Teoría de Biodanza

De la vivencia epistemológica y el conocer

En la Teoría de Biodanza, Tomo I, capítulo IV, punto 11, titulado BIOLINGÜÍSTICA, encontramos una detallada exposición del estudio de los lenguajes a partir de su origen biológico. En apenas nueve páginas, Rolando Toro, de forma resumida, describe y clasifica la filiación evolutiva de los protolenguajes, a partir de las investigaciones bio-lingüísticas en el ser humano, resaltando la importancia del lenguaje poético, hasta llegar a la vinculación poética de algunos de los poetas dentro del Modelo Teórico de Biodanza y las cinco líneas de vivencia.

No voy a transcribir la totalidad de las páginas, pero sí voy a remarcar aquellas partes que hablan específicamente del lenguaje en Biodanza como una vivencia epistémica.

El camino que va desde el sentir orgánico y su formulación en lenguaje es complejo y accidental.

Podríamos formular la hipótesis de que nuestro lenguaje es una extensión de nosotros mismos y que nuestras palabras constituyen la semántica del ser. Sin embargo, esto no es así, porque el hombre es capaz de disociar la vivencia de la expresión, es decir, puede construir falsos lenguajes.

Si mis palabras son una expresión de mí mismo, una extensión mía, semejante a las extensiones de mi cuerpo, una secreción absolutamente real, entonces mis palabras deberían tener el sentido total de lo que yo soy como hombre. Pero no es así, debido a que, en su trayectoria de formalización, el lenguaje enrarece sus vínculos con el origen e incorpora elementos de la cultura adquirida a través de la memoria. Estos elementos adulteran la pureza o veracidad de lo que nos proponemos decir. Así, el lenguaje surge dentro de una dialéctica de expresión y simulación, de veracidad, de autenticidad y falsedad.

(…) pienso que la única manera posible de encontrar el camino a la intimidad a través del lenguaje es considerar las palabras que designan el objeto como parte del hombre que expresa el objeto. (…) las palabras no poseen una realidad autónoma, sino que son la substancia, la secreción biológica de la interacción entre la parte incomunicable y silenciosa y aquello que finalmente se formula.

Es aquí donde surge la noción de poesía como el camino directo entre la vivencia y la palabra; donde la conexión originaria con el sentir orgánico se conserva siempre. Es en la poesía donde se salva el abismo entre el ser y no ser. La mutación visceral consiste en la transformación de sensaciones en conciencia fulminante. Ahí surge la veracidad, cualidad de desnudez, cópula energética con la realidad, que nace del encuentro en el diálogo, una dimensión de la esquiva noción de libertad. La poesía, una oportunidad para la libertad.

Si somos los mentores siderales de la vida, nuestras palabras pueden ser los puentes de conexión con otras vidas, con otros misterios de conciencia y otros ámbitos del corazón.
Nuestras palabras se vuelven, en la poesía, el néctar para la nutrición de los humanos con los humanos, bajo las estrellas.
En el lenguaje poético establecemos la trama de un misterio fabuloso: la intimidad; nos envolvemos con el misterio del otro, establecemos un pacto: palabras simples, verdaderas, directas, extensiones de la vida en la vida.

El poder curativo de las palabras no lo encontraremos jamás en el idioma de la psicología, sino en el lenguaje poético capaz de restablecer vínculos originarios.

(…) los problemas humanos pueden abordarse, sin duda, a nivel simbólico, a través de una poética en la que la palabra realiza, verdaderamente, la síntesis vital, creadora, capaz de dar acceso a una modificación profunda.

Rolando nos recuerda que la explicación de un mecanismo puede aliviar, pero no cura. Su interés radica en la sanación del ser humano, en su integración con y en la Vida. Sigue diciendo: El alarido como forma poética, la protesta política, la elegía, el canto de amor, la inducción de estados de conciencia cósmica y de éxtasis mediante el lenguaje poético, son elementos poderosos que podrían emplearse en la curación de las angustias existenciales.

En estas palabras de Rolando es donde encuentro el sentido a la palabra emocionada que se pretende en la Rueda de Intimidad Verbal. No hablamos de ser poetas como la cultura nos ha enseñado que es. Ser poeta, poetisa, es un estado de conciencia que nos conecta con la Vida que somos, que nos permite expresarnos verbalmente como una extensión del ser, recordando de dónde surge la palabra simple, sencilla, cotidiana, sagrada siempre: de la corporeidad viviente.

En el Simposio de didactas, de marzo de 2002, Raúl Terrén con el título Epistemología del Trance, nos recuerda la definición del acto de conocimiento: “la cognición es la acción corporizada», pero ¿qué es conocer? y aquí no podemos hacer la pregunta desde fuera, pues el conocer nos habita. Es así como el pensamiento racional entra en una encrucijada y como no sabe dónde ir, se detiene – dice Terrén- y en ese instante se puede entrar en un trance cognitivo (…) que puede ser una “vivencia epistémica” donde la confusión inicial se transforma en conocimiento. De esto podemos deducir que la vivencia epistémica implica un estado de trance, de cambio de estado de consciencia.

Esta vivencia epistémica, también llamada en Biodanza como trance integrativo, se da en la corporeidad vivida como la verdadera instancia del saber sin entender, como un proceso viviente de creatividad cognitiva, que se desarrolla entre el inconsciente vital, el inconsciente emocional y el inconsciente cognitivo en interacción, y que, al pasar a la conciencia y a la memoria, llamaremos conocimiento, lo ya conocido.

En Biodanza, el proceso de integración abarca la estructura unitaria música-movimiento-vivencia, más música es también la musicalidad de lo viviente, los sonidos vitales, las vibraciones sonoras donde la palabra emocionada, poética en sí misma, también puede llegar a ser vivencia, si hay disponibilidad para que eso ocurra.

En las dos últimas páginas de las nueve que he mencionado de la Teoría de Biodanza, Rolando Toro hace una distribución “apenas aproximativa” de los poetas que él considera “los verdaderos terapeutas de la especie humana” dentro del Modelo Teórico de Biodanza, a modo de propuesta, tanto en las cinco líneas de vivencia como dentro de los parámetros centrales del Modelo Teórico (integración-Expresión Genética, Identidad y Regresión-Trance.

Termina con un poema de Rilke expresando su vivencia de crecimiento en círculos concéntricos, el mismo modelo de espiral infinita de una Cantata de Bach:

Vivo mi vida en círculos concéntricos
que crecen y se alejan sobre el mundo.
Quizás el círculo mayor no llegará a cerrarse nunca a pesar de mi esfuerzo.
Giro en torno a Dios en este viaje sin edad desde hace millares de años.
¿Quién soy? Lo ignoro aún.
¿Un halcón, una tempestad o una inmensa canción?

Teresa Tendero, marzo 2023

Notas de navegación

Cuando la semilla-grupo no arraiga y termina muriendo

Cuando salimos de la formación de Biodanza, con nuestro título en mano y el corazón ardiente de deseo por iniciar grupo y expandir la Biodanza que tanto bien nos ha hecho en lo individual y tanto bien hace en lo colectivo, la realidad que en general nos espera es algo que nadie nos ha preparado para vivirla.

Una etapa nueva se abre ante nosotras: buscar sitio apropiado para nuestras sesiones, con las condiciones adecuadas que sabemos que apoyan el proceso de integración; negociar con la dirección del centro donde vamos a llevar a cabo la actividad; hacer la publicidad y distribuirla; programar sesiones de presentación para dar a conocer la Biodanza con la intención de abrir grupo; poner precio a nuestro servicio, … y eso cuando estamos enfocadas en la biodanza de salón que llaman. Cuando el foco que nos mueve es el ámbito social, la trayectoria cambia: buscar qué institución, asociación, empresa u organización puede encajar en la propuesta que queremos ofrecer; contactar con las personas responsables para presentar el proyecto que previamente hemos escrito ajustándose al modelo singular de cada entidad; buscar proyectos afines donde ofrecer nuestros servicios dentro de un equipo multidisciplinar o en solitario; hacer presupuestos; coordinar agendas para reuniones con políticos, directores o quien sea que lleve el departamento que se encargue de valorar nuestro proyecto,… por no mencionar la parte legal: darnos de alta como autónomas o como actividad no-lucrativa, seguro que cubra posibles daños a los participantes, … y un montón de cosas más con las que nos vamos a encontrar, sea el ámbito que sea en el que decidamos enfocarnos. Nadie, repito, nadie nos prepara para esta etapa, ni para las que vendrán cuando ya estemos ejerciendo como facilitadoras, a no ser que tu experiencia profesional y personal previa a la facilitación, encaje con los objetivos de esta nueva etapa como facilitadora biocéntrica.

