Biodanza

Cuentos sanadores: La semilla fértil

Había una vez una semilla que había caído en tierra de Nadie.  Los días se sucedían uno tras otro y nada nuevo ocurría. El Sol aparecía en el horizonte y todo brillaba con intensidad; después volvía a esconderse y la Luna despuntaba allà en lo alto reluciente a veces, otras invisible. Parecía que jugaban entre ellas. Al principio le pareció divertido pero cada día sucedía la misma historia una y otra vez:  nunca se encontraban el Sol y la Luna.  La semilla empezó a preguntarse què hacia allí, en esa tierra de Nadie donde nada nuevo pasaba.

Un día apareció una hormiga y se la llevó. Semilla estaba contenta porque iba a conocer otros lugares, nuevos mundos. La hormiga anduvo mucho rato con la semilla a cuestas hasta que se sumergió en un profundo agujero bajo tierra.

¡Cuantos pasillos hay aquí dentro!, dijo la semilla maravillada. – No sabía que debajo de la tierra hubiera tantas cosas. Todas las hormigas andaban de un lugar a otro transportando cosas y almacenando todo lo que traían en su lugar correspondiente; todo estaba perfectamente organizado. Semilla estaba contenta con tanta actividad a su alrededor. ¡Había tantas cosas que mirar!

Los días fueron pasando y semilla empezó a aburrirse de nuevo. Le dejaron de interesar las actividades de las hormigas, sus quehaceres, sus juegos. Cada día le parecía igual, hasta que vinieron las lluvias. El hogar subterráneo de las hormigas empezó a inundarse con tanta lluvia que caía del cielo, y decidieron que debían guardar su comida en otro lugar seguro, donde el agua no estropeara su comida. Las hormigas se movilizaron rápidamente transportandolo toda su comida a una colonia amiga que vivía en un gran árbol.

El árbol donde vivía la colonia amiga de hormigas era un gran roble de muchos, muchos, muchos años. Era un árbol savio donde habitaban muchos seres en perfecta comunión: había lechuzas que cantaban en la noche y pàjaros saltarines que de día jugaban entre sus ramas; una familia de ardillas y una gran colonia de hongos y setas que anidaban en su hermoso y frondoso tronco; también vivían en él un par de enanitas que tenían su pequeña casita en la parte norte del tronco, allí donde crecía la hiedra y no dejaba ver la diminuta puerta de entrada a su hogar; en una de las largas ramas del roble vivía también una pequeña ciudad de hadas y elfos que cuidaban del bosque; una tortuga que se escondía entre la tierra y las grandes raíces que sobresalían del gran roble sabio; y ¡cómo no! la gran colonia de hormigas amigas que iban a dar cabida a sus hermanas-vecinas y a su comida, hasta que la lluvia cesara y la tierra estuviera firme para construirse un nuevo hogar.

La semilla se había quedado sin habla al ver aquel hermoso árbol donde tanta vida habitaba. Me gustaría ser como este gran árbol,- dijo la semilla. Seguro que nunca se aburre- pensaba.

Una mañana que semilla estaba silenciosa pensando en lo aburrida que era su vida, el gran roble sabio le habló en un susurro que sólo ella podía escuchar, y le dijo: Estás triste porque caíste en tierra de Nadie y no has podido germinar. – ¿Germinar?– dijo semilla. – – contestó el gran roble sabio- Brotar de tu interior hacia fueraHasta ahora sólo has mirado lo que hay fuera de tí y todo te acaba aburriendo. Debes brotar-le dijo. – ¿Cómo?- preguntó inquieta la semilla. El gran roble sabio, quedó pensando en silencio. Al cabo de un buen rato, le dijo: Todas las mañanas cuando sale el Sol, viene un colibrí a cantarle; después parte hacia otras tierras. Sólo tienes que decirle que te lleve allí donde tú quieras, y llegado el momento, el colibrí te soltará para que tu caigas en tierra fértil y puedas germinar. 

La semilla estaba asustada. ¿Cómo haría para subir a la rama más alta del árbol?- pensó. Yo no sé andar. No puedo hacerlo. Sólo soy una semilla. Estaba tan asustada que los días iban pasando y las lluvias se marcharon. La tierra estaba secándose y las hormigas empezaron a organizarse para construir la nueva casa y trasladar todas sus reservas de comida. Semilla tenía que decidirse: o subía a la rama o se quedaba bajo tierra con las hormigas. Por fin se decidió: ¡Voy a subir a la rama más alta y voy a decirle al colibrí que me lleve a tierra fértil para poder germinar!.

Se llenó de coraje y le dijo a una de las hormigas exploradoras si la podría llevar a la rama más alta para ver cómo salía el Sol antes de que volvieran a sumergirse en las entrañas de la tierra. La hormiga exploradora accedió de buen grado pues era exploradora y le gustaba andar de aquí para allá, así que a la mañana siguiente, cogió a la semilla y la dejó en la rama más alta justo antes de salir el Sol.

Al poco rato se acercó un hermoso colibrí volando que se paró en la misma rama donde estaba la semilla. El Sol empezó a despuntar allá a lo lejos y el colibrí entonó las primeras notas de su canción. Cada vez cantaba más fuerte y el Sol salía cada vez más hasta que lo iluminó todo con su esplendor. Entonces, el colibrí se dispuso a alzar el vuelo, cuando la semilla le preguntó alto y fuerte: ¿Podrías llevarme contigo hasta tierra fértil para  poder germinar?. El colibrí no lo dudó un instante; cogió delicadamente a la semilla entre su pico y voló. Voló y voló. La semilla miraba todo desde la altura. ¡Qué hermoso era!. Al rato, cerró los ojos; quería sentir en su interior la llamada de la tierra que la haría germinar. Dudó un instante pero las palabras del gran roble sabio volvieron a resonar en su interior :»llegado el momento, el colibrí te soltará para que tu caigas en tierra fértil y puedas germinar». Semilla dijo alto y fuerte al colibrí : ¡Estoy preparada!. 

