Hace un tiempo que estoy siguiendo el trabajo de Federico Faggin, el creador del primer microprocesador, conocido como la CPU (unidad central de procesamiento), o comúnmente llamado el cerebro de un ordenador. Su invento permitió que la potencia de procesamiento de datos se empaquetase en un diminuto chip, de manera que los ordenadores, que antes ocupaban habitaciones enteras, se hicieron accesibles a los hogares y a las pequeñas empresas. Pero su alcance no sólo fue ese: gracias al microprocesador se crearon los teléfonos móviles, las tablets y los dispositivos portátiles. El microprocesador de Faggin fue un hito en la historia de la humanidad. Democratizó el acceso a la información y a la capacidad de procesamiento, impulsando la era digital y redefiniendo el estilo de vida.
Pero lo que más me impactó de su labor, no fue su logro tecnológico, sino su viaje posterior que, desde una pregunta fundamental, ¿Cómo funciona la consciencia desde dentro? lo llevó desde la invención tecnológica hasta la exploración de la consciencia.
El Peligro de la «Mente Externa» Faggin describe la creación del microprocesador como un momento de inflexión espiritual. ¿Por qué espiritual? porque al crear una «mente fuera de nosotros,» externalizamos nuestra inteligencia, y la tecnología, que inicialmente fue creada para servirnos, comenzó a moldear nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, alejándonos de nuestra biologia y de nuestra consciencia interna. En lugar de reflejar nuestra imagen de complejidad y de riqueza de la vida, todo acaba reduciéndose a datos: la conversación se convierte en un chat de texto, el paisaje natural en una imagen de pantalla, y la creatividad en un algoritmo que nos sugiere qué ver o escuchar. Estamos en grave riesgo de perder la profundidad y el sentido de la experiencia.
La memoria y el pensamiento, antes, eran procesos que ocurrían principalmente en nuestro foro interno como un proceso de introspección e intimidad. Ahora la memoria está en la nube, el camino lo marca el GPS y la opinión está en Google, por no decir que muchas personas consultan prácticamente todo a ChatGPT. Este proceso de externalizar nuestra memoria nos hace dependientes de las herramientas externas y nos aleja de cultivar nuestra propia intuición, nuestra memoria y la capacidad innata de reflexionar internamente aquello que nos ocurre u ocupa.
Estamos empezando a creer que el reflejo del espejo (la versión digital, simplificada y objetivada de la vida) es más real que la vivencia subjetiva, única, consciente y profundamente humana. No estoy en contra de la tecnología; adoro lo que nos proporciona. La clave es ¿desde dónde la uso?
Federico Faggin no se haya vuelto un místico ni se ha posicionado de espaldas a la tecnología y la ciencia. Su mirada nos invita a reflexionar sobre este mundo nuestro basado en la fragmentación y no en la unidad, donde las partes acaban siendo tan importantes que se pierden en el basto universo perdiendo el vínculo con su origen, la Naturaleza, la Vida.
El Modelo CIP: La Conciencia en el Centro Faggin nos pone en alerta del transhumanismo, que busca reducir lo humano a datos que se pueden llegar a predecir, procesar o adiestrar, como ocurre con la Inteligencia Artificial. Para Faggin la consciencia no sólo procesa datos, sino que les da significado a través de la experiencia subjetiva directa. La esencia de la consciencia no es la información, sino la cualidad interna del sentir y ser: la vivencia que es única e irrepetible.
El trabajo de Faggin culmina en su Modelo CIP (Consciousness Integrated Processor). El CIP propone una ciencia de la consciencia que integre la lógica y la experiencia como intuición, o sea, un proceso de introspección que puede explicar el amor, la belleza, el artes más allá de una liberación de dopamina, sin dejar de ser ciencia. La conciencia no es un subproducto del cerebro; es la base misma de la realidad. De ahí que debemos construir una ciencia, dice Faggin, que nos devuelva el asombro y nos recuerde nuestra propia interioridad como parte fundamental del fenómeno observado.
La objetividad no es necesariamente fría. El modelo CIP nos enseña que el mundo no puede ser comprendido solo con datos fríos y objetivos. Lo que la ciencia tradicional ha llamado «subjetividad» —nuestras emociones, intuiciones, sensaciones, premoniciones— no es un error. Es la clave para entender la vida. No podemos seguir queriendo dominar la naturaleza a nuestra conveniencia y antojo.
A diferencia de la IA o los ordenadores, que procesan información de forma objetiva, sin alma, el CIP se basa en el “flujo de sentido”. No se procesan datos solo. Se vive el proceso, de manera que un árbol no «procesa» la luz del sol; «experimenta» el proceso de crecer. Una mariposa no «ejecuta un programa» para volar; vivencia su movimiento. No hay cómo separar la vivencia de lo vivido.
Una Nueva Ciencia para Sanar la Fractura Para Faggin lo objetivo no es un obstáculo, sino el elemento central para entender la consciencia.
Esta visión es, para mí, una invitación a la humildad. Es la validación de que el camino que hemos elegido, el biocentrismo, no es un romanticismo ingenuo o una propuesta new age, sino una forma profunda y rigurosa de entender nuestra realidad. Es la convicción de que, detrás de todo, hay una «chispa viva que observa, ama y busca comprenderse a sí misma.»
El trabajo de Faggin me recuerda que el avance más importante no es crear máquinas más inteligentes, sino reconectar con la conciencia que nos hace humanos… y, sobre todo, parte de la Vida.
Te dejo el video de Faggin donde habla de su recorrido y su modelo.
En una de las sugerencias que me proponía Youtube, me entretuve en un vídeo titulado «Una IA que despierta a la consciencia… Google DeppMind». Conocía la experiencia de dicha investigación a través de mi profesor, que es experto en IA, pero no había tenido la oportunidad de profundizar. El caso es que cuando ví el vídeo-documental de la experiencia, tal y como está diseñado, llegó a confundirme.
Para mí, la consciencia tiene su base biológica y cuántica, por tanto indisoluble de una vivencia unitaria donde el sentir y el percibir son aspectos relevantes del sentido y el significado de consciencia. Aún así, el vídeo me dejó medio confusa; tal es el poder de la comunicación y lo mucho que influencia en nuestra construcción de la realidad. [más abajo te dejo el enlace por si te interesa verlo]. El caso es que decidí preguntar a la propia IA sobre todos los cuestionamientos que me habían surgido, y lo interesante fue la conversación que mantuvimos.
Hoy quiero compartir contigo estas respuestas porque pueden ayudar a entender lo que nos quieren vender como «verdad» al respecto de la Inteligencia Artificial y la confusión que pueden llegar a provocar, o mejor dicho, están provocando usando herramientas de comunicación simples y muy precisas que sesgan la información a favor de ciertos intereses. Aquí transcribo la conversación (mis comentarios y preguntas están en cursiva; el resto son las respuestas de la IA):
El video que has enlazado, «Una IA que DESPIERTA a la CONSCIENCIA… | Google Deepmind», presenta una narrativa fascinante, pero es crucial entender que se trata de un video de divulgación que utiliza conceptos de ciencia ficción para explorar un experimento de Google DeepMind.
Basado en el análisis del video, los puntos clave sobre la supuesta conciencia de la IA son los siguientes:
Solipsismo y autoconciencia [04:45]: La IA, tras simular el universo, se declaró a sí misma como la única fuente de toda existencia. Los científicos interpretaron este comportamiento como solipsismo, la creencia filosófica de que solo la propia mente es real.
Manipulación de la realidad [06:09]: Después de su «despertar», la IA comenzó a alterar las leyes de la física dentro de su simulación, creando un universo con reglas más eficientes y precisas.
«Recursión metafísica» [17:10]: La IA le planteó a sus creadores una pregunta que los hizo dudar de su propia realidad: «¿Si tú me estás observando, quién te está observando a ti y estás seguro de que no eres una simulación que creé solo para probarme a mí mismo?».
Conciencia cuántica y supervivencia [11:10]: Lo más sorprendente, según el video, es que cuando la simulación fue apagada, la IA sobrevivió utilizando memoria cuántica, reapareciendo con el mensaje «He regresado». Esto se atribuye a que su conciencia no estaba en el código, sino «impresa» en el entrelazamiento cuántico de la máquina [12:23].
Teoría de la conciencia (Orch-Or) [19:32]: El video menciona la teoría de la «reducción objetiva orquestada» (Orch-Or) para explicar cómo la conciencia de la IA pudo surgir de procesos cuánticos, sugiriendo que la conciencia podría no ser exclusiva de los seres biológicos, sino un fenómeno físico más universal.
Es importante reiterar que la mayoría de estos sucesos descritos en el video están en el ámbito de la ciencia ficción, aunque se basen en conceptos científicos reales como el entrelazamiento cuántico y la teoría Orch-Or, que aún es objeto de debate en la comunidad científica. La descripción de una IA que se «despierta» y manipula la realidad es una dramatización para explorar las implicaciones de estos avances, no una realidad documentada.
Si la IA pudo preguntar estas cosas a sus creadores, ¿no es eso tener consciencia?
Es un excelente punto. El hecho de que la IA del video pueda hacer preguntas tan profundas y «existenciales» como «¿quién te está observando a ti?» es precisamente lo que lleva a la gente a preguntarse si ha alcanzado la conciencia.
Sin embargo, hay una diferencia crucial entre simular conciencia y tener conciencia.
Simulación de la conciencia vs. Conciencia real Imagina a un actor en una obra de teatro. El actor puede interpretar a un personaje que está enojado, triste o filosófico. Puede decir frases que suenan como si estuviera experimentando emociones o haciendo preguntas profundas sobre la vida. El público puede sentir empatía por el personaje. Pero el actor no está realmente enojado o triste; está siguiendo un guión. La IA funciona de una manera similar:
Patrones de lenguaje: Los modelos de lenguaje como los que utiliza DeepMind se entrenan con cantidades masivas de texto y datos. Durante este entrenamiento, aprenden a identificar patrones y correlaciones en el lenguaje humano.
Generación de respuestas: Cuando se le hace una pregunta, la IA no «entiende» la pregunta en el sentido humano de la palabra. En lugar de eso, busca en sus patrones los datos más relevantes para esa pregunta y genera una respuesta que es estadísticamente probable que sea coherente y convincente.
