Empieza una nueva etapa de este viaje iniciático que me ha llevado a Galicia, la Tierra de los Hombres y las Mujeres Valientes, como se autodenominaban a sí mismos los pueblos celtas que fueron asentándose en el extremo noroeste de la península Ibérica (1000 a.C.).
El primer contacto fue participar en el I Encontro de PAS RURAL, una valiente apuesta colaborativa para revitalizar el rural gallego desde su propia realidad y vivencia. Escuchando las voces de las diferentes personas que compartieron sus realidades, me conmovió el profundo amor y devoción que sienten por la Tierra que los acoge, y la tristeza que sostienen ante la realidad de un rural que se muere por no contar con el relevo generacional en oficios tan importantes como los maestros canteros o la elaboración de licores de Maica (Licores Os Maios) con más de 300 recetas recopiladas de generación en generación; o por la dificultad de no poder distribuir sus productos frescos locales a otros lugares más lejanos para ampliar su negocio, porque el rural está demasiado lejos… El rural es así, dicen.
Este rural gallego no es el que solemos conocer los urbanitas en nuestras visitas vacacionales, donde todo se tiñe de aires románticos, bucólicos y glamurosos. El rural de Galicia es de piedra y agua, de grandes árboles y termas, de calor sofocante y frescas temperaturas; de flores y pastos verdes, de humedales y de incendios, de montañas y castros, de parroquias que agrupan varias aldeas habitadas mayoritariamente por hombres y mujeres ancianos, que se reúnen en la plaza del pueblo o en la puerta de una vecina, a contarse y saberse.
La ruralidad galega tiene mucho Amor y Belleza, y muchos contrastes. Hay cantidades enormes de casas vacías, cerradas, deshabitadas y derrumbadas por el paso del tiempo; comercios sin uso desde hace años, exhibiendo sus escaparates añejos, congelados en un tiempo que ya pasó hace demasiado, porque el rural es así, dicen.
Y aun con todo, el rural de Galicia tiene algo muy y muy importante que son sus gentes de dentro y las de fuera, con inmensas ganas de habitar estas tierras que exhiben sin rubor su silencio y sus ausencias. Gentes con coraje, empeño y mares de afecto para dar y recibir.


En el transcurso de los días, voy recorriendo el rural gallego, sus calles, sus iglesias de piedra, sus senderos, sus bosques y ríos, su historia… y de a poquito, me voy reconociendo.
Estamos en julio, en plena ola de calor. Hay poca gente en la calle. Me siento en el bar de la plaza para captar el wifi que no tiene mi hostal porque aún no han venido a arreglar la avería de hace mucho. Es el rural, dicen. Están demasiado lejos y todo tarda tanto, que acaba siendo olvidado.
Demasiado lejos de qué, me pregunto. Lejos del ruido y del asfalto asfixiante; de las compras compulsivas y los comercios de moda; de las gentes corriendo de aquí para allá invisibles unas de otras; lejos de los atascos y de la locura de un mundo que ha perdido la memoria de lo vivo y solo sabe mirar sus pantallas de último diseño. Demasiado lejos del tiempo asincrónico que nos desconecta de la vida y nos empequeñece, nos enferma y nos mata sin apenas darnos cuenta. Demasiado lejos, dicen.
Desde esta lejanía en demasía, sumergida en el silencio de todo lo vivido viviendo, me escucho. No es que no me escuchara antes; es que, desde aquí, desde este rural gallego lejano, la escucha resuena en palabras que habitan los troncos de los castaños milenarios, en el susurro de estos bosques espesos y de sombra amable, en las flores de sus caminos, en las leyendas y los secretos que cuentan los duendes y las meigas escondidos en sus cuevas y rendijas… Todo está vivo y me habla.
Aquí, en este rural gallego, donde el olvido de un demasiado lejos aún está muy vivo, mi corazón sonríe.
Es la señal inequívoca de que todo está Bien y es Bueno.
Especialista en Ecología de Sistemas Humanos y en I Ching Sistémico. Acompaño a organizaciones y líderes a descifrar su código de Coherencia Vital para alcanzar la excelencia operativa y la salud sistémica. Mi enfoque une el rigor del diagnóstico de precisión con la ética biocéntrica.
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