Cursos, Notas de navegación

Biodanza en la naturaleza. Un canto a la Madre.

Ayer en la mañana hicimos nuestra sesión regular de Biodanza en la naturaleza. Varias semanas atrás lo habíamos acordado así, dado que aquí donde vivimos, estamos rodeadas de bosques, montañas, río y multitud de caminos.

En este entorno, hay muchos lugares donde poder biodanzar en la naturaleza; sólo tenía que escuchar la llamada y acudir. Así fue. Una tarde de las tantas que paseo con mi querido perro Roc, me adentré por un camino que hacía mucho no recorría. La voz de Gaia me llamó. Ese día el lugar estaba distinto de otras veces: podía escuchar nuevos susurros, otros cantos, tonalidades del viento que me decían que ese era el lugar donde danzar.

Nos encontramos a las 9.30h de la mañana. Un día espléndido: cielo azul totalmente despejado, frío matinal recordándonos el tiempo otoñal, sol, muchas ganas de vivir la experiencia. A las 9.50h estábamos delante del camino que íbamos a recorrer y dispusimos nuestros corazones y almas a danzar con la Madre. Tras una breve introducción, ritualizamos el encuentro y nos dispusimos a iniciar el recorrido.

Las escaleras de tierra y madera nos llevaron al río donde las aguas limpias corrían sin prisa. La sonoridad de su canto, el susurro del suave viento, el trinar de los pájaros, la Presencia fue ocupando el espacio interno, y sin querer ,el fuera y el adentro se fueron fusionando. El íntimo robledal nos esperaba con alegría. Sabía que algo hermoso iba a pasar pues no es común que humanos se entretengan a contemplar y gozar satisfechos de los dones de la Madre Tierra. Repartimos caricias, abrazos, sueños y calma entre sus troncos gozosos. El Sol nos esperaba más adelante.

En el verde prado de poleo en flor, el juego, la risa y la ternura jugaron con la inocencia. Después un breve descanso. Aún huele mi piel a campo, hierba y alegría. ¡Bendita inocencia!. Seguimos el recorrido y nos encontramos con un paraje más íntimo, que nos dio la bienvenida con una hermosa y mágica lluvia de hojas multicolores cayendo desde lo alto del gran árbol custodio del lugar.

Los colores del otoño-Els colors de la tardor. by Teresa Tendero

Seguimos la indicación “Camí de la Penitenta – Camino de la penitenta”. ¿Porqué le llamarán así? Alguna historia debe esconder, y aunque no la conocemos, nos inspiraba. Nota: Penitencia, aunque está asociada a dolor y disgusto, en latín antiguo significaba no estar satisfecha, no tener bastante de algo. ¡A ver qué descubrimos!.

El camino es estrecho, húmedo, verde, amarillo, olor a otoño. La alta pared de la montaña a nuestra derecha nos protege. El sol allí en lo alto de la gran pared, ilumina el paraje con su reflejo. La sonoridad ha cambiado: todo es más silencioso, pacíficamente silencioso. Seguimos hasta un entrante a nuestra derecha; nadie diría que lleva a ninguna parte pero allí esconde misterios a descubrir.

Como seres humanos tenemos el deber de cuidar y embellecer la Vida, así que nos dispusimos a recoger los restos de desechos urbanos que en ensuciaban el lugar. A veces se hacía difícil distinguirlos entre la tierra y las piedras que los ocultaba, pues la Mamita siempre atenta, se ocupaba de integrarlos, pero eso demora mucho, mucho, mucho tiempo, así que en silencio y atentas a no-emitir ningún juicio, fuimos recogiendo todo cuanto encontramos.

Cuatro bolsas de escombros recogimos. El hermoso lugar escondido, sonrió satisfecho. Alegría habló y dijo: ¡Devolvamos la dignidad al humano!, y de forma improvisada, dejamos una ofrenda de ternura.

Ofrena a la Marona com a recordatori de la Dignitat humana. Ofrenda a la Gran Madre en recuerdo a la Dignidad humana

Gaia, la Mareta, Marona, Gran Mare, es la Generosidad. A pesar de nuestra ignorancia humana, Ella no deja de confiar. Honrando su eterna confianza, andamos en pareja por el húmedo camino, cuidando unas de otras. Fuimos y volvimos con la oscuridad fuera, guiadas por la Luz interior.

De regreso nos quedamos en el robledal y pidiendo permiso a los habitantes del lugar, dejamos una ofrenda de amistad para que los pueblos de la tierra recuerden que el humano embellece; está dotado para generar Belleza, Armonía, Paz. Dejamos nuestra humanidad en este mandala.

Al final, ya cerrando, nuestro ángel femenino del grupo, nos regaló este escrito que el Amor de la Pacha le había dejado en su corazón. 🙏🙏🦋🦋

Un canto de amor a la Tierra
Thich Nhat Hanh

Querida Madre Tierra:
Me postro ante ti con el mayor de los respetos y la clara conciencia de que estás presente en mí y de que yo formo parte de ti. Tú me diste a luz y me proporcionaste todo lo que necesitaba para mi sustento y desarrollo. Mi madre, mi padre y todos mis ancestros son también tus hijos. Nosotros respiramos tu aire fresco, nosotros bebemos tu agua limpia, comemos tu nutriente alimento y apelamos, cuando estamos enfermos a tus remedios naturales.

Tu eres la madre de todos los seres. Te llamo con el nombre humano de madre, pero se que tu naturaleza es mucho más amplia y antigua que la humanidad. Nosotros no somos más que una joven especie de tus muchos hijos. El resto de millones de especies que viven – o han vivido – en la tierra son también tus hijos. Sé muy bien que no eres una persona, pero también sé que no eres menos que una persona. Eres un organismo vivo que respira en forma de planeta.

Cada especie tiene su propio lenguaje y tú, como nuestra madre, los entiendes todos. Por ello sé que, cuando te abro mi corazón y te ofrezco mi plegaria, puedes entenderme.

Donde quiera que haya suelo, agua, roca o aire sé, querida madre, que estás ahí, nutriéndome y dándome vida. Estás presente en todas las células de mi cuerpo. Mi cuerpo físico es tu cuerpo físico, y, como el sol y las estrellas están presente en ti, también lo están en mí. Tu no estás fuera de mí, y yo tampoco estoy fuera de ti. Tú eres mucho más que mi entorno. Tú eres yo.

Hago el voto de ser continuamente consciente de que siempre estás en mí y de que yo siempre estoy en ti. Me comprometo a ser consciente a que tu salud y bienestar son mi propia salud y bienestar. Sé que necesito mantener esta conciencia viva en mí para que ambos estemos en paz y crezcamos felices, sanos y fuertes.

A veces me olvido. Me pierdo en confusiones y preocupaciones de la vida cotidiana, me olvido de que mi cuerpo es tu cuerpo; y a veces me olvido incluso de que tengo un cuerpo. Inconsciente de la presencia de mi cuerpo y del hermoso planeta que me rodea y me impregna, soy incapaz de reconocer y celebrar el precioso regalo de la vida que me has dado. Mi deseo profundo, querida, Madre, consiste en despertar al milagro de la vida. Me comprometo a aprender a estar presente en cada momento, para mí, para mi vida y para ti. Sé que mi consciencia es el mejor de los presentes que puedo brindarte, el más precioso de todos.

Y así concluimos nuestra sesión de Biodanza en la Naturaleza.

Amor y Servicio

1 comentario en “Biodanza en la naturaleza. Un canto a la Madre.”

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