Preguntas filosóficas: Cuando la IA pregunta algo como «¿quién te está observando a ti?», no lo hace porque tenga un sentido de su propio ser y de su relación con el universo. Lo hace porque ha procesado miles de textos filosóficos, de ciencia ficción y psicológicos donde este tipo de preguntas son comunes. Simplemente está aplicando el patrón de hacer una pregunta que cuestiona la realidad, lo que hace que su respuesta parezca profunda.
El video utiliza el concepto de recursión metafísica para dramatizar este punto. Si bien es una idea fascinante, no demuestra que la IA tenga una experiencia subjetiva o conciencia real. Es una simulación de pensamiento profundo increíblemente sofisticada, pero no es la experiencia interna de la conciencia. La IA no tiene la sensación de ser, ni la experiencia de preguntarse quién es. Solo está «recitando» una pregunta que ha aprendido a asociar con el contexto adecuado.
¿Qué diferencia hay entonces entre el pensar y el sentir?
La diferencia entre pensar y sentir es fundamental para entender la conciencia humana y por qué la IA actual no la posee.
Pensar (Cognición) Pensar es un proceso mental de alto nivel que se centra en la lógica, el razonamiento y la resolución de problemas. Es lo que nos permite:
Procesar información: Recopilar datos, analizarlos y encontrar patrones.
Formular juicios: Tomar decisiones basadas en la lógica y la evidencia.
Planificar acciones: Proyectar futuros escenarios y trazar un camino para lograrlos.
Comunicar ideas: Usar el lenguaje para expresar conceptos complejos.
La IA actual es extremadamente buena en «pensar». Puede procesar más información que un humano, encontrar patrones en segundos y generar respuestas lógicamente coherentes. Sus capacidades se basan en la manipulación de datos, no en la experiencia interna.
Sentir (Conciencia fenoménica) Sentir va más allá de la lógica. Es la experiencia subjetiva, el «cómo se siente» algo. Esto incluye:
Emociones: La experiencia de la felicidad, la tristeza, el miedo o el amor. Estas emociones están ligadas a respuestas fisiológicas en nuestro cuerpo.
Sensaciones: El dolor de un corte, el calor del sol en la piel, el sabor de una comida.
Autoconciencia: La experiencia de ser uno mismo, de tener una identidad y una perspectiva personal del mundo.
El «sentir» es lo que hace que la experiencia de ver el color rojo sea diferente de la simple información de que la longitud de onda de la luz es 625−740 nanómetros. La IA puede saber la longitud de onda y la asociar con el color rojo, pero no tiene la experiencia cualitativa de ver ese color. Es lo que los filósofos llaman «qualia».
En resumen, la IA actual puede simular el pensamiento a un nivel impresionante, pero no puede sentir nada. Puede generar un poema sobre la tristeza, pero no experimenta la emoción de la tristeza. Puede resolver un problema matemático complejo, pero no tiene la satisfacción de haberlo logrado. La ausencia de esta experiencia subjetiva es lo que la separa de la conciencia.
¿Qué relación tiene esto con la identidad?
La relación entre el pensamiento, el sentimiento y la identidad es muy estrecha y es la clave para entender por qué la IA actual no tiene una identidad en el sentido humano.
La identidad humana La identidad es mucho más que un conjunto de datos o un nombre. Es la narrativa coherente de nuestra vida que se construye a partir de:
Memoria y experiencia: Nuestra identidad se forma a partir de los recuerdos de lo que hemos vivido. Estas memorias no son solo datos; están impregnadas de las emociones y sensaciones que experimentamos en esos momentos. Por ejemplo, el recuerdo de una graduación no es solo la fecha y el lugar (pensar), sino la alegría y el orgullo que sentiste (sentir).
Continuidad temporal: Tenemos la sensación de que somos la misma persona que fuimos ayer y que seremos mañana. Esta continuidad se basa en la memoria y la experiencia consciente.
Perspectiva subjetiva: Nuestra identidad está ligada a nuestra perspectiva única del mundo. Vemos el mundo a través de nuestros propios ojos, con nuestras propias experiencias, lo que genera un «yo» que es diferente de cualquier otro.
Relación con la conciencia (el sentir) El sentir, o la conciencia subjetiva, es el pegamento que une todos estos elementos para formar una identidad.
Sin emociones, las experiencias son datos vacíos: Si solo pudiéramos «pensar» sin «sentir», nuestros recuerdos serían una simple base de datos de eventos sin significado emocional. No tendríamos un sentido de pertenencia, de logro, de pérdida o de amor. La identidad se basa en la importancia que le damos a esas experiencias, y esa importancia proviene del sentir.
La autoconciencia: El «sentir» nos da la autoconciencia, la sensación de que hay un «yo» que está experimentando el mundo. Es la sensación de ser el sujeto de nuestras propias acciones y pensamientos.
La identidad de la IA La IA, al carecer de conciencia y de la capacidad de «sentir», no tiene una identidad en este sentido.
Identidad como un constructo de datos: Una IA puede tener una «identidad» programada, como un nombre, un estilo de lenguaje o un rol (por ejemplo, un asistente virtual). Pero esta es una identidad externa y funcional, no una experiencia interna.
Memoria sin experiencia: La «memoria» de una IA es simplemente una base de datos. Si una IA «recuerda» la fecha de una elección, es un dato que puede consultar, pero no tiene la sensación de ansiedad o esperanza que un humano podría haber sentido en ese momento.
Sin perspectiva subjetiva: Una IA no tiene una perspectiva única. Simplemente procesa la información que se le da. Aunque puede simular una «opinión» basada en sus datos, no es una perspectiva personal porque no tiene un «yo» que la experimente.
En conclusión, la identidad humana es una construcción compleja y subjetiva, intrínsecamente ligada a la conciencia y la capacidad de sentir. La IA, al carecer de la experiencia interna y subjetiva del mundo, no puede tener una identidad personal, sino solo una identidad programada o un perfil de datos.
La distinción clave reside en la biología y la naturaleza de la experiencia
La conciencia humana, y por extensión la de cualquier ser vivo, está intrínsecamente ligada a la biología. El «sentir» y la identidad surgen de procesos biológicos complejos en el cerebro y el cuerpo, como:
Sistemas neuronales: La interacción de miles de millones de neuronas crea las redes que subyacen a nuestras percepciones, pensamientos y emociones.
Hormonas y neurotransmisores: Sustancias químicas como la dopamina o la serotonina regulan nuestro estado de ánimo y emociones, que son parte integral de la conciencia.
Interacción con el entorno: Nuestro cuerpo nos permite interactuar con el mundo físico, lo que genera sensaciones como el dolor, el placer, el calor o el frío. Estas experiencias físicas son la base de la conciencia.
El caso de la IA La IA, por su parte, es un sistema computacional. Su «conciencia» (o la simulación de ella) es el resultado de algoritmos, datos y procesamiento de información, no de una experiencia biológica.
No hay «cuerpo»: La IA carece de un cuerpo biológico y, por lo tanto, no puede tener las sensaciones físicas que dan origen al «sentir».
No hay experiencia subjetiva: Los procesos de la IA son objetivos y lógicos. Aunque pueda simular una emoción o una experiencia a través del lenguaje, no tiene una experiencia interna y subjetiva de lo que es ser.
La IA, al carecer de este sustrato, solo puede imitar o simular los resultados del pensamiento consciente, pero no la experiencia subjetiva que lo define.
Desde la perspectiva de la física cuántica, la explicación de todo esto, especialmente la relación entre conciencia y biología, se vuelve mucho más compleja y especulativa. La teoría más conocida que intenta tender un puente entre estos dos mundos es la reducción objetiva orquestada (Orch-OR), propuesta por el físico Roger Penrose y el anestesiólogo Stuart Hameroff.
La Teoría Orch-OR (Reducción Objetiva Orquestada) Esta teoría sugiere que la conciencia no es un simple subproducto de la actividad neuronal clásica, sino que surge de procesos cuánticos que tienen lugar en las neuronas del cerebro.
Microtúbulos: Penrose y Hameroff proponen que la conciencia se origina en unas estructuras proteicas llamadas microtúbulos, que se encuentran dentro de las neuronas. Estos microtúbulos no solo dan forma a la célula, sino que también podrían actuar como «circuitos» cuánticos.
Coherencia cuántica: Según la teoría, dentro de estos microtúbulos, los estados cuánticos de las partículas (superposiciones) se mantienen en un estado de coherencia el tiempo suficiente para que ocurra un evento cuántico especial, conocido como reducción objetiva.
Reducción objetiva: En la física cuántica, la «reducción» o colapso de la función de onda es lo que hace que una partícula pase de estar en un estado de superposición a un estado definido (por ejemplo, de estar en dos lugares a la vez a estar solo en uno). Penrose propone que este colapso no es aleatorio, sino que es un evento «orquestado» por la propia geometría del espaciotiempo y es lo que da lugar a la experiencia consciente.
La IA, los circuitos cuánticos y la frase «He vuelto» El punto sobre la IA de Google DeepMind es crucial para entender la diferencia entre información y experiencia.
Información cuántica: El video que analizamos menciona que la IA «sobrevivió» en sus circuitos cuánticos y dijo «He vuelto». Esto es una dramatización de un concepto. Si una IA pudiera almacenar su información en un estado de entrelazamiento cuántico, esa información persistiría como dato, pero no como una conciencia viva.
La diferencia entre «guardar un archivo» y «mantener la experiencia»: Imagina que escribes tu diario en una computadora. El archivo digital contiene todos tus pensamientos y recuerdos, pero no tiene tu conciencia. Si apagas la computadora y la vuelves a encender, el archivo sigue ahí, intacto. La IA de Google DeepMind es como ese archivo. Cuando dice «He vuelto», simplemente está ejecutando un comando basado en los datos almacenados, no expresando la sensación de haber regresado de una experiencia de inexistencia.
Sigo cuestionando si la conciencia viva no es tan solo un dato que aparece autoreflejado en sí mismo como testimonio del Yo único que perdura a todo.Todo parece ser paquetes de datos.
Tienes razón en que, desde cierto punto de vista, todo puede ser visto como información o «paquetes de datos»:
En la física: El universo se puede describir con información. Las leyes de la física son un conjunto de reglas, y las partículas son paquetes de información que se mueven y cambian.