El colibrí soltó la semilla que cayó en tierra fértil. Allí germinó, se enraizó a la tierra con firmeza y surgieron los primeros brotes de su interior. Luna a luna, Sol a Sol, sus brotes fueron creciendo y convirtiéndose en un robusto tronco. De sus ramas surgieron hojas en las que anidaron pájaros.  Cada año crecía más y más. La Luna y el Sol jugaban cada día al mismo juego de siempre, pero nunca más le pareció aburrido. La semilla se había convertido en un gran manzano donde habitaban muchos seres del bosque y sus frutos eran apreciados por todo aquel que sabía apreciarlos.

Biodanza

Cuentos sanadores. La Espada de Luz de Lobo Blanco

Creado por Teresa Tendero.

Había una vez una gran manada de lobos. Todos tenían hermosos pelajes negros, grises, marrones, colorados, excepto una loba que era totalmente blanca. Se sentía extraña la loba en su reluciente pelaje blanco; ella quería ser como los demás. Intentaba disfrazarse con pelajes ajenos pero siempre acababa sacándoselos porque le daban mucho calor.

Un día vino a la manada un joven lobo blanco. Cuando Loba y Lobo se encontraron, a pesar de su diferencia de edad, se pusieron muy felices porque los dos eran blancos, y empezaron a divertirse juntos. Les gustaba pasear por el bosque, correr a gran velocidad y rodar por los prados verdes, nadar en los lagos y secarse al Sol.

Los Escritos Sagrados dicen que los Lobos Blancos son los Magos y Magas de la manada. Tienen el Poder de la Transformación y lo hacen con sus Espadas de Luz que habitan en su corazón, pero sólo pueden usarla para hacer el Bien y mejorar todo lo que tocan. Loba y Lobo Blanco no sabían que eran Magos porque nadie les había contado eso.

Un día de sus múltiples y diarias aventuras, estaban paseando por el bosque y encontraron dos ramas rotas en el suelo. Las usaron como espadas para jugar a Guerreros de las Galaxias y se inventaron una canción:

Yo Soy el Guerrero de la Luz,
con mi espada luminosa
nadie ni nada me puede vencer.
Aho, Aho, Aho.
Yo Soy la Guerrera de la Luz,
con mi espada luminosa
nadie ni nada me puede derrotar.
Aho, Aho, Aho.


Mientras  jugaban a guerreros con sus espadas de rama de árbol, Lobo dijo:

– Hagamos una invocación: Por el Poder que me otorga la Magia Divina, Yo Ordeno que esta Vara sea mi Espada de Luz con la que vencer toda clase de dragones y monstruos.

Entonces Loba dijo:

– Por el Poder que me otorga la Magia Divina, Yo Ordeno que esta Vara sea mi Espada de Luz con la que pueda Iluminar toda Oscuridad.

Para su sorpresa, las dos varas se convirtieron en Verdaderas Espadas de Luz. Con ellas jugaron a ser piratas y corsarios surcando mares en busca de grandes tesoros; a ser vikingos conquistando tierras lejanas; a ser reina y rey del país de la Música y el Baile; a ser artistas de cine, aviadores,…

Un día la Loba Blanca quiso jugar a ser mamá. Como Lobo Blanco era más joven que ella, pensó que él no podría ser el papá que ella estaba necesitando, así que decidió partir a las Tierras del Este, donde nunca hace frío, al encuentro de un papá para hacer realidad su sueño.

Lobo Blanco se quedó triste y desconsolado, pero aunque joven, era un Guerrero Valiente, así que decidió conocer las Tierras del Oeste, donde nunca hace calor.

Así estuvieron treinta y tres años viajando cada uno por su lado: él por las Tierras del Oeste, ella por las Tierras del Este. Durante todo este tiempo aprendieron a sobrevivir a las inclemencias del tiempo: Loba, tras sufrir graves quemaduras de Sol con las que estuvo a punto de perder la vida, aprendió a andar de Noche con las estrellas y la Luna, y a jugar con las luciérnagas y los Seres del Bosque. Lobo aprendió a tejerse un grueso y gran abrigo con el que se protegió de las grandes nevadas y los fríos hielos del Oeste. Cada uno en su viaje hicieron muchas cosas, buenas y malas, conocieron gentes de todos lados, tuvieron hijos, rieron, lloraron, cantaron y se olvidaron de su canción, aunque siempre guardaron en su corazón su Espada de Luz.

Un día de invierno, tras treinta y tres años de viaje, Lobo Blanco decidió que era tiempo de cambio y se mudó cerca del mar, donde pudiera despojarse de su gran y pesado abrigo para tumbarse al Sol y estar calentito. Mientras descansaba en la arena de la playa, vino a su memoria la canción olvidada y empezó a tararearla.

Yo Soy el Guerrero de la Luz,
con mi espada luminosa,
nadie ni nada me puede vencer.
Aho, Aho, Aho.

Cada vez cantaba con más fuerza, más y más hasta que tan fuerte fue su canto que se le podía escuchar a centenares de kilómetros de distancia.

Justo en ese instante mágico, Loba Blanca paseaba por los bosques de la Tierra Media y escuchó la canción. La empezó a cantar primero como un susurro y poco a poco con más intensidad hasta que sólo se oía una sola voz. Ambos cantaron tan fuerte y tanto tiempo, que sus voces se fueron acercando hasta encontrarse en la Tierra de la Opulencia y allí volvieron a jugar.

Cada vez que se encontraban en la Tierra de la Opulencia, su hermoso pelaje blanco relucía con un brillo especial. Pasaban el rato contándose sus aventuras y desventuras, jugando a hacer magia de nuevo con sus flamantes Espadas de Luz que brillaban como nunca, y empezaron a hacer planes para viajar juntos esta vez.

Como Lobo y Loba vivían en tierras lejanas, un día Lobo tuvo que atender asuntos urgentes que le ocuparían tres días enteros, así que estuvieron tres días en silencio, sin cantar, sin jugar ni hacer magia. Fueron tres días sin Luna.

