Biodanza

Lamer la piel

Al contrario de lo que nuestra sociedad impone como verdad: la inevitable muerte como símbolo de finitud, destrucción y conclusión de una vida, el proceso de renacimiento a lo largo de nuestro tránsito como seres en-carnados, es constante y cíclico. No podía ser de otra forma ya que pertenecemos a la vida, somos vida y como tal, estamos inmersos en continuo movimiento.

Después de unos días de descanso en gratificante compañía, dejando fluir el sentir de cada instante consecutivo, ausente de exigencias de cualquier tipo, decidí darme un baño de purificación en agua caliente.

La bañera de casa de mi amiga, tiene un diseño que recuerda las termas romanas: una vez lleno el contenedor de agua donde vas a sumergirte, te permite flotar sin a penas obstáculos, favoreciendo la sensación de estar suspendida en las aguas de la sustentación de la vida. Así me sentí de una forma inmediata. La temperatura cálida, el sonido del latido acelerado de mi corazón y el sentir el cuerpo ligero flotando en el agua, me transportó a vivencia cósmica-uterina simultáneamente. Estaba utilizando el tubo de respirar debajo del agua y constaté que respiraba sin dificultad, plácidamente, lo que facilitó mi entrega a la vivencia.

Mi mente permanecía en estado latente, relajada, atenta a los sonidos, las sensaciones y entendí con el órgano de la piel, cómo el bebe en el seno materno inevitablemente en estado de fusión,  se identifica con el sentir de su sustentadora  y cómo desde ese momento, estamos influenciados por nuestro entorno inmediato moldeando nuestro placer y goce innatos de vivir, imprimiendo sensaciones que nos acompañaran a lo largo de nuestra vida.

Perdí la noción del tiempo. Flotaba en el cosmos de la vida, en el agua maternal que sustentaba mi ser completo ajeno a resistencias y obstáculos, libre de ser-sentir. De forma paulatina decidí que estaba llegando el momento de emerger; deseaba que fuera una experiencia placentera, imprimir mi piel con el placer del renacimiento, y fui emergiendo de a poquito. Mi cuerpo se fue enfriando poco a poco al contacto con el aire, dejando de respirar a través del tubo y abriendo mis pulmones a respirar por la nariz; el agua iba desapareciendo hasta sentir que ocupaba un lugar y pensé en envolverme en una toalla caliente, esponjosa que me arropara. Súbitamente apareció la imagen de una leona lamiendo a su cachorro recién nacido y deseé que todo nacimiento tuviera su bienvenida con la lengua de su mama y su papa, recuperar el placer sagrado de lamer, devolver el contacto cálido de la lengua en la piel como acto de reconocer al otro con la alegría de recibirlo. Placer, dicha, goce… palabras que han sido olvidadas de su innata sabiduría originaria y se han manipulado de tal forma que quedan subordinadas a abuso, pecado, vergüenza, miedo, dolor.

Image (46)Este fenómeno se le llama «imprinting» referido a la especie humana, también llamado «impronta» en el que las endorfinas que producen la madre y el bebé durante el nacimiento hacen que durante la hora siguiente al parto, tanto madre como neonata están impregnadas de opiáceos que, si no se las separa y permanecen juntas, crean un estado de dependencia natural que las vinculará con lazos de unión indivisibles hasta la independencia del bebé. Este fenómeno podemos verlo en otros mamíferos cuando la madre queda al cuido de sus cachorros y si uno de ellos ha sido apartado de su regazo en el momento de nacer, será rechazado después de pasado el tiempo de vinculación afectiva natural.

Casilda Rodrigáñez apunta al respecto que la represión  del imprinting en nuestra sociedad es una mutilación en el comienzo de la vida que impide el desarrollo de su condición de criatura deseante/deseada y de su capacidad de amar.  Literalmente dice: La ruptura de la simbiosis primaria humana, el bloqueo de la producción deseante en el primer estadio de nuestra vida, es un caso claro de perturbación de la autorregulación de la vida y de su fluir asociativo. La ley dictada por la autoridad humana quiebra esa autorregulación creando en lo somático y en lo psíquico todo tipo de patologías, entre ellas el tánatos (capacidad para la crueldad), la tiranía, y la sumisión (capacidad para devastar y apropiarse de los bienes y la capacidad para mandar, y/o para vivir en estado de sumisión).

Rolando Toro, consciente de la importancia vital de la impronta del nacer, creó dentro del sistema Biodanza vivencias maravillosas de renacimiento que reimprimen nuestra memoria celular. Específicamente creó Biodanza Acuática que trabaja en agua templada a 34-36º y permite adentrarse en grupo a un estado de regresión y reconexión con la Gran Madre, sustentadora, renacedora, revitalizante. Son experiencias maravillosas que posibilitan reeditar nuestra memoria celular hasta integrarla en la vivencia primigenia del placer de vivir.

Toda vida es una danza suspendida en notas de resonancia armónica que empujan siempre hacia el placer, el goce, la alegría, la satisfacción, el regocijo, la solidaridad, la colaboración, el vínculo afectivo. Es esta nuestra naturaleza y nuestro el compromiso de recuperar la memoria olvidada.

Nacer, renacer es un acto de amor que va más allá de un propósito existencial. Es nuestra naturaleza eterna que nos empuja a experimentarnos, a explorarnos en nuestra multidimensionalidad. Si permanecemos lejos del origen, de la unidad, llegamos a olvidar que nacer es placer, que parir es orgasmo, que amar es disfrutrar, que lamer es honrar, besar agradecer y así hasta borrar de la memoria el rastro del dolor y del drama de la carne.

conciencia-animal4Así pues, digo a mis hijos y a los hijos de mis hijos, a las mujeres jóvenes, a las abuelas, a las madres, a las mujeres y a los hombres, a los ancianos, a niñas y niños, educadoras y psicólogos, terapeutas y de más, que laman a sus bebés al nacer, que saboreen sus lenguas en la piel de sus hijos para que nunca más olvidemos del vínculo de la unión.

