Recuerdos de infancia

A los tres años de edad conocí lo que los mayores llamaban muerte.

Mi queridísima iaia[1] Catalina Mira, mujer luchadora, republicana y feminista, fué para mí la almohada (en el sentido más amplio) de mi descanso infantil. Todavía recuerdo la sensación. Tenía unos abundantes senos donde reclinaba mi cabeza para volver a la nube amorosa del sueño infantil, brazos que se me representaban como tibios contenedores de protección donde me podía abandonar sin ningún temor, mirada triste y experimentada de una vida vivida con intensidad, que a mí me llenaban de seguridad. Semblante sereno. Esa era mi querida iaia.

Catalina Mira

Me dijeron que se iba a un hospital durante algunos días porque estaba malita y tenían que cuidarla, pero no regresó. Nos contaron a mi hermana Anna y a mí, que la iaia no volvería con nosotros porque estaba en un sitio mejor donde podía descansar y ser feliz. Mi madre es espiritista y fue lo más amorosa posible contándonos la muerte de su madre, pero desde mi visión infantil, sencilla y simple, no entendí nada. Recuerdo confusión y estupor que no podía manifestar. Sólo tenía tres años y lo recuerdo con perfecta claridad, porque los recuerdos son recuerdos porque vuelven a pasar por el corazón (re cordare). ¿Dónde iba a estar mejor que en casa con nosotros?, fue mi pregunta infantil no verbalizada.

Después de varios días sin su presencia y sin entender porque nos había dejado, fui a comprar con mi mamá a la pescadería y en la cola de la tienda la encontré, con su pelo gris recogido en un moño, con su ropa negra y sus grandes pechos. Me cogí de su mano y le dije a mi mamá que me marchaba con la iaia a ese lugar tan maravilloso. Mi madre lloraba y me decía que no era nuestra iaia, que se parecía mucho pero no era ella, “la iaia no puede volver de donde está” decía mi mamá llorando.

mi hermana Anna y jo

La señora que tenía mi manita entre la suya, me dijo que mi abuela se sentiría muy orgullosa de una nieta tan cariñosa. Su cara era triste cuando me miraba. Solté su mano y me fui muy confundida sin comprender nada. ¡Qué terrible era la muerte que no dejaba volver con aquellos a quien más quería!!! ¿Por qué estaban todos tan tristes si ella era más feliz?.

Ese hecho marcó mi vida mucho más de lo que había imaginado. Vivenciar la pérdida de mi abuela, fue el punto de partida que me condujo con afán y constancia, a lo largo de toda mi vida, a intentar comprender qué era morir, qué significaba vivir, por qué la vida y la muerte siendo hechos naturales y puramente biológicos se experimentaban de maneras tan opuestas, por qué nuestra sociedad occidental vive de espaldas a la muerte y en otras culturas se integra en lo cotidiano, porqué vivir y morir se celebra de formas tan distintas, por qué tantos por qués sin respuesta. Toda mi vida ha transcurrido en una búsqueda incansable de respuestas que me ha conducido a experiencias maravillosas que me han nutrido, me nutren y siguen ampliando mi consciencia.

[1] Abuela en catalán.

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