Biodanza

La corporeidad en Biodanza y Embarazo

Este post lo identifico en el apartado “Embarazo y post-parto”, porque el embarazarse tiene algo de batir, sacudir, remover, zozobrar y también de erzarzarse en la aventura por decreto devino de, crear en primera persona YO SOY, JO SóC, I’m, Eu Sou, OuM, OM, según resuene en cada zona del Ser.

Tengo dos de mis mejores amigas, perdón, tres contándome a mí misma, con interferencias en la aceptación del cuerpo. Somos muchísimas las personas que maltratamos el cuerpo con excesos o carencia de: ejercicio, comida y bebida, drogas, relaciones tóxicas. Cada una afrontamos el vivir la corporeidad con singularidad y con una intensa sensación consciente o no, de que ésta asignatura no la teníamos aprendida y que la escuela de la vida se presenta dura cuando cuesta discernir la verdad del engaño.

¿Qué es corporeidad? La vivencia de sentirse viva vivo participando de la vida.

Al ser singularidades inimitables ya que gozamos del libre albedrío, somos co-creadoras/es experimentando la consciencia de la co-creación. Nuestra existencia tiene entre otras simbologías, un Kronos rítmico, un Kairós melódico y la Ley del Kaos (visita Pensamiento Complejo). Desde el principio biocéntrico y la curva metodológica de Biodanza, proponemos danzar la poética del encuentro: Kairós y Kronos no son enemigos ni opuestos, son complementarios que habitan la misma singularidad. Las propuestas de movimiento-acción, las músicas escogidas y la comunidad o grupo (entendiendo grupo como elemento de apoyo y acompañamiento), pueden hacerte sentir vivo, en común unidad con la vida, en comunión.

A lo largo de mi trayectoria como facilitadora de procesos evolutivos del ser humano, he tenido el honor de servir a personas de diferente clase social, categoría, profesión, creencias y costumbres, que entraban a una sesión de biodanza sin saber que per-sona es fato per suonare, fez soar, per a sonar, y para sonar necesitamos del cuerpo, la mayor caja de resonancia que tenemos. Al salir de la sesión, algo había acontecido en su resonar con la vida. Unas de ellas seguirán en un grupo regular, otras no volverán y si las reencuentras, ellas te reconocerán antes que tú a ellas. Nunca he encontrado a nadie que quedara indiferente.

Biodanza y Educación Biocéntrica dejan huella en la singularidad que somos, despierta los cuerpos y por tanto, despierta a la Vida. Para una sociedad neoliberal-capitalista esto es una verdadera bomba. Rolando Toro, cuando fue tejiendo el Modelo Teórico de Biodanza, acompañado por colabores cómplices de la locura de querer cambiar el mundo y creando una metodología de trabajo, un código ético, una estructura orgánica de la composición biocéntrica de la vida y un estilo de vivir agradeciendo la vida con alegría, tuvo la gran visión de que Biodanza contribuiría al cambio de consciencia de esta Era. Así es, Así Sea.

Una de las mayores aportaciones de la Biodanza es la resignificación del cuerpo, nuestra corporalidad. Otra gran aportación fue la Inteligencia Afectiva, la que organiza todas las demás inteligencias. La última se trata de el inconsciente numinoso.

Lo femenino se presentó ante mí como un camino a investigar. Experimenté en mi propio cuerpo el despertar del letargo en el que andaba enredada sin tener conciencia de ello. La vida, muy solícita, me presentó situaciones en las que sigo aprendiendo mucho con las mujeres, su forma de hacer, de pensar, su complejidad, sus miedos y aunque en ésto no se difieren del varón, en el hacer sí. Hay un singular común que nos hace distintas y ahí radica la belleza de la singularidad.

Ha habido libros que me han cambiado la vida, uno de ellos es Casilda Rodrigañez – El asalto al Hades y Pariremos con placer. Casilda me presentó una visión del parto, del nacer, el drama de Edipo y la escuela psicoanalítica con la visión de una mujer bióloga, que completaba la propuesta de Humberto Maturana y su Biología del Amor.

Casi todas las personas nacidas en occidente, han pasado por el drama del abandono en el parirse y el parir, y cada una de ellas lo manifestamos singularmente, aportando la vivencia del vivir en el mundo. En nuestra corporalidad, el cuerpo que somos, queda impreso todo lo que vivimos como un holograma al que hemos de adaptarnos y que nuestra mente se empeña en sustentar para hacer prevalecer la razón por encima de todas las múltiples y diversas sensaciones corporales.

Embarazarse, embarazar y parir es el proceso evolutivo constante de la vida. Todo pasa por un proceso de creación que requiere de un evoluir armónico hasta llegar a un cénit de donde volverá a descender circularmente sobre sí mismo en un continumm ascendente/descendente que organiza la vida en órganos, sistemas, hemisferios, canales y meridianos danzando la  creadora creativa danza de la vida.

El ímpetu vital, el impulso de vida a veces se convierte en impulso de muerte por una elección subconsciente sujeta a pactos y lealtades de amor transgeneracional. No hace falta haber conocido al la individuo para que el acuerdo se lleve a cabo, con el vínculo afectivo es suficiente. Y así vivimos dramas devastadores que cursan con alergias, enfermedades hepáticas, sobrepeso, diabetes, afectaciones al sistema linfático, cáncer de mama y útero.

El cuerpo clama su lugar. A veces lo hace a gritos, con urgencia, otras veces va avisando poco a poco con señales visibles que pueden llegar a desarrollar accidentes, enfermedades terminales, parálisis, sólo obedeciendo al inconsciente que, dominado por el subconsciente impulsa la realización del pacto de lealtad. Y todo por la única fuerza que genera la acción, el Amor.

Los seres humanos tenemos este gran estigma que sanar, por nosotros nosotras, nuestros ancestros y ancestras que permanecen ligadas y ligados al presente por vínculos de afecto. En el transcurso del tejer, es importante no perder el hilo que teje el presente, y hacerlo con coraje, constancia, deseo, confianza y altas dosis de humildad.

Mis amigas y yo, conocemos el desamor que a veces se queda instalado en el cuerpo a la espera de ser atendido adecuadamente tal como lo requiera, para ser y estar en su estado más óptimo. Eso se traduce en danzar la dualidad que somos, que habitamos, que compartimos. A base de danzar la singularidad, cada vez resulta más fácil y placentero encontrar el movimiento-danza que pulsa conmigo en mí.

Las mujeres somos cíclicas y periódicamente transitamos por las cuatro fases de la luna: doncella, joven, madre, abuela. Necesitamos de todas ellas para complementar el conocimiento del vivir. En Biodanza y Educación Biocéntrica, este proceso lo hacemos desde el cuerpo, nuestra corporalidad.

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