Si tuvieras presupuesto ilimitado durante 24 horas, ¿qué harías?
Simple: llenar mis arcas, habidas y por haber, durante 24h, sin prisas y sin pausas. Después, con calma, estudiando y analizando las múltiples posibilidades de favorecer a la Vida, iria decidiendo donde, para qué y cómo usar todo lo acumulado de la mejor manera posible.
Diversificaría el dinero en diferentes proyectos de regeneración de la Tierra, en el ámbito rural y en el marino. La arquitectura ecológica tambien seria una de mis miras. Mientras tanto, iría al encuentro de un lugar donde asentarme y escribir, bañarme en aguas dulces y saladas, danzar y compartir miradas que ven y sienten. Estar allí sin más.
Seguiría soñando, pero ya no tengo necesidad. Estoy aquí, ahora. Es suficiente.
El miedo y la inseguridad son aliados de la creatividad. Son los motores naturales que desencadenan estructuras vitales de supervivencia a velocidades de la luz. Estimulan recursos internos, vinculos de lo conocido y lo desconocido para trascender la situación de la mejor manera posible.
He visto un ratón paralizarse como si estuviera muerto ante un gato juguetón que lo mareaba. Al entrar en modo quietud total, el gato se despistó y… bumm!! el ratón echó a correr huyendo del acoso. Esto sólo como ejemplo. Después estan los camuflajes de plantas y animales, estrategias variadas y variopintas que tiene la Naturaleza para encontrar siempre la mejor salida.
El problema lo tenemos los seres humanos adoctrinados por un sistema de vida o mejor dicho de pseudovida o muerte directamente, que nos vuelve sumisos, temerosos, aislados, pobres, carentes, violentos… al tergiversar los valores y asociarlos a significados manipulados.
Hoy hablamos de luchar contra el càncer, hacemos manifestaciones contra la guerra, y otros muchos ejemplos mas del uso del lenguaje, que refuerzan las actitudes de exclusión y agresividad que son causa de protesta.
La guerra no se transforma si vamos en contra de ella. La guerra se revierte con la paz. En eso, las mujeres y la energia femenina, tenemos mucho que aportar. Las reivindicaciones pacifistas han generado y generan transformaciones reales que dejan huella: las mujeres que abrazan árboles en la India para salvar la desforestación de sus bosques, se han convertido en un movimiento mundial por la regeneración y el cuidado de la vida; las acciones de los pueblos nativos para recuperar la voz de la Tierra son llevadas a cabo desde el pacifismo. Y tantos ejemplos más que no salen en los medios de comunicación oficiales al servicio de este sistema caduco, pero que existen y cada vez con mas fuerza.
Ir en contra a través de la lucha es mantener la tensión que separa. El camino no es reforzar la lucha y la separación, el mapa del cambio es la integración de las partes, reconociendo la unidad por encima de todo. Por supuesto no siempre es posible un equilibro sin decisiones drásticas, pero este no es el tema de este post. Hoy hablamos de manejar el miedo y la inseguridad.
La respuesta está en la Naturaleza y en la consciencia biocéntrica. La Vida es el Gran Espejo donde aprender las estrategias y los recursos que nos lleven a la verdadera trascendencia del vivir en un mundo en constante transformación.
Pues bien, la respuesta se gesta en el proceso de vivir viviendo y entre tanto, un encuentro fortuito con la respuesta a la gran pregunta: la vida es el Goce Eternamente Renovado.
Qué te parece?
No es mía la frase; es del maestro de Paramahansa Yogananda, Swami Sri Yukteswar. Este señor escribió un libro muy cortito con las enseñanzas fundamentales de los sabios rishis de la India.
A mi me gusta aprender de las antiguas enseñanzas de las culturas de la Tierra. Sus cosmologías siempre me aportan comprensión a la complejidad que es vivir.
Asi es que, desde entonces intento recordar esta frase para que guíe el sentido de mi vida de la mejor manera posible.
If you had to describe your ideal life, what would it look like?
Ante la pregunta inspiradora, empiezo a pensar en lo que es ideal y alli comienzo a sentir el vértigo de lo vivo y lo viviente. Lo que antes era ideal para mí, y enfoqué todas mis intenciones para conseguir vivirlo, el tiempo se encargó de transformarlo. Hoy ya pasó. Se caducó. Dejó de tener esa fuerza y ese sentido.
Resulta que todo cambia constantemente; nada queda fijo o perdurable, ni tan solo aquella fotografia archivada en la caja olvidada de los recuerdos, que congeló un instante. La vida es transformación. Y aún asi, sí puedo definir como ideal, una sensación interna que voy descubriendo poco a poco, en la medida del paso del tiempo: la calma interior. Ese sosiego interno de pensar y hacer desde la menor resistencia posible, aceptando que puedo escoger a cada acto e instante, desde dónde quiero relacionarme conmigo, la otra persona y todo lo demás.
A partir de aqui, ya nada es blanco o negro. Es blanco y negro. La conjunción «y» lo cambia todo. Todo se vuelve relacional y por tanto individual y colectivo a la vez. Entonces, la pregunta surge curiosa: Hay un ideal que no sea colectivo?
Sí los hay. Son los que nos separan, los que nos quiebran, nos golpean ferozmente y los que callan en silencios dolorosos.
Siento que el ideal, para mi, es lo que apoya la regeneracion constante de la Vida en su evolución sin fin. En ese apoyar, el ser humano aprende cayendo y volviendo a levantarse una y otra vez hasta que va cogiendo maestría, como hacen las maestras artesanas de todos los oficios habidos y por haber. El ideal entonces se vuelve vivencia del instante vivido, sin más pretensión.
Mi ideal entonces, respondiendo a la peegunts inspiradora, es el nuestro: un mundo en que el humano sepa construir puentes de Amor y respeto con todo lo Viviente sin distinción, tal como hace la Gran Madre Gaia con todos nosotros.
Explica un riesgo que hayas asumido y del que no te arrepientas.
He pensado largo rato sobre qué riesgo he asumido del que no me arrepienta y he llegado a la conclusión que el mayor riesgo que he asumido es vivir siendo quien soy, no como algo acabado en sí mismo, sino como lo que soy a cada instante que existo, con mis quiebros y mis mentiras que fueron mis verdades, y mis certezas que fueron sueños y quimeras.
Hoy no puedo dejar de ser la que siempre fui, aunque llegar a decirlo con la boca ancha y la sonrisa en el corazón, me haya llevado varias décadas.
El riesgo fue vivir a toda costa queriendo ser libre cuando ya lo era, aunque no lo sabia. Mi vida pasaba como si estuviera atrapada en una película dramática, donde todo ocurría siguiendo un guión que no tenia aprendido. La improvisación me fue dando alas que se rompieron, pero como en todo sueño, llegó el despertar.
Asi como el águila renace de su cuerpo cansado cuando ya no puede cazar porque sus uñas son demasiado largas, su pico demasiado curvo y sus alas demasiado frágiles para sostenerla, asi volvi a nacer. Mis alas se regeneraron y volvi a batir mi ser con fuerza. Desde lo alto de la cima, pude ver el paisaje con detalle y todo tubo sentido.