Vivamos en la tierra así como en el cielo. Namasté

Biodanza

Aportaciones sobre Identidad

Esta madrugada, cuando la nave Tierra viaja por la noche del hemisferio donde habito, me he despertado con la palabra Identidad resonando en mi ser. Ha surgido como respuesta a preguntas que formulaba durante mi sueño que me llevaban por hilos de comprensión entrelazados de recuerdos, vivencias y cuerpo.  La palabra Identidad me ha abierto los ojos y he decido levantarme para escribirla.

Reviso los apuntes de Biodanza sobre identidad y después de repasar los diferentes abordajes filosóficos y psicológicos, Rolando Toro dice: » la expresión ontológica de nuestra identidad es el movimiento corporal. La danza por tanto, es una acción ejercida directamente sobre la identidad».  En Biodanza, cada danza expresada es única e irrepetible, por eso nunca se rectifica el movimiento ya que éste es la expresión del ser y se va modificando y recreando a partir de la integración vivencial de sí misma.

Me llama la atención la complejidad de la elaboración intelectual del concepto Identidad y acudo a la etimología de la palabra para que me amplíe la percepción consciente (la base del modelo de Biodanza es Identidad y Regresión), y encuentro que Identidad viene del latín identitas (características que nos hacen percibir como seres únicos), y su raíz es idem (pronombre fórico-enfático* que sirve para enfatizar lo que ya tiene nombre y no repetirlo), de ahí que se traduzca como «lo mismo» aludiendo al poema de Parménides de Elea: el ser es uno, continuo y eterno.

Identidad entonces alude a la singularidad de cada ser siendo éste Uno en eterno movimiento constante, navegante de la eternidad en misión de explorador/experimentador de Sí Mismo.

Al alejarnos del cuerpo y olvidarlo en la vivencia de sentirse vivo, nos perdimos en idealismos, espiritualismos, partidismos, sectarismos, y tanto otros -ismos que dejamos de identificarnos con la matriz idem creyendo que debíamos de inventar nuevas maneras de comprendernos a nosotros y al mundo. Pero «nuevo» no es más que un simbol-ismo para expresar el «volver a empezar otra vez» y así reunimos fuerzas para seguir avanzando casi a ciegas en un entorno hostil que nos empuja al vacío de la división cuerpo/alma.

Vagamos durante un tiempo que puede percibirse largo o corto, siempre el necesario hasta darnos cuenta que la clave está en el interior, las respuestas en nuestra compleja y multidimensional biología, el camino es el retorno al Yo. Allí empezamos a renacer con la presencia del otro, que no es más que yo mismo en sus múltiples aspectos donde mirarme, y surge un proceso de renacimiento y redescubrimiento del otro y de mi misma, para llegar a la poética del encuentro que me recuerda qué soy sin palabras, porque ya soy nombrada desde siempre. Surge el resignificado del gesto, las miradas, caricias, danzas que expresan la vida desde la sacralidad del vivir y existir en Unidad.

En un mundo donde hace unos miles de años vivimos en la oscuridad de la Noche Galáctica, sumergidos en la penumbra de la dualidad, olvidamos que partimos del Uno, y aunque inmersos en el Dos, regresamos a la unidad por el camino del Tres, creando así el maravilloso símbolo del corazón, la Trinidad, el triángulo, y así de más dentro de la geometría sagrada de la Vida.

¿con qué identifícome cada día? ¿será la queja, el pasado, el dolor? ¿será la risa, la inocencia, el placer?. Partiendo de idem  y regresando a identitas, ¿con qué quiero identificarme cada mañana al abrir mis ojos? ¿Con lo que potencia la vida o con lo que me impulsa a morir irremediablemente?. Dicen que para construir se necesita destruir o eso es lo que nos han hecho creer. Para mí es más bien un peregrinaje de transformación contante partiendo de lo que ya ha sido nombrado desde siempre. Nos olvidamos que tenía nombre, hasta nos olvidamos que existía como vínculo a la Vida, pero sigue latente, sustentando toda creación sin tener en cuenta nuestro olvido pasajero. Unos la llaman Pachamama, otros Gaia, Gran Madre, … se la representa de múltiples formas, se la recuerda a través de mitos y leyendas, arquetipos, múltiples palabras que nacen para recordar la matriz, el origen, el inicio de lo eterno.

Jean Shinoda Bolen dice: «Al igual que los términos «materia» y «madre» son derivados de la misma raíz etimológica mater, la tierra y el cuerpo pertenecen al mismo reino maternal».

Somos cuerpo bendito, sagrado, único en nuestra singularidad y nombrado ya desde que la vibración Om surgió. Yo Soy es el mantra de la unidad corporal que devuélveme a mi. Dejo de protagonizar dramas para identificarme con nombres ya nombrados que resuenan de nuevo en mí despertando códigos de luz existentes en mi ADN. Activo mi capacidad creativa de identificarme con la alegría de vivir y ser Yo misma, disfrutando de mi singularidad en comun-unidad y danzo como Ser viviente empoderado en la vivencia de sentirme viva.

En la complejidad de la identidad, decido aportar mi singularidad a las palabras con las que me identifico, porque ella son eternas en su significado y recuerdanme quien soy, a donde voy y cual es el camino de regreso al hogar.

¿sabes cuales son tus palabras de anclaje?

Vesica Piscis http://illuminatusobservor.blogspot.com.es/
Vesica Piscis
http://illuminatusobservor.blogspot.com.es/

 

* idem: Se forma sobre is, pronombre fórico, y la partícula enfática –dem que sirve para enfatizar la singularidad de lo ya nombrado. (fuente http://www.etimologias.dechile.net)
Biodanza

Biología del amor

Rolando Toro dice que la sacralidad de la vida pasa por la vivencia corporal, rescatar el cuerpo de la vergüenza, el abuso, el pecado y resignificar corporeidad desde la perspectiva cosmogónica.  Matias de Stefano señala que el cambio social del despertar de la conciencia pasa de ser ideológico a biológico.

