Notas de navegación

Círculos de Mujeres: la esencia del feminismo

El feminismo arde incontenible cuando la llama nace de su espiritualidad inherente.
Cuando no, es sólo una de tantas estructuras políticas, y la política
nunca ha saciado nuestra hambre más profunda.
Carol Lee Flinders, en “La raíz de este anhelo”

Cuando hablo con mujeres y les digo que participo de Círculos de Mujeres, una de cada diez, no dice nada al respecto, hace como si no oyera y sigue su sendero. Las nueve restantes se interesan y preguntan con más o menos curiosidad. Entonces yo les cuento brevemente que nos reunimos para acompañarnos en nuestros sentires, para compartir experiencias y saberes, para escucharnos en círculo … y sigo explicando según la resonancia que sienta.  

A menudo, la respuesta que surge es un contar de sus silencios, un abrir el corazón, es complicidad, es…. lo que yo llamo el resurgir del femenino sagrado. No te asustes cuando digo “sagrado”, me refiero a “sacro”, el hueso en forma triangular, situado en la base de nuestra columna vertebral, impar porque es único, central, simétrico, oblicuo, compuesto por cinco piezas soldadas (vértebras sacras) y que conecta, a través de nuestra columna central, la Tierra con el Cielo y a la inversa. Es ese sacro, esa sacralidad que sustenta nuestro cuerpo como ser completo, unido, entrelazado a la complejidad de la Vida.

Siento confianza en ésta pacífica revolución que llevamos a cabo las mujeres de los Círculos, aunque sea difícil de percibir a simple vista. El nuestro, es un movimiento espiritual en espiral ascendente que nos alienta a tomar parte en este cambio de paradigma existencial, aportando nuestra sabiduría y nuestras virtudes femeninas a la transformación de la humanidad en su inevitable evolución del vivir y habitar la Tierra como criaturas humanas, hermanadas a todo ser viviente. 

Pero,….  ¿Qué son los Círculos de Mujeres?

Los Círculos de Mujeres son espacios cuidados donde cada mujer se ve a sí misma reflejada en la otra al escuchar y compartir vivencias, experiencias vitales, ilusiones que a menudo han quedado silenciadas, calladas, ocultadas por no encontrar un lugar seguro donde ser sin más. En un círculo de mujeres, cada una de nosotras habla de sí misma y al hacerlo manifiesta su potencial creativo, dándose la oportunidad de cambiarse a mí misma y cambiar el mundo. Jean Shinoda Bolen nos dice al respecto del Círculo:

El círculo es una forma arquetípica que resulta familiar a la psique de la mayoría de las mujeres, pues es personal e igualitaria; y cuando las mujeres lo trasladan al lugar de trabajo o a la comunidad -a menudo con ciertas modificaciones, a fin de que los hombres lo acepten y no se sientan intimidados por él- las tareas que requieren colaboración experimentan una mejora, y surge un acercamiento emocional y una relación mucho menos jerarquizada entre las personas que trabajan juntas.

En el círculo hay un centro, un punto de confluencia donde todo se sustenta. Ese centro es espiritual porque es allí donde todo converge y se sostiene, donde siempre podemos regresar y permanecer cuidadas sin juicio, sin exigencias ni recriminaciones. En el centro del Círculo, existe un silencio presente que nos recuerda nuestra naturaleza intuitiva, cíclica, vinculada a la Madre Tierra que potencia la sabiduría de cada una de las participantes.

Cada Círculo es autónomo, autogestionado, regido por las propias mujeres que lo componen y es en esos espejos donde podemos percibir qué nos ocurre, cómo hacemos, dónde nos olvidamos de hacer. “En un ámbito patriarcal, un círculo de iguales puede ser como una isla donde hablar y reír libremente; nos hace conscientes del contraste, y eso nos lleva a darnos cuenta de que muchas de nuestras acciones están perpetuando el status quo y de cómo podríamos cambiarlas.  dice la Dra. Bolen. Tanto es así que, defendiendo el feminismo, muchas mujeres tienen actitudes machistas sin percibirlas, repitiendo patrones que han visto en sus casas, en su infancia, asumiendo verdades que pertenecen a un tiempo que no les pertenece.

