Biodanza

Lamer la piel

Al contrario de lo que nuestra sociedad impone como verdad: la inevitable muerte como símbolo de finitud, destrucción y conclusión de una vida, el proceso de renacimiento a lo largo de nuestro tránsito como seres en-carnados, es constante y cíclico. No podía ser de otra forma ya que pertenecemos a la vida, somos vida y como tal, estamos inmersos en continuo movimiento.

Después de unos días de descanso en gratificante compañía, dejando fluir el sentir de cada instante consecutivo, ausente de exigencias de cualquier tipo, decidí darme un baño de purificación en agua caliente.

La bañera de casa de mi amiga, tiene un diseño que recuerda las termas romanas: una vez lleno el contenedor de agua donde vas a sumergirte, te permite flotar sin a penas obstáculos, favoreciendo la sensación de estar suspendida en las aguas de la sustentación de la vida. Así me sentí de una forma inmediata. La temperatura cálida, el sonido del latido acelerado de mi corazón y el sentir el cuerpo ligero flotando en el agua, me transportó a vivencia cósmica-uterina simultáneamente. Estaba utilizando el tubo de respirar debajo del agua y constaté que respiraba sin dificultad, plácidamente, lo que facilitó mi entrega a la vivencia.

Mi mente permanecía en estado latente, relajada, atenta a los sonidos, las sensaciones y entendí con el órgano de la piel, cómo el bebe en el seno materno inevitablemente en estado de fusión,  se identifica con el sentir de su sustentadora  y cómo desde ese momento, estamos influenciados por nuestro entorno inmediato moldeando nuestro placer y goce innatos de vivir, imprimiendo sensaciones que nos acompañaran a lo largo de nuestra vida.

Perdí la noción del tiempo. Flotaba en el cosmos de la vida, en el agua maternal que sustentaba mi ser completo ajeno a resistencias y obstáculos, libre de ser-sentir. De forma paulatina decidí que estaba llegando el momento de emerger; deseaba que fuera una experiencia placentera, imprimir mi piel con el placer del renacimiento, y fui emergiendo de a poquito. Mi cuerpo se fue enfriando poco a poco al contacto con el aire, dejando de respirar a través del tubo y abriendo mis pulmones a respirar por la nariz; el agua iba desapareciendo hasta sentir que ocupaba un lugar y pensé en envolverme en una toalla caliente, esponjosa que me arropara. Súbitamente apareció la imagen de una leona lamiendo a su cachorro recién nacido y deseé que todo nacimiento tuviera su bienvenida con la lengua de su mama y su papa, recuperar el placer sagrado de lamer, devolver el contacto cálido de la lengua en la piel como acto de reconocer al otro con la alegría de recibirlo. Placer, dicha, goce… palabras que han sido olvidadas de su innata sabiduría originaria y se han manipulado de tal forma que quedan subordinadas a abuso, pecado, vergüenza, miedo, dolor.

Image (46)Este fenómeno se le llama “imprinting” referido a la especie humana, también llamado “impronta” en el que las endorfinas que producen la madre y el bebé durante el nacimiento hacen que durante la hora siguiente al parto, tanto madre como neonata están impregnadas de opiáceos que, si no se las separa y permanecen juntas, crean un estado de dependencia natural que las vinculará con lazos de unión indivisibles hasta la independencia del bebé. Este fenómeno podemos verlo en otros mamíferos cuando la madre queda al cuido de sus cachorros y si uno de ellos ha sido apartado de su regazo en el momento de nacer, será rechazado después de pasado el tiempo de vinculación afectiva natural.

Casilda Rodrigáñez apunta al respecto que la represión  del imprinting en nuestra sociedad es una mutilación en el comienzo de la vida que impide el desarrollo de su condición de criatura deseante/deseada y de su capacidad de amar.  Literalmente dice: La ruptura de la simbiosis primaria humana, el bloqueo de la producción deseante en el primer estadio de nuestra vida, es un caso claro de perturbación de la autorregulación de la vida y de su fluir asociativo. La ley dictada por la autoridad humana quiebra esa autorregulación creando en lo somático y en lo psíquico todo tipo de patologías, entre ellas el tánatos (capacidad para la crueldad), la tiranía, y la sumisión (capacidad para devastar y apropiarse de los bienes y la capacidad para mandar, y/o para vivir en estado de sumisión).

Rolando Toro, consciente de la importancia vital de la impronta del nacer, creó dentro del sistema Biodanza vivencias maravillosas de renacimiento que reimprimen nuestra memoria celular. Específicamente creó Biodanza Acuática que trabaja en agua templada a 34-36º y permite adentrarse en grupo a un estado de regresión y reconexión con la Gran Madre, sustentadora, renacedora, revitalizante. Son experiencias maravillosas que posibilitan reeditar nuestra memoria celular hasta integrarla en la vivencia primigenia del placer de vivir.

Toda vida es una danza suspendida en notas de resonancia armónica que empujan siempre hacia el placer, el goce, la alegría, la satisfacción, el regocijo, la solidaridad, la colaboración, el vínculo afectivo. Es esta nuestra naturaleza y nuestro el compromiso de recuperar la memoria olvidada.

