Especialista en Ecología de Sistemas Humanos e I Ching Sistémico. Acompaño a organizaciones y líderes a descifrar su código de Coherencia Vital para alcanzar la excelencia operativa y la salud sistémica. Mi enfoque une el rigor del diagnóstico de precisión con la ética biocéntrica.
Vaciar la mente para sentir y percibir la vida como pulsa a ritmo de presencia. Respirar con consciencia del momento para sentirme viva en el presente. Volver al estado de confianza alegre, despreocupada, atenta de curiosidad y dejar que la vida se manifieste, aprendiéndola, aprendiéndome.
El vacío daba miedo cuando decían que aprender era llenarse de conceptos, frases, teorías que empachaban la curiosidad de saber y conocer. Si no aprendes a llenar la mente, estás vacía, no eres nada, un libro en blanco. Pero ese vacío no existe, es pura ilusión. A pesar de la presión que implica la avalancha constante de información, nuestro cuerpo siempre tiende al equilibrio y desarrolla mecanismos de acción y reacción capaces de soportar cualquier situación por extrema que sea. Todo deja su huella, más la capacidad de regeneración de la vida que nos habita es tal, que podemos reeditar y crear nuevas respuestas impulsadas por la intención de que así sea.
La llave que abre la puerta de mi entendimiento genuino es el cuerpo. En él encuentro todo lo que necesito para sentir que la vida está en mi y no viene de fuera. En mi cuerpo habita la sabiduría de la tierra que infinidad de veces dejo de escuchar porque estoy saturada del ruido ajeno, del que proviene del enjambre. Más allá de ese alboroto ensordecedor, escucho sonidos silentes que me recuerdan que estoy viva y que la locura del morir es una etapa trascendida por el impulso del vivir y convivir.
Todo cambia. Nada permanece quieto a no ser que sea el morir mismo que vivimos sin percibir, pero como el morir es cíclico del vivir, todo cambia. Y así es la vida, una espiral de sentires en movimiento imperceptible de quietud viviente. Océanos de vida nos habitan, mundos dentro de mundos conviven en nuestro interior en perfecta armonía con el exterior sin que nosotros lo percibamos. Se desencadenan relaciones internas entre los habitantes de mi singular reino corporal que yo ignoro y, actuando como si yo fuera una política más de un gobierno enajenado, me empeño en un vivir que no es del cuerpo pensando que así es el vivir. Mientras, mi cuerpo, el país que dirijo, la tierra que habito, va muriendo poco a poco del cansancio del olvido. Y así reproduzco en mi vivir, el vivir enajenado de la comunidad humana.
Es el vaciar la mente lo que me regresa al vivir verdadero que encuentro al escuchar mi cuerpo, la tierra, el cuerpo. Allí se desencadena la vida en un silencio sonoro que respira, y me siento viva de vivir, en un vivir que casi diría nuevo si la memoria de mis células no me recordara el eterno vivir, continuo, ondulante y sistémico vivir y convivir.
«Los alumnos y alumnas aprenden a ser alumnas y alumnos», a ser alimentados por un sistema que califica sus dones y talentos según convenio, enfocando sus vidas hacia la realización de un sueño que no es suyo sino de otros y otras que cuantifican su saber con números que influenciarán su decisión del porvenir, hacia la satisfacción de su pasión o hacia lo que les resulte más fácil, más cómodo según las notas que hayan sacado en sus estudios de secundaria, aquí en España.
Yo quería ser veterinaria. Con el tiempo, mi sueño mudó y fui técnica administrativa. ¿cuándo perdí mi sueño? ¿dónde? ¿Cómo? Sencillamente me hice mayor, tomé una decisión de persona adulta. La pasión se quedó atrás.
Tengo un hijo de 16 años que ha acabado su primer año de bachillerato socio-económico. Al terminar la secundaria, se decidió a seguir por ésta vía por lo cómodo que le resultaban la mayoría de las asignaturas que se imparten en ésta área. No se guió por su pasión, por lo que más satisfacción le produce y por lo que mejor se le dá, sino por lo que dicen los profesores que tiene más salida según las asignaturas que le resultan más fáciles aprobar, por las notas que cuantifican su intelecto definiendo y condicionando sus posibilidades de éxito en la vida. No es el placer lo que cuenta, es el sufrir y dentro del sufrir, lo que menos nos haga sufrir dentro del sufrir. Sus profesores se encargaron de enfocar sus intenciones hacia esa perspectiva, haciendo un símil falso según el cual, lo más fácil que te resulta aprobar, las notas mejores que sacas en las asignaturas, son tus talentos, y así los las jóvenes adolescentes confunden talentos y pasiones, sueños y dones con la aprobación de los que califican según el criterio normalizado.
