Biodanza

Biodanza y la nueva pobreza. Registro estelar 130.082.014 del diario de navegación

Me pregunto qué es lo que hace que vayamos olvidando el compromiso con la comunidad, el vínculo afectivo. Qué hace que la presencia se vaya tornando ausencia y el círculo deje de tener forma y se convierta en algo que ha sido y ya no está.

Soy consciente que las sesiones de Biodanza han dejado una semilla de bienestar en todas las personas del proyecto social “La Trobada”; así lo han manifestado las participantes.

Las profesoras de Biodanza sabemos que en la memoria celular de nuestros alumnos quedan registradas miradas, sonrisas, abrazos, …vivencias de verdad del ser, y podemos recuperarlas sólo con el recuerdo (del latín recordare: volver a pasar por el corazón). El tiempo puede generar olvido, pero el vínculo se ha creado y pertenece al cuerpo, al ser; ya lo acompaña siempre. Para mí es la mayor satisfacción que puedo sentir después de que el grupo ya no tiene continuidad: se que allá donde nos reencontremos, sobrarán las palabras y nos uniremos con la mirada, el gesto, la mano, el cuerpo. Pero, me queda una reflexión: qué hace que las personas que se encuentran en riesgo de exclusión social por la nueva pobreza que se extiende en nuestro país, dejen de asistir progresivamente a unas clases que les aportan alegría, autoestima, coraje, empoderamiento personal, vivencia comunitaria, solidaridad, empatía, sensibilidad por la vida, escucha interior, por nombrar algunos de los beneficios de la Biodanza.

Después de algunas sesiones con cuatro asistentes de los 11 apuntados, me llamó el coordinador del proyecto para decirme que las sesiones se postergaban a petición de los usuarios por no poder comprometerse a asistir ya que estaban pendientes de oportunidades de trabajo que iban surgiendo de imprevisto y cursos de capacitación laboral que reclamaban su total disponibilidad. Me quedé atónita. No habíamos completado los tres meses todavía.

Hablé con algunas de las participantes para saber por ellas mismas la verdad, y simplemente me corroboró lo que el coordinador me había dicho.

Las cosas son así. Todo es perfecto tal como es. La Biodanza nos enseña la fluidez como manera de confluir con la vida. Para hacerlo más gráfico transcribo un fragmento del libro  “El legado de Luna” de Julia Butterfly Hill, que narra la historia de ésta mujer que decide subir hasta la copa de una secuoya de cincuenta metros con la idea de permanecer allí dos semanas para detener la agresión de la empresa Pacífic Lumbre que estaba deforestando las zonas circundantes de Stafford (California). Vivió en la secuoya por dos años y la llamó Luna.

Dice así:

“No sé que está pasando aquí. No quiero darme por vencida porque he hecho un pacto contigo. Pero ya no me quedan fuerzas. Luna, estoy aterrada, me estoy volviendo loca.

Quizás lo estaba o quizás no, pero en ese momento me pareció oir la voz de Luna diciéndome:

– Julia, piensa en los árboles bajo la tormenta. Los árboles no se empeñan en pasar la tormenta rectos, tiesos, estirados […] Se dejan mecer por el viento […]. Aprende de la fuerza de los árboles. Permite que fluya, Déjate llevar. Así es como sobrevivirás a esta tormenta, y así es cómo superarás todas las tormentas de tu vida”.

Julia soltó las riendas, aflojó tensiones, se dejó doblegar y agitar por la violencia de la tormenta; lloró, gritó, rió, cabalgó, hasta soltar todos los apegos, incluidos el “Yo” hasta sentir que nadie tendría poder sobre ella. Se comprometió a “vivir mi vida guiada por la fuente suprema, la fuente de la Creación”.

Este también es mi compromiso que renuevo cada vez que me siento desfallecer, así que no queda más que seguir adelante. Donde la vida nos llame.