En verdad, suele ser una etapa del camino en solitario, de mucha dedicación, poca experiencia tanto en la praxis como en “vender” el servicio que ofrecemos, escasos o nulos conocimientos de marketing, publicidad, negociación, y altas dosis de frustración, inseguridad, miedos varios y, sigo insistiendo, mucha soledad. No siempre es así, pero en general esa es la realidad. Tampoco nadie nos dijo que iba a ser fácil, así que la queja no tiene sentido; quizás.

Hablando con un compañero facilitador de Argentina, él decía que Rolando nunca andaba solo, ni ninguno de los “grandes” andan solos, siempre van acompañados. Sí, pienso yo, aunque muchos de ellos han andado solos cuando la Biodanza era una quimera y fueron ellos y ellas los que, quizás impulsados por la necesidad de comunidad biocéntrica, permanecieron unidos aun en su peregrinaje solitario y soñador, y esa unión es la que hoy ha hecho que Biodanza esté en todo el mundo, o quizás no es así y sólo es un hacer solitario que se combina con otros haceres solitarios que se unen para seguir en una soledad compartida.

Y esto me ha llevado a recordar a algunas de mis maestras biocéntricas amadas, viajando a países lejos de su hogar, sembrando la Biodanza en tierras ajenas, a veces sin saber el idioma incluso, con un coraje incansable que las llevó a sembrar semillas-grupos, enraizarlos en tierras fértiles, acompañarlos en su crecimiento hasta llegar a ser árboles-escuela que hoy existen en su mayoría, al menos en la Península Ibérica, que es donde yo vivo y lo que más conozco. ¿Acaso eran mujeres y hombres diferentes a nosotras? ¿Serían tiempos más propicios antes que los presentes? Reflexionando sobre todo ello, siento que no.

Recuerdo una entrevista a Rolando en una televisión italiana, cuando Rolando acababa de llegar a Italia y empezaba su difusión con Eliane Matuk a su lado. Rolando explicó sus inicios en Brasil, cuando lo expulsaron de Argentina y fue acogido por compañeros brasileros, entre ellos Cézar Wagner, que creyendo firmemente en su propuesta biocéntrica, lo acogieron en sus hogares e iniciaron el proceso de sistematización y expansión de la Biodanza en Brasil y en el mundo entero. En esa entrevista Rolando contó una anécdota que me marcó profundamente: estando en Brasil en los inicios de lo que llegaría a llamarse Biodanza, Rolando era tan pobre que tenía agujeros en las suelas de los zapatos y un día, en una ronda de celebración, lo alzaron en brazos y él estaba mucho más ocupado en que no se vieran los agujeros de sus zapatos que en la celebración.

Todo esto me lleva a un coraje y una perseverancia que habla de mí, de lo que estoy dispuesta a ofrecer y sacrificar para realizar un sueño que no es solo personal, sino común, con todo lo que ello implica de certera incerteza. Tenemos ejemplos maravillosos, Nelson Mandela y sus decenas de años en prisión; Martin Luther King, Madame Curie, Gandhi, y a tantos otros y otras desconocidos o no, que pasaron lo impensable y consiguieron perseverar con claridad y foco constantes, hasta conseguir aquello que vivían como Verdad. No te estoy hablando de ser famosa, sino de hacer realidad los sueños que están en armonía con el Orden Cósmico.

Cada facilitador y facilitadora biocéntrico que se forma, cuando conecta en su interior con la misión que implica nuestra profesión, de alguna manera, está vinculándose de forma consciente o inconsciente a una aventura que sólo pueden llegar a realizar aquellas almas que seamos capaces de mantenernos fieles a servir a la Vida con la sacralidad que merece, trascendiendo mares y mareas, terremotos, maremotos, tormentas, nevadas, sequías y… nos mantengamos en el centro, como hacen los hermanos árboles que en su sabiduría milenaria, se mantienen fieles a su misión de conectar Tierra y Cielo, ofreciendo lo necesario para que la Vida se de en su máximo esplendor y sigue generando más vida.

Como decía al principio, en la formación no nos preparan para lo que viene después de la titulación. Sólo la Vida nos prepara en y durante el vivir viviendo. La pregunta es ¿estás dispuesta a realizar tu sueño? ¿Hasta dónde estás dispuesta a ofrecerte en sacrificio (sacro oficio)?


Hoy me encontraba tomando la decisión de asumir la muerte de una semilla-grupo en mi ciudad, que después de cuidarla y mimarla, fertilizando el suelo donde fue plantada con mucho amor, regando sus nacientes brotes con cuidado, preservándola de los vientos secos y de las lluvias torrenciales, cubriéndola de sombra cuando el Sol podía quemar sus tallos, y todo ellos durante varios meses, finalmente no ha conseguido enraizarse y se ha marchitado hasta el punto de morir. Y sí, la decisión ha sido clara: el proceso ha terminado. Esto es así y hay que seguir. – me decía con claridad interior, aparente calma y control, fruto de todos los años que llevo facilitando procesos de integración humana. Pero mi corazón latía con más fuerza de lo habitual: estaba hablándome y he querido escucharlo.

Prestando atención, he sentido la queja de una conocida voz lejana que reclamaba una justicia ajena a la Vida, imponiendo su voluntad caprichosa y pequeña ante un Orden Superior invisible y siempre presente. La he escuchado y en silencio he decidido danzar; seguir danzando la constante y eterna mutabilidad de la Vida y el vivir. Ha sido en esa danza que he resurgido de mi llanto, humedeciendo la tierra fértil que me habita, y me he acordado (acorde sonoro que suena en mi interior) que nada hay más importante que seguir danzando la certeza de lo incierto. Soy Semilla y Jardinera a la vez y por eso me dispongo a danzar la hermosa propuesta que Rolando tituló, Iluminación de la presencia, que tiene como consigna: ir al centro de la rueda, entrar en comunión consigo misma, en intimidad, y cuando sienta el impulso natural, mostrarme lentamente, abriendo los brazos, mirando a las personas y dejándome ser mirada, en un suave y amable giro. Con la música de Suo Gan, The Ambrosina Junior Choir.

Si. Es así como queremos seguir viviendo, una y otra vez, una y otra vez, tantas veces como sea necesario, hasta que el ego pequeño limitante se disuelva como abono para la tierra que me habita y pueda seguir danzando cada vez más libre, más ligera, más consciente del vivir viviendo.

¿Nos sumamos a la siembra?

Amor y Servicio

Cuentos biocéntricos

Los sombreros

Identidad

FICHA TÉCNICA

Título del cuento: Los sombreros
Autoría: Rosa Palacios
Edad recomendada: de 6 a 12 años
Tema generador: Identidad individual y colectiva, singularidad
Tiempo estimado: 1h 45m
Materiales para las participantes: cartulinas de colores, fieltro, tijeras, cola blanca, alambre y lo que se considere oportuno o se os ocurra para crear sombreros de todas las formas y colores que surjan.

Para contar el cuento: se requiere una persona expresiva con la voz y los gestos (pueden ser dos personas).

Cuento biocéntrico 02. Los sombreros
Antes de acceder al material pedagógico que acompaña el cuento, recuerda que es importante que hayas leído previamente: los objetivos de los cuentos biocéntricos así como los acuerdos básicos para iniciar la actividad propuesta. 

