Educación Biocéntrica

Cuándo perdemos el estado de inocencia que nos hace vivir confiantes

Llegado el momento, nos paramos a pensar y decimos: ¿Cuándo perdí la inocencia?, ese estado natural en el que la vida es un estar ahí, experimentado cómo es ese ser, esa forma presente, su textura, qué nos hace sentir.

Si nos ponemos “modo bebé”: que no camina todavía, que está echado panza arriba en algún lugar cómodo (sea toalla mullida, colchoneta, suelo de madera, hierba,…), explorando esas cosas que se mueven delante y cuando las atrapo en [mis] manos (llenas de babas porque he estado probando gustos y sabores), todo [mi] cuerpo se mueve, aunque no soy consciente de que eso es mi cuerpo. En esa etapa que dura algunos años, vivimos un estado de inocencia absoluta todavía: el exterior es una exploración, sea como sea.

Nacemos inocentes. Da igual que la religión católica, apostólica y romana se haya empeñado tantos lustros en inculcarnos la culpa del pecado original. Es mentira: la culpa No existe. Es un estado emocional que genera emociones como el miedo, la ira, la miseria, la carencia, la rabia, el no-merecimiento, la humillación, la tristeza, la aceptación de algo inaceptable por mandato divino, con “d” minúscula. La losa que depositó la Iglesia Romana como fuerza imperial en toda Europa y Latinoamérica, ha durado unas cuantas centurias, suficientes como para completar el ciclo de la transformación.

Nuestros pensamientos están, en alguna medida, entrelazados con esa información del inconsciente colectivo que intenta repetir patrones por inercia. Una de las claves para acomodar el organismo, a las nuevas acciones que vibran ahora con nuevos patrones vibracionales en nuestros centros de poder, también llamados chakras y otros nombres, es entender cómo funcionan los pensamientos: qué acciones ejercen en el universo vibracional, que frecuencia emiten, cómo inciden en la plasmación de hechos palpables al ojo y el tacto humano. ¿Cómo es lo que llamamos realidad?

Mi experiencia como exploradora de mundos es: lo único que existe es Yo Soy, YoSoy, YoSoY, una palabra palíndrome, igual que SOMOS, sobre todo en castellano. En otras lenguas e idiomas no tiene la misma fuerza (la enseñanza viene de las lenguas antiguas (sànscrito, arameo) donde se usaba el reflexivo para explicarlo todo). La referencia es siempre Yo Soy, todo pasa a través de Mí, entra y sale a través del pensamiento. El pensamiento es el generador de la acción que culmina en la voz que genera nuevas visiones, y así sucesivamente, creando un ciclo, una esfera de energía en movimiento.

Cuando el pensamiento es atrapado por otro pensamiento propio que observa, sin incidir, en lo que ocurre, [gráficamente sería la acción orgánica del hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho]. Cuando el observador interviene, lo hace formulando preguntas que incitan la curiosidad, el deseo de saber más, de investigar, de descubrir, de explorar, experimentar, entonces, podemos decir que estamos aprehendiendo, integrando, transmutando. Así es la vida, una constante transmutación, muy rápida por cierto. Sólo cabe observar el tiempo de gestación de una vida humana: nueve meses aproximadamente para pasar de ser una sola célula a un organismo complejo, sistémico, evolutivo, … que llamamos ser humano. Nueve meses para nacer. Nuestro mundo va muy deprisa y para vivir hemos de adaptarnos constantemente.

Como seres humanos nos nutrimos por los estímulos externos, que generan en nosotros modificaciones en nuestro organismo, ya sea en nuestro sistema nervioso, óseo, digestivo y endocrino, afectando a su vez nuestra salud física, emocional y sensitiva. Los eco-factores pueden ser positivos (+) y negativos (-). Estos últimos definen lo más denso y los (+) lo más sutil. Son energías, por tanto no tienen emociones, por tanto el bien y el mal no existe, son experiencias, aprendizaje.

La experiencia es un aprendizaje circular, nos educan para vivir sólo linealmente y eso no es posible ya que no corresponde a la vida. La vida es circular, es espirales concéntricas en redes complejas de comunicación.

Nuestro sistema educativo vive desconectado de su Fuente Primaria porque el ser humano se alejó tanto de Sí para experimentarse, que se olvidó de su origen. Recordar el origen es Presente Perfecto.

El Presente es Ahora, es reflexivo, círculo completo: va, se para, regresa. Es momento de reflexión (acción de reflejar) nuevamente. En una temporalidad abstracta, este círculo reflexivo es un Aliento, una respiración de un Ser gigante, llamado Universo [respiro: entro aire, aguanto el aire, suelto el aire], en esa respiración sonora, ha generado todo lo que conocemos.  Estamos en un momento planetario de reflexión: volver hacia dentro, a nuestro interior, el de la Tierra y, recordarnos que SOMOS, otra palabra palíndrome, que se puede leer igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha.

La educación es la clave del retorno, la acción de educar en las escuelas, las familias, los barrios, las vecinas y vecinos, las amistades, la comunidad. Es la comunidad la que nos educa y es en ella donde gestamos nuestra realidad como creemos que es.  Nos cabe llevar a la comunidad, de nuevo, espacios de encuentro afectivo donde dialogar y contarnos qué nos ocurre, escucharnos, atendernos y tejer en comunidad lo que sirve al pueblo, a sus habitante y a la Vida.

Eso es lo que haremos en el encuentro de educadoras y educadores biocéntricos de Iberia, este Julio 2016. Puedes participar si estás especialmente interesada interasado en la educación. + info