En nuestro cuerpo conviven patrones de conducta aprendidos desde generaciones atrás que condicionan nuestro presente, abusos en lo que ingerimos tanto por vía orgánica como emocional, maltrato espiritual proveniente de una historia religiosa sesgada por el interés personal, sexualidad enfocada al genitalismo, ensoñación fijada en objetivos pasajeros y efímeros, ausencia de rituales que nos hagan sentir parte de la vida y la Tierra, normalización de crímenes, guerras, violencia y guerra, fomento de la exclusión y la división por parte de las autoridades políticas, económicas y sociales,… y todo ello conviviendo en nuestro cuerpo, junto con pequeñas dosis de amor que absorbemos como agua de mayo en tierra fértil.  Y seguimos viviendo inconscientes de nuestro ser biológico, sosteniendo humano y humanidad.

Vivir en cuerpo, habitarlo,  aprender a sentir la corporeidad, se hace indispensable para recordar nuestra naturaleza sagrada, divina y trascendente. Escuchar el lenguaje corporal propio, la manera particular de expresar lo que necesita nuestro cuerpo para vivir en estado optimo, se vuelve imprescindible para conquistar la vida y disfrutarla, transcendiendo la pulsación de muerte impresa en nuestras células desde hace unos cuantos miles de años. ¿Cómo trascender nuestra cultura de muerte?

Quizás la clave no se encuentra tanto en el cómo sino en el qué es muerte, cual es el significado de esta palabra que se apodera de multitud de vidas impulsándolas a morir irremediablemente.

He estudiado durante muchos años la muerte. A mis cuatro años, mi abuela materna murió sin contarme qué era morir. Mi madre me repetía que ella se había ido a otro lugar muy hermoso a vivir y que no podía volver porque debía estar allí donde vivía ahora. En mi inocente mente, era absurdo comprender que mi iaia (abuela en catalán), prefiriera estar en otro lugar lejos de nosotros, aunque ese lugar fuera maravilloso como me contaba mi mamá. Recuerdo pasar mucha inquietud, incerteza, incomprensión, … hasta que con el tiempo me acostumbré a su ausencia. Ocho años más tarde, murió mi padre, dos años más mi abuelo materno. Para entonces ya sabía que la muerte era separación, abismo en el camino, seguir adelante con el recuerdo de lo que había sido, sin continuidad.

Me obsesioné con la muerte y estudié, estudié y estudié; me zambullí en sus aguas negras y a medida que la oscuridad me envolvía con su manto de terciopelo, más amor encontraba.  Amor y más amor, mucho amor, infinito amor, incondicional amor, siempre amor.

La muerte en nuestra sociedad, es la innombrable,  la que habita en la oscuridad porque se nutre de las sombras de cada una de nosotras. Ella existe porque nuestro mundo es dual y en la dualidad no hay blanco sin negro, día sin noche, vida sin muerte, luna sin sol, construcción sin destrucción,… opuestos que se complementan en una unidad indivisible para seguir la espiral constante de la creación.

La muerte es inevitable cuando nos ausentamos del Amor en mayúsculas, diferente del amor personificado. Amor en mayúsculas es ausencia de muerte, siendo ésta la incapacidad orgánica de mantener la homeostasis o equilibrio dinámico para mantener la vida. Entonces, ¿qué es lo que mantiene el equilibrio de la vida? La alimentación, el estilo de vida, los pensamientos que generamos al cabo del día, la espiritualidad vivenciada, son nuestros nutrientes elementales para permanecer vivos, y la calidad de ellos es nuestra libre elección.

Está demostrado que las causas de las mayorías de las enfermedades y dolencias son consecuencia de nuestro camino de aprendizaje, de las elecciones que hemos tomado y de las acciones que hemos hecho. Todo tiene su consecuencia ya que la Vida es equilibrio, compensación, evolución siempre en tendencia a la armonía. Morir, abandonar el cuerpo con plenitud de haber vivido, agradecido por todo lo vivenciado y en paz con la vida, no es morir sino transmutar de un estado de consciencia a otro. Transitar por el eterno Camino del Amor.

¿Qué hace Biodanza para contribuir a la Vida? Trabaja desde la biología del ser recordándole, a través de propuestas de movimientos sencillos y cotidianos, danzas de encuentros, posiciones generadoras de vida, nuestra naturaleza profundamente afectiva y comprometida con la Vida. ¿Cuál es la consecuencia inmediata? la alegría de sentirse viva. Todas las personas que practican Biodanza transforman su estilo de vida hacia una vivencia más orgánica, más ecológica, más sostenible porque esa es nuestra verdadera naturaleza cuando nos encontramos con la mirada del otro sin ninguna intención más que la de ser y estar. Todo lo demás es añadido.

Cuesta verdadero trabajo despojarse del fruto de la desconexión cuerpo/alma. Integrar la vivencia de la unidad es un camino de aprendizaje constante, vivo, transformador. Biodanza tiene las herramientas para recuperar la vivencia de la corporeidad sagrada: son la música, el grupo, el arte, la palabra sentida, el círculo y el movimiento con pleno sentido, el cuerpo, los cuerpos, la piel, la mirada, el cuerpo, los cuerpos. La magia de la transformación está asegurada, la artista invitada eres tú.

Biodanza: la danza de la vida.

by Aline Eick
by Aline Eick
Biodanza

Biodanza y la nueva pobreza. Registro estelar 130.082.014 del diario de navegación

Me pregunto qué es lo que hace que vayamos olvidando el compromiso con la comunidad, el vínculo afectivo. Qué hace que la presencia se vaya tornando ausencia y el círculo deje de tener forma y se convierta en algo que ha sido y ya no está.

Soy consciente que las sesiones de Biodanza han dejado una semilla de bienestar en todas las personas del proyecto social «La Trobada»; así lo han manifestado las participantes.