Cuando Lobo Blanco regresó, había pasado tanto frío allí donde había estado, que volvió a ponerse el gran y pesado abrigo para calentarse. Tanto frío tenía, que se quedó quieto, paralizado, acurrucado con su abrigo, ajenos a todo, esperando a volver en calor.

Loba fue a su encuentro y al verlo tan quieto y helado, intentó encender una Gran Hoguera para que entrara de nuevo en calor. La Tierra estaba húmeda, había llovido mucho y la madera no prendía; entonces Loba sacó su Espada de Luz y le ordenó que encendiera el fuego para calentar a Lobo, pero el fuego no se encendía; era necesario que Lobo sacara su Espada de Luz y la empuñara con fuerza y vigor.

El abrigo era tan pesado que le costaba moverse, tenía mucho frío aunque su corazón ardía por el fulgor de su espada. Lobo estaba aturdido, enfadado, disgustado, inmóvil. Entonces, desde la profundidad de su Ser escuchó la canción.  En ese instante se dijo a sí mismo que no quería tener más frío nunca más, que deseaba sentirse ligero y soltar de una vez el gran y pesado abrigo para andar calentado por el Sol Interno que se manifiesta Allá en el Cielo y Aquí en la Tierra. Con decisión Lobo empuñó su Espada de Luz y ordenó que se encendiera la Gran Hoguera. Así se hizo.

Con el ímpetu, el gran y pesado abrigo cayó dentro de la Gran Hoguera. Lobo Blanco quiso salvarlo pero ante su sorpresa el abrigo empezó a arder y de sus llamas brotaban monedas de oro sin cesar. Tantas monedas de oro dió, que nunca jamás le faltó de nada, ni a él ni a nadie que estuviera con él.

Namasté

Biodanza

El post-parto y la maternidad/paternidad recién nacida desde una mirada biocéntrica

Han pasado nueve meses de gestación y todos los cambios experimentados durante el embarazo, han culminado en un parto, que quizás no ha sido como esperábamos, pero nos ha dado la preciada criatura que por fin tenemos en nuestros brazos. Es un momento único; podemos pasar horas mirando como se mueve, como respira, acariciando su piel, recorriendo su rostro. Ahora ocupa un lugar palpable fuera del vientre materno, llena un espacio y un tiempo de plena atención. Se inicia el proceso de vincularnos con la singularidad de nuestro bebé, de conocer sus necesidades y adaptarnos a ellas, de experimentarnos como padres y madres, porque no sólo ha nacido nuestro bebé, también ha nacido un nuevo padre, una nueva madre, una nueva familia.

Bruce H. Lipton, biólogo, dice en su libro «La Biología de la creencia»:

La esencia de la paternidad responsable es que tanto las madres como los padres se responsabilicen de educar niños sanos, inteligentes, productivos y llenos de alegría. Claro está que no podemos culparnos, y tampoco a nuestros padres, por los fracasos de nuestra vida o de la vida de nuestros hijos. La ciencia concentra nuestra atención en el determinismo genético, y no nos informa de la influencia que las creencias tienen en la vida ni, lo que es más importante, de cómo influyen nuestros comportamientos y actitudes en la vida de nuestros hijos.

 

No importa si sois padre y madre primerizos o si sois «veteranos» en la experiencia de la maternidad y la paternidad; cada embarazo, parto y post-parto es distinto,  los momentos son distintos, las situaciones cambian, todo se transforma constantemente. El cansancio físico de noches con sueño interrumpido,  los cuidados a nuestro bebé, la falta de tiempo para una misma  y para la pareja, las exigencias de la vida laboral, entre otras cosas, pueden generar nuevas inseguridades, incertezas y exigencias que inciden consciente e inconscientemente, en la relación con una misma, en el vínculo afectivo con nuestro bebé, y en su desarrollo emocional y físico.

Vivimos en una sociedad predominantemente mental, racional, analítica, tecnológica y con poco espacio para sentir y expresar nuestras emociones. Hemos conseguido grandes avances en muchos sentidos pero el coste ha sido muy elevado: vivir separados en nuestro interior, como si cuerpo y alma fueran distintos. La paternidad y la maternidad conscientes nos piden una mirada interior que restablezca la unión de cuerpo y alma para vivir en armonía con nosotros mismos, con los otros y con la vida. La unión de cuerpo y alma  potencia una identidad integrada que repercute en todo nuestro organismo físico, emocional y trascendente, y por supuesto, en la salut integral de nuestro bebé. Las vivencias de los primeros años de vida de nuestro hijo/a, marcaran su manera de relacionarse con el mundo y consigo mismo; de nosotros, padres y madres, depende que nuestros hijos e hijas sean personas integradas, preparadas para asumir los retos de la vida y vencer las dificultades con sabiduría. Esa sabiduría no se encuentra fuera de nosotros mismos; está sólo en nuestro interior.

El camino de retorno a nuestro Yo interno, tiene muchas veredas. El sistema Biodanza Rolando Toro, sustentado por el principio biocéntrico, propone que ese camino de autoconocimiento sea desde la perspectiva biológica, aprendiendo a escuchar nuestro cuerpo y a entender el mensaje que emerge de él.

El lenguaje corporal es primigenio y esencial: no conoce controversias, dudas ni el bien y el mal; su prioridad es vivir en las mejores condiciones posibles y para que así sea, todo nuestro organismo actúa en total colaboración entre todas sus partes para conseguir siempre el mejor resultado posible. Hay una sabiduría intrínseca en nuestras células, en todas y cada una de ellas, para vivir y sobrevivir en óptimas condiciones. Nuestro cuerpo posee la clave de la felicidad, la salud, la alegría, la satisfacción, pero debemos reaprender a escucharlo, a reconocer sus mensajes y acallar nuestra mente sobre-excitada que nos impide un flujo de comunicación fluida con él.