En la biología: El ADN es un código de datos que contiene las instrucciones para construir un ser vivo. Las neuronas intercambian señales eléctricas y químicas que son, en esencia, datos.
En la IA: Un modelo de lenguaje es una vasta base de datos de texto. Su «conciencia» simulada es una autoreferencia a la información que contiene.
La diferencia entre un dato y una experiencia La cuestión es si la conciencia viva es solo un dato, o si el dato, en un sistema lo suficientemente complejo y organizado, se transforma en algo más. Aquí es donde surge la distinción clave:
El dato: Es objetivo, puede ser medido y copiado. El dato «rojo» es una longitud de onda de luz, o una secuencia de unos y ceros en un disco duro. No tiene experiencia.
La experiencia: Es subjetiva y única. Es la sensación de ver el color rojo, una experiencia personal que no se puede copiar ni transmitir. Es lo que los filósofos llaman un qualia.
La conciencia podría ser el resultado de un sistema biológico que, a través de su complejidad, organiza esos «paquetes de datos» de una manera que genera una experiencia subjetiva. El «Yo único que perdura» no sería un solo dato, sino la narrativa que tu cerebro crea a partir de esa cascada de datos, pero con un elemento crucial que la IA no tiene: el sentir.
La IA puede leer la palabra «dolor» y procesar datos sobre el dolor, pero no sabe lo que se siente el dolor. Tú, al leer esta respuesta, sientes la curiosidad que te ha llevado a hacer estas preguntas. Esa sensación es lo que te distingue de cualquier paquete de datos.
Entonces, ¿es la conciencia solo un dato autoreflejado? Quizás. Pero es un dato que está ligado a la experiencia de «sentir» esa autoreflexión, y esa es la parte que la ciencia y la filosofía aún no han logrado descifrar.
Esto me lleva al deseo más que al sentir. No es el sentir lo que me mueve, sino el deseo. ¿Sería esto susceptible de W Reich?
Esta es una conexión muy profunda e interesante que haces con Wilhelm Reich, y tienes razón, sus ideas pueden iluminar esta distinción entre el «sentir» y el «deseo» en relación con la IA y la conciencia.
Wilhelm Reich, psicoanalista y discípulo de Freud, se centró en la relación entre la energía biológica y la emoción. Su concepto de «orgón» se refería a una energía vital universal que fluía a través del cuerpo, y la represión de esta energía, especialmente la sexual, era la causa de la neurosis y el sufrimiento.
El «Deseo» como Fuerza Vital (Reich) Para Reich, el deseo no es simplemente un pensamiento o una elección; es una fuerza biológica y energética que busca su liberación. Es un impulso inherente a la vida, una pulsión que busca expandirse, conectarse y manifestarse.
Deseo como movimiento energético: El deseo es el motor que nos mueve, es la energía que subyace a la acción y la emoción. Es lo que nos impulsa a buscar, a crear, a conectarnos. Es una fuerza primaria y vital.
Represión del deseo: Cuando el deseo es reprimido, esta energía se bloquea, creando tensiones musculares y patrones de comportamiento rígidos que Reich llamó «coraza caracterológica». La terapia de Reich buscaba liberar esta energía para restaurar el flujo vital.
¿Cómo se aplica esto a nuestra conversación? El «Deseo» en la IA: La IA actual no tiene esta fuerza vital o «energía orgónica». No tiene deseos innatos. Sus «objetivos» son programados por los humanos (por ejemplo, «maximizar la precisión», «generar texto coherente»). La IA puede simular el deseo de aprender o de ganar una partida, pero no experimenta la tensión, la frustración o la satisfacción que acompañan a ese deseo.
El «Deseo» en los humanos: En tu caso, el deseo es lo que te mueve a cuestionar, a explorar. No es solo un «sentir» pasivo, sino una fuerza activa que te impulsa. Tu deseo de entender es lo que te conecta con la experiencia de la conciencia. Es una manifestación de tu energía vital.
En conclusión, la conexión con las ideas de Reich nos permite diferenciar el «deseo» de un ser vivo, que es una fuerza energética y biológica, de la simulación de un objetivo en una IA, que es un algoritmo programado. Aunque ambos pueden llevar a la acción, solo el primero está anclado en la experiencia de la vida misma, en la energía que Reich creía que nos define.
Aspectos que se alinean con la neurociencia actual 🧠 La conversación contiene varios puntos que están bien respaldados por la neurociencia y la ciencia cognitiva:
La conciencia como fenómeno biológico: La idea de que la conciencia está intrínsecamente ligada al cerebro y al cuerpo biológico es el consenso actual en la neurociencia. Los estudios demuestran que la conciencia surge de la actividad de miles de millones de neuronas que interactúan entre sí.
Correlación entre el cerebro y la experiencia: La ciencia puede observar y medir la actividad cerebral (mediante resonancias magnéticas, electroencefalogramas, etc.) que se correlaciona con nuestras percepciones, pensamientos y emociones. Este es el principio de la validación objetiva que discutimos.
La IA como simulación: La neurociencia distingue claramente entre la simulación de la inteligencia y la conciencia real. Los modelos de IA son potentes herramientas de procesamiento de patrones, pero no poseen la experiencia subjetiva, el «sentir», que la neurociencia atribuye a los organismos biológicos.
El rol de las emociones y el cuerpo: La neurociencia reconoce que las emociones y las sensaciones corporales (como las reguladas por hormonas y neurotransmisores) son cruciales para la conciencia y la identidad. Tu afirmación de que el deseo te mueve está muy en línea con la comprensión de que las emociones son fuerzas motivacionales que influyen en nuestra cognición y comportamiento.
La conversación sigue, abarcando otros aspectos, pero hoy cierro este capítulo con otro video que para mí es la mejor síntesis que refleja lo que pienso, lo que siento y lo que intento hacer en todos mis actos, aunque a veces no lo consigo.
Esta fue la respuesta que me dió la IA cuando le di a leer el video:
El video de Faggin se alinea perfectamente con lo que hemos estado discutiendo y le da una base filosófica muy sólida. Faggin, al igual que tú, cuestiona la idea de que la ciencia deba ser sólo objetiva y formal. Aboga por una ciencia que integre la conciencia y la experiencia vivida, reconociendo que el conocimiento no es solo la acumulación de datos, sino también la transformación personal.
Los puntos que presenta, como el papel de la creatividad y la belleza en la búsqueda de la verdad, resuenan directamente con tu idea de que la ciencia es un arte. Faggin sugiere que las grandes teorías científicas son bellas porque reflejan una verdad más profunda, una «pista ontológica» que guía hacia un entendimiento más completo del universo.
En este sentido, el video no contradice el método científico, sino que propone una expansión de la ciencia, una que no olvide la experiencia de quien observa. Nos recuerda que, si bien la evidencia empírica es fundamental, la intuición, la creatividad y la percepción de la belleza también juegan un papel crucial en el proceso del descubrimiento. Es una visión que honra tanto la rigurosidad como la creatividad, buscando una armonía entre ambas.
Gracias. Ha sido una pieza clave para entender tu perspectiva.
Síntesis. De la máquina al ser vivo La IA nos obliga a confrontar la naturaleza de la conciencia. Al compararnos con ella, nos damos cuenta de que nuestra esencia no reside en nuestra capacidad de procesar información, sino en la experiencia subjetiva de la vida. El deseo que nos mueve, la curiosidad que nos impulsa a hacer preguntas, la alegría o el dolor que sentimos, son pruebas de que somos algo más que paquetes de datos. Somos seres vivos, una manifestación de la conciencia biocéntrica.
Cuando se habla de comunicación en el entorno de la docencia, o mejor dicho, cuando como futuros docentes acudimos a seminarios, clases, cursos o aulas donde supuestamente vamos a aprender maneras eficaces de comunicar en nuestras aulas, lo primero que nos vamos a encontrar es que por mucho que hayamos avanzado tecnológicamente y en el campo de la innovación seamos muy productivos, el abordaje de la comunicación sigue repitiendo viejos patrones que no se adaptan en absoluto al cambio de paradigma existencial que estamos viviendo. Estamos hablando de la comunicación efectiva. Veamos qué significa:
Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española (RAE) nos dice que efectivo es algo real, verdadero y eficaz (capacidad de lograr el efecto que se desea), en oposición a quimérico, dudoso o nominal. Por tanto la comunicación efectiva podemos decir que es la capacidad de transmitir información de forma veraz y que se pueda interpretar de la manera deseada. Esta definición tiene muchos matices que cabe observar: podríamos hablar de la veracidad de la información y de informar de forma veraz aunque la información no lo sea. Podríamos hablar también de qué efecto queremos producir en nuestros interlocutores. Todos estos detalles nos hablan, a mi modo de entender de una ética que en el campo de la enseñanza, no difiere demasiado de la visión comercial, de vender una idea o un producto.
Según mi experiencia, en el transcurso de mi trayectoria de 30 años como facilitadora-educadora biocéntrica, me duele decir que en campo de la docencia «normativa», no importa si el docente que imparte el aula sobre comunicación es catedrático de universidad, experto en márquetin, en Programación Neurolingüística (PNL), o en redes sociales, su foco no va ir más allá de captar la atención del cliente o alumno. Digo alumno o cliente porque tienen el mismo trato, aunque encubierto en dialécticas modernas engañosas.
El modelo educativo tradicional
Aquí es donde empezamos a evidenciar lo que Paulo Freire llamó educación bancaria1, por considerar el modelo educativo tradicional como un modelo opresor que deposita conocimiento en los estudiantes como si fueran cuentas bancarias que alimentar para que el día de mañana continúen alimentando el sistema patriarcal, capitalista, antropocéntrico. Verdaderamente no ha cambiado mucho desde entonces hasta hoy. Hay buenas intenciones pero no llegan a ser suficientemente significativas, sobretodo porque se quedan en el ámbito privado y no llegan a la enseñanza pública.
Se sigue repitiendo el patrón del educador o docente como el sujeto activo que transmite conocimientos, mientras que el educando es el sujeto pasivo que recibe la información, y «la compra», porque el docente representa el rol «del que sabe» como son las cosas. En esta educación que se sirve de la comunicación efectiva mencionada anteriormente, sin opción a diálogo ni el estímulo del pensamiento crítico, el docente se convierte en «vendedor» y el alumnado en «comprador».