Las profesoras de Biodanza sabemos que en la memoria celular de nuestros alumnos quedan registradas miradas, sonrisas, abrazos, …vivencias de verdad del ser, y podemos recuperarlas sólo con el recuerdo (del latín recordare: volver a pasar por el corazón). El tiempo puede generar olvido, pero el vínculo se ha creado y pertenece al cuerpo, al ser; ya lo acompaña siempre. Para mí es la mayor satisfacción que puedo sentir después de que el grupo ya no tiene continuidad: se que allá donde nos reencontremos, sobrarán las palabras y nos uniremos con la mirada, el gesto, la mano, el cuerpo. Pero, me queda una reflexión: qué hace que las personas que se encuentran en riesgo de exclusión social por la nueva pobreza que se extiende en nuestro país, dejen de asistir progresivamente a unas clases que les aportan alegría, autoestima, coraje, empoderamiento personal, vivencia comunitaria, solidaridad, empatía, sensibilidad por la vida, escucha interior, por nombrar algunos de los beneficios de la Biodanza.

Después de algunas sesiones con cuatro asistentes de los 11 apuntados, me llamó el coordinador del proyecto para decirme que las sesiones se postergaban a petición de los usuarios por no poder comprometerse a asistir ya que estaban pendientes de oportunidades de trabajo que iban surgiendo de imprevisto y cursos de capacitación laboral que reclamaban su total disponibilidad. Me quedé atónita. No habíamos completado los tres meses todavía.

Hablé con algunas de las participantes para saber por ellas mismas la verdad, y simplemente me corroboró lo que el coordinador me había dicho.

Las cosas son así. Todo es perfecto tal como es. La Biodanza nos enseña la fluidez como manera de confluir con la vida. Para hacerlo más gráfico transcribo un fragmento del libro  «El legado de Luna» de Julia Butterfly Hill, que narra la historia de ésta mujer que decide subir hasta la copa de una secuoya de cincuenta metros con la idea de permanecer allí dos semanas para detener la agresión de la empresa Pacífic Lumbre que estaba deforestando las zonas circundantes de Stafford (California). Vivió en la secuoya por dos años y la llamó Luna.

Dice así:

«No sé que está pasando aquí. No quiero darme por vencida porque he hecho un pacto contigo. Pero ya no me quedan fuerzas. Luna, estoy aterrada, me estoy volviendo loca.

Quizás lo estaba o quizás no, pero en ese momento me pareció oir la voz de Luna diciéndome:

– Julia, piensa en los árboles bajo la tormenta. Los árboles no se empeñan en pasar la tormenta rectos, tiesos, estirados […] Se dejan mecer por el viento […]. Aprende de la fuerza de los árboles. Permite que fluya, Déjate llevar. Así es como sobrevivirás a esta tormenta, y así es cómo superarás todas las tormentas de tu vida».

Julia soltó las riendas, aflojó tensiones, se dejó doblegar y agitar por la violencia de la tormenta; lloró, gritó, rió, cabalgó, hasta soltar todos los apegos, incluidos el «Yo» hasta sentir que nadie tendría poder sobre ella. Se comprometió a «vivir mi vida guiada por la fuente suprema, la fuente de la Creación».

Este también es mi compromiso que renuevo cada vez que me siento desfallecer, así que no queda más que seguir adelante. Donde la vida nos llame.

Amor y Servicio

Biodanza

De semilla a árbol en Biodanza

Entrar en bosque es zambullirse en espacio donde tiempo deja de ser lineal y se pone a danzar de puntillas en espiral. «El bosque sana», lo sabemos los que andamos por sus caminos y los expertos al estudiar los cambios de frecuencia que se ocasionan en las personas al adentrarse en un bosque o entorno natural; también lo saben los naturalistas, los botánicos, las herbolarias y brujas cuando crean sus pócimas, chamanes, sacerdotisas, meditadoras, biólogos, ecologistas,… toda criatura humana lo sabe porque ella misma es vida, bosque, árbol, flor.

En Biodanza existe una vivencia hermosísima creada por Rolando Toro, que tituló Danza de la semilla. Esta danza pertenece al conjunto de danzas secuenciales que combinan diferentes líneas de vivencia y se realizan siguiendo una secuencia específica como proceso progresivo de integración.

Rolando, inspirado en la observancia de la naturaleza, determinó: «La semilla contiene el proceso de la vida y se transmite a través de millones de años. En cada etapa nacen nuevos brotes, nuevas capacidades. En cada edad recibimos la gracia de nuevas visiones. Todos los momentos de nuestra existencia tienen un valor intrínseco que es necesario saber descubrir».  Así como la semilla necesita una tierra fértil y apropiada para poder germinar y brotar, crecer y ser la que es, Biodanza proporciona el espacio afectivo-nutritivo saludable para reconocerse como semilla y potenciar todas nuestras capacidad al servicio de la vida. El trabajo en grupo de Biodanza es el laboratorio idóneo para germinar y dejar que los brotes que surgen se hagan fuertes y sanos, los que nacieron y se quebraron, sean nutridos por la afectividad y cuidados  del grupo y su facilitadora, y que cada semilla sea el árbol que está destinado a ser en todo su potencial y generosidad.
de semilla a árbol

«La vivencia del crecimiento- dice Rolando- es una de las más profundas y bellas que un ser humano puede experimentar. Desarrollar cada día las potencialidades desconocidas o no reveladas. Crecer hasta el fin de nuestros días, florecer y dar frutos. De este modo, la vida humana se puede parecer a un árbol que brota de una semilla, se hace fuerte y fecunda, nutrido por la linfa inmemorable del amor.»

Poner la intención para danzar la Danza de Semilla es entrar en ese lugar mágico del bosque que habita en nosotros y recordar qué somos, danzar el movimiento de la vida que surge de nuestro interior y experimentar el amor sin condiciones que brota de nuestra naturaleza íntima y esencial. Amarnos amando la vida mientras la danza sigue en movimiento ascendente desarrollando ramas y hojas de creación sin fin, frutos que generan más vida y que de una forma u otra seguirán dando otros frutos, otras semillas, otros árboles y más vida. Entonces la muerte no será ya una vivencia de finitud, sino una transformación más del ciclo eterno de vida.

