Tercera Hebra.
La mañana se presentaba lenta y no demasiado calurosa. Las temperaturas comenzaban a descender y las aguas termales eran una opción ideal.
La noche anterior habíamos asistido al segundo encuentro de O Son Dos Colleiteiros, celebrado en la Adega de Xulia Bande. Nos contó que su padre, un auténtico colleiteiro y viticultor artesanal del Ribeiro, elaboraba vino exclusivamente con uvas de sus propios viñedos, como hace Xulia. Cada bodega refleja fielmente la identidad y las características únicas de su tierra de origen, lo que hace que su producto sea único.
La cata fue una experiencia extraordinaria. Degustamos vino blanco y rosado de alta calidad, acompañados de productos artesanos locales, como los embutidos de cerdo celta. El ambiente estaba amenizado por Logan, un cantante de origen argentino y afincado en Galicia desde hace 10 años, con una voz y talento genuinos. Después vinieron los DJ Loskids con una energía incansable. Mi amiga y yo no paramos de bailar en toda la velada. Fue una celebración muy hermosa y entrañable.
Al día siguiente nos encaminamos hacia las Termas.
El entorno estaba limpio y profundamente cuidado. Las pocas personas que se acercaban al lugar lo hacían con una actitud de respeto y reverencia. Los lugareños nos explicaron que, tras un período de abandono, el espacio había sido regenerado con mejoras significativas como reestructurar las piscinas termales e integrarlas con el río de agua fría, y la instalación de algunos bancos de madera mimetizados con el paisaje que facilitaban el reposo. El resultado era un espacio realmente acogedor.
Las piscinas termales hechas con piedra son una maravilla: podías transitar desde la más caliente hasta la más fría o viceversa, y pasar por el río si querías revitalizar el cuerpo con temperaturas bastante más bajas. Un lujo que no se paga con dinero. Y es que este ecosistema cuenta con un Guardián, con letra mayúscula.
Se llama Luan, un hombre-duende bueno que fluye entre árboles y helechos, moviéndose ligero y suave por los grandes cantos rodados blancos del lugar. Luan guarda el lugar con una profunda veneración y gran satisfacción. Él reconoce la sacralidad de este espacio y esa autoridad natural le ha permitido disuadir a quienes se acercaban sin la sensibilidad adecuada.

Luan, el Guardián de las Termas, ama la Naturaleza y ese lugar en especial. Me contó que aunque vive en la urbe, necesita regresar a este templo natural para nutrirse y seguir sintiéndose vivo, en contacto con la tierra, el agua, el viento, el sol, los árboles, las gentes… Su corazón rebosa gratitud, alegría y una pureza genuina.
Es uno de los muchos Guardianes de la Tierra. Aun no he tenido ocasión de preguntarle si ha conocido a alguna Mujer de Agua, las que habitan los arroyos, las lagunas, los saltos de agua y las fuentes.
Quizás también conozca a alguna familia de mouros que habitan bajo tierra y entran a sus viviendas a través de las raíces de árboles ancianos, cuevas y grandes rocas.

Familia de mouros 



Como ahora Luan y yo somos amigos, vamos a poder compartir muchas historias, cuentos y leyendas para ser contados.
Seguimos en este viaje que está transformando mi vida en algo mejor y más veraz. Nos mueven el Amor y el Servicio.
Hasta la siguiente hebra.