Para acceder al material pedagógico que acompaña el cuento, puedes descargarlo en este enlace Los sombreros

Gracias. Amor y Servicio.

Educación Biocéntrica

Ausencia de presencia

Hace dos años que colaboro con la entidad Creu Roja (Cruz Roja) de mi pueblo en un proyecto para la prevención de Autolesiones y la gestión de las emociones en jóvenes de 3ª y 4ª de ESO de todos los institutos de mi comunidad. De hecho, el primer año sólo fue para 3º pero la buena acogida del proyecto ha hecho que este año incluyeran también las clases de 4º. Esperamos que se vaya ampliando a 2º de ESO y también a bachillerato.

El proyecto surgió a partir de que en los institutos detectaron un incremento escandaloso en la práctica de autolesiones entre los jóvenes de 3º de ESO y un índice muy bajo de autoestima justo después de la pandemia y, sigue aumentando hasta el día hoy de forma verdaremante alarmante. ¿Cómo se detectó? La actitud en clase es uno de los síntomas de alarma, pero sobretodo porque se repartieron cuestionarios anónimos en los que se verificó que, en cada aula de instituto, donde lo normal es que haya entre 26-30 jóvenes, el año pasado se detectaron entre 1-2 jóvenes que se autolesionaban físicamente y este año, el número es de 3-4 jóvenes por aula, lo que quiere decir que emocionalmente están en un grado de autoestima cada vez peor.

Desgraciadamente el proyecto es sólo una vez al año, durante los meses de noviembre y diciembre, haciendo un taller por aula de una hora de duración. Es de risa la incidencia que podemos hacer en estos procesos, pero es lo que hay.

Mi colaboración con Cruz Roja es como educadora biocéntrica dentro de un equipo formado por dos técnicas de educación e integración social, y dos estudiantes de Integración social en prácticas. La visión biocéntrica que aporto al equipo, ha permitido que dejáramos aparcadas las diapositivas y la clásica charla, repitiendo el patrón unidireccional de emisor-receptor en el formato “las/los que saben” informan y dan las soluciones a los alumnos y alumnas (según la etimología de la palabra quiere decir discípulos, lo que me invita a preguntar ¿de quién o de qué?), y hacer una propuesta biocéntrica basada en la vivencia, interactiva, dinámica, reflexiva y pre-reflexiva, donde el sujeto individual y el colectivo son una entidad viva y por tanto está en constante transformación. Esto implica que reconocemos que cada aula es distinta, hay individuos distintos, singulares, con necesidades singulares, que requieren vivencias pedagógicas capaces de conectar con la complejidad del individuo y la del colectivo. Como dato quiero decirte que en todos los institutos las aulas de varias líneas, están distribuidas de forma que en unas están las personas más estudiosas y menos «conflictivas», o sea, que molestan menos; y las aulas donde reúnen a todos aquellos seres que presentan dificultades en el aprendizaje, en la atención y en el comportamiento considerado no adecuado. Esto es así y es muy preocupante porque indirectamente, si podemos decirlo así, etiqueta a los estudiantes, los encasilla, aunque después hagan la semana de la violencia de género y llenen los pasillos de las mujeres y hombres asesinados, o se empeñen en hablar con el género neutro para que todo el mundo se sienta incluido y cosas así que, en sí mismas, parecen pedagógicas, pero se quedan solo en una capa muy superficial confundiendo a los jóvenes que están aprendiendo a «ser en el mundo» con mensajes contradictorios, carentes de integración real y coherencia existencial.

Como te decía, volviendo al proyecto, a pesar de que las educadoras e integradoras sociales tituladas y las que están en prácticas tienen verdadero interés en desarrollar un trabajo integrador, continúan aplicando técnicas y herramientas que han aprendido en sus formaciones, que si bien funcionan, lo hacen hasta sólo un punto ya que siguen estando fundamentadas en el paradigma antropocéntrico, o sea, la sacralidad de la Vida brilla por su ausencia. Aun así, el equipo con el que estoy colaborando es totalmente permeable a todas las propuestas biocéntricas que hago. De hecho se sorprenden gratamente de la efectividad de la metodología biocéntrica integrativa (MIB), sobre todo porque cuando entramos a las aulas y nos encontramos con jóvenes sentados en sus pupitres individuales o de pie hablando, lo que realmente encontramos es un alto grado de complejidad humana que nos pide actuaciones diversas que se adapten a las necesidades reales del momento y del grupo y no sirven las propuestas donde el individuo y el colectivo se percibe como un estándar. Necesitamos acciones que verdaderamente muevan y transformen su «estar» para que ese estar se convierta en un Ser en el mundo, participando de la Vida y tomando parte de su evolución constante. La gran noticia es que el método biocéntrico integrativo funciona. Siempre. Con la educación biocéntrica conseguimos que, sea cual sea la situación con la que nos encontremos y te aseguro que a veces no es nada fácil, eso que llamamos Vida, ocurra, se manifieste, se exprese, sea.

En general y de una manera sistemática, en todos los institutos que visitamos, nos encontramos, a excepción de muy pocos (por cada aula uno o dos jóvenes quizás) a jóvenes tremendamente desmotivados, frustrados, enfadados, sin perspectiva de futuro, sin determinación, con cero motivación para participar en las propuestas. Son como hojas movidas por el viento que van o vienen según sople el aire y, como mucho deciden cerrarse en su mundo como protesta a todo lo que viven y no saben manejar. Pues bien, lo primero que hacemos es retirar las mesas y poner las sillas en círculo. Eso, en sí mismo, ya genera un movimiento que nos permite situarnos en una posición de acercamiento y de igualdad. Después, cuando empezamos a dialogar hablando desde el corazón, sin lecciones que dar sino compartiendo saberes, se van destacando algunos y algunas alumnas y van compartiendo poco a poco.

El ambiente de aprendizaje-desarrollo se va generando con las propuestas biocéntricas y cuando llegamos al movimiento-vivencia, entonces es cuando surgen las risas abiertas, la alegría ha dominado el espacio de encuentro y con ella, la energía ha cambiado en su totalidad. Es como si se hubiera hecho la Luz. Después volvemos a la reflexión ampliada, a revisar lo que ha ocurrido en ese tiempo-espacio. En ese momento suelen surgir muchos silencios de introspección, de reflexión ampliada, silencios que hablan de darse cuenta de que no siempre hay palabras para decir y sí hay la corporeidad viviente.

Al final, siempre, repito siempre, hemos conectado. Unos más receptivos que otros, pero hemos creado juntos la conexión y eso es lo que importa. Nos hemos escuchado mutuamente, hemos dialogado con la mirada, con el gesto, y hemos dejado una semilla en cada uno de ellos y ellas; depende de cada quien lo que haga con esa semilla. Eso ya no está en nuestras manos. Lo que si está en nuestras manos es haber hecho lo mejor que hemos sabido hacer y, en ese hacer, hemos aprendido todas, y aquí yo también me incluyo, porque es en el ejercicio de las vivencias pedagógicas, de la puesta en marcha, de la improvisación, cuando voy percibiendo aquello que preciso mejorar, aquello que ha servido, aquello que no conviene repetir y lo que sí. Esa es nuestra labor: aprender siempre. De momento solo es una vez al año y resulta tan poco, tan ínfimamente poco, que solo queda seguir adelante sin vacilar. Cada segundo cuenta en este momento de la historia de la humanidad y de la Tierra.

La hora que tenemos para cada aula, ha pasado volando. La alarma de la fábrica-escuela donde deberían aprender a Ser aquello que son y no lo que deben ser según los patrones establecidos por un sistema de esclavitud y desprecio a lo humano, ha sonado con estruendo indicándonos que ya se ha termino el tiempo de nuestro encuentro. Entramos en cada aula como unas desconocidas y nos despiden con sonrisas, algún abrazo improvisado, un ¡Volved pronto!.