Dejo el link de una de las músicas que solemos utilizar para la Danza de la Semilla. Se trata de Allegro non molto. Concerto L’hiverno. Antonio Vivaldi (1678-1741). Cierra los ojos y disfrútala.

Biodanza

«Sentirse viva» en Biodanza

Teoría de Biodanza, pg 272. Rolando Toro

La vivencia del propio valor y de la auto aceptación es compleja. Proviene de la intensa sensación de estar vivo, de sentirse a sí mismo, de sentir el cuerpo como fuente de placer y de saber lo que se quiere, y por otro lado, de saberse único y singular, asumir su auto-imagen. El sentirse vivo con y para otro y, al mismo tiempo, exaltando sus propias características, refuerza todos los circuitos de la identidad saludable y de la vitalidad.

Vivenciarnos, habitarnos en conciencia, resulta complejo en el mundo actual que educa a los seres humanos para vivir proyectados hacia fuera, sirviendo a una sociedad cuya norma es altamente patógena, tóxica y caduca. Analizar la intención de esta sociedad, su locura, no es el objetivo de Biodanza ni de este post.

En Biodanza danzamos para regresar a la sensación de estar viva, singular, integrada en la diversidad y en profunda vivencia de pertenencia a la vida, sus habitantes y su hábitat. Por eso en las aulas de Biodanza nunca corregimos gestos, movimientos ni expresiones de la persona, porque no existe el movimiento adecuado ni inadecuado, la expresión incorrecta ni correcta, el hacer bien ni mal; cada gesto es expresión única e irrepetible del ser en el momento presente, aquí y ahora donde todo ocurre y se transforma a la vez, permitiendo la vivencia personal y comunitaria, de ser fragmento de sí mismo y fractal de la totalidad, espejo donde mirarse y reconocerse en la presencia del otro, rescatando nuestra profunda naturaleza afectiva.

Rolando nos habla de «sentir el cuerpo como fuente de placer» y esta expresión puede confundir ya que solemos vincular el placer corporal con genitales y sexo, limitando así su multidimensionalidad. En Biodanza, el placer es la forma natural del «ser humano»; es el motor de la existencia, el impulso de vivir, de buscar para encontrar, de seguir andando, de insistir en satisfacernos, y todo ello pasa por el cuerpo, el gran desconocido.

placerNuestra corporeidad está diseñada para reconocer lo que nos beneficia e impulsa vida. A través del placer y la satisfacción distinguimos lo que queremos y lo que no, tal y como hacen los bebes al nacer: lloramos cuando algo no va bien, reímos y dormimos cuando todo es plácido y agradable. Cada lloro, risa, sueño es expresión de la singularidad del ser, del «ser único» que dice Rolando en sus apuntes de teoría. Cuando reconocemos ese ser único y lo honramos con nuestros actos y acciones en coherencia con la vida, estamos en disposición de «sentirnos vivos con y para otro y, al mismo tiempo, exaltando sus propias características». ¿Para que perder tiempo en competitividad si podemos vivir en paz y armonía si reconocemos las característica del otro como complementariedad?

La ausencia de competitividad provoca solidaridad y presencia.Todos somos iguales como el círculo simboliza. Cada una es única e irrepetible. No te limites en tu hacer cotidiano; emerge cual ave Fénix y place de vivir.

Biodanza

Rolando Toro y la danza

Teoría de Biodanza, Rolando Toro.

«El primer conocimiento del mundo, anterior a la palabra, es el conocimiento por el movimiento (en la experiencia humana). Más que un espectáculo, la danza es el movimiento interior que origina los actos vitales: el abrazo, el mecimiento del bebé, las caricias y los besos, el trabajo, los saltos de alegría, los juegos, los gestos abatidos de soledad y los gestos espléndidos del encuentro. La danza es lo que nos mueve como criaturas apasionadas o como tristes espectros de la muerte.

Danza es el acto de la siembra, el de la oración e invocación a los dioses y del movimiento de dar y recibir. Caminar, nadar, comer, son parte de la danza infinita. Los astros danzan la danza celeste en la armonía y en el orden de la naturaleza. Las semillas se levantan desde la oscuridad de la tierra en misteriosa danza, elevándose al sol. Las rosas se abren y esparcen sus pétalos, los bosques se despiden en profundo otoño con hojas errantes».

Biodanza

Qué distingue Biodanza de otros sistemas

La Teoría de la Resonancia Mórfica del biólogo Rupert Sheldrake postula que la conducta de una especie cambia cuando las modificaciones dentro de ella alcanzan un nivel crítico o número concreto de sujetos, llegando a transformar hábitos de la especie entera. Ken Keyes, Jr. escribió la versión más extendida del relato alegórico a la teoría titulado «El centésimo mono», y dice así:

Durante treinta años, un grupo de científicos se dedicó a estudiar las colonias de monos que habitaban diversas islas, separadas entre sí, en las inmediaciones de las costas de Japón. A fin de hacer que los monos bajaran de los árboles para poder estudiarlos de cerca, los investigadores solían arrojar boniatos en la playa a modo de cebo, y cuando los monos acudían a saborear el almuerzo gratuito, tenían ocasión de observarlos en detalle cómodamente. Un buen día, una mona de dieciocho meses a la que llamaban Imo se acercó a lavar su boniato al mar antes de comérselo; supongo que sabía mejor limpio de arena o de pesticidas, o quizás adquiría de ese modo un ligero gusto salado que resultaba agradable al paladar. Imo enseño a hacer eso a sus compañeros de juego y a su madre; sus compañeros se lo enseñaron a sus madres y paulatinamente fueron cada vez más los monos que empezaron a lavar sus boniatos en lugar de comérselos rebozados de arena. Al principio sólo las hembras adultas aprendieron a hacerlo a imitación de sus crías, pero poco a poco otros aprendieron también.