De pequeños no tenemos dificultad en decir qué seremos de grandes (bomberos, astronautas, dibujantes, artistas de cine, payasos, aventureras, capitanes de barco, buscadoras de tesoros, …) porque todavía no hemos sido suficientemente domesticados, es sólo cuestión de tiempo. Cuando pasamos la primaria y entramos en la secundaria, la confusión nubla el sentir y el efecto de la doma se hace presente. A unos se les manifiesta en rebeldía, otros en sumisión, la mayoría en una gran confusión que no termina en la universidad, sino que puede alargarse en el matrimonio, la casa, el coche, los hijos,….. aunque este futuro prefabricado es cada vez más difícil de sostener y se suele sustituir por canutos, alcohol, sexo, entre otras compulsiones.
Me crea lástima y enfurecimiento este mundo ausente de libertad y esclavo del absurdo, ensimismado por el encantamiento del oro robado a la tierra para saciar la locura opulencia del tener.
Nuestros hijos e hijas están pidiendo ayuda. Se ahogan en las aulas de pupitres y sillas estáticas, de paredes cuadradas, de pizarras llenas de fragmentos distorsionados de la verdad que insisten en inculcarles comida caducada en estado de putrefacción. Quieren vivir nuestros jóvenes, quieren sentir, quieren decidir, quieren pensar por sí mismos y no tienen espacios cultos donde escucharse, solo sus guetos de amigos donde viven en tribu resistiendo el embiste de la brutalidad de la pérdida de inocencia a golpe de descalificar su ser en el mundo.
Este tránsito de consciencia es costoso. Exige una resistencia de amor más allá de lo imaginado y grandes dosis de soledad. A cambio recibimos el silencio del adolescente que escucha y mira, y en su observar emerge la palabra fértil que afirma su voz en la tierra buscando enraizar el saber. Son voces aisladas todavía que reclaman ayuda para no perecer. Pulsan por vivir en un mundo que agoniza, por tomar el listón que por derecho les corresponde. Ellos y ellas son semillas en tierra abonada por amor a la verdad, que emergen confiando en ser alimentados y alimentadas por el Sol del nuevo día y la lluvia que empapa el suelo del saber.
Nos necesitan porque éste empeño no es su empeño, es el de todas y todos que estamos vivos. Es el empeño de la Madre Tierra, del Padre Sol, de las estrellas, de las aguas, de los seres acuáticos, de los terrestres, de los mundos y submundos que nos habitan y habitamos. Nos necesitan. Sí, nos necesitan porque esto no es una batalla a vencer, es un tránsito, un renacer, un parir lo que fue gestado en la aventura del aprender. No es lucha, es la conciencia que emerge y florece con fuerza mostrando su esplendor.
Si no les apoyamos en sus intentos de ser, de vivir, de permanecer en estado de despierta inocencia, se perderán entre tanto ruido-desamor. Los jóvenes ya no ríen, sus semblantes miran como niños y niñas acallados en proceso de asimiliación. No podemos dejar que sean asimilados por un sistema que empuja al morir, a sucumbir, a deslumbrar con éxitos ficticios basados en una sociedad mercantil, un comercio de vanidades que mienten y engañan con tal de sobrevivir.
Despertemos del letargo del ensueño. Impulsemos sus talentos, sus dones, sus habilidades in-natas y preparémoslos para insistir erguidos i erguidas en pie de Paz, defendiendo sus sentires, reconociendo sus haceres carentes de malintenciones. Se hace necesario escuchar sus sueños, sus decires y acoger en nuestro seno femenino su inocente hacer. Están aprendiendo a lidiar con un mundo hostil que va en contra de potenciar sus sueños. Nosotras madres, nosotros padres, nosotras y nosotros educadores, ya pasamos por eso y sabemos el sufrir del olvido, del rechazo, de la exclusión por ser raro rara, por ser rebelde, por contestar y no callar, por reclamar, en un mundo donde todo está establecido y si no eres de los nuestros, estas en contra nuestro.
Estamos vivas vivos. Es momento de vivir y de impulsar la vida, de acompañar a las los adolescentes y a su lado, escuchar sus iniciativas y apoyar con nuestra memoria su hacer. No es una memoria resentida, es la memoria de la tierra, del cuerpo, de la pipa de la paz. Igual que nosotras nosotros, son inocentes. No han cometido ningún acto impuro aunque intenten endilgarnos un pecado original fruto de una interpretación intencionada. Somos inocentes y estamos vivas. Hagamos lo que pactamos antes de nacer: amarnos en Verdad, sin condiciones.
