quería sentir en su interior la llamada de la tierra que la haría germinar. Dudó un instante pero las palabras del gran roble sabio volvieron a resonar en su interior :”llegado el momento, el colibrí te soltará para que tu caigas en tierra fértil y puedas germinar”. Semilla dijo alto y fuerte al colibrí : ¡Estoy preparada!. 

El colibrí soltó la semilla que cayó en tierra fértil. Allí germinó, se enraizó a la tierra con firmeza y surgieron los primeros brotes de su interior. Luna a luna, Sol a Sol, sus brotes fueron creciendo y convirtiéndose en un robusto tronco. De sus ramas surgieron hojas en las que anidaron pájaros.  Cada año crecía más y más. La Luna y el Sol jugaban cada día al mismo juego de siempre, pero nunca más le pareció aburrido. La semilla se había convertido en un gran manzano donde habitaban muchos seres del bosque y sus frutos eran apreciados por todo aquel que sabía apreciarlos.

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Cuentos sanadores. La Espada de Luz de Lobo Blanco

Creado por Teresa Tendero.

Había una vez una gran manada de lobos. Todos tenían hermosos pelajes negros, grises, marrones, colorados, excepto una loba que era totalmente blanca. Se sentía extraña la loba en su reluciente pelaje blanco; ella quería ser como los demás. Intentaba disfrazarse con pelajes ajenos pero siempre acababa sacándoselos porque le daban mucho calor.

Un día vino a la manada un joven lobo blanco. Cuando Loba y Lobo se encontraron, a pesar de su diferencia de edad, se pusieron muy felices porque los dos eran blancos, y empezaron a divertirse juntos. Les gustaba pasear por el bosque, correr a gran velocidad y rodar por los prados verdes, nadar en los lagos y secarse al Sol.

Los Escritos Sagrados dicen que los Lobos Blancos son los Magos y Magas de la manada. Tienen el Poder de la Transformación y lo hacen con sus Espadas de Luz que habitan en su corazón, pero sólo pueden usarla para hacer el Bien y mejorar todo lo que tocan. Loba y Lobo Blanco no sabían que eran Magos porque nadie les había contado eso.

Un día de sus múltiples y diarias aventuras, estaban paseando por el bosque y encontraron dos ramas rotas en el suelo. Las usaron como espadas para jugar a Guerreros de las Galaxias y se inventaron una canción:

Yo Soy el Guerrero de la Luz,
con mi espada luminosa
nadie ni nada me puede vencer.
Aho, Aho, Aho.
Yo Soy la Guerrera de la Luz,
con mi espada luminosa
nadie ni nada me puede derrotar.
Aho, Aho, Aho.


Mientras  jugaban a guerreros con sus espadas de rama de árbol, Lobo dijo:

– Hagamos una invocación: Por el Poder que me otorga la Magia Divina, Yo Ordeno que esta Vara sea mi Espada de Luz con la que vencer toda clase de dragones y monstruos.

Entonces Loba dijo:

– Por el Poder que me otorga la Magia Divina, Yo Ordeno que esta Vara sea mi Espada de Luz con la que pueda Iluminar toda Oscuridad.

Para su sorpresa, las dos varas se convirtieron en Verdaderas Espadas de Luz. Con ellas jugaron a ser piratas y corsarios surcando mares en busca de grandes tesoros; a ser vikingos conquistando tierras lejanas; a ser reina y rey del país de la Música y el Baile; a ser artistas de cine, aviadores,…

Un día la Loba Blanca quiso jugar a ser mamá. Como Lobo Blanco era más joven que ella, pensó que él no podría ser el papá que ella estaba necesitando, así que decidió partir a las Tierras del Este, donde nunca hace frío, al encuentro de un papá para hacer realidad su sueño.

Lobo Blanco se quedó triste y desconsolado, pero aunque joven, era un Guerrero Valiente, así que decidió conocer las Tierras del Oeste, donde nunca hace calor.