Nuestro bebé recién nacido sólo sabe expresarse al mundo a través de su cuerpo. Él/ella son la expresión viva del lenguaje corporal. Si como padres y madres podemos conectar con ese lenguaje primigenio e incorporarlo a nuestro cotidiano, entender a nuestra criatura, acompañarla en su desarrollo como ser vivo, puede resultar una experiencia muy enriquecedora para todo el conjunto familiar.

La práctica de la Biodanza proporciona ese espacio cuidado de experimentación donde redescubrir el cuerpo y su lenguaje como fuente de la sabiduría del Buen Vivir. Hacemos ejercicios con nuestros bebes y con el grupo que potencian el vínculo afectivo desde el corazón, el gesto, la mirada, el movimiento danzante, el abrazo, y todo ello acompañado de músicas escogidas que intensifican la vivencia amorosa dejando impresión en la piel. Practicar Biodanza con nuestros hijos e hijas, fortalece el alma desde el cuerpo, y poco a poco, crecemos juntos como seres integrados preparados para vivir y convivir en un mundo cambiante.

Si deseas más información sobre las actividades de Biodanza, puedes contactar conmigo a través del correo electrónico tenderoteresa@gmail.com, o por teléfono al 649 085 439.

Agradecida que hayas leído hasta aquí. Un abrazo.

 

Biodanza

Resonancia armónica y Biodanza

Todos los organismos, incluyendo a los humanos, se comunican e interpretan su entorno mediante la evaluación de campos de energía. Puesto que los humanos somos tan dependientes del lenguaje hablado y escrito, hemos descuidado nuestro sistema sensorial de comunicación basado en la energía. Igual que con cualquier otra función biológica, la falta de uso conduce a la atrofia.  Dr. Bruce H Lipton en La Biología de la creencia.

Rolando Toro, el creador del Sistema de integración humana Biodanza, enfatiza la necesidad de reencuentro con nuestra naturaleza instintiva, olvidada tras pesados telones de costumbres, cultura y hábitos modernos que disocian cuerpo-mente-alma de forma que normalizamos la enfermedad como una manifestación más de nuestro estar en el mundo.

Nuestra naturaleza instintiva sigue los mismos procesos fisiológicos básicos de la vida que se dan en los organismos más primitivos de la tierra (los procariotas): una bacteria come, digiere, respira, excreta los desperdicios,  muestra procesos «neurológicos» como percibir dónde se encuentra el alimento e impulsarse hacia ese lugar, y reconocer toxinas y depredadores que activan maniobras de evasión para salvar la vida. Hasta aquí podemos decir que nosotros tenemos las mismas respuestas pero nuestra mente, el entrenamiento al que somos sometidas las personas en escuelas, familia y trabajo, termina por disociarnos de tal modo de nuestra naturaleza instintiva, que nuestras maniobras de supervivencia básica se ven alteradas y mutadas por dependencias emocionales que adoptamos como verdades.

Biodanza es un aliento fresco de Vida en esta locura de posibilidades atroces a las que parece que estamos predestinados. Su abordaje profundamente biológico, incide en nuestra percepción del conocimiento de la Vida y de qué hacemos en Ella. Parece una barbaridad hablar de Ser en la Vida sin más, ni adjetivos ni otros aditivos que el Verbo Ser; es una barbaridad a la que no podemos poner palabras, solo sentires.

¿Qué es Ser en la Vida? intenta contestarlo con la mente de una criatura infante, un niño o una niña que sólo conocen el mundo a través de sus percepciones aún no demasiado contaminadas por la mirada del adulto grandilocuente que todo pretende saber. Ser en la Vida sólo puede ir acompañado de Yo Soy – YoSoY  y de SomoS. ¿Te has fijado en la estructura de estas palabras? Pueden leerse de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Esto tiene un nombre pero ese nombre no es importante, lo que realmente importa es la dimensión que ocupan en el entendimiento de la Vida.

Cuando decimos YoSoY, estamos activando patrones geométricos sagrados porque activan la construcción de la Vida en su multidimensionalidad transversal, simultánea, quántica, numinosa, viva. ¿Por qué te cuento todo esto con referencia a Biodanza? Porque Biodanza celebra la corporeidad como algo sagrado y dionisíaco, con alegría, placer y comunidad, donde poder danzar al son de la propia vida y nombrar con palabras aquello que genera vida. Puede que no entiendas nada de lo que te estoy contando; no te extrañe si así es porque mi lenguaje no se dirige a tu mente pensante sino a tu ser sintiente, a la vibración que te mueve, al impulso que resuena en tu interior cuando algo lo mueve por dentro.

En Biodanza vas a reconectarte progresivamente con ese impulso vital interno que emerge del subconsciente profundo para que lo dejes danzar sin etiquetas ni restricciones hasta que se canse de dominar el escenario de tu hacer. Entonces y sólo entonces, podrás danzar tu oscuridad sin sufrimiento porque en ella se encuentra la Gran Escuela a la que tu te entregaste para experimentar qué es eso de Ser Humano. ¿Sabes de qué te estoy hablando?. De reirte porque sí, de quedarte mirando a alguien mientras también eres mirada y dejas que eso pase sin más; de embelesarte con la lluvia que cae en tu piel mientras sonríes inocente sin pensar si tienes ropa de recanvio; de emocionarte al ver la profundidad de unos ojos o un gesto que dice más que habla,… Biodanza es también esa poética, con toda una base epistemológica que corrobora sus efectos, sus acciones y su manera de hacer para que la magia de la Vida vuelva a correr por tus venas, proporcionándote una clara y profunda sensación de estar Viva. ¿Te acuerdas de qué es estar viva?

Se puede ser feliz sin sentirte culpable por ello; puedes estar orgullosa de ti prescindiendo de ser egoísta y monstruosa como nos han contado,… Eres un Ser Perfecto al que se le ha olvidado de dónde procede de tanto decirte que esta vida es un valle de sudor y lágrimas. Puedes recomponerte solo, sola, pero te aseguro que en comun-unidad es mucho más agradable, más liviano, más profundo, más rápido, más divertido y sobre todo más natural, porque somo seres gregarios, seres de piel con piel, donde nos nutrimos unas a otras porque esa es nuestra naturaleza primaria: la comunidad.