Al cabo de un tiempo, los científicos se dieron cuenta de que todos los monos de la isla lavaban sus boniatos antes de llevárselos a la boca. Pero, aún cuando ése era de por sí un hecho significativo, fue aún más fascinante descubrir que aquella alteración de la conducta no se había producido en esa isla únicamente, sino que, de pronto, los monos de todas las demás islas habían empezado  también a lavar sus boniatos a pesar de que nunca había existido contacto directo entre las colonias de monos de unas islas a otras.

He escogido este relato para desarrollar lo que distingue la Biodanza de otros sistemas enfocados al autoconocimiento y la expresión saludable del ser.

En el relato, Imo tiene la iniciativa de lavar su boniato en el mar y la place, por lo que decide enseñar a sus colegas de juego y su madre. El impulso que la transformación es el placer, y el siguiente gesto es compartirlo a su comunidad más cercana: sus hermanas y colegas de juego y después su madre.  En Biodanza trabajamos desde la conexión con la alegría de vivir porque reconocemos nuestra naturaleza profundamente placentera a pesar de haber integrado el mensaje «vivir es sufrir» inculcado durante varios siglos por nuestra sociedad enferma de poder. Ningún animal nace con sufrimiento excepto el ser humano. Nos cabe recordar (del latín recordare, volver a pasar por el corazón) que parir es con orgasmo y ese es el diseño de nuestro organismo; estamos diseñados para vivir en el placer, la alegría, el erotismo, la satisfacción, la confianza, el valor, la solidaridad, la nutrición. Consciente de ello, Biodanza potencia las funciones originarias, los instintos, para regresar a nuestro ser esencial, despertarle e impulsarlo a la conexión con su naturaleza primordial, recuperando así la natural alegría de vivir.

Vivir es un acto comunitario, donde singularidad y diversidad son artífices indispensable de la abundancia y el equilibrio armónico de la vida. Nosotros somos vida, aunque vivamos enfocados en la muerte como finitud. Biodanza sintoniza con la naturaleza cíclica del cosmos, por eso siempre trabaja de forma circular, manteniendo la espiral de la evolución en cuyo centro se encuentra la evolución saludable de la vida.

Hasta aquí no parece que haya grandes diferencias con otros sistemas pero la realidad es que hay distinciones primordiales que singularizan los resultados de Biodanza Rolando Toro. Son:

  • El inconsciente vital definido como psiquismo de células y órganos, que responde a estímulos externos e internos en función de la memoria primigenia que repite fractalmente patrones de comportamiento como: defensa, afinidad, rechazo, asimilación, solidaridad,… y una basta red comunicativa.
  • La inteligencia afectiva que es la base estructural de todas las demás inteligencias y que condiciona nuestra expresión de «ser en la vida».
  • El principio biocéntrico que sitúa la vida y su evolución en el eje central de toda creación, viviendo desde una perspectiva profundamente ecológica.

Para conseguir que esa masa crítica se de y que el centésimo mono transforme la manera de vivir de la humanidad en un mundo basado en el respeto a la singularidad y la diversidad, promoviendo acciones en pro de la vida, Biodanza propone círculos y más círculos de encuentro con nuestra naturaleza primordial capaz de generar el cambio de paradigma existencial. En esos círculos, se proponen vivencias integradoras a través de músicas escogidas, movimiento/danza, juegos, arte y situaciones de grupo que inciden en la inteligencia afectiva y el inconsciente vital, reeditando así nuestra expresión del ser hacia una vivencia de totalidad.

Biodanza es para vivirla. Si te llama la atención, no dudes en participar de la Danza de la Vida. Visita la web de profesionales de Biodanza Rolando Toro de toda Iberia BiodanzaYa - Mejor para encontrar tu grupo más cercano.

Biodanza

Carl G Jung: antecedentes psicológicos de Biodanza

Tal y como dice Raúl Terrén en su carta dedicada a Rolando Toro el 27 de febrero de 2010, «(…) Einstein y Heisenberg te enseñaron el pensamiento cuántico, Freud y Jung te iniciaron en el misterio humano (…). »  Efectivamente, Jung fue una de las fuentes de inspiración más influyentes para Rolando Toro en el proceso de creación del Sistema Biodanza. Los fundamentos psicológicos de la Teoría de Biodanza están basados mayoritariamente en la vida y obra de Jung. Me parece interesante también las analogías de Rolando Toro y Carl G Jung en su búsqueda constante del conocimiento y entendimiento del ser, llevándoles a viajar por todo el mundo hallando respuestas,  ampliando percepciones y desarrollando su propia teoría.

He encontrado un trabajo que realicé sobre Jung hace muchos años. En él he encontrado citas de su correspondencia abundante mantenida con muchas personas en todo el mundo, pensamientos, vivencias y recuerdos dictada a Aniela Jaffé colaboradora personal de Jung que sirvieron para escribir su autobiografía recogida en un libro titulado -Jung, su vida, su obra, su influencia, Gerhard Wehr, (1991) Paidós Testimonios. Me place compartir un breve resumen de su pensamiento con la finalidad de ampliar los antecedentes de los aspectos psicológicos de Biodanza.

Carl G Jung
Carl G Jung (1875-1961)

Carl G Jung afirma que la meta del desarrollo anímico es el proceso de convertirse en uno mismo (individualización), en cuyo transcurso las grandes polaridades u opuestos de la vida se fusionan en una unidad: consciente e inconsciente, luz y oscuridad, masculino y femenino, anima y animus (feminidad y masculinidad interna).

Para corroborar esta visión, Jung pasó 45 años de su vida para que las experiencias propias pudieran formularse científicamente y trasladarlas a la práctica terapéutica;  de ahí que para poder ejercer de psicoanalista junguiano se requiere vivir en sí mismo el proceso del entendimiento racional a la comprensión. En Biodanza también es un requisito imprescindible participar, durante los 3 años de formación como facilitadora más uno más de presentación de tesis de titulación, en un grupo regular de Biodanza pasando por las etapas de iniciación, profundización y radicalización de vivencias.