Así estuvieron treinta y tres años viajando cada uno por su lado: él por las Tierras del Oeste, ella por las Tierras del Este. Durante todo este tiempo aprendieron a sobrevivir a las inclemencias del tiempo: Loba, tras sufrir graves quemaduras de Sol con las que estuvo a punto de perder la vida, aprendió a andar de Noche con las estrellas y la Luna, y a jugar con las luciérnagas y los Seres del Bosque. Lobo aprendió a tejerse un grueso y gran abrigo con el que se protegió de las grandes nevadas y los fríos hielos del Oeste. Cada uno en su viaje hicieron muchas cosas, buenas y malas, conocieron gentes de todos lados, tuvieron hijos, rieron, lloraron, cantaron y se olvidaron de su canción, aunque siempre guardaron en su corazón su Espada de Luz.

Un día de invierno, tras treinta y tres años de viaje, Lobo Blanco decidió que era tiempo de cambio y se mudó cerca del mar, donde pudiera despojarse de su gran y pesado abrigo para tumbarse al Sol y estar calentito. Mientras descansaba en la arena de la playa, vino a su memoria la canción olvidada y empezó a tararearla.

Yo Soy el Guerrero de la Luz,
con mi espada luminosa,
nadie ni nada me puede vencer.
Aho, Aho, Aho.

Cada vez cantaba con más fuerza, más y más hasta que tan fuerte fue su canto que se le podía escuchar a centenares de kilómetros de distancia.

Justo en ese instante mágico, Loba Blanca paseaba por los bosques de la Tierra Media y escuchó la canción. La empezó a cantar primero como un susurro y poco a poco con más intensidad hasta que sólo se oía una sola voz. Ambos cantaron tan fuerte y tanto tiempo, que sus voces se fueron acercando hasta encontrarse en la Tierra de la Opulencia y allí volvieron a jugar.

Cada vez que se encontraban en la Tierra de la Opulencia, su hermoso pelaje blanco relucía con un brillo especial. Pasaban el rato contándose sus aventuras y desventuras, jugando a hacer magia de nuevo con sus flamantes Espadas de Luz que brillaban como nunca, y empezaron a hacer planes para viajar juntos esta vez.

Como Lobo y Loba vivían en tierras lejanas, un día Lobo tuvo que atender asuntos urgentes que le ocuparían tres días enteros, así que estuvieron tres días en silencio, sin cantar, sin jugar ni hacer magia. Fueron tres días sin Luna.

Cuando Lobo Blanco regresó, había pasado tanto frío allí donde había estado, que volvió a ponerse el gran y pesado abrigo para calentarse. Tanto frío tenía, que se quedó quieto, paralizado, acurrucado con su abrigo, ajenos a todo, esperando a volver en calor.

Loba fue a su encuentro y al verlo tan quieto y helado, intentó encender una Gran Hoguera para que entrara de nuevo en calor. La Tierra estaba húmeda, había llovido mucho y la madera no prendía; entonces Loba sacó su Espada de Luz y le ordenó que encendiera el fuego para calentar a Lobo, pero el fuego no se encendía; era necesario que Lobo sacara su Espada de Luz y la empuñara con fuerza y vigor.

El abrigo era tan pesado que le costaba moverse, tenía mucho frío aunque su corazón ardía por el fulgor de su espada. Lobo estaba aturdido, enfadado, disgustado, inmóvil. Entonces, desde la profundidad de su Ser escuchó la canción.  En ese instante se dijo a sí mismo que no quería tener más frío nunca más, que deseaba sentirse ligero y soltar de una vez el gran y pesado abrigo para andar calentado por el Sol Interno que se manifiesta Allá en el Cielo y Aquí en la Tierra. Con decisión Lobo empuñó su Espada de Luz y ordenó que se encendiera la Gran Hoguera. Así se hizo.