Podría seguir hablándote toda la noche de todo lo que aporta la Biodanza a la vida, pero seguiria siendo poco hasta que no te decidas tú a salir de ese lugar conocido donde, aunque no eres suficiente feliz, te aferras por miedo a experimentarte, pensando que hay tanto para sanar. Biodanza te facilitará un espacio protegido para que la alegría de estar vivo, viva, emerja de forma natural y, mientras emerge, el grupo te devolverá todo el amor que necesitas para seguir adelante experimentándote en tu singularidad, aceptándote en tu proceso de aprender a Ser Humano, celebrando los logros y abrazando las recaídas que te hacen más fuerte, más digna, cada vez más quien tu eres.

No te olvides que en la estructura de la Vida, en todos los organismos vivos, la resonancia armónica incide en la dimensión atómica y libera el potencial que espera para servir a la Vida de la mejor manera posible. Tu, Yo, Somos organismos vivos hechos con los mismos patrones vitales; por eso SomoS (de izquierda a derecha, de derecha a izquierda y leas como lo leas.

 

Biodanza, Notas de navegación

Rituales de celebración

Hace un mes aproximadamente, recibí un email solicitando mis servicios como facilitadora de Biodanza para un evento especial: el 60 aniversario de una  mujer. Ella misma había decidido celebrar sus 60 años invitando a sus personas queridas a una sesión de Biodanza porque quería, según me dijo, que ese día fuera especial para todas. Me pareció hermoso y me sentí honrada de facilitar una sesión con este motivo principal.

Desde un principio, todo fue fácil. Hablé con ella con más intimidad porque quería saber de su vida, detalles de su vivir y sentir que me servirían para diseñar la sesión a su medida. Y así fue.

EL grupo estaba compuesto por diez personas, hombres y mujeres cercanos a sus afectos. Sólo dos de ellas sabían que era Biodanza y las otras estaban expectantes, con cierta ansiedad y mucha curiosidad. Venían todas ellas con el corazón abierto y la confianza de una amistad tejida con hilos de afectos, miradas, presencia y tiempo. ¡Qué hermoso ver los rostros de las personas que sin saber qué vienen a hacer, están allí presentes!

Como en todas las sesiones, sus miradas empezaron a brillar con alegría de niñez, las sonrisas se fijaron en sus labios, su piel se iluminaba bajo el efecto «lifting» de la confianza, la diversión y la apertura que ofrece Biodanza, sus cuerpos dibujaban movimientos olvidados y el afecto sincero protagonizó las danzas. Al final, pedí alguna palabra que brotara de su sentir para definir la experiencia que habían vivido con Biodanza y dijeron entre otras palabras: alegría, confianza, abrir puertas, reencuentro, esencial, ser yo misma…

Amo servir con mi facilitar espacios-tiempos donde la Vida es la protagonista. Amo estas sesiones donde el disfrute está asegurado porque, aunque no sepan qué es biodanzar con sus mentes inquietas, sus cuerpo reconocen la Danza de la Vida y todo es muchísismo más fácil cuando recordamos que vivir es como danzar la vida, cada una en su movimiento.

Recuerdo otras ocasiones donde he tenido el honor de ser invitada a facilitar rituales de celebración. He tenido el placer de casar a una pareja, he facilitado el paso de niña a mujer, de mujer soltera a mujer emparejada, he celebrado el ritual de la entrada a la menopausia, este entrañable cumpleaños de 60 años y la bienvenida de una mujer operada de cáncer de mama a su llegada del hospital a casa. De todas ellas, guardo la sacralidad del momento, la semilla plantada en los corazones de todas las personas que participaron y que germina en su interior a su tiempo. Me siento honrada de tan hermosa labor que me ofrece el ser facilitadora de biodanza y educadora biocéntrica porque honrar la Vida es el más grande regalo que podemos hacernos los seres humanos.

Por nuestro pueblo y la Tierra. Así sea.

Biodanza

La corporeidad en Biodanza y Embarazo

Este post lo identifico en el apartado «Embarazo y post-parto», porque el embarazarse tiene algo de batir, sacudir, remover, zozobrar y también de erzarzarse en la aventura por decreto devino de, crear en primera persona YO SOY, JO SóC, I’m, Eu Sou, OuM, OM, según resuene en cada zona del Ser.

Tengo dos de mis mejores amigas, perdón, tres contándome a mí misma, con interferencias en la aceptación del cuerpo. Somos muchísimas las personas que maltratamos el cuerpo con excesos o carencia de: ejercicio, comida y bebida, drogas, relaciones tóxicas. Cada una afrontamos el vivir la corporeidad con singularidad y con una intensa sensación consciente o no, de que ésta asignatura no la teníamos aprendida y que la escuela de la vida se presenta dura cuando cuesta discernir la verdad del engaño.

¿Qué es corporeidad? La vivencia de sentirse viva vivo participando de la vida.

Al ser singularidades inimitables ya que gozamos del libre albedrío, somos co-creadoras/es experimentando la consciencia de la co-creación. Nuestra existencia tiene entre otras simbologías, un Kronos rítmico, un Kairós melódico y la Ley del Kaos (visita Pensamiento Complejo). Desde el principio biocéntrico y la curva metodológica de Biodanza, proponemos danzar la poética del encuentro: Kairós y Kronos no son enemigos ni opuestos, son complementarios que habitan la misma singularidad. Las propuestas de movimiento-acción, las músicas escogidas y la comunidad o grupo (entendiendo grupo como elemento de apoyo y acompañamiento), pueden hacerte sentir vivo, en común unidad con la vida, en comunión.

A lo largo de mi trayectoria como facilitadora de procesos evolutivos del ser humano, he tenido el honor de servir a personas de diferente clase social, categoría, profesión, creencias y costumbres, que entraban a una sesión de biodanza sin saber que per-sona es fato per suonare, fez soar, per a sonar, y para sonar necesitamos del cuerpo, la mayor caja de resonancia que tenemos. Al salir de la sesión, algo había acontecido en su resonar con la vida. Unas de ellas seguirán en un grupo regular, otras no volverán y si las reencuentras, ellas te reconocerán antes que tú a ellas. Nunca he encontrado a nadie que quedara indiferente.

