Educación Biocéntrica

Prostitución, salud y acompañamiento desde mi vivencia biocéntrica.

Conocer de cerca el mundo de la prostitución está siendo una bendición para mí. Han sido tres meses de dura adaptación donde he fluctuado entre sentimientos contradictorios que me hicieron dudar de mi verdadera vocación como educadora biocéntrica. Me sentí golpeada por una brutal crueldad que esconde mujeres sagradas que aman como nunca había visto antes.  Detrás de rostros maquillados con exuberancia,  cuerpos semidesnudos expuestos en alquiler, sonrisas amplias y generosas, hay una humanidad tierna, sensible, maternal, profundamente sagrada.

Cuando decidí trabajar con mujeres prostitutas, sabia que mi empeño no surgía por un afán de salvar a nadie, sino de acompañar y compartir el ser mujer en un mundo enloquecido por la posesión, el lucro y el consumismo. He leído mucho sobre prostitución, sus efectos, consecuencias, estadísticas que cifran datos recogidos en grupos de control, análisis, historia de su supuesto origen, relatos de vivencia, y ….  cuando hablo con ellas cara a cara, frente a frente, piel con piel, semana tras semana, agradezco ser mujer porque nosotras las mujeres, somos capaces de cualquier cosa por amor. Nuestro ser femenino interno, profundo, oculto, se manifiesta siempre que encuentra un espacio donde ser y hacer presente la grandeza de la Gran Madre que habita en cada una de nosotras.

Claro está que en cada mujer, la experiencia de la vida la vive de una forma u otra, más ausente, más presente, más furiosa, rebelde, calma, ….. Mi experiencia en estos meses es que las prostitutas son mujeres sabias que han aprendido a conocer al hombre en profundidad, llevándolas a una compasión renovada en cada cita de treinta minutos mínimo.

Compasión se traduce literalmente como «sufrir juntos, simpatizar con el sufrimiento ajeno, ir más allá de la empatía para comprender el estado emocional del otro».  Ellas hablan de los hombres, sus clientes, como si trataran con niños chicos perdidos en un mundo de apariencia y mentira. Las mujeres prostitutas son el continente donde los hombres que acuden a su encuentro, pueden mostrar sus miserias, adicciones, locuras, fantasías, perversidades, …. sin reparo ni miedo a ser juzgados. Ellas son la posibilidad de escapar del papel de hombre correctamente ajustado al patrón estándar que la sociedad les exige, y con ellas juegan a ser sin tener que ser.

Nos cuentan las mujeres, que muchos clientes vienen a hablar, a ser escuchados, a ser mimados y a liberar sus fantasías sexuales reprimidas por miedo a ser rechazados o mal interpretados por su esposas, compañeras y por ellos mismos.  Los hay que descargan tensión acumulada sin miramientos, pero la generalidad habla de nostalgia de amor. ¡Es tan amplio el amor y tan mal interpretado!!! Cuerpos fragmentados por la educación de las partes disociadas entre sí, ajenas unas de otras a la plenitud de amar en libertad.

Estos tres meses de integración, me ha dolido el alma. Ha crujido mi memoria ancestral femenina para romperse un velo imperceptible que nublaba inconscientemente mi ser en la vida. Ha sido a través de sus miradas de mujer, de sus secretos guardados, de su saber femenino que he podido sentir más profundo vinculo con  la sacralidad de la vida.

Las prostitutas que he conocido en el proyecto hasta el día de hoy (unas 40-45 mujeres y dos transexuales), en su mayoría son madres separadas o divorciadas, viudas y también casadas, con hijos e hijas por los que hacer lo que haga falta para que estudien y sean algo en la vida, «no como yo, una puta», dicen. Nadie sabe que la economía que sustenta sus hogares es fruto de la prostitución, ni sus parejas, maridos y amantes. Tienen un altísimo grado de responsabilidad con su familia, sea esta hijos y padres, ya que pueden prescindir con bastante facilidad de su pareja, pero no de sus padres e hijos, asumiendo ellas la sustentación econdómica familiar, con médicos de pago si es necesario, estudios hasta la universidad para sus hijos e hijas y todo lo que necesiten para darles cuanto sea necesario para vivir con dignidad y que no les falta de nada. «Si no lo hago yo, quien lo va ha hacer», dicen con digna aceptación. «Ellos me lo han dado todo», dicen en referencia a sus padres.

Aman a sus hijos e hijas con orgullosa y generosa locura. Cuando hablan de ellos, su cara se ilumina y todo sacrificio vale la pena sin rechistar lo más mínimo. Aguantan humillaciones solo si no han tenido suficientes ingresos para pagar los gastos previstos,  y exigen a sus clientes buen trato, usando el arte de la seducción y la complacencia.  Suelen tener mucha consciencia en relación a los contagios por enfermedades de transmisión sexual y evitan riesgos, no tanto por su vida sino por la de sus hijos.

También hay desesperación, esclavitud, consumo de drogas, mala alimentación, exceso de operaciones de estética para resaltar sus atributos sexuales, adicción a la televisión y al móvil, tendencia a no socializarse con el mundo exterior, desvalorización personal, estrés emocional,…

Mi trabajo como educadora biocéntrica  dentro del equipo multidisciplinar del proyecto, es aportar herramientas para valorizar sus vidas, impulsar la salud y el cuidado de sí mismas, informarlas de los riesgos de contagio de enfermedades de transmisión sexual, ofrecerles estrategias de negociación con el cliente, y sobre todo escuchar sus vidas, sus pensamientos, sus sueños.

En este tiempo con ellas, nunca he oído una queja a no ser por la falta de clientes. De entre las mujeres prostitutas que he conocido estos tres meses, sólo una amaba su trabajo, disfrutaba practicando el sexo con diferentes hombres y se sentía afortunada de hacer este servicio a la sociedad. Para casi todas las demás, la prostitución es la opción para que los suyos tengan una vida digna. Algunas es porque ganan más dinero que cuidando ancianos o fregando casas, y otras pocas porque están atrapadas en una red mafiosa de tráfico de mujeres con escasas posibilidades de liberarse.