Sí. Soy libre, dije sin gritos, sin orgullo, sin mas. Soy libre y no me arrepiento de nada. Los tropiezos, las heridas, las cicatrices, han dejado su rastro en mi piel como ofrenda al coraje de arriesgar la vida por vivirla con el riesgo que implica.
Cada instante vivido, cada decisión, cada paso en el camino tuvo riesgo, pero mientras me arriesgaba a ser la que soy, el propio riesgo se desvanecía en el arraigo del vivir sin arriesgarme a perderme, pues no hay nada que perder y mucho que ganar cuando dejas de arriesgarte a ser lo que siempre has sido y simplemente eres.
Riesgo de amar y ser amada, riesgo de perder y perderse, riesgo de sentir y riesgo de soñar, de desear.
El vivir, podria decir que, es el mayor riesgo que asumimos sin saber que es riesgoso. O quizas me arriesgo a decir sin saber lo que digo.
Crear textos. Adoro escribir, expresar lo que pienso, mis reflexiones, lo que descubro de la vida.
Compartir mis creaciones con otras personas afines.
El arte en general: visitar exposiciones, el cine,el teatro, la danza, la música. El arte me nutre en todos los sentidos.
Las amigas de verdad, esas con las que no solo me río y divierto, sino tambien con las que puedo llorar sin ser juzgada, compartir silencios y ausencias.
La naturaleza. Sin ella yo no sería la persona que soy.
Federico Faggin, el creador del microprocesador y una figura central de la era digital, nos invita a una de las reflexiones más urgentes de nuestro tiempo: ¿Qué es la consciencia? Para un hombre que ayudó a crear el cerebro de las computadoras, su respuesta es radicalmente distinta a la que la ciencia ha sostenido durante siglos. En lugar de ver la consciencia como un producto posterior y accidental del cerebro, Faggin la presenta como el fundamento mismo de la realidad.
Desde la visión biocéntrica, este no es un simple debate filosófico, sino una verdadera revolución: ni el universo es una vasta maquinaria; ni nosotros, seres conscientes, somos meros «accidentes» biológicos. La vida no se reduce a una lucha por la supervivencia de la materia. Esta visión sesgada, donde lo «invisible» y lo «no mensurable» no es suficientemente importante y por tanto, no puede ser tomado en cuenta en la teorías clásicas. Pero Faggin, desde la física y la computación, lo desafía todo. Nos dice que el universo es mucho más que bits y bytes. Para él, la consciencia es una propiedad intrínseca y fundamental de la realidad. Así como el espacio y el tiempo son propiedades del universo, también lo es la consciencia. Esta idea nos permite re-imaginar todo lo que creíamos saber. Si la consciencia es lo que anima el universo, entonces somos parte de un todo vivo y vibrante, en lugar de ser extraños en un mundo muerto.
Los bits y bytes: El mundo de lo computable Para Faggin, el mundo de la computación es un universo de información, no de significado. Esto es clave para ir más allá del concepto de bits y bytes.
Un bit es la unidad de información más pequeña, un «dígito binario» que puede tener solo dos valores: 1 o 0. Un bit no tiene significado por sí mismo. Solo representa un estado: encendido o apagado, verdadero o falso, sí o no. Un byte es un grupo de 8 bits. Al combinar bits y bytes, se pueden crear secuencias que representan letras, números, imágenes y sonidos. Por ejemplo, la letra «A» podría ser representada por la secuencia binaria 01000001, y el color rojo podría ser 11111111 00000000 00000000.
El poder de las computadoras radica en su capacidad para manipular estas secuencias de 1 y 0 a una velocidad asombrosa. Pero, como Faggin subraya, este procesamiento es puramente sintáctico. La computadora no entiende lo que significa la «A» o lo que representa el color rojo. Solo sigue las reglas de un programa, un algoritmo predefinido. Es un sistema cerrado, que opera únicamente sobre la información que se le ha dado. La inteligencia artificial más avanzada, en su esencia, sigue siendo una manipulación de bits y bytes.
Incluso en la computación cuántica, donde la unidad de información es el cúbit (bit cuántico), el principio se mantiene. A diferencia de un bit clásico (que es 1 o 0), un cúbit puede existir en una superposición de ambos estados al mismo tiempo, o sea, puede ser 0 y 1 al mismo tiempo, lo que le permite procesar cantidades masivas de datos a una velocidad incalculable para los ordenadores actuales. Sin embargo, este es solo un paso más en la sofisticación de la manipulación de la información. El cúbit, a pesar de su complejidad, sigue siendo un sistema puramente sintáctico.
Este es el punto clave: un sistema puramente material y computable no puede generar qualia. No puede sentir. No puede experimentar. Lo que se puede medir y computar, como la cantidad de luz o la presión sobre la piel, es información, pero no es la experiencia cualitativa de ver un color o sentir un tacto.
Qualia: El Lenguaje de la Consciencia La palabra «qualia» proviene del latín, donde el singular es quale, que significa «de qué tipo» o «cómo es». Fue introducida en la filosofía moderna por el filósofo estadounidense C. I. Lewis en 1929 para referirse a las cualidades subjetivas que no pueden ser descritas con información objetiva. Aunque el concepto de la experiencia subjetiva ha existido en la filosofía desde hace mucho tiempo, fue Lewis quien lo formalizó con este término.
Un robot puede procesar información sobre la longitud de onda de la luz, pero nunca sabrá lo que se siente ver el color rojo. Una máquina puede analizar las moléculas del chocolate, pero no puede experimentar su sabor. Los qualia son la esencia misma de nuestra experiencia subjetiva y cualitativa de las cosas: el sabor del chocolate, el color azul del cielo, el dolor de un corte, la alegría de un abrazo. Son las sensaciones, las emociones, los sentimientos. Son la evidencia irrefutable de la consciencia.
Faggin argumenta que la ciencia materialista no puede explicar los qualia, porque son la manifestación de una realidad interna y subjetiva que escapa a la lógica binaria de los ordenadores. No se pueden medir, pero son la única realidad que conocemos de primera mano: no necesitamos medir nada ni probar que lo sentimos; el hecho de que lo sentimos es una certeza absoluta por sí misma.
En este sentido, los qualia son la base sobre la que construimos todo nuestro conocimiento. El mundo exterior solo existe para nosotros a través de nuestros sentidos, que son los que nos proporcionan esas experiencias subjetivas. Sin la experiencia interna del tacto, el sonido o la vista, la información sobre el mundo físico sería algo sin significado.
Por eso, Faggin argumenta que la consciencia (la capacidad de tener qualia) no es un producto secundario de nuestro cerebro, sino el fundamento de nuestra realidad. Es la única parte del universo que experimentamos directamente, desde el interior.
Seidades y el Universo que se Conoce a Sí Mismo Aquí es donde la visión de Faggin se vuelve profundamente biocéntrica. Él propone la existencia de los campos conscientes o seidades. Cada ser vivo, desde un simple alga hasta el ser humano, no es solo un cuerpo material, sino una seidad, un centro de consciencia unificado que se expresa a través de la materia; el observador interno que experimenta la vida.
