Educación Biocéntrica

Educación biocéntrica para personas de la nueva pobreza

Diario de navegación Proyecto La Trobada, el trobador i la trobairitz. Data estelar 15.102.013

Aunque el título del proyecto pueda parecerte extraño, quiero explicarte el significado de cada palabra porque cada una de ellas, está implícitamente vinculada al proyecto social “Restaurant la Trobada” de Terrassa, Barcelona.

Primero te cuento que el Restaurant la Trobada, surge como proyecto de ayuda a las personas que sufren lo que llaman “nueva pobreza”. Se trata de mujeres y hombres como tú y como yo que, debido a las consecuencias de la crisis económica actual , se encuentran sin empleo, sin recursos económicos suficientes para cubrir necesidades básicas, sin apoyo familiar en muchas ocasiones, sin hogar donde dormir, con escaso sentimiento de arraigo y autoestima debilitada por la angustia de sobrevivir.Cada vez hay más personas en esta situación de nueva pobreza y, aunque existen comedores y dormitorios sociales donde las personas sin recursos pueden acudir, la beneficencia alimenta y abriga el cuerpo pero tiene poca incidencia en la dignidad. El Restaurant la Trobada promueve el intercambio de trabajo por comida. Desde el Servicio Social del Ajuntament de Terrassa, son derivadas algunas de las personas que se encuentran en la situación de “nueva pobreza” para recibir un menú diario a cambio de dos horas de trabajo. Son los llamados “clientes de tiempo” que se diferencian de los “clientes de euro” que pagan el menú con euros. Para saber más sobre el proyecto, te invito a que clikes el enlace Restaurant la Trobada

Trobada en catalán se traduce al castellano como “encuentro entre dos o más personas para dialogar o crear juntas algo común”. La palabra trobador en catalán quiere decir igual que en castellano trovador “compositor e intérprete de Occitania a finales del siglo XI. Persona hecha para componer, inventar, crear”. Trobairitz es el femenino de trobador, que existieron también entre los siglos XII y XIII.  Me pareció que jugar con estas palabras me abría la posibilidad de encontrarnos como trovadores, unidos para componer nuevas canciones de vida y prosperidad para todas las personas.

Conocí éste proyecto a través de una compañera del Cercle de Dones LLuna de Castellar del Vallés, pueblo donde vivo. En la luna nueva de marzo de este año 2013, Núria nos contó su experiencia como voluntaria de este proyecto que estaba iniciando su aventura. Enseguida me vibró dentro y después de conocer a Pau, coordinador del proyecto, visitar el Restaurante, comer en él y relacionarme con las personas que lo componen, decidí implicarme ofreciendo sesiones de Biodanza para usuarias y voluntarias, como proceso de integración, aumentar autoestima, creatividad, capacidad de transcender, vínculo afectivo, reforzar identidad saludable y estimular el sentimiento de comunidad con el propósito de generar acciones que repercutan en el bien de la misma.

Después de trámites burocráticos y acuerdos entre las diferentes asociaciones que apoyan el proyecto, hicimos una sesión de presentación en junio donde participaron unas cuantas personas usuarias y voluntarias. La aceptación fue contundente. Vino el verano y en septiembre reiniciamos la propuesta y tras presentar el proyecto redactado con intenciones, objetivos, metodología a seguir y programa detallado, el pasado martes 15 de octubre iniciamos el programa piloto que tendrá una duración de tres meses con sesiones de educación biocéntrica quincenales en el mismo local del Restaurant.

Me he decidido a compartir diario de navegación del proyecto porque doy fe que compartir lo que sabemos, aquello que vamos experimentando, es generar vida, construir comunidad y sumar conocimientos. Es abrir el pecho para dar lo mejor de sí misma, sabiendo que estamos contribuyendo a dignificar la comunidad humana, a restaurar su condición y posibilitar acciones que generan vida y promueven su evolución. Esta es la propuesta de Educación Biocéntrica.

Como experiencia personal sobre la “nueva pobreza” te cuento que durante año y medio, he estado participando en el Movimiento 15M donde he podido conocer de cerca a personas que han tenido que desalojar sus casas con hijos a cuestas y sin pertenencias por no tener dinero para pagar hipotecas. He acompañado en la recogida de alimentos reciclados de supermercados y mercados, para cocinarlos y dar de comer a muchas personas; he participado en varios mercados de intercambio y en mercados con moneda social,… He podido convivir con rostros repletos de desamor, incertidumbre, desarraigo y profundo sentimiento de derrota. Trabajar con ellas, requiere de la metodología de Educación Biocéntrica porque permite que entremos hablando desde el corazón, el lenguaje universal.