Después de tres meses, empiezo a amar a esas mujeres que semana a semana me educan en la dimensión sagrada del amor. Quizás te pueda parecer demasiado poética mi vivencia, pero ¿qué es la vida si no un encuentro con lo poético?

Te sigo informando. Abrazos.

Cursos

Camino, Verdad y Vida. Taller de Biodanza

Todas las mañanas paseo con mi perro Roc durante una media hora antes de desayunar; es nuestro ritual matinal diario. Solemos hacer el mismo recorrido: unas pocas calles para cruzar el asfalto que nos separa de tierra, hierba y árboles donde Roc camina a sus anchas sin correa que lo sujete.

El camino que recorremos es agradable, silencioso, a penas transitado. Cuando llueve, la hierba florece y todo huele a tierra fértil. Los pájaros revolotean de árbol en árbol sin prisa. Andamos despacio, oliendo el espacio y regalándonos momentos de sin tiempo. En mi interior resuena la palabra «camino».

Camino proviene de la palabra celta cammin que deriva de cam (paso). Así, camino viene a ser «senda por donde se transita para llegar a un destino«.

Nos han educado, o mejor digo adiestrado, para negar nuestro mundo interior y permanecer atentas a todo cuanto ocurre fuera donde todo es «realidad» y no quimeras, fantasías e imaginación. La voracidad del mundo que existe fuera de nosotras es avasalladora, regida por estándares y patrones inventados para servir la fiera del consumo, la propiedad privada y el lucro despiadado, sin lugar ni espacio para la singularidad en la diversidad. Durante siglos nos han insistido en seguir y obedecer patrones que ya hoy no tienen ningún sentido para seguir manteniendo. Ha llegado el fin de la noche donde la ensoñación nos parecía vida en lugar de la muerte que es. Es momento de volver a mirar desde dentro y escuchar lo que nuestro ser siente.

Si volvemos la mirada hacia el «yo» interior, podemos percibir que camino es también el paso que surge del propio ser en acción, cuando siente que está vivo. Dentro de cada una de nosotras, existe la maravillosa posibilidad de Ser Camino porque todo parte de la vida que somos. Todo es creación y parte de una misma, aunque la consciencia permanezca dormida. Para ello, «yo» se convierte progresivamente en «nosotros» y después en «todo», donde el «yo» se funde con la vida y pasamos a ser «co-creadoras» de cuanto existe.

Caminar entonces, es un acto afectivo/motor que abarca la singularidad del ser en expresión amplia, solidaria, comunitaria y dialogante con la propia creación. Así, comunicar con animales, abrazar árboles, extasiarse con un amanecer, yacer con hierba, saciarse de agua, calentarse al fuego, contemplar al ser amado,… son acciones que hablan de auténtica humanidad, del verdadero sentido de ser humano, de con-vivir. Rescatar la Verdad que habita en nuestro interior, en nuestra esencia, en lo esencial del vivir, sintonizados con la Vida y con todo lo que favorece su evolución.

Por eso he escogido como título de este taller «Camino, Verdad y Vida» en recuerdo al mantra milenario que se repite  a través de los tiempos: «Yo soy camino, yo soy verdad, yo soy vida».

Sábado 31 de mayo 2014, de 17 a 20h.

Espai «Cal Gorina» – carrer Centre, 8 de Castellar del Vallés.

Aportación económica: 11€ (precio social)

Metodología del taller

Biodanza Rolando Toro es sistema de integración motor-afectiva y reeducación existencial que utiliza arte, música y poética para potenciar la expresión más saludable del ser en conexión con la vida. Esta indicada para todas las personas de todas las edades y toda condición. Siempre se trabaja en grupo.

Facilita el taller

Teresa Vázquez Tendero, facilitadora de Biodanza y Educadora Biocéntrica por la International Biocentric Foundation (IBF) con núm. de colegiada: BAR 0823. Post grado de Neurociencia aplicada y Biodanza Acuática. En formación de Escuela Matrística.

Indicaciones:

Traer ropa cómoda, vaso o taza para beber. Para participar en el taller se requiere inscribirse mediante correo electrónico a tevazte@gmail.comteléfono 649085439

Educación Biocéntrica

Educación biocéntrica en la furiosa industria del sexo

Hace 9 años, en el 2004, la vida me regaló el encuentro con María, una mujer brasilera de 32 años, pelo largo liso teñido de rubio, piel morena, ojos expresivos, educada, de 1,57cm de altura, cuerpo armónico, inteligente y marcadamente discreta en su estar. Nos conocimos en el Centro Espirita Amalia Domingo Soler de Barcelona donde, en esos momentos, colaboraba en el departamento de Acogida.

María entró en el Centro detrás de la mujer que nos la presentó. Se mostraba tímida. La saludé y me dispuse a explicarle el funcionamiento del centro, las actividades que se desarrollaban, dónde y cómo podría participar, horarios, etc. Me escuchó en silencio, asintiendo con la cabeza de vez en cuando. La invité a participar de la clase que se iba a desarrollar en breve y accedió con una breve sonrisa.

Durante toda la clase, María permaneció atenta, interviniendo en alguna ocasión con humildad y muestras de la sabiduría que otorga la experiencia de la  vida. Su rostro fue relajándose progresivamente hasta que al terminar el aula, se acercó para preguntarme si podría escuchar su historia porque necesitaba ayuda y para eso necesitaba contarnos cómo había llegado hasta allí y cual era su situación. Entramos en una estancia privada cómoda;  la invité a sentarse donde quisiera y cuando estábamos una frente la otra, sin nada entre las dos, María me miró a los ojos en silencio. Pude percibir su semblante con atención. El único sonido que se escuchaba era su agitada respiración.

