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Queering Spirituality BCN: una experiencia de singularidad y diversidad

El pasado 3 de marzo en la Sala Napati de Barcelona, se dió el primer encuentro Queering Spirituality de Barcelona. Fui invitada por J, un ex-alumno de Biodanza y persona amiga a la que conocí cuando su cuerpo andaba en clave binaria de mujer y se debatía entre rejas de cultura heterosexual, vivencias internas, pre-conceptos y demás luchas titánicas para ser, reconocer y mostrarse quien Es. En ese entonces yo ya me definía como bisexual dentro de esta cultura bipolar, pero no era tanto una definición consciente, sino tejida por la fuerza del vivir.

Desde jovencita he atraído tanto a hombres como a  mujeres, aunque mis escasas relaciones sexuales, que se limitaban a tocamientos y roces, siempre habían sido con el sexo masculino, quiero decir, con los que tienen pene en su órgano sexual. Para mí era una sorpresa encontrarme en esa dualidad en la que yo permanecía como observadora curiosa y distante, ya que la sexualidad no estaba en mis intereses prioritarios.

Vivir el proceso de autodefinición de J durante estos años desde la cercanía en la que se ha dado, me ha permitido aprender muchas cosas más de mí misma y de ser en el mundo. J y yo trabajamos juntos en un proyecto de arte de su gestación: yo era la coach que le proporcionaba el hilo de conexión con su vivencia corporal de transformación representada en su obra. Fueron tiempos de aprendizaje-desarrollo donde no sólo amplié el campo de mis lecturas habituales y me documenté sobre la teoría queer,  se despertaron en mí memorias olvidadas que siempre habían estado latentes en mi interior aunque nunca les había dado un espacio prioritario porque andaba ocupada en otros aspectos de la fractalidad del ser.

Esperaba el dia de Queering Spirituality con interés. Desde el primer momento en el que me inscribí a la jornada por email, recibí un cuido sutilmente distinto. Quiero señalar que estoy acostumbrada a participar de muchas formas y maneras en eventos diversos donde las personas y sus procesos son primordiales, así que el cuidar no me es ajeno.

En la misma calle donde se iba a desarrollar el evento, (una calle pequeñita, sin tránsito en el precioso barrio de Gràcia, BCN), andaba yo mirando el número del portal y un hombre con pelo blanco canoso en su cabeza y su barba, en actitud de estar esperando a alguién, me miró amablemente, intuyó mi búsqueda y sin mediar apenas alguna palabra, me indicó el lugar exacto.

Subí en el ascensor y en la puerta del centro donde se iban a desarrollar las actividades de la jornada, estaba J sonriendo-me. El lugar es exquisito, serenamente cálido, elegantemente sobrio, amplio y equilibrado. La sala central está iluminada por grandes ventanales que dejan ver una espaciosa terraza con sabor a antiguo, ornamentada con grandes tiestos de plantas verdes situados en un orden ligeramente informal que evocan la sensación de aire y respiro. Delante mismo, tejados y terrazas típicas de la cálida Barcelona de barrio, la de siempre, la de toda la vida.

En total somos una veintena de personas más o menos. Las actividades se dan en onda de transición orgánica. Entre tanto, miradas, infusión, encuentros, cocina, conversaciones que surgen sin ninguna expectativa. Me siento cómoda, agradablemente cómoda entre esta Belleza singular. Surge el deseo tranquilo de vuelvo, regreso,  encuentro.

Tomo aire y respiro el recuerdo del día y su efecto prolongado en mi cotidiano. ¿Cómo tejemos las redes humanas cuando la sexualidad es múltiple, diversa, transformable ¿Cómo nos vinculamos con las otras personas cuando la singularidad traspasa la identificación sexual y eso ocurre en todo el colectivo humano, no sólo aisladamente? ¿Cómo educamos y nos educamos en la ilusión del género?

Son preguntas que me surgen en esta intensa inquietud interna de servir a la comunidad humana, de servirme a mí misma, facilitando procesos de integración donde las personas, las cosas, los entes, el mundo, esdevingui [venga a ser] un lugar donde habitar sin sufrir. No podemos evitar el dolor, pero sí el sufri-miento.

¡Hay tanto conocer para construir, que no da para una vida! Por suerte, el vivir no sabe de tiempo, sólo del ahora.

 

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