La palabra es el recurso de comunicación más conocido y utilizado. Cuando iniciamos pequeñas rondas de presentación donde las personas pueden decir sus palabras mientras se miran y son miradas, va naciendo una musicalidad grupal que termina en sonrisa siempre. Y digo siempre porque no puedo decir otra verdad. Siempre, siempre, surge la sonrisa. A veces discreta, otras abierta y resonante, siempre luminosa que emerge entre ojos y piel. La alegría se hace presente pausadamente, toma su asiento entre nosotras y brilla.

El principio de progresividad que propone Biodanza, es sagrado para nosotras facilitadoras. Recrear un ambiente tranquilo, pausado, son silencios que surgen de forma natural, propicia que personas que tienen el sufrimiento, la angustia y el desarraigo en la piel, suelten de a poquito las tensiones y así aflore su naturaleza afectiva, su ser natural.

Pasados 15 minutos del horario establecido, nos sentamos en sillas del restaurante en ronda. Todas las personas presentes se conocían entre sí, excepto dos. Eran usuarias y voluntarias con curiosidad de saber qué era eso de la Biodanza. Me presenté. Les conté cómo conocí la Biodanza, qué efecto causó en mí la primera sesión, por qué decidí formarme como facilitadora. Mi relato era sincero, sin pretensiones de agradar. Seguimos con la historia de Rolando Toro, sus inicios como educador, psicólogo, su espíritu convencido de cambiar el mundo y restituir la nostalgia de amor que sufre.

Sus rostros fueron tomando color. No es que antes no lo tuviera, pero empezaba a notar cambios en su piel. “La palabra hablada está constituida por tres clases de vibraciones: la energía física (el sonido), la energía vital, que se activa con la voluntad del orador; y el pensamiento. Cada palabra que el hombre pronuncia deja rastros de vibraciones en su cuerpo y cerebros físicos (…)”  Paramahanda Yogananda.

Hablamos también de la implicación en el proyecto tanto de mi parte como por la suya y de la intención de publicar los resultados, para lo que necesitaba su consentimiento para recoger datos.  A todas sin excepción les pareció bien.

Para la sesión, había preparado 5 vivencias básicas con el objetivo de soltar el cuerpo y sentir la presencia del otro y del grupo. La vivencia grupal incentiva el sentimiento de pertenencia y me parece importante empezar por aquí.

Iniciamos una ronda para explicar la simbología del círculo en biodanza. Después un caminar rítmico y a partir de la mitad de la canción, les fuí indicando que fueran saludándose con los que se cruzaban, primero de forma discreta hasta que pudimos llegar al encuentro de amigos.

Seguimos con coordinación ritmica, y luego rueda rítmica con un paso común. Aquí empezó, de forma natural, a surgir el juego de imitar los movimientos que uno de ellos hacía, mientras cambiaban de protagonista. La canción duró 4′ aproximadamente y terminaron riendo a carcajadas y con algún abrazo.  La risa les produjo sed y nos tomamos un tiempo para beber agua, ir al baño mientras seguían conscientes de no hablar. Alguna palabra se les escapaba pero mantenían la intención de comunicarse con el cuerpo solo.

Seguimos con sincronización melódica con cambios. Algunas parejas se cogían por la cintura y alguna reclinaba la cabeza en la otra persona.

Continuamos con ronda de balanceo suave. Ojos cerrados, entrelazados por la cintura y dejándose mecer por el movimiento suave del grupo. Sus rostros estaban relajados, desprendían placidez. Desde la mirada de facilitadora, estos momentos son de extraordinaria belleza. Siempre me conmueve presenciar como la música, el movimiento, la intención, la propuesta, destapa el ser que habita dentro y emerge belleza natural, hermosa, cristalina.

Seguí con una música de activación suave donde pudimos mirarnos. Habían pasado 1h45m exactamente.

Al terminar eran mujeres y hombres más bellas, como siempre ocurre. Comentaban entre ellas, “estoy muy bien, pero me siento rara. No estoy acostumbrada a tanto amor”. “Que distinto de lo que me imaginaba”. “Que bien me siento”. “Estoy contento”. “Qué fácil me resulta mirar al otro y normalmente no me pase. Siempre voy con la cabeza baja”.

Decidieron intentar convencer a más personas vinculadas al proyecto para que vinieran a participar de las sesiones, buscar a otras usuarias que ya no estaban porque se les había terminado el plazo de los cuatro meses.  Decían que estaban seguras que les iba a ir muy bien.

Sugerí que si les apetecía, escribieran sus sensaciones, pensamientos o lo que quisieran y llevaran un diario de biodanza. Algunas dijeron que si.

Para la  próxima sesión, quedamos en que traería las fichas de las personas participantes para rellenar sus datos y algun test de satisfacción y bienestar para hacer el seguimiento.

Nos despedimos con besos, algún abrazo y muchas muchas sonrisas. El acercamiento físico ha empezado. Buena señal.

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