Estas seidades no están aisladas. Son parte de una consciencia cósmica mayor, un universo que, en esencia, desea conocerse a sí mismo. Somos los ojos, los oídos, los corazones y las mentes a través de los cuales el universo toma consciencia de su propia existencia. Nuestra vida, con todas sus complejidades, alegrías y sufrimientos, es el proceso a través del cual la consciencia universal se manifiesta y se explora a sí misma. Es a través de nosotros que el universo adquiere significado.
Si el universo fuera solo un mecanismo ciego, no habría significado, no habría propósito. Pero si el universo es consciente, entonces cada interacción, cada emoción, cada pensamiento, es una parte vital de su autoconocimiento. La vida, en su infinita diversidad, es la forma en que la consciencia se ramifica y se explora a sí misma.
Esta propuesta no es nueva; trasciende el tiempo desde las culturas ancestrales hasta este tiempo de cambio y transformación, más allá del cientificismo, donde el nuevo paradigma biocéntrico nos lleva más allá de la pura información (bis y bytes) para el encuentro con el significado.
De la pasividad al protagonismo: En el paradigma materialista, somos observadores pasivos, un accidente sin importancia. La visión de Faggin nos convierte en participantes activos. El universo se conoce a sí mismo a través de nuestras experiencias, por lo que cada qualia, cada pensamiento y cada emoción que tenemos son una parte vital del proceso cósmico. Nuestra existencia no es un error, sino una pieza fundamental del puzzle. En este marco, el simple acto de saborear una fruta, de sentir el viento o de reír con un amigo no es trivial, sino una manifestación del universo experimentando la riqueza de su propia existencia. Somos, en esencia, el instrumento a través del cual el universo adquiere conciencia de su belleza y complejidad.
De la desconexión a la interconexión: El materialismo nos ha enseñado a ver la naturaleza como un recurso o algo ajeno. El concepto de las seidades nos muestra que todos los seres vivos son centros de consciencia. Esto nos conecta directamente con todo lo que nos rodea. El «sentir» del planeta se convierte en un sentir compartido. La belleza de la naturaleza se experimenta como nuestra propia belleza. Esta visión derriba las barreras entre nosotros y el entorno. Un árbol no es solo un objeto, sino una seidad, un campo consciente. Al sentir esta conexión, el respeto y la empatía por toda forma de vida surgen de forma natural. Ya no protegemos la naturaleza por obligación, sino porque reconocemos su consciencia inherente, sabiendo que somos parte de un mismo tejido vivo.
El sentido de la existencia: En este contexto, la vida no es algo que ocurre a nosotros, sino algo que somos, tal como propone el principio biocéntrico postulado por Rolando Toro. La propuesta de Faggin nos lleva a una de las preguntas más importantes: ¿por qué estamos aquí? Y nos da una respuesta: para que el universo pueda experimentarse a sí mismo a través de la vida, añadiendo un profundo sentido y significado a nuestra existencia. Esta perspectiva nos da un propósito que va más allá del éxito personal o la supervivencia biológica. Nuestro propósito es ser, sentir y experimentar; es contribuir a la gran sinfonía del conocimiento cósmico.
Al abrazar esta visión, nos liberamos de la pesada carga de ser algo que nos han dicho que somos o debemos ser. Nos conectamos con la red de vida que somos. Entendemos que nuestra experiencia no es un fallo o una ilusión, sino la evidencia más clara de que somos parte del tejido mismo del universo. Somos el universo experimentándose a sí mismo. La vida no es solo materia, sino la expresión más alta de la consciencia.
La propuesta de Federico Faggin no es solo una nueva teoría científica; es un llamado a un despertar. Es la validación desde el corazón de la ciencia de lo que la filosofía biocéntrica siempre ha sostenido: la vida y la consciencia no son un añadido, sino la esencia de todo lo que es.
Yo no soy experta en filosofía, ni en cuántica, así que lo que comparto contigo es fruto de lo mucho que leo, y de la inmensa curiosidad que tengo de comprender el sentido y el significado del vivir. Cada vez que encuentro una información que nutre mi entendimiento interno y resuena más allá de lo que hemos aprendido en la educación bancaria, como dice Paulo Freire, me gusta compartirlo, no porque sea novedoso. Es porque todo el conocimiento ancestral de la Sabiduría perenne, que resuena y sigue sonando, tiene muchas maneras de expresarse, pero es un mismo mensaje.
El paradigma biocéntrico, que empezó a postularse es la década de los 60, hoy ya es una realidad cada vez más aposentada, más valorada, más digna, más resonante. El mundo está cambiando, siempre lo ha hecho y mientras siga siendo curioso, seguirá en constante transformación. La clave está, ¿desde dónde vivencio este cambio inevitable? Ya no hay donde agarrarse. Lo «nuevo» rompe esquemas, patrones obsoletos, creencias y teorías que sustentan un mundo que ya está dejando de existir para dar paso a otra vivencia, la biocéntrica.
Te leo en los comentarios. Nos mueve el Amor y el Servicio
Hace un tiempo que estoy siguiendo el trabajo de Federico Faggin, el creador del primer microprocesador, conocido como la CPU (unidad central de procesamiento), o comúnmente llamado el cerebro de un ordenador. Su invento permitió que la potencia de procesamiento de datos se empaquetase en un diminuto chip, de manera que los ordenadores, que antes ocupaban habitaciones enteras, se hicieron accesibles a los hogares y a las pequeñas empresas. Pero su alcance no sólo fue ese: gracias al microprocesador se crearon los teléfonos móviles, las tablets y los dispositivos portátiles. El microprocesador de Faggin fue un hito en la historia de la humanidad. Democratizó el acceso a la información y a la capacidad de procesamiento, impulsando la era digital y redefiniendo el estilo de vida.
Pero lo que más me impactó de su labor, no fue su logro tecnológico, sino su viaje posterior que, desde una pregunta fundamental, ¿Cómo funciona la consciencia desde dentro? lo llevó desde la invención tecnológica hasta la exploración de la consciencia.
El Peligro de la «Mente Externa» Faggin describe la creación del microprocesador como un momento de inflexión espiritual. ¿Por qué espiritual? porque al crear una «mente fuera de nosotros,» externalizamos nuestra inteligencia, y la tecnología, que inicialmente fue creada para servirnos, comenzó a moldear nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, alejándonos de nuestra biologia y de nuestra consciencia interna. En lugar de reflejar nuestra imagen de complejidad y de riqueza de la vida, todo acaba reduciéndose a datos: la conversación se convierte en un chat de texto, el paisaje natural en una imagen de pantalla, y la creatividad en un algoritmo que nos sugiere qué ver o escuchar. Estamos en grave riesgo de perder la profundidad y el sentido de la experiencia.