¿Por qué te cuento todo esto? para que tú que lees esto, que de alguna manera has llegado hasta aquí por resonancia álmica, sigas insistiendo en tu labor de amor, en tu servicio a la vida, sea cual sea la manera en que hayas decidido ofrecer tu apoyo a la Gran Madre. No importa lo que te encuentras fuera, con lo que te encuentres más allá de ti, puede transformarse si persistes en tu centro vital, donde el alma nos habita y es ella la que habla y dice, no tu ego. Obvio que necesitamos nuestra singularidad, nuestra mente, nuestra corporeidad vivida y es esa vivencia de la corporeidad la que puede sembrar semillas de Luz que despierten las almas atrapadas en la ensoñación. Recuerda que si encarnamos en este momento y decidimos hacernos facilitadoras y educadoras biocéntricas, es porque asumimos nuestra misión aquí en la Tierra que habitamos. No podrás rescatar a nadie si no te rescatas a ti primero. No pretendas ayudar a otras si primero no te ayudas a ti misma. Enseña con el ejemplo de tu bienestar y de tu biendecir.

El cambio de Era nos pide un cambio interior que nos recuerde qué somos. Sólo con la transformación interna podemos llegar a una transformación colectiva real, sembrando paz donde hay discordia y armonía donde hay lucha. Cada quien es libre de escoger qué hacer con lo que recibe, así que ocúpate sólo de sembrar acciones provida con tus actos. Todos nos necesitamos unos a otros, y los jóvenes de la tribu humana nos necesitan más que nunca porque el futuro es lo que sembramos ahora y merecemos un mundo mejor. Por las generaciones venideras y por todos nosotros.

No estás sola, no estás solo. Somos muchos ya, cada vez más. Sigamos unidos en lo único que importa: la Vida.

Amor y Servicio

El vídeo de la semana en mi canal de YouTube Teresa Tendero
Cuentos biocéntricos

El elefante y la hormiga

¿Qué hacemos con las diferencias?

FICHA TÉCNICA

Título del cuento: El elefante y la hormiga
Autoría: Rosa Palacios
Edad recomendada: de 6 a 9 años
Tema generador: ¿Qué hacemos con las diferencias?
Tiempo estimado: 1h 20m
Materiales para las participantes: papel y lápices para escribir
Para contar el cuento: se requiere una persona expresiva con la voz y los gestos (pueden ser dos personas). Esporádicamente puedes utilizar alguna marioneta de papel o tela para el elefante y la hormiga. Nuestra sugerencia es que uses tus dotes narrativas e interpretativas, que cuentos el cuento más que lo leas. A los niños y las niñas les encanta que les cuentes cuentos y que se los repitamos muchas veces. Es así aprenden a identificar y desarrollar el lenguaje corporal, la expresión en su totalidad, los silencios, que es el lenguaje primigenio y universal, el que ellos saben por naturaleza.

Cuento biocéntrico. El elefante y la hormiga
Antes de acceder al material pedagógico que acompaña el cuento, recuerda que es importante que hayas leído previamente: los objetivos de los cuentos biocéntricos así como los acuerdos básicos para iniciar la acción propuesta. En los enlaces los encuentras y también en la pestaña del menú principal CUENTOS BIOCENTRICOS.

Para acceder al material pedagógico sugerido que acompaña el cuento, puedes descargarlo en este enlace El Elefante y la Hormiga

Gracias. Amor y Servicio.

Teoría de Biodanza

Sistemas vivientes en la teoría de Biodanza

Nos encontramos en el punto 6 – Sistemas Vivientes – de la Teoría de Biodanza publicada por ALAB en 1991, el capítulo 1 donde Rolando Toro desarrolla el concepto de “Danza de la Vida”.

Cuando estudiamos los sistemas vivientes podemos observar una constante que se repite: la adaptabilidad para conservar el equilibrio funcional. Si bien la Vida se rige por un Orden Cósmico universal, su expresión singular y diferenciada es altamente compleja. Esa complejidad adaptativa es llamada plasticidad biológica.

La plasticidad biológica alude a la capacidad celular y de los organismos para adaptarse a los cambios producidos en el medio y modificar sus propiedades sinápticas, morfológicas, inmunitarias, entre otras. Se había dado por hecho que las células tenían una función y un comportamiento diferenciado, fijo y estable, pero los avances científicos han demostrado que el acontecer del vivir, incluso en su fractalidad más minúscula como es el comportamiento de las células, corresponde a un proceso dinámico que puede llegar a modificar la estructura celular y conformar otra que configure un organismo entero diferenciado. O sea, que hay células pueden modificar su destino final si el medio en el que habitan así lo exige, como por ejemplo las células en su fase embrionaria. Las investigaciones afirman que si las células embrionarias se trasplantan y se exponen a un micro entorno distinto, modifican su función de manera que los factores epigenéticos[1] (gen y entorno) marcan la variabilidad fenotípica.

Es verdad que la determinación genética propone caminos de solución altamente específicos pero la especificidad de los organismos está ligada a principios organizacionales propios de su capacidad para “renovarse y establecer nuevos equilibrios a partir de ciertos estados de desorden”. En este sentido, quisiera recomendarte la lectura del libro La Biología de la creencia del biólogo celular Dr. Bruce H Lipton que aporta datos muy interesantes que complementan lo abordado en este tema.

Seguimos en el texto de Rolando Toro y nos encontramos con una cita de Edgar Morín y la transcripción de un párrafo del autor que dice así:

la máquina artificial, luego que constituida, sólo puede comenzar degenerando, mientras que la máquina viva, aunque temporalmente, es no-degenerativa, es decir, apta para aumentar su complejidad”.

Esta renovación biológica me lleva a Humberto Maturana y Francisco Varela[2], creadores del término autopoiesis, aunque Rolando no los nombre en el texto.

Autopiesis es la capacidad de adaptabilidad de un sistema a su entorno, de manera que la red propia de su sistema puede crear o destruir elementos del mismo sistema, como respuesta a las perturbaciones del medio, pero, aunque el sistema cambie estructuralmente, la red permanece manteniendo la identidad del sistema durante toda su existencia. En otras palabras, se autogenera a sí misma cuando algo externo incide en el sistema y su equilibrio pide una adaptabilidad para continuar vivo, entonces referenciándose en sí mismo, se auto recrea. En el caso del cáncer, cuando ya el sistema no puede regenerarse, colapsa y el organismo muere, pero también existen casos de remisión espontánea, renovando el equilibrio funcional provocado por el cambio de un estilo de vida.

Francisco Varela describe tres criterios que validan el sostén de un sistema autopoyésico:

  1. Borde semipermeable. Constituido por componentes moleculares que discriminan entre interior y exterior del sistema.
  2. Red de reacciones: los componentes de la barrera o borde semipermeable son producto de una red de reacciones que opera al interior de la barrera.
  3. Interdependencia. La red de reacciones es generada por condiciones producidas por la existencia de la misma barrera. O sea, 1 y 2 son interdependientes.

Varela no estaba de acuerdo en extrapolar la autopoiesis a otros campos y Maturana sí, así que se distanciaron, lo que no impidió que la capacidad autopoyésica de los sistemas vivas, siguiera su curso, tal  y como lo hizo la teoría de las Redes de Niels Jerne (1974), ésta sí nombrada por Rolando en el texto, que explica el funcionamiento del sistema inmunológico adaptativo, reconociéndolo como una red interactiva de linfocitos y moléculas que tienen componentes conectados que interactúan en tolerancias y afinidades, como una red comunitaria para el equilibrio del sistema mayor. Esta teoría de Redes, incide en la importancia de los procesos de innovación y creación biológica, que pueden extenderse a otros campos como la sociología, la psicología, la economía, etc.