Sus experiencias le llevaron a decir «Son aún demasiado pocos los que buscan en su interior, en su propio Sí-mismo. (…) A cada uno individualmente le hace falta subversión, violencia interna, disolución de lo existente, renovación, pero no imponer a sus semejantes hipócritamente el manto del cristiano amor al prójimo o del sentimiento de responsabilidad social… Se requiere de conocimiento de sí mismo por parte de cada uno, regreso de cada uno al fundamento de la esencia humana y de su certidumbre social e individual».  

Consciente de los complicados fenómenos anímicos  del ser humano, hacia el año 1910, Jung concluye que existe una función mediadora entre consciente e inconsciente, racional e irracional a la que llama » función trascendente» que consiste en una sucesión de fenómenos que aparecen espontáneamente en sueños y visiones. Sus estudios sobre mitología le llevan a pie del Nilo en Egipto, donde estudia el saber de Osiris, de Horus y su antagonista Set, concluyendo que la naturaleza humana tiene la necesidad de liberarse de las tinieblas para ir a la Luz y seguir así sincronizados a los ciclos vitales representados en la naturaleza como día/noche, Sol/Luna, vida/muerte, oscuridad/luz…

Este entendimiento le lleva a las preguntas ¿cuál es realmente la meta de este proceso, del viaje a los más profundo del propio interior? Impulsado por su interior, inicia esbozos y dibujos circulares que terminan siendo mandalas (en sánscrito, «círculo») descubriendo que: «Sólo gradualmente llegué a advertir lo que es realmente el mandala: formación-transformación, conservación eterna del sentido eterno, y eso es el Sí-mismo, la totalidad de la personalidad (…)».

A inicios de 1925 viaja a Nuevo México para visitar los indios taos en la meseta de Taos, donde conoce a Ochwiä Biano, Lago de Montaña, cuyo nombre civil es Antonio Mirabal.  Éste le hablaba de la locura de los hombres blancos porque sólo piensan con la cabeza y no con el corazón y así han perdido la capacidad de comprender la vida y al ser humano. Le dice sinceramente que el hombre blanco ha perdido el alma y eso se manifiesta en su fisonomía, en la mirada, los rasgos faciales. Jung dice al respecto: «Por primera vez en mi vida alguien me había trazado el retrato del ser humano verdaderamente sabio. Aquel indio había tocado nuestro punto más vulnerable y descubierto algo para lo que nosotros somos ciegos. Sentí como si algo desconocido pero interiormente familiar ascendiera en mí como una niebla informe y de esa niebla se desprendía una imagen tras otra». Para Jung las palabras de Lago de Montaña amplían su conciencia a una percepción sagrada y sublime que desconocía. Incluso en su último año de vida, con ochenta y cinco años, escribe: «Nos hace falta urgentemente una verdad o una concepción semejante a la de los egipcios de la Antigüedad, como la que encontré aún viva entre los taos-pueblo«. Estamos en los cincuenta años de Jung, en 1925.

Estudia el I Chin – Libro de las transformaciones donde se recoge la sabiduría ancestral china. Este estudio de los oráculos le hace concebir el fenómeno que Jung define como «sincronicidad».

En sus viajes a África, Jung entra en contacto con los rituales de veneración a la Luna y al Sol, con la inmersión sagrada con la Madre naturaleza y regresa del viaje de 1925, que dura casi una año, relatando que la creación, aparentemente infinita con sus gigantescas dimensiones, sólo puede quedar completa mediante el hombre, ya que éste se convierte en co-creador del mundo. «Es la conciencia humana la que crea sentido y confiere al hombre el lugar estable en el gran proceso del devenir que se produce en el cosmos». 

El estudio de la Alquimia le proporciona los fundamentos históricos para sus teorías y conclusiones. En la Alquimia Jung descubre que « quien busca seriamente la piedra filosofal (transformación de la materia) y el elixir de la vida (transformación de la vida humana) y se esfuerza en representarlo en forma química, descubre el arte del conocimiento espiritual y físico, un camino de autotransformación representado en la Alquimia como la transmutación de la materia». Jung comprende que el proceso de individualización del ser no puede completarse sin la vivencia de la muerte como integradora del proceso de transformación en el Ser Integral.

Se adentra en el estudio y práctica del yoga Kundalini. Viaja a la India por varios meses y es tal su inmersión que quieren convertirlo en precursor de la espiritualidad oriental en occidente, pero Jung dice al respecto: «… su sabiduría les pertenece y a mí me pertenece sólo lo que surge de mí mismo. En Europa, sobre todo, no puedo tomar nada prestado de oriente, sino que debo vivir desde mí mismo(…)»

El «mundo de la psique», tal como dice Jung, es un redescubrimiento individual que se halla en el «organismo anímico de cada individuo.

La vivencia de autotransformación de Jung le llevan a definir el inconsciente colectivo que trasciende al individuo, a la psique individual para ayudarle a encontrar el Ser Integral, mediante imágenes psíquicas del inconsciente colectivo que son patrimonio común de la humanidad a las que Jung denomina arquetipos.

Rolando Toro también se nutre de múltiples viajes por el mundo en búsqueda de conocimiento integrador. Una de sus aportaciones al mapa psicológico del ser es el inconsciente vital, el psiquismo de células y órganos, su memoria arcaica viviente como fractal de la leyes que rigen la Vida. Órganos y células tienen memoria primigenia: sistemas de defensa, afinidad y rechazo, solidaridad y una basta red de comunicación y de formas de comunicarse; un verdadero funcionamiento integrado que origina los estados de humor relacionados con la condición de equilibrio, vitalidad y salud del organismo. Este psiquismo celular, no se nutre de ideas ni imágenes ya que sólo responde a estímulos externos y principalmente internos.