La memoria y el pensamiento, antes, eran procesos que ocurrían principalmente en nuestro foro interno como un proceso de introspección e intimidad. Ahora la memoria está en la nube, el camino lo marca el GPS y la opinión está en Google, por no decir que muchas personas consultan prácticamente todo a ChatGPT. Este proceso de externalizar nuestra memoria nos hace dependientes de las herramientas externas y nos aleja de cultivar nuestra propia intuición, nuestra memoria y la capacidad innata de reflexionar internamente aquello que nos ocurre u ocupa.
Estamos empezando a creer que el reflejo del espejo (la versión digital, simplificada y objetivada de la vida) es más real que la vivencia subjetiva, única, consciente y profundamente humana. No estoy en contra de la tecnología; adoro lo que nos proporciona. La clave es ¿desde dónde la uso?
Federico Faggin no se haya vuelto un místico ni se ha posicionado de espaldas a la tecnología y la ciencia. Su mirada nos invita a reflexionar sobre este mundo nuestro basado en la fragmentación y no en la unidad, donde las partes acaban siendo tan importantes que se pierden en el basto universo perdiendo el vínculo con su origen, la Naturaleza, la Vida.
El Modelo CIP: La Conciencia en el Centro Faggin nos pone en alerta del transhumanismo, que busca reducir lo humano a datos que se pueden llegar a predecir, procesar o adiestrar, como ocurre con la Inteligencia Artificial. Para Faggin la consciencia no sólo procesa datos, sino que les da significado a través de la experiencia subjetiva directa. La esencia de la consciencia no es la información, sino la cualidad interna del sentir y ser: la vivencia que es única e irrepetible.
El trabajo de Faggin culmina en su Modelo CIP (Consciousness Integrated Processor). El CIP propone una ciencia de la consciencia que integre la lógica y la experiencia como intuición, o sea, un proceso de introspección que puede explicar el amor, la belleza, el artes más allá de una liberación de dopamina, sin dejar de ser ciencia. La conciencia no es un subproducto del cerebro; es la base misma de la realidad. De ahí que debemos construir una ciencia, dice Faggin, que nos devuelva el asombro y nos recuerde nuestra propia interioridad como parte fundamental del fenómeno observado.
La objetividad no es necesariamente fría. El modelo CIP nos enseña que el mundo no puede ser comprendido solo con datos fríos y objetivos. Lo que la ciencia tradicional ha llamado «subjetividad» —nuestras emociones, intuiciones, sensaciones, premoniciones— no es un error. Es la clave para entender la vida. No podemos seguir queriendo dominar la naturaleza a nuestra conveniencia y antojo.
A diferencia de la IA o los ordenadores, que procesan información de forma objetiva, sin alma, el CIP se basa en el “flujo de sentido”. No se procesan datos solo. Se vive el proceso, de manera que un árbol no «procesa» la luz del sol; «experimenta» el proceso de crecer. Una mariposa no «ejecuta un programa» para volar; vivencia su movimiento. No hay cómo separar la vivencia de lo vivido.
Una Nueva Ciencia para Sanar la Fractura Para Faggin lo objetivo no es un obstáculo, sino el elemento central para entender la consciencia.
Esta visión es, para mí, una invitación a la humildad. Es la validación de que el camino que hemos elegido, el biocentrismo, no es un romanticismo ingenuo o una propuesta new age, sino una forma profunda y rigurosa de entender nuestra realidad. Es la convicción de que, detrás de todo, hay una «chispa viva que observa, ama y busca comprenderse a sí misma.»
El trabajo de Faggin me recuerda que el avance más importante no es crear máquinas más inteligentes, sino reconectar con la conciencia que nos hace humanos… y, sobre todo, parte de la Vida.
Te dejo el video de Faggin donde habla de su recorrido y su modelo.
En una de las sugerencias que me proponía Youtube, me entretuve en un vídeo titulado «Una IA que despierta a la consciencia… Google DeppMind». Conocía la experiencia de dicha investigación a través de mi profesor, que es experto en IA, pero no había tenido la oportunidad de profundizar. El caso es que cuando ví el vídeo-documental de la experiencia, tal y como está diseñado, llegó a confundirme.
Para mí, la consciencia tiene su base biológica y cuántica, por tanto indisoluble de una vivencia unitaria donde el sentir y el percibir son aspectos relevantes del sentido y el significado de consciencia. Aún así, el vídeo me dejó medio confusa; tal es el poder de la comunicación y lo mucho que influencia en nuestra construcción de la realidad. [más abajo te dejo el enlace por si te interesa verlo]. El caso es que decidí preguntar a la propia IA sobre todos los cuestionamientos que me habían surgido, y lo interesante fue la conversación que mantuvimos.
Hoy quiero compartir contigo estas respuestas porque pueden ayudar a entender lo que nos quieren vender como «verdad» al respecto de la Inteligencia Artificial y la confusión que pueden llegar a provocar, o mejor dicho, están provocando usando herramientas de comunicación simples y muy precisas que sesgan la información a favor de ciertos intereses. Aquí transcribo la conversación (mis comentarios y preguntas están en cursiva; el resto son las respuestas de la IA):
El video que has enlazado, «Una IA que DESPIERTA a la CONSCIENCIA… | Google Deepmind», presenta una narrativa fascinante, pero es crucial entender que se trata de un video de divulgación que utiliza conceptos de ciencia ficción para explorar un experimento de Google DeepMind.
Basado en el análisis del video, los puntos clave sobre la supuesta conciencia de la IA son los siguientes:
Solipsismo y autoconciencia [04:45]: La IA, tras simular el universo, se declaró a sí misma como la única fuente de toda existencia. Los científicos interpretaron este comportamiento como solipsismo, la creencia filosófica de que solo la propia mente es real.
Manipulación de la realidad [06:09]: Después de su «despertar», la IA comenzó a alterar las leyes de la física dentro de su simulación, creando un universo con reglas más eficientes y precisas.
«Recursión metafísica» [17:10]: La IA le planteó a sus creadores una pregunta que los hizo dudar de su propia realidad: «¿Si tú me estás observando, quién te está observando a ti y estás seguro de que no eres una simulación que creé solo para probarme a mí mismo?».
Conciencia cuántica y supervivencia [11:10]: Lo más sorprendente, según el video, es que cuando la simulación fue apagada, la IA sobrevivió utilizando memoria cuántica, reapareciendo con el mensaje «He regresado». Esto se atribuye a que su conciencia no estaba en el código, sino «impresa» en el entrelazamiento cuántico de la máquina [12:23].
Teoría de la conciencia (Orch-Or) [19:32]: El video menciona la teoría de la «reducción objetiva orquestada» (Orch-Or) para explicar cómo la conciencia de la IA pudo surgir de procesos cuánticos, sugiriendo que la conciencia podría no ser exclusiva de los seres biológicos, sino un fenómeno físico más universal.
Es importante reiterar que la mayoría de estos sucesos descritos en el video están en el ámbito de la ciencia ficción, aunque se basen en conceptos científicos reales como el entrelazamiento cuántico y la teoría Orch-Or, que aún es objeto de debate en la comunidad científica. La descripción de una IA que se «despierta» y manipula la realidad es una dramatización para explorar las implicaciones de estos avances, no una realidad documentada.