Con el ímpetu, el gran y pesado abrigo cayó dentro de la Gran Hoguera. Lobo Blanco quiso salvarlo pero ante su sorpresa el abrigo empezó a arder y de sus llamas brotaban monedas de oro sin cesar. Tantas monedas de oro dió, que nunca jamás le faltó de nada, ni a él ni a nadie que estuviera con él.

Namasté

Biodanza

El post-parto y la maternidad/paternidad recién nacida desde una mirada biocéntrica

Han pasado nueve meses de gestación y todos los cambios experimentados durante el embarazo, han culminado en un parto, que quizás no ha sido como esperábamos, pero nos ha dado la preciada criatura que por fin tenemos en nuestros brazos. Es un momento único; podemos pasar horas mirando como se mueve, como respira, acariciando su piel, recorriendo su rostro. Ahora ocupa un lugar palpable fuera del vientre materno, llena un espacio y un tiempo de plena atención. Se inicia el proceso de vincularnos con la singularidad de nuestro bebé, de conocer sus necesidades y adaptarnos a ellas, de experimentarnos como padres y madres, porque no sólo ha nacido nuestro bebé, también ha nacido un nuevo padre, una nueva madre, una nueva familia.

Bruce H. Lipton, biólogo, dice en su libro “La Biología de la creencia”:

La esencia de la paternidad responsable es que tanto las madres como los padres se responsabilicen de educar niños sanos, inteligentes, productivos y llenos de alegría. Claro está que no podemos culparnos, y tampoco a nuestros padres, por los fracasos de nuestra vida o de la vida de nuestros hijos. La ciencia concentra nuestra atención en el determinismo genético, y no nos informa de la influencia que las creencias tienen en la vida ni, lo que es más importante, de cómo influyen nuestros comportamientos y actitudes en la vida de nuestros hijos.

 

No importa si sois padre y madre primerizos o si sois “veteranos” en la experiencia de la maternidad y la paternidad; cada embarazo, parto y post-parto es distinto,  los momentos son distintos, las situaciones cambian, todo se transforma constantemente. El cansancio físico de noches con sueño interrumpido,  los cuidados a nuestro bebé, la falta de tiempo para una misma  y para la pareja, las exigencias de la vida laboral, entre otras cosas, pueden generar nuevas inseguridades, incertezas y exigencias que inciden consciente e inconscientemente, en la relación con una misma, en el vínculo afectivo con nuestro bebé, y en su desarrollo emocional y físico.

Vivimos en una sociedad predominantemente mental, racional, analítica, tecnológica y con poco espacio para sentir y expresar nuestras emociones. Hemos conseguido grandes avances en muchos sentidos pero el coste ha sido muy elevado: vivir separados en nuestro interior, como si cuerpo y alma fueran distintos. La paternidad y la maternidad conscientes nos piden una mirada interior que restablezca la unión de cuerpo y alma para vivir en armonía con nosotros mismos, con los otros y con la vida. La unión de cuerpo y alma  potencia una identidad integrada que repercute en todo nuestro organismo físico, emocional y trascendente, y por supuesto, en la salut integral de nuestro bebé. Las vivencias de los primeros años de vida de nuestro hijo/a, marcaran su manera de relacionarse con el mundo y consigo mismo; de nosotros, padres y madres, depende que nuestros hijos e hijas sean personas integradas, preparadas para asumir los retos de la vida y vencer las dificultades con sabiduría. Esa sabiduría no se encuentra fuera de nosotros mismos; está sólo en nuestro interior.

El camino de retorno a nuestro Yo interno, tiene muchas veredas. El sistema Biodanza Rolando Toro, sustentado por el principio biocéntrico, propone que ese camino de autoconocimiento sea desde la perspectiva biológica, aprendiendo a escuchar nuestro cuerpo y a entender el mensaje que emerge de él.