Trabajar está relacionado con el sufrimiento y la penalidad. Su origen latino es tripaliare y éste de tripalium tres palos, que se ataban entre sí para amarrar al esclavo o esclava para azotarles. Mi intención es resignificar la palabra trabajo con una nueva visión de tres palos unidos para generar una estructura tal que sostenga lo que uno sólo no podría hacer. Y es desde aquí donde quiero narrar mi historia.
Hace unas semanas, tres mujeres de la comunidad que nombramos Teixint Vincles (Tejiendo vínculos) donde estamos vinculadas por el deseo de unir saberes para co-crear nuevos haceres, decidimos unirnos para ofrecer una sesión biocéntrica basada en tres palabras clave que habían surgido en la comunidad y que estaban causando mucho revuelo. Se trata de: abundancia, dones y talentos.
¿Qué es la abundancia? nos preguntamos al iniciar el hacer de las tres mujeres hacedoras. Cada una de nosotras expuso su sentir. (nótese que no es pensar; el pensar es mente, el sentir es cuerpo). En ese compartir de los sentidos, donde la mente escucha lo que el cuerpo dice, nos encontramos con nuestras historias de vida, recuerdos, vivencias, anécdotas, que formaron la base donde apoyar nuestros tres palos y unirlos para crear una estructura segura donde las otras mujeres pudieran apoyarse, no para ser golpeadas y azotadas, sino para ser cuidadas, escuchadas, acogidas, miradas, abrazadas y erotizadas por la vida hasta amarse a sí mismas tanto como al prójimo. Esta es nuestra intención.
El reto era atrayente. Nuestro hacer común es el principio biocéntrico desarrollado por Rolando Toro. Trabajar poniendo la vida en el centro es un aprendizaje que requiere práctica en la observancia constante de nuestro sentir, y destreza en la escucha de nuestros dones y talentos ocultos tras los patrones adquiridos del viejo y caducado sistema neoliberal patriarcal que pugna por sobrevivir. Para dejar de luchar hay que mostrar otras maneras de trabajar, de crear sin sufrir. ¿cómo? Creando espacios en femenino. El femenino es inclusivo y afectivo por naturaleza sin condición.
Las tres mujeres nos zambullimos en la atemporalidad del tiempo-arte que se manifestó a cada paso que dábamos. Entre infusiones, dulces caseros, vino, queso y pan recién horneado, fuimos tejiendo la sesión. Hicimos y deshicimos, escuchamos músicas escogiendo la que mejor afinaba con la propuesta, danzamos consignas, reescribimos lo escrito, dialogamos… el reloj seguía sin nuestra atención marcando un tiempo regido por Kairós, y parimos lo que juntas gestamos.
Satisfechas por el resultado, conversamos sobre todo el proceso creativo que habíamos vivido, la hermosura del círculo de saberes, la magia del tres, la transformación que genera la co-creación desde la escucha respetuosa, la igualdad y la sinceridad, y surgió el título de nuestra sesión: Alquimia interior, parte 1. Supimos que vendrá la parte 2 en el momento adecuado.
Tengo un recuerdo entrañable que habita en mi vientre. Agradezco poder resignificar el trabajar y el trabajo con una realidad vivida, sentida, habitada en mi piel. Es posible el consenso, es posible dejar que la intención guíe la acción para que surja lo inesperado, más bello de lo que había imaginado, más duradero. Es real el sueño común de un mundo humano donde la vida es protagonista y nosotras y nosotros somos sus servidores, siendo siervo/a no ya símbolo de esclavitud sino el de servir a la vida.
Siento que vale la pena estar ahí, habitando mi cuerpo, escuchando su latir y avanzando en la integración del ser y el sentir. Juntas y juntos podemos danzar la biosinfonía de la co-creación donde los cuerpos están vivos y se alzan en pie de Paz por un mundo mejor.
Erotizemos los sentidos para ser hombres y mujeres hacedoras de vida en todo nuestro hacer.
En Biodanza pasan cosas increíbles. La sesión es la misma para todos y todas: escuchamos las mismas consignas, las mismas músicas, danzamos en la misma sala, la misma iluminación… aún así cada una de las personas del grupo vivenciamos de forma singular, pero no lo percibimos hasta que nos sentamos a la semana siguiente en la rueda de intimidad verbal.
