Misión del facilitador/a de Biodanza

El 14 de febrero de 2010, dos días antes de la desencarnación de Rolando Toro, escribió este texto que fue entregado a Ruth Cavalcante con la misión de divulgarlo por toda la comunidad biodanzante del mundo.

La formación del Profesor de Biodanza consiste esencialmente en descubrir una misión, transmitir el estado de gracia, mostrar nuevos caminos para ejercer el amor y despertar la conciencia iluminada.

Frecuentemente las personas llevan una identidad equivocada. Reducen su existencia a las exigencias de un ambiente empobrecido, cuando no tóxico.

Si los hombres se sienten insignificantes, sus acciones son insignificantes. La autoimagen de inferioridad crea monstruos. Muchas personas no saben que llevan dentro una divinidad.

La naturaleza esencial del humano es la eterna celebración de la vida. Esta condición le revela una visión iluminada sobre sí mismo y sobre el mundo.

La iluminación interior no es un privilegio personal. Estar iluminado para sí mismo no basta. Nuestra luz es para iluminar a los que permanecen en el oscuridad, para poder verles en su esencia y transmitirles la luz.

Si no conectamos con ese fondo eterno sintiendo que somos pobres mortales llenos de dificultades, nuestra vida se torna insignificante.

Vivir es una oportunidad muy especial, la oportunidad de percibir “lo humano eterno” y sentir en el cuerpo el placer de la sacralidad de la vida. Hay en nosotros algo más grande y maravilloso de lo que pensamos o hacemos.

Si no conectamos con ese fondo eterno sintiendo que somos pobres mortales llenos de dificultades, nuestra vida se torna insignificante.


Adquirir esa conexión con el esplendor de la vida es esencial. En realidad, la iluminación de la que se habla frecuentemente como un fenómeno excepcional lleno de connotaciones místicas misteriosas y ocasionales, es una condición natural de todos los seres humanos. Se trata de un cambio de visión de nosotros mismos y del significado de la vida. Es un nuevo modo de vincularse a los otros y enfrentar las dificultades como parte de nuestro trabaja alquímico, aceptando la abundancia y la belleza que genera el amor.

Somos mucho más de lo que generalmente pensamos. Somos criaturas cósmicas capaces de amar y crear belleza.. Si no asumimos grandeza, nos transformamos en asesinos, y nuestra vida se torna insignificante.

Para mi alegría, la comunidad de Biodanza de Fortaleza, lleva adelante la tarea más alta que puede abarcar nuestra existencia: Devolver al mundo la sacralidad de la vida.

Rolando Toro,

Santiago de Chile, 14 febrero 2010