El lenguaje corporal es primigenio y esencial: no conoce controversias, dudas ni el bien y el mal; su prioridad es vivir en las mejores condiciones posibles y para que así sea, todo nuestro organismo actúa en total colaboración entre todas sus partes para conseguir siempre el mejor resultado posible. Hay una sabiduría intrínseca en nuestras células, en todas y cada una de ellas, para vivir y sobrevivir en óptimas condiciones. Nuestro cuerpo posee la clave de la felicidad, la salud, la alegría, la satisfacción, pero debemos reaprender a escucharlo, a reconocer sus mensajes y acallar nuestra mente sobre-excitada que nos impide un flujo de comunicación fluida con él.

Nuestro bebé recién nacido sólo sabe expresarse al mundo a través de su cuerpo. Él/ella son la expresión viva del lenguaje corporal. Si como padres y madres podemos conectar con ese lenguaje primigenio e incorporarlo a nuestro cotidiano, entender a nuestra criatura, acompañarla en su desarrollo como ser vivo, puede resultar una experiencia muy enriquecedora para todo el conjunto familiar.

La práctica de la Biodanza proporciona ese espacio cuidado de experimentación donde redescubrir el cuerpo y su lenguaje como fuente de la sabiduría del Buen Vivir. Hacemos ejercicios con nuestros bebes y con el grupo que potencian el vínculo afectivo desde el corazón, el gesto, la mirada, el movimiento danzante, el abrazo, y todo ello acompañado de músicas escogidas que intensifican la vivencia amorosa dejando impresión en la piel. Practicar Biodanza con nuestros hijos e hijas, fortalece el alma desde el cuerpo, y poco a poco, crecemos juntos como seres integrados preparados para vivir y convivir en un mundo cambiante.

Si deseas más información sobre las actividades de Biodanza, puedes contactar conmigo a través del correo electrónico tenderoteresa@gmail.com, o por teléfono al 649 085 439.

Agradecida que hayas leído hasta aquí. Un abrazo.

 

Biodanza

Resonancia armónica y Biodanza

Todos los organismos, incluyendo a los humanos, se comunican e interpretan su entorno mediante la evaluación de campos de energía. Puesto que los humanos somos tan dependientes del lenguaje hablado y escrito, hemos descuidado nuestro sistema sensorial de comunicación basado en la energía. Igual que con cualquier otra función biológica, la falta de uso conduce a la atrofia.  Dr. Bruce H Lipton en La Biología de la creencia.

Rolando Toro, el creador del Sistema de integración humana Biodanza, enfatiza la necesidad de reencuentro con nuestra naturaleza instintiva, olvidada tras pesados telones de costumbres, cultura y hábitos modernos que disocian cuerpo-mente-alma de forma que normalizamos la enfermedad como una manifestación más de nuestro estar en el mundo.

Nuestra naturaleza instintiva sigue los mismos procesos fisiológicos básicos de la vida que se dan en los organismos más primitivos de la tierra (los procariotas): una bacteria come, digiere, respira, excreta los desperdicios,  muestra procesos “neurológicos” como percibir dónde se encuentra el alimento e impulsarse hacia ese lugar, y reconocer toxinas y depredadores que activan maniobras de evasión para salvar la vida. Hasta aquí podemos decir que nosotros tenemos las mismas respuestas pero nuestra mente, el entrenamiento al que somos sometidas las personas en escuelas, familia y trabajo, termina por disociarnos de tal modo de nuestra naturaleza instintiva, que nuestras maniobras de supervivencia básica se ven alteradas y mutadas por dependencias emocionales que adoptamos como verdades.

Biodanza es un aliento fresco de Vida en esta locura de posibilidades atroces a las que parece que estamos predestinados. Su abordaje profundamente biológico, incide en nuestra percepción del conocimiento de la Vida y de qué hacemos en Ella. Parece una barbaridad hablar de Ser en la Vida sin más, ni adjetivos ni otros aditivos que el Verbo Ser; es una barbaridad a la que no podemos poner palabras, solo sentires.