Amor y Servicio

Biodanza

Biodanza y la nueva pobreza. Registro 12.112.013 del diario de navegación

Diario de navegación Proyecto “La Trobada, el trobador i la trobairitz”. Biodanza para personas afectadas de la nueva pobreza. Data estelar 12.112.013

Esta es la tercera sesión.

Al llegar al recinto, me encuentro con G sonriente. Me cuenta que A no puede venir porque han tenido un problema de salud en casa: su perrita ha sido atropellada de gravedad  y han tenido que operarla de urgencias, perdiendo un ojo y quedando mal herida. Durante unos días,  se hace necesario que una de las dos se quede al cuidado de la perrita, hasta que esté en un estado más óptimo. Han decidido turnarse para no perder la sesión. Después me entrega las fichas de participación de A y ella rellenas y añade que ha abierto un grupo de facebook para promocionar Biodanza y Tai-chi en la Trobada.  Mi pecho se llena de satisfacción.

R está mirando expectante sin decidirse qué hacer.  Sus compañeras le han hablado de Biodanza y tiene deseos de quedarse pero hoy termina el curso de catalán  al que asiste para que le ayude a encontrar trabajo. Aún así, colabora con los preparativos de la sala. Llega J deprisa excusándose por llegar tarde y me entrega su ficha rellena con foto incluida. E no viene por asuntos personales. J tampoco,… En total, hoy el grupo es de cuatro personas. ¡Dios mío! – susurro internamente. – ¡Una sesión con cuatro personas!!. Pensaba que no me volvería a pasar más, pero sí. – continuo en mis adentros. No me preocupa la dificultad de estar cuatro personas nada más. Lo que me ocupa es la falta de asistencia.

Finalmente R se queda porque nos ha ido escuchando y se ha contagiado del “buen rollo” dice, y el poder de convicción de J 😉

Iniciamos la sesión con Rueda de intimidad verbal. Recojo dos puntos importantes que comentan: 1) la sonrisa que se instala en su ser después de la sesión y no les abandona en dos o tres días; 2) la diferencia de sesión que notaron con más participantes y menos. La riqueza de la diversidad. Esto me da pie a enfatizar la importancia del grupo, la sensación de pertenencia. Hablamos brevemente del significado de cuidar al grupo asistiendo a la sesión,  la sensación que surge de “echar en falta” cuando alguna de las personas no está presente.

Ha llegado el momento de comunicarnos con el cuerpo. Empieza sesión para principiantes. En la progresión del crescendo de vitalidad, después de dos caminares, propongo “Caminar con ímpetu festivo” con Carmen de Bizet. La respuesta es óptima: consiguen lanzarse al vuelo y se escucha algún grito de entusiasmo. Seguimos con coordinación rítmica y sincronización melódica. En esta propuesta recuerdo la diferencia entre movimiento rítmico y melódico y la importancia de ni dominar ni dejarse dominar, evocando la sensación de dialogar danzando, tener en cuenta al otro a través de la mirada. Hago la muestra con R que es su primer día. Tiende a dominar la situación con movimientos rítmicos. Sin dejar de mirarla, opongo una suave resistencia melódica. Si sigo su ritmo, la propuesta se volvería sincronización rítmica y quiero que experimenten la cadencia del movimiento melódico, redondo, lento.

R se muestra extraña al ver que no hay la respuesta que esperaba encontrar. Sin dejar de danzar, me mira interrogante. Mi actitud le provoca atención y busca la manera de encontrarme,  de coincidir.  En breves segundos, su movimiento se vuelve más lento, más sentido y,… empezamos una danza placentera melódica a dos, que nos provoca sonrisas a ambas mientras seguimos danzando.  ¡Lo hemos conseguido!!! En poco más de un minuto, hemos encontrado el punto medio que nos permite disfrutar a ambas, sin renunciar a nuestra individualidad. Gracias Rolando Toro por la maravillosa simplicidad  de la “Sincronización melódica”.