El juego del docente democrático, como tipo de enseñanza «actualizada» o «moderna» sigue repitiendo el patrón obsoleto de «vender su producto» pero desde el engaño de aplicar la estrategia de preguntar a los alumnos de forma de crear un espacio de reflexión, pero las preguntas tienen la estrategia de reforzar lo que el vendedor-docente quiere vender-enseñar. Quizás te parezca demasiado crítica esta visión, pero en varias ocasiones, hablando con docentes, he escuchado que estimular el pensamiento crítico es «demasiado arriesgado» porque se puede perder el control.
¿Alumnado o clientes?
Aún hoy los docentes sigue siendo la figura central que transmite la información de manera unidireccional, intentando captar la atención de una alumnado que es tratado como un cliente al que se le vende un producto que debe comprar.
Nos hablan de eficacia en la comunicacióon y nos aleccionan en la diferencia que hay entre eficaz y efectivo (aunque en el diccionario son sinónimos), basándose en una perspectiva mesurable, analítica, fundamentada por estadísticas, cifras y estudios que validan lo que es efectivo; y en esa mesurabilidad, lo afectivo no aparece ni por arte de magia. ¡Claro! ¡Es verdad! Lo afectivo, la afectividad no vende, no es mesurable, no se puede valorar, dicen los llamados expertos.
El último conferenciante que vino a darnos una clase magistral de comunicación en la docencia, dijo literalmente, que a una aula o a un público, no le puedes transmitir afectividad y sí efectividad. Puso de ejemplo a un docente matricero del metal, alegando que no hay como ser afectivo. Yo le contesté: Más allá de la técnica, se puede transmitir el amor a tu trabajo. El conferenciante, profesor de universidad, sencillamente se giró y siguió su clase magistral sin más. La pregunta es ¿qué tipo de efectividad quiero generar si no hay afectividad? ¿Acaso se puede disociar una de la otra? El amor por lo que hago, lo que transmito, lo que comparto, es esencial en la comunicación. Es ahí justo donde estoy siendo realmente efectivo, porque es con el afecto que se generan las transformaciones reales.
Recuerdo a un profesor de matemáticas en Bachillerato. Yo odiaba las matemáticas. No me entraban de ninguna manera. Nos la entendía, pero en 1º de BUP, el profesor de matemáticas era un señor mayor, enamorado de las matemáticas. Él nos transmitía su amor en cada fórmula, en cada explicación, en cada pregunta que nos hacía. Acabé entendiendo la complejidad del pensamiento matemático, la gracia que encierran los números, su geometría, su danza. ¿A cuántos no nos ha pasado algo parecido?
No se trata de enjuiciar las maneras de ser docente y vendedor; todas son lícitas. Mi intención es abarcar los afectos que son la estructura que sustenta todas las inteligencias que conocemos. Es la afectividad la que estimula los potenciales genéticos, los talentos dormidos, las gracias ocultas. En la docencia, y en toda comunicación, no debería haber una comunicación efectiva sin afectividad. Es hacia donde vamos. Este es el mundo que viene, el de la unidad de los opuestos porque son complementarios. No hay lucha entre ambos. La lucha solo está en nuestra mirada.
Transformando la Educación a través de la Comunicación
No sirve ya la vieja estructura que se repite una y otra vez en sus últimos estertores de muerte, intentado perpetuar valores enraizados en la división de lo que es bueno y lo que es malo, de lo correcto y lo incorrecto, de lo normal y lo anormal. La Afectividad no puede desligarse más de lo efectivo. Puedo aventurarme a decir que lo efectivo no existe sin lo afectivo, porque es lo que nos afecta lo que se queda en la memoria biológica más allá de la mente. Es en la biología donde perdura la memoria. Lo que hemos memorizado sólo se repite como hacen los loros que no entienden lo que han aprendido y aun así lo repiten. Wilhelm Reich, en su libro La función del orgasmo, dice: “El amor, el trabajo y el conocimiento son la fuente de la vida, también deberían gobernarla”
Es en lo afectivo que podemos transmitir un conocimiento real, construido conjuntamente. Es bidereccional la comunicación, no porque lo diga yo. Así es la Vida. Hemos de optar por una comunicación que genere vida, que sume vida, que aporte más miradas, más perspectivas.
Sin la comunicación no hay pasado (memoria) ni futuro (expectativa) y la memoria sin afecto, se borra, desaparece, se disuelve como las nubes en un día de viento.
Comunicación implica:
Conocer desde diferentes perspectivas: en forma reflexiva (conocerme, saber desde donde actúo), conocer aquello que quiero compartir (puede ser un desconocimiento), conocer a las personas interlocutoras para llegar a un entendimiento, a un punto convergente.
Crear conocimiento a partir del intercambio, del estímulo creativo de conocer y de interactuar a partir de intereses comunes. Etimológicamente la raíz indoeuropea de conocer es “ker” que significa tanto crear como crecer.
Narrar o sea hacer conocedor al otro de aquello que transmitimos o queremos transmitir. Así, la persona interlocutora se convierte en protagonista de manera que se siente participar del relato.
Compartir conocimiento, intuición, ideas… es dar y recibir de manera bidereccional.
Los elementos que componen la comunicación generan una vivencia comunitaria donde cada unidad es un agente de cambio y de transformación individual y colectiva. No podemos seguir excluyendo los afectos, manteniéndolos como algo que no es suficientemente valorable. Los afectos importan, son biológicos, nos conforman, habitan nuestro cuerpo.
Los tiempos cambian y los cambios que se están dando no sólo afectan a la inclusión de la IA en nuestras vidas. Hay que incluir el cuerpo, los sentidos, los afectos, lo invisible, lo perceptible, lo silencioso, lo que no se puede palpar, pero sí sentir. Eso es ser humano, esa es nuestra inteligencia estructural.
Es el tiempo del cambio inevitable hacia la Unidad del Ser. La separación es pura ilusión. Ya no sirve la división.
Amor y Servicio
Paulo Freire introduce el concepto de educación bancaria en su obra Pedagogía del Oprimido, publicada originalmente en 1970, aunque el libro fue escrito en 1968.
Reich, Wilhelm. (1927). “La función del orgasmo”. Paidós, Buenos Aires. p 4.
Cuando Biodanza alcanza la médula de tu existir, lo hace para quedarse, y a menudo acabamos decidiendo formarnos como facilitadoras de Biodanza para “devolver”, si podemos decirlo así, todo el bien que este sistema nos ha hecho.
El camino de la formación de Biodanza es un viaje de transformación que marca un antes y un después en nuestra manera de vivir y entender la Vida. Por supuesto conocer la Biodanza por sí misma y practicarla regularmente o incluso esporádicamente, es ya en sí un cambio de paradigma existencial, pero cuando decidimos entrar en el proceso de formación, la transformación personal se amplifica extraordinariamente.
La palabra formación proviene del latín formatio constituido por forma (figura, imagen) y el sufijo -ción, que indica acción y efecto; por tanto, formación es la acción y efecto de formar o formarse. Si nos vamos al diccionario de la Real Academia española (RAE), encontramos que la palabra formación se aplica a: la milicia como una “reunión ordenada de un cuerpo de tropas o de barcos de guerra”; a la Geología como un “conjunto de rocas o masas minerales con características comunes”, y a la Botánica como el “conjunto de vegetales en los que domina una determinada especie”. En el ámbito de la enseñanza, “formación” se asocia a “instrucción o enseñanza dirigida a capacitar a alguien para el desempeño de una profesión o un puesto de trabajo.
Cuando en Biodanza se habla de formación, en realidad, lo está haciendo desde dos aspectos diferenciados: uno es el personal o existencial como le llaman algunos, y el otro el propiamente profesional. El desarrollo existencial tiene una duración de 21 módulos más 2 seminarios (uno por fin de semana) además de la “recomendación” de asistir a un grupo regular (semanal normalmente), que más bien es un requisito que otra cosa. Si queremos ser facilitadoras de la Biodanza, hemos de seguir el proceso hacia el desarrollo profesional que se extiende a 7 módulos de metodología, enfocados a la conducción de Grupos de Biodanza, según fuentes oficiales . Todo el proceso completo dura un mínimo de tres años aproximadamente según lo establecido por el Sistema Biodanza Rolando Toro (SRT).
Como ya he dicho al principio, el proceso de formación en Biodanza es realmente transformador, sobre todo a nivel existencial. La cuestión que me ocupa viene cuando hablamos de la formación profesional; ahí es cuando nos preguntamos si ¿son suficientes siete meses para desarrollar la facilitadora interior y capacitarla para ejercer su labor? Mi respuesta es rotundamente no. Mi intención en este artículo es fundamentar mi respuesta con casi 20 años de experiencia como facilitadora de Biodanza especializada en Acción Social.
En AEBE (Asociación Escuelas de Biodanza España, encontramos lo que entendemos es una cita de Rolando Toro, aunque no puedo confirmarlo porque no hay ninguna referencia, sólo las comillas. Dice así: “todas las escuelas se rigen por un mismo programa formativo, cuyo ciclo consta de veintiocho módulos de formación, dos seminarios de conferencias sobre temas teóricos afines al Sistema Biodanza, devoluciones teóricas referentes al tema de cada módulo, conducción de grupos bajo supervisión en el tercer año y presentación de una Monografía de titulación”. Más adelante sigue diciendo: “las materias teóricas son ofrecidas en el orden indicado en el “Programa Único de Formación Docente en Biodanza que comprende siete módulos de Metodología”. Aquí salta la alarma, porque resulta que, para ejercer como docente, sólo hay 7 módulos de formación profesional que nos diferencian de la “Formación existencial”, lo que viene a decir que los 21 módulos teóricos-vivenciales que son cursos monográficos de fin de semana, y puedes tomarlos sin orden, o sea, empezar el ciclo por donde quieras, te van a ayudar en el proceso de desarrollo existencial, pero si decides ser facilitadora, deberás completarlos todos, participar en un grupo regular durante toda la formación como requisito indispensable, como ya he dicho antes y todo ello en tan sólo 7 fines de semana.