En los Círculos de Mujeres de confianza, se vivencia la pertenencia y la comunidad. Dejamos de estar solas y llevar la carga en silencio para ponerle palabras, risas, llantos, ilusiones que revierten en el círculo y se expanden desde el centro hasta las vidas de cada una de nosotras y de nuestras hijas e hijos, familia, entorno laboral, vecindario y, exponencialmente al mundo.

Son muchas las maneras en que las mujeres se comunican dentro del círculo, y la conversación adopta forma de espiral en la exploración subjetiva de cada lema. Escuchando, presenciando, representando un modelo, reaccionando, profundizando, haciendo de espejo, riendo, llorando, sintiéndose afligidas, inspirándose en la experiencia y compartiendo la sabiduría de la experiencia, las mujeres del círculo se apoyan mutuamente y se descubren a sí mismas a través de las palabras. Jean Shinoda Bolen, en El Millonésimo Círculo.

Los Círculos de Mujeres sanan y es por eso que desde ellos apoyamos la teoría de la Resonancia Mórfica planteada por el bioquímico Rupert Sheldrake de la Universidad de Cambridge, que afirma que la conducta de una especie cambia cuando las modificaciones dentro de ella alcanzan un nivel crítico, es decir, cuando se manifiestan en un número exacto de sujetos; a raíz, de ello, el comportamiento y los hábitos de la especie entera experimentan una transformación. Así, cuando un número decisivo de personas transforme su actitud o comportamiento, la cultura en su totalidad también se transformará y comenzará una nueva era

Ana Luz Quintanilla, profesora de la Universidad de Colima, dice respecto al nivel crítico para que la transformación se dé: “Para que el sistema patriarcal cambie, ha de existir un “millonésimo círculo”. Y ha de ser así porque lo que el mundo actualmente necesita es una inyección de la clase de sabiduría que las mujeres tienen, y la forma misma del círculo es la encarnación de esta sabiduría.”.

Cada Círculo de Mujeres creado es una nueva posibilidad de más círculos y por tanto de apoyar la transformación del mundo. Así es como funcionan los campos morfogenéticos.

Cada círculo es una regeneración de la forma arquetípica; está inspirado y sustentado por todos los círculos de mujeres que han existido, y él, a su vez, hace una aportación al campo de energía arquetípica que facilitará el camino al círculo siguiente. Los campos morfogenéticos y los arquetipos se comportan como si hubieran conocido una existencia previa e invisible fuera del espacio y del tiempo, resultan instantáneamente accesibles cuando nos alineamos con esa forma, y encuentran expresión en nuestros pensamientos, sentimientos, sueños y acciones. El círculo, y especialmente un círculo sagrado, es mucho más que la experiencia de esta generación.  Jean Shinoda Bolen, en El Millonésimo círculo.

En Círculos donde existe un centro espiritual, las mujeres aportamos de múltiples formas la sabiduría femenina vinculada a la Tierra, a los ciclos de la Vida, al cuidado del planeta, al Amor incondicional que surge de nuestros úteros y se derrama por nuestros pechos. Somos Guardianas del Saber oculto. Unidas en círculos, expandimos nuestro Saber a este nuestro tiempo y al de las futuras generaciones de seres humanos.

Si deseas saber más sobre los Círculos de Mujeres, no dudes en leer el libro de Jean Shinoda Bolen, El Millonésimo Círculo. También puedes venir a la charla que hago el próximo 7 de abril en la Biblioteca Vapor Badia de Sabadell. 

Gracias por leerme.

 

 

Biodanza

Qué distingue Biodanza de otros sistemas

La Teoría de la Resonancia Mórfica del biólogo Rupert Sheldrake postula que la conducta de una especie cambia cuando las modificaciones dentro de ella alcanzan un nivel crítico o número concreto de sujetos, llegando a transformar hábitos de la especie entera. Ken Keyes, Jr. escribió la versión más extendida del relato alegórico a la teoría titulado “El centésimo mono”, y dice así:

Durante treinta años, un grupo de científicos se dedicó a estudiar las colonias de monos que habitaban diversas islas, separadas entre sí, en las inmediaciones de las costas de Japón. A fin de hacer que los monos bajaran de los árboles para poder estudiarlos de cerca, los investigadores solían arrojar boniatos en la playa a modo de cebo, y cuando los monos acudían a saborear el almuerzo gratuito, tenían ocasión de observarlos en detalle cómodamente. Un buen día, una mona de dieciocho meses a la que llamaban Imo se acercó a lavar su boniato al mar antes de comérselo; supongo que sabía mejor limpio de arena o de pesticidas, o quizás adquiría de ese modo un ligero gusto salado que resultaba agradable al paladar. Imo enseño a hacer eso a sus compañeros de juego y a su madre; sus compañeros se lo enseñaron a sus madres y paulatinamente fueron cada vez más los monos que empezaron a lavar sus boniatos en lugar de comérselos rebozados de arena. Al principio sólo las hembras adultas aprendieron a hacerlo a imitación de sus crías, pero poco a poco otros aprendieron también.