En los grupos de iniciantes, ésta parte de la sesión suele ser la más costosa porque no estamos acostumbrados a contar lo que nos pasa; solemos quedárnoslo para nosotros terminando a veces en el olvido. Por eso las palabras en Biodanza son importantes: por su ausencia mientras danzamos, y por su presencia en la rueda verbal cuando compartimos para acostumbrarnos a ser escuchadas y miradas sin ser juzgadas, analizadas, aconsejadas, como cuando danzamos. Suele ser más fácil expresarse danzando porque la música nos impulsa al movimiento natural, en cambio desde la quietud de la rueda verbal, el movimiento es la escucha y ésta no abunda en el mundo donde vivimos.
Escuchar en Biodanza es fundamental, de hecho lo es en la vida misma, por eso Biodanza es la danza de la vida, porque no hay diferencia entre el vivir y lo que pasa en las sesiones, sólo dista en que en Biodanza danzamos en un entorno protegido donde recordamos a nivel celular la alegría del vivir que se traduce en confiar ¿o es la confianza que se traduce en alegría?. El caso es que la escucha es la clave para soltar, como ocurre con el respirar: si inhalas (escuchas), después exhalas (sueltas), si escuchas y después sueltas, cada vez eres más libre de ser quien eres sin el ruido distorsionado de la mente que agradece el descanso cortical.
En Biodanza se para el tiempo. Tanto es así que nos olvidamos de lo danzado de una semana a otra hasta que surgen las palabras que describen el sentir, y cuesta expresar lo sentido sólo para comunicar, sin más allá que comunicar.
En la rueda de intimidad verbal ejercitamos el escuchar, el comunicar y el verbalizar a través de los recuerdos de cada una y uno de los participantes del grupo y tejemos la sesión anterior como si de una nueva se tratara, ya que cuando danzamos estamos en comunión con el conmigo, y ese estar conmigo se multiplica por cada miembro del grupo que aporta su singular vivencia del sentirse y el sentir. Cuando se comparte con palabras lo vivido, la sesión resucita del olvido y nuestra biología se prepara para un nuevo sentir más confiado, más sincero, más entregado. Ese efecto biológico es lo que engancha de la Biodanza. Todo se vive en el cuerpo y a través de él. El cuerpo y la corporeidad se resignifican en cada sesión de Biodanza.
A mi me encanta la parte del decir y explicar donde estamos en rueda dispuestos a comunicar sin saber muchas veces qué vamos a contar. Escucho los sentires y compartires de mis compañeras y compañeros y me sorprendo de su verbo, sus silencios, la mirada del que habla, las que escuchan, sus gestos, su progresividad. Cada una tiene su peculiar comunicar y callar que día a día es más cercano. Cuando hablamos en la rueda, comunicamos esa parte de nosotros que siente y que en Biodanza es trasparente porque todo ocurre a través del cuerpo y el cuerpo nunca miente, la mente si. Por eso verbalizar es un ejercicio que se practica en Biodanza en la rueda de comunicación afectiva, para recordar que podemos decir y contar desde ese lugar donde nada miente y todo es natural. Comunicar sin recibir comentarios, análisis, juicio, consejos; comunicar por el placer de compartir sin esperar nada a cambio más que la escucha. Ser escuchada y escuchado, mirada y mirado es un gran descanso, y ese descanso se instala en el ser recordándole lo hermoso que es ser.
Cuando danzo con uno u otra y comparto los espacios, las miradas, no hay palabras. La música lo ocupa todo acunándonos en sus notas y nosotras danzamos su danza, sin palabras que se interpongan en nuestro estar presentes. Cuando vienen personas nuevas a probar por primera vez, la diferencia del hablar es sorprendente: las personas que integran el grupo semanal no hablan cuando danzan, las otras sí, no pueden resistir el impulso del decir para comunicar porque suelen haber olvidado que el cuerpo habla, comunica con muchísima más expresividad que las palabras.
En Biodanza trabajamos para recuperar el vínculo con el cuerpo e integrar el vivir con el sentir y comunicar. Como el cuerpo no miente, repito NO MIENTE, nos vamos volviendo cada vez más libres, aunque eso es un viaje sin fin.
Te invito a comunicar con tu cuerpo y escucharlo. Hablarás menos, sentirás más, y cuando hables con palabras sentidas y silencios atentos, te entenderán sin tanto esfuerzo. Pruébalo y me lo cuentas en los comentarios de este post.
