Ecologia de Sistemas Humanos

La Humanidad Olvidada. Notas de una Aprendiz Rural. Segunda hebra.

En estas tierras gallegas estoy encontrándome cada día un poquito más. Voy descubriendo grietas antiguas, surcos, aguas inmensas, nieblas, atardeceres, cenas con amigos, la lengua gallega, sus tonalidades, sus quiebros … Me encanta. No puedo decir otra cosa. Por más que busque una palabra que pueda describir lo que siento, sinceramente sólo puedo decir que me encanta.

He viajado sola en alguna otra ocasión, conociendo otras formas de hacer, de sentir, de vivir, pero esta vez hay algo distinto. Este viaje me transporta a un recóndito lugar de mí cueva interior; uno que aún no había explorado en profundidad.

Se trata de una estrecha rendija casi imperceptible entre las rocas, donde sólo quepo yo. Me encuentro con un paisaje que ya he soñado antes: aguas subterráneas cristalinas, frías, transparentes, multicolores, juguetonas, serpenteantes, silenciosas, placenteras, salvajes, libres; el cielo es de piedra antigua, eterna, húmeda.

¿Qué es ese sentir salvaje donde me reconozco?

Ayer, en las frías aguas del río Avia, en el Ribeiro galego, alguien del entorno amigo puso palabras a mi secreto olvidado: Tengo miedo. Aun no sé exactamente a qué.

Es un miedo primigenio, de parto, de conjuro, de fuego y agua, de risa y de llanto; un miedo que no se traduce en palabras ni en nada que no conozca.

Tengo miedo a tener miedo. Puede que sea eso nada más.

Miedo a andar por el mundo y que éste me devuelva un bofetón. Me asusta esa naturalidad sintética con la que se viven las guerras programadas que matan y asesinan a seres humanos, animales, plantas, vida que respira y comparte su vivir. Me estremecen las amenazas que castigan y torturan las diferentes maneras de pensar, sentir y hacer, sólo porque alguien decidió que sólo hay una forma válida de ser. Me congela el miedo a sentirme desprotegida, a estar a expensas de la maldad que existe como contrapunto a esta sinfonía armónica que habita los corazones de la gente de Bien.

No quiero temer a mi miedo oculto, me digo a mí misma atrapada por el susto de temer.

Respiro y decido amarlo; porque la vida me ha enseñado que cuando alguien rezuma odio y venganza, sólo tiene dos opciones ante el corazón tranquilo: irse y seguir con su sintonía macabra, o dejar que su corazón se meza en la mirada del otro. Esto es lo que me ha enseña la Vida.

También sé que todo el miedo de mi mundo es fruto de un sueño, quizás una pesadilla nada más. Y en la medida que la cuento, se va disolviendo. Eso es lo bueno que tiene el contar: puede curar.

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Cuando miro desde la altura del águila surfeando las corrientes de aire, puedo reconocer de dónde vienen las elecciones que marcan las atrocidades que el ser humano puede llegar a hacer. En algún momento, decidimos en cuerpo y en alma ir de espaldas a la Vida o de cara a Ella. Eso lo marca todo; no como bien o mal, sino como contrapunto de lo que puede ser.

La Gran Noticia es que Somos Libres y Siempre lo fuimos.

La libertad es un estado natural del ser humano. Se nos olvida al nacer para poder ser lo que nos dicen que somos, pero cuando el recuerdo (recordare, volver a pasar por el corazón) se revela, ya no hay vuelta atrás.

Y con estas, el susto se me pasó. Se fue a bañarse al río Avia y allí, entre el sol caliente, el agua helada, las piedras, el cielo azul, la gente hermosa y todo lo demás, se fueron disolviendo los fríos inviernos que aun anidaban mi corazón.

Ahora que ya los conté. Ya no me pertenecen. Se los llevó el contar contando.

Seguimos en la próxima hebra de este trama del vivirme. Hasta entonces, disfruta de verdad. No lo dejes para otro momento.

Biodanza

La sumisión es una frontera a ser vencida

De la autora Maria Lúcia Pessoa Santos* en su libro «Laberinto – El Mito del Minotauro como propuesta terapéutica», hay un párrafo que me gustaria compartir. Dice así:
«La sumisión es una frontera a ser vencida. Los patrones pre-establecidos pueden ser generadores de muerte de nuestros sueños y esperanzas. En esta condición, esperamos a un salvador, alguien en mejores condiciones para tirarnos de la inercia. No siempre esto ocurre. Es preciso asumir nuestra fuerza y determinación para seguir en busca de los objetivos».

Cuando Pessoa habla de sumisión me sugiere muchas formas de someterse sutiles, no verbalizadas y sumergidas en el íntimo, hasta instalarse con naturalidad en nuestra manera de ser y relacionarnos en la vida.  Pero la vida es abundancia y generosidad cuando entramos en el afluente de lo primordial y nos encontramos con la condición de ser y estar. Puedo darte un ejemplo maravilloso al que difícilmente podrás resistirte. Es la imagen del bebé recién nacido en los brazos de sus progenitores. Su semblante es de absoluta confianza, entrega, placidez, confort, total presencia. Es la imagen silenciosa de la humanidad viva.

Dicen los sociólogos que cuando nacemos sólo tenemos dos miedos existenciales, que todos los demás son fruto de las experiencias que nos depara la vida. Esos dos miedos son: miedo a caer y miedo a los ruidos. Parece lógico si pensamos que durante las primeras cuarenta semanas de vida, hemos estados suspendidos entre aguas acogedoras, nutritivas y protectoras, envueltos en los bio-ritmos musicales del regazo maternal, mientras el impulso vital iba dando forma a nuestra estructura orgánica para ser en el mundo.

El origen, lo primordial es de naturaleza profundamente amorosa, ausente de miedos, activamente solidaria, armónicamente evolutiva, infinitamente nutritiva, abundantemente saciadora. Esa es nuestra naturaleza, nuestro inicio, al que podemos volver siempre cuando decidimos vivir en el poder del amor.

Parece que nuestro gran aprendizaje en el tránsito por la vida es vencer el miedo. «El miedo -dicen los indios de la Amazonia- enferma.» Paraliza la expresión de nuestra identidad acorazándola entre patrones de palabras que se instalan en nuestra conciencia y nos condicionan la relación con el mundo, nuestro mundo, el de dentro, el que comparto, en el que fluyo.  Y surge la negación en forma de «no lo conseguiré», «no soy suficiente»,  «no lo merezco», «no puedo», «no debería», «no me lo puedo permitir», «no………» que genera la aniquilación de nuestros sueños, deseos y esperanzas. Ahí es donde nos sometemos y normalizamos la sumisión al miedo, sin darnos la menor oportunidad de ser lo que somos: seres numinosos conviviendo con la luz y la oscuridad de la vida y absolutamente capacitados para vivir en abundancia.

Recuerda, vuelve a pasar por el corazón la imagen del bebé confiado y deja que la sensación te invada hasta que el miedo se desvanezca en presencia del amor, de lo primordial. No hay límites, son transiciones a nuevos estados de conciencia que son reconocidos por nuestro ser. Te invito a vivenciarlos.

Si todavía dudas, ven, atrapa tu sueño y compártelo con nosotros. Juntos encontraremos el coraje para hacerlo realidad. Tu sueño es también el mío porque juntos formamos la gran familia ecológica donde SER y ESTAR en armonía íntima, comunitaria y cósmica son el presente y nuestro legado.

*Maria Lúcia Pessoa Santos es psicóloga, didacta de Biodanza y colaboradora de Rolando Toro en la aplicación del Proyecto Minotauro.