El Diploma de Profesor/a de Biodanza se obtiene una vez finalizado el proceso formativo completo, la directiva de la escuela donde hayas cursado la formación, si pertenece a la International Biodanza Federation, como la Federación Mundial de las Asociaciones Nacionales de Escuelas de Biodanza SRT de todo el mundo, o al otro estamento “oficial” de Biodanza que tiene el mismo proceso de formación pero su misión es preservar la integridad de Biodanza SRT y su evolución en concordancia con su modelo teórico además de divulgar el legado artístico e intelectual de Rolando Toro , te inscribirán en el registro de profesionales de Biodanza, te dotaran de un número de colegiada y podrás ejercer como facilitadora. Queda en duda si un estamento oficial u el otro, son afines a la misma titulación. Habría que verlo ya que entre ellos no se entienden y por eso hoy hay dos estamentos “oficiales” que “comen” de la formación “oficial”.
Ante toda esta “oficialidad” bipartita, el biocentrismo se va perdiendo a favor del “mercantilismo oficial” que se va instaurando en paquetes capitalistas, y por qué no también decir patriarcales, que bajo discursos bien estudiados para captar clientes, pierden de vista que la formación que se imparte para ser profesional de Biodanza es absolutamente insuficiente.
Siete meses de un fin de semana por mes, son unas 140h de formación profesional aproximadas, donde se supone que, además de saber aplicar la curva metodológica de Biodanza para hacer sesiones de Biodanza y escoger las músicas adecuadas para un proceso integrativo real, debes saber gestionar grupos, que eso en sí mismo es todo un arte que te aseguro que no se aprende en pocas horas, por no hablar de lo que no te dicen en la formación, como: aprender a crear tu propia publicidad en formato papel y digital; ser tu propia Community Manager o Social Media Manager para llevar de manera eficaz y eficiente tus redes sociales; desarrollar dotes de comercial para negociar y “vender” tu producto a asociaciones, instituciones, centros educativos y particulares; gestión económica biocéntrica o sea llevar la economía de tu labor como profesora; en definitiva: aprender a ser emprendedora. Todo esto es también ser facilitadora de Biodanza a no ser que seas una de las pocas personas afortunadas que puede pagar todos estos servicios “complementarios” a empresas ajenas para que se encarguen de ellos. La realidad es que todas estas tareas añadidas a las propias de crear sesiones integradoras, acaban desbordando y haciendo peligrar toda la ilusión inicial, el empuje que nos motivó a ser facilitadoras; porque hay algo que no he mencionado y que es una realidad silenciosa y silenciada: este proceso de “maduración” de la facilitadora nobel se vive en aplastante soledad, a no ser que estés físicamente cerca de tu escuela de referencia, o comulgues con el “postureo” que tanto se da en Biodanza. La soledad acaba siendo una realidad mucho más común de lo que te imaginas.
La verdad es que, las que sobrevivimos a este proceso de maduración que viene después de la titulación, y no somos tantas personas, hemos hecho una buena musculatura de resistencia. ¿Cómo lo hemos conseguido? Reuniéndonos, encontrándonos, persistiendo, tragando lágrimas, tomándonos descansos a temporadas, regresando a ese amor que nunca se ha ido dentro de nosotras… la Biodanza. La Biodanza funciona; funciona sí o sí porque es un método, un sistema creado a fuego lento, conociendo al ser humano de a poquito, cuidando el descubriendo de su “ser en el mundo” en entornos de confianza y amor, hasta que florece y puede expandir su fragancia única y singular.
En el título de Formación en Biodanza, pone “Profesor/a”, que quiere decir “confesar, compartir públicamente sus conocimientos en un área específica”. Te aseguro que, en 7 módulos de un fin de semana al mes, sólo tenemos una pequeña cata de lo mucho que implica ser docente de Biodanza.
Recuerdo anécdotas de mis maestras y maestros de mi formación hace 20 años. Eran alumnos directos de Rolando Toro, que nos contaban cómo eran sus aulas, cómo era la locura de Rolando que lo impregnaba todo de un entusiasmo por la Vida único e inimitable, cómo eran sus charlas, sus discusiones apasionadas, sus reflexiones en silencio, el cariño inocente hacia todo el equipo que lo rodeaba en todo lugar donde fuera, cómo entusiasmaba su verbo y su lucidez, impulsado a algunos pocos a dejarlo todo y embarcarse por el mundo a difundir la Biodanza. Así fue como llegó a Europa y se fue difundiendo por el mundo entero. Me pregunto si la Biodanza de hoy es así de biocéntrica o se ha dejado atrapar por el oscurantismo invisible del mercantilismo que vende entusiasmo y vitalidad, libertad y euforia, perdiéndose en una realidad demasiado superficial para ser digerida.
Desde mi pueblecito catalán, alejada de la gran ciudad donde todo parece ir deprisa y con ansias de más y más, donde la Biodanza se aglutina en espacios conocidos que ya son ajenos a mis intereses existenciales, sigo amando la Biodanza, sigo siendo profesora y docente de Biodanza en activo, desde otros lugares y entendimiento, pero no sólo eso: el principio biocéntrico es nuestra forma de vivir, así que yo siento que con el tiempo llegamos a ser profesoras biocéntricas, docentes biocéntricas, porque “biocéntrico” marca la diferencia, aunque aún hay quien no conoce el paradigma existencial en el que estamos sumergiéndonos día a día. Se llama biocéntrico, por si te despistaste, y es el futuro ahora.
En síntesis, lo que quiero transmitirte es que, si te formas como profesora de Biodanza, es un proceso que dura siempre. Afortunadamente. No lo olvides.
Estoy en el balcón de mi dormitorio. El Sol de las primeras horas de la mañana baña ese pequeño espacio-tiempo donde todo sigue su curso rítmico, sincrónico, armónico, inclusivo.
Me dispongo a diseñar la próxima aula que voy a impartir a las futuras docentes de formación ocupacional: quince personas adultas, con un amplio recorrido profesional, cada una en su especialidad, que han decidido formarse para ser docentes y compartir su saber. El tiempo que tengo para el aula es de 2h30’ y el tema es … no importa el tema; lo verdaderamente importante es a dónde quiero llevarlos, donde quiero que se sumerjan, más allá de los conceptos y la teoría que pueda impartir. Lo tengo claro: quiero llevarlos allí donde el mundo interno y externo se fusionan y los colores se vuelven reales, las texturas se perciben con curiosidad y todo danza en el devenir del vivir. ¿Para qué? para sentir el pulso de la Vida en su sosiego rítmico, acompasado, armónico, que facilita un continuum inevitable de aprendizaje-desarrollo, tal y como propone la Educación Biocéntrica de Ruth Cavalcante i Cézar Wagner.
Es la primera clase que voy a impartirles un aula entera. La inmersión etnovivencial, o sea, sumergirme en un grupo y su contexto para conocer sus hábitos, su lenguaje, sus inquietudes, sus gustos, tendencias, costumbres, la manera en que se relacionan entre ellos,… se ha dado por dos meses y medio. Esto ha hecho que pueda reconocer la singularidad individual y colectiva del grupo, para que mi intervención pedagógica se adapte a su realidad, no a lo que yo crea o suponga que es.
No conocen la Educación Biocéntrica; saben que vengo de un entorno pedagógico “diferente”, y se sienten atraídas por mi manera de relacionarme en el grupo. En sus fantasías, relacionan la Metodología Biocéntrica Integrativa (MIB) con ejercicios de Mindfulness o “cosas así”. Yo sonrío y digo que sí, “algo así más o menos”; espero el día de la clase para explicarlo en el contexto adecuado, en el ambiente enriquecido que genera la Educación Biocéntrica.
Mientras, levanto la mirada para inspirarme en que canción escoger para la ronda inicial de bienvenida, veo dos abejas, ajenas una de la otra, parándose en las flores perfumadas de color lila que entran en mi balcón desde el árbol de mi jardín. Las abejas se pasean entre las hojas y se sumergen en las flores aromáticas, extrayendo el polen para su colmena. La brisa hace danzar suavemente el entorno. Me surge la emoción en lágrimas silenciosas de gratitud. Me siento viva, amo mi oficio, amo la posibilidad real de abrir espacios de aprendizaje-desarrollo biocéntrico, donde la música, el arte, la alegría de vivir, está tremendamente presente. Presiento que esta sesión será muy importante para todas y cada una de nosotras; de alguna manera puede ser un antes y un después en muchos aspectos. Están acostumbradas a un tipo de docencia convencional, a mi entender obsoleta, donde el docente es el que sabe y las actividades que propone son competitivas. Estoy deseando ver el resultado de una pedagogía inclusiva, vivencial, donde el conocimiento se construye en comunidad a través de la práctica del pensamiento complejo de Edgar Morin, la pedagogía de la pregunta de Paulo Freire, la vivencia biocéntrica y la inteligencia afectiva como base estructural de todas las inteligencias, y la acción transformadora como resultado de una construcción colectiva del conocimiento.
Sumergirme en el mundo académico reglado para sembrar la pedagogía biocéntrica en su núcleo en estado de avanzada descomposición, es un reto que asumo con mucha conciencia. El camino hasta aquí no ha sido fácil: el sistema patriarcal, capitalista, industrializado, deshumanizado en el que vivimos, es anguloso y peligrosamente hiriente. Tengo algunas cicatrices que me han enseñado a reconocer sus laberintos y entresijos y a saber cómo transitarlos. Siento la certeza interior y calmada de que nada puede parar este cambio evolutivo de paradigma existencial que estamos viviendo, y yo, como muchos de todos nosotros, estamos preparados para seguir sembrando, más que nunca, en la misma garganta del monstruo. Basta entrar con todo lo que hemos aprendido e integrado durante todos los años de estudio y practica del principio biocéntrico, con su metodología integrativa y toda la vivencia biocéntrica que nos habita. Nada puede fallar si nos ceñimos a la consciencia planetaria que vibra en biocéntrico.
He encontrado la música perfecta para el inicio de la sesión. Creo la escena en mi imaginario: el espacio diáfano y amplio del aula, con las sillas y mesas en una esquina, la luz natural del aula entrando por las ventanas del techo, la temperatura adecuada, el equipo preparado, todo listo para recibir al grupo. No se trata de crear expectativas sino de vivenciar lo que deseo, para después soltarlo y que sea la Vida la que haga de la mejor manera posible para todas y cada una de las personas que vamos a participar. Yo me entrego con todos mis recursos y saberes, a lo que vaya surgiendo. No soy yo la protagonista, es la Vida; yo sólo soy un agente de facilitación; el resultado lo iremos construyendo entre todas y todos.