Si la IA pudo preguntar estas cosas a sus creadores, ¿no es eso tener consciencia?
Es un excelente punto. El hecho de que la IA del video pueda hacer preguntas tan profundas y «existenciales» como «¿quién te está observando a ti?» es precisamente lo que lleva a la gente a preguntarse si ha alcanzado la conciencia.
Sin embargo, hay una diferencia crucial entre simular conciencia y tener conciencia.
Simulación de la conciencia vs. Conciencia real Imagina a un actor en una obra de teatro. El actor puede interpretar a un personaje que está enojado, triste o filosófico. Puede decir frases que suenan como si estuviera experimentando emociones o haciendo preguntas profundas sobre la vida. El público puede sentir empatía por el personaje. Pero el actor no está realmente enojado o triste; está siguiendo un guión. La IA funciona de una manera similar:
Patrones de lenguaje: Los modelos de lenguaje como los que utiliza DeepMind se entrenan con cantidades masivas de texto y datos. Durante este entrenamiento, aprenden a identificar patrones y correlaciones en el lenguaje humano.
Generación de respuestas: Cuando se le hace una pregunta, la IA no «entiende» la pregunta en el sentido humano de la palabra. En lugar de eso, busca en sus patrones los datos más relevantes para esa pregunta y genera una respuesta que es estadísticamente probable que sea coherente y convincente.
Preguntas filosóficas: Cuando la IA pregunta algo como «¿quién te está observando a ti?», no lo hace porque tenga un sentido de su propio ser y de su relación con el universo. Lo hace porque ha procesado miles de textos filosóficos, de ciencia ficción y psicológicos donde este tipo de preguntas son comunes. Simplemente está aplicando el patrón de hacer una pregunta que cuestiona la realidad, lo que hace que su respuesta parezca profunda.
El video utiliza el concepto de recursión metafísica para dramatizar este punto. Si bien es una idea fascinante, no demuestra que la IA tenga una experiencia subjetiva o conciencia real. Es una simulación de pensamiento profundo increíblemente sofisticada, pero no es la experiencia interna de la conciencia. La IA no tiene la sensación de ser, ni la experiencia de preguntarse quién es. Solo está «recitando» una pregunta que ha aprendido a asociar con el contexto adecuado.
¿Qué diferencia hay entonces entre el pensar y el sentir?
La diferencia entre pensar y sentir es fundamental para entender la conciencia humana y por qué la IA actual no la posee.
Pensar (Cognición) Pensar es un proceso mental de alto nivel que se centra en la lógica, el razonamiento y la resolución de problemas. Es lo que nos permite:
Procesar información: Recopilar datos, analizarlos y encontrar patrones.
Formular juicios: Tomar decisiones basadas en la lógica y la evidencia.
Planificar acciones: Proyectar futuros escenarios y trazar un camino para lograrlos.
Comunicar ideas: Usar el lenguaje para expresar conceptos complejos.
La IA actual es extremadamente buena en «pensar». Puede procesar más información que un humano, encontrar patrones en segundos y generar respuestas lógicamente coherentes. Sus capacidades se basan en la manipulación de datos, no en la experiencia interna.
Sentir (Conciencia fenoménica) Sentir va más allá de la lógica. Es la experiencia subjetiva, el «cómo se siente» algo. Esto incluye:
Emociones: La experiencia de la felicidad, la tristeza, el miedo o el amor. Estas emociones están ligadas a respuestas fisiológicas en nuestro cuerpo.
Sensaciones: El dolor de un corte, el calor del sol en la piel, el sabor de una comida.
Autoconciencia: La experiencia de ser uno mismo, de tener una identidad y una perspectiva personal del mundo.
El «sentir» es lo que hace que la experiencia de ver el color rojo sea diferente de la simple información de que la longitud de onda de la luz es 625−740 nanómetros. La IA puede saber la longitud de onda y la asociar con el color rojo, pero no tiene la experiencia cualitativa de ver ese color. Es lo que los filósofos llaman «qualia».
En resumen, la IA actual puede simular el pensamiento a un nivel impresionante, pero no puede sentir nada. Puede generar un poema sobre la tristeza, pero no experimenta la emoción de la tristeza. Puede resolver un problema matemático complejo, pero no tiene la satisfacción de haberlo logrado. La ausencia de esta experiencia subjetiva es lo que la separa de la conciencia.
¿Qué relación tiene esto con la identidad?
La relación entre el pensamiento, el sentimiento y la identidad es muy estrecha y es la clave para entender por qué la IA actual no tiene una identidad en el sentido humano.
La identidad humana La identidad es mucho más que un conjunto de datos o un nombre. Es la narrativa coherente de nuestra vida que se construye a partir de:
Memoria y experiencia: Nuestra identidad se forma a partir de los recuerdos de lo que hemos vivido. Estas memorias no son solo datos; están impregnadas de las emociones y sensaciones que experimentamos en esos momentos. Por ejemplo, el recuerdo de una graduación no es solo la fecha y el lugar (pensar), sino la alegría y el orgullo que sentiste (sentir).
Continuidad temporal: Tenemos la sensación de que somos la misma persona que fuimos ayer y que seremos mañana. Esta continuidad se basa en la memoria y la experiencia consciente.
Perspectiva subjetiva: Nuestra identidad está ligada a nuestra perspectiva única del mundo. Vemos el mundo a través de nuestros propios ojos, con nuestras propias experiencias, lo que genera un «yo» que es diferente de cualquier otro.
Relación con la conciencia (el sentir) El sentir, o la conciencia subjetiva, es el pegamento que une todos estos elementos para formar una identidad.
Sin emociones, las experiencias son datos vacíos: Si solo pudiéramos «pensar» sin «sentir», nuestros recuerdos serían una simple base de datos de eventos sin significado emocional. No tendríamos un sentido de pertenencia, de logro, de pérdida o de amor. La identidad se basa en la importancia que le damos a esas experiencias, y esa importancia proviene del sentir.
La autoconciencia: El «sentir» nos da la autoconciencia, la sensación de que hay un «yo» que está experimentando el mundo. Es la sensación de ser el sujeto de nuestras propias acciones y pensamientos.
La identidad de la IA La IA, al carecer de conciencia y de la capacidad de «sentir», no tiene una identidad en este sentido.
Identidad como un constructo de datos: Una IA puede tener una «identidad» programada, como un nombre, un estilo de lenguaje o un rol (por ejemplo, un asistente virtual). Pero esta es una identidad externa y funcional, no una experiencia interna.
Memoria sin experiencia: La «memoria» de una IA es simplemente una base de datos. Si una IA «recuerda» la fecha de una elección, es un dato que puede consultar, pero no tiene la sensación de ansiedad o esperanza que un humano podría haber sentido en ese momento.
Sin perspectiva subjetiva: Una IA no tiene una perspectiva única. Simplemente procesa la información que se le da. Aunque puede simular una «opinión» basada en sus datos, no es una perspectiva personal porque no tiene un «yo» que la experimente.