¿Qué es Ser en la Vida? intenta contestarlo con la mente de una criatura infante, un niño o una niña que sólo conocen el mundo a través de sus percepciones aún no demasiado contaminadas por la mirada del adulto grandilocuente que todo pretende saber. Ser en la Vida sólo puede ir acompañado de Yo Soy – YoSoY  y de SomoS. ¿Te has fijado en la estructura de estas palabras? Pueden leerse de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Esto tiene un nombre pero ese nombre no es importante, lo que realmente importa es la dimensión que ocupan en el entendimiento de la Vida.

Cuando decimos YoSoY, estamos activando patrones geométricos sagrados porque activan la construcción de la Vida en su multidimensionalidad transversal, simultánea, quántica, numinosa, viva. ¿Por qué te cuento todo esto con referencia a Biodanza? Porque Biodanza celebra la corporeidad como algo sagrado y dionisíaco, con alegría, placer y comunidad, donde poder danzar al son de la propia vida y nombrar con palabras aquello que genera vida. Puede que no entiendas nada de lo que te estoy contando; no te extrañe si así es porque mi lenguaje no se dirige a tu mente pensante sino a tu ser sintiente, a la vibración que te mueve, al impulso que resuena en tu interior cuando algo lo mueve por dentro.

En Biodanza vas a reconectarte progresivamente con ese impulso vital interno que emerge del subconsciente profundo para que lo dejes danzar sin etiquetas ni restricciones hasta que se canse de dominar el escenario de tu hacer. Entonces y sólo entonces, podrás danzar tu oscuridad sin sufrimiento porque en ella se encuentra la Gran Escuela a la que tu te entregaste para experimentar qué es eso de Ser Humano. ¿Sabes de qué te estoy hablando?. De reirte porque sí, de quedarte mirando a alguien mientras también eres mirada y dejas que eso pase sin más; de embelesarte con la lluvia que cae en tu piel mientras sonríes inocente sin pensar si tienes ropa de recanvio; de emocionarte al ver la profundidad de unos ojos o un gesto que dice más que habla,… Biodanza es también esa poética, con toda una base epistemológica que corrobora sus efectos, sus acciones y su manera de hacer para que la magia de la Vida vuelva a correr por tus venas, proporcionándote una clara y profunda sensación de estar Viva. ¿Te acuerdas de qué es estar viva?

Se puede ser feliz sin sentirte culpable por ello; puedes estar orgullosa de ti prescindiendo de ser egoísta y monstruosa como nos han contado,… Eres un Ser Perfecto al que se le ha olvidado de dónde procede de tanto decirte que esta vida es un valle de sudor y lágrimas. Puedes recomponerte solo, sola, pero te aseguro que en comun-unidad es mucho más agradable, más liviano, más profundo, más rápido, más divertido y sobre todo más natural, porque somo seres gregarios, seres de piel con piel, donde nos nutrimos unas a otras porque esa es nuestra naturaleza primaria: la comunidad.

Podría seguir hablándote toda la noche de todo lo que aporta la Biodanza a la vida, pero seguiria siendo poco hasta que no te decidas tú a salir de ese lugar conocido donde, aunque no eres suficiente feliz, te aferras por miedo a experimentarte, pensando que hay tanto para sanar. Biodanza te facilitará un espacio protegido para que la alegría de estar vivo, viva, emerja de forma natural y, mientras emerge, el grupo te devolverá todo el amor que necesitas para seguir adelante experimentándote en tu singularidad, aceptándote en tu proceso de aprender a Ser Humano, celebrando los logros y abrazando las recaídas que te hacen más fuerte, más digna, cada vez más quien tu eres.

No te olvides que en la estructura de la Vida, en todos los organismos vivos, la resonancia armónica incide en la dimensión atómica y libera el potencial que espera para servir a la Vida de la mejor manera posible. Tu, Yo, Somos organismos vivos hechos con los mismos patrones vitales; por eso SomoS (de izquierda a derecha, de derecha a izquierda y leas como lo leas.