La curva metodológica de Biodanza sigue avanzando. Vamos bajando suavecito hacia el momento que considero clave de la sesión: “Acunamiento encadenado”. Se trata de situarse en el suelo, en fila, apoyados en el vientre del otro en actitud de descanso. Para mí es importante recalcar tomarse tiempo para encontrar la postura verdaderamente cómoda para todos y esperar hasta que el grupo está cómodo, en actitud de entrega. La comodidad permite entregarse al placer de descansar en el otro y juntos.

Llegado este punto, los movimientos de las cuatro personas se han enlentecido; en sus rostros se dibuja gratificante relax. Dos vivencias más y terminamos la sesión en ronda tranquila mientras nos miramos.

En el momento de recoger la sala, R dice: ¡Tengo claro que voy a venir! Ya es una prioridad para mí venir a Biodanza.- dice sonriendo. Todos estamos satisfechos.

El coordinador del proyecto, me ha facilitado una lista con nombres y teléfonos de todas las personas que han pasado por “La Trobada”. Estoy dispuesta a llamarlas una a una para intentar captar su atención y vincularlas de nuevo al proyecto. Hay muchas cosas que podemos hacer juntas. Es momento de vivencia de comunidad, de unir fuerzas, de construir la comunidad afectiva que queremos.

Seguimos en pie de paz, danzando en la vida y por la vida.

Biodanza

Biodanza y la nueva pobreza. Registro 20.102.013

Diario de navegación Proyecto “La Trobada, el trobador i la trobairitz”. Biodanza para personas afectadas de la nueva pobreza. Data estelar 20.102.013

Han pasado dos semanas de la primera sesión de este programa piloto de tres meses. Durante el viaje de mi hogar a “La Trobada” pensé en la posibilidad de que vinieran menos personas: el día estaba frío, lluvioso e invitaba a recogimiento. Si no había un motivo suficiente poderoso para moverse, la sesión de Biodanza sería difícil con pocos participantes.

Me preguntaba los motivos que pueden hacernos olvidar que pertenecemos a la vida y que somos parte de ella,  las causas que nos desvinculan del movimiento eterno que mantiene la evolución y la armonía con Unidad. Recordaba cuan amargo resulta sentirse desafortunado, maltratada y en plena borrasca de culpabilidad,  desarraigo y sentimiento de fracaso. Podría ser que las personas que habían venido el primer día, se dejaran vencer por la miseria que nos envuelve.  Podría ser que….. y así anduve unas dos calles desde la estación de tren  hasta que, cerca de “La Trobada”,  volví a la realidad: todo es perfecto. Sonreí para mis adentros y continué.

Subí las escaleras que me llevan a la sala donde todo ocurre y encuentro dos participantes de la primera sesión que hicimos en verano para presentar el proyecto. Han pasado casi cuatro meses y al vernos, sonrisa nos domina y surge abrazo inevitable. Es así Biodanza cuando cala el ser. Hablamos unos instantes para ponernos al día de novedades y empiezan a venir más participantes. En sus rostros se dibuja alegría de encuentro, besos y algún abrazo. Siento felicidad.

Preparamos el espacio: altavoces, ordenador, aguas, sillas. El círculo está creado y esperamos algunos minutos a algún despistado. Iniciamos 15′ más tarde de lo acordado. Recuerdo la importancia de la puntualidad.

Al mirar el círculo, no puedo dejar de sentir satisfacción, que se intensifica al escuchar sus relatos de vivencia.  Hablan de sensación extraña al salir de la sesión. Una mezcla entre sorpresa  y  bienestar. – Todo era tan natural que me dejé llevar por las propuestas- dijo G. Y seguían diciendo:  Al día siguiente de Biodanza, mantenía esa sensación de alegría y bienestar. – Nada ha cambiado pero puedo percibir mi realidad de otra manera, con mayor perspectiva- compartían en general, cada una con sus palabras.

Para J, le era especialmente confortable volver a percibir el placer de “este mundo alternativo” (nos describía), que había tenido que dejar por no poder pagarlo. Ya conocía Biodanza y reencontrarla fue placentero para J, nos dijo.