Rolando hace énfasis en la necesidad de “acostumbrarnos a pensar holísticamente el organismo” y olvidar las dialécticas que impiden la concepción sistémica del ser humano. no en vano estamos desarrollando el concepto de Danza de la Vida y si nos referenciamos en ella veremos que todo cuanto existe, aunque singular es un unidad a la vez, comparten esta paradoja asombrosa que se repite en el micro y el macro pues todo es Vida. Enmarcar la concepción de la Vida desde el pensamiento sistémico propicia comprender la realidad como un sistema de objetos interconectados con otros subsistemas y sistemas mayores, que permanecen unidos para la recreación de más vida en la misma vida. Esto nos habla de nosotros también, aunque cueste de creer. Somos Vida, no lo olvides. No soy alguien o algo viviendo la Vida. Soy la propia Vida expresándose a sí misma.

Rolando termina el texto diciendo: “La dialéctica Taoísta o la occidental, deben considerarse superadas por el pensar sistémico”. Cuando dice occidental no sé qué quiere decir exactamente, pero en referencia al pensamiento taoísta, manifiesto mi sorpresa ante tal afirmación ya que el Tao, si hablamos de pensamiento sistémico, es el pensamiento sistémico por excelencia desde hace miles de años, antes que existiera el concepto, y si no que se lo digan a Fritjof Capra en su magnífico libro El Tao de la Física, que te recomiendo.

Amor y Servicio


[1] La Epigenética es el estudio de los cambios en la función de los genes que son hereditarias y que no se pueden atribuir a alteraciones de la secuencia de ADN.

[2] Humberto Maturana y Francisco Varela. De máquinas y seres vivos (1973)

Notas de navegación

El laberinto y la intuición

Estoy en el presente- me digo. Hace un momento estaba en el pasado; desde allí he creído mirar el futuro y he entrado en pánico. El miedo ha dominado la escena y se me ha congelado el corazón. – ¿Dónde voy delante de tanta miseria y desolación? Las personas no tienen el menor interés en curarse del olvido, no quieren salir de su mediocridad para vivir una vida plena de sentido-. Esto es lo que mi mente me dictaba y desde ese no-estar presente, me he quedado quieta, indagando en la no-presencia. El pensamiento, conforme lo observaba, se ha ido desvelando ante de mí. Aquí te cuento qué ha revelado, porque no es sólo para mí; es para todo aquel que quiera escuchar.

Vivir una vida plena de sentido implica un enfrentamiento a la mediocridad, a la superficialidad del vivir o de lo que nos han hecho creer que es el vivir. En realidad es sobrevivir al control de un ego dominante que hábilmente se disfraza de responsabilidad, de madurez y otros estándares culturales que aquietan las angustias, pero sólo en la superficie pues actúa como un sedante instantáneo que aniquila los sentidos excepto uno. El más importante: el instinto. Éste no puede silenciarse nunca porque pertenece al alma. El instinto es el nexo de lo tangible con lo intangible, y si aprendes a escucharlo, te va dando hilo (cual hilo de Ariadna) para que continúes hasta la salida del laberinto de la mente, donde vas a encontrar hombres y mujeres cantando y danzando, celebrando la hazaña que has realizado.

Sí, hazaña. No me he equivocado, porque al sumergirme en las profundidades del laberinto de la mente, me encuentro de frente con el temido monstruo que, al mirarlo a la cara, a sus ojos, descubro asombrada su vulnerabilidad: él es yo. No hace falta luchar cuerpo a cuerpo; ya lo he descubierto, ha dejado de estar oculto (de cubrirse) y nada de lo que pueda hacer puede dañarme. Paro todos sus golpes y su furia antes que lleguen a mi campo energético. Soy la heroína de esta hazaña; sólo hay una. No pueden haber dos en este juego de la dualidad, así que al reconocer al monstruoso ser, de alguna manera he reconocido que él me habita pero ahora ya no me domina. ¿porqué? porque el presente me ha traído al alma y estando en ella he acogido al temido monstruo y en mi coraje se ha fundido, desaparecido en la forma que me habita. Es la alquimia de la materia quintaesenciada por lo inmutable: la divinidad que todo Es, que Somos.

Vivencia en palabras. Vivencia nombrada, compartida, más la cuestión es ¿cómo sostener la divinidad entre el desconcierto? ¿Cómo mantengo la lucidez de lo vivido y lo habito en mi cotidiano, cuando los imprevistos me sorprenden y me duelen?. ¿Cómo ejercito mi ser divino viviendo una experiencia terriblemente humana?

El cómo en lo individual sólo podemos hacerlo cada una de nosotras. Ahí no podemos intervenir porque vivimos en un universo dual regido por la ley del Libre albedrío que nos dice que cada quien es libre de experimentarse como decida. Ahora bien, en lo colectivo si puedo intervenir con mis acciones conscientes y una de ellas es crear espacios seguros y biocéntricos, libres de juicios y prejuicios, para ejercitarnos como aquello que somos y así crear a su vez, acciones transformadoras reales al servicio de la Vida.

Así nacen los Círculos de Cultura Lunar; para transitar el Camino de la Rosa, o lo que es lo mismo, de fuera adentro, allí donde habita la esencia más preciada de la Bella Reina Rosa. Desde su perfume podemos abrirnos, en espiral sagrada, para reconocer los lugares del camino de retorno donde suelo atascarme como ser humano y como tribu humana; donde los miedos vuelven a aparecer y me/nos paralizan y nos confunden. Desde la esencia de la Rosa puedo vislumbrar los puentes que esperan ser cruzados para vincularme de lo transitorio a lo inmutable y en ese viaje, que es aventura, no soy yo la que regreso. Soy alma jugando al juego divino de ser humana auténtica, como dice María Magdalena, no sólo humus.

La Vida me moldea como la obra de Arte Magna que Soy. Yo como el yo pequeño, sólo puede percibir la sombra que proyecta la Luz y eso da miedo; miedo a desaparecer, pero ¿quién desaparece? Desaparece la fantasía que he proyectado de mí para encantarme con la vida, pero como sólo es fantasía nunca tengo suficiente y sigo enredada a las proyecciones temporales de un amor idílico, una economía fantástica, una vida imaginada según los patrones de las creencias que se han instalado como verdades porque no tengo experiencia en escuchar el lenguaje de la INTUICIÓN, el que me vincula a lo que soy en realidad.

Qué hacemos en los Círculos de Conciencia Lunar? cosas cotidianas como dialogar, reflexionar en grupo, escribir, pintar, compartir historias de vida, que se tornan rituales a la luz del continente afectivo y metodológico de la Educación Biocéntrica. Todo recobra la sacralidad de lo viviente en el acontecer cotidiano.

¿Para qué? para construir y reconstruir el conocimiento de la Vida, con la Vida y en la Vida. Cuando construimos conocimiento desde el compartir colectivo, podemos generar acciones transformadoras reales que sirven a la evolución de la Vida generando más Vida, si podemos decirlo así.

¿Por qué en grupo? La evolución sólo puede darse cuando lo individual y lo colectivo van juntas, como ocurre con las células de todos los organismos y el universo entero. El humano es gregario, como Vida que és. El aislamiento nos mata, nos destruye. Necesitamos la comunidad y el egregor de la tribu humana genuina, y añado genuina para discriminar lo autèntico de lo sintético, o sea, lo original (divino y humano) de lo sintético (humano y máquina).

Rescatar al humano de sí mismo y devolverlo a la divinidad es una prioridad.

Si te resuena, participa de nuestros encuentros mensuales. El próximo es el viernes 11 de noviembre 2022 de 17.30 a 20.30 en Dona’t Espai de Castellar del Vallès. El tema generador de este encuentro es LA ESCUCHA.

Amor y Servicio.

Teoría de Biodanza

El principio biocéntrico de Rolando Toro

Cuando hablamos del Principio de Vida, nos referimos a algo muy preciso: a funciones universales, a formas de vinculación y a desarrollo evolutivo. Biodanza se inspira en los principios generales de lo viviente y no en ideas a priori o en dogmas religiosos”-dice Rolando Toro. Esa manera de pensar y de sentir, referenciada en la vivencia y en la comprensión de los sistemas vivientes, Rolando la llamó Principio Biocéntrico.