Nacer, renacer es un acto de amor que va más allá de un propósito existencial. Es nuestra naturaleza eterna que nos empuja a experimentarnos, a explorarnos en nuestra multidimensionalidad. Si permanecemos lejos del origen, de la unidad, llegamos a olvidar que nacer es placer, que parir es orgasmo, que amar es disfrutrar, que lamer es honrar, besar agradecer y así hasta borrar de la memoria el rastro del dolor y del drama de la carne.

conciencia-animal4Así pues, digo a mis hijos y a los hijos de mis hijos, a las mujeres jóvenes, a las abuelas, a las madres, a las mujeres y a los hombres, a los ancianos, a niñas y niños, educadoras y psicólogos, terapeutas y de más, que laman a sus bebés al nacer, que saboreen sus lenguas en la piel de sus hijos para que nunca más olvidemos del vínculo de la unión.

Vivamos en la tierra así como en el cielo. Namasté

Biodanza

Parirme. Una vivencia unida a Biodanza

Al parir también le llaman “dar a luz”. ¡Hay tantas formas y maneras de parir! Podemos hablar del parto en aguas cálidas de hogar, en frío paritorio de cualquier hospital, de cuclillas, sentadas, estiradas, entre quejidos o en orgasmo, con caricias, con “palas” de extracción hospitalaria, con epidural, cesárea, parto natural,… y seguir así continuando espiral de vivencias que resignifican “parir”. Pero hoy quiero hablar de parirme, verbo reflexivo que transita por el nacer/morir/renacer, empujándome por canal de dolor/placer,  dejar/agarrar, salir/entrar, temer/avanzar, casi desesperar, para fusionarme en un inconsciente amor, salvaje amor, donde todo parece estar en armónico movimiento.

Tengo el ser desubicado, sin apenas referente. Cansancio desconocido o quizás olvidado. He dejado atrás una vida entera. He limpiado mi piel de todo resquicio de desamor y finalmente, renazco LIBRE, limpia, purificada por el gran tránsito del renacer.

En el Tarot de Biodanza, joya creada por Silvia Eick en homenaje al legado literario de Rolando Toro sobre la sensibilidad y grandiosidad del Ser Humano y su ser-en-el-mundo, hay una carta que simboliza perfectamente mi sentir. Se trata de un Arcano Mayor llamado “El Mundo”.

XXI - El Mundo, Tarot de Biodanza by Silvia Eick
XXI – El Mundo, Tarot de Biodanza by Silvia Eick

La explicación dice así: “Delante de nuestra alma se abre un Mundo de posibilidades que se expande con optimismo y alegría hacia la libertad. Eliminadas las fronteras, podemos salir en busca de nuevos desafíos, nuevas amistades y nuevas conquistas yendo más allá de lo que inicialmente imaginábamos. La generosidad divina alimenta con la abundancia a los héroes y heroínas que sobreviven a las batallas“. Le acompaña un poema de Rolando que dice:

Nuestra casa tiene la vertiente

los abismos

el pétalo seco

y el rocío.

Tenemos la lluvia de los trópicos

y el fuego con formas de mujer.

Tenemos las vendimias,

los sátiros y el viento.

Nuestra casa es la inmensidad.

El mundo, con sus cuatro

Elementos, nos acoge y nos brinda

la autofecundación y la

síntesis mágica

de la existencia.

Así me siento: pariéndome, dándome a luz.  Miro de nuevo la carta del Mundo y en la cara del bebé veo al recién nacido y emerge a la memoria el Renacimiento del Proyecto Minotauro de Biodanza, creado por Rolando Toro. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo la belleza salvaje de todo cuanto viví en ese ritual de paso: el canal vivo por el que transitaba el que iba a nacer, la desnudez de artificios, la acogida amorosa, el olor, el calor, la comunidad presente, el gozo de recibir, el orgasmo pariendo, parirse con placer, parirnos en sacra celebración.  

La vivencia en Biodanza, tiene la capacidad de quedarse en la piel reeditando la información, sin importarle el tiempo porque habita en Kairós donde todo es circular. Actúa a lo largo de la vida y evoluciona con ella.

El Proyecto Minotauro utiliza el Mito del Laberinto, como propuesta donde simbolizar la existencia humana repleta de misterios, dilemas, enigmas, incertezas y sabiduría milenaria de vida que surge de nuestro interior para guiarnos. Rolando dice al respecto “la incerteza parece ser la característica del viaje por el laberinto existencial. La llave del laberinto está profundamente inscrita en cada uno de nosotros, como un don divino. Sólo cuando tenemos el coraje de ser fieles a ese don interior luminoso, podemos saber, en cada momento, donde poner la mirada y donde encaminar nuestros pasos”. 

Ese don del que hablan muchos pensadores incluido Rolando, es difícil o casi imposible acceder a él con el intelecto ya que habita en la esencia del ser, en el inconsciente numinoso, y se muestra al mundo a través de nuestra identidad. No suele manifestarse en palabras que lo signifiquen porque existe antes que ellas. Es Logos, sonido eterno que nos identifica como seres únicos, irrepetibles, com-unitarios.

Biodanza aporta vivencias capaces de resignificar la existencia.