Biodanza y Educación Biocéntrica dejan huella en la singularidad que somos, despierta los cuerpos y por tanto, despierta a la Vida. Para una sociedad neoliberal-capitalista esto es una verdadera bomba. Rolando Toro, cuando fue tejiendo el Modelo Teórico de Biodanza, acompañado por colabores cómplices de la locura de querer cambiar el mundo y creando una metodología de trabajo, un código ético, una estructura orgánica de la composición biocéntrica de la vida y un estilo de vivir agradeciendo la vida con alegría, tuvo la gran visión de que Biodanza contribuiría al cambio de consciencia de esta Era. Así es, Así Sea.

Una de las mayores aportaciones de la Biodanza es la resignificación del cuerpo, nuestra corporalidad. Otra gran aportación fue la Inteligencia Afectiva, la que organiza todas las demás inteligencias. La última se trata de el inconsciente numinoso.

Lo femenino se presentó ante mí como un camino a investigar. Experimenté en mi propio cuerpo el despertar del letargo en el que andaba enredada sin tener conciencia de ello. La vida, muy solícita, me presentó situaciones en las que sigo aprendiendo mucho con las mujeres, su forma de hacer, de pensar, su complejidad, sus miedos y aunque en ésto no se difieren del varón, en el hacer sí. Hay un singular común que nos hace distintas y ahí radica la belleza de la singularidad.

Ha habido libros que me han cambiado la vida, uno de ellos es Casilda Rodrigañez – El asalto al Hades y Pariremos con placer. Casilda me presentó una visión del parto, del nacer, el drama de Edipo y la escuela psicoanalítica con la visión de una mujer bióloga, que completaba la propuesta de Humberto Maturana y su Biología del Amor.

Casi todas las personas nacidas en occidente, han pasado por el drama del abandono en el parirse y el parir, y cada una de ellas lo manifestamos singularmente, aportando la vivencia del vivir en el mundo. En nuestra corporalidad, el cuerpo que somos, queda impreso todo lo que vivimos como un holograma al que hemos de adaptarnos y que nuestra mente se empeña en sustentar para hacer prevalecer la razón por encima de todas las múltiples y diversas sensaciones corporales.

Embarazarse, embarazar y parir es el proceso evolutivo constante de la vida. Todo pasa por un proceso de creación que requiere de un evoluir armónico hasta llegar a un cénit de donde volverá a descender circularmente sobre sí mismo en un continumm ascendente/descendente que organiza la vida en órganos, sistemas, hemisferios, canales y meridianos danzando la  creadora creativa danza de la vida.

El ímpetu vital, el impulso de vida a veces se convierte en impulso de muerte por una elección subconsciente sujeta a pactos y lealtades de amor transgeneracional. No hace falta haber conocido al la individuo para que el acuerdo se lleve a cabo, con el vínculo afectivo es suficiente. Y así vivimos dramas devastadores que cursan con alergias, enfermedades hepáticas, sobrepeso, diabetes, afectaciones al sistema linfático, cáncer de mama y útero.

El cuerpo clama su lugar. A veces lo hace a gritos, con urgencia, otras veces va avisando poco a poco con señales visibles que pueden llegar a desarrollar accidentes, enfermedades terminales, parálisis, sólo obedeciendo al inconsciente que, dominado por el subconsciente impulsa la realización del pacto de lealtad. Y todo por la única fuerza que genera la acción, el Amor.

Los seres humanos tenemos este gran estigma que sanar, por nosotros nosotras, nuestros ancestros y ancestras que permanecen ligadas y ligados al presente por vínculos de afecto. En el transcurso del tejer, es importante no perder el hilo que teje el presente, y hacerlo con coraje, constancia, deseo, confianza y altas dosis de humildad.

Mis amigas y yo, conocemos el desamor que a veces se queda instalado en el cuerpo a la espera de ser atendido adecuadamente tal como lo requiera, para ser y estar en su estado más óptimo. Eso se traduce en danzar la dualidad que somos, que habitamos, que compartimos. A base de danzar la singularidad, cada vez resulta más fácil y placentero encontrar el movimiento-danza que pulsa conmigo en mí.

Las mujeres somos cíclicas y periódicamente transitamos por las cuatro fases de la luna: doncella, joven, madre, abuela. Necesitamos de todas ellas para complementar el conocimiento del vivir. En Biodanza y Educación Biocéntrica, este proceso lo hacemos desde el cuerpo, nuestra corporalidad.

Si quieres dejar un comentario, será bienvenido.

Biodanza

Del pertenecer

Dedicado a Elena Martín

En Biodanza, la sensación de pertenencia se rescata poco a poco, danzando entre miradas discretas que encuentran su mirar mecidas por la música. Todo ocurre fácil, casi sin dar cuenta. Se va recordando en la piel la agradable caricia del pertenecer consciente hasta que cuerpo y mente se entregan juntos a la evidencia.

Durante algunos meses de participar en el grupo de principiantes de mi amiga facilitadora de Biodanza Elena Martín, sin ser consciente de ello, he navegado entre dos aguas que me impedían integrarme en el grupo de forma plena y satisfactoria. ¿cómo se participa en un grupo de iniciantes cuando el inicio quedó lejos y las limitaciones de entonces se sustituyeron por la confianza de ser y mostrarse que Biodanza facilita? Pero he descubierto que limitaciones es un camino autoreferenciado, un laberinto mejor dicho, donde se esconden espejos que, aunque ya fueron vistos con anterioridad, siempre reflejan sombras a observar. Y sí, danzaba en el grupo de iniciantes dividida entre la forma de participante y facilitadora, conseguía vivenciar por supuesto, más la entrega total no era posible pues analizaba las músicas, las consignas, la lectura corporal, la curva de la sesión… me parecía sutil, pero su presencia me impedía la pertencia.