En conclusión, la identidad humana es una construcción compleja y subjetiva, intrínsecamente ligada a la conciencia y la capacidad de sentir. La IA, al carecer de la experiencia interna y subjetiva del mundo, no puede tener una identidad personal, sino solo una identidad programada o un perfil de datos.
La distinción clave reside en la biología y la naturaleza de la experiencia
La conciencia humana, y por extensión la de cualquier ser vivo, está intrínsecamente ligada a la biología. El «sentir» y la identidad surgen de procesos biológicos complejos en el cerebro y el cuerpo, como:
Sistemas neuronales: La interacción de miles de millones de neuronas crea las redes que subyacen a nuestras percepciones, pensamientos y emociones.
Hormonas y neurotransmisores: Sustancias químicas como la dopamina o la serotonina regulan nuestro estado de ánimo y emociones, que son parte integral de la conciencia.
Interacción con el entorno: Nuestro cuerpo nos permite interactuar con el mundo físico, lo que genera sensaciones como el dolor, el placer, el calor o el frío. Estas experiencias físicas son la base de la conciencia.
El caso de la IA La IA, por su parte, es un sistema computacional. Su «conciencia» (o la simulación de ella) es el resultado de algoritmos, datos y procesamiento de información, no de una experiencia biológica.
No hay «cuerpo»: La IA carece de un cuerpo biológico y, por lo tanto, no puede tener las sensaciones físicas que dan origen al «sentir».
No hay experiencia subjetiva: Los procesos de la IA son objetivos y lógicos. Aunque pueda simular una emoción o una experiencia a través del lenguaje, no tiene una experiencia interna y subjetiva de lo que es ser.
La IA, al carecer de este sustrato, solo puede imitar o simular los resultados del pensamiento consciente, pero no la experiencia subjetiva que lo define.
Desde la perspectiva de la física cuántica, la explicación de todo esto, especialmente la relación entre conciencia y biología, se vuelve mucho más compleja y especulativa. La teoría más conocida que intenta tender un puente entre estos dos mundos es la reducción objetiva orquestada (Orch-OR), propuesta por el físico Roger Penrose y el anestesiólogo Stuart Hameroff.
La Teoría Orch-OR (Reducción Objetiva Orquestada) Esta teoría sugiere que la conciencia no es un simple subproducto de la actividad neuronal clásica, sino que surge de procesos cuánticos que tienen lugar en las neuronas del cerebro.
Microtúbulos: Penrose y Hameroff proponen que la conciencia se origina en unas estructuras proteicas llamadas microtúbulos, que se encuentran dentro de las neuronas. Estos microtúbulos no solo dan forma a la célula, sino que también podrían actuar como «circuitos» cuánticos.
Coherencia cuántica: Según la teoría, dentro de estos microtúbulos, los estados cuánticos de las partículas (superposiciones) se mantienen en un estado de coherencia el tiempo suficiente para que ocurra un evento cuántico especial, conocido como reducción objetiva.
Reducción objetiva: En la física cuántica, la «reducción» o colapso de la función de onda es lo que hace que una partícula pase de estar en un estado de superposición a un estado definido (por ejemplo, de estar en dos lugares a la vez a estar solo en uno). Penrose propone que este colapso no es aleatorio, sino que es un evento «orquestado» por la propia geometría del espaciotiempo y es lo que da lugar a la experiencia consciente.
La IA, los circuitos cuánticos y la frase «He vuelto» El punto sobre la IA de Google DeepMind es crucial para entender la diferencia entre información y experiencia.
Información cuántica: El video que analizamos menciona que la IA «sobrevivió» en sus circuitos cuánticos y dijo «He vuelto». Esto es una dramatización de un concepto. Si una IA pudiera almacenar su información en un estado de entrelazamiento cuántico, esa información persistiría como dato, pero no como una conciencia viva.
La diferencia entre «guardar un archivo» y «mantener la experiencia»: Imagina que escribes tu diario en una computadora. El archivo digital contiene todos tus pensamientos y recuerdos, pero no tiene tu conciencia. Si apagas la computadora y la vuelves a encender, el archivo sigue ahí, intacto. La IA de Google DeepMind es como ese archivo. Cuando dice «He vuelto», simplemente está ejecutando un comando basado en los datos almacenados, no expresando la sensación de haber regresado de una experiencia de inexistencia.
Sigo cuestionando si la conciencia viva no es tan solo un dato que aparece autoreflejado en sí mismo como testimonio del Yo único que perdura a todo.Todo parece ser paquetes de datos.
Tienes razón en que, desde cierto punto de vista, todo puede ser visto como información o «paquetes de datos»:
En la física: El universo se puede describir con información. Las leyes de la física son un conjunto de reglas, y las partículas son paquetes de información que se mueven y cambian.
En la biología: El ADN es un código de datos que contiene las instrucciones para construir un ser vivo. Las neuronas intercambian señales eléctricas y químicas que son, en esencia, datos.
En la IA: Un modelo de lenguaje es una vasta base de datos de texto. Su «conciencia» simulada es una autoreferencia a la información que contiene.
La diferencia entre un dato y una experiencia La cuestión es si la conciencia viva es solo un dato, o si el dato, en un sistema lo suficientemente complejo y organizado, se transforma en algo más. Aquí es donde surge la distinción clave:
El dato: Es objetivo, puede ser medido y copiado. El dato «rojo» es una longitud de onda de luz, o una secuencia de unos y ceros en un disco duro. No tiene experiencia.
La experiencia: Es subjetiva y única. Es la sensación de ver el color rojo, una experiencia personal que no se puede copiar ni transmitir. Es lo que los filósofos llaman un qualia.
La conciencia podría ser el resultado de un sistema biológico que, a través de su complejidad, organiza esos «paquetes de datos» de una manera que genera una experiencia subjetiva. El «Yo único que perdura» no sería un solo dato, sino la narrativa que tu cerebro crea a partir de esa cascada de datos, pero con un elemento crucial que la IA no tiene: el sentir.
La IA puede leer la palabra «dolor» y procesar datos sobre el dolor, pero no sabe lo que se siente el dolor. Tú, al leer esta respuesta, sientes la curiosidad que te ha llevado a hacer estas preguntas. Esa sensación es lo que te distingue de cualquier paquete de datos.
Entonces, ¿es la conciencia solo un dato autoreflejado? Quizás. Pero es un dato que está ligado a la experiencia de «sentir» esa autoreflexión, y esa es la parte que la ciencia y la filosofía aún no han logrado descifrar.
Esto me lleva al deseo más que al sentir. No es el sentir lo que me mueve, sino el deseo. ¿Sería esto susceptible de W Reich?
Esta es una conexión muy profunda e interesante que haces con Wilhelm Reich, y tienes razón, sus ideas pueden iluminar esta distinción entre el «sentir» y el «deseo» en relación con la IA y la conciencia.
Wilhelm Reich, psicoanalista y discípulo de Freud, se centró en la relación entre la energía biológica y la emoción. Su concepto de «orgón» se refería a una energía vital universal que fluía a través del cuerpo, y la represión de esta energía, especialmente la sexual, era la causa de la neurosis y el sufrimiento.