En Biodanza, la sensación de pertenencia se rescata poco a poco, danzando entre miradas discretas que encuentran su mirar mecidas por la música. Todo ocurre fácil, casi sin dar cuenta. Se va recordando en la piel la agradable caricia del pertenecer consciente hasta que cuerpo y mente se entregan juntos a la evidencia.
Durante algunos meses de participar en el grupo de principiantes de mi amiga facilitadora de Biodanza Elena Martín, sin ser consciente de ello, he navegado entre dos aguas que me impedían integrarme en el grupo de forma plena y satisfactoria. ¿cómo se participa en un grupo de iniciantes cuando el inicio quedó lejos y las limitaciones de entonces se sustituyeron por la confianza de ser y mostrarse que Biodanza facilita? Pero he descubierto que limitaciones es un camino autoreferenciado, un laberinto mejor dicho, donde se esconden espejos que, aunque ya fueron vistos con anterioridad, siempre reflejan sombras a observar. Y sí, danzaba en el grupo de iniciantes dividida entre la forma de participante y facilitadora, conseguía vivenciar por supuesto, más la entrega total no era posible pues analizaba las músicas, las consignas, la lectura corporal, la curva de la sesión… me parecía sutil, pero su presencia me impedía la pertencia.
Me he sentido en muchas ocasiones autolimitada en mi expresión por cuestionar si mi apertura sería apropiada en el grupo de iniciantes, si mi danzar asustaría, si mi explicar sería rechazado por tanta sinceridad. Ay de mí!!!!!!!!! Al final de todo, sólo son limitaciones. Creía que esos cuestionamientos se debían a……… y son el mismo juego mental cansino que se muestra nuevamente para recordarme que no hay nada nuevo en el dudar y en el temer aunque el enfoque sea distinto, sigue siendo el patrón de «ser adecuada» que emerge como manifestación de la memoria colectiva que continua viva condicionando nuestras relaciones.
Pero ayer decidí expresarme desde la desnudez de mi alma y compartir en la rueda de intimidad verbal, mi sentir del momento con absoluta transparencia y decir a mis compañeras y compañeros de biodanza mi ultra-secreto. Lo hice sólo por la fidelidad de mi compromiso a obedecerme y aunque las dudas intentaban manipular mi expresión, mi verbo se manifestó – Soy escritora –dije y seguí el ritmo del tránsito. Mientras solté mi verdad sellada, las aguas de mi habitar se desbordaron y fui bendecida por ellas. Al terminar, ya no era la misma que entró por la puerta del aula durante varias sesiones sin saber cómo debía ser en un grupo de principiantes.
Dancé como no había conseguido hacerlo desde que inicié mi participación en el grupo. La cadencia de la sesión me invitó a ser la que soy y en la última rueda sentí que el pertenecer ya me había habitado. Me despedí del grupo sabiendo que el viernes que viene volveré a nuestro círculo de afectos sin la menor duda ya.
A raíz de mi Tesis en Biodanza titulada «Hablamos de Muerte«, he recibido un mensaje entrañable de una mujer que pronto se titulará como facilitadora de Biodanza y ella como yo, sintoniza con la estructura dual de nuestro mundo que nos recuerda que vivir es un convivir con el morir, que cuando hablamos de vida hablamos también de muerte, lo que es una manifestación más de la Ley de la Polaridad.
Cuando presenté mi intención de escribir sobre la muerte en mi tesis de Biodanza, me encontré con la frase de mi director de tesis que dijo «en Biodanza hablamos de vida». Justo entonces entendí que mi reto personal como aspirante a facilitadora era cuestionar porqué no se habla de muerte en nuestras aulas biodanzantes. Quise aportar mi visión integradora de la vida en la que yo he aprendido a vivir muriendo para permitir que la vida continue manifestándose en su estado natural evolutivo de constante movimiento. Si el morir no se integra en el vivir, el ciclo autopoyético del vivir consciente se colapsa hasta un nuevo morir donde el vivir siga manifestándose en su infinito ciclo autoreferenciado.
Las palabras son portales del conocer que abren, cierran y desvían el devenir de la vida. Ellas nos conducen por el entramado de la vida acompañándonos en nuestra danza cósmico-terrenal, facilitando y dificultando el encuentro con nuestra esencia primal. En Biodanza, conscientes de la importancia de la palabra, se insta a tomar mucha atención en el cómo de las consignas que presentan las vivencias propuestas en la onda sinusoidal de la sesión.