Todas las personas del círculo, manifestaron firmes deseos de que Biodanza llegará a más personas que están en su misma situación de nueva pobreza. – Hay que hacer una gran rueda!- dijo M con voz alta.

Antes de iniciar la parte correspondiente a movimiento-danza, ocupamos un tiempo con asuntos administrativos referentes a la ficha de participación, compromiso de asistencia, recogida de datos para registrar los resultados que obtengamos con la experiencia, permisos de imagen y asegurar que todos los datos facilitados por las personas participantes, serán utilizados exclusivamente para el proyecto.

Habían transcurrido  45′ más o menos desde el inicio de la sesión. Era momento de danzar.

Repetimos propuestas básicas: caminar, coordinación, sincronización y progresiva desaceleración para llegar a la introducción de la caricia.  ¡Cuan importante es la consigna! Cada vivencia propuesta se adapta, moldea y acomoda  al grupo y su momento para estimular el mayor beneficio posible. Propusimos acariciamiento de manos en grupo, como momento de celebrar las manos, lo mucho que podemos hacer con ellas; celebrarlas con danza melódica de manos en grupo agradecidas de ser honradas, sin entretenerse en reconocer de quien son; manteniendo movimiento danzante desacelerado.

Sus ojos se cerraron y música inició compases.  Bajamos intensidad de luz. Sus manos  inauguraron danza lenta de agua. En su rostro aparecían progresivamente los rasgos de placidez. El movimiento era lento y suave, sus manos danzaban entre aguas de afecto presente. Transcurridos tres minutos, música finalizó y manos se encontraron en centro apacible donde brotó, de forma espontánea, abrazo colectivo tierno, dulce, afectivo. Y allí quedaron en íntasis orgánica, recomponiendo fragmentos del ser.

En la rueda de balanceo, repetimos la misma canción que en sesión anterior, porque experiencia me dice que repetir ciertas canciones en vivencias concretas, crea una emoción de reconocimiento que potencia confianza y progresiva entrega. Lo conocido, cuando gustoso, vuelve a ser presente y ocupa espacios-confort en piel y sentidos, adaptándonos así, progresivamente, a ecofactores positivos que impulsan identidad saludable y potenciales genéticos.

Al terminar nos miramos,  y alguna dijo  – ¡Biodanza ha de llegar a muchas más personas!!!.

Nos reencontramos en quince días.  🙂

 

Educación Biocéntrica

Educación biocéntrica para personas de la nueva pobreza

Diario de navegación Proyecto La Trobada, el trobador i la trobairitz. Data estelar 15.102.013

Aunque el título del proyecto pueda parecerte extraño, quiero explicarte el significado de cada palabra porque cada una de ellas, está implícitamente vinculada al proyecto social “Restaurant la Trobada” de Terrassa, Barcelona.

Primero te cuento que el Restaurant la Trobada, surge como proyecto de ayuda a las personas que sufren lo que llaman “nueva pobreza”. Se trata de mujeres y hombres como tú y como yo que, debido a las consecuencias de la crisis económica actual , se encuentran sin empleo, sin recursos económicos suficientes para cubrir necesidades básicas, sin apoyo familiar en muchas ocasiones, sin hogar donde dormir, con escaso sentimiento de arraigo y autoestima debilitada por la angustia de sobrevivir.Cada vez hay más personas en esta situación de nueva pobreza y, aunque existen comedores y dormitorios sociales donde las personas sin recursos pueden acudir, la beneficencia alimenta y abriga el cuerpo pero tiene poca incidencia en la dignidad. El Restaurant la Trobada promueve el intercambio de trabajo por comida. Desde el Servicio Social del Ajuntament de Terrassa, son derivadas algunas de las personas que se encuentran en la situación de “nueva pobreza” para recibir un menú diario a cambio de dos horas de trabajo. Son los llamados “clientes de tiempo” que se diferencian de los “clientes de euro” que pagan el menú con euros. Para saber más sobre el proyecto, te invito a que clikes el enlace Restaurant la Trobada

Trobada en catalán se traduce al castellano como “encuentro entre dos o más personas para dialogar o crear juntas algo común”. La palabra trobador en catalán quiere decir igual que en castellano trovador “compositor e intérprete de Occitania a finales del siglo XI. Persona hecha para componer, inventar, crear”. Trobairitz es el femenino de trobador, que existieron también entre los siglos XII y XIII.  Me pareció que jugar con estas palabras me abría la posibilidad de encontrarnos como trovadores, unidos para componer nuevas canciones de vida y prosperidad para todas las personas.