La vivencia pedagógica central va ha ser un Circulo de Cultura con imágenes generadoras, de manera que cada participante aporte su significado a partir de la imagen y en grupos pequeños, puedan compartir la experiencia. Después de exponerlo al grupo grande, juntos crearemos una síntesis simbólica. No quiero dar más detalles porque no quiero extenderme en un artículo que acabaría siendo demasiado largo para lo que quiero.
Más adelante ya te contaré cómo sigue el proceso. Hasta entonces, que el Amor y el Buen Servir, nos guie.
Cuando me formé como facilitadora de Biodanza y estudiamos su definición oficial, además de lo que conocemos como las “tres erres”: Reeducación afectiva, Renovación orgánica y Reaprendizaje de las funciones originarias de vida, también aprendimos algo, muy pero que muy interesante, que me ha cautivado durante todos estos años. Se trata de lo que Rolando llamaba “la intensa sensación de sentirse viva-vivo” y “la alegría de vivir”.
Yo nunca me había planteado «sentirme viva», ni tan siquiera, sentir «la alegría de vivir». Sí es verdad que había sentido momentos extraordinarios de alegría, de gozo, pero ¿sentirme viva? Alguna vez ya he hablado de eso, pero hoy quiero hablarte justamente de la profundidad de esta simple frase y del significado que ha adquirido en mi manera de entender y de vivir la vida a lo largo de todos estos años.
Cuando hablamos de alegría, casi de forma automática solemos pensar en alguien sonriendo o riendo a carcajadas, en una fiesta, colores vivos, sol, verano, quizás una tarta de cumpleaños, recibir un regalo esperado, …
pero «la alegría de vivir», la «intensa sensación de sentirnos vivas y vivos» que propone Rolando Toro, va mucho más allá, según mi entender.
Para mí, descubrir qué es sentirme viva, ha sido un proceso personal de largo recorrido, que lo he vivido, casi podría decir, de manera inconsciente hasta que me he dado cuenta de lo mucho que tiene que ver con el principio biocéntrico y con la propuesta de Biodanza. Pero no con la Biodanza que estimula la alegría pasajera o temporal, a partir de una curva metodológica sesgada en detrimento de la euforia y la expansión; no. Para mí, esa Biodanza que cada vez abunda más por doquier, es una Biodanza que tiene los días contados, porque no se puede sostener algo que se pretende que crezca y crezca y se expanda y siga expandiéndose, puesto que la Vida es ritmo, es danza, es un pulso constante de expansión-contracción, de luz-sombra, ying-yang… donde la identidad se expresa y se recoge, se cuida y se impulsa. Así lo aprendí de la mano de mis maestros Silvia Eick, Luis Octavio Pimentel, Ruth Cavalcante, Cézar Wagner, Ismenia Reis, y así lo vivo yo misma en todos los aspectos de mi vida.
En estos tiempos convulsos, donde el miedo a vivir viene con la intención de quedarse, parece que lo único que nos puede sacar de esta tendencia a la muerte, es el «subidón», la euforia, la vitalidad extrema, la expansión del ser, la masificación de ceremonias orgiásticas donde el éxtasis vivido deja sin aliento para luego sumergirse en una profundidad inmensa, y salir después de esta especie de «trance hipnótico» con un aturdimiento que se parece más al efecto de una droga de síntesis que a la integración de un proceso donde el objetivo y la causa primordial es descubrirse la Vida misma, o sea, Yo Soy Vida, y no un «yo» viviendo lo que creemos que es el vivir. Hay una gran diferencia, y no sólo es de percepción.
La Biodanza de hoy se ha vuelto demasiado ruidosa, y me pregunto ¿por qué?, ¿por qué será?
Cuando hablamos de biocentrismo estamos hablando de la evolución en el pensamiento y en la manera de concebir la vida, en el intento desesperado de entenderla. Desde una visión histórica, el ser humano busca incansablemente comprender la vida, explicarla, ¿qué sentido tiene? ¿qué propósito persigue el vivir? son las preguntas que vienen repitiéndose desde quién sabe cuándo. Pero esas cuestiones sólo son fruto de la “inmadurez juvenil” o la “locura juvenil”, como dice el hexagrama 4 del I Ching, haciendo referencia a esa fuerza triunfal juvenil que quiere crecer y comerse el mundo, como si no existiera un mañana. Y que conste que este pensar crítico no está exento de amor.
La mente quiere respuestas, pero las respuestas no van a venir por ese camino. Vendrá con la vivencia de tomarnos el receso necesario para contemplar cómo hace la Vida en su vivir viviendo. Sólo si me tomo el tiempo y el espacio suficiente para sentirLa, voy a encontrar la respuesta; de hecho la única respuesta: el retorno, el regreso al hogar del que paradójicamente nunca hemos partido; ese lugar que sin ser un sitio lo abarca todo incluyéndome. Es difícil de explicar con palabras, o con las nuestras, las de hoy, que han perdido mucha de su alma.
¿Y qué tiene que ver todo esto con «la alegría de vivir»? Pues que existe una alegría perdurable que no es ruidosa, ni tan siquiera musical. Es la alegría que no tiene nombre ni puede ser nombrada, es la música y el silencio al mismo tiempo, es el canto del pájaro y la brisa de la mañana, el rocío de la noche de San Juan, el sudor y el jadeo rítmico y meloso de una madrugada de intenso amor sexual; es el llanto de un niño y la sonrisa de un anciano, ambos exentos de intención; es el Sol sin saber que nos da la vida, y la Luna sin conocer el porqué de su reflejo plateado en el mar; es mi cuerpo que en Biodanza llamamos corporeidad porque adoptamos la palabra de Merleau-Ponty en su verbo inspirado, pero al fin y al cabo, cuerpo libre de literatura e intelecto. Y es en él, en el cuerpo, en el mio cuerpo, en el tuyo, en el de cada quien, donde todo, absolutamente todo ocurre.
¿Sabes que el cuerpo sonríe? ¿que las células sonríen?, ¿que los órganos responden sonriendo cuando sonreímos? ¿sabes que las plantas de tu casa, las que cuidas en sus macetas, pueden saludarte visiblemente como respuesta a tu alegría sincera? ¿que tu mano confiada puede rescatar de la desesperación a un ser [persona o animal] enloquecido por el terror? ¿que tu mirada puede salvar una vida? Sí. Ese es nuestro cuerpo sonriendo, aunque tu no lo percibas. No necesita ruido ni fiestas para estar alegre; apenas solo necesita que te des cuenta que estás viva. Pero eso no es tan fácil, porque nos han confundido con palabras engañosas, con significados originales tergiversados de manera que, lo que creemos que es vivir o estar vivas, es apenas un morir lento y agonizante, o con suerte, un sobrevivir.
Recuerdo sonrisas postizas en Biodanza, caras visiblemente alegres, manteniendo un rictus sonriente y sin cuerpo, que es lo mismo que decir sin alma. Claro que no es siempre así ¡faltaría más! Pero, cada vez hay más de este juego falso e irónico, donde cualquiera puede facilitar Biodanza solo porque tiene un papel que así lo atestigua.
Pues no; rotundamente no: cualquiera no puede o no debería facilitar Biodanza. No basta con una monografía que cuenta tu proceso personal, y todos nos aplauden. Sin menospreciar los sentires de cada quien, las tesis de deberían ser rigurosas y mantener la propuesta original de aportar un tema inédito, una investigación, una visión que sume, y además añadir pruebas de autoevaluación individual y comunitaria donde la persona candidata a facilitadora pudiera estar cinco minutos sonriéndose a sí misma, a su cuerpo, a sus vísceras, a la vida que la habita; o atestiguar sinceramente si en verdad puede tomar decisiones correctas sin consultar a un sabio; o estar en silencio diez minutos escuchando su vacío interior más allá del ruido de su mente; o mirar sin intención como hace un niño, un anciano o un loco. ¿Cuántos pasaríamos estas pruebas? Muy pocos; pero en verdad serían los necesarios para que la “alegría de vivir” no estuviera en venta.
Uno de los aprendizajes que me regaló mi perro-lobo Rocablanca, en su último viaje, fue la vivencia de Tiempo; ese factor sincronizador o asincrónico que tanta tarea acarrea, porque una cosa es vivir en Cronos, la otra es vivir en Kairós, y la tercera (para mí la más importante) es vivir entre Kairós y Cronos, o sea, en el entremedio, y no morir en el intento.
Ese «entre dos» cuando hablamos del factor tiempo, los griegos antiguos lo llamaron Aión, el tiempo eterno, el que no tiene ni principio ni fin, representado numéricamente por el 8, la resonancia del Infinito, el paquete de información que nos habla de la eternidad, de la inmortalidad, del no-tiempo, entre otras cosas.
El factor tiempo ha sido una búsqueda constante en mi existencia. Con Biodanza pude ponerle cuerpo y esto significó para mí un antes y un después en mi vida, pero la búsqueda continuó. ¿Por qué? porque no es suficiente una parte del pastel, una fracción del completo; el ser está diseñado para vivir la Vida y Ella es transformación constante, así que las fracciones sólo son puertas de entendimiento que nos posibilitan seguir avanzando hacia otras proporciones o fracciones que van componiendo el círculo completo, como el Ojo de Horus que, en la medida que vamos descubriendo las proporciones de sus formas y sus múltiples significados, la forma aparente toma pleno significado y se nos revela su forma real.