Una palabra es un universo en sí donde conviven pedacitos de verdades ajenas que toman forma en nuestra complejidad viviente condicionando nuestro relacionar-me con la vida. En ese convivir fragmentado se gestan nuestras locuras y corduras que van definiendo el «ser en la vida» y, aunque vivamos más en el morir que en el vivir, la vida sigue siendo protagonista.
Habitar la palabra es un viaje diferenciado que honra la singularidad del Yo Soy. Para mí, Biodanza es la posibilidad de danzar mi habitar donde las palabras se mezclan, se entrelazan tejiendo un entendimiento de mi Ser que va más allá del significado cuando se vuelve vivencia y es justo allí cuando puedo resignificar la vida que habito, la vida que soy, el Yo Soy.
Vida-muerte-vida es el círculo evolutivo que se repite sin fin justamente por su circularidad dinámica. Resignificar la muerte en nuestro vivir se hace imprescindible para trascender las barreras del conocimiento del vivir de otros y tejer el conocimiento del vivir singular, capaz de seguir expandiendo la vida en su dual complejidad.
Rolando Toro rescató dos palabras generadoras del universo dialogante para definir Biodanza como sistema de integración humana, reeducación afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida. La primera es poética y la segunda encuentro.
Como educador Rolando era consciente del poder de la palabra. Los antiguos sabios crearon palabras para definir la grandeza de la vida y plasmarla en sonoridad como recreación del basto océano de todas las posibilidades. Cada palabra emite un sonido una frecuencia que repercute en la red vibracional de la vida activando su movimiento y preparándola para dar forma mediante de la ley de la intencionalidad.
A lo largo de los tiempos y en el transcurso de los últimos miles de años, algunos personas instaladas en el mundo como dioses todopoderosos y dominadores de la raza humana, poseedores de grandes fortunas de dinero y poder suficiente para manipular el mundo a su antojo y servicio, han hecho uso de la palabra en beneficio de intereses privados y elitistas que condenan al ser humano a la abdicación de su voluntad y al engaño, tergiversando las verdades que nos hacen libres.
Pero Verdad no está sujeta a corrientes ni modas ni siquiera a Kronos ni a otra deidad. Verdad es río, afluente, corriente que fluye sin cesar desde la Fuente Infinita de donde todo fluye y emana, y de ahí bebió Rolando como tantas otras personas visionarias, para recordar la poética que surge del lugar de una misma donde el silencio es música y sabiduría es danza. Ante la poética, ¿qué hay más que decir, que objetar, que explicar?
Poética es la misma fuente donde todo es posible y permanece vivo, latente, pulsante.
Poética es parto de esencia de quietud donde la palabra surge por sí misma sin buscar qué decir.
Poética es el encuentro mismo de la vida, lenguaje del alma, sonidos de células que vibran en pos de la vida continuar por el constante murmullo de unidad.
Rolando sabía que la poética como el encuentro no tiene adversario ni conoce enemigo, no sabe de carencia ni posesión, desconoce el mecanismo del perdón porque es en sí misma en sí mismo pulsación de vida en flujo continuo de evolución.
Biodanza es Poética del Encuentro porque a través de música-movimiento-vivencia navegas por las fibras de la vida que te recuerdan en tu propia piel la belleza de vivir y existir, el placer de ser. Y ese encuentro con la vida transcurre junto a la otra, junto al otro, con la mirada de la que mira del que mira, con el gesto de la que siente del que siente, con el fluir del sinsentido hacia el encuentro de lo invisible que retorna el verdadero significado de humanidad y hace celebrar el momento presente más allá del pasado, presente.
No es poética, no es encuentro. Es poética del encuentro.
Con el tiempo he ido constatando que la meditación diaria, el compromiso de tomarme tiempo para cuidar mis pensamientos y alinearlos con propósito existencial, es fundamental para mantenerme consciente, despierta, atenta a ir verdaderamente por donde quiero seguir. No es fácil con tanto ruido fuera que se filtra sin percatarme.
Cuando me inicié en la práctica de la meditación diaria ignoraba el camino interior que me llevaría a recorrer, los escondrijos de mis mentiras, allí donde habitan las creencias instaladas como verdades, los conflictos que desencadenan acciones y reacciones, la constante práctica de error/acierto a la que debería dedicarme para aprender a vivir con mayor consciencia, y lo que queda.
En estos momentos el maestro Deepak Chopra está siendo un referente para mí para enfocarme en la realización de mis deseos más profundos. Una de mis dificultades reiteradas ha sido distinguir los detalles de lo que deseo realizar. Sï, ser feliz es un gran deseo general pero cómo ser feliz, qué propósito persigo para la felicidad, cómo defino los detalles de mi felicidad, qué es felicidad para mi.
