Educación Biocéntrica

El bosque sombrío de nuestros adolescentes

Hemos iniciado el curso con adolescentes que provienen de los dos institutos de mi pueblo. Se trata de un proyecto del Área de Juventud de la Creu Roja (Cruz Roja) de la localidad donde vivo, con la que colaboro desde hace unos años. Este año el grupo está compuesto por veintitrés adolescentes y jóvenes de doce a dieciocho años que provienen de familias con dificultades económicas y sociales. Cada uno de ellos tiene su propia historia personal y algunas de ellas son realmente complicadas.

Mi implicación en el proyecto es de un día en semana; concretamente los miércoles, aunque todos los días tienen actividades. La dinámica es la siguiente: vamos a buscarlos a sus respectivos institutos y nos reunimos en un espacio municipal muy amplio, cedido a la Creu Roja por el ayuntamiento. El recinto está dotado de instalaciones deportivas bien equipadas y diferentes salas muy espaciosas. Allí comemos todos juntos y después hacemos una actividad hasta las cinco de la tarde. Cada día tienen preparado algo diferente: dos días a la semana hay acompañamiento a deberes escolares; otro día deporte (pueden escoger entre fútbol sala, basquet y boley); otro día juego libre y el miércoles conmigo Educación Biocéntrica.

El año pasado usé el cuento como recurso pedagógico para crear un ambiente de aprendizaje-desarrollo, construcción del conocimiento y acción transformadora. Escogí un álbum ilustrado en forma de cómic, titulado Cool Nata, escrito por Maria Scriban y editado por la editorial Brúixula. La protagonista del cuento nos narra su inicio en el primer año de instituto: cómo su mejor amiga, después de todo el verano sin verse, ha cambiado y ya no quiere saber nada de ella, los recursos que usa para recuperar a su amiga, sus emociones, el encuentro con otros amigos,… Es un libro escrito para adolescentes, con un lenguaje e ilustraciones para ellos. Lo escogí porque es excelente para generar diálogos sobre las emociones y los sentimientos. Aquí debajo te dejo una foto del libro.

Crear espacios de aprendizaje-desarrollo donde podamos ejercitar el diálogo y la reflexión ampliada que posibilite acciones transformadoras, no es nada fácil con ellos y ellas. En general, los adolescentes y jóvenes no están acostumbrados a que se les escuche. No lo digo yo, lo han dicho ellos y ellas mismas; y sí encima eres de los GR, o sea, Grupos Reducidos, que son los alumnas y alumnas más «conflictivos»: los que arman barullo, los que no atienden y hablan en clase, los que contestan y se quejan, resulta todavía más complicado. ¿Por qué?, porqué cargan en sí mismo una gran frustración, ira y desarraigo. No se comportan así porque sí; detrás de su expresión rebelde, siempre hay una historia, una vivencia, un sentir. Todos desean la felicidad, pero no la que han diseñado para ellos y ellas. Por supuesto aún no saben qué felicidad es la que reclaman detrás de su «portarse mal». Insisto que nadie les enseña a mirarse hacia dentro e indagar qué les ocurre sin juicio ni prejuicio, sin poner etiquetas, sin presuponer nada. Con esa ausencia no pueden cultivar palabras que nombren su sentir, reconocerlo, dotarlas de sentido. Mientras tanto van creyéndose raros, diferentes, tarados, inseguros, desgraciados, excluidos y otros adjetivos que sólo de escucharlos me duelen, sobretodo porque se los creen y los viven como si fueran verdades que construyen su identidad disminuida, intoxicada, frustrada.

En Educación Biocéntrica promovemos el pensamiento crítico, el cuestionamiento, la reflexión, el diálogo constructivo, la vivencia integradora, el silencio y la escucha respetuosa. Lo hacemos con dinámicas vivenciales donde ellos y ellas son los protagonistas, y juntos recreamos el conocimiento del vivir y de la Vida. Detrás de sus corazas de dureza, pasotismo, timidez, despreocupación, machismo, y tantos roles aprendidos para «encajar» en la familia, la escuela, el colectivo, se encuentra un alma con deseos de Ser en el mundo. Siempre me maravillo al escuchar sus sentires sinceros. Ellos son los que pueden cambiar la sociedad desde dentro. Nos cabe acompañarlos para que descubran qué son en realidad. Por supuesto también quiero decirte que no es fácil llegar a ese lugar de construcción comunitaria, pero nadie dijo que fuera fácil. 😉

Este año decidí utilizar como recurso pedagógico los Juegos Cooperativos. La primera sesión fue muy complicada: eso de cooperar no se les da muy bien; saben más de competir pero de eso ya tenemos mucho, así que empezamos creando los Acuerdos de Convivencia que regirán nuestros encuentros. Conseguimos con mucho esfuerzo, llegar a los siguientes Acuerdos:

  • Tener disponibilidad para conocer y relacionarme con otras personas que no sean de mi círculo.
  • Mantener una actitud de cooperación (hemos definido entre todos y todas la palabra cooperación).
  • Participar en los espacios de reflexión con interés de compartir y aportar el saber de cada quién.
  • Respetar las diferencias.
  • Disponibilidad de dialogar con la intención de entenderse. El diálogo ha de ser un espacio constructivo y de escucha.
  • Evitar las discusiones estériles y propiciar los acuerdos.
  • Comprometerse para crear acciones transformadoras desde el interior de cada quien para que el exterior cambie.
  • Si todo lo dicho anteriormente no prevalece como principio, vamos a inventar todas las formas que se nos ocurran para que se den, y hasta que no sea así, seguiremos construyendo.

Por supuesto, cada miércoles debemos recordar nuestros acuerdos porque enseguida se olvidan, por eso siempre hacemos Memoria de la sesión anterior. Junto con las técnicas que me acompañan en la actividad, hemos decido hacer las actividades en dos grupos porque facilita el entendimiento si los grupos son más pequeños. Veintitrés es demasiado.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque cuando a nuestros adolescentes, rebeldes e inquietos, anárquicos e irrespetuosos, se les escucha con Paciencia pedagógica, abren su corazón y su alma y empiezan a escucharse entre sí y a sí mismos. ¿Qué es la paciencia pedagógica? la escucha activa, preguntar para que ellos y ellas respondan las cuestiones y desvelen su saber interior, esperar e incentivar su inteligencia afectiva más que la lógica, que también,… y así su alma sedienta de amor, va apareciendo entre las grietas de sus corazas construidas a trompicones, disolviéndose suavemente en el diálogo afectivo, en nlos silencios respetuosos, en el contacto y la mirada sincera y sin juicio reconociendo su alma. Cuando eso ocurre sus ojos vuelven a sonreír inocentes y juguetones, su rostro y las palabras empiezan a tener sentido, a expresar sentimientos encerrados en su interior, a abrir su sensibilidad encapsulada entre etiquetas dolientes, y poco a poco van apropiándose dignamente de su singularidad. Ellos y ellas son el futuro. A nosotras, facilitadoras y educadoras biocéntricas, papas y mamás, abuelas, tías, familia y comunidad humana, nos cabe que así sea.

No escatimes recursos ni ocasiones para que la «magia» ocurra. No dejes escapar ninguna oportunidad para crear ambientes que nutran su alma sedienta de amor, comprensión, amabilidad y sentido. Suelta todo lo aprendido y vacíate para que ellos y ellas también puedan soltarlo y así recreen el verdadero conocimiento que emerge del interior. Fuera sólo hay espejos.

Tenemos mucho por hacer aún. Es urgente.

Amor y Servicio.

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