La esquina interior era ½, el iris ¼, la ceja 1/8, la esquina exterior 1/16, mientras que los ornamentos debajo del ojo continuaban la secuencia 1/32, 1/64
Pues bien, mi amado perro-lobo RocaBlanca, tras su marcha, me dejó con la tarea de encontrar la llave maestra, la pieza del puzle que completaba la comprehensión del tiempo. ¿Por qué? porque Roc se había ido y su paso por mi vida durante 14 años fue verdaderamente significativo hasta el último instante, que me dejó el regalo de una relación tan plena en sí misma que no cabía la tristeza tras su marcha, así que el vacío que sentía no era de pena. ¿De qué entonces? Estaba relacionado con el tiempo. De repente, el tiempo me pertenecía, era mío y no sabía muy bien qué hacer con él. Las pautas que marcaban el compás del devenir circulaban en torno a sus necesidades, de las que yo era responsable, de ahí que, con su ausencia, el tiempo se me presentaba como algo nuevo a experimentar, algo nuevo a lo que debía acostumbrarme de la mejor manera posible. Y así ha sido, o está siendo en realidad. El factor tiempo se ha revelado como una pieza fundamental para mí que hoy quiero compartir contigo porque la considero suficientemente importante. Además, no me pertenece y adquiere pleno sentido cuando la comparto contigo que me estás leyendo. Se trata de lo siguiente:
El factor tiempo es la sincronicidad rítmica, la que marca el compás de una pieza musical o la propagación de la onda tras la caída de una hoja o una piedra sobre el agua… Esa expansión rítmica es lo que llamamos frecuencia, tal como indica la palabra: las veces o la frecuencia en que una onda topa con un obstáculo y cambia su curso. Gráficamente es como el oleaje del mar: la onda sube y baja tantas veces por segundo, y el ciclo completo, o sea, la cantidad de veces que se repite la cadencia rítmica en un segundo, genera, en término de vibración, un sonido, una sonoridad. En esa sonoridad está implícito el silencio; no como ausencia de sonido sino como vibración en sí misma. El ejemplo más claro para mí es el silencio del bosque vivo, muy distinto del silencio de un bosque muerto, recién calcinado por un incendio por ejemplo. -Te aseguro que es escalofriante-. La tierra que sustenta el bosque es la misma en uno y en otro; no ha desaparecido. Sólo han desaparecido los «obstáculos» que generan la frecuencia, el ritmo o el compás de la vibración.
El silencio es, pues, aquello que, siendo vibración, está en latente, en suspensión, podríamos decir; o sea, lo contiene todo sin manifestarse, porque para que pueda manifestarse necesita el tiempo, la frecuencia de vibración que generará múltiples sonoridades, que por afinidad crearán formas, o sea, el mundo fenomenológico que conocemos como Vida. De todo esto podemos decir que el tiempo es el factor indispensable para que algo se manifieste, y el silencio es allí donde se da la manifestación, o sea, el silencio posibilita la vivencia espacial. Y diría más, es en la «quietud» donde se da la perfecta sincronización temporo-espacial. Tiempo y espacio fusionados en un punto constante que resulta que es el estado natural del Ser, no porque esté quieto, sino porque es la vibración misma; manifiesta y no-manifiesta son la experiencia vivida de Aión.
Te voy a poner un ejemplo que a mí me ha ayudado a poner palabras a todo esto que te estoy contando.
Pues bien, nosotros somos humanos. Venimos o surgimos del humus, o sea, los detritus de la vida orgánica de la tierra. Nacemos del humus, de ahí la palabra humanos; por lo tanto podemos decir que somos semillas «plantadas» en el humus o tierra fértil.
Como semillas, tenemos toda la información genética para ser lo que somos, así que nos cabe encontrar el poder de Yo puedo, la sabiduría de Yo sé, la espiritualidad del Yo debo y el coraje del Yo tengo, para germinar y enraizarnos bien, encontrando el buen camino para nuestras raíces, de manera que salgan los primeros brotes y se sigan fortaleciendo estos 4 aspectos que conforman el cuadrado o cubo, la forma geométrica de la materia, para que estos 4 aspectos no se convierten en una cárcel sino en posibilidades de desarrollo. Y todo esto de forma constante, dentro y fuera [de la tierra que nos sostiene], con todos los impedimentos con los que nos vamos a encontrar por sólo el hecho de vivir, hasta ser árboles maduros capacitados para dar las flores que se convertirán en frutos, permitiendo así la expansión de la vida, incluso en la muerte, porque a estas alturas ya sabrás que la muerte no existe; es una transformación radical del proceso de vivir. Ya lo sabes.
Y entonces tú me dirás: —Muy bien, y ¿qué tiene que ver el tiempo con el arte? Pues hacia allí vamos. Seguimos.
Si el tiempo es imprescindible para la manifestación, es en el silencio-espacio donde todo toma sentido porque es la vivencia misma de vivir viviéndome/nos. O sea, es la vivencia que en Biodanza conocemos tan bien. El caso es ¿cómo hacer que la vivencia sea un continuum en el cotidiano y no sólo en la sesión de Biodanza o en aquello que tu practiques y te lleve a este estado vivencial. La clave que yo he encontrado es el silencio, pero el silencio de los ojos abiertos, no el de los ojos cerrados, que también, pero es con los ojos abiertos que el silencio se torna palpable, se vive en el cuerpo, se encarna en el organismo y se vuelve biológico, como un estado natural del ser.
Y aquí es cuando entra el concepto de Arte, desde la propuesta de Arte-identidad de César Wagner, donde Yo Soy se acompaña de la palabra Arte en mayúsculas, porque como ser consciente me puedo percibir artista de mi obra, artesana de mi vida, siendo creadora y obra simultáneamente, de manera que el Tiempo elevado a Espacio se torna el Ars Magna del Ser en el mundo.
¿Qué tiene que ver todo esto con Biodanza? podrías decir. Pues, en la línea de vivencia de la Trascendencia, cuando el tránsito es vivencia, Yo Soy Arte manifestándose; Arte vivo, con todo lo que ello implica.
Hoy el aire huele a rosas y de las manos brotan palabras que son oraciones que componen poemas, libros, canciones. De la boca surgen besos y sonrisas sinceras que abrazan los corazones amados de nuestros amantes varios y variados, mezclados con espinas y perfumes de amor amando.
En Catalunya, el 23 de abril es el día en que se celebra la Leyenda sagrada del caballero Jordi y la princesa cuyo nombre fue borrado para preservar el legado de la Hermandad de la Rosa, pero hoy no vengo a contarte la historia oculta de una de las celebraciones más hermosas del año. Hoy no quiero revelar nada más que a mí misma, porque hoy para mí es un día de silencios, de sensaciones en el cuerpo cuando mis ojos se pasean por las páginas de tantos libros diversos, contando cuentos que hablan verdades abiertas y otras ocultas tras mentiras verdaderas. Hoy no quiero más palabras que las que me revelan a mí misma en este encuentro íntimo entre yo y el Yo, entre el soy y el Soy que me habita.
Miramos la vida con un cuerpo condicionado por tanto que a veces ni recordamos qué es mirar con ojos neutrales, inocentes y conectivos que trascienden atmósferas contaminadas de químicos mortales que envenenan la piel de la tierra que somos, que es.
Detrás de tanto visto y mirado, habita una mirada que lo abarca todo, y es tanto ese todo que las palabras se vuelven tonos musicales de colores y luces, recomponiendo la realidad desde otra dimensión más abarcativa que, aún sin llegar a su máxima expresión, ya se siente, ya se percibe en todas y cada una de las partes. Mientras tanto, ¿dónde estoy yo?, me pregunto. Y la única respuesta que escucho, si puedo decirlo así, es Aquí. Un aquí que en su quietud es la Vida misma en su danza incansable e infinita. ¿Cómo es eso?, sigo cuestionando. Sencillamente Es, escucho en mi interior. Esta es la paradoja existencial.
El pulso entre ser y estar es un pulsar equilibrante y equilibrado que precisa un proceso artesanal, como antes ocurría con los oficios: aquel que quería aprender un oficio, podía ser aceptado como aprendiz durante los años necesarios para no sólo aprender la técnica y dominarla, sino aprender a ser aquello que hacía compartiendo el alma en cada pieza que elaborara. Ahora hemos perdido esta última parte, la invisible; de no nombrarla por su sutilidad, nos olvidamos de ella y nos olvidamos de nosotros como seres humanos, pues sin alma, no hay humano real, auténtico, genuino, verdadero.
La mirada con la que miramos nos engaña muchas veces, porque no sabe desde dónde está mirando. Para descubrir su juego de escondite y acertijos ocultos, la única que lo consigue es la humildad que no tiene reparos en reconocerse aprendiz de todo y maga en proceso eterno de serlo, aprendiendo a ceder y a negociar acuerdos donde la Vida sea la única beneficiaria a expensas de la ignorancia de tantos, que al ver lo que ven se creen sabedores de certezas que solo existen en su interior mediocre y vacío de sentido, y ahí yo también me incluyo.
¿Será que la princesa cuyo nombre ha pasado al olvido es la excelsa Guardiana de la Verdad que oculta la Rosa? ¿Será que el Dragón milenario, fiel custodio de la Tierra y su Sabiduría, es el ser alado que protege con su vida el secreto de las cinco direcciones? ¿Será que el caballero iniciado de la Orden de la Tabla Redonda y la Cruz que la habita es el humano elegido para salvaguardar y proteger la Verdad que oculta la Rosa bañada de la sangre del Dragón en cuyo ADN se encuentra el misterio de la creación?
Hoy sólo quiero desvelarme a mí misma en mi genuina fragancia, a ver si así voy acostumbrándome al perfume de la Rosa que exhala mi piel y perfuma mi Ser en el mundo.
Hablarte sobre la segunda línea de vivencia de Biodanza, la Sexualidad, es fruto de una serie de acontecimientos que quiero contarte como introducción al tema, ya que dan sentido al mismo.
Desde hace unos meses estoy profundizando en dos líneas de trabajo con Biodanza y Educación Biocéntrica que me apasionan: el Tarot Biocéntrico con toda su simbología arquetípica, y la Danza del I Ching. Me formé en ambas extensiones hace unos años, pero ha sido recientemente cuando realmente me estoy sumergiendo en sus aguas profundas y ofreciendo aulas al respecto.