Estamos en el punto 5 titulado El Principio Biocéntrico, del capítulo 1 de la Teoría de Biodanza, donde Rolando Toro desarrolla el significado de la Danza de la Vida. La Teoría de Biodanza son dos volúmenes con los textos originales escritos por Rolando Toro y editados por ALAB (Asociación Latino Americana de Biodanza) en el año 1991.


La Vida, tal y como nos la cuenta la ciencia tradicional, nos dice que surgió como consecuencia de la combinación y recombinación de elementos químicos expuestos a determinadas condiciones de ambiente, temperatura y presión que favorecieron la creación de la diversidad de las formas que conocemos. En resumen, la Vida es una consecuencia de procesos atómicos. Para Rolando Toro y muchos otros pensadores, la Vida no es una consecuencia; Ella es preexistente a la creación; es la guía y la estructura que construye el Universo. Las combinaciones de los elementos se dan por un Orden Mayor preexistente que ordena y estructura los grados de integración que se manifiestan en el Universo conocido. El Universo existe porque la Vida existe, no a la inversa.

Esta afirmación, que Rolando Toro define como Principio Biocéntrico, parte de la vivencia de un universo organizado en función de la Vida. No es un planteamiento antrópico (producido por la actividad humana), cosmológico (parte de la astronomía que estudia las leyes universales), ni teológico (ciencia que trata de Dios y de las cosas divinas). El planteamiento del Principio Biocéntrico es biocosmológico ya que es la Vida la que organiza y estructura todo cuanto existe, ya sean elementos, astros, plantas, animales, moléculas; todo cuanto existe son componentes de un sistema viviente mayor llamado Bios = Vida, con sus ciclos vitales.

A pesar de que en el modelo teórico de Biodanza, la Anábasis y Catábasis se incorporaron unos cuantos años después de su planteamiento, Rolando Toro, en sus textos originales nos habla de los ciclos de la vida definidos por:

  • La función catabólica, en biología, sería el descenso de los nutrientes orgánicos hasta su degradación y muerte y en mitología Catábasis hace referencia al descenso al inframundo como parte del proceso evolutivo donde deviene la «muerte» como transformación necesaria para resucitar.
  • La función anabólica, que en biología es el proceso metabólico de fabricar y almacenar y en mitología Anábasis hace referencia al resurgir de la Catábasis o muerte, como ser transformado para compartir lo vivido e incidir en y con el mundo.

Todo este proceso viviente es, literal y simbólicamente, la expresión de la propia evolución del universo, que es la evolución de la Vida; no como aquello que se crea conforme a algo externo que favorece o no el proceso, sino como algo interno que lo permea todo, que lo habita todo dotándolo de estructura y orden para que la Vida siga evolucionando en sí misma, como sistema viviente. Como nota, te dejo dos enlaces a dos conferencias de Jaime Buhigas sobre Anábasis y Katábasis como proceso evolutivo de la Vida y Anábasis y Katábasis dentro del Laberinto.

Todo cuanto existe, desde los neutrinos hasta los quarks, las rocas, los mares, los pensamientos más sutiles, la danza del vivir es la expresión de la Vida manifestándose a sí misma, sin otra finalidad que el gozo de vivir, que la alegría de existir. La vida no tiene que alcanzar un fin; la Vida es y se manifiesta como aquello que es en infinitos ensayos de sí misma. El problema radica en que las condiciones sociales y culturas que predominan en nuestro planeta son anti-vida y en esas condiciones, el ser humano ha olvidado su naturaleza divina y se ha identificado separado de la Vida, como si la Vida estuviera fuera de sí mismo. Esa identificación ilusoria lo hace buscar permanentemente un sentido al vivir, un objetivo, una finalidad, ya sea asociada al poder (paradigma político), al saber (paradigma científico), al tener (paradigma económico) o al estar (paradigma espiritual), lo que sigue alejándolo más aun de su naturaleza esencial que es Ser Vida.

El Principio Biocéntrico postulado por Rolando Toro transforma los parámetros de un estilo de vida basado en una cultura anti-vida y los eleva a la comunión con la Vida Cósmica, con la clara intención de presentarse al mundo como un punto de partida para estructurar las nuevas percepciones y las ciencias, dando prioridad a lo viviente, transformando la ilusión del determinismo físico y el pensamiento lineal, en “una percepción topológica y en la poética de la similitud”-según palabras del mismo Toro; pero ¿qué quiere decir con percepción topológica y la poética de la similitud?

La percepción topológica es una propuesta de Lin Chen (1982) en la que demuestra que el funcionamiento de nuestro sistema de percepción visual se basa en la percepción de ciertas características topológicas del objeto relacionadas con la razón matemática o la comparación de dos objetos, prescindiendo de los significados concretos. Posteriormente, el cerebro añade información geométrica, contexto y semántica.

Cuando Rolando habla de la poética de la similitud encontramos que similitud tiene la raíz etimológica de sem, que quiere decir la unidad frente a la dualidad.

Así, el Principio Biocéntrico apunta a una mirada, semántica y contexto centradas en la Unidad de la Vida y su infinita diversidad manifestada, donde “los hábitos intelectuales de selección, evaluación y juicio sobre objetos y fenómenos serán reemplazados por la percepción de todas las expresiones, de todos los movimientos, en tanto que lenguajes de lo viviente”.

En la interpretación de Copenhague de la física cuántica, desarrollada por Bohr y Heisenberg en la década de 1920, se revela la interconexión existente en el universo y se demuestra que no es posible descomponer el mundo en las más pequeñas unidades que existan independientemente. A medida que se va penetrando en la materia, los físicos encontraron que está hecha de partículas, pero éstas no son los «ladrillos básicos» al estilo de Newton, sino meramente idealizaciones que resultan útiles desde un punto de vista práctico, pero sin significado en sí mismas. Según Niels Bohr: «las partículas materiales aisladas son abstracciones, y sus propiedades son definibles y observables sólo a través de su interacción con otros sistemas«[1].

Más adelante, en el punto 5 de la Teoría de Biodanza titulado El Principio Biocéntrico, Toro dice “Frente al terror del origen, frente a la soledad inexpugnable del infinito, los seres buscan la respuesta mirándose a los ojos. Todo gira en el fuego de una pasión misteriosa; piel y escalofrío, semen y besos entre las estrellas”.

Para mí, es innegable que Rolando Toro tubo experiencias místicas donde el universo es vivenciado como una danza cósmica inseminada de Amor difícilmente descriptible a no ser por un lenguaje poético donde la atracción de las fuerzas y energías que componen la Vida, gozan en el éxtasis de Ser Vida.

No es de extrañar que para Rolando Toro fuera muy importante fundamentar toda la base epistemológica y ontológica de Biodanza con la Biología, la Antropología y las ciencias de la Vida, para que Biodanza no se confundiera con algo esotérico, espiritual o una propuesta más del movimiento New Age. Rolando Toro insistía en que la Biodanza trascendiera las barreras ideológicas y se reconociera como un sistema de integración humana con la Vida y en la Vida, no sólo como un sistema de desarrollo humano que cambia la conducta.

Han pasado más de 30 años y si bien la ciencia va encaminándose hacia formular la Unidad de lo viviente, tal como las tradiciones ancestrales de oriente y los pueblos originarios de la Tierra afirman desde tiempos inmemorables, Biodanza hoy ya no puede ocultar más la mística de su propuesta. La ciencia y los otros tres paradigmas imperantes (la política, la economía y la religión) que han regido nuestro último ciclo histórico, ya no tienen credibilidad por sí mismos. El ser humano ya no admite que le digan qué es verdadero o falso; la Verdad habita en su interior y ya no hay cómo ocultar esta máxima. Sólo en la vivencia directa podrá trascender el engaño en sí mismo, y reconocerse como parte integrante de la Vida. Por eso Biodanza es, ante todo, vivencia, porque la vivencia es transformación, es la que nos permite vivir y experimentar el proceso evolutivo de la Vida, con sus Katábasis y Anábasis danzando sin otro objetivo que la Danza en sí misma.