Al cabo de un tiempo, los científicos se dieron cuenta de que todos los monos de la isla lavaban sus boniatos antes de llevárselos a la boca. Pero, aún cuando ése era de por sí un hecho significativo, fue aún más fascinante descubrir que aquella alteración de la conducta no se había producido en esa isla únicamente, sino que, de pronto, los monos de todas las demás islas habían empezado  también a lavar sus boniatos a pesar de que nunca había existido contacto directo entre las colonias de monos de unas islas a otras.

He escogido este relato para desarrollar lo que distingue la Biodanza de otros sistemas enfocados al autoconocimiento y la expresión saludable del ser.

En el relato, Imo tiene la iniciativa de lavar su boniato en el mar y la place, por lo que decide enseñar a sus colegas de juego y su madre. El impulso que la transformación es el placer, y el siguiente gesto es compartirlo a su comunidad más cercana: sus hermanas y colegas de juego y después su madre.  En Biodanza trabajamos desde la conexión con la alegría de vivir porque reconocemos nuestra naturaleza profundamente placentera a pesar de haber integrado el mensaje “vivir es sufrir” inculcado durante varios siglos por nuestra sociedad enferma de poder. Ningún animal nace con sufrimiento excepto el ser humano. Nos cabe recordar (del latín recordare, volver a pasar por el corazón) que parir es con orgasmo y ese es el diseño de nuestro organismo; estamos diseñados para vivir en el placer, la alegría, el erotismo, la satisfacción, la confianza, el valor, la solidaridad, la nutrición. Consciente de ello, Biodanza potencia las funciones originarias, los instintos, para regresar a nuestro ser esencial, despertarle e impulsarlo a la conexión con su naturaleza primordial, recuperando así la natural alegría de vivir.

Vivir es un acto comunitario, donde singularidad y diversidad son artífices indispensable de la abundancia y el equilibrio armónico de la vida. Nosotros somos vida, aunque vivamos enfocados en la muerte como finitud. Biodanza sintoniza con la naturaleza cíclica del cosmos, por eso siempre trabaja de forma circular, manteniendo la espiral de la evolución en cuyo centro se encuentra la evolución saludable de la vida.

Hasta aquí no parece que haya grandes diferencias con otros sistemas pero la realidad es que hay distinciones primordiales que singularizan los resultados de Biodanza Rolando Toro. Son:

  • El inconsciente vital definido como psiquismo de células y órganos, que responde a estímulos externos e internos en función de la memoria primigenia que repite fractalmente patrones de comportamiento como: defensa, afinidad, rechazo, asimilación, solidaridad,… y una basta red comunicativa.
  • La inteligencia afectiva que es la base estructural de todas las demás inteligencias y que condiciona nuestra expresión de “ser en la vida”.
  • El principio biocéntrico que sitúa la vida y su evolución en el eje central de toda creación, viviendo desde una perspectiva profundamente ecológica.

Para conseguir que esa masa crítica se de y que el centésimo mono transforme la manera de vivir de la humanidad en un mundo basado en el respeto a la singularidad y la diversidad, promoviendo acciones en pro de la vida, Biodanza propone círculos y más círculos de encuentro con nuestra naturaleza primordial capaz de generar el cambio de paradigma existencial. En esos círculos, se proponen vivencias integradoras a través de músicas escogidas, movimiento/danza, juegos, arte y situaciones de grupo que inciden en la inteligencia afectiva y el inconsciente vital, reeditando así nuestra expresión del ser hacia una vivencia de totalidad.

Biodanza es para vivirla. Si te llama la atención, no dudes en participar de la Danza de la Vida. Visita la web de profesionales de Biodanza Rolando Toro de toda Iberia BiodanzaYa - Mejor para encontrar tu grupo más cercano.