Educación Biocéntrica

Re-aprender

Continuando la senda del analfabetismo emocional, donde cito al lúcido Edgar Morin en “() aprender, desaprender y reaprender”, me paro delante de “reaprender” e intento poner palabras a mi último reaprendizaje. Es tan nuevo que puedo oler su perfume, su bálsamo de azafrán, algun que otro blanco limpio iluminado, fragmentos de texturas que se entrelazan en la visión,… y poco a poco surgen las palabras deseadas. No es un proceso mental; es un encuentro de emocionalidad que se manifiesta en el papel llenando las hojas hasta que finalmente averiguo mi reaprender. El de hoy, el de ahora. En este instante. Clara y transparente resuena: continente.
Casi de inmediato entrelazo la palabra amiga con el afecto y emerge “continente afectivo”, aquel que Rolando Toro[1] abraza con el cuerpo y resignifica con la mirada, el gesto armónico, el regazo, la escucha y el ser-estar. Aquel que inducido por la música escogida, transporta a qué se yo el lugar o el tiempo, viviendo la experiencia profunda de sentirte viva en el instante preciso donde vida y muerten danzan juntas sin miedo. Y de repente recuerdo el verbo de mi amiga Rosa, la que vive en Palacios de afectos y bosques de frondosos árboles, diciendome con una hermosa sonrisa en su rostro: “Felicidades!! (…) aprendiendo a contener. ¡Esto es la familia!”,. Y siento satisfacción de construir un hogar donde sí hay continente.
Continente afectivo que todos nos merecemos, continente de contención cuando la invasión aparece, continente de contenido cuando hay material para aprender, continente de conglomerado de tierra que libre de fronteras compone una unidad física, continente del latin continere que significa “mantener juntos”. Y finalmente pero no como fin si no como continuidad, Continente como forma especial del pronombre “ti” cuando va precedido de la preposición “con” y se convierte en un pronombre personal lindo, extenso, amplio, adrupto y maravilloso llamado contigo.
Reaprender sumando continentes que derivan en aguas de afectividad que tan a menudo olvidamos, a veces hasta perder nuestra condición de humanidad, para volver a una lucha que sólo existe en nuestra mente fruto de creencias obsoletas que todavía laten como un recuerdo de lo que fue para que aprendamos lo que es. Ahora y siempre.
Volver para aprender, desaprender y continuar la espiral de maestría que nos convierte en eternos aprendices del aprender.

[1] Rolanto Toro Araneda (1924-2010), creador del Sistema Biodanza basado en el Principio Biocéntrico.

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