Biodanza seguirá adelante en este tiempo histórico de transición, porque es un sistema de integración humana que, como otros sistemas de integración humana, sostiene al ser humano en su proceso de ser humano auténtico y reconocerse como Aquello que Es y siempre ha sido.

Seguimos.


[1] N. Bohr, Atomic Physics and the Description of Nature (Cambridge University Press, Londres, 1934), pág. 57.

Teoría de Biodanza

Sacralización de la Vida según Rolando Toro

Sacralización de la Vida es el título del punto 4 del capítulo 1 de la Teoría de Biodanza publicada por ALAB en el año 1991. Vamos a ver el desarrollo que Rolando Toro nos ofrece en relación a este punto.

Lo primero que Toro nos dice es que, si bien las investigaciones y hallazgos de la Biología y las ciencias de la Vida nos dan un “punto de partida sólido y fecundo para comprender muchos misterios de la biosfera, de modo alguno son suficientes para exprimir todos los significados esenciales acerca de la condición humana”.  Se hace necesario “incorporar las grandes intuiciones sobre aspectos aun no revelados y misteriosos de la vida humana«.

Estas palabras son de hace treinta años y si bien es verdad que la cuántica y las neurociencias están aportando una visión mucho más amplia y flexible a los dogmas científicos imperantes en el paradigma antropocéntrico, dejando entrever atisbos de sacralidad incluso en los nombres con los que bautizan sus hallazgos -como por ejemplo el bosón o Partícula de Dios[1], también queda mucho camino para incorporar lo sagrado a lo profano, si podemos decirlo así. Y es aquí donde Rolando incide en esta diferencia impuesta por un sistema de creencias que mantiene al ser separado de su naturaleza esencial. Pero, antes de seguir adelante, detengámonos en la etimología de profano y sagrado.

Sagrado hace referencia a sacro, que en anatomía es el nombre del hueso situado en la parte inferior de la espina dorsal/columna vertebral, compuesto por cinco vértebras unidas entre sí que componen una estructura piramidal cuadrangular. También hace alusión a lo divino, aquello que es digno de ser venerado y profundamente respetado y aquello que recibió la consagración o el reconocimiento por el cumplimiento de las ceremonias y ritos considerados sagrados por una religión o culto religioso.

Profano proviene del latín profanum, palabra que se forma con el prefijo latino pro-, que significa ‘enfrente’ o ‘antes’, y la voz fanum, que significa ‘templo’, por lo tanto, se refiere a aquello que está separado o es distinto al templo. En la Antigüedad se usaba este término para referirse a las personas que no eran permitidas dentro de los templos para participar en los rituales, ritos o misterios.

En antropología se define sagrado como aquello perteneciente al reino transcendental y lo profano a lo que involucra los reinos del tiempo y el espacio; causa y efecto. Por otra parte, Lo sagrado y lo profano es una obra del rumano Mircea Eliade (Budapest, 1907-Chigago, 1986) publicada en el año 1956, donde define por primera vez lo sagrado como una oposición a lo profano.

Para Toro, “la vida tiene una cualidad sagrada y su expresión a través de las criaturas, es la más grande hierofanía (manifestación de lo sagrado en un ambiente profano), absolutamente fascinante y absolutamente terrible”.  ¿a qué se referiría cuando dijo terrible? ¿será quizás el espanto que produce la disolución del ego?  ¿o el terror de ser divinos con todo lo que ello implica?

En Biodanza, el cuerpo va más allá de la forma y pasa a ser la corporeidad viviente, el templo donde converge lo finito con lo infinito, lo mesurable con la inconmensurable, donde sagrado y profano (según el concepto de la antropología) se fusionan como las cinco vértebras lumbares para crear un único hueso fuerte y grande, que es la base de la conexión Tierra y Cielo mediante la columna vertebral que sustenta el gran templo humano. Todo nos habla de sacralidad cuando estamos dispuestas a contemplar la vida tal y como es: fractales de una única Unidad organizada y estructurada que se manifiesta en todo lo viviente.

Las personas, al relacionarse en una Danza de Amor, restablecen un sentido cósmico que las integra a una unidad mayor. Los magnetismos de la danza generan campos creativos, eróticos y biológicos que no pretenden representar una realidad trascendente, sino que constituyen en sí mismo, la gran ceremonia de la Vida, trascendente por sí sola.”  Y es que la sacralidad de la Vida es profundamente vital, trascendente y sexual, pero cuidado con la palabra sexual, no confundirla con la genitalidad. Sexual como la gran energía creadora que, concentrada en nuestra zona sacra que compone la pelvis, va más allá del placer genital para fundirse en el pulso del corazón y la consciencia ampliada, convirtiendo el placer en un goce eternamente renovado, creador de realidades basadas en la alegría de vivir. Es así como el Universo sintoniza y crea sinfonías que se manifiestan en el plano material: a través del goce y la alegría de vivir.

El ser humano puede teorizar sobre el inicio y el fin de la Creación; podemos intuir la existencia de un Vacío creador y un Infinito eterno, podemos teorizar sobre aspectos transcendentes y sobre todo lo que queramos, pero de lo único que podemos dar cuenta es del proceso del vivir, y es en este sentido que el ser humano vive aquí-ahora eternamente renovado. Rolando Toro dice “Toda la realidad es sagrada para el hombre de Biodanza y todo tiempo es litúrgico”. Es así como “lo sagrado no se da en un espacio mandálico ritual. Lo sagrado se da en cualquier circunstancia en que la vida se hace presente pues toda la Vida es Sagrada”.

Es evidente que no todos los lugares favorecen percibir habitar en lo eterno, pero “si Ud. está vinculado de centro a centro con el principio de Vida, experimenta la vinculación cosmobiológica, la antigua familiaridad con las piedras, con los pájaros, con el Sol, con el mar. (…) Podríamos hablar de que los Principios de Vida surgen de una inteligencia divina que trasciende valores egocéntricos.”

Para Rolando Toro, el sentido de lo sagrado se referencia en las funciones universales, las formas de vinculación de lo viviente, en el desarrollo evolutivo de la vida. Es esa mirada reverente por la Vida la que confiere a Biodanza una dimensión trascendente y libre. “Biodanza se inspira en los principios generales de lo viviente y no en ideas a priori o en dogmas religiosos”.  

En uno de los párrafos del texto que nos ocupa, Rolando hace mención del hinduismo como “la más catastrófica filosofía”, por considerar que la antiquísima tradición oriental afirma que la vida es una ilusión, “apenas la manifestación de los infinitos velos de Maya”, lo que Toro considera una grave descalificación de la vida como expresión máxima de lo divino. Quiero aclarar este punto, porque entiendo que Toro para afirmar lo que dice, se referenció en la interpretación que hizo Arthur Schopenhauer en su sistema filosófico del término sánscrito Maya. En este sentido, recomiendo la lectura del artículo de Luis Vivanco Saavedra, El concepto de Maya (I) en el pensamiento indio y El concepto de Maya (II).

El término sanscrito Maya etimológicamente significa “medida” pero generalmente se traduce como ilusión. ¿porqué? Porqué la realidad es infinita y por lo tanto no puede estar sujeta a medición, de la misma manera cualquier medición que haga la mente sobre la realidad es una ilusión. Un ejemplo es la concepción del tiempo y espacio. 

El velo de Maya sería la ilusión fruto de las creaciones de nuestros propios pensamientos, influenciados por creencias, aspectos culturales y tendencias, que son las que dan forma a las realidades en nuestra naturaleza humana. Cuando tomamos nuestros propios conceptos como realidades, es cuando podemos decir que estamos bajo el Velo de Maya, o sea, bajo la ilusión de nuestro ego. Trascender el Velo de Maya significa vencer el espejismo, la ignorancia y las limitaciones que nos impiden conocer la verdadera naturaleza de nuestra unión en armonía con el Todo.