A lo largo de mi vida, he atendido a muchas personas de toda condición y sexo, en situación de sufrimiento, desesperación, angustia y miedo. Nada de lo que me pudiera contar iba a sorprenderme, porque el dolor tiene mil caras pero sigue siendo dolor. Estaba preparada para escuchar cuanto quisiera contarme. Su voz dijo sin dejar de mirarme: «Gracias por escucharme. No estoy muy acostumbrada a eso. Más bien soy yo la que siempre escucho; me pasa desde pequeña». Agachó la mirada y respiró despacio. Volvió a mirarme fijamente y dijo: «Soy puta. Una puta. Vendo mi cuerpo y ya no puedo más.»

Siguió hablando durante casi una hora sin pensar en lo que decía, como un río donde corre el agua que va al mar. Su verbo era cultivado, hablar lento, casi sin acento, algunas palabras en catalán porque «soy muy lista, se me dan bien los idiomas».  Hablaba ruso, ucrainés, búlgaro, polaco, castellano y algo de inglés. Lo había aprendido con las chicas de la calle, el burdel, el piso… donde alternaba a lo largo de toda su vida desde jovencita.

Nos encontrábamos cada semana en el centro. Asistía a las clases y empezó a colaborar en alguna actividad. Fue recuperando fuerzas poco a poco. Estaba en casa de una amiga que la acogía sin cobrarle nada mientras «me pongo buena», decía. María y yo llegamos a ser amigas.

María empezó a diseñar su futuro lejos de la calle: su plan era comprarse un ordenador y tomar clases de informática para trabajar como recepcionista en alguna empresa. «Tengo muchos idiomas y don de gentes» decía riéndose con la boca grande. Una vez por semana, venía a dormir a casa y pasaba dos días con nosotros. Los niños la adoraban, sabía como tratarlos. También conocía extensamente remedios de plantas y hierbas. Lo había aprendido en su Brasil natal de niña, en el campo con las mujeres ancianas de su pueblo que le enseñaron casi todo sobre remedios naturales.  María sabía hacer muchas cosas que ella decía le servirían para «salir de todo esto y vivir».

En nuestros encuentros, solíamos hablar de su vida, «me hace bien -decía- no lo he contado nunca a nadie»: de su difícil infancia, adolescencia, su primer novio, el primer cliente, las palizas, el miedo, el dinero, el lujo, la hermandad que surgía entre las «chicas de la calle», las envidias y la competitividad, los abusos, los clientes, sus desdichas,… y su enorme corazón se mostraba limpio, puro, sin mácula. «Los clientes vuelven a por mí porque yo les curo, los entiendo»- decía y sus ojos se hundían en una profundidad insondable para mí. Había veces que súbitamente dejaba de hablar y entonces decía que hay cosas que mejor no decirlas nunca.

En una ocasión María me contó que haciendo calle en Brasil, cuando era pelirroja y con veinte años, un famoso cantante que estaba haciendo gira por tierras brasileras, la escogió para una noche. La química que surgió entre ambos hizo que María fueron transcurriendo los días y los meses, y María seguía acompañándolo hasta el punto que el cantante le ofreció llevarla a su país, pagarle un piso, estudios universitarios de botánica (tal era su sueño), darle todo lo que ella quisiera para tener la vida que ella quisiera, y se negó porque «yo soy libre, y todo lo que consiga en la vida será por mi misma» argumemtó.

De la noche a la mañana, María tubo que marcharse de la casa donde estaba porque el «chulo» de su amiga le había dicho que eso no era una casa de caridad y que si quería vivir allí había de trabajar para él. Decidió volver a la calle y a un gimnasio donde concertaban citas para clientes; eran muchas horas diarias pero «lo hago para pagarme el piso y el ordenador. Es momentáneo. Cuando tenga el dinero, lo dejo». Y así fue, en dos meses reunió todo el dinero necesario para empezar de nuevo, aunque su rostro y su ser reflejaban un profundo cansancio.

En el transcurso de estos meses, un día vino a verme con un hematoma en la cara. «Un cliente desafortunado», me dijo bajando la mirada. Al mostrarle mis dudas de si valía la pena esperar a tener todo el dinero para empezar de nuevo, ella insistió que quería hacerlo así. Con la cara golpeada no podía trabajar, así que el plazo de tiempo se alargaría. Habíamos decidido que vendría a vivir a nuestra nueva casa, lejos de la ciudad y de todo lo conocido, encontraría un trabajo de canguro o dependienta en algún comercio de la zona, mientras estudiaba informática. Entonces no era tan difícil encontrar trabajo y estábamos convencidas que el plan funcionaría.

María se agotaba día a día. Sus fuerzas se deterioraban. Llegó el día anhelado. Habíamos quedado en recogerla a una dirección que me facilitó. Su equipaje era una única maleta y el ordenador que aquella misma mañana iba a comprar. Estuve esperándola más de dos horas, llamándola a su móvil desconectado. No apareció. Durante varios días, estuvimos buscándola en los sitios que podía frecuentar, llamamos a su familia en Brasil, recorrimos calles,…. María no apareció.

Desde entonces han pasado muchas lunas. En ocasiones, con una amiga común, la recordamos. No tenemos ninguna pista para seguir, ya no hay teléfonos de familiares en Brasil, sólo un extraño vacío. Pero María sigue viva en mí. He gestado todo un mundo en mi interior hasta parir la aceptación de que todo cuanto existe tiene una finalidad y está sujeto a un pacto de Amor.  Aunque sea atroz la furiosa prostitución, la industria del sexo existe como el pájaro en el bosque y la ballena en el mar, como el fuego que destruye y la guerra que extermina, como el pecho de una madre amamantando a su bebé y la risa sincera de las niñas.