Me he sentido en muchas ocasiones autolimitada en mi expresión por cuestionar si mi apertura sería apropiada en el grupo de iniciantes, si mi danzar asustaría, si mi explicar sería rechazado por tanta sinceridad. Ay de mí!!!!!!!!! Al final de todo, sólo son limitaciones. Creía que esos cuestionamientos se debían a……… y son el mismo juego mental cansino que se muestra nuevamente para recordarme que no hay nada nuevo en el dudar y en el temer aunque el enfoque sea distinto, sigue siendo el patrón de «ser adecuada» que emerge como manifestación de la memoria colectiva que continua viva condicionando nuestras relaciones.

Pero ayer decidí expresarme desde la desnudez de mi alma y compartir en la rueda de intimidad verbal, mi sentir del momento con absoluta transparencia y decir a mis compañeras y compañeros de biodanza mi ultra-secreto. Lo hice sólo por la fidelidad de mi compromiso a obedecerme y aunque las dudas intentaban manipular mi expresión, mi verbo se manifestó – Soy escritora –dije y seguí el ritmo del tránsito.  Mientras solté mi verdad sellada, las aguas de mi habitar se desbordaron y fui bendecida por ellas. Al terminar, ya no era la misma que entró por la puerta del aula durante varias sesiones sin saber cómo debía ser en un grupo de principiantes.

Dancé como no había conseguido hacerlo desde que inicié mi participación en el grupo. La cadencia de la sesión me invitó a ser la que soy y en la última rueda  sentí que el pertenecer ya me había habitado. Me despedí del grupo sabiendo que el viernes que viene volveré a nuestro círculo de afectos sin la menor duda ya.

Gracias Elena Martín por tu facilitar.

Biodanza

Hablando de muerte en Biodanza

A raíz de mi Tesis en Biodanza titulada «Hablamos de Muerte«,  he recibido un mensaje entrañable de una mujer que pronto se titulará como facilitadora de Biodanza y ella como yo, sintoniza con la estructura dual de nuestro mundo que nos recuerda que vivir es un convivir con el morir, que cuando hablamos de vida hablamos también de muerte, lo que es una manifestación más de la Ley de la Polaridad.

Cuando presenté mi intención de escribir sobre la muerte en mi tesis de Biodanza, me encontré con la frase de mi director de tesis que dijo «en Biodanza hablamos de vida». Justo entonces entendí que mi reto personal como aspirante a facilitadora era cuestionar porqué no se habla de muerte en nuestras aulas biodanzantes. Quise aportar mi visión integradora de la vida en la que yo he aprendido a vivir muriendo para permitir que la vida continue manifestándose en su estado natural evolutivo de constante movimiento. Si el morir no se integra en el vivir, el ciclo autopoyético del vivir consciente se colapsa hasta un nuevo morir donde el vivir siga manifestándose en su infinito ciclo autoreferenciado.

Las palabras son portales del conocer que abren, cierran y desvían el devenir de la vida. Ellas nos conducen por el entramado de la vida acompañándonos en nuestra danza cósmico-terrenal, facilitando y dificultando el encuentro con nuestra esencia primal. En Biodanza, conscientes de la importancia de la palabra, se insta a tomar mucha atención en el cómo de las consignas que presentan las vivencias propuestas en la onda sinusoidal de la sesión.

Una palabra es un universo en sí donde conviven pedacitos de verdades ajenas que toman forma en nuestra complejidad viviente condicionando nuestro relacionar-me con la vida. En ese convivir fragmentado se gestan nuestras locuras y corduras que van definiendo el «ser en la vida» y, aunque vivamos más en el morir que en el vivir, la vida sigue siendo protagonista.

Habitar la palabra es un viaje diferenciado que honra la singularidad del Yo Soy. Para mí, Biodanza es la posibilidad de danzar mi habitar donde las palabras se mezclan, se entrelazan tejiendo un entendimiento de mi Ser que va más allá del significado cuando se vuelve vivencia y es justo allí cuando puedo resignificar la vida que habito, la vida que soy, el Yo Soy.

Vida-muerte-vida es el círculo evolutivo que se repite sin fin justamente por su circularidad dinámica. Resignificar la muerte en nuestro vivir se hace imprescindible para trascender las barreras del conocimiento del vivir de otros y tejer el conocimiento del vivir singular, capaz de seguir expandiendo la vida en su dual complejidad.

Biodanza

Biodanza: Poética del encuentro

Rolando Toro rescató dos palabras generadoras del universo dialogante para definir Biodanza como sistema de integración humana, reeducación afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida. La primera es poética y la segunda encuentro.

Como educador Rolando era consciente del poder de la palabra. Los antiguos sabios crearon palabras para definir la grandeza de la vida y plasmarla en sonoridad como recreación del basto océano de todas las posibilidades. Cada palabra emite un sonido una frecuencia que repercute en la red vibracional de la vida activando su movimiento y preparándola para dar forma mediante de la ley de la intencionalidad.

A lo largo de los tiempos y en el transcurso de los últimos miles de años, algunos personas instaladas en el mundo como dioses todopoderosos y dominadores de la raza humana, poseedores de grandes fortunas de dinero y poder suficiente para manipular el mundo a su antojo y servicio, han hecho uso de la palabra en beneficio de intereses privados y elitistas que condenan al ser humano a la abdicación de su voluntad y al engaño, tergiversando las verdades que nos hacen libres.

Pero Verdad no está sujeta a corrientes ni modas ni siquiera a Kronos ni a otra deidad. Verdad es río, afluente, corriente que fluye sin cesar desde la Fuente Infinita de donde todo fluye y emana, y de ahí bebió Rolando como tantas otras personas visionarias, para recordar la poética que surge del lugar de una misma donde el silencio es música y sabiduría es danza. Ante la poética, ¿qué hay más que decir, que objetar, que explicar?

Poética es la misma fuente donde todo es posible y permanece vivo, latente, pulsante.

Poética es parto de esencia de quietud donde la palabra surge por sí misma sin buscar qué decir.