La Vida no es una ilusión en la antiquísima tradición oriental del hinduismo, como afirma Rolando Toro; nunca puede serlo porque Todo es Uno. La ilusión es cuando nos percibirnos separados de lo que siempre es y siempre ha sido.

Amor y Servicio


[1] Peter Higgs, físico cuántico e investigador de las partículas subatómicas que componen el Universo. Su objetivo principal era describir la fuerza que sostiene al cosmos, bajo una misma ley y un mismo principio. Teorizó sobre una partícula subatómica que porta un campo magnético que, a su vez, dota de masa a todas las partículas elementales del Universo. A esas partículas se las nombra bosón o en lenguaje popular partícula de Dios.

Biodanza, Teoría de Biodanza

Conexión a la Vida según Rolando Toro

Lo primero que nos encontramos en el punto 3 del capítulo 1 de la teoría de Biodanza, que lleva como título La Conexión a la Vida, es una reflexión de Rolando Toro en la que afirma que “la conexión a la vida es una función primordial de todo lo viviente que propicia la existencia misma de la vida”. ¿De dónde viene esta afirmación?

En el punto anterior de la teoría, Rolando Toro desarrollaba el concepto de autodivinización del Ser humano como la pulsión natural del ser en la búsqueda de reconocerse como el ser divino que es por el solo hecho de existir. Este proceso de integración humana estaba referenciado en varios autores del campo de la biología, la teología y de la propia mitología griega. (véase los dos artículos anteriores de la Teoría de Biodanza). En este punto titulado Conexión a la Vida, Rolando añade una función primordial para que la vida se manifieste a sí misma: la “pulsión instintiva guiada por tropismos[1] y afinidades”, de manera que es la interrelación con el entorno y lo existente que permite la manifestación de la vida, porque la separación no existe, es una ilusión. La Vida es unidad y se manifiesta a sí misma en infinidad de formas.

En este sentido, el ser humano ha ido perdiendo la conexión a la vida como consecuencia de un estilo de vida que tiende cada vez más a mantener el contacto con cosas y un entorno de no-vida (ciudades, casas y edificios con material sintético, etc.) que propician la desconexión de sí mismo con aquello que es y siempre ha sido. El contacto con el asfalto, el creciente uso de la tecnología desenfrenada que nos desconecta del medio ambiente y una cultura de individualización y apariencia, hacen que en el ser humano predomine, cada con más intensidad, una relación tóxica con el mundo. Tanto es así que Rolando afirma que “podemos decir que la enfermedad es la incapacidad de establecer los bio-feed-backs con todo aquello que está vivió en el ambiente”, ya que el intelecto humano va desarrollando con el tiempo y la desconexión, “una monstruosa capacidad de combinarse con las cosas muertas en un proceso de sofisticación necrofilia[2], estableciendo la vacía y muerta relación mecánica de la que habla Jaspers”. Y surge la pregunta ¿quién es Jaspers?

Karl Jaspers (1883-1969), psiquiatra y filósofo alemán y suizo. Tenía una salud delicada desde pequeño y esto le ocasionó graves problemas de adulto. Primero estudió derecho durante un año y se pasó a medicina titulándose como médico en 1908. Al año siguiente Jaspers fue asistente de investigación en la clínica psiquiátrica de la Universidad de Heildelberg, Alemania, hasta 1915. Jaspers se interesó en las patologías psiquiátricas y solicitó investigar como voluntario para investigar con pacientes en los que estaba particularmente interesado.

Hemos de tener en cuenta que en esa época las enfermedades mentales carecían de conocimiento sistémico, con lo que cuando Jaspers empezó a interesarse por qué aspectos del organismo humano intervenían en las patologías mentales, lo que hizo fue acreditar las palabras del paciente, cosa inédita en esa época ya que lo que contaba el paciente era fruto de su delirio y no se le tenía en cuenta. Jaspers Creó el Método biográfico, en el que se pide al paciente que relate específicamente qué le ocurre, cuáles son sus sensaciones físicas y como percibe sus síntomas. A partir de la percepción corporal, el paciente tiene la posibilidad de reconectarse a la Vida y de trascender la pulsación de muerte que le lleva la experiencia de una situación límite que no ha podido gestionar. Con sus investigaciones, Jaspers ayudó a establecer la psicopatología como una ciencia que describe los síntomas de la enfermedad con precisión, facilitando así el reconocimiento de aquello que afecta a la persona, o sea, hacer un diagnóstico apropiado. 

Para Jaspers existían dos tipos de delirios: el primario (sin razón aparente) y el secundario (como explicación a experiencias impactantes y no comprensibles). Las situaciones límites vividas por un individuo, le llevan a un recorrido existencial de sufrimiento y muerte, que tienden a buscar su salvación a partir de la apertura a un nuevo horizonte de realización existencial. Para Jasper el hombre vive permanentemente en una situación; puede cambiar de situación, pero no puede dejar de estar en situación. Jaspers afirma que hemos sido arrancados de nuestro contexto natural, originario, y que vivimos –o sobrevivimos– en un nuevo contorno en el que la técnica hace que «todo dependa de la función del aparato artificial. Si el aparato falla, la vida confortable se convierte en la suma penuria, nunca conocida antes. El hombre queda entonces más abandonado que en la existencia natural del campesino». Hemos llegado a un punto en el que no podemos sustraernos de esa técnica que nosotros mismos hemos creado por lo que la clave se halla en asumir la propia libertad, que permite al ser humano percibir el sentido de lo ocurrido y ser la unidad indivisible de sujeto y Vida. Las conclusiones de sus estudios se publicaron en un libro llamada “Psicopatología general[3], que hoy día sigue siendo un clásico en la psiquiatría.

Ser hombre es ser libre. El sentido de la historia es que nos convirtamos realmente en hombres.

Karl Theodor Jaspers

Recuperar la conexión a la Vida es, para Rolando Toro, la clave para vivir una existencia de pleno sentido, pero eso requiere de entrenamiento (justamente Rolando usa esta palabra) a tres niveles:

  • Conexión consigo mismo (unidad primordial). Abrazarse a sí mismo, percibir el pulso del corazón como la llamada a la Vida, percibirse vivo y viva puede generar un “estado de Íntasis o felicidad suprema durante la cual se intensifica la consciencia de estar vivo y de ser único”.
  • Conexión con el semejante (la Especie). A partir de la mirada, del gesto afectivo, del encuentro humano, la dualidad se convierte en unicidad y los aparentes opuestos llegan al estado de armonía. “Una comunión plena de sentido”– dice Rolando.
  • Conexión con el Universo.cuando las identidades forman una unidad mayor, surge un tercer estado: la conexión a la Vida en trinidad”. Rolando define el estado trino como la fusión en la totalidad, alcanzando el trance o éxtasis: que es la vivencia de ser vida palpitante en un universo pleno y sin límites”.

Los tres niveles de conexión a la Vida son los tres vínculos de expresión esenciales en el ser humano para percibirse vivo y por tanto, conectado a la Vida que en sí misma es Equilibrio y Armonía en Mayúsculas.

A mi entender, los tres puntos que hemos visto hasta ahora del capítulo I de la teoría de Biodanza, abordan desde aspectos antropológicos, biológicos, filosóficos y psicológicos, la naturaleza humana y divina que somos y el encuentro inevitable con esta realidad requiere de un proceso de integración que transforme nuestra percepción para reconocer el gozo de aquello que somos y hemos sido siempre: una unidad primordial en sí misma.

Amor y Servicio


[1] Tropismo: fenómeno biológico natural que indica el crecimiento de una planta como respuesta a un estímulo medioambiental.

[2] Necrofilia: patología sexual que consiste en el abuso o disfrute sexual del cuerpo de una persona muerta. NOTA: en este enlace encontrarás una noticia reciente (5 de enero 2022) donde un hombre desea casarse con una robot.

[3] En el enlace encuentras un fragmento del capítulo del libro mencionado.