Conocí éste proyecto a través de una compañera del Cercle de Dones LLuna de Castellar del Vallés, pueblo donde vivo. En la luna nueva de marzo de este año 2013, Núria nos contó su experiencia como voluntaria de este proyecto que estaba iniciando su aventura. Enseguida me vibró dentro y después de conocer a Pau, coordinador del proyecto, visitar el Restaurante, comer en él y relacionarme con las personas que lo componen, decidí implicarme ofreciendo sesiones de Biodanza para usuarias y voluntarias, como proceso de integración, aumentar autoestima, creatividad, capacidad de transcender, vínculo afectivo, reforzar identidad saludable y estimular el sentimiento de comunidad con el propósito de generar acciones que repercutan en el bien de la misma.

Después de trámites burocráticos y acuerdos entre las diferentes asociaciones que apoyan el proyecto, hicimos una sesión de presentación en junio donde participaron unas cuantas personas usuarias y voluntarias. La aceptación fue contundente. Vino el verano y en septiembre reiniciamos la propuesta y tras presentar el proyecto redactado con intenciones, objetivos, metodología a seguir y programa detallado, el pasado martes 15 de octubre iniciamos el programa piloto que tendrá una duración de tres meses con sesiones de educación biocéntrica quincenales en el mismo local del Restaurant.

Me he decidido a compartir diario de navegación del proyecto porque doy fe que compartir lo que sabemos, aquello que vamos experimentando, es generar vida, construir comunidad y sumar conocimientos. Es abrir el pecho para dar lo mejor de sí misma, sabiendo que estamos contribuyendo a dignificar la comunidad humana, a restaurar su condición y posibilitar acciones que generan vida y promueven su evolución. Esta es la propuesta de Educación Biocéntrica.

Como experiencia personal sobre la “nueva pobreza” te cuento que durante año y medio, he estado participando en el Movimiento 15M donde he podido conocer de cerca a personas que han tenido que desalojar sus casas con hijos a cuestas y sin pertenencias por no tener dinero para pagar hipotecas. He acompañado en la recogida de alimentos reciclados de supermercados y mercados, para cocinarlos y dar de comer a muchas personas; he participado en varios mercados de intercambio y en mercados con moneda social,… He podido convivir con rostros repletos de desamor, incertidumbre, desarraigo y profundo sentimiento de derrota. Trabajar con ellas, requiere de la metodología de Educación Biocéntrica porque permite que entremos hablando desde el corazón, el lenguaje universal.

La palabra es el recurso de comunicación más conocido y utilizado. Cuando iniciamos pequeñas rondas de presentación donde las personas pueden decir sus palabras mientras se miran y son miradas, va naciendo una musicalidad grupal que termina en sonrisa siempre. Y digo siempre porque no puedo decir otra verdad. Siempre, siempre, surge la sonrisa. A veces discreta, otras abierta y resonante, siempre luminosa que emerge entre ojos y piel. La alegría se hace presente pausadamente, toma su asiento entre nosotras y brilla.

El principio de progresividad que propone Biodanza, es sagrado para nosotras facilitadoras. Recrear un ambiente tranquilo, pausado, son silencios que surgen de forma natural, propicia que personas que tienen el sufrimiento, la angustia y el desarraigo en la piel, suelten de a poquito las tensiones y así aflore su naturaleza afectiva, su ser natural.

