Biodanza

Cuentos sanadores. La Espada de Luz de Lobo Blanco

Creado por Teresa Tendero.

Había una vez una gran manada de lobos. Todos tenían hermosos pelajes negros, grises, marrones, colorados, excepto una loba que era totalmente blanca. Se sentía extraña la loba en su reluciente pelaje blanco; ella quería ser como los demás. Intentaba disfrazarse con pelajes ajenos pero siempre acababa sacándoselos porque le daban mucho calor.

Un día vino a la manada un joven lobo blanco. Cuando Loba y Lobo se encontraron, a pesar de su diferencia de edad, se pusieron muy felices porque los dos eran blancos, y empezaron a divertirse juntos. Les gustaba pasear por el bosque, correr a gran velocidad y rodar por los prados verdes, nadar en los lagos y secarse al Sol.

Los Escritos Sagrados dicen que los Lobos Blancos son los Magos y Magas de la manada. Tienen el Poder de la Transformación y lo hacen con sus Espadas de Luz que habitan en su corazón, pero sólo pueden usarla para hacer el Bien y mejorar todo lo que tocan. Loba y Lobo Blanco no sabían que eran Magos porque nadie les había contado eso.

Un día de sus múltiples y diarias aventuras, estaban paseando por el bosque y encontraron dos ramas rotas en el suelo. Las usaron como espadas para jugar a Guerreros de las Galaxias y se inventaron una canción:

Yo Soy el Guerrero de la Luz,
con mi espada luminosa
nadie ni nada me puede vencer.
Aho, Aho, Aho.
Yo Soy la Guerrera de la Luz,
con mi espada luminosa
nadie ni nada me puede derrotar.
Aho, Aho, Aho.


Mientras  jugaban a guerreros con sus espadas de rama de árbol, Lobo dijo:

– Hagamos una invocación: Por el Poder que me otorga la Magia Divina, Yo Ordeno que esta Vara sea mi Espada de Luz con la que vencer toda clase de dragones y monstruos.

Entonces Loba dijo:

– Por el Poder que me otorga la Magia Divina, Yo Ordeno que esta Vara sea mi Espada de Luz con la que pueda Iluminar toda Oscuridad.

Para su sorpresa, las dos varas se convirtieron en Verdaderas Espadas de Luz. Con ellas jugaron a ser piratas y corsarios surcando mares en busca de grandes tesoros; a ser vikingos conquistando tierras lejanas; a ser reina y rey del país de la Música y el Baile; a ser artistas de cine, aviadores,…

Un día la Loba Blanca quiso jugar a ser mamá. Como Lobo Blanco era más joven que ella, pensó que él no podría ser el papá que ella estaba necesitando, así que decidió partir a las Tierras del Este, donde nunca hace frío, al encuentro de un papá para hacer realidad su sueño.

Lobo Blanco se quedó triste y desconsolado, pero aunque joven, era un Guerrero Valiente, así que decidió conocer las Tierras del Oeste, donde nunca hace calor.

Así estuvieron treinta y tres años viajando cada uno por su lado: él por las Tierras del Oeste, ella por las Tierras del Este. Durante todo este tiempo aprendieron a sobrevivir a las inclemencias del tiempo: Loba, tras sufrir graves quemaduras de Sol con las que estuvo a punto de perder la vida, aprendió a andar de Noche con las estrellas y la Luna, y a jugar con las luciérnagas y los Seres del Bosque. Lobo aprendió a tejerse un grueso y gran abrigo con el que se protegió de las grandes nevadas y los fríos hielos del Oeste. Cada uno en su viaje hicieron muchas cosas, buenas y malas, conocieron gentes de todos lados, tuvieron hijos, rieron, lloraron, cantaron y se olvidaron de su canción, aunque siempre guardaron en su corazón su Espada de Luz.

Un día de invierno, tras treinta y tres años de viaje, Lobo Blanco decidió que era tiempo de cambio y se mudó cerca del mar, donde pudiera despojarse de su gran y pesado abrigo para tumbarse al Sol y estar calentito. Mientras descansaba en la arena de la playa, vino a su memoria la canción olvidada y empezó a tararearla.

Yo Soy el Guerrero de la Luz,
con mi espada luminosa,
nadie ni nada me puede vencer.
Aho, Aho, Aho.

Cada vez cantaba con más fuerza, más y más hasta que tan fuerte fue su canto que se le podía escuchar a centenares de kilómetros de distancia.

Justo en ese instante mágico, Loba Blanca paseaba por los bosques de la Tierra Media y escuchó la canción. La empezó a cantar primero como un susurro y poco a poco con más intensidad hasta que sólo se oía una sola voz. Ambos cantaron tan fuerte y tanto tiempo, que sus voces se fueron acercando hasta encontrarse en la Tierra de la Opulencia y allí volvieron a jugar.

Cada vez que se encontraban en la Tierra de la Opulencia, su hermoso pelaje blanco relucía con un brillo especial. Pasaban el rato contándose sus aventuras y desventuras, jugando a hacer magia de nuevo con sus flamantes Espadas de Luz que brillaban como nunca, y empezaron a hacer planes para viajar juntos esta vez.

Como Lobo y Loba vivían en tierras lejanas, un día Lobo tuvo que atender asuntos urgentes que le ocuparían tres días enteros, así que estuvieron tres días en silencio, sin cantar, sin jugar ni hacer magia. Fueron tres días sin Luna.

Cuando Lobo Blanco regresó, había pasado tanto frío allí donde había estado, que volvió a ponerse el gran y pesado abrigo para calentarse. Tanto frío tenía, que se quedó quieto, paralizado, acurrucado con su abrigo, ajenos a todo, esperando a volver en calor.

Loba fue a su encuentro y al verlo tan quieto y helado, intentó encender una Gran Hoguera para que entrara de nuevo en calor. La Tierra estaba húmeda, había llovido mucho y la madera no prendía; entonces Loba sacó su Espada de Luz y le ordenó que encendiera el fuego para calentar a Lobo, pero el fuego no se encendía; era necesario que Lobo sacara su Espada de Luz y la empuñara con fuerza y vigor.

El abrigo era tan pesado que le costaba moverse, tenía mucho frío aunque su corazón ardía por el fulgor de su espada. Lobo estaba aturdido, enfadado, disgustado, inmóvil. Entonces, desde la profundidad de su Ser escuchó la canción.  En ese instante se dijo a sí mismo que no quería tener más frío nunca más, que deseaba sentirse ligero y soltar de una vez el gran y pesado abrigo para andar calentado por el Sol Interno que se manifiesta Allá en el Cielo y Aquí en la Tierra. Con decisión Lobo empuñó su Espada de Luz y ordenó que se encendiera la Gran Hoguera. Así se hizo.

Con el ímpetu, el gran y pesado abrigo cayó dentro de la Gran Hoguera. Lobo Blanco quiso salvarlo pero ante su sorpresa el abrigo empezó a arder y de sus llamas brotaban monedas de oro sin cesar. Tantas monedas de oro dió, que nunca jamás le faltó de nada, ni a él ni a nadie que estuviera con él.

Namasté

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