Mientras haya personas que compren cuerpos para saciar sus carencias, mujeres como María seguirán existiendo para cumplir su pacto de Amor y compromiso con la vida. Me ha costado mucho entenderlo y aceptarlo. Ha llovido mucho en estos nueve años querida María.

Entraste en mi vida y la colmaste de tesoros valiosos que he ido descubriendo en mi en la medida que se creaban espacios de escucha en mi interior. Dejé de querer salvarte para amarte sin más, honrando tu ser, tu existir, tu servicio a una humanidad en transformación. Ha dejado de dolerme el saber que todavía necesitamos vivir experiencias devastadoras para experimentarnos como seres humanos, complejos, neutros, inmersos en un universo geométricamente sagrado, armónico, donde cada ser tiene su función primordial en el engranaje de la vida y en su consciencia superior pacta cada detalle de su existir, sellando compromisos de Amor y Servicio que nos unen.

Mucho queda por andar y hacer para sanar tanta locura. Se inician acciones aisladas como en Suecia donde la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra las mujeres, niños y niñas y se reconoce legalmente como una explotación del ser humano, aplicando leyes en consecuencia, pero hay todavía un largo camino que recorrer para no prolongar sufrimientos y educar al ser humano en el impulso saludable de transformación individual, colectiva y cósmica.

He dejado de pensar con el cerebro para pensar con el corazón y con el tiempo he conseguido crear en mí la propuesta biocéntrica que me va a permitir trabajar con mujeres que como tú, ejercen la prostitución en calles, burdeles, pisos clandestinos, plazas, descampados, cumpliendo así su pacto de aprendizaje, servicio y Amor, y pongo Amor en mayúscula por que me refiero al Amor Incondicional, la energía magnética que nos atrae a todos los seres hacía la Unidad. Inicio mi viaje el martes 18 de marzo en la Asociación Actúa Vallés.

Me siento honrada de iniciar este servicio sin fecha de caducidad. Gracias María por impulsar en mí el deseo de servir y acompañar a estas valientes mujeres.Vamos despacio porque vamos lejos, muy lejos. Te iré informando.

Amor y Servicio

Biodanza

De semilla a árbol en Biodanza

Entrar en bosque es zambullirse en espacio donde tiempo deja de ser lineal y se pone a danzar de puntillas en espiral. «El bosque sana», lo sabemos los que andamos por sus caminos y los expertos al estudiar los cambios de frecuencia que se ocasionan en las personas al adentrarse en un bosque o entorno natural; también lo saben los naturalistas, los botánicos, las herbolarias y brujas cuando crean sus pócimas, chamanes, sacerdotisas, meditadoras, biólogos, ecologistas,… toda criatura humana lo sabe porque ella misma es vida, bosque, árbol, flor.

En Biodanza existe una vivencia hermosísima creada por Rolando Toro, que tituló Danza de la semilla. Esta danza pertenece al conjunto de danzas secuenciales que combinan diferentes líneas de vivencia y se realizan siguiendo una secuencia específica como proceso progresivo de integración.

Rolando, inspirado en la observancia de la naturaleza, determinó: «La semilla contiene el proceso de la vida y se transmite a través de millones de años. En cada etapa nacen nuevos brotes, nuevas capacidades. En cada edad recibimos la gracia de nuevas visiones. Todos los momentos de nuestra existencia tienen un valor intrínseco que es necesario saber descubrir».  Así como la semilla necesita una tierra fértil y apropiada para poder germinar y brotar, crecer y ser la que es, Biodanza proporciona el espacio afectivo-nutritivo saludable para reconocerse como semilla y potenciar todas nuestras capacidad al servicio de la vida. El trabajo en grupo de Biodanza es el laboratorio idóneo para germinar y dejar que los brotes que surgen se hagan fuertes y sanos, los que nacieron y se quebraron, sean nutridos por la afectividad y cuidados  del grupo y su facilitadora, y que cada semilla sea el árbol que está destinado a ser en todo su potencial y generosidad.
de semilla a árbol

«La vivencia del crecimiento- dice Rolando- es una de las más profundas y bellas que un ser humano puede experimentar. Desarrollar cada día las potencialidades desconocidas o no reveladas. Crecer hasta el fin de nuestros días, florecer y dar frutos. De este modo, la vida humana se puede parecer a un árbol que brota de una semilla, se hace fuerte y fecunda, nutrido por la linfa inmemorable del amor.»

Poner la intención para danzar la Danza de Semilla es entrar en ese lugar mágico del bosque que habita en nosotros y recordar qué somos, danzar el movimiento de la vida que surge de nuestro interior y experimentar el amor sin condiciones que brota de nuestra naturaleza íntima y esencial. Amarnos amando la vida mientras la danza sigue en movimiento ascendente desarrollando ramas y hojas de creación sin fin, frutos que generan más vida y que de una forma u otra seguirán dando otros frutos, otras semillas, otros árboles y más vida. Entonces la muerte no será ya una vivencia de finitud, sino una transformación más del ciclo eterno de vida.

Dejo el link de una de las músicas que solemos utilizar para la Danza de la Semilla. Se trata de Allegro non molto. Concerto L’hiverno. Antonio Vivaldi (1678-1741). Cierra los ojos y disfrútala.

Biodanza

«Sentirse viva» en Biodanza

Teoría de Biodanza, pg 272. Rolando Toro

La vivencia del propio valor y de la auto aceptación es compleja. Proviene de la intensa sensación de estar vivo, de sentirse a sí mismo, de sentir el cuerpo como fuente de placer y de saber lo que se quiere, y por otro lado, de saberse único y singular, asumir su auto-imagen. El sentirse vivo con y para otro y, al mismo tiempo, exaltando sus propias características, refuerza todos los circuitos de la identidad saludable y de la vitalidad.