Poética es el encuentro mismo de la vida, lenguaje del alma, sonidos de células que vibran en pos de la vida continuar por el constante murmullo de unidad.

Rolando sabía que la poética como el encuentro no tiene adversario ni conoce enemigo, no sabe de carencia ni posesión, desconoce el mecanismo del perdón porque es en sí misma en sí mismo pulsación de vida en flujo continuo de evolución.

Biodanza es Poética del Encuentro porque a través de música-movimiento-vivencia navegas por las fibras de la vida que te recuerdan en tu propia piel la belleza de vivir y existir, el placer de ser. Y ese encuentro con la vida transcurre junto a la otra, junto al otro, con la mirada de la que mira del que mira, con el gesto de la que siente del que siente, con el fluir del sinsentido hacia el encuentro de lo invisible que retorna el verdadero significado de humanidad y hace celebrar el momento presente más allá del pasado, presente.

No es poética, no es encuentro. Es poética del encuentro.

Biodanza

Participando con principiantes

Gracias a la llamada que hizo mi amiga y facilitadora de Biodanza Elena Martín, a partir del viernes 9 de enero 2015, participo en el grupo regular de Biodanza para principiantes en Sant Cugat del Vallés, Barcelona. Es una hermosa manera de iniciar el año.

En la rueda de presentación, tras la invitación de Elena a presentarnos al grupo, no sabía qué decir respecto a porqué estaba allí. Tenía claro que mi papel en el grupo no es de facilitadora sino de participante y de alguna manera ese también era mi reto, ilusionado y consciente. ¿Cómo cuento desde modo «miembro de grupo regular de Biodanza para iniciantes» lo que siento después de sumergirme durante años en el papel de facilitadora? Desde hace tiempo que cuando participo en un grupo de Biodanza siempre es en grupo de profundización, radicalización de vivencia y con compañeras y compañeros facilitadores. Entiendo al principiante de Biodanza desde mi vivencia como facilitadora pero, ¿dónde está el recuerdo de mis inicios? Me sorprendió el olvido. Ya no soy la misma de entonces; no puedo recordar más que vagas sensaciones, así que me decido a compartir desde lo más simple de mi sentir y me sorprendo al decir que Biodanza es para mí el lugar donde yo soy sin más, sin palabras, con silencios que viven en la piel, en la mirada, en el adentro y están presentes porque no hay donde esconderlos. En Biodanza soy. No tengo que ser. Y agradecí en voz alta la presencia de hombres en la sesión porque la vida danza en energías complementarías y es así como entrelazamos saberes y maneras de hacer que conforman nuestra vivencia de comunidad. (…) Breve silencio en el que creo percibir en los tres hombres presentes una sutil relajación muscular que me agrada; cara y hombros descansan en el reconocimiento, y las mujeres respiran con ligera profundidad añadida. Mi piel sonríe por vibrar en la sintonía de la gratitud. Esa percepción es fruto de mi ser facilitadora de Biodanza.

La propuesta de la sesión era Potenciar la Luz interior de cada una. Todos los grupos del colectivo BiodanzaYa habían acordado que en las primera sesiones que se impartieran en el inicio del 2015, danzaran la misma invitación. Nuestro grupo se unió y fuimos conducidos por Elena hacia la vivencia compartida del «Bautismo de Luz», como ejercicio central de la sesión.

Dancé sin ocuparme de nada más que de estar presente, atenta al placer, la autoregulación, la progresividad en el encuentro. No había música que subir ni bajar de volúmen, ni consignas que formular, ni luces que apagar, ni muestras de ejercicios que ofrecer; estaba libre experimentando el gusto de participar en un grupo de principiantes.

Me sabe distinto danzar con iniciantes sin el rol de facilitadora. Ha sido como descubrir un nuevo matiz en el tallo de la flor que nace, o un tono más hermoso en los pétalos de la flor. Tenía tiempo para saborear la presencia del otro, disfrutarla y acercarme a la misma distancia del principiante. Cuando facilito Biodanza observo desde mi rol de facilitadora  detalles en miradas, gestos, corporeidad que me dan pistas para forjar la siguiente sesión, siguiendo hilos conductores que provienen de las tensiones, rigidez y dificultad de expresarse de los participantes. Nada de eso estaba presente. Yo danzaba sólo y aún percibiendo la tensión muscular del compañero o compañera que danzaba conmigo, sólo me ocupaba de sincronizarnos armónicamente y disfrutar sin más.

Aprecié torpeza de gestos, rigidez muscular, miradas vergonzosas, risas controladas, y la progresiva relajación de cara y hombros, manos y pecho que provoca la cadencia de la curva de Biodanza a lo largo de toda la sesión. Noté temblor en las manos y sudación en las palmas, miradas fugaces que se fueron sosegando ejercicio a ejercicio, y yo, me sentía libre de sentir.

¡Cuánto bien que me ha hecho la Biodanza en mi vida!!!! Seguramente yo también andaba con múltiples corazas en mis inicios. Ya no me acuerdo de eso; tengo tanto amor en la piel, tantas miradas, caricias, risas, llantos, tanta presencia, juego y diversión vividos en Biodanza, que no hay rastro ya de miedo a vivir. Me siento merecedora, digna, apropiada, vista y mirada tal y como soy. Ya no quedan indicios de vergüenza de sentir lo que siento, de esperar la aprobación del otro u otra para sentirme adecuada. Biodanza ha calado en mi ser a través de las células de mi organismo y ha absorbido las capas de desamor que arrastraba mi ser. Mi piel transpira libre, tranquila, sin expectativas, ausente de miedo, repleta de afecto, gracias a todas y cada una de las personas que componen mi canción.

Hoy puedo cantar sin miedo a desafinar, reír a carcajadas con la boca abierta y el corazón de par en par. Siento, me siento, alrededor y dentro, acunada por el latido de los corazones que componen el círculo de Biodanza.

Gracias Rolando Toro. Gracias, gracias, gracias.

Flor de loto
Flor de loto