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Mujeres hacedoras y el erotismo de los sentidos

Trabajar está relacionado con el sufrimiento y la penalidad.  Su origen latino es tripaliare y éste de tripalium tres palos, que se ataban entre sí para amarrar al esclavo o esclava para azotarles. Mi intención es resignificar la palabra trabajo con una nueva visión de tres palos unidos para generar una estructura tal que sostenga lo que uno sólo no podría hacer. Y es desde aquí donde quiero narrar mi historia.

Hace unas semanas, tres mujeres de la comunidad que nombramos Teixint Vincles (Tejiendo vínculos) donde estamos vinculadas por el deseo de unir saberes para co-crear nuevos haceres, decidimos unirnos para ofrecer una sesión biocéntrica basada en tres palabras clave que habían surgido en la comunidad y que estaban causando mucho revuelo. Se trata de: abundancia, dones y talentos.

¿Qué es la abundancia? nos preguntamos al iniciar el hacer de las tres mujeres hacedoras. Cada una de nosotras expuso su sentir. (nótese que no es pensar; el pensar es mente, el sentir es cuerpo). En ese compartir de los sentidos, donde la mente escucha lo que el cuerpo dice, nos encontramos con nuestras historias de vida, recuerdos, vivencias, anécdotas, que formaron la base donde apoyar nuestros tres palos y unirlos para crear una estructura segura donde las otras mujeres pudieran apoyarse, no para ser golpeadas y azotadas, sino para ser cuidadas, escuchadas, acogidas, miradas, abrazadas y erotizadas por la vida hasta amarse a sí mismas tanto como al prójimo. Esta es nuestra intención.

El reto era atrayente. Nuestro hacer común es el principio biocéntrico desarrollado por Rolando Toro. Trabajar poniendo la vida en el centro es un aprendizaje que requiere práctica en la observancia constante de nuestro sentir, y destreza en la escucha de nuestros dones y talentos ocultos tras los patrones adquiridos del viejo y caducado sistema neoliberal patriarcal que pugna por sobrevivir.  Para dejar de luchar hay que mostrar otras maneras de trabajar, de crear sin sufrir. ¿cómo? Creando espacios en femenino. El femenino es inclusivo y afectivo por naturaleza sin condición.

Las tres mujeres nos zambullimos en la atemporalidad del tiempo-arte que se manifestó a cada paso que dábamos. Entre infusiones, dulces caseros, vino, queso y pan recién horneado, fuimos tejiendo la sesión. Hicimos y deshicimos, escuchamos músicas escogiendo la que mejor afinaba con la propuesta, danzamos consignas, reescribimos lo escrito, dialogamos… el reloj seguía sin nuestra atención marcando un tiempo regido por Kairós, y parimos lo que juntas gestamos.

Satisfechas por el resultado, conversamos sobre todo el proceso creativo que habíamos vivido, la hermosura del círculo de saberes, la magia del tres, la transformación que genera la co-creación desde la escucha respetuosa, la igualdad y la sinceridad, y surgió el título de nuestra sesión: Alquimia interior, parte 1. Supimos que vendrá la parte 2 en el momento adecuado.

Tengo un recuerdo entrañable que habita en mi vientre. Agradezco poder resignificar el trabajar y el trabajo con una realidad vivida, sentida, habitada en mi piel. Es posible el consenso, es posible dejar que la intención guíe la acción para que surja lo inesperado, más bello de lo que había imaginado, más duradero. Es real el sueño común de un mundo humano donde la vida es protagonista y nosotras y nosotros somos sus servidores, siendo siervo/a no ya símbolo de esclavitud sino el de servir a la vida.

Siento que vale la pena estar ahí, habitando mi cuerpo, escuchando su latir y avanzando en la integración del ser y el sentir. Juntas y juntos podemos danzar la biosinfonía de la co-creación donde los cuerpos están vivos y se alzan en pie de Paz por un mundo mejor.

Erotizemos los sentidos para ser hombres y mujeres hacedoras de vida en todo nuestro hacer.