Vivenciarnos, habitarnos en conciencia, resulta complejo en el mundo actual que educa a los seres humanos para vivir proyectados hacia fuera, sirviendo a una sociedad cuya norma es altamente patógena, tóxica y caduca. Analizar la intención de esta sociedad, su locura, no es el objetivo de Biodanza ni de este post.

En Biodanza danzamos para regresar a la sensación de estar viva, singular, integrada en la diversidad y en profunda vivencia de pertenencia a la vida, sus habitantes y su hábitat. Por eso en las aulas de Biodanza nunca corregimos gestos, movimientos ni expresiones de la persona, porque no existe el movimiento adecuado ni inadecuado, la expresión incorrecta ni correcta, el hacer bien ni mal; cada gesto es expresión única e irrepetible del ser en el momento presente, aquí y ahora donde todo ocurre y se transforma a la vez, permitiendo la vivencia personal y comunitaria, de ser fragmento de sí mismo y fractal de la totalidad, espejo donde mirarse y reconocerse en la presencia del otro, rescatando nuestra profunda naturaleza afectiva.

Rolando nos habla de «sentir el cuerpo como fuente de placer» y esta expresión puede confundir ya que solemos vincular el placer corporal con genitales y sexo, limitando así su multidimensionalidad. En Biodanza, el placer es la forma natural del «ser humano»; es el motor de la existencia, el impulso de vivir, de buscar para encontrar, de seguir andando, de insistir en satisfacernos, y todo ello pasa por el cuerpo, el gran desconocido.

placerNuestra corporeidad está diseñada para reconocer lo que nos beneficia e impulsa vida. A través del placer y la satisfacción distinguimos lo que queremos y lo que no, tal y como hacen los bebes al nacer: lloramos cuando algo no va bien, reímos y dormimos cuando todo es plácido y agradable. Cada lloro, risa, sueño es expresión de la singularidad del ser, del «ser único» que dice Rolando en sus apuntes de teoría. Cuando reconocemos ese ser único y lo honramos con nuestros actos y acciones en coherencia con la vida, estamos en disposición de «sentirnos vivos con y para otro y, al mismo tiempo, exaltando sus propias características». ¿Para que perder tiempo en competitividad si podemos vivir en paz y armonía si reconocemos las característica del otro como complementariedad?

La ausencia de competitividad provoca solidaridad y presencia.Todos somos iguales como el círculo simboliza. Cada una es única e irrepetible. No te limites en tu hacer cotidiano; emerge cual ave Fénix y place de vivir.

Biodanza

Rolando Toro y la danza

Teoría de Biodanza, Rolando Toro.

«El primer conocimiento del mundo, anterior a la palabra, es el conocimiento por el movimiento (en la experiencia humana). Más que un espectáculo, la danza es el movimiento interior que origina los actos vitales: el abrazo, el mecimiento del bebé, las caricias y los besos, el trabajo, los saltos de alegría, los juegos, los gestos abatidos de soledad y los gestos espléndidos del encuentro. La danza es lo que nos mueve como criaturas apasionadas o como tristes espectros de la muerte.

Danza es el acto de la siembra, el de la oración e invocación a los dioses y del movimiento de dar y recibir. Caminar, nadar, comer, son parte de la danza infinita. Los astros danzan la danza celeste en la armonía y en el orden de la naturaleza. Las semillas se levantan desde la oscuridad de la tierra en misteriosa danza, elevándose al sol. Las rosas se abren y esparcen sus pétalos, los bosques se despiden en profundo otoño con hojas errantes».

Biodanza

Qué distingue Biodanza de otros sistemas

La Teoría de la Resonancia Mórfica del biólogo Rupert Sheldrake postula que la conducta de una especie cambia cuando las modificaciones dentro de ella alcanzan un nivel crítico o número concreto de sujetos, llegando a transformar hábitos de la especie entera. Ken Keyes, Jr. escribió la versión más extendida del relato alegórico a la teoría titulado «El centésimo mono», y dice así:

Durante treinta años, un grupo de científicos se dedicó a estudiar las colonias de monos que habitaban diversas islas, separadas entre sí, en las inmediaciones de las costas de Japón. A fin de hacer que los monos bajaran de los árboles para poder estudiarlos de cerca, los investigadores solían arrojar boniatos en la playa a modo de cebo, y cuando los monos acudían a saborear el almuerzo gratuito, tenían ocasión de observarlos en detalle cómodamente. Un buen día, una mona de dieciocho meses a la que llamaban Imo se acercó a lavar su boniato al mar antes de comérselo; supongo que sabía mejor limpio de arena o de pesticidas, o quizás adquiría de ese modo un ligero gusto salado que resultaba agradable al paladar. Imo enseño a hacer eso a sus compañeros de juego y a su madre; sus compañeros se lo enseñaron a sus madres y paulatinamente fueron cada vez más los monos que empezaron a lavar sus boniatos en lugar de comérselos rebozados de arena. Al principio sólo las hembras adultas aprendieron a hacerlo a imitación de sus crías, pero poco a poco otros aprendieron también.

Al cabo de un tiempo, los científicos se dieron cuenta de que todos los monos de la isla lavaban sus boniatos antes de llevárselos a la boca. Pero, aún cuando ése era de por sí un hecho significativo, fue aún más fascinante descubrir que aquella alteración de la conducta no se había producido en esa isla únicamente, sino que, de pronto, los monos de todas las demás islas habían empezado  también a lavar sus boniatos a pesar de que nunca había existido contacto directo entre las colonias de monos de unas islas a otras.

He escogido este relato para desarrollar lo que distingue la Biodanza de otros sistemas enfocados al autoconocimiento y la expresión saludable del ser.