Hoy me vuelven a sorprender las palabras y cómo inciden en nuestra consciencia. Desde hace muchos años vengo estudiando la Ley del Karma; han sido muchas lecturas de distintos enfoques y todas ellas me han enseñado y ayudado a configurar la comprensión de la Vida, pero nunca había escuchado la definición de la palabra sánscrita Kar (órgano de acción) Ma (Pensador), como toma consciente de decisiones.
Tomar consciencia de las decisiones de cada día, a cada instante, en las cosas más insignificantes que me pasan desapercibidas, es conquistar un poco más mi libertad. Plena consciencia en lo que escojo comer, en el manejo de mis finanzas, en la queja que se me escapa, el juicio y la crítica que aparecen sin darles permiso,… cosas que hasta ahora reconozco no he considerado con suficiente consciencia de creación y cocreación. Tal lo que hago, tal lo que recibo; acción/reacción, causa/efecto, … pero hoy Chopra ha abierto una ventana en mi despertar que me llena de aire fresco y me place saberme despierta y escoger tomar consciencia hoy y cada de todas las decisiones de mi vida. Hoy y cada día; este es el reto.
Cómo utilizamos las palabras puede abrir mares de comprensión que amplían horizontes conocidos y simplifican tareas. Conversar para comunicar verdades; decir para compartir lo que soy; dialogar para reverenciar la vida, parlamentar para ejercer la cocreación de la vida que queremos vivir.
En Barcelona desde hace más de un año, facilitadoras de Biodanza Sistema Rolando Toro nos reunimos cada mes para tejer vínculos. Este entrelazar surgió del deseo de unir intenciones, experiencias y sueños que llevaban en el tintero del tiempo una espera prolongada, solitaria, ausente, dolorosa, anudada y con enredos de colores para atender y desenredar.
Nuestra tribu está compuesta en la actualidad por dieciséis mujer-árbol que van aprendiendo a dar forma y contenido a un estilo de vida que nace de las profundas y recias raíces de la afectividad. Rolando Toro, el creador del sistema Biodanza, era un hombre-árbol que un día se empeñó en repoblar la tierra estéril del desamor y sembrarla de significados que recordaran la fertilidad del suelo humano. De eso hace más de 50 años y hoy hay centenares de campos sembrados de danza de la vida.
La Biodanza y la Educación Biocéntrica nos reúne en la tierra fértil de Espai Viu, uno de los asentamientos base de la nueva comunidad humana. Allí nos reunimos con la intención de escuchar el Silencio y dejar que su sabiduría guíe nuestros actos y acciones. A veces hay tanto ruido en nuestro interior que Silencio espera paciente a que se aquiete la mente ansiosa y se aposente en el regazo del corazón común para cantarnos verdades que emergen de la Tierra.
Así tejemos nuestra comunidad luna a luna, con hilos de humanidad. Somos mujeres-árbol provenientes de muchos lugares. Algunas somos descaradas, otras somos prudentes, las hay que somos quejosas, miedosas, ruidosas, charlatanas, llorosas, somos gordas, también las hay que somos flacas, deportistas, algunas somos ancianas, otras somos niñas y también las hay que somos jóvenes; somos críticas, también hay quien somos dudosas, otras somos poetas, otras somos coquetas. Todas somos mujeres-árbol que vivimos abrazando nuestros potenciales para ser, hacer y conseguir todo lo que podemos soñar. De a poquito aprendemos a realizar nuestros sueños porque soñar es tejer hilos de unión que reúnen atención e intención y ahí vamos. Juntas construimos para materializar nuestros más profundos deseos. Lo intentamos hacer en soledad pero no funciona, es inorgánico.
Somos mujeres-árbol. Días vendrán que la comunidad crecerá y juntas y juntos aprenderemos a tejer nuevas formas y diseñar nuevos modelos, a probar y jugar para crear nuestra hermosa y común realidad. No es ensoñación. Es sueño hecho realidad.
Gracias a la llamada que hizo mi amiga y facilitadora de Biodanza Elena Martín, a partir del viernes 9 de enero 2015, participo en el grupo regular de Biodanza para principiantes en Sant Cugat del Vallés, Barcelona. Es una hermosa manera de iniciar el año.