«Desde los albores de la historia, los distintos pueblos han manejadomodelos energéticos para explicar el funcionamiento de los organismos y del propio universo«, dice Rolando Toro en el capítulo V de la colección de textos de la Teoría de Biodanza, Tomo II, editada por ALAB, 1985. Esto tiene que ver directamente con la Sabiduría Perenne, también llamada Tradición unánime, Sabiduría primordial y Filosofía perenne, que en resumen son las enseñanzas que nos han dejado las culturas originarias de la tierra, en concepto de verdades y valores transculturales y comunes a todos los pueblos (el Chamanismo, el modelo esotérico y metafísico, el Tao y los Cinco Movimientos, la Teosofía, la Kábala, el Tantra,…). De hecho, en el mismo capítulo nombrado anteriormente, como introducción al Modelo Teórico de Biodanza, Rolando Toro describe con detalle los diferentes modelos de transmutación de energía (el Yoga y los chakras, el chamanismo, el modelo esotérico, la Teoría de la Sublimación de Freud y la visión de Jung, la Bioenergética, el modelo integrado de Tai Chi con el I Ching, la Psicosíntesis, el modelo teosófico y el cabalístico) y en la clasificación de los diferentes modelos, añade el Modelo Biocéntrico creado por él mismo, definido como la percepción del universo en un sistema biológico unitario en el que lo orgánico y lo psíquico son aspectos de una sola realidad. «Este modelo pretende demostrar que los sistema biológicos y semánticos pertenecen a un sólo sistema mayor, que es el organismo humano en integración con su ambiente». (pág. 252 Teoría Biodanza, Tomo II). A partir de esta hipótesis Rolando argumenta que el Modelo Teórico de Biodanza tiene un eje estable, que parte del potencial genético y se expresa sobre la trama de las cinco líneas de vivencia que son, por orden ascendente: Vitalidad, Sexualidad, Creatividad, Afectividad y Trascendencia.
Profundizando en los arquetipos del Tarot, que en Biodanza están representados en los cuatro elementos como arquetipos simbólicos (tierra, aire, fuego y agua) y los cuatro animales como arquetipos psicomotores e instintivos (serpiente, garza, tigre, hipopótamo), el recorrido de los arcanos mayores se inicia en el Loco y termina en el arcano del Mundo como punto máximo de integración y plenitud. En la carta del Mundo están representados los cuatro animales y una figura humana en el centro. Todo encaja en el principio cuaternario occidental: cuatro direcciones, cuatro estaciones, cuatro fases de la Luna, los cuatro jinetes del Apocalipsis, los cuatro evangelios, las cuatro nobles verdades del budismo, el cuarto camino de Gurdjieff, las cuatro dimensiones,…
Cuando me sumerjo en los principios del I Ching (el Tao y los Cinco Movimientos), me sorprende que su perspectiva abarca cinco elementos, cinco estaciones, cinco animales, cinco ciclos estacionales, … basándose en el principio de la transmutación de la energía. Y es aquí cuando recuerdo los cinco sólidos platónicos. A partir de aquí, empiezo a cuestionarme que si la integración del ser humano-divino pasa por el número cuatro en occidente y en oriente con el cinco, ¿cuál es el motivo que en Biodanza tengamos cinco líneas de vivencias?.
En la última sesión que impartí en el grupo regular, en el que estamos sumergiéndonos en los arcanos menores del Tarot Biocéntrico, como introducción al arquetipo del tigre, les pregunté qué les evocaba la palabra felino. Todas las participantes nombraron varias cualidades: elegancia, ligereza, precisión, … y sobre todo sensualidad, erotismo, sexualidad, fuego, pasión,… Entonces, pensé: si las personas al ser preguntadas por los atributos que les evoca el felino, responden de forma natural con referencias claras a la sexualidad, ¿por qué la sexualidad en sí misma es una línea de vivencia y no forma parte de la Creatividad, como energía creadora propiamente dicha?. Me puse a investigar en los antecedentes de la línea de vivencia de la sexualidad y me encuentro con la teoría de la Sublimación de la energía sexual, propuesta inicialmente por Freud y comentada por Rolando en el mismo capítulo V.
Freud defiende, en su teoría de la Sublimación, que la energía sexual origina la creatividad y la cultura de tal manera que, el arte y la ciencia son la forma en que el individuo opta para expresar adecuadamente la energía sexual que está reprimida por valores y creencias castradoras. Para Jung la Sublimación de la energía sexual no está relacionada con la creatividad sino con la trascendencia. Para Lacan la sublimación de la sexualidad es el Vacío existencial que todo ser humano aspira a sentir como punto de Unión con la divinidad. El caso es que los tres grandes psicoanalistas de la historia convergen en un punto común: la energía sexual existe como proceso de Sublimación.
En la pág 252 Teoría de Biodanza, ALAB, Rolando dice que «la transmutación de la energía se produce por el crecimiento y recíproca retroalimentación de las cinco líneas del potencial genético, mecanismo deflagrado por los ecofactores, cuya carga semántica es variable». Según mis investigaciones, mi hipótesis es que la línea de la sexualidad es mucho más que una línea de vivencia; es en sí misma la línea de Integración del Ser, el eje del Modelo Teórico de Biodanza. Lo desarrollo a continuación.
En occidente hablamos del número cuatro en relación a lo fenomenológico porque el quinto elemento es el que hace referencia al punto de encuentro donde todo converge y se transmuta; es el punto donde vida y muerte conviven, donde oscuridad y luz finalizan su recorrido para iniciar otro. El quinto elemento, es el quinto estado de transmutación de la energía donde el Ser Divino se manifiesta como Aquello que Es, y desde la mística hermética, se prohíbe nombrarlo porque representa lo más alto, lo más sagrado y sólo nombrarlo lo empequeñece, así pues la única manera de nombrarlo es a partir de sus atributos. En occidente, su representación gráfica es el elemento Éter que no se nombra; en las cuatro direcciones es el Centro que tampoco se nombra; en las cuatro estaciones es el punto medio de impás entre estaciones y a partir de ese punto se transforman. En el Chamanismo, el quinto punto no se nombra, probablemente porque está asumido que es el ser humano como nexo entre Cielo y Tierra; la integración del ser humano en su estilo de vida no concibe la separación, de ahí que el quinto estado se asume por sí mismo. La clave la encontré en el I Ching basado en el Taijitu o símbolo del Yin-Yang y los Cinco Movimientos.
En la curva sinusoidal, que es en la que se basa la metodología de la vivencia en Biodanza, se pueden ver los cinco puntos (Figura 1), que representan los cinco elementos, las cinco direcciones, las cinco estaciones, … Como se ve en la figura, hay un eje de marca la dirección y es punto de encuentro. Estos cinco puntos son en la Sabiduría China, las cinco estaciones, los cinco elementos, las cinco direcciones,… Todo en la China se basa en este principio: la Medicina Tradicional China, el Feng-Shui, las diferentes artes marciales, … En la Figura 2 vemos la curva sinusoidal doblada, como la doble hélice del ADN así como en su representación del símbolo Taijitu o Yin-Yang (figura 3 y 4).
Figura 1. curva sinusoidalFigura 2. curva sinosoidal dobleTFigura 3. aijitu o Ying-YangFigura 4. Detalle del movimiento
En el Modelo Teórico de Biodanza, el eje fijo donde las cinco líneas de vivencia fluctúan como productoras de cofactores que provocan la expresión de los potenciales genéticos, es el que llamamos Integración que parte de la base Filogenética y asciende en Ontogénesis (desarrollo del individuo) hasta la Identidad Integrada. En la figura 5 podemos ver el Modelo Teórico de Biodanza completo.
Figura 5. Modelo Teórico de Biodanza
El eje que marca la integración es el punto de encuentro que nace en la base de la columna vertebral (geniales desde la visión frontal), justo donde alojan las ocho células madre que nunca mutan a diferencia de todas las demás del cuerpo humano.
Si pudiéramos dibujar el recorrido en movimiento de la onda sinusoidal sería, tanto en occidente como en oriente, el elemento Tierra el eje del recorrido de la onda sinusoidal, dando como resultado la imagen toroidal de la figura 6.
Figura 6. Onda sinusoidal en movimiento creando esta imagen geométrica
En el video que sigue, puedes ver las cinco direcciones en movimiento sinusoidal:centro, delante, detrás, arriba y abajo (en matemáticas se representa en el número Phi), cómo crea la forma toroidal llamada la Flor de la Vida o Matriz de la Vida.
Por todo lo expuesto hasta ahora, mi hipótesis es que la Línea de Vivencia de la Sexualidad, es el eje del Modelo Teórico de Biodanza. En una próxima entrega, voy a fundamentarla en los textos de la Teoría de Biodanza, donde Rolando Toro explica la Línea de Sexualidad.
Te dejo el vídeo que comparto en mi canal de Youtube, donde puedes encontrar más información al respecto.
Investigar es averiguar o descubrir alguna cosa, seguir el hilo de algo, indagar. Está asociado a la curiosidad innata del ser humano y su necesidad de entender la Vida, lo que ocurre en su entorno, en el medio, a sí mismo. Investigar es lo que solemos hacer en la época infantil cuando todo está por descubrir. Conforme vamos creciendo, no es que disminuya esa cualidad innata en el ser humano; es que se racionaliza tanto que se termina perdiendo el interés en la mayoría de los casos.
Maria Dolores Díaz, directora de la Escuela Venezolana de Biodanza, nos comparte su visión de la investigación en el ámbito de Biodanza. Ella nos comenta que desafortunadamente, no se fomenta suficiente la investigación en Biodanza. Siendo un sistema de integración humana, la Biodanza tiene muchos abordajes posibles para registrar los efectos que causa en las personas y aportar conocimiento en el campo de la salud, la educación, la antropología, la neurociencia, la física, la sociología, y tantos otros. Para ello es necesario que nosotras, como facilitadoras, nos acostumbremos a registrar qué ocurre en nuestras aulas en las personas que participan, cómo son sus cambios, la lectura corporal, qué es lo que comparten en los relatos de vivencia, … Estos registros no sólo nos sirven para crear las sesiones semanales y acompañar el proceso de integración, sino que nos pueden aportar tesoros inesperados para toda la comunidad biocéntrica.
En la entrevista que tuvimos, disfruté mucho de todo lo que Maria Dolores compartía y quedé muy interesada en el método de investigación que ella ha desarrollado, adaptado al lenguaje biocéntrico y sus indicadores, así como al modelo teórico de Biodanza. Esperamos que pronto podamos disfrutar de su libro y de la nueva edición en el año 2024 de su curso de Metodología para la Investigación en Biodanza.
Te dejo el vídeo de la entrevista para que la disfrutes.