En el relato, Imo tiene la iniciativa de lavar su boniato en el mar y la place, por lo que decide enseñar a sus colegas de juego y su madre. El impulso que la transformación es el placer, y el siguiente gesto es compartirlo a su comunidad más cercana: sus hermanas y colegas de juego y después su madre.  En Biodanza trabajamos desde la conexión con la alegría de vivir porque reconocemos nuestra naturaleza profundamente placentera a pesar de haber integrado el mensaje «vivir es sufrir» inculcado durante varios siglos por nuestra sociedad enferma de poder. Ningún animal nace con sufrimiento excepto el ser humano. Nos cabe recordar (del latín recordare, volver a pasar por el corazón) que parir es con orgasmo y ese es el diseño de nuestro organismo; estamos diseñados para vivir en el placer, la alegría, el erotismo, la satisfacción, la confianza, el valor, la solidaridad, la nutrición. Consciente de ello, Biodanza potencia las funciones originarias, los instintos, para regresar a nuestro ser esencial, despertarle e impulsarlo a la conexión con su naturaleza primordial, recuperando así la natural alegría de vivir.

Vivir es un acto comunitario, donde singularidad y diversidad son artífices indispensable de la abundancia y el equilibrio armónico de la vida. Nosotros somos vida, aunque vivamos enfocados en la muerte como finitud. Biodanza sintoniza con la naturaleza cíclica del cosmos, por eso siempre trabaja de forma circular, manteniendo la espiral de la evolución en cuyo centro se encuentra la evolución saludable de la vida.

Hasta aquí no parece que haya grandes diferencias con otros sistemas pero la realidad es que hay distinciones primordiales que singularizan los resultados de Biodanza Rolando Toro. Son:

  • El inconsciente vital definido como psiquismo de células y órganos, que responde a estímulos externos e internos en función de la memoria primigenia que repite fractalmente patrones de comportamiento como: defensa, afinidad, rechazo, asimilación, solidaridad,… y una basta red comunicativa.
  • La inteligencia afectiva que es la base estructural de todas las demás inteligencias y que condiciona nuestra expresión de «ser en la vida».
  • El principio biocéntrico que sitúa la vida y su evolución en el eje central de toda creación, viviendo desde una perspectiva profundamente ecológica.

Para conseguir que esa masa crítica se de y que el centésimo mono transforme la manera de vivir de la humanidad en un mundo basado en el respeto a la singularidad y la diversidad, promoviendo acciones en pro de la vida, Biodanza propone círculos y más círculos de encuentro con nuestra naturaleza primordial capaz de generar el cambio de paradigma existencial. En esos círculos, se proponen vivencias integradoras a través de músicas escogidas, movimiento/danza, juegos, arte y situaciones de grupo que inciden en la inteligencia afectiva y el inconsciente vital, reeditando así nuestra expresión del ser hacia una vivencia de totalidad.

Biodanza es para vivirla. Si te llama la atención, no dudes en participar de la Danza de la Vida. Visita la web de profesionales de Biodanza Rolando Toro de toda Iberia BiodanzaYa - Mejor para encontrar tu grupo más cercano.

Biodanza

Carl G Jung: antecedentes psicológicos de Biodanza

Tal y como dice Raúl Terrén en su carta dedicada a Rolando Toro el 27 de febrero de 2010, «(…) Einstein y Heisenberg te enseñaron el pensamiento cuántico, Freud y Jung te iniciaron en el misterio humano (…). »  Efectivamente, Jung fue una de las fuentes de inspiración más influyentes para Rolando Toro en el proceso de creación del Sistema Biodanza. Los fundamentos psicológicos de la Teoría de Biodanza están basados mayoritariamente en la vida y obra de Jung. Me parece interesante también las analogías de Rolando Toro y Carl G Jung en su búsqueda constante del conocimiento y entendimiento del ser, llevándoles a viajar por todo el mundo hallando respuestas,  ampliando percepciones y desarrollando su propia teoría.

He encontrado un trabajo que realicé sobre Jung hace muchos años. En él he encontrado citas de su correspondencia abundante mantenida con muchas personas en todo el mundo, pensamientos, vivencias y recuerdos dictada a Aniela Jaffé colaboradora personal de Jung que sirvieron para escribir su autobiografía recogida en un libro titulado -Jung, su vida, su obra, su influencia, Gerhard Wehr, (1991) Paidós Testimonios. Me place compartir un breve resumen de su pensamiento con la finalidad de ampliar los antecedentes de los aspectos psicológicos de Biodanza.

Carl G Jung
Carl G Jung (1875-1961)

Carl G Jung afirma que la meta del desarrollo anímico es el proceso de convertirse en uno mismo (individualización), en cuyo transcurso las grandes polaridades u opuestos de la vida se fusionan en una unidad: consciente e inconsciente, luz y oscuridad, masculino y femenino, anima y animus (feminidad y masculinidad interna).

Para corroborar esta visión, Jung pasó 45 años de su vida para que las experiencias propias pudieran formularse científicamente y trasladarlas a la práctica terapéutica;  de ahí que para poder ejercer de psicoanalista junguiano se requiere vivir en sí mismo el proceso del entendimiento racional a la comprensión. En Biodanza también es un requisito imprescindible participar, durante los 3 años de formación como facilitadora más uno más de presentación de tesis de titulación, en un grupo regular de Biodanza pasando por las etapas de iniciación, profundización y radicalización de vivencias.

Sus experiencias le llevaron a decir «Son aún demasiado pocos los que buscan en su interior, en su propio Sí-mismo. (…) A cada uno individualmente le hace falta subversión, violencia interna, disolución de lo existente, renovación, pero no imponer a sus semejantes hipócritamente el manto del cristiano amor al prójimo o del sentimiento de responsabilidad social… Se requiere de conocimiento de sí mismo por parte de cada uno, regreso de cada uno al fundamento de la esencia humana y de su certidumbre social e individual».  