En la rueda de presentación, tras la invitación de Elena a presentarnos al grupo, no sabía qué decir respecto a porqué estaba allí. Tenía claro que mi papel en el grupo no es de facilitadora sino de participante y de alguna manera ese también era mi reto, ilusionado y consciente. ¿Cómo cuento desde modo «miembro de grupo regular de Biodanza para iniciantes» lo que siento después de sumergirme durante años en el papel de facilitadora? Desde hace tiempo que cuando participo en un grupo de Biodanza siempre es en grupo de profundización, radicalización de vivencia y con compañeras y compañeros facilitadores. Entiendo al principiante de Biodanza desde mi vivencia como facilitadora pero, ¿dónde está el recuerdo de mis inicios? Me sorprendió el olvido. Ya no soy la misma de entonces; no puedo recordar más que vagas sensaciones, así que me decido a compartir desde lo más simple de mi sentir y me sorprendo al decir que Biodanza es para mí el lugar donde yo soy sin más, sin palabras, con silencios que viven en la piel, en la mirada, en el adentro y están presentes porque no hay donde esconderlos. En Biodanza soy. No tengo que ser. Y agradecí en voz alta la presencia de hombres en la sesión porque la vida danza en energías complementarías y es así como entrelazamos saberes y maneras de hacer que conforman nuestra vivencia de comunidad. (…) Breve silencio en el que creo percibir en los tres hombres presentes una sutil relajación muscular que me agrada; cara y hombros descansan en el reconocimiento, y las mujeres respiran con ligera profundidad añadida. Mi piel sonríe por vibrar en la sintonía de la gratitud. Esa percepción es fruto de mi ser facilitadora de Biodanza.
La propuesta de la sesión era Potenciar la Luz interior de cada una. Todos los grupos del colectivo BiodanzaYa habían acordado que en las primera sesiones que se impartieran en el inicio del 2015, danzaran la misma invitación. Nuestro grupo se unió y fuimos conducidos por Elena hacia la vivencia compartida del «Bautismo de Luz», como ejercicio central de la sesión.
Dancé sin ocuparme de nada más que de estar presente, atenta al placer, la autoregulación, la progresividad en el encuentro. No había música que subir ni bajar de volúmen, ni consignas que formular, ni luces que apagar, ni muestras de ejercicios que ofrecer; estaba libre experimentando el gusto de participar en un grupo de principiantes.
Me sabe distinto danzar con iniciantes sin el rol de facilitadora. Ha sido como descubrir un nuevo matiz en el tallo de la flor que nace, o un tono más hermoso en los pétalos de la flor. Tenía tiempo para saborear la presencia del otro, disfrutarla y acercarme a la misma distancia del principiante. Cuando facilito Biodanza observo desde mi rol de facilitadora detalles en miradas, gestos, corporeidad que me dan pistas para forjar la siguiente sesión, siguiendo hilos conductores que provienen de las tensiones, rigidez y dificultad de expresarse de los participantes. Nada de eso estaba presente. Yo danzaba sólo y aún percibiendo la tensión muscular del compañero o compañera que danzaba conmigo, sólo me ocupaba de sincronizarnos armónicamente y disfrutar sin más.
Aprecié torpeza de gestos, rigidez muscular, miradas vergonzosas, risas controladas, y la progresiva relajación de cara y hombros, manos y pecho que provoca la cadencia de la curva de Biodanza a lo largo de toda la sesión. Noté temblor en las manos y sudación en las palmas, miradas fugaces que se fueron sosegando ejercicio a ejercicio, y yo, me sentía libre de sentir.
¡Cuánto bien que me ha hecho la Biodanza en mi vida!!!! Seguramente yo también andaba con múltiples corazas en mis inicios. Ya no me acuerdo de eso; tengo tanto amor en la piel, tantas miradas, caricias, risas, llantos, tanta presencia, juego y diversión vividos en Biodanza, que no hay rastro ya de miedo a vivir. Me siento merecedora, digna, apropiada, vista y mirada tal y como soy. Ya no quedan indicios de vergüenza de sentir lo que siento, de esperar la aprobación del otro u otra para sentirme adecuada. Biodanza ha calado en mi ser a través de las células de mi organismo y ha absorbido las capas de desamor que arrastraba mi ser. Mi piel transpira libre, tranquila, sin expectativas, ausente de miedo, repleta de afecto, gracias a todas y cada una de las personas que componen mi canción.
Hoy puedo cantar sin miedo a desafinar, reír a carcajadas con la boca abierta y el corazón de par en par. Siento, me siento, alrededor y dentro, acunada por el latido de los corazones que componen el círculo de Biodanza.