El inconsciente vital aportado por Rolando Toro  se fundamenta (entre otras) en la teoría de la simbiogénesis o sociedad cooperativa de genes, defendida por Lynn Margulis en 1981, que sostiene que el primer medio de evolución para organismos superiores sería los ordenamientos simbióticos que llegan a ser permanentes y por tanto crean nuevas formas de vida. Los estudios sobre neurociencia explicando la formación sináptica y sus mecanismos, los estudios de biología de los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, Fritjof Capra físico austríaco, el psicólogo Lev Vigotsky, el químico ruso Ilya Progogine, y muchos otros pensadores, investigadores, filósofos, artistas, científicos, antropólogos, fecundan el pensamiento evolutivo y confirman recíprocamente la teoría del inconsciente vital que sustenta la metodología de Biodanza.

«Lo importante no es la tendencia o metodología de determinadas escuelas psicológicas, sino la integración de las ideas-fuerzas que han surgido sobre el ser humano, sobre la dinámica de su psiquismo y de su comportamiento. La imagen del ser humano actual no es obra de un sólo pensador (…)». Gittith Ariela Sánchez Padilla en Teoría de la complejidad: Neurociencias y Biodanza.

Biodanza

Integrando la identidad: vivencia biocéntrica

Desnuda de silencios que ocultan sentires profundos donde la vida habita callando, me empodero de la verdad que siento en mí para decir que de amor, nadie sabe más que una misma, y de Amor Incondicional solo podemos hablar cuando el desapego a lo más amado se sacraliza hasta el punto de encontrar el amor sin mácula, inmaculado -como de Gran Madre-, que sobrevive a todo cuanto hayamos conocido con anterioridad.

Vivir en Kairós es una gran bendición. El eterno movimiento circular de la temporalidad posibilita experimentar confianza y sensación de que nada es en vano ya que todo regresa al punto de inflexión donde se gesta la integración de lo vivido. Podría parecer que ese instante concreto es tiempo y espacio, pero eso sería achicar la multidimensionalidad de la existencia. Sí es un instante de vida, más es cúmulo también de toda una vida, de cada instante, cada decisión tomada, cada incerteza silenciada y expresada. En Biodanza, a todo esto lo llamamos integración de la identidad, y se fundamenta en el modelo teórico que sustenta el sistema Biodanza creado por Rolando Toro.

Modelo Teórico de Biodanza
Modelo Teórico de Biodanza

Un modelo teórico es una representación de cómo entendemos lo que es, en este caso se trata de la complejidad de «ser en el mundo». En el eje principal del Modelo Teórico de Biodanza encontramos la pulsión «Conciencia intensificada de sí-mismo/Identidad» y «Conciencia disminuida de sí-mismo/Regresión». En esta pulsación danzan los potenciales genéticos manifestados a través de cinco Líneas de Vivencia que completan la expresión de «ser en el mundo» (en otros sistemas, la expresión de los potenciales del ser se representan como los siete chacras principales). Esta danza fluye entre vivencias que enriquecen y empobrecen nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos. Así pues, vivimos reflejando lo que hemos creído como verdad, lo que hemos asimilado, normalizado y automatizado como respuesta ante la vida, y el resultado suele ser una profunda nostalgia de amor. Ser vistas y miradas, valoradas en nuestra expresión existencial, sostenidas e impulsadas nuestras múltiples capacidades creativas, honradas por ser seres únicos e irrepetibles, amados por nuestra singularidad,… son terribles ausencias que normalizamos en nuestras vidas, transmitiendo así de una forma u otra, con mayor incidencia o menor, el mismo mensaje castrante y destructivo en todas nuestras relaciones, hasta que el desamor duele tanto que nos arroja al «desconocido» interior y nos enfrenta a preguntas existenciales que devuelven silencio desconcertante. Allí,  en ese des-concierto, empezamos a tomar consciencia de la inmovilidad forzada a la que nos hemos sometido y, casi perdidos, empezamos a danzar con los sentidos.

Aire de inicio podría ser, fuego quizás, agua bendita a lo mejor, tierra fértil, éter… Cada una de nosotras, vibra en un elemento que impulsa movimiento de vida y con él la conciencia de estar vivas. Con el tiempo y dedicación, constancia y tesón, vamos encontrando palabras, sonidos, músicas que redimensionan la vivencia del amor, hacía mi misma, la otra, la vida. El proceso requiere de toma de decisiones, asumir las elecciones que hacemos constantemente (conscientes o no), darles conciencia y agradecimiento, sabiduría y equidad  para seguir decidiendo siempre cómo queremos nuestra vidas, con quién queremos relacionarnos, de qué forma queremos nutrirnos, para qué creamos y a quién servimos. Vaciar lo que no nos sirve, para llenar de nuevas vivencias. Despedir para encontrar. Soltar para encontrar. Dejar para recibir.

Vida y muerte son complementos de nuestra dualidad, opuestos complementarios de la vivencia de vivirnos. Existe algo superior que nos sustenta; es nombrado de múltiples maneras por el ser humano, aunque todas ellas reflejan al Si-mismo que habitamos.  En Biodanza, lo llamamos VIDA y queremos que Ésta sea la verdadera protagonista de toda nuestra Historia como humanidad. Nuestro hacer es BIOCENTRICO pero hay muchas personas que hacen de forma biocéntrica sin saber siquiera que existe esta palabra. Lo importante en verdad, es que hagamos siempre de nuestras vidas acciones y servicios que impulsen alegría, bienestar y dicha porque esta es nuestra autentica y única naturaleza primordial.

En Biodanza puedes encontrar herramientas que te lleven de regreso a lo primordial, pero no todo lo que dice ser Biodanza es verdad. Como reflejo de la vida que hemos creado, existen impostores que utilizan el Buen Nombre para lucrar sus impulsos primarios y egocéntricos, olvidando su propia naturaleza divina y la sacralización de la vida como acto genuino de nuestra naturaleza esencial. Biodanza no es mistificada pero sí recupera el sentido sagrado de la vida y lo pone al centro de todas las relaciones, preservando así la Vida en su plenitud y evolución.

Eres libre de vivir tu vida y responsable también. Asume tu poder creador y vive con ello. Sólo te pido que tus actos promuevan Vida, la que de verdad nos merecemos todos los seres de este planeta, de esta galaxia, del universo entero.

Gracias por leerme hasta aquí. 🙂