Consciente de los complicados fenómenos anímicos  del ser humano, hacia el año 1910, Jung concluye que existe una función mediadora entre consciente e inconsciente, racional e irracional a la que llama » función trascendente» que consiste en una sucesión de fenómenos que aparecen espontáneamente en sueños y visiones. Sus estudios sobre mitología le llevan a pie del Nilo en Egipto, donde estudia el saber de Osiris, de Horus y su antagonista Set, concluyendo que la naturaleza humana tiene la necesidad de liberarse de las tinieblas para ir a la Luz y seguir así sincronizados a los ciclos vitales representados en la naturaleza como día/noche, Sol/Luna, vida/muerte, oscuridad/luz…

Este entendimiento le lleva a las preguntas ¿cuál es realmente la meta de este proceso, del viaje a los más profundo del propio interior? Impulsado por su interior, inicia esbozos y dibujos circulares que terminan siendo mandalas (en sánscrito, «círculo») descubriendo que: «Sólo gradualmente llegué a advertir lo que es realmente el mandala: formación-transformación, conservación eterna del sentido eterno, y eso es el Sí-mismo, la totalidad de la personalidad (…)».

A inicios de 1925 viaja a Nuevo México para visitar los indios taos en la meseta de Taos, donde conoce a Ochwiä Biano, Lago de Montaña, cuyo nombre civil es Antonio Mirabal.  Éste le hablaba de la locura de los hombres blancos porque sólo piensan con la cabeza y no con el corazón y así han perdido la capacidad de comprender la vida y al ser humano. Le dice sinceramente que el hombre blanco ha perdido el alma y eso se manifiesta en su fisonomía, en la mirada, los rasgos faciales. Jung dice al respecto: «Por primera vez en mi vida alguien me había trazado el retrato del ser humano verdaderamente sabio. Aquel indio había tocado nuestro punto más vulnerable y descubierto algo para lo que nosotros somos ciegos. Sentí como si algo desconocido pero interiormente familiar ascendiera en mí como una niebla informe y de esa niebla se desprendía una imagen tras otra». Para Jung las palabras de Lago de Montaña amplían su conciencia a una percepción sagrada y sublime que desconocía. Incluso en su último año de vida, con ochenta y cinco años, escribe: «Nos hace falta urgentemente una verdad o una concepción semejante a la de los egipcios de la Antigüedad, como la que encontré aún viva entre los taos-pueblo«. Estamos en los cincuenta años de Jung, en 1925.

Estudia el I Chin – Libro de las transformaciones donde se recoge la sabiduría ancestral china. Este estudio de los oráculos le hace concebir el fenómeno que Jung define como «sincronicidad».

En sus viajes a África, Jung entra en contacto con los rituales de veneración a la Luna y al Sol, con la inmersión sagrada con la Madre naturaleza y regresa del viaje de 1925, que dura casi una año, relatando que la creación, aparentemente infinita con sus gigantescas dimensiones, sólo puede quedar completa mediante el hombre, ya que éste se convierte en co-creador del mundo. «Es la conciencia humana la que crea sentido y confiere al hombre el lugar estable en el gran proceso del devenir que se produce en el cosmos». 

El estudio de la Alquimia le proporciona los fundamentos históricos para sus teorías y conclusiones. En la Alquimia Jung descubre que « quien busca seriamente la piedra filosofal (transformación de la materia) y el elixir de la vida (transformación de la vida humana) y se esfuerza en representarlo en forma química, descubre el arte del conocimiento espiritual y físico, un camino de autotransformación representado en la Alquimia como la transmutación de la materia». Jung comprende que el proceso de individualización del ser no puede completarse sin la vivencia de la muerte como integradora del proceso de transformación en el Ser Integral.

Se adentra en el estudio y práctica del yoga Kundalini. Viaja a la India por varios meses y es tal su inmersión que quieren convertirlo en precursor de la espiritualidad oriental en occidente, pero Jung dice al respecto: «… su sabiduría les pertenece y a mí me pertenece sólo lo que surge de mí mismo. En Europa, sobre todo, no puedo tomar nada prestado de oriente, sino que debo vivir desde mí mismo(…)»

El «mundo de la psique», tal como dice Jung, es un redescubrimiento individual que se halla en el «organismo anímico de cada individuo.

La vivencia de autotransformación de Jung le llevan a definir el inconsciente colectivo que trasciende al individuo, a la psique individual para ayudarle a encontrar el Ser Integral, mediante imágenes psíquicas del inconsciente colectivo que son patrimonio común de la humanidad a las que Jung denomina arquetipos.

Rolando Toro también se nutre de múltiples viajes por el mundo en búsqueda de conocimiento integrador. Una de sus aportaciones al mapa psicológico del ser es el inconsciente vital, el psiquismo de células y órganos, su memoria arcaica viviente como fractal de la leyes que rigen la Vida. Órganos y células tienen memoria primigenia: sistemas de defensa, afinidad y rechazo, solidaridad y una basta red de comunicación y de formas de comunicarse; un verdadero funcionamiento integrado que origina los estados de humor relacionados con la condición de equilibrio, vitalidad y salud del organismo. Este psiquismo celular, no se nutre de ideas ni imágenes ya que sólo responde a estímulos externos y principalmente internos.

El inconsciente vital aportado por Rolando Toro  se fundamenta (entre otras) en la teoría de la simbiogénesis o sociedad cooperativa de genes, defendida por Lynn Margulis en 1981, que sostiene que el primer medio de evolución para organismos superiores sería los ordenamientos simbióticos que llegan a ser permanentes y por tanto crean nuevas formas de vida. Los estudios sobre neurociencia explicando la formación sináptica y sus mecanismos, los estudios de biología de los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, Fritjof Capra físico austríaco, el psicólogo Lev Vigotsky, el químico ruso Ilya Progogine, y muchos otros pensadores, investigadores, filósofos, artistas, científicos, antropólogos, fecundan el pensamiento evolutivo y confirman recíprocamente la teoría del inconsciente vital que sustenta la metodología de Biodanza.