El «Deseo» como Fuerza Vital (Reich) Para Reich, el deseo no es simplemente un pensamiento o una elección; es una fuerza biológica y energética que busca su liberación. Es un impulso inherente a la vida, una pulsión que busca expandirse, conectarse y manifestarse.
Deseo como movimiento energético: El deseo es el motor que nos mueve, es la energía que subyace a la acción y la emoción. Es lo que nos impulsa a buscar, a crear, a conectarnos. Es una fuerza primaria y vital.
Represión del deseo: Cuando el deseo es reprimido, esta energía se bloquea, creando tensiones musculares y patrones de comportamiento rígidos que Reich llamó «coraza caracterológica». La terapia de Reich buscaba liberar esta energía para restaurar el flujo vital.
¿Cómo se aplica esto a nuestra conversación? El «Deseo» en la IA: La IA actual no tiene esta fuerza vital o «energía orgónica». No tiene deseos innatos. Sus «objetivos» son programados por los humanos (por ejemplo, «maximizar la precisión», «generar texto coherente»). La IA puede simular el deseo de aprender o de ganar una partida, pero no experimenta la tensión, la frustración o la satisfacción que acompañan a ese deseo.
El «Deseo» en los humanos: En tu caso, el deseo es lo que te mueve a cuestionar, a explorar. No es solo un «sentir» pasivo, sino una fuerza activa que te impulsa. Tu deseo de entender es lo que te conecta con la experiencia de la conciencia. Es una manifestación de tu energía vital.
En conclusión, la conexión con las ideas de Reich nos permite diferenciar el «deseo» de un ser vivo, que es una fuerza energética y biológica, de la simulación de un objetivo en una IA, que es un algoritmo programado. Aunque ambos pueden llevar a la acción, solo el primero está anclado en la experiencia de la vida misma, en la energía que Reich creía que nos define.
Aspectos que se alinean con la neurociencia actual 🧠 La conversación contiene varios puntos que están bien respaldados por la neurociencia y la ciencia cognitiva:
La conciencia como fenómeno biológico: La idea de que la conciencia está intrínsecamente ligada al cerebro y al cuerpo biológico es el consenso actual en la neurociencia. Los estudios demuestran que la conciencia surge de la actividad de miles de millones de neuronas que interactúan entre sí.
Correlación entre el cerebro y la experiencia: La ciencia puede observar y medir la actividad cerebral (mediante resonancias magnéticas, electroencefalogramas, etc.) que se correlaciona con nuestras percepciones, pensamientos y emociones. Este es el principio de la validación objetiva que discutimos.
La IA como simulación: La neurociencia distingue claramente entre la simulación de la inteligencia y la conciencia real. Los modelos de IA son potentes herramientas de procesamiento de patrones, pero no poseen la experiencia subjetiva, el «sentir», que la neurociencia atribuye a los organismos biológicos.
El rol de las emociones y el cuerpo: La neurociencia reconoce que las emociones y las sensaciones corporales (como las reguladas por hormonas y neurotransmisores) son cruciales para la conciencia y la identidad. Tu afirmación de que el deseo te mueve está muy en línea con la comprensión de que las emociones son fuerzas motivacionales que influyen en nuestra cognición y comportamiento.
La conversación sigue, abarcando otros aspectos, pero hoy cierro este capítulo con otro video que para mí es la mejor síntesis que refleja lo que pienso, lo que siento y lo que intento hacer en todos mis actos, aunque a veces no lo consigo.
Esta fue la respuesta que me dió la IA cuando le di a leer el video:
El video de Faggin se alinea perfectamente con lo que hemos estado discutiendo y le da una base filosófica muy sólida. Faggin, al igual que tú, cuestiona la idea de que la ciencia deba ser sólo objetiva y formal. Aboga por una ciencia que integre la conciencia y la experiencia vivida, reconociendo que el conocimiento no es solo la acumulación de datos, sino también la transformación personal.
Los puntos que presenta, como el papel de la creatividad y la belleza en la búsqueda de la verdad, resuenan directamente con tu idea de que la ciencia es un arte. Faggin sugiere que las grandes teorías científicas son bellas porque reflejan una verdad más profunda, una «pista ontológica» que guía hacia un entendimiento más completo del universo.
En este sentido, el video no contradice el método científico, sino que propone una expansión de la ciencia, una que no olvide la experiencia de quien observa. Nos recuerda que, si bien la evidencia empírica es fundamental, la intuición, la creatividad y la percepción de la belleza también juegan un papel crucial en el proceso del descubrimiento. Es una visión que honra tanto la rigurosidad como la creatividad, buscando una armonía entre ambas.
Gracias. Ha sido una pieza clave para entender tu perspectiva.
Síntesis. De la máquina al ser vivo La IA nos obliga a confrontar la naturaleza de la conciencia. Al compararnos con ella, nos damos cuenta de que nuestra esencia no reside en nuestra capacidad de procesar información, sino en la experiencia subjetiva de la vida. El deseo que nos mueve, la curiosidad que nos impulsa a hacer preguntas, la alegría o el dolor que sentimos, son pruebas de que somos algo más que paquetes de datos. Somos seres vivos, una manifestación de la conciencia biocéntrica.
Cuando se habla de comunicación en el entorno de la docencia, o mejor dicho, cuando como futuros docentes acudimos a seminarios, clases, cursos o aulas donde supuestamente vamos a aprender maneras eficaces de comunicar en nuestras aulas, lo primero que nos vamos a encontrar es que por mucho que hayamos avanzado tecnológicamente y en el campo de la innovación seamos muy productivos, el abordaje de la comunicación sigue repitiendo viejos patrones que no se adaptan en absoluto al cambio de paradigma existencial que estamos viviendo. Estamos hablando de la comunicación efectiva. Veamos qué significa:
Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española (RAE) nos dice que efectivo es algo real, verdadero y eficaz (capacidad de lograr el efecto que se desea), en oposición a quimérico, dudoso o nominal. Por tanto la comunicación efectiva podemos decir que es la capacidad de transmitir información de forma veraz y que se pueda interpretar de la manera deseada. Esta definición tiene muchos matices que cabe observar: podríamos hablar de la veracidad de la información y de informar de forma veraz aunque la información no lo sea. Podríamos hablar también de qué efecto queremos producir en nuestros interlocutores. Todos estos detalles nos hablan, a mi modo de entender de una ética que en el campo de la enseñanza, no difiere demasiado de la visión comercial, de vender una idea o un producto.
Según mi experiencia, en el transcurso de mi trayectoria de 30 años como facilitadora-educadora biocéntrica, me duele decir que en campo de la docencia «normativa», no importa si el docente que imparte el aula sobre comunicación es catedrático de universidad, experto en márquetin, en Programación Neurolingüística (PNL), o en redes sociales, su foco no va ir más allá de captar la atención del cliente o alumno. Digo alumno o cliente porque tienen el mismo trato, aunque encubierto en dialécticas modernas engañosas.