Pasados 15 minutos del horario establecido, nos sentamos en sillas del restaurante en ronda. Todas las personas presentes se conocían entre sí, excepto dos. Eran usuarias y voluntarias con curiosidad de saber qué era eso de la Biodanza. Me presenté. Les conté cómo conocí la Biodanza, qué efecto causó en mí la primera sesión, por qué decidí formarme como facilitadora. Mi relato era sincero, sin pretensiones de agradar. Seguimos con la historia de Rolando Toro, sus inicios como educador, psicólogo, su espíritu convencido de cambiar el mundo y restituir la nostalgia de amor que sufre.

Sus rostros fueron tomando color. No es que antes no lo tuviera, pero empezaba a notar cambios en su piel. “La palabra hablada está constituida por tres clases de vibraciones: la energía física (el sonido), la energía vital, que se activa con la voluntad del orador; y el pensamiento. Cada palabra que el hombre pronuncia deja rastros de vibraciones en su cuerpo y cerebros físicos (…)”  Paramahanda Yogananda.

Hablamos también de la implicación en el proyecto tanto de mi parte como por la suya y de la intención de publicar los resultados, para lo que necesitaba su consentimiento para recoger datos.  A todas sin excepción les pareció bien.

Para la sesión, había preparado 5 vivencias básicas con el objetivo de soltar el cuerpo y sentir la presencia del otro y del grupo. La vivencia grupal incentiva el sentimiento de pertenencia y me parece importante empezar por aquí.

Iniciamos una ronda para explicar la simbología del círculo en biodanza. Después un caminar rítmico y a partir de la mitad de la canción, les fuí indicando que fueran saludándose con los que se cruzaban, primero de forma discreta hasta que pudimos llegar al encuentro de amigos.

Seguimos con coordinación ritmica, y luego rueda rítmica con un paso común. Aquí empezó, de forma natural, a surgir el juego de imitar los movimientos que uno de ellos hacía, mientras cambiaban de protagonista. La canción duró 4′ aproximadamente y terminaron riendo a carcajadas y con algún abrazo.  La risa les produjo sed y nos tomamos un tiempo para beber agua, ir al baño mientras seguían conscientes de no hablar. Alguna palabra se les escapaba pero mantenían la intención de comunicarse con el cuerpo solo.

Seguimos con sincronización melódica con cambios. Algunas parejas se cogían por la cintura y alguna reclinaba la cabeza en la otra persona.

Continuamos con ronda de balanceo suave. Ojos cerrados, entrelazados por la cintura y dejándose mecer por el movimiento suave del grupo. Sus rostros estaban relajados, desprendían placidez. Desde la mirada de facilitadora, estos momentos son de extraordinaria belleza. Siempre me conmueve presenciar como la música, el movimiento, la intención, la propuesta, destapa el ser que habita dentro y emerge belleza natural, hermosa, cristalina.

Seguí con una música de activación suave donde pudimos mirarnos. Habían pasado 1h45m exactamente.

Al terminar eran mujeres y hombres más bellas, como siempre ocurre. Comentaban entre ellas, “estoy muy bien, pero me siento rara. No estoy acostumbrada a tanto amor”. “Que distinto de lo que me imaginaba”. “Que bien me siento”. “Estoy contento”. “Qué fácil me resulta mirar al otro y normalmente no me pase. Siempre voy con la cabeza baja”.

Decidieron intentar convencer a más personas vinculadas al proyecto para que vinieran a participar de las sesiones, buscar a otras usuarias que ya no estaban porque se les había terminado el plazo de los cuatro meses.  Decían que estaban seguras que les iba a ir muy bien.

Sugerí que si les apetecía, escribieran sus sensaciones, pensamientos o lo que quisieran y llevaran un diario de biodanza. Algunas dijeron que si.

Para la  próxima sesión, quedamos en que traería las fichas de las personas participantes para rellenar sus datos y algun test de satisfacción y bienestar para hacer el seguimiento.

Nos despedimos con besos, algún abrazo y muchas muchas sonrisas. El acercamiento físico ha empezado. Buena señal.