«Lo importante no es la tendencia o metodología de determinadas escuelas psicológicas, sino la integración de las ideas-fuerzas que han surgido sobre el ser humano, sobre la dinámica de su psiquismo y de su comportamiento. La imagen del ser humano actual no es obra de un sólo pensador (…)». Gittith Ariela Sánchez Padilla en Teoría de la complejidad: Neurociencias y Biodanza.

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Diapositivas presentación Educación Biocéntrica y Biodanza

Biodanza

Integrando la identidad: vivencia biocéntrica

Desnuda de silencios que ocultan sentires profundos donde la vida habita callando, me empodero de la verdad que siento en mí para decir que de amor, nadie sabe más que una misma, y de Amor Incondicional solo podemos hablar cuando el desapego a lo más amado se sacraliza hasta el punto de encontrar el amor sin mácula, inmaculado -como de Gran Madre-, que sobrevive a todo cuanto hayamos conocido con anterioridad.

Vivir en Kairós es una gran bendición. El eterno movimiento circular de la temporalidad posibilita experimentar confianza y sensación de que nada es en vano ya que todo regresa al punto de inflexión donde se gesta la integración de lo vivido. Podría parecer que ese instante concreto es tiempo y espacio, pero eso sería achicar la multidimensionalidad de la existencia. Sí es un instante de vida, más es cúmulo también de toda una vida, de cada instante, cada decisión tomada, cada incerteza silenciada y expresada. En Biodanza, a todo esto lo llamamos integración de la identidad, y se fundamenta en el modelo teórico que sustenta el sistema Biodanza creado por Rolando Toro.

Modelo Teórico de Biodanza
Modelo Teórico de Biodanza

Un modelo teórico es una representación de cómo entendemos lo que es, en este caso se trata de la complejidad de «ser en el mundo». En el eje principal del Modelo Teórico de Biodanza encontramos la pulsión «Conciencia intensificada de sí-mismo/Identidad» y «Conciencia disminuida de sí-mismo/Regresión». En esta pulsación danzan los potenciales genéticos manifestados a través de cinco Líneas de Vivencia que completan la expresión de «ser en el mundo» (en otros sistemas, la expresión de los potenciales del ser se representan como los siete chacras principales). Esta danza fluye entre vivencias que enriquecen y empobrecen nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos. Así pues, vivimos reflejando lo que hemos creído como verdad, lo que hemos asimilado, normalizado y automatizado como respuesta ante la vida, y el resultado suele ser una profunda nostalgia de amor. Ser vistas y miradas, valoradas en nuestra expresión existencial, sostenidas e impulsadas nuestras múltiples capacidades creativas, honradas por ser seres únicos e irrepetibles, amados por nuestra singularidad,… son terribles ausencias que normalizamos en nuestras vidas, transmitiendo así de una forma u otra, con mayor incidencia o menor, el mismo mensaje castrante y destructivo en todas nuestras relaciones, hasta que el desamor duele tanto que nos arroja al «desconocido» interior y nos enfrenta a preguntas existenciales que devuelven silencio desconcertante. Allí,  en ese des-concierto, empezamos a tomar consciencia de la inmovilidad forzada a la que nos hemos sometido y, casi perdidos, empezamos a danzar con los sentidos.

Aire de inicio podría ser, fuego quizás, agua bendita a lo mejor, tierra fértil, éter… Cada una de nosotras, vibra en un elemento que impulsa movimiento de vida y con él la conciencia de estar vivas. Con el tiempo y dedicación, constancia y tesón, vamos encontrando palabras, sonidos, músicas que redimensionan la vivencia del amor, hacía mi misma, la otra, la vida. El proceso requiere de toma de decisiones, asumir las elecciones que hacemos constantemente (conscientes o no), darles conciencia y agradecimiento, sabiduría y equidad  para seguir decidiendo siempre cómo queremos nuestra vidas, con quién queremos relacionarnos, de qué forma queremos nutrirnos, para qué creamos y a quién servimos. Vaciar lo que no nos sirve, para llenar de nuevas vivencias. Despedir para encontrar. Soltar para encontrar. Dejar para recibir.

Vida y muerte son complementos de nuestra dualidad, opuestos complementarios de la vivencia de vivirnos. Existe algo superior que nos sustenta; es nombrado de múltiples maneras por el ser humano, aunque todas ellas reflejan al Si-mismo que habitamos.  En Biodanza, lo llamamos VIDA y queremos que Ésta sea la verdadera protagonista de toda nuestra Historia como humanidad. Nuestro hacer es BIOCENTRICO pero hay muchas personas que hacen de forma biocéntrica sin saber siquiera que existe esta palabra. Lo importante en verdad, es que hagamos siempre de nuestras vidas acciones y servicios que impulsen alegría, bienestar y dicha porque esta es nuestra autentica y única naturaleza primordial.

En Biodanza puedes encontrar herramientas que te lleven de regreso a lo primordial, pero no todo lo que dice ser Biodanza es verdad. Como reflejo de la vida que hemos creado, existen impostores que utilizan el Buen Nombre para lucrar sus impulsos primarios y egocéntricos, olvidando su propia naturaleza divina y la sacralización de la vida como acto genuino de nuestra naturaleza esencial. Biodanza no es mistificada pero sí recupera el sentido sagrado de la vida y lo pone al centro de todas las relaciones, preservando así la Vida en su plenitud y evolución.

Eres libre de vivir tu vida y responsable también. Asume tu poder creador y vive con ello. Sólo te pido que tus actos promuevan Vida, la que de verdad nos merecemos todos los seres de este planeta, de esta galaxia, del universo entero.

Gracias por leerme hasta aquí. 🙂