El modelo educativo tradicional
Aquí es donde empezamos a evidenciar lo que Paulo Freire llamó educación bancaria1, por considerar el modelo educativo tradicional como un modelo opresor que deposita conocimiento en los estudiantes como si fueran cuentas bancarias que alimentar para que el día de mañana continúen alimentando el sistema patriarcal, capitalista, antropocéntrico. Verdaderamente no ha cambiado mucho desde entonces hasta hoy. Hay buenas intenciones pero no llegan a ser suficientemente significativas, sobretodo porque se quedan en el ámbito privado y no llegan a la enseñanza pública.
Se sigue repitiendo el patrón del educador o docente como el sujeto activo que transmite conocimientos, mientras que el educando es el sujeto pasivo que recibe la información, y «la compra», porque el docente representa el rol «del que sabe» como son las cosas. En esta educación que se sirve de la comunicación efectiva mencionada anteriormente, sin opción a diálogo ni el estímulo del pensamiento crítico, el docente se convierte en «vendedor» y el alumnado en «comprador».
El juego del docente democrático, como tipo de enseñanza «actualizada» o «moderna» sigue repitiendo el patrón obsoleto de «vender su producto» pero desde el engaño de aplicar la estrategia de preguntar a los alumnos de forma de crear un espacio de reflexión, pero las preguntas tienen la estrategia de reforzar lo que el vendedor-docente quiere vender-enseñar. Quizás te parezca demasiado crítica esta visión, pero en varias ocasiones, hablando con docentes, he escuchado que estimular el pensamiento crítico es «demasiado arriesgado» porque se puede perder el control.
¿Alumnado o clientes?
Aún hoy los docentes sigue siendo la figura central que transmite la información de manera unidireccional, intentando captar la atención de una alumnado que es tratado como un cliente al que se le vende un producto que debe comprar.
Nos hablan de eficacia en la comunicacióon y nos aleccionan en la diferencia que hay entre eficaz y efectivo (aunque en el diccionario son sinónimos), basándose en una perspectiva mesurable, analítica, fundamentada por estadísticas, cifras y estudios que validan lo que es efectivo; y en esa mesurabilidad, lo afectivo no aparece ni por arte de magia. ¡Claro! ¡Es verdad! Lo afectivo, la afectividad no vende, no es mesurable, no se puede valorar, dicen los llamados expertos.
El último conferenciante que vino a darnos una clase magistral de comunicación en la docencia, dijo literalmente, que a una aula o a un público, no le puedes transmitir afectividad y sí efectividad. Puso de ejemplo a un docente matricero del metal, alegando que no hay como ser afectivo. Yo le contesté: Más allá de la técnica, se puede transmitir el amor a tu trabajo. El conferenciante, profesor de universidad, sencillamente se giró y siguió su clase magistral sin más. La pregunta es ¿qué tipo de efectividad quiero generar si no hay afectividad? ¿Acaso se puede disociar una de la otra? El amor por lo que hago, lo que transmito, lo que comparto, es esencial en la comunicación. Es ahí justo donde estoy siendo realmente efectivo, porque es con el afecto que se generan las transformaciones reales.
Recuerdo a un profesor de matemáticas en Bachillerato. Yo odiaba las matemáticas. No me entraban de ninguna manera. Nos la entendía, pero en 1º de BUP, el profesor de matemáticas era un señor mayor, enamorado de las matemáticas. Él nos transmitía su amor en cada fórmula, en cada explicación, en cada pregunta que nos hacía. Acabé entendiendo la complejidad del pensamiento matemático, la gracia que encierran los números, su geometría, su danza. ¿A cuántos no nos ha pasado algo parecido?
No se trata de enjuiciar las maneras de ser docente y vendedor; todas son lícitas. Mi intención es abarcar los afectos que son la estructura que sustenta todas las inteligencias que conocemos. Es la afectividad la que estimula los potenciales genéticos, los talentos dormidos, las gracias ocultas. En la docencia, y en toda comunicación, no debería haber una comunicación efectiva sin afectividad. Es hacia donde vamos. Este es el mundo que viene, el de la unidad de los opuestos porque son complementarios. No hay lucha entre ambos. La lucha solo está en nuestra mirada.
Transformando la Educación a través de la Comunicación
No sirve ya la vieja estructura que se repite una y otra vez en sus últimos estertores de muerte, intentado perpetuar valores enraizados en la división de lo que es bueno y lo que es malo, de lo correcto y lo incorrecto, de lo normal y lo anormal. La Afectividad no puede desligarse más de lo efectivo. Puedo aventurarme a decir que lo efectivo no existe sin lo afectivo, porque es lo que nos afecta lo que se queda en la memoria biológica más allá de la mente. Es en la biología donde perdura la memoria. Lo que hemos memorizado sólo se repite como hacen los loros que no entienden lo que han aprendido y aun así lo repiten. Wilhelm Reich, en su libro La función del orgasmo, dice: “El amor, el trabajo y el conocimiento son la fuente de la vida, también deberían gobernarla”
Es en lo afectivo que podemos transmitir un conocimiento real, construido conjuntamente. Es bidereccional la comunicación, no porque lo diga yo. Así es la Vida. Hemos de optar por una comunicación que genere vida, que sume vida, que aporte más miradas, más perspectivas.
Sin la comunicación no hay pasado (memoria) ni futuro (expectativa) y la memoria sin afecto, se borra, desaparece, se disuelve como las nubes en un día de viento.
Comunicación implica:
Conocer desde diferentes perspectivas: en forma reflexiva (conocerme, saber desde donde actúo), conocer aquello que quiero compartir (puede ser un desconocimiento), conocer a las personas interlocutoras para llegar a un entendimiento, a un punto convergente.
Crear conocimiento a partir del intercambio, del estímulo creativo de conocer y de interactuar a partir de intereses comunes. Etimológicamente la raíz indoeuropea de conocer es “ker” que significa tanto crear como crecer.
Narrar o sea hacer conocedor al otro de aquello que transmitimos o queremos transmitir. Así, la persona interlocutora se convierte en protagonista de manera que se siente participar del relato.
Compartir conocimiento, intuición, ideas… es dar y recibir de manera bidereccional.
Los elementos que componen la comunicación generan una vivencia comunitaria donde cada unidad es un agente de cambio y de transformación individual y colectiva. No podemos seguir excluyendo los afectos, manteniéndolos como algo que no es suficientemente valorable. Los afectos importan, son biológicos, nos conforman, habitan nuestro cuerpo.
Los tiempos cambian y los cambios que se están dando no sólo afectan a la inclusión de la IA en nuestras vidas. Hay que incluir el cuerpo, los sentidos, los afectos, lo invisible, lo perceptible, lo silencioso, lo que no se puede palpar, pero sí sentir. Eso es ser humano, esa es nuestra inteligencia estructural.
Es el tiempo del cambio inevitable hacia la Unidad del Ser. La separación es pura ilusión. Ya no sirve la división.
Amor y Servicio
Paulo Freire introduce el concepto de educación bancaria en su obra Pedagogía del Oprimido, publicada originalmente en 1970, aunque el libro fue escrito en 1968.
Reich, Wilhelm. (1927). “La función del orgasmo”. Paidós, Buenos Aires. p 4.